Un perdón de Enrique IV, los pagos sobre las alcabalas de sus villas y una carta de Fernando el Católico a Beatriz Pacheco permiten seguir la relación entre el señor de Marchena y la Corona entre 1474 y 1491.
Cien lanzas debían salir de Marchena. La petición procedía del rey Fernando y tenía una destinataria concreta: Beatriz Pacheco, esposa de Rodrigo Ponce de León. La carta, fechada en Córdoba el 4 de agosto de 1483, reclamaba fuerzas para una entrada en territorio granadino. Detrás de esa orden aparece una Marchena que aportaba recursos y capacidad militar a la guerra.
El documento se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, con la signatura OSUNA,C.118,D.49, dentro de un conjunto de cartas regias. El historiador Juan Luis Carriazo Rubio lo recoge también en su estudio Beatriz Pacheco: cronistas y documentos en torno a la dama de Marchena. La descripción de PARES precisa que las cien lanzas debían ir con un caballero de su casa y salir el día de Santa María de agosto. La orden documenta una movilización solicitada; por sí sola no demuestra cómo se ejecutó ni identifica a todos sus participantes.
Que el rey escribiese a Beatriz merece detener la mirada. Su nombre figura como interlocutora en una decisión militar que afectaba al señorío. La carta permite reconocer su intervención en el funcionamiento de la casa y evita reducirla a una presencia secundaria al lado del marqués. Marchena aparece como punto de partida de unas fuerzas cuya organización exigía una autoridad capaz de reunirlas.
Nueve años antes, la relación del noble con la monarquía había dejado otra huella muy distinta. El 25 de noviembre de 1474, Enrique IV concedió un perdón a Rodrigo Ponce de León, sus parientes y criados. La unidad OSUNA,C.118,D.30-32 reúne esa carta y las confirmaciones de los Reyes Católicos, con fechas que el catálogo sitúa aproximadamente entre noviembre de 1474 y abril de 1476. Entre los asuntos perdonados figuraba haber labrado moneda de oro y plata en Jerez de la Frontera.
La acuñación jerezana ha sido estudiada por Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez en Ceretanum, revista de la Real Academia de San Dionisio. Su investigación de 2024 atribuye a Jerez cuartos y medios cuartos de vellón marcados con una X y sitúa esa actividad en los últimos años de Enrique IV. Los autores advierten que no conocen ejemplares de oro o plata con esa marca: lo que menciona el perdón y las piezas identificadas constituyen evidencias diferentes.
El propio texto del perdón, reproducido en el estudio, introduce otro matiz: la labra se habría realizado por mandato y servicio del monarca. Los investigadores señalan, al mismo tiempo, su contradicción con disposiciones monetarias anteriores. Hablar simplemente de un falsificador borraría esa complejidad. El episodio pertenece a un escenario de poder regio discutido y capacidad nobiliaria para intervenir en la vida de una ciudad realenga.
Con Isabel y Fernando, los papeles permiten seguir otra dimensión del vínculo: el dinero destinado al servicio militar. Los libramientos OSUNA,C.166,D.101-125, fechados entre 1476 y 1486, incluyen pagos a Rodrigo Ponce de León relacionados con lanzas y cargados sobre las alcabalas de Marchena, Mairena, Rota y Guadajoz. La guerra se sostenía también mediante recaudadores, órdenes de pago y rentas locales.
La mención reiterada de Marchena permite colocar a la villa dentro de esa maquinaria financiera. Las disposiciones muestran de dónde debían salir determinados pagos. No bastan para calcular cuánto soportó cada vecino, cuánto se recaudó efectivamente o qué retrasos se produjeron. Para responder a esas preguntas harían falta cuentas y justificantes de cada operación.
El mecanismo seguía presente en 1490. Tres provisiones del 11 de marzo, conservadas como OSUNA,C.177,D.26-28, ordenaban a los recaudadores de varias localidades librar cantidades a Rodrigo por las lanzas. El documento 28 agrupaba a Marchena, Mairena, Guadajoz y Rota. La geografía del señorío se convertía, en los mandatos de la Corona, en una red de recursos.
Había también recompensas. El 7 de enero de 1491, en Sevilla, los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos y duque de Cádiz, el quinto del botín de guerra de Cádiz y Rota durante toda su vida. La provisión, OSUNA,CP.75,D.9, incorpora la vertiente marítima a este recorrido por los ingresos y servicios de la casa.
Leídos en secuencia, estos documentos permiten interpretar una relación negociada: el perdón atendía a actuaciones del pasado, los libramientos financiaban fuerzas y las mercedes reconocían intereses y servicios. Esa lectura no convierte cada concesión en el precio demostrado de una acción concreta. Sí muestra que el poder del señor de Marchena se relacionaba con la monarquía mediante recursos, compromisos y decisiones que dejaron rastro escrito.
Queda una historia local por reconstruir alrededor de aquellas cien lanzas: quiénes fueron convocados, qué preparativos se realizaron y si salieron en la fecha prevista. La carta aporta un punto firme desde el que preguntar. Marchena tenía un lugar en las órdenes militares de Fernando el Católico, y Beatriz Pacheco recibía una de ellas. El archivo devuelve así nombres y responsabilidades a una historia que, vista solo desde los campos de batalla, deja demasiadas vidas fuera.
Fuentes y documentación: Archivo Histórico de la Nobleza, documentación de la Casa de Arcos conservada en el archivo de los duques de Osuna y descrita en PARES, Ministerio de Cultura: OSUNA,C.118,D.30-32; OSUNA,C.166,D.101-125; OSUNA,C.118,D.45-56, especialmente D.49; OSUNA,C.177,D.26-28; y OSUNA,CP.75,D.9. Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez, «La moneda castellano-leonesa de Xerez de la Frontera», Ceretanum, 5 (2024), pp. 51–90. Juan Luis Carriazo Rubio, estudio sobre Beatriz Pacheco, apéndice documental, documento 22. Esta pieza se apoya en las descripciones archivísticas y la bibliografía citada; no presenta una transcripción paleográfica integral de los originales.
Para seguir explorando: Caminos del León, el recorrido histórico de Marchena Secreta por el legado de los Ponce de León.