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Cultura

Los Reyes Católicos conspiraron para quitarle poder a los Señores de Marchena

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Carriazo desvela un documento secreto que no fue destruído, que muestra cómo los Reyes Católicos dieron orden en secreto de azuzar el enfrentamiento entre hermanos y alentar rebeliones contra los Ponce de León para quitarles poder a los señores feudales así fortalecer la monarquía.

Don Rodrigo Ponce de León se dedicó a luchar toda su vida contra distintos enemigos. Primero contra el Duque de Medina Sidonia, llevando la guerra a las ciudades, y luego contra los musulmanes, pero sin duda su peor enemigo fue su propio hermano Manuel Ponce de León que le reclamaba toda la herencia familiar.

Poco antes de la conquista de Granada en 1492 se casaron en secreto Don Rodrigo y Doña Beatriz Pacheco -después de vivir juntos veinte años-, en la iglesia de Santa María de la Mota en una ceremonia íntima oficiada por el capellán del duque Alonso Sánchez y Juan Rodríguez el sacristán de Beatriz Pacheco. La ceremonia se ofició antes del amanecer y con la sola presencia de dos niños de seis años y los dos curas mencionados. Los dos niños que portaban cirios eran de las familias de confianza del duque, Francisco de Aguilar y Leonor de Saavedra.

Mencía de Provenza servidora de la duquesa hizo las veces de maestra de ceremonias y extendió el velo entre los duques en la ceremonia de velaciones.

Veinte años antes, el miércoles 13 de enero de 1473 a las nueve de la mañana, Don Manuel Ponce de León y algunos pocos hombres fieles a su causa entraron en Marchena y se apoderaron del Castillo de la Mota. Desde las almenas Don Manuel pidió a los vecinos de Marchena que le reconocieran como Señor a cambio de ventajas económicas. Pero los marcheneros prendieron fuego a las puertas del castillo, asaltaron la torre donde estaba y lo hicieron huir.

Muerto Don Rodrigo y para asegurar que la toma de posesión de todas sus ciudades y tierras por parte de su viuda Beatriz Pacheco, se verificara con normalidad y así asegurar la continuidad del linaje, un grupo de marcheneros secuestró a Don Manuel en el castillo de Mairena según informa Carriazo en su obra Beatriz Pacheco y la Andalucía de los Ponce de León.

Pocos días antes de morir Rodrigo en agosto de 1492 por unas heridas en la toma de Granada, emisarios de beatriz Pacheco se reunieron con él para conocer sus intenciones, que eran reclamar su derecho a la sucesión.

La víspera del fallecimiento de Don Rodrigo, Don Manuel fue abordado en Sevilla por un vecino de Marchena Enrique de Figueredo antiguo Alcaide en Morón y otros veinte marcheneros a caballo armados y lo llevaron engañado al Castillo de Mairena. Le quitaron hasta el caballo y le dieron una mula de Pedro Gonzalez, yerno del Alcaide de Marchena y lo encarcelaron en el castillo de Mairena vigilado por veinte hombres armados.

En ese momento Don Manuel pensó que lo iban a matar «por el gran odio que le tienen». Al día siguiente con Don Rodrigo agonizante, los criados de Don Manuel avisaron a la Inquisición o Santa Hermandad que rodeó la villa de Mairena para pedir la liberación del preso que había sido secuestrado por los marcheneros.

El Alcaide de Mairena, decide llevar al preso Don Manuel a la fortaleza de Zahara por orden de la duquesa, mientras el cuerpo de Don Rodrigo recorría en procesión las calles de Sevilla alumbrado por más de doscientos cirios y acompañado por otros tantos frailes y sacerdotes desde el Palacio Ponce de León en Santa Catalina hasta su última morada en el convento de San Agustín en la Puerta de Carmona.

Mientras tanto hasta Marchena habían llegado tropas amigas para defender la capital del Estado de Arcos y a su Duquesa en caso necesario lo que provocó el enfado de los marcheneros que lo veían como una ocupación militar. Francisca hija de Don Rodrigo comentó en una posada «no piensen los Pacheco que han de mandar la tierra del Duque mi padre, que de Don Manuel mi tío es, y venga mi tío que es señor de esta tierra». Para asegurarse su fidelidad la duquesa paga a Francisca 400.000 maravedíes.

Dos días más tarde la Inquisición dispuesta a «prender a los que defiendan a los malhechores» interroga a los marcheneros responsables del secuestro, Alfonso de Aguilar y Pedro Portocarrero responden: «prendednos a todos».

La inquisición se dirige a Mairena a pedir que le entregasen al secuestrado pero le responden que ya era tarde pues no estaba allí. El 11 de septiembre de 1492 el Rey ordena al Alférez Mayor de Sevilla que se castigue a los hombre del Señor de Marchena que habían secuestrado a Don Manuel, que lo liberen y que se pacifique la comarca y manda a dos hombres a buscar al preso a Zahara.

Los hombres del Rey encuentran en Zahara al Alcaide Figueredo con diez jinetes de Marchena en el mesón de abajo y le muestran una carta del Rey pidiendo que liberen a Don Manuel, pero responden que sin papeles de la Duquesa Doña Beatriz, no lo haría. Cuando por fin le muestran la orden de Doña Beatriz acceden a liberar al preso.

Aprovechando la debilidad de la duquesa viuda y una vez liberado Don Manuel, los Reyes envían en secreto a un emisario, el bachiller Pedro Díaz de la Torre a la ciudad de Cádiz, haciéndose pasar por responsable de la expulsión de los judíos para que estudie las posibilidades de quitarle la ciudad a los Ponce de León.

Le piden al bachiller que cuando vean a Don Manuel le hablen como a un Duque y le recomienden que pida justicia a la corte real, es decir los Reyes avivaron el enfrentamiento o guerra interna entre los Ponce de León para debilitarlos y afianzar la monarquía.

Para lograr sus fines, los Reyes pretendían incluso alentar una rebelión de los gaditanos contra su Duquesa según documento secreto que se conserva en el Archivo de Simancas y que debía haber sido destruído siguiendo la orden de los Reyes pero nunca se destruyó.

 

 

 

 

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Cultura

Cuando Murillo quedó fascinado con una pintura de Ribera

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Cuando Murillo estuvo en Marchena en verano de 1651, conoció entre las colecciones ducales una obra de Ribera -Virgen con  Niño- que el Duque había traído de Nápoles y se enamoró de ella hasta tal punto que la copió y le influyó en su propio estilo.

«Sólo pudo copiarlo ante un original y sólo pudo haberlo visto en Marchena o en Sevilla. Lo cierto es que le impactó y no lo olvidó nunca» indica Juan Luis Ravé, experto en Historia del Arte.

Ravé cree que el lienzo de Ribera pudo estar entre la producción artística que el Virrey de Nápoles, Rodrigo Ponce de León Duque de Arcos encargó a su pintor de cámara José de Ribera, pintor de los virreyes españoles ubicados en el Palacio real napolitano,  como también hiciera el Duque de Osuna con el mismo pintor.

«Es un Ribera poco riberesco. Porque en la madurez casi al final de su vida se hace luminoso. Conectando así con los gustos de Murillo que siempre lo admiró. Desde sus primeras obras se nota. Y este cuadro lo pudo ver muy pronto en 1651 y nunca lo olvidó» indica Ravé.

El original de esta obra se conserva en el Museo de Filadelfia. Está firmado por Ribera y fechado en 1646. Hasta su reciente restauración se leía 1648 pero la restauración ha adelantado a 1646, cuando el duque era el virrey. Hay una copia de gran calidad hecha por el taller de Ribera en la iglesia de Santa Isabel de Marchena y otra de menos calidad en San Andrés. Otra copia fue entregada por Murillo cuando entró en la hermandad de la Caridad de Sevilla.

«En Marchena hay dos copias o versiones lo que suele indicar que el original pasó por aquí» explica Juan Luis Ravé.  «La copia de Santa Isabel contiene lapislázuli, una piedra semipreciosa más fácil de adquirir en Nápoles. La que hizo Murillo para la Caridad no contiene lapislázuli. Era un pigmento muy caro».

Tras escapar de la rebelión de Massaniello, el Duque de Arcos se refugió en Marchena y mandó construir varios conventos como el de Capuchinos, que le habían salvado la vida en Nápoles. A cambio de recibir el cuerpo incorrupto de Sor Maria de la Antigua, Santa María y San Andrés. Este último tiene varias obras de arte de origen napolitano. Además en San Agustín de Marchena se conserva un lienzo de San Agustín, otra obra atribuida por Rave a Ribera.

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Actualidad

Publican reportajes periodísticos que el autor de El Principito escribió en la Guerra Civil

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La editorial Verbum ha publicado ‘Cuadernos’ y ‘España Ensangrentada’, dos de las obras de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de ‘El Principito’, que aún estaban inéditas en español y que contienen reportajes sobre la Guerra Civil, cuando el escritor francés visitó España.

Una de las obras que ahora llega en español es ‘España ensagrentada’, una serie de reportajes sobre la Guerra Civil que se publicaron en revistas y periódicos de la época y «han quedado como obra periodística del autor, fuera de lo que algunos consideran obra literaria». Saint-Exupéry visitó España dos veces, en los años 1936 y 1937, y visitó Madrid y Barcelona.

«Es curioso que no hayan sido traducidas siendo del creador de ‘El Principito’, que es la obra más traducida después de la Biblia. Pero creo que se ha dado precisamente por ese motivo: se han enfocado en sus principales obras, como ‘Vuelo nocturno’ o ‘Piloto de guerra’, y estas se han quedado fuera», ha señalado en una entrevista con Europa Press la traductora de ambas obras, Eva Aladro.


Saint Exupery escribió en 1938 días después de la firma de los Acuerdos de Múnich, en el diario Paris-Soir unos artículos en los que defendía la paz pero no desechaba la guerra como mal mayor y sostenía que antes de elegir había que conocer las motivaciones profundas del hombre de la guerra, que descubrió en la guerra española.

Escritor y aviador francés. Perteneciente a una familia aristocrática de Lyon. No tuvo éxito en sus estudios en la Escuela naval y se hizo piloto cuando estaba cumpliendo el servicio militar en 1921, en Estrasburgo. En 1929 se trasladó a trabajar a Sudamérica, y publicó sus primeras novelas. Allí, en Buenos Aires, conocería a su esposa la salvadoreña Consuelo Suncín. Debido a las dificultades de su empresa aeropostal, en 1932, se consagró al periodismo y a la escritura.

Hizo reportajes sobre la Indochina Francesa en 1934, sobre Moscú en 1935, y sobre España en los inicios de la Guerra Civil, en 1936 y 1937. En 1939, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, fue movilizado por el ejército francés y pasó a formar parte de una escuadrilla de reconocimiento aéreo. En una de esas misiones, su avión desapareció sin dejar rastro el 31 de julio de 1944.

En octubre de 1938 en el diario Paris-Soir dice “El año pasado visitaba el frente de Madrid y me parecía que el contacto con las realidades de la guerra era más fértil que los libros. Me parecía que sólo del hombre de la guerra era posible sacar enseñanzas sobre la guerra. Pero para encontrar lo que hay en él de universal es preciso olvidarse de los bandos y no discutir en absoluto de ideologías».

«Lo que Saint-Exupéry había presenciado en España supuso, de algún modo, el despertar de su conciencia política, ya que había comprobado lo que las ideologías podían llegar a hacer con los hombres, así que a partir de entonces se interesó por saber lo que estaba ocurriendo en Europa presintiendo que la contienda española sería un preludio del cataclismo mundial que se avecinaba» señala Montse Morata  periodista, que estudió la obra periodística de Antoine de Saint-Exupéry, en su obra Aviones de papel.

La dictadura franquista le negó el visado para cruzar por España hacia Portugal, rumbo a su exilio en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial por sus crónicas  sobre la Guerra Civil Española. Los franquistas lo acusaron de ayudar a los republicanos. Llegó a España como reportero de guerra del diario francés L’Intransigeant.

A continuación reproducimos uno de los relatos publicados en Paris Soir, en 1937 por Antoine de Saint Exupery.

 “¡An… to… ni… o!”. El eco resonaba en el valle. “Agáchate”, se apresuraron a recomendarle al reportero, “algunas veces, cuando los llamamos, comienzan a disparar…”.

Esta vez no hubo disparos, pero tampoco respuesta, sin embargo, aquellos hombres tampoco podían jurar que nada hubiesen escuchado, la noche entera cantaba “como una concha”, relataba el aviador. Así que volvieron a intentarlo: “¡Eh! ¡Antonio… o!… ¿Estás…?”. En ese instante los mismos que tan sólo unos minutos antes habían disparado al vuelo a un cigarrillo les lanzaron, a pleno pulmón, un “maternal consejo”: “Callaos… Acostaos… Es hora de dormir”.

Y el mismo miliciano que había conseguido hacer hablar a Antonio volvió  a gritar, como si lanzara hacia lo desconocido una pasarela que uniera las dos orillas del mundo, para formular la pregunta fundamental: “¡Antonio! ¿Tú por qué ideal luchas?”, tras lo que excusó su pudor ante el invitado diciéndole por lo bajo que era “una pregunta irónica”.

La respuesta llegaría de inmediato desde el otro lado como una confidencia seccionada por el viaje, “como una inscripción roída por los siglos”: “… ¡España!”. “…Tú?”, se escucharía después. “… ¡Por el pan de nuestros hermanos!”.

Pero lo más asombroso para el reportero se produjo cuando, desde ambos frentes, se despidieron con un: “… ¡Buenas noches, amigo!”. Entonces el escritor pensará que “bajo la apariencia de palabras diversas, aquellos dos bandos se habían gritado las mismas verdades… Pero una comunión tan alta no excluye morir juntos”.

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Actualidad

Libros, escritores e impresores que marcaron época en Marchena

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Cervantes, Pío Baroja, Camilo José Cela y muchos pasaron por Marchena a lo largo de los siglos dejando sus impresiones en libros de viajes o en inmortales novelas. Los escritores de raza y los antiguos viajeros venían a Marchena a pié o a caballo con la actitud de aprender mezclándose con el labriego y la gente sencilla, de comer en su mesa y de aprender de ellos. En estas rutas literarias y de viajeros, los mesones eran el lugar ideal para su trabajo.

MIGUEL DE CERVANTES

Cervantes estuvo en Marchena recaudando aceite para la Armada real entre 1588 y 1593 y sirvió tras Lepanto para Manuel Ponce de León, nieto de El Valiente y primo de Luis Cristóbal Ponce de León, Señor de Marchena y capitán del ejército de Flandes.

Durante toda su vida Juan Ponce de León, padre del Marqués de Cádiz tuvo que cuidar a su hermano Diego, por estar loco. Diego Ponce de León, hijo de Pedro Ponce de León, abuelo de Rodrigo, Marqués de Cádiz y Manuel El Valiente estuvo casado con Aldonza Portocarrero hija de Luis Méndez Portocarrero.

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Marchena aparece en el Quijote de dos formas. Una, mencionada de forma directa,  en el Capítulo 57 de la segunda parte del libro, publicado en 1615 cuando Altisidora se burla del Quijote «Seas tenido por falso/ desde Sevilla a Marchena/ desde Granada hasta Loja/ de Londres a Inglaterra». Y otra de forma indirecta, en el capítulo de los leones, donde aparece Manuel (Ponce) de León, «El Valiente» glorificado como héroe medieval, quien estaba en guerra contra los marcheneros y su señor, Rodrigo por la herencia familiar.

Cuando Don Quijote busque sin éxito el enfrentamiento con los Leones Cervantes lo convertirá en segundo y nuevo don Manuel de León que fue gloria y honra de los españoles caballeros.

Apologia medicinal en la curacion de una catarral destilación al pecho / por el licenciado Alonso Fajardo de León.

LUIS ESTUPIÑAN, IMPRESOR 

Luis Estupiñan, uno de los impresores más importantes en la Sevilla de su tiempo que en total eran unos 25. Relacionado con la casa del Duque de Arcos imprimió en Marchena un libro del médico del Duque Alonso Fajardo de León en 1627. Imprimió unos diez sermones en este periodo.

También en Marchena imprimió el  sermón predicado en las honras que la villa de Carmona hizo la muerte del rey Felipe III en 1621 escrito por Antonio de Miranda.

Apologia medicinal en la curacion de una catarral destilación al pecho / por el licenciado Alonso Fajardo de León.

El Breve Compendio de la Carpintería de lo Blanco y Tratado de Alarifes Sevilla, de Diego López de Arenas nacido en Marchena también fue impreso por Luis Estupiñán en 1633 en la calle de Las Palmas de Sevilla.

También publicó el Teatro de las Religiones del padre Valderrama prior del convento de San Agustín de Sevilla, uno de los conventos más ricos de Sevilla que estuvo pagado y patrocinado por los Ponce de León.  El libro se publica en 1612 se imprimió en Sevilla  por Luis Estupiñán y está dedicado al Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León e ilustrado por miniaturas del grabador Francisco Heylan (1584- 1635)  grabador e impresor de Amberesque trabajó en Andalucía. Entre sus grabados en esta obra  aparece un gran escudo de los Ponce de León y de la orden agustina.

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BARTOLOME MARRADON

En 1580 el médico de Marchena Bartolomé Marradón, hermano mayor del Cristo de San Pedro, escribe «Diálogo compuesto por Bartolomé Marradon, médico español de la villa de Marchena, impreso en Sevilla en el año 1618». Asi se llama la obra escrita por Bartolomé Marradón, hermano mayor del Cristo de San Pedro que dice que el chocolate era muy usado en las Indias y en España «y que estima mucho ser muy medicinal y muy a propósito de aprender sus virtudes. Yo probé el fruto del cacao y lo he degustado pero para deciros la verdad no me place» escibió el Médico marchenero en su «Diálogo del chocolate».

SOR MARIA DE LA ANTIGUA

La venerable Sor María de la Antigua,  era una hija de labradores nacida en 1566 en Cazalla de la Sierra (Sevilla) y murió el 21 de septiembre 1617 y luego su cuerpo fue trasladado al convento de Santa María de Marchena en cuyo coro está enterrada.

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Pese a ser iletrada y carecer de estudios sus poesías están a la altura de los mejores poetas de su siglo. La Biblioteca Nacional de España los incluyó en una exposición sobre poesía femenina junto a Sor Juana Inés de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

Su escritura era revelada, -así lo decretaron todos los jueces eclesiásticos de todas las órdenes que vieron los textos- tenía visiones, veía y hablaba con muertos y veía a Jesús y la Virgen, la primera vez, en un descampado junto a Santa Clara, donde se puso la cruz de hierro que hoy está en uno de los patios del convento de la Concepción. El convento también conserva sus reliquias además de su tumba.  Su beatificación sigue adelante desde el XVII, a la espera de que alguien notifique algún favor o milagro.

ANTONIA DIAZ 

Antonia Díaz (1827-1892), nació en Marchena, hija de un médico afincado en Sevilla. Desde muy joven leía a los poetas clásicos castellanos y sevillanos.

El matrimonio de poetas, católicos y monárquicos y amigos de los hermanos Bécquer, Antonia Díaz, nacida en Marchena en 1827 y José Lamarque de Novoa se instaló en un Palacio de Dos Hermanas llamado La Alquería del Pilar donde eran famosas sus tertulias de artistas sevillanos y extranjeros. 

La propia Antonia Díaz diseñó los edificios y jardines de este «lugar de ensueño» donde ella misma se reservó una torre sobre una gruta con una virgen donde escribió sus libros. «Flores marchitas: baladas y leyendas» (1877-1882), «Poesías líricas» (1893), «Aves y flores: fabulas morales» (1890).

PIO BAROJA

En 1935, había pasado por Marchena Pío Baroja para realizar una serie de trabajos literarios sobre la ruta del General Gómez, carlista, por los caminos de España, cuyo testimonio gráfico aparecen en la revista Estampa (380, del 27 de abril de 1935).

La gran tradición carlista marchenera, encabezada por varios generales de la familia Díez de la Cortina, atrajo a Pío Baroja, que escribió varias obras sobre dichas guerras.

CAMILO JOSE CELA 

Camilo José Cela, premio Nobel y escritor comió un potaje de garbanzos en la Posada de los Caballeros que se ubicaba en la Plaza Vieja, en el número uno de la calle de los Mesones con la calle San Miguel. De esta posada conservamos una fotografía al paso de la Virgen de la Palma que salió por vez primera en 1970.

Camilo José Cela que dejó escrito en su libro «Primer Viaje Andaluz» 1959, sus impresiones de su paso por Marchena alojándose en la posada de Los Caballeros o de los Baena. Cela venía andando desde Ecija hasta Marchena, cruzó el Corbones recorrió sus calles a pie y luego se fue para Carmona. En su libro dice que pasó miedo, porque los campos entre Marchena y Carmona estaban llenos de toros.

Somerset Maugham

Somerset Maugham fue uno de los grandes narradores del siglo XX y lo consiguió haciendo lo que más le gustaba; observar y contarlo de forma directa y sin juicios morales. Esto le permitió ser el escritor más rico y famoso del mundo en los años 20 y 30. 

Sus libros de viajes por Andalucía se publicaron en España hasta 2005 en RB editores, llamado «Andalucía 1930» donde describe en doscientas páginas ciudades, caminos, costumbres, personas, oficios e iglesias como las de Ecija y Marchena.

Tras finalizar sus estudios  de Medicina en Londres en 1897, Maugham viaja a Andalucía recorriendo Ronda, Córdoba, Sevilla, Écija, Marchena, Granada, Jerez y Cádiz antes de embarcar de regreso a Inglaterra. Durante su estancia en esta tierra escribiría La meticulosidad de Don Sebastián. A Sevilla volvió muchas veces en la década de 1940.

Los apuntes de sus viajes por Andalucia los imprimió en 1930, con el título de Andalusia. Sketches and impressions en la que se basó Miles Davis para su disco Sketches from Spain.

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Ciencia

¿Para que se usaron los vasos campaniformes?

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La relación entre cerveza y la cultura campaniforme es objeto de estudio por Daniel García profesor del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla. Los vasos campaniformes no se hicieron para beber solamente cerveza sino que contuvieron todo tipo de bebidas, y así se sabe por los restos encontrados y estudiados de forma científica. 

España es el cuarto productor de cerveza de la Unión Europea por detrás de Alemania Reino Unido y Polonia con tres millones de hectolitros en el 2012 y un consumo por cabeza de 47,5 litros de cerveza por persona y año. En la provincia de Sevilla se elaboran actualmente unos 20 municipios que se muestran en la feria cerveza artesanal de Diputación.

Los celtas producía cerveza en el norte y centro de Europa trayendo este conocimiento  cuando se extendieron por la Península Ibérica mientras que los romanos la consideraban bebida de salvajes y preferían el vino.

El vaso campaniforme es una cultura que se extendió por toda Europa Occidental a partir del año 2900 antes de Cristo y hasta 1800 antes de Cristo. Varios de ellos se han encontrado en Marchena que junto con Carmona y Ecija son las zonas del sur de España abundantes en este tipo de hallazgos.

En Marchena se han encontrado dos vasos campaniformes en San Ginés, dos en la loma de la lombriz, Cerro del maravilloso y en La Conejera  y algunos restos en la base de la muralla de la Barbacana en el conjunto del núcleo histórico de Marchena y otros en el cortijo de Montemolín.

El vaso campaniforme de Marchena hallado junto a la Fuente y Ermita de San Ginés, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid desde 1917. Lo encontraron unos obreros al sacar piedra para hacer la carretera a la Puebla de Cazalla. Jorge Bonsor visitó poco después el lugar e hizo un croquis de la estratigrafía del yacimiento, publicada por Mélida.

Se descubrieron cincuenta fosas de inhumación cubiertas de lajas de piedra con los muertos en posición encogida y ajuares formados por cerámica , hachas de piedra pulimentada y hojas y puntas de piedra tallada. El mismo museo de Madrid tiene otros vasos similares de Marchena encontrados en 1940.

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Los investigadores Juan Pérez Heras y Matamala han encontrado en los últimos años restos de cerveza mezclados con otros productos en muchos vasos de cerámicas campaniformes peninsulares por ejemplo en Almenara de Adaja (Valladolid), cerveza con miel, en Loma de la Tejeria, Albarracín, cerveza con sustancias alucinógenas, en Amposta Tarragona.

Hidromiel en Toledo (Valle de Las Higueras) o en el dolmen toledano de Azután.  En el valle de Ambrona  han encontrado en 2007 cerveza de trigo y en la tumba de Los Dolientes, restos de jugo de sidra o pera.

El pan y la cerveza van de la mano y aparecen en el 6000 antes de Cristo. En  2011 se encontraron vasijas de cerveza en  Luxor, Egipto  del año 1500 antes de Cristo en unas tumbas dentro del Proyecto Djehuty y en 2015 aparecen vasijas egipcias de 5000 AC en Tel Aviv.  En Egipto no se conocía el proceso de fermentación de la cerveza por lo que se le consideraba parte de la magia.

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Los restos de cerveza más antiguos de España están en Can Sadurní, Begas, Barcelona, datada en el 5500 antes de Cristo. La cerveza se hacía de cereales y malta y el lúpulo era  conservante y aromatizante dándole sabor amargo a la vez que favorece su conservación.

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En España el vino sustituyó a la cerveza con los romanos hasta que el Rey Carlos primero de España y quinto de Alemania que trajo consigo maestros cerveceros de Alemania a lugares como Yuste.  Era entonces un producto de otoño-invierno ya que no se sabía conservar y con el calor se estropeaba.

 

Algunas cervezas antiguas se hicieron remojando panes fermentados cocidos en agua y dejando fermentar. La fermentación produce alcohol y desinfecta el agua obteniéndose una bebida limpia de contaminación bacteriana. En Baviera se llama la cerveza hasta hoy pan líquido.

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Cultura

Tesoros que el tiempo escondió bajo la tierra marchenera

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El Museo Arquelógico Nacional de Madrid conserva un vaso  encontrado en el yacimiento de San Ginés, Marchena donde aparecieron dos ejemplares, otros dos en la loma de La Lombriz, cerro del Maravilloso y en La Conejera. También han aparecido restos de vasos campaniformes en la base de la muralla de la Barbacana y en Montemolín. Las cerámicas campaniformes eran objetos de prestigio o status, porque se trata de una vajilla de compleja y costosa elaboración.

Vasos campaniformes de Marchena

Lugares donde se han encontrado vasos campaniformes

«Hecho todavía sin torno, de pasta negruzca mal trabajada, roja y pulida por la cara exterior, en forma de tulipán y con adornos geométricos de labor incisa, que denotan ser su manufactura del período neolítico», tal y como lo describe JR Mélida.

Junto a la muralla de la Alcazaba cerca de Santa María Coullaut Valera encontró «unos esqueletos que estaban metidos en tinajas, y con ellos unos trozos de cerámica roja» también junto a un fargmento de vaso campaniforme.  La inhumación en tinajas es en España característica de la Edad del Bronce.

2-La Necrópolis Fenicia

La olvidada necrópolis fenicia de Marchena como la llama Eduardo Ferrer fue datada en 1916 por Coullaut Valera en una cantera de arenisca al suroeste  -aunque hay dudas sobre este su ubicación- Ferrer concluye finalmente que esta cueva estaba en Montemolín.  Eran » hipogeos o tumbas fenicias excavados en roca arenisca de doce metros de profundidad que tenía agua subterránea» que aparece en la obra Cartagineses en Occidente de García y Bellido, 1942.

Solo hay una tumba similar en España en Puente de Noy, Almuñécar aunque fueron muy comunes en Cartago, norte de Africa.

Cerca, el presbítero Francisco Mateos Gago localizó en 1889 «un ara con el caballo y la palmera, como se ven en las monedas de los Bárquidas, y un relieve, también con palmera, y una cierva con su cervatillo, hoy en el Museo Arqueológico de Sevilla» que aparecen  en la Historia de Cartago de Church (1889: 178-179), relacionada con la simbología del dios Hammón.

Cabeza de caballo cartaginés encontrado en Marchena Museo Arqueologico de Sevilla.

No existen en todo el mundo más de 50 estelas funerarias fenicias  incluyendo la propia Fenicia según Juan Antonio Martín Ruiz en su obra Estelas Funerarias Fenicias. Además la estela funeraria de Marchena situa a nuestro pueblo como uno de los lugares clave de la antiguedad, según este autor.

3-Un balneario romano en El Lavadero

También Coullaut Valera documentó en 1916 la construcción rectangular de hormigón con un pavimento de mosaico y restos de enlucido de estuco pintado en los muros, que forma parte del yacimiento romano de El Lavadero y que se conserva junto al cementerio y la carretera.

La imagen puede contener: exterior

También documentó Coullaut Valera » restos de un recinto semicircular, cuyo muro, muy grueso, es de mampostería y cemento de cal, advirtiéndose unas cañerías de barro que hacen sospechar si tales ruinas serán de unas termas» que fue redescubierto hace dos años por el equipo que excavó la zona próxima al Arroyo del Lavadero y que se sorprendió al encontrar uno de los estanques romanos más grandes de la bética romana capaz de almacenar millones de litros de agua del arroyo del Lavadero Según Maria Luisa Ottomano Queraltó forman parte de un templo o balneario dedicado a la diosa Salus, diosa de la Salud romana.

También tiene el yacimiento los primeros enterramientos de cristianos en Marchena reconocibles por tener una concha en la cabeza señal de que habían sido bautizados.

Sepulcros proto cristianos junto al Pabellón

4.-El yacimiento de Montemolín

Montemolín-Vico fue descubierto y excavado parcialmente por la Universidad de Sevilla en los 80.  Tiene edificios militares y funerarios fenicio-cartaginés, estructuras hidráulicas, y urbanas, un templo, joyas de oro y plata, aras y sobre todo centenares de monedas ya que tuvo una ceca.

En el templo se sacrificaban ritualmente animales (se han encontrado 60 kilos de huesos). La carne sacrificada era guardada en salazón, en recipientes cerámicos, decorados con esfinges, grifos, toros y leones.

En el siglo VI se despuebla el cerro donde queda la acrópolis o zona simbólica, como vestigio de origen y pasado, mientras surge una nueva ciudad cartaginesa a sus pies, en el cerro de Vico.

En el siglo III a.c. es escenario de la segunda guerra púnica, donde se hace un campamento cartaginés. Es el punto de España donde hay más concentración de monedas cartaginesas tanto que se cree tuvo su propia ceca.

 

SABER MAS: ARQUEOLOGIA EN MARCHENA

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Cultura

Cuando los alfareros causaban molestias «a los pobres enfermos del hospital» de Marchena

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Los alfareros y ceramistas marcheneros estaban instalados tradicionalmente en la calle Cantareros. Así se recoge en un documento del Asistente de Marchena en 1719. 

En 1719 los alfareros de Marchena estaban instalados en varias calles céntricas, causando molestias a los vecinos por los humos que desprendían sus hornos, por lo que el Asistente de la Villa, un cargo del Ayuntamiento se propone sacarlos del centro y reubicarlos en las afueras, tal y como estuvieron en el siglo XV.

El 12 de agosto de 1719 el asistente de la villa afirma en un documento que poco a poco los alfareros se habían ido trasladando al centro del pueblo y ponían «sus casas y hornos para cocer en distintas calles públicas muy dentro del centro de este pueblo de lo que se sigue grave daño a la salud pública».

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Señala que hay quejas de templos y del hospital causando perjuicio «a los pobres enfermos del hospital» que entonces estaban en la Caridad y en La Milagrosa exponen Francisco Javier Gutiérrez Núñez y Juan B. Carpio Elias en su trabajo «Vida y poder municipal de Marchena en el reinado de Felipe V. (1700-1720).

También indica como posible remedio trasladar los hornos a las afueras del pueblo o concentrarlos todos en una calle tal y como sucedía antiguamente. «Antiguamente se mantenían todos juntos en una calle que llamaban de los Cantareros».

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Se acordó notificar a todos los alfareros que antes del día de San Juan de 1720 deberían ir  buscando sitios y hornos donde labrar y cocer las obras de sus fábricas «fuera del casco de esta villa en los arrabales de ella y que no lo abran nuevos hornos en las casas que estuviera en el centro» pues sería multado con 50 ducados aplicados a gastos de Obras Públicas. Sin embargo ante las quejas de los alfareros ante el Duque este acuerdo quedó sin efecto.

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En el S. XIX había en Marchena cuatro alfarerias (Madoz). En los rellenos de alfarería de las bóvedas de la iglesia de San Juan (nave lateral) se encontraron 17 formas distintas de vasijas que datan de 1556. Incluían cántaros, cantimploras, lebrillos, fuentes, morteros, queseras. En las naves del ábside (1490) había grandes tinajas, tinas y lebrillos.

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En los 80 aun vivía Francisco Perea Lozano, hijo del último alfarero que ejerció en la localidad.  A principios del S. XX habia muchos alfares pero solo dos familias hacían cacharros de barro y una ladrillería, la de Juan Matas. La familia de Manuel Vicente, conocidos como los Perea, familia de tradición alfarera de siglos atrás, con un taller en la carretera de El Palomar. 

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Los oficios artesanos alfareros fueron recuperados hace algunos años por la Escuela de las Artes, donde aprendió Jesús Perea, nieto del último alfarero y un taller, San Cristóbal, de Juan Rafael Lora, se dedica a la azulejería comercial. Entre los restos de cerámica más antiguos está el Vaso de los Toros Montemolín, S. VI AC hoy en Museo el Arqueologico de Sevilla.

El estudio de las cubiertas de la iglesia de San Juan, recubiertas de cacharros de barro para aligerar peso, es la que mas datos ha arrojado sobre la alfarería en los últimos 500 años.

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Existen más de 20 formas propias de vasijas locales, como cantimploras, lebrillos, morteros, queseras. En las bóvedas de nervaduras del presbiterio y altares laterales, de 1490 se han hallado grandes piezas, cuyo tamaño iba variando en función de la altura, desde tinajas, lebrillos, gonzalos, etc según el libro barros populares de Sevilla y provincia de Domingo Ramos y Gabriel Calvo.

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Grandes sagas familiares en Marchena fueron alfareros, aunque Francisco Perea Lozano, es citado en esta obra como el último descendiente de los alfareros de Marchena, que se perdieron en torno a los años 50. El último taller en activo fue el de Francisco Perea Carrero, el apellido Perea, estuvo ligado en Marchena a esta tradición artesana. También la familia de José Vaquero, procede de aquel arte. Nombres del callejero como Cantareros son suficientemente elocuentes.

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En el siglo XIX había en Marchena varios alfares, aunque solo dos hacían cacharros, el resto se dedicaba a hacer tejas y ladrillos. Una de las ladrillerias mas antiguas era la de Juan Matas. La familia de Manuel Vicente, -de la saga de los Perea- era conocida por la elaboración de cacharros, en su cantarería de la carretera del Palomar, en la que trabajaban sus dos abuelos, Francisco y Manuel, de los hijos de ellos dos, solo siguió el oficio el hijo de Francisco, que llegó hasta 1957, año en que cerró el último alfar marchenero.

En la calle Compañía número cuatro estaba instalado el taller de Andrés El Alfarero en los años cincuenta.

Los alfareros de Marchena extraían el barro blanco, también llamado Vícar, de los cerros o barreros de las inmediaciones del pueblo, camino de Fuentes Alto. También se extraía el barro para las ladrilleras del pueblo de la carretera de Lantejuela, junto al puente Mamedra que hubo hasta los años setenta como Martín el Ladrillero ubicado en la finca El Parque.

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