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Historia

El sevillano que instaló la primera fábrica de cervezas de América en 1541

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El 23 de Agosto de 1541 el Consejo de Indias aprueba la idea de Alonso de Herrera, quien según algunas fuentes era sevillano, y fue el primero en «pasar a Indias para fabricar cerveza» «y que para ello llevara a su costa de Flandes o de las partes donde se hallare, los maestros, calderas y aparejos, y otras municiones de simientes que para ello convenga y pagará los salarios y mantenimiento de los que llevare».

Herrera instaló una pequeña fábrica, llamada El Portal, la cual se encontraba entre Amecameca y Paso de Cortés, así que aprovechaba las cristalinas aguas producidas por el deshielo de los volcanes que coronaban el Valle de México.

Herrera, que según  «Apuntes para la historia de la cerveza en México», de María del Carmen Reyna y Jean-Paul Krammer es el primer empresario cervecero de América y de México instaló su fábrica en 1542  en Amecameca, Estado de México , y llamó a su fábrica Brazería pero su elevado precio y la falta de cuidados impidió que la cervecería de Herrera tuviera éxito, y tras la muerte en 1558 del primer cervecero americano, murió también su empresa. la preferencia por la bebida local, denominada pulque, de maiz, acabaron por hacerlo poco rentable.

 

El Consejo de Indias entendía que «Esta cosa podría ser provechosa y que el patrimonio real de vuestra majestad se verá acrecentada» decretando que por el plazo de 25 años ninguna otra persona pudiese hacer cerveza en las Indias» y a cambio Herrera se obligaba a dar al rey la quinta parte. Al mismo tiempo Herrera pide Licencia para pasar doscientos esclavos negros a las Indias «el oquien su poder hubiere para esta grangería libres de todos los derechos».

En México entonces la cerveza fue considerada bebida de extranjeros, e importada de Flandes y Alemania hasta que Alfonso de Herrera, miembro de la expedición de Hernán Cortés obtuvo el permiso de parte de la Corona Española, para producir una de las primeras cervezas en territorio americano en México.

CUANDO LA CERVEZA LLEGÓ A ESPAÑA

Pese a que hoy España lidera el consumo de cerveza en el mundo junto con Chequia la entrada de la cerveza en España no se produjo hasta 1501cuando Felipe de Habsburgo trajo de Bruselas varios barriles de cerveza.

Este hecho marca la entrada de cerveza en la Península y la aparición del sector cervecero en la Península. Carlos V trae en 1517 desde Flandes un maestro cervecero y varios oficiales para producir cerveza para su consumo y el de su Corte. Hacia 1537, se instaló en Madrid la primera fábrica de cerveza, bajo la dirección de un maestro cervecero flamenco.  En Zuazos de Yuste, el Rey crea la primera abadía española de estilo belga.

La cerveza se bebía entonces en el círculo de la realeza, embajadores, extranjeros franceses y flamencos y gentes de palacio, tal como se   refleja en una petición que realizó un cervecero flamenco de Madrid llamado Miguel Pascual en 1621.

“Habiendo por mandado del Emperador Nuestro Señor… venido a esta Corte, de los Estados de Flandes (Carlos I), un fabricador de cerveza que la hacía para la Casa Real, y para el gasto de casas de Embajadores y otras particulares, habiendo faltado cuatro años, el Rey Don Felipe II… hizo traer de los dichos estados otro fabricador que hacía la dicha cerveza, por el gran provecho que hacía a muchas personas calificadas que la bebían, en particular a los naturales de los estados de Francia y Flandes».

Los maestros cerveceros flamencos solicitan entonces la construcción de molinos de cebada para atender a la producción cervecera. “A 11 de septiembre de 1624: Juana de Vos (fabricante de cerveza) es la que da cerveza para el hospedaje que S. M. ha mandado hacer y se está haciendo al embajador de Dinamarca, y parece que por falta de no hallar en donde moler la cebada de que se hace esta bebida, suplico a V. M. se sirva de mandar su mandamiento para que los molinos adonde a V. M. le pareciere más conveniente, y a esa mujer más a propósito, porque pueda continuar con la cerveza que estos extranjeros tanto estiman”.

FUENTES:

Luque, Emilio (2005), “Producción y consumo de cerveza en la América colonial: primeras tentativas de Alonso de Herrera en el valle de México”, en Gutiérrez, Antonio y Laviana, María Luisa (2005), Estudios sobre América, siglos XVI-XX, Asociación Española de Americanistas, Sevilla, 921-930.

Los orígenes y la implantación de la industria cervecera en España, siglo XVI – 1913
Xavier Garcia Barber

La saga de los Osborne

La evidencia arqueológica más antigua conservada sobre las actividades de fabricación de cerveza en Europa del norte, se encuentra en Kulmbach, Bavaria, donde se ha descubierto ánforas de cerveza de 800 años a.C.

El origen de la cerveza actual, cerveza estilo Pilsen, está en 1840 en la ciudad checa del mismo nombre donde los artesanos se unieron para crear una gran fábrica que hoy sigue funcionando y a donde peregrinaban todos los cervezeros del mundo para aprender.

Los bodegueros hispano británicos Roberto y Tomás Osborne Guezala, (1871-1937 bisabuelo de Bertín Osborne, y su hermano,  establecidos en El Puerto de Santa María crearon la marca Cruzcampo en 1904 tras un viaje por Alemania y Checoslovaquia, al origen de la cerveza.

 Thomas Osborne Mann, llega desde Exeter, al Puerto de Santa María, en el XVIII para exportar vinos de Jerez.  Uno de sus descendientes adopta al escritor JRR autor de El señor de los anillos que pudo estudiar gracias al dinero español del vino de Jerez.

Los inicios de la fábrica Cruzcampo

Técnicos alemanes crean la fábrica Cruzcampo de Sevilla en 1904, junto al humilladero de La Cruz del Campo, para dar salida a la cebada, y diversificar la oferta de bebidas, ya que en ese momento el vino era la más consumida. Producía 150 hectólitros y en 1936 alcanza los 65.000. Desde 1922 cuenta con el apoyo financiero del Banco Hispano Americano.

Las cervezas alemanas y del norte de Europa son espesas y de mucho cuerpo mientras que las del sur de España y México, Cruzcampo y Coronita están especialmente elaborada para el clima cálido. Cruzcampo porque mantiene el sabor a baja temperatura, fruto de la investigación pagada por los hermanos Osborne y sus maestros cerveceros europeos. Cruzcampo explica en su web que tiene una cepa de levadura única que conservan desde los inicios de la fábrica en 1904.

LA CERVEZA NACIÓ EN BABILONIA

Los sumerios, alrededor de los ríos Tigris y Éufrates, elaboraron los primeros textos ilustrados que describen la fabricación de la cerveza en el tercer milenio antes del Cristo. Hasta la epopeya Gilgamesh, menciona a menudo esta bebida de reyes y dioses.

Las primeros recetas de cerveza tienen su origen en el siglo II a.C. en Babilonia donde se  fabricaba a partir de cebada y farro trigo salvaje, y primer cereal de la historia. La cerveza de trigo fino era entonces de color rojo o negro y escribieron la primera regulación del comercio de cerveza  que exportaban a Egipto.

José Manuel Galán Allué, egiptólogo confirmó el hallazgo de jarras de cerveza de 1500a.C., en el Proyecto Djehuty, en los alrededores de Luxor, la capital espiritual de Egipto y era de cebada y como tal considerada un alimento básico para todos los grupos de la población, desde niños hasta faraones servida en copas de oro, con fines médicos e incluida en las tumbas.

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Historia

«El sambenito», de Manuel Peña Díaz: cómo la Inquisición convirtió la infamia en una marca cotidiana

El historiador Manuel Peña Díaz estudia en su nuevo libro cómo el sambenito pasó de ser una prenda y una señal inquisitorial a convertirse en una marca social de larga duración que todavía sobrevive en nuestro lenguaje.

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Portada de El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición, de Manuel Peña Díaz, El Paseo Editorial

La Inquisición no actuó solo en los grandes autos de fe, en las cárceles o en los quemaderos. También entró en la vida cotidiana a través de símbolos capaces de marcar a una persona y a su familia durante generaciones. Sobre uno de esos símbolos, quizá el más reconocible de todos, gira El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición, obra del historiador Manuel Peña Díaz cuya primera edición apareció en marzo de 2026 en El Paseo Editorial.

La obra parte de una pregunta que sigue teniendo eco en el presente: por qué expresiones como «colgar un sambenito», «tirar de la manta» o «poner verde» continúan vivas en el vocabulario cotidiano. El sambenito fue una prenda penitencial, pero también un instrumento de descrédito. Podía señalar públicamente al condenado y, en determinados contextos, prolongar la infamia más allá de la persona castigada, alcanzando a su entorno y a su memoria familiar.

El volumen, de 280 páginas y publicado dentro de la colección Memoria, recorre la historia del sambenito desde sus orígenes y sus usos penitenciales hasta su transformación en un auténtico icono inquisitorial. El índice del libro aborda la memoria de la infamia, el odio a los conversos, los hábitos y corozas, los llamados sambenitillos, las resistencias frente a estas marcas, el uso del sambenito en burlas, injurias, chantajes, literatura y sátira, así como su presencia en relatos de viajeros y en la cultura visual de la Edad Moderna.

Una acusación podía quedar clavada en una puerta

El avance editorial incluye episodios que muestran hasta qué punto aquella simbología había sido interiorizada por la sociedad. En Antequera, en 1638, el juez Francisco de Fonseca quedó envuelto en una fuerte polémica tras ordenar la ejecución de un clérigo. Días después apareció clavado en la puerta de su casa un lienzo con un aspa roja y su nombre. El gesto bastó para convertir una disputa judicial en una acusación pública de origen converso y judaizante. El sambenito, incluso fuera del procedimiento formal del Santo Oficio, podía funcionar como un arma de señalamiento social.

Ese es uno de los ejes centrales del libro: desplazar la mirada desde la Inquisición entendida únicamente como tribunal hacia la Inquisición como presencia cotidiana. Peña Díaz insiste en que el miedo no dependía solo de inquisidores y procesos, sino también de la capacidad de los vecinos para denunciar, propagar rumores o convertir una sospecha en una marca duradera. La obra analiza así la relación entre vigilancia, honra, limpieza de sangre, memoria colectiva y participación social.

Un lenguaje inquisitorial que ha sobrevivido

La cuestión más sugerente aparece al final del avance: más de dos siglos después de la desaparición del Santo Oficio, buena parte de aquel vocabulario sigue entre nosotros. «Colgar un sambenito» continúa significando atribuir a alguien una fama negativa difícil de borrar, mientras que otras expresiones nacidas o popularizadas en aquel universo de deshonra siguen funcionando con naturalidad en el español actual.

Manuel Peña Díaz es catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Córdoba y sus líneas de investigación incluyen la Inquisición, la historia del libro y de la lectura y la vida cotidiana. La obra prolonga esa trayectoria y propone observar el Santo Oficio no solo desde sus grandes procesos, sino desde los pequeños mecanismos con los que penetró en las relaciones sociales.

Para los lectores interesados en la historia conversa de Andalucía y de Marchena, el libro ofrece un marco especialmente útil para comprender el peso que tuvieron la honra, la sospecha y la memoria de la infamia en las sociedades de la Edad Moderna. El avance facilitado a este medio no contiene un capítulo específico sobre Marchena, pero sí herramientas históricas para interpretar mejor muchos documentos inquisitoriales y genealogías conversas que hoy vuelven a estudiarse desde archivos y fondos históricos.

Ficha: El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición, Manuel Peña Díaz, El Paseo Editorial, colección Memoria, 2026, 280 páginas, ISBN 978-84-19188-86-1.

Fuentes: avance editorial de la obra facilitado a Marchena Secreta; El Paseo Editorial; Universidad de Córdoba. Puede consultarse también nuestro reportaje anterior: «El sambenito: cómo la Inquisición convirtió la vergüenza pública en una herencia que aún vive en nuestro lenguaje».

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Historia

La fiesta del Toisón de Oro que convirtió Marchena en escenario de la alta nobleza en 1611

Un documento de PARES registra los gastos del tablado preparado en Marchena para la investidura de Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos, como caballero del Toisón de Oro.

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Collar, insignia de cuello y miniatura de la Orden española del Toisón de Oro

Una cuenta de gastos abre una ventana inesperada a la Marchena de comienzos del siglo XVII. El Archivo Histórico de la Nobleza conserva una relación de lo gastado en el tablado y los atajos preparados para la fiesta de investidura del duque de Arcos en la Orden del Toisón de Oro. El documento está fechado en Marchena el 5 de septiembre de 1611 y se conserva con la signatura OSUNA,CT.616,D.91.

No es una crónica literaria de la celebración, sino una cuenta administrativa. La ficha de PARES no detalla las partidas y no permite afirmar cuánto costó cada elemento, quién trabajó en ellos o dónde se levantó exactamente el tablado. Lo seguro es que hubo una infraestructura efímera preparada expresamente para una ceremonia ducal y que su coste quedó registrado por la administración de la Casa de Arcos.

Collar, insignia de cuello y miniatura de la Orden española del Toisón de Oro
Collar, insignia de cuello y miniatura de la Orden española del Toisón de Oro. Fotografía: Alexeinikolayevichromanov, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

¿Qué era el Toisón de Oro y por qué tenía tanta importancia?

El Toisón de Oro no era una medalla corriente ni un simple adorno nobiliario. Era una de las órdenes de caballería más exclusivas y prestigiosas de Europa. Había sido fundada en Brujas en 1430 por Felipe el Bueno, duque de Borgoña, y quedó después vinculada a la Casa de Habsburgo y a la Monarquía Hispánica. En 1611 su soberano y gran maestre era el rey Felipe III, de manera que el ingreso dependía de una decisión del monarca y situaba al elegido dentro de un reducido círculo de grandes señores unidos a la Corona.

Su insignia era un collar del que pendía un pequeño vellocino o piel de carnero de oro, inspirado en el relato mitológico de Jasón y los argonautas. Por eso recibir el Toisón tenía un enorme valor político y simbólico: reconocía el rango, la fidelidad y los servicios de quien lo recibía. La ceremonia celebrada en Marchena no fue, por tanto, una fiesta privada más. Escenificaba públicamente que el señor de la villa acababa de incorporarse a una de las mayores dignidades caballerescas de la Europa de su tiempo.

Rodrigo Ponce de León y el Toisón de Oro

El protagonista era Rodrigo Ponce de León Toledo (Marchena, 1545-1630), III duque de Arcos. Había sucedido a su padre al frente de la Casa de Arcos en 1573 y reunía, entre otros títulos, los de marqués de Zahara, conde de Casares y señor de Marchena. PARES lo identifica además como capitán general de las costas de Andalucía. No debe confundirse con el Rodrigo Ponce de León del siglo XV, marqués de Cádiz y célebre capitán de la Guerra de Granada: el homenajeado en 1611 pertenecía a una generación posterior del mismo linaje.

Marchena era el principal centro señorial de los Ponce de León y una de sus residencias fundamentales. Por eso la investidura adquiría aquí un significado especial. El reconocimiento concedido por Felipe III no elevaba únicamente el prestigio personal del duque: proyectaba sobre su casa, su corte y la propia villa la cercanía política de los Ponce de León a la Monarquía.

Otro expediente del Archivo Histórico de la Nobleza conserva la provisión real de Felipe III, expedida en Aranda del Duero el 20 de agosto de 1610, por la que Rodrigo Ponce de León fue nombrado caballero de la Orden del Toisón de Oro. Su signatura es OSUNA,C.234,D.47-48.

Las dos piezas permiten seguir el acontecimiento desde dos perspectivas: primero, la decisión de la Corona; después, su traducción material en una fiesta celebrada en Marchena.

Un tablado para representar el poder

La palabra que convierte esta pequeña pieza contable en una historia es tablado. El documento demuestra que la ceremonia exigió preparar un espacio específico en la villa. Durante aquella celebración Marchena no fue simplemente residencia de los Ponce de León: se convirtió en escenario donde se hacía visible públicamente la posición del duque dentro de la nobleza de la Monarquía.

El dato resulta especialmente interesante porque Rodrigo Ponce de León no era un personaje de paso. PARES lo identifica como III duque de Arcos desde 1573 y señor de Marchena. Murió en Marchena en 1630. La Real Academia de la Historia lo sitúa entre los miembros destacados de uno de los grandes linajes andaluces.

Lo que todavía queda por descubrir

La relación de gastos plantea preguntas que solo podrán responderse con una lectura paleográfica completa de la pieza: cuánto se pagó, qué materiales se utilizaron, quiénes trabajaron en el montaje y dónde se instaló. Hasta que esos extremos puedan comprobarse directamente, no deben presentarse como hechos.

Ahí reside precisamente el valor del hallazgo. Una cuenta aparentemente secundaria permite descubrir que las grandes ceremonias de la Monarquía también dejaron huellas en la vida cotidiana de Marchena. Detrás de los títulos aparecen estructuras, gastos y preparativos: la maquinaria necesaria para convertir el poder en espectáculo.

Fuente documental

Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA,CT.616,D.91. Relación de lo que se gastó en el tablado y atajos para la fiesta el día que fue investido con la orden del Toisón el duque de Arcos. Marchena, 5 de septiembre de 1611. PARES, Ministerio de Cultura.

Documento complementario: OSUNA,C.234,D.47-48, Provisión Real de Felipe III a favor de Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos, por la que es nombrado caballero de la Orden del Toisón de Oro, Aranda del Duero, 20 de agosto de 1610.

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Historia

De la carnicería medieval al matadero: el mapa de la carne en la Marchena antigua

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Hubo un tiempo en que entrar en Marchena por la Puerta de Sevilla significaba hacerlo entre vendedores, caballerías, fuentes, mesones y puestos de abastecimiento. Muy cerca se cortaba y pesaba la carne, se cobraban derechos y se discutía quién podía controlar su venta.

La carne no era solamente un alimento. Era una fuente de ingresos para el señorío, un servicio imprescindible para los vecinos, una preocupación sanitaria y, en algunas ocasiones, motivo de enfrentamiento con el poder ducal.

El cruce de documentos conservados en PARES y en el Archivo Histórico Municipal de Marchena con diferentes estudios sobre el urbanismo de la localidad permite reconstruir una parte de aquel paisaje. Las fuentes conducen hacia el corredor formado por la antigua Puerta de Sevilla, actual Arco de la Rosa; la calle Manuel Rojas Marcos; la plaza del Padre Alvarado y la desaparecida Puerta del Berral.

Una carnicería documentada en 1447

La primera referencia conocida aparece en una relación de rentas de Marchena fechada el 1 de enero de 1447, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza con la signatura OSUNA,C.169,D.26.

Entre las diferentes rentas y actividades económicas de la villa figura expresamente una “carnicería”.

El dato demuestra que, durante la Baja Edad Media, el abastecimiento de carne ya formaba parte del sistema económico del señorío de los Ponce de León. No era una actividad ocasional desarrollada al margen de las autoridades. Producía ingresos y tenía suficiente importancia como para aparecer en las cuentas señoriales.

Las viejas carnicerías situadas junto a la torre

Una provisión fechada el 23 de enero de 1545 y conservada en el Archivo Histórico Municipal, dentro del legajo 67, explica que el concejo solicitó autorización para reformar las:“viejas carnicerías de la villa que estaban junto a la Torre”.

La propuesta contemplaba la construcción de dos tajos nuevos: uno destinado a vender carne de vaca y otro reservado para la carne de puerco. El mismo documento menciona la Torre de la Puerta de Sevilla.

La expresión “viejas carnicerías” también resulta reveladora. Indica que las instalaciones no eran nuevas en 1545 y que probablemente llevaban funcionando desde tiempo atrás. Sin embargo, los documentos conocidos todavía no permiten asegurar que fueran exactamente las mismas que aparecen en la relación de rentas de 1447.

Un espacio comercial entre dos puertas

El historiador Juan Luis Ravé Prieto precisa todavía más la localización. En su reconstrucción del urbanismo histórico de Marchena señala que en 1545 las carnicerías fueron construidas entre la Puerta de Sevilla y el primer torreón curvo, presentando una fachada uniforme de arcadas que daba acceso a los comercios.

La antigua Puerta de Sevilla ha llegado hasta nuestros días con el nombre de Arco de la Rosa.

 

En sus proximidades se encontraba la Plaza de la Fuente, conocida también como Plaza Vieja, Plaza de las Fuentes o Plaza de Abajo. Este espacio comunicaba la Puerta de Sevilla con la Puerta del Berral y servía de articulación entre la antigua villa amurallada y el arrabal de San Miguel.

Dos tajos para organizar la venta

La decisión de construir dos tajos diferenciados en 1545 revela una voluntad de ordenar y controlar la venta.

El tajo era el lugar donde se cortaba y despachaba la carne. La separación entre vaca y puerco permitía organizar el producto, supervisar su distribución y facilitar el cobro de los correspondientes derechos.

Las autoridades debían procurar que no faltara carne, controlar su peso, vigilar su estado y supervisar los precios. Sin medios modernos de conservación, la organización diaria del abastecimiento era fundamental.

Había que disponer de ganado, conducirlo hasta la villa, sacrificarlo, despiezarlo y poner la carne a la venta antes de que se deteriorara.

Salvador de Benjumea contra el estanco de la carne

Treinta y tres años después de las obras de 1545, las carnicerías se convirtieron en el centro de un importante conflicto.

El Archivo Histórico de la Nobleza conserva el expediente OSUNA,C.170,D.112-115, fechado entre el 3 de noviembre de 1578 y el 2 de junio de 1579. El documento recoge la demanda presentada por Salvador de Benjumea y otros vecinos de Marchena contra el III duque de Arcos por el estanco de las carnicerías.

El término “estanco” designaba entonces el monopolio o control exclusivo sobre la venta de un producto.

Lo que estaba en juego era quién podía controlar la carne, quién tenía derecho a pesarla y quién obtenía las rentas derivadas de su comercialización.

No era una simple disputa entre carniceros. El conflicto afectaba a un alimento básico y enfrentaba los intereses de los vecinos con determinados derechos ejercidos por el señor de Marchena.

Carnicerías Viejas: la huella permanece en el callejero

La continuidad topográfica se vuelve todavía más clara durante el siglo XVII.

El estudio de Ramón Ramos Alfonso sobre el callejero histórico de Marchena recoge la denominación “Carnicerías Viejas”en la calle Manuel Rojas Marcos , Arco de la Rosa, la antigua Puerta de Sevilla.

La actividad económica dejó una huella suficientemente profunda como para dar nombre a una calle, incluso después de la transformación o desaparición de las instalaciones originales.

La Puerta de las Carnicerías

Las actas municipales estudiadas por Juan Antonio Arenillas proporcionan otra referencia especialmente valiosa.

Durante las medidas adoptadas ante la amenaza de peste de 1648, las autoridades acordaron mantener abiertas solamente algunas entradas de Marchena. Entre ellas aparece una denominada “la puerta de la carne”.

Dos años después, en 1650, el cabildo menciona de manera inequívoca:

“la puerta de las Carnicerías, adosada a la Puerta de Sevilla”.

El Ayuntamiento acordó construir allí un pequeño tejado o refugio destinado a las personas encargadas de vigilar el acceso.

Esta referencia confirma la relación física entre las carnicerías y la Puerta de Sevilla. No se habla solamente de un establecimiento situado en un barrio amplio, sino de una Puerta de las Carnicerías adosada a una entrada concreta de la muralla.

La secuencia documental resulta coherente: carnicerías junto a la torre en 1545, Carnicerías Viejas en el callejero histórico y Puerta de las Carnicerías junto a la Puerta de Sevilla en 1650.

El propio Archivo Municipal de Marchena resume esta continuidad señalando que entre los siglos XVI y XVIII existieron carnicerías junto al Arco de la Rosa.

Carnicerías y matadero: dos espacios diferentes

Uno de los principales resultados de esta investigación es la necesidad de diferenciar las carnicerías del matadero.

Las carnicerías estaban dedicadas al corte, la pesada y la venta. El matadero era el lugar donde se sacrificaban los animales.

El sacrificio generaba sangre, vísceras, pieles, olores y otros residuos. El matadero necesitaba agua, facilidad para evacuar los desperdicios y una posición relativamente periférica.

Las carnicerías, en cambio, debían situarse en un espacio accesible, transitado y próximo a los compradores.

La Fuente de San Antonio y la Puerta del Berral

La documentación sobre la historia urbana de Marchena sitúa el antiguo matadero en el entorno de la Fuente de San Antonio y la Puerta del Berral.

Una referencia de 1817 recogida por José Alcaide Villalobos describe el viejo matadero como un edificio prácticamente arruinado, situado junto a una de las principales entradas y salidas de la población: la Puerta del Berral.

El lugar estaba afectado por aguas estancadas procedentes de una fuente próxima. El Ayuntamiento pretendía construir un nuevo matadero fuera del núcleo urbano por razones de higiene y salubridad.

La antigua Plaza de la Fuente, Plaza Vieja, Plaza de las Fuentes o Plaza de Abajo corresponde a la actual plaza del Padre Alvarado.

La carne como espejo del poder

Si unimos las referencias comprendidas entre 1447 y comienzos del siglo XIX, no aparece solamente la historia de unos edificios. Surge una institución que permaneció durante siglos en el centro de la vida económica de Marchena.

En 1447 la carnicería ya generaba rentas para el señorío.

En 1545 el concejo pretendía renovar las viejas instalaciones y construir tajos diferenciados para vender vaca y puerco.

En 1578 Salvador de Benjumea y otros vecinos se enfrentaron al duque de Arcos por el monopolio y los derechos relacionados con la carne.

A mediados del siglo XVII existían unas Carnicerías Viejas, una Puerta de las Carnicerías y una calle del Matadero.

En 1817 el antiguo matadero próximo al Berral se encontraba en estado ruinoso y planteaba un problema sanitario que exigía su traslado fuera de la población.

Fuentes para ampliar la información

La referencia medieval de 1447 se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza con la signatura OSUNA,C.169,D.26.

La provisión de 1545 sobre las viejas carnicerías junto a la torre se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Marchena, AMMa, legajo 67.

La localización de las carnicerías entre la Puerta de Sevilla y el primer torreón curvo procede del estudio de Juan Luis Ravé Prieto, Marchena, una villa de señorío a comienzos de la Edad Moderna.

El pleito promovido por Salvador de Benjumea y otros vecinos contra el duque de Arcos se conserva como OSUNA,C.170,D.112-115.

Las referencias a la Puerta de las Carnicerías y las medidas adoptadas durante los años de la peste proceden del estudio de Juan Antonio Arenillas sobre la arquitectura y el urbanismo histórico de Marchena.

La mención de 1651 a terrenos cercanos a la calle del Matadero aparece en OSUNA,C.171,D.230-267, documento 252.

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Historia

Luis de Pernía, el alcaide de Osuna que luchó junto a los Ponce y dejó su huella en Marchena

Alcaide de Osuna, capitán de la frontera y compañero de Rodrigo Ponce de León, Luis de Pernía combatió en el Madroño, participó en la toma de Archidona y murió en Carmona en 1472.

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Una calle del recinto histórico de Marchena conserva el apellido Pernía. Detrás de ese nombre aparece la figura de Luis de Pernía, veterano capitán de la frontera granadina, alcaide de Osuna y compañero de armas del joven Rodrigo Ponce de León. Los documentos y las crónicas lo sitúan entre Osuna, Marchena, Estepa, Archidona y Carmona, donde murió durante las luchas nobiliarias del siglo XV.

Su nombre reaparece al investigar el acta de toma de posesión de Osuna y del castillo de Cazalla por Alfonso Téllez-Girón, primer conde de Ureña. Luis de Pernía actuó como representante del nuevo señor. No era, por tanto, un soldado ocasional: era un hombre de confianza de la casa de Girón, con capacidad para mandar tropas, custodiar fortalezas y convertir una orden señorial en posesión efectiva.

El veterano que salió al encuentro del ejército granadino

El estudio de Marcelin Defourneaux sobre la batalla del Madroño, publicado en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, lo presenta como «el ya viejo alcaide de Osuna». En la primavera de 1462, una importante fuerza del reino nazarí penetró por las tierras de Estepa, Teba, Osuna y Écija, llevándose ganado y cautivos. Las cifras cambian según los cronistas medievales y no deben tomarse como un recuento exacto.

Pernía organizó la defensa y avisó a los núcleos vecinos. Rodrigo Ponce de León, que rondaba entonces los dieciocho años, salió de Marchena y se reunió con él cerca de Osuna. Durante el camino se agregaron combatientes hasta formar, según una de las crónicas, unos 260 jinetes y 600 peones. La fuerza cristiana seguía siendo inferior, pero consiguió presentar batalla cerca del río Yeguas, en el paraje llamado del Madroño o Madroñal.

Las versiones no coinciden en todos los movimientos ni en cuál de los dos jefes tomó la iniciativa. Alonso de Palencia convierte a Pernía en el alma de la resistencia; otros cronistas conceden mayor protagonismo al futuro marqués de Cádiz. Lo seguro es que ambos aparecen juntos y que Marchena aportó hombres a una respuesta militar organizada desde Osuna.

Una carta conservada en PARES

El episodio dejó una huella documental directa. PARES conserva una carta de Fernando de Narváez, alcaide de Antequera, dirigida a Enrique IV, relacionada con la reclamación de Rodrigo Ponce de León y Luis de Pernía sobre una parte del beneficio obtenido después de aquella campaña. La pieza resulta especialmente valiosa porque permite contrastar los relatos heroicos de las crónicas con las disputas políticas y económicas surgidas tras el combate.

De Osuna a la conquista de Archidona

La trayectoria de Pernía estuvo estrechamente ligada a Pedro Girón. La investigación sobre los primeros alcaides de Archidona señala que era alcaide de Osuna cuando Girón conquistó aquella plaza en 1462 y que desempeñó un papel fundamental en la operación. Otros documentos lo sitúan tomando posesión de Archidona en nombre del señor y participando en las redes militares que unían las fortalezas de Osuna, Morón y Arahal.

Su oficio de alcaide tenía una dimensión mucho mayor que la simple vigilancia de un castillo. Administraba una plaza, dirigía su guarnición, movilizaba recursos y respondía ante el señor al que servía. En una frontera inestable, era al mismo tiempo militar, agente político y representante territorial.

La muerte en las calles de Carmona

Una década después, Luis de Pernía volvió a aparecer junto al bando de los Ponce de León, pero ya no frente al reino nazarí. Las casas de Arcos y Medina Sidonia disputaban el control político de Sevilla y de distintas fortalezas del entorno. Durante el intento de tomar Carmona, Pernía murió el 26 de marzo de 1472, alcanzado por un disparo de espingarda efectuado, según la tradición cronística, por un joven barbero.

La escena refleja el cambio de escenario de la guerra medieval. El veterano acostumbrado al campo abierto cayó en un combate urbano, entre calles y posiciones fortificadas, donde un arma de fuego portátil podía terminar con la vida del caballero más experimentado.

¿La calle Pernía recuerda realmente a Luis?

Marchena Secreta ya había relacionado la calle Pernía con este capitán en un reportaje sobre la memoria histórica del callejero y volvió a citar el topónimo en el artículo dedicado a las batallas medievales presentes en los nombres de sus calles.

La asociación es histórica y verosímil: Pernía combatió con Rodrigo Ponce de León, movilizó tropas de Marchena y murió defendiendo los intereses del bando de los Ponce. Sin embargo, no se ha localizado todavía el acuerdo municipal, padrón o escritura que demuestre de manera definitiva que la calle recibió el nombre en su honor. Por ello debe presentarse como una hipótesis sólida pendiente de confirmación documental, no como una certeza cerrada.

Tampoco debe confundirse a este Luis de Pernía del siglo XV con Luis de Pernía y Girón, a quien se concedió el condado de Pernía en el siglo XVIII. Son personajes de épocas distintas.

Un hombre entre tres ciudades

Osuna conserva su memoria como alcaide y organizador de la frontera; Marchena, como aliado y compañero de armas de Rodrigo Ponce de León; y Carmona, como escenario de su muerte. El apellido grabado en el callejero marchenero puede ser así la última sombra urbana de un capitán que ayudó a articular el poder de los Girón y los Ponce en la Andalucía del siglo XV.

Fuentes: PARES–Portal de Archivos Españoles; Marcelin Defourneaux, «Un episodio de la frontera de Granada»; estudio «Los primeros alcaides de Archidona (1462-1513)»; trabajos sobre los conflictos entre Ponce de León y Guzmán publicados en Dialnet, Archivo Hispalense y repositorios universitarios. Las fechas y cifras controvertidas se han expresado con cautela, atendiendo a las diferencias entre las crónicas.

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Actualidad

Cuando un grupo de vecinos consiguieron que la Justicia interviniera el Ayuntamiento de Marchena

Diego Villalón encabezó en 1763 un recurso contra el alcalde y otros cargos protegidos por el duque de Arcos. Los documentos revelan una batalla por el poder municipal y abren una investigación sobre una influyente familia presente en Marchena durante generaciones.

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En la primavera de 1763, un grupo de vecinos encabezado por Diego Villalón consiguió que la Justicia interviniera en una disputa que afectaba al corazón del poder local de Marchena: la elección y reelección del alcalde, el alguacil mayor, los regidores y otros responsables municipales bajo la autoridad del duque de Arcos.

La resolución tuvo consecuencias inmediatas. Un representante de la Justicia de Écija debía desplazarse a Marchena, examinar los libros del concejo y poner provisionalmente determinados empleos públicos en manos de personas que no tuvieran impedimentos legales. El alcalde ordinario, Antonio José de Paz, fue requerido además para comparecer ante el tribunal en un plazo de diez días, bajo una pena de 200 ducados.

No era todavía una sentencia definitiva, sino una medida provisional mientras se estudiaban las denuncias. Sin embargo, resultaba suficientemente grave como para alterar el gobierno cotidiano de la villa y obligar a la casa ducal a reaccionar.

Una batalla por el control del Ayuntamiento

Antonio José de Paz había sido alcalde en 1762 y volvió a ocupar el puesto en 1763. La documentación menciona también al alguacil mayor José de Layas y Guzmán y a distintos regidores y oficiales del concejo. Diego Villalón y sus compañeros cuestionaron aquellas designaciones y solicitaron que sus titulares fueran apartados.

La villa formaba parte del señorío de los duques de Arcos, y la casa ducal defendía como un derecho antiguo la facultad de escoger o confirmar a los hombres que ocupaban los principales oficios locales.

Los abogados del duque alegaron que aquella potestad se ejercía desde tiempo inmemorial. Sostenían además que la repetición de determinados nombres no respondía a una irregularidad, sino a la dificultad de encontrar suficientes personas de la «primera clase y distinción» para renovar anualmente todos los puestos.

Villalón y sus aliados entendían lo contrario: que la costumbre no podía utilizarse para mantener indefinidamente a las mismas personas ni para impedir que los nombramientos fueran revisados. 

¿Por qué se peleaban por aquellos cargos?

Controlar el Ayuntamiento significaba intervenir en buena parte de la vida económica y social de Marchena. El concejo administraba impuestos, tierras, pastos, propiedades y recursos comunales; vigilaba las cuentas públicas y participaba en el mantenimiento del orden y en la justicia cotidiana.

Ser alcalde, alguacil o regidor proporcionaba autoridad, prestigio, información y capacidad para influir en decisiones que afectaban directamente a propietarios, arrendadores, comerciantes y trabajadores. La defensa de los responsables cuestionados llegó a presentar como prueba de su buena gestión la existencia de un importante sobrante en las cuentas municipales. La afirmación formaba parte de su argumentación y no debe confundirse con una auditoría independiente, pero permite comprender cuánto estaba en juego.

Quién era el Diego Villalón de 1763

El Diego Villalón que encabezó en 1763 el recurso contra la elección de cargos municipales pertenecía muy probablemente a la rama de los Villalón Bohórquez Aguayo procedente de Morón de la Frontera. Una Real Provisión de la Chancillería de Granada documenta en Marchena desde 1756 a un Diego Villalón Bohórquez y Aguayo.

La genealogía de la familia permite identificar como principal candidato a Diego Joaquín Villalón Aguayo, nacido hacia 1723 y antepasado de la rama Villalón Orbaneja-Viaña de la que procedería el cronista Diego María Villalón Villalón. Sin embargo, los resúmenes catalográficos del pleito de 1763 lo denominan únicamente Diego Villalón, por lo que la identificación definitiva requiere comprobar su nombre completo o filiación en los autos originales.

La familia Villalón de Morón a Marchena

Saga de propietarios y juristas, originaria en parte de Morón de la Frontera y asentada progresivamente en Marchena, que aparece repetidamente en los espacios donde se cruzaban propiedad, Derecho y poder municipal.

Los documentos revelan la prolongada presencia de una familia de origen moronense en la vida política y patrimonial de Marchena. Un Diego Villalón desafió en 1763 los nombramientos respaldados por el duque; Diego Villalón Viaña atravesó la ocupación francesa y se convirtió después en alcalde constitucional; y Diego María Villalón Villalón dejó en 1886 un manuscrito dedicado a conservar la memoria histórica de la villa.

Diego Villalón Viaña

Diego José Villalón Viaña, nacido en Morón de la Frontera en 1782 y falleció en Marchena en 1842.  Vivía en la calle del Estudio, poseía 16 hazas que sumaban alrededor de 300 fanegas y obtenía unas rentas anuales calculadas en 10.147 reales. En 1803 figuraba entre los vecinos reconocidos como hijosdalgo y pertenecía al reducido grupo de grandes propietarios y contribuyentes de la localidad.

Durante la ocupación francesa fue teniente de la primera compañía de la Guardia Cívica y, en febrero de 1811, se incorporó como regidor a la Junta Municipal constituida bajo el gobierno josefino.

Tras la salida de los franceses dio un giro político decisivo. En las primeras elecciones municipales celebradas al amparo de la Constitución de 1812 fue elegido alcalde primero de Marchena. Formó parte también de la Diputación de Policía.

Villalón Viaña volvió al primer plano durante el Trienio Liberal. Elegido para la alcaldía, tomó posesión como alcalde de primer voto el 1 de enero de 1822. En 1832 reapareció como regidor primero decano y diputado de Hacienda. 

Diego Villalón Villalón

La continuidad del apellido llega hasta Diego María Villalón Villalón, autor en 1886 de Apuntes que comprenden las noticias más importantes sobre el origen, vicisitudes y cosas más notables de la villa de Marchena.

Diego María Villalón Villalón fue un abogado, propietario, ganadero y estudioso de la historia de Marchena, nacido en Marchena en 1838 y fallecido en la misma localidad en 1893. Cursó estudios en Santiago de Compostela y después en Sevilla; en diciembre de 1860 obtuvo el grado de bachiller en Derecho Civil y Canónico y en junio de 1861 alcanzó la licenciatura. Vivió durante estos años en distintos domicilios marcheneros: calle San Juan, calle San Francisco y calle Carrera, para terminar instalándose en San Francisco número 11, junto a la capilla de San Lorenzo. 

Su padre, Antonio María Villalón Viaña, tuvo una carrera jurídica y llegó a ejercer como auditor de guerra de Marina; precisamente un destino paterno en Ferrol. 

Diego María pertenecía de manera directa a las ramas Villalón, Viaña, Orbaneja y Díez de la Cortina. Su arbol genealógico incorpora, entre otros, a Diego Villalón Aguayo, de Morón de la Frontera; Diego María Villalón y Orbaneja, de Marchena; Ignacia Viaña Sánchez de Sanz, del Puerto de Santa María; Diego Villalón Viaña; María Manuela Orbaneja; y María Josefa Díez de la Cortina y Layna.

La posible conexión con el niño muerto en 1714

El apellido abre otra línea de investigación. Una carta de la Inquisición de Sevilla informó de las pesquisas realizadas tras la aparición, el 26 de diciembre de 1714, del cuerpo de un niño llamado Diego Bohórquez junto al convento de San Francisco de Marchena. Era hijo de Juan Bohórquez Villalón, miembro de una familia hidalga originaria de Morón.

Las sospechas recayeron sobre varias personas acusadas de judaizar, algunas vinculadas al entorno administrativo del duque. Sin embargo, la existencia de una investigación y de acusaciones no demuestra que los señalados asesinaran al niño. El episodio debe interpretarse dentro de un clima de rivalidad local, rumores y fuerte antijudaísmo, cuando la muerte de un menor podía convertirse en un arma contra personas señaladas como conversas.

Fuentes consultadas

  • PARES: Testimonio de varios autos sobre las elecciones de cargos públicos en Marchena, Archivo Histórico de la Nobleza, fondo Osuna.
  • José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Marchena 1800-1833, tomo I.
  • José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo. Marchena 1800-1833, tomo II.
  • Diego María Villalón Villalón, Apuntes que comprenden las noticias más importantes sobre el origen, vicisitudes y cosas más notables de la villa de Marchena, manuscrito de 1886, transcripción y estudio de Manuel Antonio Ramos Suárez.
  • Antonio Domínguez Ortiz, referencia a la carta de la Inquisición de Sevilla sobre las pesquisas de 1714, AHN, Inquisición, legajo 3027.

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Historia

Una probanza de 1545 investigó las fortunas de alcaldes y regidores de Marchena

Un documento de 1545 conservado en PARES revela que se abrió una probanza para averiguar los caudales y haciendas de dos alcaldes y dos regidores de Marchena. La fuente no permite hablar de corrupción, pero sí documenta una investigación formal sobre el patrimonio de quienes gobernaban la villa.

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Vista histórica de Marchena hacia 1590 en el Civitates Orbis Terrarum

Un documento conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza abre una ventana poco habitual a la vida política de Marchena a mediados del siglo XVI. El 21 de noviembre de 1545 se mandó practicar una probanza para averiguar los caudales y haciendas de dos alcaldes y dos regidores de la villa. El expediente no permite afirmar que existiera corrupción ni ofrece, en su ficha descriptiva, el resultado de la pesquisa, pero sí demuestra que las fortunas de quienes ocupaban los principales cargos municipales fueron sometidas a investigación.

Los nombres han quedado fijados en el propio documento. La investigación fue encomendada a Diego Pérez, escribano y tesorero del II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León. Debía averiguar y probar los bienes de los alcaldes Francisco Lebrón y Francisco García de Benjumea, y de los regidores Juan García de Benjumea y Antonio de Vega.

La pieza se conserva en PARES dentro del fondo del Ducado de Arcos, en el Archivo Histórico de la Nobleza, con la signatura OSUNA,C.170,D.73 y el código de referencia ES.45168.AHNOB/1.2.21.1.12//OSUNA,C.170,D.73. La descripción archivística la sitúa en Marchena el 21 de noviembre de 1545 y la clasifica entre los informes de administración del señorío. La ficha completa puede consultarse en PARES.

Una pregunta incómoda: cuánto tenían quienes gobernaban

Lo más revelador del documento está precisamente en su formulación. No habla de una obra, una compraventa o una ceremonia cortesana, sino de averiguar y probar los caudales y haciendas de cuatro responsables públicos. Es decir, la documentación nos lleva directamente a la relación entre poder municipal, patrimonio privado y control señorial.

Conviene no ir más lejos de lo que permite la fuente. PARES no explica en la descripción por qué se abrió la probanza, qué sospechas concretas pudieron motivarla, qué bienes fueron localizados ni si los investigados fueron finalmente acusados o exonerados. Por tanto, presentar el expediente como un caso demostrado de enriquecimiento ilícito sería añadir al documento algo que el documento, al menos en la información accesible, no dice.

Lo que sí podemos afirmar es que existió una investigación formal sobre el patrimonio de los dos alcaldes ordinarios y de dos regidores de Marchena. Y eso, por sí solo, resulta excepcionalmente expresivo para comprender cómo funcionaba el poder local hace casi cinco siglos.

Marchena, capital de un señorío

En 1545 Marchena no era un municipio gobernado con las reglas administrativas contemporáneas. Era el centro del estado señorial de los Ponce de León y estaba bajo la autoridad de Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. Apenas quince años antes, tras la muerte del I duque, otro documento conservado en PARES había dejado constancia de la toma de posesión, en nombre de Luis Cristóbal, de los oficios municipales y del castillo de Marchena. Esa documentación, fechada entre julio y agosto de 1530, muestra hasta qué punto el gobierno de la villa y el poder de la Casa de Arcos estaban entrelazados. Puede consultarse también en PARES.

Los estudios sobre el municipio señorial del siglo XVI ayudan a interpretar este marco. La historiografía ha mostrado que, en las villas del Estado de Arcos, el duque intervenía de forma directa en la organización política local y en la designación o sostenimiento de determinados cargos. En el caso de Marchena, la villa desempeñaba un papel central dentro de ese entramado administrativo. Una síntesis especialmente útil es el estudio sobre Municipio y señorío en el siglo XVI, que analiza la estructura de gobierno del Estado de Arcos y el peso de la autoridad ducal en los concejos.

La investigación de 1545 aparece así en un contexto donde los límites entre administración municipal, intereses señoriales y patrimonio de las élites locales eran mucho más estrechos de lo que serían siglos después. Diego Pérez no era un observador externo: era escribano y tesorero del propio duque. Esa circunstancia convierte la probanza en un documento especialmente interesante para estudiar cómo la Casa de Arcos vigilaba a quienes ejercían los principales oficios de Marchena.

Los Benjumea vuelven a aparecer en la documentación

Dos de los cuatro investigados pertenecían a la familia Benjumea: Francisco García de Benjumea, alcalde, y Juan García de Benjumea, regidor. El apellido aparece de manera reiterada en la documentación de la Marchena del siglo XVI vinculada a oficios, rentas y pleitos. Pero este expediente obliga de nuevo a la prudencia: compartir apellido no permite reconstruir parentescos concretos sin documentación genealógica adicional.

El valor periodístico del hallazgo está precisamente en esos nombres propios. El documento deja de hablar de un sistema abstracto y nos coloca ante cuatro hombres que gobernaban la villa y ante un quinto, Diego Pérez, encargado de examinar sus patrimonios. Es una escena administrativa, sí, pero también profundamente humana: poder, dinero, reputación y control.

Lo que sabemos y lo que todavía no sabemos

El documento está identificado por PARES como una unidad documental simple y consta como digitalizado. La ficha pública confirma la existencia de la probanza, sus protagonistas, su fecha y su finalidad general. Sin embargo, mientras no se disponga de una lectura paleográfica completa de todos los folios, no es responsable atribuirle cifras, propiedades concretas, declaraciones de testigos ni conclusiones que no estén expresamente verificadas.

Precisamente ahí queda abierta una línea de investigación especialmente atractiva para Marchena Secreta: conocer qué bienes declararon o se atribuyeron a aquellos alcaldes y regidores, quién testificó, qué motivó la pesquisa y cuál fue su desenlace. Si esos datos aparecen en las imágenes del expediente, permitirán reconstruir con mucha mayor precisión la economía y las redes de poder de la Marchena de 1545.

Fuente documental principal: Archivo Histórico de la Nobleza, Fondo Ducado de Osuna, Ducado de Arcos, Señorío de Marchena, OSUNA,C.170,D.73. “Testimonio de la probanza que se mandó hacer a Diego Pérez, escribano y tesorero del II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León, para averiguar y probar los caudales y haciendas de los alcaldes de la villa de Marchena, Francisco Lebrón y Francisco García de Benjumea, y de los regidores Juan García de Benjumea y Antonio de Vega”. Marchena, 21 de noviembre de 1545.

Imagen destacada: vista de Marchena realizada por Joris Hoefnagel para el Civitates Orbis Terrarum, hacia 1590. Es posterior al documento y se utiliza exclusivamente como imagen histórica de contexto. Obra en dominio público, procedente de Wikimedia Commons.

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