Nuevos documentos revelan cómo la villa fue una pieza clave en la alianza entre la Corona y los Ponce de León
A finales del siglo XV, mientras el reino nazarí de Granada vivía sus últimos días y los Reyes Católicos afianzaban su poder, Marchena no permanecía al margen de la historia. Desde la villa salían soldados, caballos y dinero. Aquí se reunían tropas, se recaudaban impuestos y se recibían órdenes firmadas por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
En febrero de 1485, mientras los Reyes Católicos reorganizaban desde Andalucía la ofensiva contra el reino nazarí de Granada, Fernando e Isabel hicieron escala en Marchena. Allí fueron huéspedes de Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz y uno de los principales capitanes de la frontera. Alfonso de Palencia, cronista contemporáneo, cuenta que el marqués agasajó a los soberanos durante cuatro días y que estos quisieron después conocer en secreto su parecer sobre la guerra. Marchena fue así escenario de una de las consultas militares que precedieron a la campaña granadina de 1485.
Los documentos conservados en el Portal de Archivos Españoles muestran que Marchena fue uno de los principales centros desde los que los Ponce de León organizaron su poder en Andalucía. La relación entre la villa y los monarcas no fue tanto una sucesión de visitas y ceremonias como una alianza construida con servicios militares, impuestos y fidelidad política.
No existe, por ahora, una prueba concluyente de que Isabel la Católica o Fernando el Católico visitaran personalmente Marchena. Pero sus decisiones llegaban hasta aquí y afectaban directamente a la vida de sus habitantes.
Cien lanzas debían salir desde Marchena
Uno de los documentos más reveladores contiene una orden del rey Fernando a Beatriz Pacheco, viuda de Rodrigo Ponce de León. El monarca le pedía que preparase cien lanzas, acompañadas por un caballero de su casa, para que salieran desde Marchena el día de Santa María de agosto.
La palabra “lanza” no se refería solamente al arma ni, necesariamente, a un único soldado. Era una forma de contar las unidades de caballería que un noble debía mantener al servicio del rey. Alrededor del hombre de armas podían desplazarse escuderos, ayudantes, caballos, alimentos y equipos.
Reunir cien lanzas exigía dinero, animales, armas, alojamiento y una importante organización. La carta convierte a Marchena en algo parecido a una base militar desde la que podían partir las tropas de los Ponce de León cuando la Corona reclamaba sus servicios.
No era casual. Rodrigo Ponce de León había sido uno de los grandes capitanes de la guerra de Granada. Su poder dependía de su capacidad para movilizar rápidamente hombres y recursos, y Marchena era una de las principales villas de sus dominios.
Los impuestos marcheneros pagaban a los soldados
La relación entre Marchena y los Reyes Católicos se entiende todavía mejor gracias a una cédula fechada en Barcelona el 1 de junio de 1493.
En ella, Isabel y Fernando ordenaban que los concejos de Marchena, Mairena, Rota y Guadajoz entregasen a Rodrigo Ponce de León una parte del dinero que debían pagar a la Corona. Aquellos maravedís estaban destinados al sostenimiento de 63 lanzas.
El mecanismo era sencillo. Las villas recaudaban impuestos que debían entregar a los reyes, pero los monarcas decidían que una parte se pagase directamente al duque de Arcos. Este debía emplearla en mantener las tropas que ponía al servicio de la Corona.
El documento nos permite mirar detrás de las grandes campañas militares. Los ejércitos no se sostenían solamente con valor y hazañas heroicas. Necesitaban dinero. Una parte de ese dinero procedía de la actividad diaria de poblaciones como Marchena.
Cada compraventa, cada mercancía y cada operación gravada contribuían a alimentar una red económica que terminaba financiando hombres, caballos y armas.
Marchena también pagaba por sus mercancías
Los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León derechos sobre el portazgo de Marchena. El portazgo era una cantidad que se cobraba por la entrada, salida o circulación de determinados productos.
El documento que regulaba esos pagos debió de ser una auténtica lista de la vida comercial de la villa: animales, tejidos, vino, cereales y otros artículos transportados por caminos y vendidos en mercados.
Para los vecinos, aquello significaba que mover y vender mercancías podía llevar aparejado el pago de una cantidad al señor. Para los Ponce de León, el portazgo constituía una fuente constante de ingresos. Para la Corona, era una forma de recompensar los servicios de una familia fundamental durante la conquista de Granada.
Los reyes también autorizaron diferentes pagos sobre las alcabalas, el impuesto que gravaba las compraventas. Parte de las cantidades recaudadas en Marchena fue asignada a Rodrigo Ponce de León como pago por sus servicios y por las tropas que mantenía.
La alianza entre la Corona y la casa de Arcos tenía, por tanto, una base muy concreta: los Ponce de León aportaban fuerza militar y los reyes confirmaban rentas y privilegios que permitían sostenerla.
El año en que todo cambió
Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, murió el 28 de agosto de 1492, pocos meses después de la conquista de Granada. La desaparición del gran capitán abrió un momento delicado para su familia y para las poblaciones que dependían de ella.
Solo dos días después, el 30 de agosto, un representante tomó posesión de Marchena en nombre del nuevo heredero. Era necesario evitar cualquier vacío de poder, asegurar las rentas y conseguir que las autoridades y los vecinos reconocieran al sucesor.
En febrero de 1493 volvió a formalizarse la posesión de la jurisdicción de Marchena y de las demás villas del mayorazgo. Estos actos muestran la rapidez con la que la familia trató de garantizar la continuidad del señorío.
Al mismo tiempo, los Reyes Católicos negociaban con Beatriz Pacheco, viuda del marqués. La Corona quería recuperar la ciudad de Cádiz y reorganizar las posesiones de una casa nobiliaria que había alcanzado un poder extraordinario.
El acuerdo terminó devolviendo Cádiz al dominio real. Como parte de aquella reorganización, el heredero recibió el título de duque de Arcos. Desde entonces, Marchena reforzó su condición de centro principal del nuevo ducado.
La villa quedó así en el corazón de una operación política de enorme importancia: los reyes recuperaban una ciudad estratégica y los Ponce de León conservaban su prestigio, sus rentas y un extenso territorio señorial.
La justicia del rey podía entrar en Marchena
Aunque Marchena estaba sometida al señorío de los duques de Arcos, el poder de estos no era completamente independiente. Los habitantes podían intentar recurrir a la justicia real cuando consideraban que habían sufrido algún abuso.
En agosto de 1502, los Reyes Católicos ordenaron que los corregidores de Écija y Carmona investigasen los agravios denunciados por un sacerdote en Marchena. Los dos debían actuar conjuntamente.
El caso demuestra que sobre la justicia local y señorial seguía existiendo una autoridad superior. La Corona respetaba los derechos de los Ponce de León, pero podía ordenar una investigación cuando un conflicto llegaba hasta el Consejo Real.
Para un vecino de aquella época, conseguir que su queja alcanzase a los monarcas no debía de resultar fácil. Sin embargo, esta provisión demuestra que existía esa posibilidad y que la justicia del rey podía intervenir dentro de una villa señorial.
Un juramento decisivo celebrado en Marchena
El 9 de septiembre de 1502 se produjo en Marchena uno de los actos políticos más importantes documentados durante este periodo.
Rodrigo Ponce de León, primer duque de Arcos, juró fidelidad a la princesa Juana, hija de Isabel y Fernando, y a su esposo Felipe de Austria como legítimos sucesores de los reinos.
Isabel la Católica todavía vivía, pero la Corona preparaba su sucesión. El juramento era una declaración solemne de obediencia y aseguraba que una de las principales casas nobiliarias de Andalucía reconocería a Juana y Felipe.
No conocemos por el resumen del documento el lugar exacto de Marchena donde se celebró. Pudo desarrollarse en dependencias vinculadas al palacio o a la administración señorial, pero no conviene afirmarlo sin leer íntegramente el acta.
Lo seguro es que Marchena se convirtió aquel día en escenario de un compromiso que la unía directamente con el futuro de la monarquía.
Documentos originales para profundizar
Quienes deseen consultar las fichas y, cuando estén disponibles, las imágenes digitalizadas pueden hacerlo directamente en el Portal de Archivos Españoles:
Cédula de 1493 para pagar 63 lanzas con dinero debido por Marchena y otras villas
Provisiones sobre las alcabalas de Marchena y el pago de tropas
Capitulación de los Reyes Católicos con Beatriz Pacheco sobre la entrega de Cádiz
Intervención real por los agravios denunciados por un sacerdote en Marchena
Juramento celebrado en Marchena a favor de la princesa Juana y Felipe de Austria
Conjunto de documentos relativos a los Ponce de León y sus servicios a la Corona
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