En el esplendor del siglo XVI, cuando el Renacimiento alcanzaba su cumbre y los grandes monarcas competían por la inmortalidad a través del arte, una relación trascendental marcó la historia de la pintura: la que unía a Felipe II y Tiziano Vecellio. Este vínculo, que nació de la admiración del monarca por el genio veneciano, no solo dio lugar a algunas de las obras más impresionantes del Renacimiento, sino que también influyó indirectamente en la llegada de la Anunciación de Vasco Pereira al Palacio Ducal de Marchena, un lugar con conexiones directas con los Habsburgo y antes con los Ryes Catolicos.
Carlos V e Isabel de Portugal se casaron el 11 de marzo de 1526 en el Alcázar de Sevilla. Tras la ceremonia, emprendieron un viaje hacia Granada, pasando por Marchena el 22 de mayo de 1526. Durante su estancia en Marchena, se alojaron en el Palacio Ducal, residencia del Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, quien había recibido a la comitiva real en la Puerta de la Macarena en Sevilla.
Felipe II visitó Sevilla una única vez en su vida, en 1570. Hizo su entrada en la ciudad el 1 de mayo por la entonces Puerta de Goles, que a partir de ese momento pasó a denominarse Puerta Real. La visita fue solicitada en abril de ese mismo año por la propia ciudad, y anunciada por el monarca sólo quince días antes.
Felipe II, consciente del talento de Tiziano, le confió la realización de sus Poesías, una serie de cuadros mitológicos que desbordaban sensualidad y sofisticación.Pero si hay una obra que impactó profundamente al monarca, fueLa Anunciación de Tiziano. Su dramatismo, la iluminación etérea y la intensidad emocional la convirtieron en una referencia obligada para los pintores de su tiempo. Es aquí donde entra en juego la figura de Vasco Pereira.
De Tiziano a Vasco Pereira
Vasco Pereira, un pintor portugués afincado en Sevilla, fue testigo del impacto que Tiziano tenía en la corte. Su Anunciación de 1576 es una copia reinterpretada de la obra del maestro veneciano, y fue encargada para la Iglesia de San Juan Bautista de Marchena por los Duques de Arcos.
La clave está en Luis Cristóbal Ponce de León, Duque de Arcos, quien mantenía una relación privilegiada con los Habsburgo. Su lealtad a Carlos V y Felipe II le aseguró un lugar en el círculo cercano de la monarquía, y fue precisamente esta conexión la que propició la llegada de la copia de Pereira al Palacio Ducal de Marchena.
Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y culto, prototipo del hombre renacentista, que protegió y se rodeó de artistas como el músico Cristóbal de Morales o el orfebre Juan Ruiz.
Luis Cristóbal no solo era un noble con influencia política, sino también un gran mecenas. Su admiración por la corte de Felipe II lo llevó a querer replicar en Marchena el esplendor artístico de Madrid y Sevilla. En su afán por coleccionar arte de primer nivel, adquirió la Anunciación de Vasco Pereira, consciente de su valor simbólico: poseer una copia de una obra inspirada en Tiziano era tener un fragmento del mundo de Felipe II.
Legado de Tiziano en la Corte Española
Museo del Prado: Hoy conserva la mejor colección de obras de Tiziano fuera de Italia, gracias al coleccionismo de los Habsburgo. Influencia en Velázquez: Su viaje a Italia (1629-1631) fue en gran parte para estudiar a Tiziano, lo que influyó en su pincelada suelta y su tratamiento de la luz. El Greco y Rubens también fueron influenciados por la obra de Tiziano, consolidando su impacto en la pintura española.
En resumen, Tiziano no solo fue el pintor favorito de los reyes de España, sino que definió el lenguaje visual del poder en la monarquía hispánica y dejó una huella imborrable en la historia del arte español.
Luis Cristóbal Ponce de León, II Duque de Arcos, fue un noble humanista y mecenas que promovió las artes en Marchena durante el Renacimiento. Entre los artistas que contrato para traerlo a Marchena se encontraba Cristóbal de Morales, compositor del Papa, destacado compositor sevillano y uno de los principales representantes de la polifonía renacentista española.
Morales, nacido alrededor de 1500 en Sevilla, desarrolló una notable carrera musical que lo llevó a ser cantor en la Capilla Pontificia de Roma. Durante su estancia en Italia, compuso la «Missa pro defunctis» (Misa de Réquiem) a cinco voces, publicada en 1544 en Roma. Luis Cristobal aistió al funeral del Emperador en Bruselas.
Aunque Morales falleció en 1553, su «Missa pro defunctis» adquirió gran relevancia póstumamente. Tras la muerte del emperador Carlos V en 1558, se celebraron exequias en su honor en diversos territorios del imperio.En la Ciudad de México, en noviembre de 1559, se interpretó la «Missa pro defunctis» de Morales durante las ceremonias fúnebres dedicadas al emperador.
Gracias al apoyo de los Ponce de León, Marchena se convirtió en un centro artístico de relevancia. En sus templos se conservan tesoros del arte renacentista, incluyendo obras de Durero, Ribera, Murillo, Zurbarán y Lucas Jordán.
Torrigiano y el Duque de Arcos
Pietro Torrigiano, escultor florentino conocido por introducir el Renacimiento en Sevilla, tuvo una relación tumultuosa con el Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León. El Duque, impresionado por laVirgen con el Niño que Torrigiano había creado para el Monasterio de San Jerónimo, le encargó una obra similar.
La Influencia de Miguel Ángel en la Custodia de Marchena
El impacto de Miguel Ángel en el arte del siglo XVI fue enorme, y su legado llegó también a la platería sevillana. Francisco Alfaro, que trabajó en un periodo en el que las influencias miguelangelescas estaban en auge en Sevilla, incorporó algunos de estos principios en su obra.
Francisco Alfaro logró en la Custodia Procesional de Marchena una síntesis magistral del clasicismo renacentista y la expresividad miguelangelesca, adaptándolas a la tradición orfebre sevillana. Su monumentalidad, detallismo y dinamismo la convierten en una de las grandes obras del arte sacro andaluz y un ejemplo brillante del esplendor del Siglo de Oro en la platería.
Esta obra no solo refleja la maestría técnica de Alfaro, sino también la profunda huella que el Renacimiento italiano dejó en la Sevilla del siglo XVI, fusionando los ideales clásicos con la espiritualidad del arte sacro español.
La asociación Autismo Marchena ha desarrollado una actividad formativa en el CEIP Padre Marchena con el objetivo de sensibilizar al profesorado sobre la percepción sensorial de los menores con trastorno del espectro autista. La iniciativa se ha llevado a cabo mediante el uso de gafas de realidad virtual donadas por la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús de Marchena, permitiendo a los docentes experimentar en primera persona el vídeo “Autismo 360º”, ambientado en un entorno cotidiano como un centro comercial.
Durante la sesión, los participantes pudieron comprender cómo estímulos habituales como el ruido, la luz o el movimiento pueden resultar abrumadores para las personas con autismo, generando una experiencia inmersiva que busca fomentar la empatía y mejorar la atención educativa.
Desde la asociación han subrayado que el objetivo de esta actividad es reforzar la comprensión real de las necesidades sensoriales y emocionales del alumnado con autismo, destacando que este tipo de iniciativas son clave para avanzar hacia una inclusión efectiva en el ámbito educativo.
La acción se enmarca dentro de las actividades de concienciación que Autismo Marchena viene desarrollando en el municipio, apostando por la formación y la sensibilización como herramientas fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas con trastorno del espectro autista y sus familias.
Hubo un tiempo en que recorrer Marchena era también leerla. No hacían falta placas ni decisiones municipales para orientarse: bastaba con conocer la vida del pueblo. Las calles hablaban de lo que allí ocurría, de quién vivía en ellas o de lo que las hacía únicas. Así lo revela un documento de 1719 que conserva algunos de los nombres más antiguos del callejero marchenero, un testimonio directo de una ciudad que se nombraba desde abajo, sin imposiciones.
Antes de que existiera un callejero oficial, los nombres surgían de forma natural. Una calle podía llamarse por la actividad que concentraba, por un edificio destacado o por el nombre de un vecino conocido. No había normas escritas, pero sí una lógica compartida: la de la experiencia cotidiana. Era un sistema sencillo, eficaz y profundamente arraigado en la memoria colectiva.
En Marchena, este proceso de rotulación ha transitado desde una toponimia orgánica, nacida de la experiencia cotidiana y el uso popular, hacia una nomenclatura administrativa y política que ha servido como herramienta de poder a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Esta forma de habitar el espacio, donde los nombres surgían «desde abajo», se encuentra documentada en testimonios excepcionales como el padrón de 1719 o las actas de 1572, que revelan una lógica urbana basada en la funcionalidad y la memoria compartida.
Sin embargo, a partir de 1824, la administración moderna intervino en este orden natural, transformando los nombres de las calles en símbolos de legitimación política. Cada cambio de régimen —de la Restauración a la Segunda República, y de la Dictadura de Franco a la Democracia actual— ha dejado su huella en las esquinas marcheneras, a menudo intentando borrar el rastro del predecesor.
Calles refundidas (antes de 1860)
Nombre unificado resultante
Implicación cultural
Alcalde Lebrón y San Juan
Calle San Juan
Desaparece la referencia al antiguo alcalde del XVI
Las Torres y San Pedro
Calle San Pedro
Simplificación
Boteros y Viljorado
Calle Boteros
Unificación de zonas gremiales y residenciales
Pescadería, Pósito Viejo y San Sebastián
Calle San Sebastián
Borrado de la referencia al mercado de pescado
La Cuesta y Espíritu Santo
Calle Espíritu Santo
Prevalencia del nombre religioso sobre el topográfico
Cochinos
Calle Jesús
«Dignificación» moral del nombre de la vía
Barranco y Sevilla
Calle Sevilla
Primacía del destino geográfico sobre el accidente físico
En 1572, las calles tomaban sus nombres de los destinos a los que conducían o de las actividades que albergaban intramuros. La «lectura» de la ciudad en este tiempo era literal. Si uno buscaba telares, se dirigía a la zona gremial; si buscaba agua, la calle La Mina era el referente. Este sistema de denominación «desde abajo» garantizaba que el nombre fuera un reflejo fiel de la realidad material de la villa.
A mediados del siglo XVII y principios del XVIII, el callejero comenzó a densificarse. El padrón de 1640 muestra la consolidación de barrios como San Miguel y San Sebastián.
El hito de 1719: La calle Cantareros
Un documento fundamental para comprender la relación entre la vida diaria y el nombre de las calles es el informe del Asistente de Marchena de 1719. En este año, se produjo una intervención municipal que ilustra perfectamente cómo la actividad económica daba nombre a la ciudad. Tradicionalmente, los alfareros y ceramistas estaban instalados en la calle Cantareros. Sin embargo, el crecimiento urbano y la instalación de hornos en el centro del pueblo empezaron a causar «grave daño a la salud pública» debido a los humos constantes.
El Asistente de la Villa propuso en agosto de 1719 sacar estos talleres del centro y reubicarlos en las afueras, siguiendo el modelo que ya existía en el siglo XV. Este documento no solo es una pieza de historia administrativa sobre salud pública, sino que confirma que la denominación de la calle Cantareros era una realidad sociológica: allí se concentraba el gremio de los Perea y otras familias ligadas a la arcilla. Aunque los alfareros fueran movidos físicamente, el nombre de la calle quedó como un fósil lingüístico de la actividad que una vez la definió. Es el ejemplo perfecto de una ciudad que se nombraba a sí misma sin imposiciones, simplemente describiendo su realidad productiva.
El siglo XIX: La llegada de la administración moderna
El cambio fundamental en la forma de nombrar Marchena ocurrió en el siglo XIX. Con la instauración del Estado liberal y la modernización administrativa, el Ayuntamiento asumió el control total del nomenclátor. En 1824, siguiendo las directrices de la Policía General del Reino, se ordenó la colocación sistemática de rótulos en las esquinas. Por primera vez, el nombre de la calle dejaba de ser algo que «se decía» para ser algo que «estaba escrito» por la autoridad.
La sustitución de «Cochinos» por «Jesús» en 1874 es particularmente reveladora: la administración decimonónica sentía la necesidad de moralizar el espacio público, eliminando referencias a la vida animal o rústica en favor de lo sagrado o lo solemne.
El callejero como lenguaje de poder: El siglo XX en las esquinas
A medida que España se adentraba en un siglo de extremada inestabilidad política, Marchena vio cómo sus calles se convertían en campos de batalla simbólicos. Los nombres dejaron de ser descriptivos para pasar a ser conmemorativos y, sobre todo, ideológicos. Los gobernantes comprendieron que la calle es un canal de comunicación de masas; repetir un nombre en una dirección postal es una forma de normalizar un régimen o una figura política.
La Restauración (1874-1923): La nacionalización de los símbolos
Durante este periodo, Marchena empezó a adoptar nombres de figuras de la política nacional, alejándose de la historia puramente local. Se buscaba integrar a la villa en el relato del Estado-nación español. En 1890, la calle San Pedro se dedicó al General Espartero, y posteriormente a Cánovas del Castillo en 1897 tras su asesinato.
En 1892, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, se rebautizaron calles como Huescar por Cristóbal Colón y Alcaudete por Padre Marchena. Aparecieron nombres de la oligarquía o intelectualidad marchenera, como Antonia Díaz (1900), el Obispo Salvador Barrera (1902) o Florentino B. Zorrilla (1906).
Es interesante notar que en 1922 se bautizó la calle Conejeros como Borbolla, en honor al diputado liberal Pedro Rodríguez de la Borbolla, mostrando cómo el clientelismo político de la época también quedaba registrado en las placas de mármol.
La Segunda República (1931-1936): Secularización y pedagogía revolucionaria
La proclamación de la República el 14 de abril de 1931 trajo consigo la transformación más radical del callejero marchenero hasta esa fecha. El nuevo ayuntamiento, de signo progresista, inició una campaña para eliminar la simbología monárquica y, sobre todo, la religiosa, sustituyéndola por un panteón de héroes laicos y socialistas.
Nombre Republicano (1931-1936)
Calle original o tradicional
Significado político
Plaza de la República
Plaza de San Sebastián
Cambio del centro simbólico religioso a civil
Calle Libertad
San Pedro y Las Torres
Valor abstracto frente a referencia eclesiástica
Calle Libertaria
Calle Jesús (antes Cochinos)
Exaltación del ideal anarquista/libertario
Calle Carlos Marx
Calle Santo Domingo
Introducción de referentes internacionales del socialismo
Calle Pablo Iglesias
Calle San Sebastián
Homenaje al fundador del PSOE
Calle Capitán Galán
Primera parte de la calle Sevilla
Homenaje a los mártires de Jaca
Calle Luis de Sirval
Calle Espíritu Santo
Periodista asesinado durante la Revolución de 1934
Glorieta 14 de Abril
Plaza de la Constitución
Conmemoración de la fecha fundacional del régimen
La Guerra Civil y el Franquismo (1936-1975)
La toma de Marchena por las tropas sublevadas en julio de 1936 supuso la reversión inmediata de todos los cambios republicanos y la instauración de una nueva simbología basada en el militarismo y el nacional-catolicismo. Durante la guerra y los años posteriores, el callejero se utilizó para castigar el recuerdo de la República y glorificar a los vencedores.
El próximo jueves 9 de abril, a las 11:00 horas, la Diputación de Sevilla acogerá en la Casa de la Provincia la presentación del cartel oficial de la IX edición del Festival Internacional de Historia Viva “Castra Legionis”, una de las citas más destacadas de Europa en el ámbito de la recreación histórica.
El municipio sevillano de Gilena volverá a situarse en el mapa internacional de la divulgación histórica con un evento que reunirá a 140 recreadores y recreadoras procedentes de once países, entre ellos Grecia, Italia, Suiza, Alemania, Holanda, Bélgica, Austria, Luxemburgo, Estados Unidos, Canadá y España. La dimensión internacional del encuentro consolida su prestigio dentro del circuito europeo de recreación de la Antigüedad.
La edición de 2026, que se celebrará del 4 al 6 de septiembre en la Colección Museográfica de Gilena y el Arqueódromo “Campo de Marte”, estará dedicada a la “Odisea” bajo el subtítulo “Un relato mediterráneo”. La propuesta busca acercar al público los grandes relatos de la Antigüedad a través de la arqueología, las fuentes escritas y el mito, combinando rigor científico y formatos divulgativos accesibles.
Por primera vez, la recreación histórica se centrará de forma monográfica en los poemas homéricos, recreando episodios y personajes universales como el Caballo de Troya, las sirenas, Penélope, Polifemo o el fiel Argos. La iniciativa, diseñada entre Roma, Madrid y Gilena, pretende ofrecer una lectura contemporánea de estos relatos, conectando los conflictos del pasado con las inquietudes del presente: guerras prolongadas, disputas territoriales, ambición y el anhelo del regreso al hogar.
La organización del festival corre a cargo de las áreas de Cultura, Patrimonio, Turismo y Educación del Ayuntamiento de Gilena, con el patrocinio de la Diputación de Sevilla. A ello se suma el papel fundamental de la participación ciudadana, a través de colectivos como Legio I Vernácula y la asociación Amigos del Museo, que refuerzan el carácter comunitario del proyecto.
La Colección Museográfica de Gilena, responsable de la supervisión técnica y científica del evento, se ha consolidado como un referente en buenas prácticas de gestión del patrimonio local. Dentro de esta línea, “Castra Legionis” se presenta como uno de sus proyectos más ambiciosos y con mayor proyección internacional.
El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico mantiene abierto el plazo de inscripción para la quinta edición del curso-taller “La cal y sus usos en la rehabilitación del patrimonio histórico y edificios antiguos”, que se celebrará del 13 al 15 de abril en colaboración con la Asociación Cultural Hornos de la Cal de Morón.
La actividad formativa se centra en el estudio de la cal como material esencial en la restauración del patrimonio inmueble, abordando tanto su proceso de fabricación como sus propiedades físico-químicas y sus aplicaciones en intervenciones de conservación. El curso combinará clases teóricas con un marcado carácter práctico, orientado a profesionales y personas interesadas en la rehabilitación de edificios históricos.
Durante las jornadas, los participantes podrán profundizar en los distintos tipos de cales disponibles en el mercado, sus características y usos en la construcción, así como en el ciclo completo de producción de este material tradicional. Asimismo, se analizarán aspectos técnicos como las dosificaciones adecuadas para morteros y hormigones, los tratamientos de consolidación de revestimientos antiguos y su relación con técnicas constructivas como la tierra cruda.
La formación será impartida por el especialista en construcción Luis Prieto Prieto, artesano e investigador en la materia, y contará con la participación de Aniceto Delgado Méndez, del Centro de Documentación y Estudios del IAPH.
Desde la organización se anima a los interesados a formalizar su inscripción antes del cierre del plazo, ya que se trata de una oportunidad para adquirir conocimientos especializados en uno de los materiales clave para la conservación del patrimonio histórico andaluz.
El Museo Hospital Santa Resurrección de Utrera acogerá el próximo 17 de abril, a las 19:30 horas, la visita cultural “Ruiz Gijón: De Utrera al Mundo”, una propuesta que combina historia, música y recursos audiovisuales para acercar al público la figura del escultor utrerano.
La actividad ofrecerá un recorrido por la vida y obra de uno de los artistas más relevantes del patrimonio andaluz, mediante una experiencia inmersiva que se desarrollará en el propio espacio museístico. La parte histórica estará a cargo de los historiadores Carlos Subiza y Jesús M. Mena García, quienes contextualizarán la trayectoria del escultor y su influencia.
El apartado musical contará con la participación de Nelson Rivadulla al piano, Alberto Pérez a la viola y Guillermo García Pelusa en la percusión, junto a las voces de la soprano María Triguero y Nyel Garrido, aportando una dimensión artística que complementará el discurso histórico.
La propuesta se completará con una experiencia audiovisual dirigida por José Antonio Moreno, en la que se presentarán datos y documentos inéditos sobre el artista, enriqueciendo la visión global del personaje.
La visita tendrá una duración aproximada de 80 minutos y un precio de 10 euros. Las entradas podrán reservarse hasta completar aforo mediante los teléfonos 653 792 294 y 679 562 702, o a través del correo electrónico visitas@museohospitalresurreccion.com.
La iniciativa se presenta como una oportunidad para redescubrir la figura de Ruiz Gijón desde una perspectiva innovadora, combinando rigor histórico y lenguaje escénico en un formato accesible y atractivo para el público.
Marchena acogerá del 24 al 26 de abril un encuentro de silencio de diez horas centrado en el bienestar personal y la desconexión del ruido cotidiano. La actividad se desarrollará en el antiguo Molino de San Pedro y está organizada como una experiencia intensiva de introspección, meditación y práctica de yoga.
Bajo el lema “Encuentro de 10 horas con el silencio”, la propuesta plantea un espacio para “volver al origen”, liberarse del estrés diario y recuperar el equilibrio emocional. La iniciativa combina sesiones guiadas de meditación y yoga, con la premisa de que el silencio no es un lujo, sino una necesidad para el bienestar personal.
El encuentro estará facilitado por Juan Antonio Requena, en el ámbito del yoga, y Carmen Jiménez, responsable de las sesiones de meditación. La organización destaca que, aunque se trata de una experiencia basada en el silencio, los participantes dispondrán de espacios habilitados en caso de necesitar comunicarse.
Las plazas son limitadas, por lo que se recomienda a los interesados formalizar su inscripción con antelación. Para más información, se ha habilitado el teléfono 625 114 955.
Esta actividad se suma a la creciente oferta de propuestas centradas en el cuidado emocional y la salud mental en entornos rurales, aprovechando espacios como el Molino de San Pedro para fomentar la conexión con uno mismo y con el entorno natural.
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