La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas volvió a echarse a la calle en la madrugada del Viernes Santo en Marchena en una de las salidas más sobrecogedoras y singulares de la Semana Santa local. A las seis de la mañana, con la plaza de San Miguel ya repleta de fieles, se abrieron las puertas del templo y comenzó una estación de penitencia marcada por el silencio, la emoción popular, las saetas y el recogimiento.
La salida del Señor de Marchena volvió a reunir a varias generaciones de marcheneros en torno a una tradición que cada año se renueva antes del amanecer. La plaza del Padre Javier, apenas iluminada por la tenue luz de las farolas, ofrecía una imagen de profunda intimidad. El murmullo de la espera cesó de golpe cuando llegó el momento decisivo. Entonces se hizo el silencio y apareció la cruz parroquial, seguida de la seña de la hermandad y de la imponente presencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno en el interior de San Miguel.
La hermandad mantiene en esta primera parte de su recorrido una de las estampas más peculiares de la Semana Santa marchenera. Los tres titulares, Nuestro Padre Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas, avanzan en la madrugada acompañados por sus hermanos, promesas y devotos, pero sin el cortejo completo de nazarenos y penitentes, que se incorporará más tarde, tras el Mandato. Esa dualidad convierte esta estación de penitencia en una de las más originales y arraigadas de cuantas se celebran en la localidad.
La salida del Señor estuvo cargada de solemnidad. La cuadrilla de promesa, distinta de la que más tarde portará los pasos en la estación de penitencia completa, avanzó con lentitud y precisión para salvar el desnivel de la puerta y la pequeña rampa dispuesta a la salida del templo. Cada orden del martillo, cada maniobra medida al milímetro y cada paso al frente fueron seguidos por una plaza sobrecogida. Cuando el Nazareno puso sus zancos en la plaza, estalló el aplauso y enseguida se alzó la primera de las cuartas, esa forma de saeta tan propia de esta hermandad, que volvió a rasgar la madrugada marchenera.
A partir de ese instante, la calle San Miguel se convirtió en un cauce de devoción. El paso del Nazareno, llevado con compás reposado, avanzó entre saetas, música de capilla y el acompañamiento silencioso de las mujeres de promesa. Detrás salieron también San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas, completando una escena de enorme fuerza plástica y espiritual en una calle estrecha donde el sonido rebota en los muros y las voces se entremezclan con el golpear de los llamadores y el leve crujir del paso.
La Virgen de las Lágrimas ofreció además una estampa renovada en este Viernes Santo de 2026. Su paso de palio mostró una estética distinta a la de años anteriores, con especial protagonismo para una saya púrpura bordada y donada por un devoto, una nueva disposición de la candelería, cirios pintados a mano con motivos marianos y un exorno floral blanco que sustituyó al tono rosado de otros años. También lució nuevas piezas donadas en los últimos meses, entre ellas un peto francés del siglo XIX, puños y pañuelo, configurando una imagen especialmente cuidada y novedosa dentro de la fidelidad a su personalidad devocional.
Mientras tanto, el pueblo seguía respondiendo como lo ha hecho siempre. Padres con niños pequeños, vecinos que solo regresan a Marchena por estas fechas y devotos que no faltan nunca a esta cita dieron forma a esa multitud silenciosa que acompaña al Señor de Marchena en las primeras horas del Viernes Santo. Más que una salida procesional, lo vivido en San Miguel volvió a parecer un rito heredado, una ceremonia popular transmitida de generación en generación.
Tras ese arranque en penumbra, la hermandad continuó su caminar hacia los primeros episodios del Mandato, en una mañana que fue creciendo en intensidad hasta desembocar en el paso por el centro de Marchena. Allí la cofradía dejó otra de las imágenes esperadas del Viernes Santo marchenero, ya con la luz del día plenamente asentada sobre el caserío y con las calles centrales convertidas en escenario de devoción pública. Del recogimiento íntimo de San Miguel al latido abierto del corazón urbano, Jesús Nazareno volvió a vertebrar el pulso de una jornada que en Marchena se vive como una de las más hondas y reconocibles de todo el año.
La entrada de Nuestro Padre Jesús Nazareno en San Miguel estuvo cargada además de recuerdos y homenajes. Durante la recogida se evocó la figura de antiguos costaleros y hermanos vinculados durante décadas a la corporación, en una jornada en la que el sentimiento religioso se entrelazó una vez más con la memoria familiar. En ese ambiente de intimidad colectiva, la plaza y la calle Sevilla volvieron a convertirse en escenario de abrazos, lágrimas y silencios compartidos.
Tras el Señor llegaron también San Juan Evangelista y María Santísima de las Lágrimas, completando una de las escenas más esperadas del día. El paso del discípulo amado fue recibido con aplausos por el público congregado en la plaza de San Miguel, que reconoció igualmente el trabajo de la joven cuadrilla y el acompañamiento musical. Poco después, la Virgen de las Lágrimas remontó la calle Sevilla entre petaladas, marchas y una intensa ovación popular, antes de quedar recogida en el interior del templo.
El paso de palio protagonizó otro de los momentos culminantes de la jornada en su entrada en San Miguel, en una maniobra medida al detalle por el equipo de capataces y costaleros. La Virgen avanzó entre vivas, plegarias y expresiones de cariño de quienes la aguardaban en su barrio, cerrando así una mañana que volvió a mostrar la fuerza de una devoción transmitida de generación en generación.
También destacó durante toda la recogida el acompañamiento musical de la banda de cornetas y tambores Centuria Carmen tras el Nazareno, así como la presencia de la centuria romana y del amplio cuerpo de nazarenos, promesas y hermanos que dieron forma a una procesión de marcado acento popular. En San Juan Evangelista se subrayó asimismo la labor de una cuadrilla joven que volvió a evidenciar la importancia del relevo generacional dentro de la cofradía.
Con la entrada de María Santísima de las Lágrimas concluyó la primera parte del Viernes Santo marchenero en torno a San Miguel. Quedó atrás una jornada de viento suave, cielo despejado y calles llenas, pero sobre todo un nuevo capítulo de esa liturgia sentimental que cada año devuelve a muchos marcheneros a la infancia, a sus mayores y a la fe aprendida junto a sus casas y a sus templos. En la calle Sevilla, una vez más, Marchena volvió a reconocerse a sí misma.







































































You must be logged in to post a comment Login