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La Compañia, de Loyola a Roma, pasando por Marchena: el legado del «Duque santo»

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Un hito importante para la llegada a Marchena y Andalucía de la Compañía fue la conversión del duque de Gandía Francisco e Borja pintada por José Moreno Carbonero, en 1884, hoy en el Museo del Prado), que representa el momento en que Francisco de Borja contempla el cadáver de la emperatriz Isabel de Portugal a quien le unía una fuerte lealtad.

Impresionado por la fugacidad de la belleza y el poder, el noble exclamó: «Nunca más serviré a señor que pueda morir», e ingresó pocos años después en la Compañía de Jesús fundada por Ignacio de Loyola.

Hijo de duques, bisnieto del papa Alejandro VI y emparentado con el emperador Carlos V, Francisco de Borja y Aragón, IV duque de Gandía (1510-1572) lo tenía todo en la corte imperial del siglo XVI. Sin embargo, una experiencia espiritual estremecedora marcó un giro radical en su vida. En 1539, Borja fue encargado de custodiar el féretro de la emperatriz Isabel de Portugal (esposa de Carlos V) hasta su sepultura en Granada. Al abrir el ataúd su vida cambió.

 

En sus dominios de Gandía, el duque acogió a jesuitas de la primera hora y financió el recién fundado Colegio Romano de Roma y estableció en sus estados la Universidad de Gandía. Tras la muerte de su esposa, Leonor de Castro, en 1546, Francisco de Borja confirmó su vocación definitiva. Renunció a sus títulos y riquezas –cediendo el ducado a su primogénito– e ingresó secretamente en la Compañía de Jesús.

En 1554 fue nombrado Comisario (superior) de los jesuitas en España, y luego tercer Padre General de la Compañía consolidando la expansión de los jesuitas por Europa y América, llevando las misiones a lugares tan distantes como Brasil. Este “duque santo”, canonizado en 1671, encarnó la fructífera alianza entre la Compañía de Jesús y la alta nobleza española.

Su prestigio social facilitó la fundación de colegios, la obtención de patronazgos y la entrada de los jesuitas en las esferas de poder. Uno de los ejemplos más significativos de esa simbiosis entre fe e influencia aristocrática fue el establecimiento de un colegio jesuita en la localidad sevillana de Marchena, bajo el mecenazgo de los duques de Arcos, parientes cercanos de Borja.

Los Duques de Arcos, adoptaron la peculiar costumbre de nombrar confesores y preceptores de sus hijos únicamente de entre los rectores jesuitas del colegio, seleccionados por la Orden entre sus miembros más ilustres tanto intelectual como espiritualmente. A lo largo del siglo XVII, los sucesivos rectores de la Encarnación llegaron a ser consejeros de confianza de los duques de Arcos, ejerciendo un poder e influencia considerables en la región. 

El colegio marchenero se reflejó en su actividad educativa y en su arquitectura. En las aulas de la Encarnación se aplicaba la Ratio Studiorum jesuita, un plan pedagógico moderno que combinaba el estudio de los clásicos del Renacimiento con las ciencias, los idiomas y la formación integral del alumno. Las crónicas elogian la eficacia de este método, que incluía incluso ejercicio físico al aire libre y preparación en música y danza para pulir modales de sociedad, algo innovador en la época. Muchos jóvenes de familias nobles y acomodadas acudieron a Marchena atraídos por la calidad de la enseñanza jesuítica.

Lideraron la renovación pedagógica de la Iglesia y llevaron el cristianismo a América, Asia y África.

Pocos rincones de Marchena encierran tanta historia como la calle Compañía, cuyo nombre no es casual ni anecdótico. Esta vía del centro histórico debe su nombre a la Compañía de Jesús, la orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola en 1540 y que, durante más de dos siglos, dejó una profunda huella espiritual, educativa y artística en la villa ducal.

En Marchena, los jesuitas fueron mucho más que predicadores. Su presencia se tradujo en templos, colegios, formación académica y un patrimonio artístico que aún hoy palpita entre piedras, altares y lienzos, aunque buena parte de ese legado se haya fragmentado o dispersado tras su expulsión.

La iniciativa de fundar un colegio jesuita en Marchena  partió de Doña María de Toledo, hija de la marquesa de Priego y esposa de Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos –además de prima de San Francisco de Borja–, quien decidió dotar a su señorío de un colegio de la Compañía.

Hacia 1567, mientras Borja recorría Andalucía fundando colegios como el de Montilla, Córdoba, por invitación de la marquesa de Priego. Desde sus comienzos, el Colegio de la Encarnación de Marchena destacó como uno de los más prominentes de la Provincia Bética de la orden. No en vano, Marchena era la capital de los estados señoriales de los duques de Arcos y residencia habitual de esta poderosa casa nobiliaria. Los duques, fervientes patronos, eligieron la iglesia del colegio como nuevo panteón.

30 años antes, el 15 de agosto de 1534, Ignacio de Loyola –un ex militar vasco camino a convertirse en santo– se reunió con sus primeros siete compañeros en la colina de Montmartre (París) y juntos juraron «servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo».

Impulsados por este voto de pobreza, castidad y servicio religioso, y frustrada su intención inicial de peregrinar a Jerusalén, el grupo viajó a Roma. Allí, tras largas deliberaciones, fundaron la Compañía de Jesús, que fue aprobada por el papa Paulo III el 27 de septiembre de 1540.

Personajes como San Francisco Javier se convirtieron en leyendas vivas –el navarro murió en 1552 tras predicar en India y Japón–, simbolizando el celo misionero global de los jesuitas.

Nacía así una nueva orden religiosa católica con marcado carácter misionero e intelectual, destinada a jugar un papel fundamental en la Contrarreforma y en la evangelización fuera de Europa.

Muchos monarcas europeos vieran a los jesuitas con recelo durante la Ilustración, al sospechar que anteponían la lealtad a Roma sobre la obediencia al poder temporal. Irónicamente, en los siglos XVI y XVII reyes y papas consideraron a la Compañía aliada indispensable: sus miembros contribuyeron al éxito del Concilio de Trento,

Además de los tres votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia monástica, la Compañía adoptó un cuarto voto especial de obediencia al Papa,

Su ubicación, junto a la Puerta de Osuna de la muralla marchenera, propició que en 1609 se fundase anexo un segundo colegio, San Jerónimo, destinado a estudiantes pobres de filosofía y moral, ampliando así la labor docente y asistencial de los jesuitas en la comarca.

En 1609, el clérigo Gonzalo Fernández fundó el Colegio de San Jerónimo, destinado a estudiantes pobres que aspiraban al sacerdocio. Este colegio, ubicado en la Plaza de San Andrés, fue construido por el maestro albañil Mateo Orellana y el cantero de Cabra en 1629. Los jesuitas lo usaban para alojar a los colegiales que venian de todos los pueblos del Estado de Arcos. Tras la expulsión de la Compañía en 1767, el edificio se transformó en hospital, tal como había previsto su fundador .

A partir de 1673 comenzó su declive: aquel año los duques de Arcos trasladaron definitivamente su residencia a Madrid, privando a la institución de su principal sostén social y económico.

Aunque los jesuitas mantuvieron su presencia en Marchena varias décadas más, la influencia y el “peso específico” del colegio en Andalucía occidental disminuyeron notablemente tras la ausencia de sus protectores directos. La Encarnación siguió activa hasta que un terremoto político de alcance nacional cambió su destino: la expulsión de los jesuitas de España en 1767. En esa fecha, el floreciente colegio marchenero –al igual que todos los de la Compañía– fue abruptamente clausurado por orden del rey Carlos III.

A las cinco de la madrugada del 3 de abril de 1767, un escuadrón de caballería, acompañado por el asistente de la villa (figura equivalente al alcalde) José Monseur y el alguacil mayor, se presentó en la puerta principal del colegio –entonces conocido también como “de San Jerónimo”, por su cercanía a la plaza de San Andrés.

Los soldados entraron y comunicaron a la pequeña comunidad jesuita la orden real de destierro inmediato. Los sacerdotes y hermanos fueron detenidos e incomunicados en sus celdas mientras se organizaba su traslado.

Pocas horas después, eran conducidos bajo escolta hacia Jerez de la Frontera, y de allí al puerto de Santa María, donde se reunieron con unos 700 religiosos expulsos de diversos puntos de Andalucía para embarcarlos rumbo al exilio en Italia. Todos los bienes del colegio de Marchena fueron incautados en nombre de la Corona. Inventarios de la época revelan la prosperidad material de la misión jesuita marchenera.

Poseían tres casas, dos solares urbanos, un molino de aceite frente al colegio y otro en la hacienda de Jarda, cuatro huertas (una junto al colegio, llamadas de Atoche, Azofaifos y Benjumea) y veinte olivares, además de varias tierras de labor y viñas en el contorno del pueblo.

Este modesto “imperio” agrícola y urbano, fruto de legados y compras acumulados en dos siglos, pasó a engrosar el erario real. Para colmo, en Madrid el ministro de Hacienda, Pedro Rodríguez de Campomanes, había justificado la expulsión argumentando que las riquezas jesuitas debían expropiarse para aliviar la crisis financiera de la nación.

La expulsión de 1767: causas y contexto

La drástica expulsión de los jesuitas de todos los dominios de Carlos III en 1767 no fue un rayo caído de un cielo sereno, sino el clímax español de una oleada antijesuítica europea que venía gestándose durante el siglo XVIII.

Carlos III había crecido bajo la tutela de su madre, la reina Isabel de Farnesio, “que siempre les tuvo animadversión”. Además, durante su reinado en Nápoles había respirado el aire anticlerical dominante en aquellas cortes italianas.

En Madrid, en marzo de 1766, estalló el célebre Motín de Esquilache, un tumulto popular contra las medidas reformistas (especialmente un edicto sobre vestimenta) del ministro Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache. Aunque las causas reales del motín fueron el descontento por la carestía y el choque cultural con las modas impuestas, pronto corrió el rumor de que los jesuitas habrían instigado la revuelta en la sombra

La Corona aspiraba a controlar la educación y la moral sin interferencias de Roma, mientras la Compañía encarnaba la lealtad absoluta a la Santa Sede

La Ilustración cuestionaba el poder excesivo de la Iglesia en la educación y la política. El propio Carlos III, influido por las ideas reformistas y por consejeros regalistas, desconfiaba de la Compañía. Seis años después, la presión diplomática de las cortes borbónicas logró incluso lo impensable: la supresión universal de la Compañía de Jesús por el Papa.

En 1814, tras la caída de Napoleón, el papa Pío VII restituyó globalmente a los jesuitas, declarando nulo el decreto de supresión anteriores. Consecuentemente, el rey Fernando VII –hijo de Carlos III y ferviente absolutista– permitió el regreso de la Orden a España en 1815. Desde 1875), los jesuitas retornaron definitivamente y reanudaron sus obras educativas y pastorales en España.

Desde entonces, la Iglesia del Sagrado Corazón (situada en la calle Jesús del Gran Poder) se convirtió en un centro espiritual jesuita en la ciudad. Hasta tiempos recientes, la Iglesia del Sagrado Corazón fue la casa central de los jesuitas en Sevilla, albergando oficinas de la Fundación Loyola (red educativa) y de la Fundación SAFA.  La Universidad Loyola Andalucía, fundada en 2013, es la primera universidad privada de inspiración jesuita en la región, con campus en Dos Hermanas (Sevilla) y Córdoba. El colegio Portaceli, inaugurado en 1950 en la Huerta del Rey de Sevilla, se ha convertido en uno de los centros escolares más prestigiosos de la ciudad.

Por último, la Comunidad de Jesuitas de Portaceli –residencia de los miembros de la orden en Sevilla– sigue siendo centro neurálgico de todas estas obras, asegurando la coordinación y el espíritu común.

Fuentes: Archivos y estudios históricos sobre la expulsión de 1767; obras de historiadores (Domínguez Ortiz, E. Giménez, César Cervera) sobre las causas políticas e ideológicas del destierro jesuitas; documentos eclesiásticos y crónicas de la orden (Autobiografía de S. Ignacio;

Diario de S. Francisco de Borja) para anécdotas fundacionales

 investigaciones universitarias sobre el Colegio de Marchenawww2.ual.eswww2.ual.es; y fuentes contemporáneas de la Compañía de Jesús en Andalucía (Web Jesuitas España, Universidad Loyola) para la situación actual. 

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Radioluz: Aprender a soltar: el arte de dejar ir 

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En una nueva entrega del pódcast RadioLuz, el periodista y escritor José Antonio Suárez reflexiona sobre el desapego, la pérdida de los seres queridos, las amistades que se transforman con los años y la necesidad de aceptar los cambios de la vida. Un recorrido íntimo entre la poesía, la música, la filosofía espiritual y los cielos estivales de Andalucía.

Hay una lección que rara vez se enseña en las escuelas y que, sin embargo, todos terminamos aprendiendo, a veces demasiado tarde: saber cuándo debemos soltar aquello que amamos.

Pasamos buena parte de nuestra existencia tratando de conservar lo que nos hace felices. Nos aferramos a las personas, a los recuerdos, a los lugares donde alguna vez fuimos dichosos y hasta a determinadas versiones de nosotros mismos que ya no existen. Creemos que amar significa permanecer, que una amistad verdadera debe durar para siempre y que dejar marchar equivale necesariamente a perder.

Pero la vida, con su paciente pedagogía, nos acaba enseñando algo distinto: no todo lo valioso está destinado a permanecer a nuestro lado.

Sobre esta experiencia universal gira una de las entregas de RadioLuz, el pódcast conducido por José Antonio Suárez, que propone una reflexión acerca del desapego y de nuestra capacidad para aceptar las transformaciones inevitables de la existencia.

El programa parte de una idea que atraviesa toda la emisión: «Uno solo conserva lo que no amarra». No se trata de una invitación a olvidar ni a renunciar a los afectos, sino de aprender a distinguir entre el amor que permanece en la memoria y la necesidad de retener aquello que el tiempo transforma.

La primera despedida: aprender a vivir con la ausencia

La pérdida de los padres, de los familiares y de las personas que nos acompañaron durante la infancia constituye una de las experiencias más profundas del ser humano.

En RadioLuz, Suárez plantea que aprender a soltar no significa desprenderse del amor hacia quienes nos dieron la vida. Ese vínculo puede continuar formando parte de nuestra identidad, incluso cuando la presencia física ha desaparecido.

La experiencia del duelo obliga a reorganizar nuestra relación con una persona ausente. Ya no podemos compartir con ella las mismas conversaciones, gestos o acontecimientos cotidianos, pero su recuerdo, sus enseñanzas y su influencia pueden seguir acompañándonos.

Esta distinción entre ausencia física y continuidad emocional constituye uno de los grandes asuntos de la literatura, la filosofía y la creación artística.

El programa recuerda cómo la música ha convertido la pérdida en una forma de expresión colectiva. José Antonio Suárez recurre a las canciones de Manuel Carrasco y Rocío Jurado para mostrar cómo el dolor individual encuentra a veces un lenguaje compartido en la canción.

El recorrido musical adquiere un carácter especialmente íntimo cuando el propio presentador recupera composiciones escritas para sus padres e inspiradas en su poemario Melodías sagradas.

En una de ellas, dedicada a su madre, aparece una imagen que resume el sentido de la maternidad desde la mirada del hijo: la madre como origen del mundo, como la puerta simbólica por la que comienza la existencia.

Frente a ese recuerdo materno, la canción dedicada al padre evoca una herencia moral construida sobre la sencillez, la generosidad y una forma de vivir que antepone el corazón a cualquier reconocimiento.

Ambas composiciones forman parte de una misma reflexión: las personas desaparecen de nuestra vida cotidiana, pero aquello que nos transmitieron puede continuar vivo en nuestra forma de entender el mundo.

El desapego no es indiferencia

En el lenguaje cotidiano solemos asociar el desapego con la frialdad emocional. Sin embargo, el programa propone una interpretación diferente.

Desapegarse no exige dejar de querer, sino reconocer que el afecto no concede derechos de propiedad sobre los demás.

La distinción resulta especialmente significativa en las relaciones de amistad.

Existen amigos que llegan durante una etapa concreta, nos acompañan en momentos difíciles y participan en experiencias que terminan formando parte de nuestra memoria. Algunas de esas relaciones permanecen durante décadas. Otras se modifican lentamente hasta convertirse en encuentros ocasionales o recuerdos de una época compartida.

Suárez se detiene en una cuestión especialmente delicada: cómo reconocer cuándo una amistad ha dejado de desarrollarse de manera recíproca.

El presentador explica que no le gusta tratar las amistades como relaciones que puedan utilizarse y abandonarse según las circunstancias. Frente a esa visión, propone comprender los distintos momentos personales y aceptar que la intensidad del contacto puede cambiar.

A veces no hace falta romper una amistad. Basta con permitir que encuentre otra distancia.

Esta reflexión conecta con una idea importante de la educación emocional: establecer límites personales no implica necesariamente rechazar a los demás. Las relaciones humanas necesitan reciprocidad, respeto y espacio para que cada persona pueda desarrollarse.

Del mismo modo, aprender a disfrutar de la propia compañía puede ayudarnos a evitar relaciones sostenidas únicamente por el miedo a la soledad.

Las amistades que fueron veranos

Uno de los pasajes más sugerentes del programa sitúa al oyente junto a una piscina andaluza, cuando empieza a caer la tarde de verano.

Allí permanece un árbol de más de medio siglo que ha sobrevivido a las sucesivas transformaciones del lugar. Para el narrador, ese árbol constituye una especie de testigo silencioso de su propia biografía.

Por aquel espacio pasaron los amigos de la infancia, las pandillas adolescentes, los primeros amores y las conversaciones interminables de otros veranos.

El árbol continúa allí, pero muchos de quienes compartieron aquellos días han desaparecido de la vida cotidiana.

Es entonces cuando la naturaleza ofrece una metáfora sobre el paso del tiempo.

Cada verano vuelve, pero ninguno es exactamente igual al anterior. Las personas que estuvieron con nosotros hace veinte o treinta años pueden seguir formando parte de nuestros recuerdos sin ocupar necesariamente el mismo lugar en el presente.

La memoria conserva experiencias que ya no pueden repetirse, pero que no por ello dejan de haber sido auténticas.

El programa resume esta idea mediante una imagen de particular belleza: algunas amistades fueron veranos y, aunque el verano termina, nadie puede negar que existió.

El cielo nocturno como mapa de nuestras relaciones

La reflexión alcanza uno de sus momentos más originales cuando José Antonio Suárez levanta la mirada hacia el firmamento.

La observación del cielo de verano se convierte en una explicación poética de las relaciones humanas.

Venus, Júpiter y Mercurio aparecen como imágenes de distintos tipos de amistad. Unas personas llegan con una intensidad que ilumina nuestra existencia; otras ofrecen una compañía serena, mientras algunas atraviesan nuestra vida de forma fugaz.

La metáfora continúa con el conocido Triángulo de Verano, formado por Vega, Deneb y Altair, tres estrellas pertenecientes a constelaciones diferentes que, vistas desde la Tierra, parecen dibujar una figura común.

Desde el punto de vista astronómico, se trata de un asterismo: una agrupación visual de estrellas que no constituye una constelación oficial. Su aparente proximidad no significa que se encuentren físicamente juntas.

Y esa particularidad resulta extraordinariamente expresiva para hablar de la amistad.

Personas con trayectorias distintas coinciden durante un tiempo y construyen una historia compartida. Desde nuestra perspectiva forman parte de una misma figura, pero cada una conserva su propio camino.

La imagen permite comprender que la cercanía emocional no exige una permanencia absoluta.

También introduce otra consideración científica: la luz de las estrellas tarda un tiempo en llegar hasta nosotros, por lo que observar el universo supone contemplarlo tal como era en distintos momentos del pasado.

No toda estrella visible ha desaparecido; la distancia y el tiempo de viaje de su luz varían enormemente. Pero el fenómeno proporciona una poderosa imagen literaria: también nuestros recuerdos nos permiten contemplar personas y momentos que pertenecen a otra época de nuestra vida.

En esa combinación entre astronomía y memoria, RadioLuz encuentra una manera de explicar el desapego sin convertirlo en una experiencia amarga.

La muerte, la espiritualidad y la transformación interior

El programa incorpora igualmente una dimensión filosófica y espiritual.

A través de la música de Franco Battiato, especialmente de Torneremo ancora, Suárez explora las interpretaciones de la muerte como tránsito y las tradiciones que consideran la existencia como un proceso de aprendizaje y transformación.

Estas ideas pertenecen al terreno de la filosofía espiritual y de las creencias sobre la continuidad de la conciencia. No constituyen demostraciones científicas de la supervivencia del alma ni de la reencarnación.

Su interés dentro del programa reside en su dimensión simbólica.

La vida puede entenderse como una sucesión de habitaciones que atravesamos. Cada etapa exige desprendernos de determinadas costumbres, expectativas o imágenes de nosotros mismos.

No necesitamos esperar a la muerte para experimentar esos cambios profundos.

Terminar una relación, abandonar una conducta perjudicial, aceptar una pérdida o reconciliarnos con nuestro pasado pueden representar pequeñas transformaciones interiores.

La enseñanza que Suárez extrae de estas tradiciones es eminentemente práctica: el crecimiento personal requiere reconocer aquello que ya no nos permite avanzar.

La educación emocional, una asignatura para toda la vida

Una de las preguntas más interesantes que plantea el episodio es por qué aprendemos tantas disciplinas durante nuestra formación y dedicamos, en cambio, tan poco tiempo a comprender las pérdidas y las despedidas.

El duelo, los cambios en la amistad, la aceptación del envejecimiento o la capacidad de establecer límites afectan a prácticamente todas las personas.

La educación emocional puede proporcionar herramientas para reconocer sentimientos, afrontar conflictos, desarrollar relaciones saludables y comprender los cambios que acompañan a la vida adulta.

Esto no significa que exista una única forma correcta de superar una pérdida. Cada persona necesita sus propios tiempos y recursos. El desapego tampoco debe convertirse en una obligación de olvidar, acelerar el duelo o abandonar vínculos significativos.

Aprender a soltar exige, precisamente, distinguir entre las relaciones que necesitan transformarse y aquellas que merecen ser cuidadas.

La lámpara que sigue encendida

El episodio se aproxima a su conclusión con otra imagen de raíz doméstica: la lámpara de aceite.

En las casas antiguas, despabilar el velón significaba retirar la parte consumida de la mecha para favorecer que la llama siguiera ardiendo.

Suárez utiliza esa acción cotidiana como metáfora del crecimiento personal.

Hay experiencias, costumbres y temores que pueden acumularse hasta dificultar nuestra capacidad de vivir el presente. Desprenderse de ellos no significa vaciar la existencia, sino recuperar espacio para aquello que verdaderamente importa.

La reflexión adquiere un significado especial al situarse en los días próximos a la noche de San Juan, cuando las hogueras y los rituales populares simbolizan, en distintas tradiciones, la renovación y el comienzo de una nueva etapa.

El verano, con sus días largos y sus noches abiertas, aparece así como una invitación a revisar nuestra relación con el pasado.

No se trata de quemar la memoria, sino de dejar atrás aquello que ya no necesitamos sostener.

Quizá por eso el mensaje final de este episodio de RadioLuz conserva una serenidad poco habitual en una época que parece exigirnos conservarlo todo: relaciones, imágenes, experiencias y recuerdos.

No todo lo vivido necesita continuar repitiéndose para haber tenido sentido.

Los seres queridos que desaparecieron, las amistades que cambiaron, los veranos que terminaron y las personas que alguna vez fuimos pueden seguir formando parte de nuestra historia sin impedirnos avanzar.

Aprender a soltar es también aprender a agradecer.

Y comprender, finalmente, que dejar ir no significa negar el pasado, sino permitir que la vida siga teniendo futuro.

RadioLuz, el latido que no cesa. Artículo de divulgación elaborado a partir de la transcripción del episodio dedicado a «Aprender a soltar», presentado por José Antonio Suárez. La emisión combina reflexiones personales, composiciones musicales, poesía, astronomía y perspectivas espirituales. La transcripción presenta algunas imprecisiones propias del reconocimiento automático de voz, por lo que se han evitado las atribuciones literales que no podían establecerse con seguridad.

El programa puede localizarse en YouTube buscando Radio Luz Marchena.

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Marchena deberá planificar su respuesta ante terremotos: qué cambia para vecinos y Ayuntamiento

La nueva directriz del BOE obliga a planificar la respuesta municipal, pero no anuncia un terremoto ni impone obras automáticas en viviendas.

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La inclusión de Marchena en la nueva directriz estatal de protección civil ante terremotos no supone una predicción sísmica ni impone obras automáticas en las viviendas. Su consecuencia más directa es la necesidad de contar con una planificación municipal, integrada en la autonómica, que explique cómo actuar y cómo informar a la población.

El Boletín Oficial del Estado publicó el 10 de octubre la Orden INT/1069/2026, que aprueba la Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el Riesgo de Terremotos. Marchena figura expresamente en el anexo III-A junto a otros municipios sevillanos, entre ellos Arahal, Paradas, Morón de la Frontera, Osuna, Écija, Estepa y La Puebla de Cazalla.

Un mapa de probabilidades, no un anuncio de terremotos

El anexo identifica zonas donde los estudios del Instituto Geográfico Nacional contemplan intensidades sísmicas iguales o superiores a VII para un período de retorno de 475 años. La intensidad describe efectos de la sacudida, no la energía liberada: intensidad VII no equivale a magnitud 7. Y esos 475 años tampoco indican una fecha ni una periodicidad fija. Son una referencia estadística, asociada aproximadamente a una probabilidad del 10 % de superar determinado nivel en 50 años.

El mapa no demuestra que haya aumentado recientemente la actividad sísmica de Marchena. Refleja una evaluación de peligrosidad a largo plazo que sirve para preparar los servicios públicos.

Qué cambia para los vecinos

Para los residentes no se establecen nuevas restricciones de circulación ni obligaciones generales de reformar la vivienda, pasar una inspección extraordinaria o contratar un seguro especial simplemente por figurar su pueblo en el anexo. Las exigencias técnicas de los edificios corresponden a la normativa constructiva aplicable.

Lo que la planificación debe mejorar es la información y formación ciudadana: saber cómo protegerse durante una sacudida, cómo recibir avisos, a quién seguir en una emergencia y dónde acudir si las autoridades organizan asistencia o evacuaciones. En casa resulta prudente fijar muebles altos y objetos pesados; durante una sacudida, protegerse de objetos que puedan caer y evitar desplazamientos precipitados.

Las obligaciones del Ayuntamiento

La directriz establece en sus apartados 1.4.1 y 2.7 que los municipios incluidos en el anexo III deben desarrollar planes locales ante terremotos, de acuerdo con las directrices autonómicas. Estos instrumentos deberán precisar quién coordina los recursos municipales, cómo se relacionan los servicios de emergencia con la Junta de Andalucía y con otras administraciones, qué zonas podrían requerir intervención, qué instalaciones serían útiles y qué recursos existen.

También tendrán que prever sistemas de información a la población, medidas de autoprotección y procedimientos de evacuación apoyados en cartografía oficial. Las preguntas de servicio público son concretas: ¿quién dirigirá la respuesta municipal?, ¿cómo se coordinarán Policía Local, bomberos y sanitarios?, ¿dónde podrían atenderse personas desplazadas?, ¿qué ocurriría si fallan algunos suministros o comunicaciones?

La orden establece un plazo de cuatro años para adaptar los planes de protección civil, con horizonte en octubre de 2030. Una vez aprobados, sus contenidos deberán publicarse y ser accesibles. La disposición indica que su aplicación no incrementará las dotaciones ni otros gastos de personal, una previsión que no permite concluir que todas las medidas materiales o técnicas carezcan de coste.

Colegios, residencias y patrimonio histórico

Los colegios, residencias y centros sanitarios sujetos a normativa de autoprotección deberán contemplar las medidas que les resulten exigibles y su coordinación con los planes públicos. Ello no supone que cada centro necesite ahora acometer reformas por la sola presencia de Marchena en el mapa.

La protección de iglesias, conventos, murallas y otros edificios históricos merece una atención específica. El riesgo real de daños depende tanto del movimiento previsto del terreno como de la vulnerabilidad de cada construcción. La antigüedad por sí sola no permite declarar inseguro un monumento: harían falta análisis técnicos de materiales, estructura y conservación.

Una pregunta pendiente para Marchena

La publicación oficial permite comprobar la inclusión del municipio, pero no determina si el Ayuntamiento ya dispone de un plan sísmico propio, qué desarrollo tiene ni qué actualizaciones prevé. Es necesario solicitar estos datos al Ayuntamiento y a Protección Civil de Andalucía antes de dar por hecha una carencia administrativa.

La noticia, por tanto, no es que se anuncie un terremoto, sino que la administración local debe poder explicar con claridad cómo protegería a sus vecinos ante una eventual emergencia.

Fuentes originales: BOE-A-2026-21145, Orden INT/1069/2026, anexo III-A y apartados 1.4.1, 2.7 y 2.8; IGN, Actualización de mapas de peligrosidad sísmica de España; Mapas oficiales del IGN.

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Agenda cultural de Marchena del 16 al 18 de octubre: rutas, danza, música y cine

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Marchena reúne este fin de semana una programación de patrimonio, música, danza, cine y rutas.

Este jueves 15 a las 21:00 Nora Lanzieri inaugura Las Catrinas están de Ronda en Mombó Art Gallery, calle Canónigo Álvarez Talaverón 41.

Nora Lanzieri trae a Marchena las Catrinas de México: «El Día de Muertos es una manera de seguir amando a quienes ya no están»

El viernes 16 el convento de la Purísima Concepción celebra misa a las 11:30 y bendición del retablo cerámico de la Inmaculada a las 12:30.

A las 20:00 el Coro de Nuestra Señora de la Piedad ofrece Entre dos orillas en la plaza de los Melchores, con música de España y América.

«Entre dos orillas»: el Coro de Nuestra Señora de la Piedad une Marchena y América a través de la música

A las 20:30 el Auditorio Pepe Marchena acoge Éter, danza de luces y sombras, de Imperdible Artes Escénicas, con entrada libre.

«Éter» llega el viernes a Marchena: el recorrido de una danza que juega con la luz y las sombras

El Cine Planelles mantiene en los listados consultados La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

La bola negra supera los 18 millones de taquilla: tecera semana en cartel en el Planelles

Los horarios para todo el fin de semana aún no se han podido confirmar directamente con la sala, por lo que recomendamos comprobarlos antes de acudir. Tampoco se ha confirmado el horario de visita de la exposición de Mombó durante el fin de semana.

Domingo 18: ruta Marchena Secreta

A las 12:00 sale de San Andrés una nueva visita guiada Marchena Secreta para conocer la historia local, sus personajes, monumentos y nuevas investigaciones sobre el patrimonio. Reservas en https://marchenasecreta.com/reservas/ o en el 744 486 390.

Información contrastada con anuncios de actividades, hemeroteca de Marchena Secreta y carteleras cinematográficas. Actualizado el 15 de octubre de 2026.

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Marchena celebra el 150 aniversario de Lorenzo Coullaut Valera con conferencias y rutas culturales

Del 27 de octubre al 14 de noviembre, Marchena conmemora los 150 años del nacimiento de Lorenzo Coullaut Valera con tres conferencias y tres recorridos culturales.

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Marchena conmemorará del 27 de octubre al 14 de noviembre de 2026 el 150 aniversario del nacimiento del escultor marchenero Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932). Las delegaciones de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Marchena han organizado un programa de conferencias, rutas turísticas y una teatralización para acercar al público su vida y su obra.

Tres conferencias del 27 al 29 de octubre

Las conferencias se celebrarán a las 19:00 horas en la Biblioteca José Fernando Alcaide Aguilar.

El martes 27 de octubre, Manuel Alejandro Prada Machuca ofrecerá la conferencia «La escultura española en tiempos de Lorenzo Coullaut Valera».

El miércoles 28 de octubre, Joaquín Manuel Álvarez Cruz hablará sobre «La trayectoria artística del escultor Lorenzo Coullaut Valera».

El jueves 29 de octubre, Manuel Antonio Ramos Suárez pronunciará la conferencia «La obra de Lorenzo Coullaut Valera en Marchena».

Rutas culturales y teatralización en noviembre

El viernes 6 de noviembre, a las 18:30 horas, comenzará en la plaza del Cardenal Spínola una ruta turística que continuará en la plaza de los Melchores con la teatralización «Vida y obra de Lorenzo Coullaut Valera».

El domingo 8 de noviembre, a las 9:00 horas, se celebrará la ruta turística «La Sevilla de Lorenzo Coullaut Valera», con punto de encuentro en la plaza de la Constitución.

El programa concluirá el sábado 14 de noviembre, a las 11:00 horas, con la ruta «La Marchena de Lorenzo Coullaut Valera», que partirá de la plaza de los Melchores.

Para inscripciones e información, la organización remite a la Oficina de Turismo de Marchena, en el teléfono 95 532 10 10, extensión 175.

Fuente: programación oficial de las delegaciones de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Marchena.

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Cuando el progreso se midió en pisos: las casas y el patrimonio que perdió Marchena

La antigua Caridad, Santa Clara y San Pedro permiten recorrer las transformaciones del centro y releer la advertencia cultural de Luis Camacho sobre la pérdida de las casas.

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¿Cuándo empezó una casa a valer más por lo que podía construirse encima que por la vida que guardaba dentro? En Marchena, esa pregunta se puede recorrer a pie. La plaza de San Sebastián, Santa Clara, San Pedro y la Plaza Ducal permiten reconocer distintas formas de transformar la ciudad: sustituir un edificio por viviendas, conservar una iglesia mientras desaparece el convento, dividir una antigua manzana religiosa o incorporar nuevas construcciones al paisaje histórico.

Este recorrido propone una lectura crítica del desarrollismo: medir el progreso únicamente por la superficie edificada, la rapidez de la obra o su rendimiento económico deja fuera otros valores. El patio, la sombra, la continuidad de una calle y la memoria de un barrio también forman parte de la riqueza de una población.

Edificios residenciales de la Plaza Ducal de Marchena, en una fotografía de archivo
Edificación residencial y paisaje histórico en la Plaza Ducal. Fotografía de archivo utilizada por Marchena Secreta en sus reportajes sobre este entorno.

La antigua Caridad: de sede educativa a banco y pisos

En San Sebastián hay un ejemplo concreto que no depende de una impresión estética. La historia del IES Isidro de Arcenegui y Carmona, redactada por el profesor José María Díaz Luque y publicada por el propio centro, explica que el Instituto Laboral comenzó en 1955 en un edificio cedido por la Hermandad de la Caridad. Lo ocupó hasta 1962, cuando fue declarado en ruina. El mismo relato identifica su sustitución por una entidad bancaria y un bloque de pisos.

La fuente añade otro cambio cercano: los talleres funcionaron hasta 1965 en un salón cedido por las Hermanas Lobo en Huerta Gavira, donde después se levantó también un bloque. Son dos sustituciones documentadas de espacios vinculados a la historia educativa local. La declaración de ruina forma parte de esa historia y debe contarse junto a la pérdida del edificio.

Antigua sede del Instituto Laboral en el edificio de la Hermandad de la Caridad de Marchena
El edificio de la Caridad que acogió al Instituto Laboral entre 1955 y 1962. Imagen publicada por el IES Isidro de Arcenegui y Carmona en su historia institucional.

Santa Clara, 1975: una capilla no era todo un convento

El caso de Santa Clara permite precisar qué significa conservar solo una parte. La Agenda Cultural de la Junta de Andalucía sitúa la desaparición del convento en 1975, después de la salida de las clarisas en 1974, y señala la permanencia de la capilla. La Diputación de Sevilla recoge también esa cronología.

La ficha del Museo de Bellas Artes de Álava, que conserva un dibujo de Salvador Azpiazu fechado el 3 de mayo de 1915, documenta la destrucción de las dependencias y la pérdida de los coros. El dibujo conserva una mirada anterior a aquella transformación.

La iglesia que vemos hoy es una supervivencia valiosa, pero no permite experimentar por sí sola el conjunto desaparecido: sus recorridos, espacios de vida y relaciones con la calle. La pérdida patrimonial también consiste en esa ruptura de la unidad del edificio.

Portada de la iglesia de Santa Clara de Marchena, conservada tras la desaparición de las dependencias conventuales
La iglesia de Santa Clara conservada. Imagen de archivo de Marchena Secreta: la permanencia de la portada no debe confundirse con la conservación de todo el convento.

San Pedro: una transformación que empezó antes del desarrollismo

San Pedro Mártir, conocido como Santo Domingo, exige otra cronología. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez estudia su evolución en El edificio conventual de San Pedro Mártir de Marchena, incluido en las actas del simposio sobre la desamortización de 2007. Su investigación, apoyada en actas municipales y escrituras, documenta la utilización de parte del recinto para el mercado desde el siglo XIX, su fragmentación y las ventas de casas procedentes de la antigua propiedad conventual.

En 1862 se anunciaba la subasta de seis casas de la calle San Pedro construidas en 1847 dentro del exconvento. La iglesia sobrevivió. Este proceso no puede atribuirse en bloque a los años sesenta del siglo XX: muestra cómo la conversión del patrimonio en fincas separadas tenía antecedentes anteriores.

Lo que Luis Camacho veía en una casa

Luis Camacho Carrasco dejó una mirada especialmente sensible hacia ese mundo doméstico. Su obra Nostalgia y poesía, editada por el Ayuntamiento en 1988, reúne textos anteriores a la publicación del volumen. En el archivo periodístico que hemos dedicado al autor aparece una respuesta que condensa esa resistencia a reducir la vivienda a una mercancía: «¿Por qué no se compra usted un piso? Y usted, ¿por qué no se compra una nostalgia?».

La evocación fue recogida en El alma de las casas y reaparece en nuestra memoria de los barrios y la Alameda. Su fuerza está en lo que obliga a considerar: una casa puede guardar relaciones, recuerdos y formas de habitar que desaparecen cuando solo se calcula su precio. Es una advertencia cultural; no un informe técnico sobre cada demolición.

La ideología del progreso medido en metros cuadrados

La conexión con Mario Kaplún sirve aquí como herramienta de interpretación. En su crítica al modelo educativo centrado en los efectos, el desarrollismo presenta prácticas culturales propias como obstáculos que deben ser sustituidos por otras funcionales al modelo importado. Aplicada al debate urbano, esa pregunta resulta fértil: ¿se moderniza una población con sus habitantes y sus conocimientos, o se les pide que abandonen cuanto no encaja en un patrón previamente decidido?

Esta comparación no demuestra que cada promoción marchenera obedeciera a una misma doctrina. Para explicar responsabilidades concretas hacen falta licencias, proyectos, acuerdos y expedientes de cada inmueble. Sí permite cuestionar una escala de valores: considerar el suelo disponible más importante que la arquitectura existente, o confundir el incremento de edificación con una mejora automática de la vida.

La crítica de Horkheimer y Adorno a la razón instrumental ofrece otra perspectiva: qué ocurre cuando la eficacia de los medios desplaza la discusión sobre los fines. En urbanismo, la pregunta sería para quién se construye, qué se conserva y quién participa en decidirlo.

La propia documentación patrimonial introduce un matiz necesario. El decreto de delimitación del Conjunto Histórico de 2010 reconoce valor en la diversidad del caserío, las casas con patio y también en aportaciones regionalistas, modernas y de vivienda social del siglo XX. La arquitectura reciente puede enriquecer una ciudad. El problema aparece cuando su implantación destruye valores que podían incorporarse al proyecto.

Recuperar esta historia exige reunir fotografías anteriores y posteriores, planos y testimonios, y contrastarlos con los expedientes municipales. Si conservas imágenes de la antigua Caridad, de Santa Clara o de casas transformadas en las calles San Pedro, Santa Clara o el entorno de la Plaza Ducal, puedes enviarlas a marchenasecreta@gmail.com, indicando su procedencia y fecha aproximada. La memoria de Marchena también se reconstruye desde las casas.

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Actualidad

Jesús Nazareno convoca su XII Encuentro Mariano de la Juventud el 7 de noviembre

La jornada partirá de San Miguel y tendrá como destino el eucaliptal de la hermandad. Recuperamos la imagen de la cruz entre las ruinas de Santa Eulalia en 2021.

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La juventud de la Hermandad de Jesús Nazareno de Marchena volverá a reunirse el sábado 7 de noviembre de 2026 en el XII Encuentro Mariano de la Juventud. La convocatoria mantiene una combinación de oración, formación y convivencia que ya ha dejado imágenes en la memoria local: entre ellas, la de los participantes llevando una cruz entre las ruinas de Santa Eulalia en 2021.

Según el programa publicado por la hermandad, la jornada comenzará a las 10:30 en San Miguel, con una visita a la Virgen. A las 11:00 saldrá el autobús desde la plaza de la Constitución. La celebración eucarística figura en la franja de 12:30 a 13:00 y, después, se ofrecerá una charla sobre María como referente para los jóvenes. El almuerzo y la convivencia completarán el día, con regreso previsto a las 17:00.

Las inscripciones están abiertas a través del formulario facilitado por la organización, que identifica el lugar del encuentro como el eucaliptal de la hermandad y permite indicar si se acudirá en autobús o en coche propio.

La cruz entre las ruinas: el recuerdo de Santa Eulalia

La fotografía que acompaña esta noticia pertenece a aquella peregrinación de 2021. Los muros abiertos al cielo del antiguo convento, la vegetación y una cruz llevada por los participantes resumen una jornada en la que la convivencia juvenil se encontró con el patrimonio rural de Marchena.

Como recogió entonces la crónica de Marchena Secreta, aquella edición llevó a los peregrinos hasta Santa Eulalia e incorporó una explicación de Manuel Guisado Torres sobre el enclave y su recuperación. La convocatoria previa, publicada por este periódico el 14 de noviembre de 2021, situaba el séptimo encuentro el día 27 de ese mes.

El archivo permite seguir la continuidad de esta cita: en 2024 alcanzó su décima edición, con una jornada en Santa María vinculada a las Vísperas de la Inmaculada y a María Santísima de las Lágrimas. Los escenarios han variado, mientras se ha mantenido la invitación a compartir tiempo fuera de la estación de penitencia.

La nueva convocatoria ofrece otra ocasión para ese encuentro entre generaciones: participar, conversar y mantener los vínculos que sostienen la vida cotidiana de una hermandad.

Fotografía de archivo de Marchena Secreta: participantes con la cruz entre las ruinas de Santa Eulalia, durante el Encuentro Mariano de la Juventud de 2021. No corresponde a la convocatoria de 2026.

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