La Bienal de Flamenco de Sevilla ha dado a conocer los detalles de ‘El mundo por montera’, el magno espectáculo de esta XXIV edición que acogerá la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla el próximo 10 de septiembre; una cita única e irrepetible concebida para este icónico emplazamiento en la que tomarán parte artistas consagrados y nuevos talentos para celebrar el centenario de un momento histórico para este arte: su proyección definitiva hacia el gran público.
La historiografía del arte flamenco identifica el año 1926 como un punto de inflexión tectónico en la evolución de este género, marcando el inicio de su proyección definitiva hacia las masas y su consolidación como un fenómeno escénico de dimensiones globales.
En el centro de este huracán artístico se hallaba José Tejada Martín, universalmente conocido como Pepe Marchena, cuya actividad en torno a ese año no solo transformó la estética del cante, sino que alteró profundamente las estructuras económicas y sociales de la industria del espectáculo en España.
La relevancia de este periodo es tal que la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ha decidido dedicar su gala inaugural de 2026, titulada ‘El mundo por montera’, a la conmemoración de este centenario, coincidiendo simbólicamente con el 50.º aniversario del fallecimiento del maestro marchenero.
En este sentido, la gala, que cuenta con la dirección artística de Andrés Marín y Luis Ybarra, se concibe como una gran celebración colectiva para rendir homenaje a aquellas figuras pioneras que hace un siglo llevaron el flamenco a una dimensión popular y masiva.
El director de la Bienal y uno de los directores artísticos del espectáculo, Luis Ybarra, ha hecho hincapié en que “‘El mundo por montera’ no es un festival dentro de la plaza de toros, sino un espectáculo con un diseño y por un motivo concreto”.
Y es que, “un siglo después del apogeo de la Ópera Flamenca, cuando lo jondo se instaura en los cosos durante los años 20 de la mano de la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Manuel Vallejo y toda esa generación sublime, nuestra expresión artística vuelve a ocupar este lugar. Lo hace sin nostalgia, con figuras de hoy para revisitar un repertorio de una riqueza extraordinaria”.
De esta manera, “celebramos el centenario desde que el flamenco comienza a desarrollarse como arte escénico ante las masas. Contamos con artistas de enorme popularidad, artistas genuinos, de carácter fronterizo, también nuevos valores. Cante, baile, guitarra, música instrumental, tradición, vanguardia… Una radiografía breve de lo de hoy para echar la vista atrás y proyectarnos. La gala de la próxima edición de la Bienal será, espero, un acontecimiento para la ciudad”.
Así, la gala presentará un destacado elenco artístico que pone de manifiesto la diversidad del flamenco contemporáneo. En el cante participarán figuras como José Mercé, José de la Tomasa, Martirio, Arcángel, La Tremendita, Ángeles Toledano, El Perrete y Manuel de la Tomasa; acompañados por las guitarras de Manolo Franco, Alfredo Lagos y David de Arahal. También estarán presentes los saxofonistas Juan Jiménez y Alfonso Padilla, junto a la percusión y palmas de El Oruco, Abel Harana, Daniel Suárez y El Chupete. El baile correrá a cargo del Ballet Flamenco de Andalucía, con Patricia Guerrero.
Un siglo después, todos ellos festejarán ese lanzamiento masivo que vivió el flamenco en 1926, cuando Pepe Marchena entraba en los circuitos de la llamada Ópera Flamenca, Manuel Vallejo recibía la II Llave de Oro al Cante tras el triunfo de Manuel Centeno en la Copa Pavón, y la industria discográfica daba un salto decisivo con la llegada de las grabaciones eléctricas. Fue entonces cuando el flamenco salpicaba teatros, cines y plazas de toros, convertido en espectáculo de masas pero sin perder su pulso íntimo.
En ese contexto convivían maestros como Antonio Chacón o Manuel Torre con figuras decisivas del siglo XX como La Niña de los Peines, Vallejo, Marchena, Pepe Pinto o Ramón Montoya. Mientras los grandes formatos llenaban recintos, las tonás seguían sonando en espacios íntimos, sosteniendo el corazón jondo del arte. Aquella década supuso una explosión de creatividad, popularidad y mestizaje escénico que marcaría para siempre la historia del flamenco.
