En la primavera de 1763, un grupo de vecinos encabezado por Diego Villalón consiguió que la Justicia interviniera en una disputa que afectaba al corazón del poder local de Marchena: la elección y reelección del alcalde, el alguacil mayor, los regidores y otros responsables municipales bajo la autoridad del duque de Arcos.
La resolución tuvo consecuencias inmediatas. Un representante de la Justicia de Écija debía desplazarse a Marchena, examinar los libros del concejo y poner provisionalmente determinados empleos públicos en manos de personas que no tuvieran impedimentos legales. El alcalde ordinario, Antonio José de Paz, fue requerido además para comparecer ante el tribunal en un plazo de diez días, bajo una pena de 200 ducados.
No era todavía una sentencia definitiva, sino una medida provisional mientras se estudiaban las denuncias. Sin embargo, resultaba suficientemente grave como para alterar el gobierno cotidiano de la villa y obligar a la casa ducal a reaccionar.
Una batalla por el control del Ayuntamiento
Antonio José de Paz había sido alcalde en 1762 y volvió a ocupar el puesto en 1763. La documentación menciona también al alguacil mayor José de Layas y Guzmán y a distintos regidores y oficiales del concejo. Diego Villalón y sus compañeros cuestionaron aquellas designaciones y solicitaron que sus titulares fueran apartados.
En la Marchena del siglo XVIII no existían elecciones municipales como las actuales. La villa formaba parte del señorío de los duques de Arcos, y la casa ducal defendía como un derecho antiguo la facultad de escoger o confirmar a los hombres que ocupaban los principales oficios locales.
Los abogados del duque alegaron que aquella potestad se ejercía desde tiempo inmemorial. Sostenían además que la repetición de determinados nombres no respondía a una irregularidad, sino a la dificultad de encontrar suficientes personas de la «primera clase y distinción» para renovar anualmente todos los puestos.
Villalón y sus aliados entendían lo contrario: que la costumbre no podía utilizarse para mantener indefinidamente a las mismas personas ni para impedir que los nombramientos fueran revisados. Su recurso consiguió que una instancia superior entrara en una cuestión que la casa ducal consideraba parte de sus privilegios.
¿Por qué se peleaban por aquellos cargos?
Controlar el Ayuntamiento significaba intervenir en buena parte de la vida económica y social de Marchena. El concejo administraba impuestos, tierras, pastos, propiedades y recursos comunales; vigilaba las cuentas públicas y participaba en el mantenimiento del orden y en la justicia cotidiana.
Ser alcalde, alguacil o regidor proporcionaba autoridad, prestigio, información y capacidad para influir en decisiones que afectaban directamente a propietarios, arrendadores, comerciantes y trabajadores. La defensa de los responsables cuestionados llegó a presentar como prueba de su buena gestión la existencia de un importante sobrante en las cuentas municipales. La afirmación formaba parte de su argumentación y no debe confundirse con una auditoría independiente, pero permite comprender cuánto estaba en juego.
Los escritos conservados muestran también una lucha entre grupos locales. Cada parte acusó a la contraria de actuar por intereses particulares. Los defensores del duque hablaron de falsedades, calumnias y maniobras de facción. Los reclamantes denunciaron un sistema que favorecía la continuidad de los mismos hombres en los puestos principales.
Quién era el Diego Villalón de 1763
La documentación lo identifica como Diego Villalón, vecino de Marchena, acompañado por varios «consortes», término empleado para designar a quienes participaban junto a él en la reclamación. Por ahora, los papeles examinados no proporcionan su segundo apellido, su edad, su profesión ni el nombre de sus padres.
No parece, sin embargo, un vecino sin influencia. Para reunir apoyos, promover recursos y enfrentarse judicialmente a los representantes del duque necesitaba posición social, recursos económicos y conocimiento del funcionamiento municipal. Todo permite situarlo en el ambiente de las familias acomodadas que competían por el acceso al gobierno de la villa.
Los Villalón procedían de Morón de la Frontera y formaron parte de un entramado de familias hidalgas que fue extendiendo sus intereses hacia Marchena. A lo largo de los siglos XVIII y XIX aparecen miembros del linaje como propietarios, grandes contribuyentes y titulares de cargos municipales. Esta continuidad familiar ayuda a contextualizar al litigante de 1763, pero no permite asignarle automáticamente la biografía de otros hombres llamados Diego Villalón.
No era Diego Villalón Viaña
El personaje del pleito de 1763 no puede ser Diego José Villalón Viaña, nacido en Morón de la Frontera en 1782 y fallecido en Marchena en 1842. Villalón Viaña nació diecinueve años después del conflicto.
Las investigaciones de José Alcaide Villalobos permiten reconstruir con bastante precisión su trayectoria. Vivía en la calle del Estudio, poseía 16 hazas que sumaban alrededor de 300 fanegas y obtenía unas rentas anuales calculadas en 10.147 reales. En 1803 figuraba entre los vecinos reconocidos como hijosdalgo y pertenecía al reducido grupo de grandes propietarios y contribuyentes de la localidad.
Fue síndico personero del común en 1804. Dos años después, el duque lo designó regidor tercero, aunque consiguió ser exonerado alegando que estaba recién casado y que la legislación lo dispensaba temporalmente de aquellas cargas. Su esposa fue María de la Concepción Salgado.
Durante la crisis de 1808 fue convocado, como uno de los personajes principales de la villa, a la reunión celebrada tras conocerse el levantamiento contra los franceses. En aquella junta aparece también Diego Villalón Orbaneja, prueba de que en Marchena convivían por entonces dos hombres diferentes llamados Diego Villalón.
Del gobierno josefino al primer Ayuntamiento constitucional
La trayectoria de Villalón Viaña refleja las contradicciones de una época en la que las instituciones cambiaban con enorme rapidez. Durante la ocupación francesa fue teniente de la primera compañía de la Guardia Cívica y, en febrero de 1811, se incorporó como regidor a la Junta Municipal constituida bajo el gobierno josefino.
Tras la salida de los franceses dio un giro político decisivo. En las primeras elecciones municipales celebradas al amparo de la Constitución de 1812 fue elegido alcalde primero de Marchena. Formó parte también de la Diputación de Policía.
José Alcaide Villalobos destaca la paradoja: el hombre que recibió la vara del primer Ayuntamiento constitucional había ocupado poco antes puestos en las estructuras creadas durante la ocupación. Aquello no fue necesariamente una excepción. Una parte de la élite local conservó su influencia adaptándose a los sucesivos cambios de régimen.
Villalón Viaña volvió al primer plano durante el Trienio Liberal. Elegido para la alcaldía, tomó posesión como alcalde de primer voto el 1 de enero de 1822. Desde el cargo propuso ordenar la recaudación municipal, dividir a los propietarios en siete clases según su riqueza y reorganizar la venta de productos como el vino, el aguardiente, el aceite, el vinagre y la carne para combatir el fraude.
En 1832 reapareció como regidor primero decano y diputado de Hacienda. Su trayectoria permite observar cómo una familia vinculada durante generaciones a la propiedad y al concejo mantuvo su presencia desde el final del régimen señorial hasta el nacimiento del Ayuntamiento constitucional.
El manuscrito de Diego María Villalón Villalón
La continuidad del apellido llega hasta Diego María Villalón Villalón, autor en 1886 de Apuntes que comprenden las noticias más importantes sobre el origen, vicisitudes y cosas más notables de la villa de Marchena.
El manuscrito reúne noticias sobre la historia, las iglesias, las hermandades, las devociones y la vida cotidiana de Marchena. Su transcripción y estudio fueron realizados por Manuel Antonio Ramos Suárez, y la obra ha quedado incorporada al catálogo de la Universidad de Sevilla y a los repertorios académicos de publicaciones históricas.
Diego María pertenecía al mismo universo social de los Villalón presentes en la vida pública marchenera, pero las fuentes consultadas hasta ahora no permiten asegurar qué relación genealógica directa lo unía al litigante de 1763. La repetición de nombres y apellidos en distintas generaciones aconseja no construir una genealogía únicamente por coincidencias nominales.
También debe diferenciarse de Diego María Villalón Orbaneja, nacido en 1761, perteneciente a otra generación del linaje. La existencia de varios Diego y Diego María Villalón explica muchas de las confusiones acumuladas en publicaciones y árboles familiares.
La posible conexión con el niño muerto en 1714
El apellido abre otra línea de investigación. Una carta de la Inquisición de Sevilla informó de las pesquisas realizadas tras la aparición, el 26 de diciembre de 1714, del cuerpo de un niño llamado Diego Bohórquez junto al convento de San Francisco de Marchena. Era hijo de Juan Bohórquez Villalón, miembro de una familia hidalga originaria de Morón.
Las sospechas recayeron sobre varias personas acusadas de judaizar, algunas vinculadas al entorno administrativo del duque. Sin embargo, la existencia de una investigación y de acusaciones no demuestra que los señalados asesinaran al niño. El episodio debe interpretarse dentro de un clima de rivalidad local, rumores y fuerte antijudaísmo, cuando la muerte de un menor podía convertirse en un arma contra personas señaladas como conversas.
La presencia del apellido compuesto Bohórquez Villalón demuestra que ambos linajes estaban relacionados. Es posible que el Diego Villalón que litigó en 1763 perteneciera al mismo entramado familiar, pero todavía no conocemos su filiación. Entre el episodio del niño y el pleito municipal transcurrieron casi cincuenta años; cualquier parentesco concreto —tío, primo, sobrino o descendiente— necesita una partida sacramental, un testamento o una escritura que lo demuestre.
Lo que sí puede afirmarse
Los documentos revelan la prolongada presencia de una familia de origen moronense en la vida política y patrimonial de Marchena. Un Diego Villalón desafió en 1763 los nombramientos respaldados por el duque; Diego Villalón Viaña atravesó la ocupación francesa y se convirtió después en alcalde constitucional; y Diego María Villalón Villalón dejó en 1886 un manuscrito dedicado a conservar la memoria histórica de la villa.
No sabemos todavía si entre los tres existió una línea directa de padres, hijos y nietos. Sí sabemos que el apellido aparece durante generaciones alrededor de la propiedad, el Ayuntamiento y la escritura de la historia local.
Los papeles del pleito tampoco contienen la sentencia definitiva. Lo que prueban es que Villalón y sus compañeros consiguieron una intervención judicial, el examen de los libros municipales y el apartamiento provisional de determinados responsables. La casa ducal respondió defendiendo sus privilegios y reclamando que sus nombrados continuaran en los puestos mientras se resolvía el proceso.
Durante unos meses, el gobierno municipal de Marchena dejó de ser una tranquila sucesión de nombres escogidos bajo la autoridad señorial. El Ayuntamiento tuvo que abrir sus libros, sus responsables debieron justificarse y un grupo de vecinos llevó ante la Justicia una pregunta que continúa resultando cercana: quién debía controlar el poder local y en beneficio de quién debía ejercerse.
Fuentes consultadas
- PARES: Testimonio de varios autos sobre las elecciones de cargos públicos en Marchena, Archivo Histórico de la Nobleza, fondo Osuna.
- José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Marchena 1800-1833, tomo I.
- José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo. Marchena 1800-1833, tomo II.
- Diego María Villalón Villalón, Apuntes que comprenden las noticias más importantes sobre el origen, vicisitudes y cosas más notables de la villa de Marchena, manuscrito de 1886, transcripción y estudio de Manuel Antonio Ramos Suárez.
- Antonio Domínguez Ortiz, referencia a la carta de la Inquisición de Sevilla sobre las pesquisas de 1714, AHN, Inquisición, legajo 3027.
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