Cinco músicos de entre 18 y 19 años han puesto en marcha una nueva banda local que mezcla rock urbano, punk y noise. Su primer concierto, celebrado entre amigos alrededor de una hoguera, dejó claro que vienen dispuestos a hacer ruido y a reivindicar una escena joven que consideran prácticamente inexistente.
Marchena vuelve a tener una banda de rock nacida desde abajo, desde los ensayos, las guitarras, las influencias compartidas y esas primeras actuaciones en las que importa mucho más tocar que el tamaño del escenario. Se llaman Los Marroños y su estreno en directo difícilmente podría haber tenido una escenografía más propia del espíritu del grupo: una nave, una hoguera, amigos alrededor y un viento que acabó convirtiéndose casi en un miembro más de la banda.

Fue su primer concierto y ellos mismos lo describen como algo cercano a una reunión familiar. Nada de grandes focos ni escenarios elevados. El estreno tuvo lugar en lo que llaman “la nave del Tito”, donde la música terminó encontrándose con una noche de convivencia improvisada.
“Nos pusieron aquí una hoguera, nos pusimos todos a beber”, recuerdan entre risas al hablar de aquel debut.
Detrás de Los Marroños hay cinco jóvenes músicos: Antonio Manuel Castillo, voz principal; Jesús Andrés, guitarra; Juan de Dios Pruna, batería; Jesse Pérez, bajo, y Paul Kęsikowski, guitarra.
Todos se mueven en torno a los 18 y 19 años, un dato que para ellos no es menor. En un momento en que buena parte del rock español continúa sostenido por generaciones que comenzaron hace décadas, Los Marroños reivindican precisamente la ausencia de bandas de su edad.
“Somos la única generación, la única generación de bandas con nuestra edad”, afirman.
Y cuando se les pregunta si hablan únicamente de Marchena, responden elevando inmediatamente la apuesta: “¿De Marchena? De Andalucía y de España entera”.
Más allá de la provocación juvenil que pueda haber en la frase, detrás aparece una realidad interesante: la voluntad de un grupo de músicos muy jóvenes de recuperar la formación clásica de banda —voz, guitarras, bajo y batería— en una época dominada en buena medida por la producción electrónica, los artistas individuales y los sonidos urbanos digitales.

Entre Nirvana, Marea, Mägo de Oz
Definir exactamente qué hacen Los Marroños tampoco parece sencillo, ni siquiera para ellos mismos. Su sonido bebe del rock urbano, del punk y de una cierta voluntad de llevar las canciones hasta el ruido.
Uno de los integrantes lo resume con naturalidad: “Nos despertamos un día y dijimos: ‘vamos a hacer otra cosa’ y tocamos… bueno… hacemos noise. Puro rock”.
Sus referentes ayudan a entender esa mezcla generacional. El batería Juan de Dios Pruna mira directamente hacia uno de los nombres esenciales del rock alternativo de las últimas décadas.
“Dave Grohl es un referente tocho… el cantante de Foo Fighters y batería de Nirvana”, explica.
El guitarrista Jesús Andrés también comenzó acercándose a Nirvana, aunque su evolución musical terminó llevándolo hacia el rock urbano español.
“La primera canción que me aprendí es de Nirvana, de Kurt Cobain. Pero ahora ya he pillado un poco más de nivel, yo estoy con Marea a full”.
El contraste llega cuando habla Antonio Manuel Castillo, vocalista del grupo, que no tiene ningún inconveniente en reconocer una influencia mucho menos previsible.
“Yo soy muy sincero, mi referente no tiene nada que ver con lo que canto ahora, pero fueron Las Ketchup”, confiesa.
Después llegaron otros sonidos. “Uno de mis referentes en este tipo de música es, sin duda, Z de Mägo de Oz”.
En la conversación aparecen igualmente grupos más próximos a las nuevas generaciones del rock estatal, con referencias a El Imperio del Perro o Viva Belgrado, dibujando un mapa musical considerablemente más amplio que el de una banda encasillada únicamente en el rock urbano tradicional.
Tocar por el placer de tocar
De momento no hablan de carreras discográficas ni de grandes planes. La respuesta a por qué hacen música es mucho más sencilla: “para divertirnos”.
Pero mientras se divierten están construyendo repertorio. Entre las próximas canciones que quieren llevar a su terreno aparecen nombres muy diferentes entre sí.
“Queremos meter algo de Silvio, de Joaquín Sabina…”, adelantan.
La referencia a Silvio, figura inclasificable del rock sevillano, resulta especialmente significativa para una banda andaluza joven que empieza a buscar su propio lenguaje entre las influencias internacionales y la tradición rockera más cercana.
Y si algo quedó claro durante la conversación con Los Marroños es que el sentido del humor forma parte de su identidad casi tanto como las guitarras.
A la hora de ofrecerse para futuros conciertos, amplían considerablemente el mercado habitual de cualquier grupo musical:
“Estamos disponibles para ferias, bautizos, comuniones, bodas… y divorcios”.
La explicación llega inmediatamente: “A los divorcios habría que celebrarlos ya, porque hay tantos…”.
Una petición para el segundo concierto: techo
Después del estreno, hay sin embargo una condición que todos parecen tener mucho más clara.
La primera experiencia al aire libre estuvo acompañada por un viento persistente que convirtió el concierto en algo bastante más complicado de lo previsto. Por eso, cuando se habla de dónde les gustaría volver a tocar, prácticamente no dudan.
“Por favor, un concierto en sala, Dios mío. No aguanto más el viento, por favor. En un sitio cerrado”, exclaman entre risas.
Quizá ese sea precisamente el siguiente capítulo.
Por ahora, Los Marroños ya han conseguido algo que para cualquier banda es decisivo: dejar de ser únicamente un grupo que ensaya para convertirse en un grupo que ya ha subido a tocar delante de gente.
Lo hicieron sin gran escenario, alrededor de una hoguera, rodeados de amigos y peleándose con el viento. Una escena bastante alejada de cualquier lanzamiento cuidadosamente calculado y, probablemente por eso, mucho más cercana al lugar del que históricamente ha nacido el rock.
En Marchena vuelven a sonar guitarras tocadas por músicos que apenas han llegado a los veinte años. Y Los Marroños tienen claro que no quieren ser los últimos.
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