La Policia Local de Marchena ha intervenido hoy en una fiesta de cumpleañosen la que participaban trece personas celebrabándose en una nave de nuestra localidad. Cuando llegó la Policía, seis de ellos se habían escondido en una carreta.
Durante la noche de este sábado la Policía Local ha intervenido en una fiesta de cumpleaños que se celebraba en una nave, encontrándose 13 personas reunidas, todas ellas mayores de edad y no convivientes que incumplían las medidas de seguridad establecidas por el Gobierno, motivo por el que han sido propuestos para sanción por la Subdelegación del Gobierno de Sevilla.
A la llegada de los agentes, seis de los 13 se encontraban escondidos en una carreta que se encontraba en el interior de la nave.
La Policia Local recuerda que seguimos en Fase 1 con una serie de medidas que se deben cumplir para evitar la propagación y exposición al virus COVID-19.
Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas
No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.
El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.
Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.
De Castilla y Portugal a la Toscana
La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.
La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.
Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.
Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.
Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.
Los hermanos de Marruecos
La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.
El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.
Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.
Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.
El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.
El sueño atlántico de los Médici
Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.
Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.
Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.
Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.
No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.
Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia
La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.
Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.
Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.
La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.
Una familia convertida en embajada
La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.
Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.
La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.
Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.
¿Procedían de la villa de Marchena?
El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?
Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.
La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.
Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.
Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.
El rodaje de Antonia ha llevado las cámaras al Palacio Ducal de Marchena, mientras Netflix reconstruye el caso de Marta del Castillo y Karra Elejalde rueda en Espartinas una historia sobre la brecha digital
Durante unas horas, el Palacio Ducal de Marchena dejó de ser únicamente uno de los grandes espacios históricos de la Campiña sevillana. Los técnicos desplegaron sus equipos, los intérpretes vistieron ropas de otra época y el entorno del convento de Santa María volvió a parecerse a la Andalucía de hace casi un siglo. La transformación se produjo los días 6 y 7 de julio, cuando el municipio acogió parte del rodaje de Antonia, el primer largometraje de ficción escrito y dirigido por la cineasta malagueña Toñi Martín.
Marchena forma parte de un mapa audiovisual que este verano se extiende por buena parte de la provincia de Sevilla. La Campiña, el Aljarafe y la propia capital acogen actualmente o han acogido durante las últimas semanas tres producciones confirmadas: Antonia, la miniserie de Netflix En el nombre de Marta y el largometraje Mi vecino Fermín. Son proyectos muy diferentes, pero comparten una misma decisión: utilizar calles, edificios y paisajes sevillanos como parte esencial de sus historias.
Antonia: la memoria familiar entra en el Palacio Ducal de Marchena
El rodaje de Antonia comenzó a mediados de junio y se desarrolla durante junio y julio en Utrera, Carmona, Marchena, Mairena del Alcor y Sevilla capital. La Junta de Andalucía confirma que se trata de una producción de Womack Studios que recibió apoyo público dentro de la convocatoria destinada a nuevos realizadores.
La película sigue a Soledad, una mujer que, después de atravesar una crisis personal, comienza a investigar la historia de su familia. Esa búsqueda la conduce hasta Antonia, una figura misteriosa relacionada con la Guerra Civil, el exilio republicano en México y las heridas emocionales transmitidas entre distintas generaciones. La narración se mueve entre la Andalucía de los años treinta y el presente, abordando la memoria histórica, los vínculos familiares y la salud mental.
El reparto está encabezado por Nadia de Santiago y Anaïs Bleda, acompañadas por nombres de larga trayectoria como Mercedes Sampietro, Pedro Casablanc, Mercedes Hoyos y Antonio Dechent.
La presencia de la producción en Marchena tuvo un significado especial. Las cámaras trabajaron en el Palacio Ducal y en el entorno del convento de Santa María, dos espacios capaces de conservar en sus muros una apariencia difícil de reproducir mediante decorados. La fase marchenera ya ha concluido, aunque el rodaje general de la película continúa durante julio por otros puntos de la provincia.
El paso de Antonia demuestra que el patrimonio de Marchena no solo posee interés histórico o turístico. Sus conventos, calles y restos del antiguo recinto ducal constituyen también una localización cinematográfica con capacidad para recrear distintas épocas. Cada rodaje abre, además, una oportunidad para que el nombre del municipio aparezca ligado a una producción cultural de alcance nacional.
Netflix reconstruye en Sevilla el caso de Marta del Castillo
La producción de mayor duración es En el nombre de Marta, la miniserie de Netflix inspirada en la desaparición de Marta del Castillo. El rodaje comenzó oficialmente en abril y está previsto que continúe hasta agosto de 2026, por lo que sigue siendo una de las principales grabaciones activas en la provincia.
Netflix ha planteado el proyecto como una ficción de seis episodios, producida por Bambú Producciones, responsable de El caso Asunta, en colaboración con la compañía sevillana La Claqueta PC. La producción cuenta con el apoyo de la familia de Marta y pretende reconstruir los acontecimientos posteriores a su desaparición, las contradicciones de los implicados, la investigación, el juicio mediático y la búsqueda del cuerpo.
El reparto reúne a Blanca Portillo, Vicente Romero, Verónica Sánchez, María León, Paco Tous y Hugo Welzel. La dirección está repartida entre Carlos Sedes, Laura Alvea y José Ortuño, mientras el equipo de creación y guion incluye a Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, Curro Serrano y David Orea Arribas.
Además de Sevilla capital, la miniserie ha pasado por varios municipios. En Utrera, por ejemplo, se rodó durante varias jornadas de mayo en las calles Fuente Vieja, Constitución y Ruiz Gijón. El dispositivo movilizó aproximadamente a 90 profesionales y 15 vehículos, una cifra que permite comprender la logística y el movimiento económico que una producción de estas características genera en cada localidad.
También se han documentado grabaciones en Los Molares, confirmando que la serie no utiliza únicamente los espacios más reconocibles de la capital, sino también localidades capaces de reproducir barrios, calles y ambientes de la Sevilla de 2009.
El proyecto obliga a mantener un difícil equilibrio. No se trata de una historia lejana ni de una ficción completamente inventada, sino de un caso que continúa abierto emocionalmente para la familia y para buena parte de la sociedad sevillana. Netflix asegura que el relato se centrará especialmente en la lucha de los familiares y en el impacto social y mediático de la desaparición.
Karra Elejalde rueda Mi vecino Fermín en Espartinas
Mientras Antonia avanza por la Campiña y Netflix continúa su producción, el Aljarafe se ha incorporado al mapa con Mi vecino Fermín. El Ayuntamiento de Espartinas confirmó el 9 de julio que el municipio acogía el rodaje del primer largometraje de ficción dirigido por Vladimir Ráez y Fali Álvarez.
La película está protagonizada por Karra Elejalde, ganador de dos premios Goya, junto a Emilio Palacios y Cinta Ramírez. La producción corre a cargo de Plano Subjetivo, Spal Films y Guepaki México, con la participación del productor coprotagonista Eduardo Zafra y la colaboración de Canal Sur y la Junta de Andalucía.
La historia reúne a Fermín, un hombre mayor que vive alejado del mundo digital, y Alexander, un joven informático que contempla la realidad a través de las pantallas. Cuando Fermín intenta utilizar Internet para encontrar a una hija a la que no ve desde hace décadas, acaba siendo víctima de una estafa. La búsqueda del responsable servirá para hablar de la soledad, el uso de los datos personales, las estafas digitales y la distancia que separa a dos generaciones obligadas a entenderse.
El rodaje se desarrolla entre las provincias de Sevilla y Málaga, aunque Espartinas ocupa un lugar relevante en una producción que también conecta con el tejido audiovisual local.
Marchena cuenta este verano con una Escuela de Artes dirigida a niños y niñas de entre 6 y 14 años. La actividad comenzó el pasado 6 de julio y se prolongará hasta el 18 de agosto, con sesiones dedicadas al aprendizaje y la experimentación mediante la pintura y el dibujo.
El taller se desarrolla en el número 36 de la calle San Francisco, los lunes y martes, en horario de 10.00 a 12.30 horas. La programación incluye la creación de dibujos originales, la elaboración de cuadros con pintura acrílica y distintos juegos y ejercicios relacionados con el mundo del arte.
La propuesta busca ofrecer una alternativa creativa para las vacaciones escolares, permitiendo que los participantes conozcan diferentes técnicas plásticas mientras desarrollan su imaginación y su capacidad de expresión.
Según la información difundida en el cartel anunciador, el periodo inicial de inscripción permaneció abierto hasta el 30 de junio. Las familias interesadas en conocer si quedan plazas disponibles deberán contactar directamente con la organización del taller.
Los trabajos arqueológicos desarrollados durante el último año en la antigua Alcazaba de Osuna han permitido documentar estructuras pertenecientes a distintas etapas históricas, desde la fortificación islámica hasta el antiguo Alcázar y el Palacio Ducal.
La intervención forma parte del Plan de Sostenibilidad Turística impulsado por el Ayuntamiento de Osuna y ha contado con una inversión cercana a los 250.000 euros. Según los datos difundidos por el Consistorio, los trabajos han permitido además la contratación de 14 personas, la mayoría procedentes del municipio.
El arqueólogo municipal, Juan Antonio Pérez Rangel, ha explicado que esta primera campaña confirma el importante potencial arqueológico del enclave. Los restos localizados permiten avanzar en el conocimiento de la evolución histórica de la zona y establecer una base documental para futuras excavaciones.
El objetivo municipal es continuar las investigaciones y avanzar en la creación de un futuro Parque Arqueológico de la Alcazaba. Para ello será necesario ampliar las campañas de excavación, completar la datación de las estructuras y asegurar nuevas vías de financiación.
En los últimos tres años, el Ayuntamiento de Osuna asegura haber destinado más de 2,5 millones de euros a distintos proyectos de recuperación patrimonial. Entre las actuaciones citadas se encuentran la rehabilitación de la Universidad de Osuna, la recuperación de la cripta del Convento de San Francisco, el Centro de Innovación Turística de la Plaza Mayor, la restauración de la Antigua Audiencia, las Caballerizas y la rehabilitación del Museo de Osuna.
El Consistorio también mantiene su interés en continuar la investigación del yacimiento púnico-fenicio localizado en el municipio, actualmente cubierto, sobre el que se encuentra a la espera de una respuesta de la Junta de Andalucía.
La campaña de la Alcazaba supone, por tanto, una primera aproximación arqueológica a uno de los espacios históricos más relevantes de Osuna. Los resultados obtenidos confirman la superposición de distintas fases constructivas y refuerzan la necesidad de nuevas intervenciones para conocer con mayor precisión la evolución del recinto.
La Hermandad Filial de Sevilla de la Virgen de la Sierra celebrará a partir del próximo 8 de agosto la séptima edición de su Peregrinación Nocturna Solidaria, un recorrido de varios días que unirá la parroquia de San Roque de Sevilla con el Santuario de María Santísima de la Sierra, situado en Cabra, Córdoba.
El itinerario anunciado por la organización atravesará distintos municipios de las provincias de Sevilla y Córdoba y tendrá en Marchena uno de sus principales puntos de paso. Según el recorrido difundido, los peregrinos llegarán a la localidad tras atravesar Mairena del Alcor y continuarán posteriormente hacia Lantejuela, El Rubio, Marinaleda, Matarredonda, Herrera, Puente Genil, Monturque y Cabra.
La expedición partirá desde Sevilla y concluirá en el santuario egabrense, situado a unos 1.223 metros de altitud, donde los participantes se sumarán a la tradicional Romería de Votos y Promesas en honor de la Virgen de la Sierra.
Marchena, parada en un camino de varios días
La presencia de Marchena en el itinerario permitirá contemplar el paso de los peregrinos por la Campiña sevillana durante una marcha que combina desplazamientos nocturnos, convivencia y actos religiosos. La organización todavía no ha facilitado públicamente el horario exacto de llegada o salida desde Marchena, por lo que las personas interesadas deberán consultar las actualizaciones de la hermandad.
La convocatoria está organizada por la Hermandad Filial de Sevilla de la Virgen de la Sierra, corporación con sede en la parroquia sevillana de San Roque y vinculada a la devoción a la patrona de Cabra.
Kilómetros destinados a investigar el cáncer infantil
La principal novedad de esta edición será su carácter solidario. La peregrinación colaborará con el proyecto Tus Kilómetros Nos Dan Vida, iniciativa que recauda fondos para la investigación del cáncer infantil a través de la Fundación de la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas.
El proyecto nació en 2013, impulsado por profesionales de Oncología Pediátrica del Hospital Universitario Virgen del Rocío y familiares de menores en tratamiento. Sus aportaciones se destinan a la investigación oncológica pediátrica, al Registro Nacional de Tumores Infantiles, a becas científicas y a la participación de pacientes en protocolos y ensayos clínicos. La iniciativa había superado en 2025 el millón de euros recaudado.
Además de participar caminando, se podrá colaborar mediante un dorsal solidario, destinado a quienes quieran aportar fondos sin completar la peregrinación.
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