Historia
El origen de la devoción carmelita en Israel
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2 años agoon
Los marineros confiaban su rumbo a las estrellas, de aquí la analogía con la Virgen del Carmen. Los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo en la invasión turca. La leyenda dice que antes de partir se les apareció la Virgen y ella prometió ser su Estrella del Mar.
El nombre de Carmen, significa «jardín» o «viñedos de Dios» del hebreo Karem o Karmel en árabe y viene del Monte Carmelo una cordillera de 20 km. junto al puerto Mediterráneo de Haifa, Israel, lugar sagrado para cristianos judíos, musulmanes.
El profeta Elías vivía en una gruta del Monte Carmelo que hoy es una pequeña sinagoga. En este lugar, el profeta Elías se enfrentó a los sacerdotes del dios fenicio Baal cuyas súplicas de lluvia no tuvieron respuesta mientras que a las peticiones de lluvia de Elías siguió una gran lluvia que puso fin a la sequía. Estas cuevas sirvieron de refugio para los Esenios en tiempos de Jesús.
En el Monte Carmelo está la sede mundial de los carmelitas llamado monasterio Stella Maris, cuyo altar mayor se ubica sobre la tumba del profeta Elías, uno de los más famosos del antiguo testamento y de los principales para el pueblo judío.
Tumba del profeta Elias.
Cada 20 de julio se reúne en el Monte Carmelo una gran multitud de devotos de Elías: cristianos, judíos y musulmanes que suben allí para cumplir sus votos, y presentar a sus niños al bautismo y sobre todo para cantar y danzar en honor del profeta.
El Monte Carmelo es considerado sagrado y está declarado Patrimonio de la Humanidad por su diversidad biológica con cavernas donde se pueden encontrar restos arqueológicos de la prehistoria, con yacimientos de neandertales de 600.000 años.
Virgen del Carmen en el monasterio de Haifa.
Donde se apareció la Virgen del Carmen, se fundó la orden y el primer monasterio carmelita. Inspirados en el profeta Elías, durante el siglo XII, un grupo de ermitaños se instaló en el Monte Carmelo y fundó la Orden de los Carmelitas.
Monte Carmelo en Israel.
La Virgen del Carmen también es llamada Estrella del Mar (Stella Maris) y es patrona de los marineros. La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa, y por España y Portugal a Iberoamérica, a partir del siglo XVI. El santuario de Stella Maris en el Monte Carmelo de Haifa, fue destruído por los turcos y reconstruido en el XIX.
Los marineros confiaban su rumbo a las estrellas, de aquí la analogía con la Virgen del Carmen. Los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo en la invasión turca. La leyenda dice que antes de partir se les apareció la Virgen y ella prometió ser su Estrella del Mar ya que el Monte Carmelo se alza junto al mar.
El Santuario y las terrazas del Bab de la religión drusa es la estampa más hermosas que ofrece el Monte Carmelo. El Santurario del Bab es un palacio blanco octogonal con cubierta de cúpula dorada de 11 metros de altura y unos jardines espectaculares que van del mar a la montaña.
EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN
Según la tradición la Virgen se apareció a Simón en Cambridge, el 16 de julio de 1251, y le dio el escapulario quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno por lo que esta Virgen aparece en los altares de Animas.
La Virgen del Carmen, vinculada por el privilegio sabatino al Purgatorio, desciende sobre nubes en socorro de las Animas, mostrando, con frecuencia, los instrumentos de devoción que los fieles utilizaron en vida: rosario, escapulario, cordón franciscano, etc.
La fiesta litúrgica del Nuestra Señora del Monte Carmelo, el 16 de julio, se asocia popularmente a la devoción al Escapulario.
Cuando los carmelitas volvieron a Europa, a mediados del siglo XIII y se convirtieron en una orden de frailes mendicantes adoptaron un nuevo hábito que incluía la túnica marrón anudada a la cintura, escapulario marrón, capucha y capa blanca.
El Cristo de las Ánimas, la Virgen del Carmen y San Miguel por distintos motivos se convierten en devociones asociadas a las Animas.
El Monte Carmelo de Israel es una cordillera de 20 kilometros que llega al borde del mar.
Las hermandades de Animas que nacen en Sevilla en el XVI, (1528) se encargaban de enterrar a los difuntos pobres, para lo que disponían del ajuar correspondiente (paño mortuorio, candelabros, cirios, crucifijo), de bóveda y de dinero para que se desarrollara el sepelio con la máxima dignidad. Además organizaba cultos, preparaba los oficios de difuntos y los toques de Animas al atardecer.
En el XVIII las hermandades de Animas organizaban peticiones de limosnas por las calles acompañados de canticos populares.
«Yten, que sean obligados todos los hermanos los lunes de cada semana a estar en la missa que por las Ánimas de Purgatorio se dize y assí mismo aconpañen la processión con sus lumbres encendidas». Regla de Animas de San Miguel.
Además pedía limosna por las calles, la «limosna de Animas»; el encargado de este cometido era Sebastián de Alcalá desde 1724. En 1729 las hermandades de Animas y Sacramentales, inician autos para limitar que el resto de hermandades pidieran limosna callejera.
«Yten, en la Octaua de Todos Sanctos sean obligados a hazer una fiesta por las Ánimas de Purgatorio, diziendo su missa con ministros y sermón e se pague de la Hermandad». Reglas de Animas de San Juan.
Juan Ternero Olmo, fundó la hermandad de la Virgen del Carmen de San Sebastián y su tumba está desde 1866 en una cripta ante el altar de la Virgen, junto a la de su mujer, hijos y otros descendientes.
La Virgen del Carmen es una talla de gran valor artístico firmanda en su pecho por Manuel Gutiérrez Cano, quien también es autor de la Virgen de Las Lágrimas de Jesus Nazareno, hecha en 1860.
Carmen fue el nombre de la mayoría de las mujeres de la familia propietaria de la imagen pero además es la patrona de los marineros, como Luis Pérez de Vargas Díez de la Cortina, Marqués de Castellón, casado con Maria Gracia Ternero Ibarra (hija de Juan Ternero Benjumea y Carmen Ibarra Benjumea) y enterrado en la cripta bajo la Virgen del Carmen cuya hija y sucesora fue Cayetana Pérez de Vargas Ternero, muerta en 1937. La Virgen del Carmen de San Sebastián luce la mantilla de Cayetana Pérez de Vargas Ternero.
Luis Pérez de Vargas, perteneciente a una larga saga de marinos, dio la vuelta al mundo como marino de guerra, estuvo en China, Cuba y Filipinas. Después de casarse en Marchena viajó a Cuba con su esposa, adonde llevó todo su séquito. Murió en Marchena con 40 años después de contraer la epidemia de la fiebre amarilla en sus vajes por el mundo.Los tesoros que traía de los países que visitaba los guardaba en baúles en su casa Palacio, hoy Peña Bética.
Historia
Toros por el Corpus, el patrón y la patrona: cinco siglos de historia taurina de Marchena
Dos carteles de 1908 y 1910 recuperan los toros por la Virgen del Rosario y San Sebastián. Un recorrido desde las noticias de 1504 y el Corpus de 1656 hasta las plazas posteriores.
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11 horas agoon
6 noviembre, 2026
El Corpus, San Sebastián y la Virgen del Rosario tuvieron toros en la Marchena de otros tiempos. Dos carteles anuncian novilladas para las fiestas de la patrona en 1908 y del patrón en 1910; los reportajes históricos de Marchena Secreta recogen, además, festejos del Corpus en 1656 y noticias taurinas desde 1504. Entre esos documentos aparece una historia de más de cinco siglos, con la Plaza Ducal como uno de sus grandes escenarios.
Una peseta por un palco. Setenta y cinco céntimos por una localidad de sol y sombra. Dos novillos-toros y una cita en pleno enero, cuando Marchena celebraba a San Sebastián. El cartel de 1910 devuelve una imagen poco habitual del calendario local: el patrón también podía festejarse con toros. Otro anuncio, fechado en octubre de 1908, vincula expresamente una novillada con la Virgen del Rosario, a la que identifica como patrona de la población.
Las fotografías de estas reproducciones, aportadas a Marchena Secreta, permiten leer nombres, ganaderías, precios y condiciones. Son pequeñas piezas de historia social: hablan de quienes salían al ruedo, de quienes pagaban por mirar y de una forma de celebrar en la que la función religiosa y el espectáculo público podían compartir fecha.
El recorrido exige distinguir épocas y espacios. Los carteles de 1908 y 1910 dicen «Plaza de toros de Marchena», pero no identifican en su texto visible la Plaza Ducal. Tampoco un anuncio acredita por sí solo que el festejo llegara a celebrarse en todas las condiciones previstas. Lo que sí prueba es su programación y la relación explícita con aquellas festividades.
San Sebastián de 1910: una novedad taurina para el patrón
El cartel del jueves 20 de enero de 1910 presenta la corrida como una «Gran novedad taurina» y afirma que es la primera vez que Marchena festeja de esa manera a su patrono. Esa frase importa: documenta una iniciativa concreta, sin permitir convertirla en una costumbre anual ininterrumpida.
El programa anuncia dos novillos-toros de muerte de la ganadería de Luis Gamero Cívico, antes de Torres Cortina. Los espadas son Manuel Jiménez, «Pastor», y Luis Muñoz, «Marchenero». Bajo los nombres principales aparece la cuadrilla, con picadores, banderilleros y un puntillero. Entre los banderilleros figura José Ayora, «Catano», identificado como vecino de Marchena.

Las localidades se ofrecen a una peseta el palco y a 75 céntimos sol y sombra. También se anuncian medias entradas para señoras y niños menores de diez años, a 40 céntimos en sol y sombra. La apertura de la plaza estaba prevista a la una y el comienzo a las tres.
La fórmula «si el tiempo no lo impide» recuerda la fragilidad de un espectáculo al aire libre en enero. En el mismo panel fotografiado, junto al cartel, se reproduce un texto titulado «La fiesta del Santo Patrón». La proximidad visual de ambos documentos permite acercarse a las distintas caras de la celebración, aunque la fotografía no ofrece los datos completos de la publicación que los reunió.
La Virgen del Rosario de 1908: la última novillada de la temporada
El segundo cartel anuncia una corrida de novillos para el 4 de octubre de 1908, «festividad de la Virgen del Rosario, patrona de esta población». Conviene conservar la advocación exacta del documento: se refiere al Rosario y a esa fecha de octubre.
Se presenta como la última corrida de la temporada. El ganado anunciado son tres novillos de José Escribano, vecino de Castilblanco. En el cartel aparecen Luis Muñoz, «El Marchenero»; Manuel Morales, «Cara-Ancha»; y Francisco Martínez, «Chispa de Triana».

El programa vuelve a mostrar a José Ayora, «Catano», entre los banderilleros, y anuncia una banda de música para amenizar el espectáculo. La repetición de nombres entre ambos carteles permite reconocer profesionales que regresaban a la programación local. Luis Muñoz ocupa un lugar destacado en los dos anuncios, con su identificación taurina ligada al nombre de Marchena.
El impreso de 1908 fija la apertura de puertas a las tres y el comienzo a las cuatro y media. También distribuye al público por precios: palco con entrada a 1,25 pesetas, sombra a una peseta y sol a 60 céntimos. El espacio del espectáculo se organizaba, por tanto, mediante una economía de localidades y categorías que el cartel hacía visible antes de entrar.
El Corpus también tuvo toros: la noticia de 1656
Mucho antes de esas novilladas, el Corpus había incorporado festejos taurinos. El reportaje «El Corpus barroco de Marchena, cuando la villa entera se convertía en escenario» recoge una corrida vinculada a la celebración de 1656.
La referencia debe situarse dentro de una fiesta que reunía procesión, música, danzas, representaciones y luminarias. El espectáculo taurino era una parte de un programa público más amplio. El estudio de Ramón Ramos Alfonso, La fiesta del Corpus en la Marchena barroca, forma parte de las XII Jornadas sobre Historia de Marchena y está recogido en el fondo local de la biblioteca municipal.
Para el lector actual, la combinación puede resultar extraña. En aquel contexto, la solemnidad religiosa y las diversiones colectivas compartían el calendario y el espacio urbano. No todo tenía lugar en la procesión ni todas las actividades cumplían la misma función: unas expresaban devoción, otras ofrecían entretenimiento y otras exhibían la capacidad de organización de las autoridades.
1504: una historia que supera los cinco siglos
La investigación publicada en «La Plaza Ducal de Marchena: una historia muy taurina» sitúa en 1504 un pago del duque de Arcos por un toro corrido en Marchena y por los desperfectos ocasionados. Es el antecedente más antiguo que recoge ese reportaje y permite hablar de más de quinientos años de noticias taurinas en la localidad.
El mismo trabajo reúne pagos de 1540 por carreras y garrochas para la lidia, compras de garrochas en 1549 y referencias de 1576 al traslado de cuatro toros desde Lora y al pago de un corral para encerrarlos. En 1600 recoge otro pago por dos toros corridos con garrocha por el duque.
Son indicios de la organización material de los festejos: adquirir o trasladar animales, disponer de recintos, preparar útiles y atender gastos. Hablar de una historia de cinco siglos significa enlazar testimonios de momentos diferentes; no supone afirmar que hubiera corridas todos los años ni que cada festejo conocido se celebrara en el mismo lugar.
La Plaza Ducal, un ruedo en el centro del poder
La Plaza Ducal ocupa un lugar central en esa memoria. Los trabajos de Marchena Secreta la identifican como escenario taurino y recuerdan la puerta del Toril, relacionada con la entrada del ganado. El palacio y el antiguo Ayuntamiento daban a un espacio donde el poder se mostraba también mediante ceremonias y diversiones públicas.
Los balcones y palcos convertían la arquitectura cotidiana en un lugar para mirar. El estudio de estas celebraciones permite entender la plaza como un recinto de usos cambiantes: lugar de representación política, celebración religiosa y espectáculo. La expresión «plaza de toros» no obliga a imaginar en todos los siglos un coso permanente como los actuales.
En ese ambiente se inscribe Pedro Ponce de León, cuya fama como alanceador a caballo recoge otro reportaje de esta revista a partir de la literatura taurina histórica. Su figura remite a una etapa en la que la destreza ecuestre de los nobles formaba parte del espectáculo, diferente de las novilladas profesionales anunciadas en 1908 y 1910.
1616: toros y cañas para celebrar el voto concepcionista
La conexión entre solemnidad religiosa y diversión pública aparece de manera especialmente expresiva en las fiestas de septiembre de 1616 por la defensa del voto de la Inmaculada. Marchena Secreta reconstruyó el episodio a partir de una relación impresa en Sevilla por Alonso Rodríguez Gamarra, recogida posteriormente por Genaro Alenda y Mira.
El relato describe la participación de sacerdotes y caballeros, el anuncio con instrumentos y pendón y las fiestas de toros y cañas. La organización ecuestre reunía a 24 jugadores. La celebración permitía a la nobleza local sumarse al acto religioso mediante una demostración pública de habilidad y recursos.
El testimonio amplía la mirada: los toros no pertenecían únicamente a la feria. También podían acompañar acontecimientos extraordinarios que movilizaban a las instituciones y a los vecinos.
La feria, los viajeros y las plazas posteriores
En el siglo XIX, la historia taurina se cruza con la feria de ganado y con los desplazamientos de visitantes. El reportaje sobre los forasteros en la feria marchenera recoge noticias de trenes de recreo y de la prensa taurina de 1898. Los festejos formaban parte del atractivo de una visita que también incluía encuentros sociales y recorridos por la localidad.
La geografía taurina cambió. La reconstrucción histórica publicada con la entrevista a Ricardo Reina sitúa la actividad de la plaza de Santa María hasta 1924 y recuerda la plaza de Huerta Gavira en los años cincuenta. Esos escenarios posteriores impiden reducir toda la historia a un único recinto.
Los dos carteles recuperados pertenecen ya al mundo de los espadas anunciados por su nombre, las cuadrillas, las ganaderías y las entradas impresas. En ellos, el calendario religioso seguía ofreciendo una ocasión para convocar al público, pero el espectáculo había adquirido una organización distinta de las antiguas fiestas ducales.
Lo que cuentan los papeles que han sobrevivido
Leer estos anuncios es recuperar una parte de la vida de Marchena sin dar por supuesto que el pasado fue uniforme. Hubo festejos nobiliarios, celebraciones del Corpus, funciones por la patrona, una novedad taurina para San Sebastián y temporadas organizadas en plazas sucesivas.
La historia incluye también miradas críticas. Marchena Secreta ha recordado los textos de Gutierre Vaca de Guzmán contra la crueldad del espectáculo. Esa voz forma parte del mismo patrimonio documental: conocer la tradición permite examinar tanto su arraigo como los desacuerdos que despertó.
Los papeles conservan lo que la memoria simplifica. En octubre de 1908 se anunciaban tres novillos para el Rosario. En enero de 1910, dos novillos-toros para San Sebastián. Siglos antes, el Corpus también había tenido toros. Entre esas fechas, la Plaza Ducal y otros espacios de la villa permiten seguir una historia taurina que Marchena Secreta ha ido reuniendo y que todavía puede enriquecerse con carteles, crónicas y documentos familiares.
Fuentes: lectura de los dos carteles fotografiados y aportados por el autor; reportajes de Marchena Secreta enlazados en el texto. Contexto bibliográfico: Ramón Ramos Alfonso, «La fiesta del Corpus en la Marchena barroca», en las XII Jornadas sobre Historia de Marchena. Las referencias de la Casa Ducal se citan conforme a la investigación ya publicada por esta revista; este artículo no presenta una nueva transcripción de sus originales. Los carteles acreditan el anuncio de los festejos, no su resultado ni una localización concreta dentro de Marchena.
Historia
El juez que acabó juzgado: cómo Marchena exigía cuentas a sus gobernantes hace tres siglos
Fernando Mir Rey revisó al gobierno de Marchena en 1714 y después tuvo que responder ante otro juez. Los archivos y las actas municipales reconstruyen aquel sistema de control señorial.
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15 horas agoon
6 noviembre, 2026
Fernando Mir Rey Ramírez de Cartagena examinó en 1714 la actuación del asistente y del escribano del cabildo de Marchena. Después ocupó él mismo la asistencia y tuvo que responder ante otro juez de residencia. Cuatro conjuntos documentales del Archivo Histórico de la Nobleza permiten acercarse a aquel sistema de control, entre querellas vecinales, conflictos de abastos y recursos judiciales.
El nombre que encabeza una investigación puede aparecer, años después, al otro lado del procedimiento. Eso ocurrió en la Marchena del siglo XVIII con Fernando Mir Rey Ramírez de Cartagena: primero revisó la gestión de quienes habían ejercido el poder municipal; más tarde, su propia actuación quedó sometida a examen. La historia tiene la fuerza de un giro narrativo, pero su interés va más allá del personaje. Permite preguntarse quién vigilaba a las autoridades de una villa señorial y qué posibilidades tenían sus vecinos de reclamar.
El hilo se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, dentro de la documentación del Ducado de Arcos integrada en el Archivo de los Duques de Osuna. Las referencias localizadas enlazan dos juicios de residencia con otros asuntos judiciales de la misma época. Conviene establecer desde el principio una precisión: estar sometido a residencia no equivalía a ser declarado culpable. El desenlace de cada cargo exige conocer el fallo correspondiente.
1714: revisar al asistente y al escribano
La primera pieza es el juicio de residencia OSUNA,C.173,D.1-138, fechado entre el 19 de agosto y el 27 de octubre de 1714. Fernando Mir Rey actuó por encargo de Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, para examinar a Pedro Antonio del Cost Zabaleta, asistente de Marchena, y a Juan Álvarez Navarro, escribano del cabildo.
La descripción recogida en el dosier documental identifica autos generales, pesquisa secreta, comprobación de citas, instrumentos, decretos ducales y piezas de cargos, descargos y sentencia. Son 138 documentos: un conjunto que permite seguir las distintas fases de la revisión, aunque su volumen por sí solo no demuestra la gravedad de las posibles irregularidades.
El procedimiento colocaba bajo examen tanto el ejercicio de la autoridad como la actuación del escribano. Para comprender lo sucedido hay que atender a las acusaciones y a las respuestas de los examinados. Una imputación conservada en un expediente sigue siendo una imputación hasta que se contrasta con las pruebas y con la resolución.
Qué significaba pasar una residencia
El tesauro de PARES del Ministerio de Cultura define el juicio de residencia como un procedimiento para revisar la actuación de determinados cargos al terminar su ejercicio y establecer las responsabilidades derivadas de sus actos. Entre sus elementos figuraban el anuncio público, los interrogatorios, las declaraciones de testigos, las pruebas documentales y la sentencia. El resultado podía ser absolutorio, condenatorio o distinto para cada cargo.
El historiador Alfonso Jesús Heredia López sitúa esta institución en una tradición extensa de fiscalización del gobierno y la justicia en Castilla e Indias. Su estudio publicado en Revista de Historiografía en 2022 revisa también el debate sobre su eficacia y sobre el valor de estos expedientes para estudiar la sociedad que los produjo.
En Marchena, la intervención del duque obliga a situar el control dentro del propio sistema señorial. La comparación con una auditoría ayuda a entender la revisión de una gestión anterior, pero resulta insuficiente: aquí había un procedimiento judicial y una autoridad señorial que encargaba el examen. Su existencia acredita un mecanismo de control; para valorar su independencia y sus efectos hay que estudiar cómo funcionaba en cada caso.
Los vecinos también dejaban sus quejas por escrito
La documentación permite salir de los grandes nombres. En la unidad OSUNA,C.172,D.147-155, los documentos 151 a 155 contienen un cuaderno de querellas de vecinos en la residencia de Pedro Antonio del Cost. La ficha identifica a Juan de Savedra, José Tejada y Felipe Delgado, entre otros, y fecha esas piezas entre agosto y noviembre de 1714.
El mismo conjunto reúne documentación diferente: el pleito contra Juan de Vacas, padre e hijo, por vender carne de oveja sin las licencias necesarias, con prisión y solicitudes de libertad en 1712. Otra pieza recoge la denuncia del alguacil Isidoro Rodrigo de Ahumada por ventas de carne de ternero en una casa de la colación de San Miguel en 1713.
Esa agrupación exige cuidado. No permite afirmar que Fernando Mir Rey ordenara aquellos encarcelamientos ni que los pleitos de la carne originaran las querellas posteriores. Lo que ofrece es una ventana a asuntos concretos de la vida local: permisos, ventas, denuncias y peticiones de libertad.
Los nombres de los vecinos hacen visible una dimensión que suele perderse al contar la historia desde los palacios. También ellos aparecen como actores del procedimiento. Para saber qué reclamaban y qué respuesta obtuvieron sería necesario seguir cada querella hasta su resolución.
Una discusión que terminó en destierro
Un segundo caso acerca todavía más aquella justicia a la vida cotidiana. La unidad OSUNA,C.172,D.156-164 describe el proceso contra Antonio Tortolero de Vegas por injurias y amenazas durante una discusión con Juan de Carmona, relacionada con una deuda de su suegra, Graciana Caro de Vegas.
Aquí la ficha sí identifica expresamente el resultado de una sentencia: un año de destierro, el 30 de octubre de 1714. Antes recoge los autos iniciados por Fernando Mir Rey, solicitudes de libertad y una petición de libertad bajo fianza. Después consta una solicitud de apelación presentada el 3 de noviembre.
La secuencia muestra cuánto podía pesar un enfrentamiento personal en la vida de un vecino: prisión, peticiones para salir de ella, sentencia y recurso. La existencia de la apelación tampoco permite dar por conocido su resultado. Para reconstruir el desenlace completo habría que examinar las piezas posteriores.
El cambio de posición de Fernando Mir Rey
Una investigación de Francisco Javier Gutiérrez Núñez, Marchena y el VII Duque de Arcos (1693-1729). Aspectos sobre el control del estado señorial, aporta una comprobación externa de la trayectoria. En la página 789 sitúa a Mir Rey como corregidor de Zahara en 1714, cuando recibió el encargo de revisar al asistente marchenero, y fecha su asistencia en Marchena entre 1715 y 1719.
El mismo trabajo, apoyado en las actas capitulares, señala que el 5 de septiembre de 1721 ya se conocía el nombramiento de Antonio Gregorio del Barco como nuevo asistente y juez de residencia de Mir Rey. Su recepción como asistente se produjo el día 10.
El archivo conserva la otra mitad de la historia bajo la signatura OSUNA,C.173,D.150-221. El conjunto está fechado entre 1717 y 1722 y reúne 72 documentos de la residencia realizada por Antonio Gregorio del Barco contra su antecesor. El dosier identifica interrogatorios, declaraciones, cargos, defensa, sentencia, apelación, correspondencia con el duque y una segunda sentencia.
La fecha inicial del conjunto no debe confundirse con la del nombramiento de Del Barco en 1721. Un expediente puede incorporar documentos anteriores al procedimiento principal; identificar qué pieza explica 1717 requiere revisar el original. La cronología municipal y las fechas extremas del archivo describen cosas diferentes.
Lo que sabemos y lo que falta por leer
El ciclo está documentado: Mir Rey examinó una gestión anterior, ejerció después como asistente y quedó sometido a residencia. Quedan abiertas preguntas fundamentales: cuáles fueron exactamente los cargos formulados contra él, cuáles se probaron, qué decidió la segunda sentencia y qué papel tuvo la correspondencia con el duque.
Este reportaje se apoya en las descripciones archivísticas recogidas en el dosier, su contraste con los registros oficiales accesibles y los estudios citados. No presenta una transcripción íntegra de los expedientes. Durante la comprobación, las dos fichas principales de residencia devolvieron errores de acceso; sus referencias y fechas pudieron contrastarse en los listados indexados de PARES y la sucesión de los cargos, en la investigación histórica municipal.
Por eso la historia del juez que acabó juzgado conserva una pregunta abierta sobre su desenlace. Su valor está también en mostrar cómo se escribía el poder: mediante nombramientos, quejas, testimonios, defensas y recursos. Entre esos papeles siguen apareciendo los vecinos de Marchena y sus conflictos concretos, a menudo ausentes de la memoria monumental de la villa.
Fuentes y consulta: Ministerio de Cultura, Archivo Histórico de la Nobleza, PARES; signaturas OSUNA,C.173,D.1-138, OSUNA,C.173,D.150-221, OSUNA,C.172,D.147-155 y OSUNA,C.172,D.156-164. Contexto académico: Alfonso Jesús Heredia López, Revista de Historiografía, 37 (2022), pp. 413-435; Francisco Javier Gutiérrez Núñez, estudio enlazado, especialmente pp. 782 y 788-789. Los enlaces permiten ampliar la información y localizar las descripciones y los originales digitalizados.
Imagen de portada: reja del Palacio Ducal, fotografía de archivo ya utilizada por Marchena Secreta en su reportaje sobre los Ramírez de Cartagena. Imagen ilustrativa del contexto señorial.
Historia
La yegua de nadie: el animal que acabó en la hacienda del duque de Arcos en 1733
Un expediente de PARES reconstruye el pregón, el plazo para reclamar una yegua y su entrega a la hacienda ducal en la Marchena de 1733.
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3 días agoon
4 noviembre, 2026
Una yegua sin dueño aparente dejó en Marchena un rastro de testigos, pregones y reclamaciones. En 1733, su destino terminó ligado a los derechos de la Casa de Arcos sobre los bienes mostrencos, una prerrogativa que la villa y el Estado ducal tenían en litigio.
La historia se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza. Según la descripción de PARES, el asistente Manuel Arévalo de la Capellana ordenó anunciar el hallazgo y conceder quince días al propietario para reclamar el animal. Los autos incorporaban declaraciones de testigos.
El 31 de julio, José Narciso de Herdocia, contador mayor del Estado de Arcos, solicitó su entrega invocando el derecho de mostrencos. Una resolución de esa fecha dispuso que la yegua pasara a la hacienda ducal. En septiembre de 1737, otra pieza del conjunto todavía dejaba constancia del pleito entre la villa y la Casa de Arcos por aquellos privilegios.
El expediente reúne documentos de 1691 a 1754. Entre ellos figura una ejecutoria sobre esos derechos en ocho villas y una relación posterior de bienes adquiridos y, en algunos casos, vendidos por la administración ducal.
¿Cómo podía un animal extraviado llevarnos hasta las cuentas de un señorío? La pregunta obliga a mirar más allá del palacio y de sus grandes nombres. La historia del poder también se escribe en los trámites que deciden quién recibe un bien y qué autoridad puede disponer de él.

El estudio de Mercedes Gamero Rojas, El gobierno concejil de Marchena en el siglo XVIII, ayuda a entender ese escenario. La historiadora describe un municipio señorial cuyo cabildo estaba controlado por el señor, aunque atravesado por relaciones de poder entre la Corona, la casa nobiliaria, las élites locales y la población. A lo largo del Setecientos, el fortalecimiento de la Monarquía y el crecimiento de las élites locales modificaron ese equilibrio.
Desde esa perspectiva, la reclamación de un bien tenía una dimensión económica y otra de autoridad. Esta es una interpretación del contexto: no demuestra, por sí sola, que el concejo pretendiera quedarse con aquella yegua.
Francisco Núñez Roldán explica en Justicia y gracia en Marchena. Siglos XVI y XVII que el señorío jurisdiccional reunía facultades para administrar justicia, designar autoridades y percibir rentas. También advierte de una distinción fundamental: ejercer jurisdicción sobre un territorio no equivalía a ser propietario de todas sus tierras. Las leyes del reino y la posibilidad de apelar a tribunales reales formaban parte de los límites de la justicia señorial.
La yegua permite acercarse a ese mundo desde una escala cotidiana. Bajo las palabras jurídicas queda una pregunta sencilla: de quién acaba siendo aquello cuyo propietario no aparece. Su historia documental ofrece una respuesta para este caso, pero deja abiertas otras: el lugar preciso del hallazgo, el valor del animal o las circunstancias de quien lo perdió requieren una lectura completa de los autos.
Nota de investigación: se ha consultado la descripción archivística y examinado una selección de imágenes del expediente, incluidas las diligencias del pregón y la petición ducal. No se presenta una transcripción paleográfica íntegra ni se reproducen como citas literales pasajes de lectura dudosa.
Fuentes y consulta: Ministerio de Cultura, Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA,C.172,D.171-182, especialmente documentos 175, 176, 177, 179 y 181; visor del expediente en PARES. Mercedes Gamero Rojas, El gobierno concejil de Marchena en el siglo XVIII, pp. 115-117; Francisco Núñez Roldán, Justicia y gracia en Marchena. Siglos XVI y XVII, pp. 53-54. Ambos estudios pertenecen a las actas de las VI Jornadas sobre Historia de Marchena.
Actualidad
Del perdón por acuñar moneda a las cien lanzas de Marchena: el poder de Rodrigo Ponce de León
Un perdón por acuñar moneda en Jerez y una carta a Beatriz Pacheco reconstruyen el papel militar y fiscal de Marchena al servicio de los Reyes Católicos.
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5 días agoon
2 noviembre, 2026
Un perdón de Enrique IV, los pagos sobre las alcabalas de sus villas y una carta de Fernando el Católico a Beatriz Pacheco permiten seguir la relación entre el señor de Marchena y la Corona entre 1474 y 1491.
Cien lanzas debían salir de Marchena. La petición procedía del rey Fernando y tenía una destinataria concreta: Beatriz Pacheco, esposa de Rodrigo Ponce de León. La carta, fechada en Córdoba el 4 de agosto de 1483, reclamaba fuerzas para una entrada en territorio granadino. Detrás de esa orden aparece una Marchena que aportaba recursos y capacidad militar a la guerra.
El documento se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, con la signatura OSUNA,C.118,D.49, dentro de un conjunto de cartas regias. El historiador Juan Luis Carriazo Rubio lo recoge también en su estudio Beatriz Pacheco: cronistas y documentos en torno a la dama de Marchena. La descripción de PARES precisa que las cien lanzas debían ir con un caballero de su casa y salir el día de Santa María de agosto. La orden documenta una movilización solicitada; por sí sola no demuestra cómo se ejecutó ni identifica a todos sus participantes.
Que el rey escribiese a Beatriz merece detener la mirada. Su nombre figura como interlocutora en una decisión militar que afectaba al señorío. La carta permite reconocer su intervención en el funcionamiento de la casa y evita reducirla a una presencia secundaria al lado del marqués. Marchena aparece como punto de partida de unas fuerzas cuya organización exigía una autoridad capaz de reunirlas.
Nueve años antes, la relación del noble con la monarquía había dejado otra huella muy distinta. El 25 de noviembre de 1474, Enrique IV concedió un perdón a Rodrigo Ponce de León, sus parientes y criados. La unidad OSUNA,C.118,D.30-32 reúne esa carta y las confirmaciones de los Reyes Católicos, con fechas que el catálogo sitúa aproximadamente entre noviembre de 1474 y abril de 1476. Entre los asuntos perdonados figuraba haber labrado moneda de oro y plata en Jerez de la Frontera.
La acuñación jerezana ha sido estudiada por Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez en Ceretanum, revista de la Real Academia de San Dionisio. Su investigación de 2024 atribuye a Jerez cuartos y medios cuartos de vellón marcados con una X y sitúa esa actividad en los últimos años de Enrique IV. Los autores advierten que no conocen ejemplares de oro o plata con esa marca: lo que menciona el perdón y las piezas identificadas constituyen evidencias diferentes.
El propio texto del perdón, reproducido en el estudio, introduce otro matiz: la labra se habría realizado por mandato y servicio del monarca. Los investigadores señalan, al mismo tiempo, su contradicción con disposiciones monetarias anteriores. Hablar simplemente de un falsificador borraría esa complejidad. El episodio pertenece a un escenario de poder regio discutido y capacidad nobiliaria para intervenir en la vida de una ciudad realenga.
Con Isabel y Fernando, los papeles permiten seguir otra dimensión del vínculo: el dinero destinado al servicio militar. Los libramientos OSUNA,C.166,D.101-125, fechados entre 1476 y 1486, incluyen pagos a Rodrigo Ponce de León relacionados con lanzas y cargados sobre las alcabalas de Marchena, Mairena, Rota y Guadajoz. La guerra se sostenía también mediante recaudadores, órdenes de pago y rentas locales.
La mención reiterada de Marchena permite colocar a la villa dentro de esa maquinaria financiera. Las disposiciones muestran de dónde debían salir determinados pagos. No bastan para calcular cuánto soportó cada vecino, cuánto se recaudó efectivamente o qué retrasos se produjeron. Para responder a esas preguntas harían falta cuentas y justificantes de cada operación.
El mecanismo seguía presente en 1490. Tres provisiones del 11 de marzo, conservadas como OSUNA,C.177,D.26-28, ordenaban a los recaudadores de varias localidades librar cantidades a Rodrigo por las lanzas. El documento 28 agrupaba a Marchena, Mairena, Guadajoz y Rota. La geografía del señorío se convertía, en los mandatos de la Corona, en una red de recursos.
Había también recompensas. El 7 de enero de 1491, en Sevilla, los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos y duque de Cádiz, el quinto del botín de guerra de Cádiz y Rota durante toda su vida. La provisión, OSUNA,CP.75,D.9, incorpora la vertiente marítima a este recorrido por los ingresos y servicios de la casa.
Leídos en secuencia, estos documentos permiten interpretar una relación negociada: el perdón atendía a actuaciones del pasado, los libramientos financiaban fuerzas y las mercedes reconocían intereses y servicios. Esa lectura no convierte cada concesión en el precio demostrado de una acción concreta. Sí muestra que el poder del señor de Marchena se relacionaba con la monarquía mediante recursos, compromisos y decisiones que dejaron rastro escrito.
Queda una historia local por reconstruir alrededor de aquellas cien lanzas: quiénes fueron convocados, qué preparativos se realizaron y si salieron en la fecha prevista. La carta aporta un punto firme desde el que preguntar. Marchena tenía un lugar en las órdenes militares de Fernando el Católico, y Beatriz Pacheco recibía una de ellas. El archivo devuelve así nombres y responsabilidades a una historia que, vista solo desde los campos de batalla, deja demasiadas vidas fuera.
Fuentes y documentación: Archivo Histórico de la Nobleza, documentación de la Casa de Arcos conservada en el archivo de los duques de Osuna y descrita en PARES, Ministerio de Cultura: OSUNA,C.118,D.30-32; OSUNA,C.166,D.101-125; OSUNA,C.118,D.45-56, especialmente D.49; OSUNA,C.177,D.26-28; y OSUNA,CP.75,D.9. Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez, «La moneda castellano-leonesa de Xerez de la Frontera», Ceretanum, 5 (2024), pp. 51–90. Juan Luis Carriazo Rubio, estudio sobre Beatriz Pacheco, apéndice documental, documento 22. Esta pieza se apoya en las descripciones archivísticas y la bibliografía citada; no presenta una transcripción paleográfica integral de los originales.
Para seguir explorando: Caminos del León, el recorrido histórico de Marchena Secreta por el legado de los Ponce de León.
Actualidad
La deuda que sobrevivió al convento: Santo Domingo, los duques de Arcos y el Estado
Los documentos del Archivo de la Nobleza y del Archivo Municipal enlazan las rentas de Santo Domingo, la reclamación de 1836 y el mercado construido en su corralón.
Published
5 días agoon
2 noviembre, 2026
Una reclamación de 1836 permite recorrer la historia económica de San Pedro Mártir: las rentas para mantener a sus frailes, el crédito para comprar alimentos y la conversión de su corralón en plaza de abastos.
Los frailes habían abandonado el convento, pero sus cuentas seguían abiertas. En 1836, el Crédito Público reclamaba a la Casa de Arcos la asignación que había sostenido a la comunidad de San Pedro Mártir, el Santo Domingo de Marchena. La administración ducal defendía que la obligación había terminado con la extinción de la comunidad. En aquel cruce de papeles aparece una pregunta que permite mirar de otra forma este rincón de Marchena: ¿quién debía cobrar y quién debía pagar cuando desaparecía un convento?
El informe de Santiago Apesteguía, transcrito por Juan Luis Ravé Prieto en su estudio sobre las fundaciones marcheneras, recoge la posición del archivo ducal. Reunía una aportación de 80.000 maravedíes y otra testamentaria de 23.000. Recordaba también un crédito de la casa contra el convento: 1.400 ducados de principal y 70 de renta anual, garantizados con un molino de aceite, viñas y olivares. Son cantidades consignadas en ese informe, no el resultado de una liquidación comprobada. La documentación aquí consultada no permite establecer cómo acabó la reclamación.
El hilo retrocede hasta el 1 de mayo de 1520. La descripción de PARES de la unidad OSUNA,C.169,D.93-99, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza, identifica la escritura acordada entre Rodrigo Ponce de León, primer duque de Arcos, y fray Domingo Melgarejo, provincial dominico de Andalucía. El compromiso comprendía una dotación para sostener a veinte religiosos. La vida de la comunidad quedaba vinculada a un pacto patrimonial que seguiría invocándose siglos después.
El mismo expediente conserva una copia de la provisión de Isabel de Portugal, fechada en Madrid el 29 de diciembre de 1535, para que Luis Cristóbal Ponce de León pagase conforme al testamento del fundador. También incluye una copia de la escritura fundacional realizada en 1843. Esa fecha acredita la reproducción del documento; por sí sola no demuestra qué trámite concreto motivó la copia.
Marchena Secreta ya había recorrido esta relación entre patronazgo y construcción en «Cuando la Reina agilizó la construcción del convento de Santo Domingo de Marchena». La ficha archivística permite precisar que la soberana de la provisión de 1535 fue Isabel de Portugal. La historia anterior del establecimiento puede seguirse en nuestro reportaje sobre Bartolomé Sánchez Bonilla.
La economía cotidiana aparece con especial claridad el 13 de abril de 1685. Los priores y religiosos pidieron autorización para tomar un censo sobre sus bienes porque necesitaban trigo, carne y ganado para su labor. Así lo describe PARES en OSUNA,C.31,D.15. Tras los nombres solemnes y las escrituras había una comunidad que debía alimentarse y sostener su explotación. El crédito formaba parte de esa necesidad.
Otra unidad del mismo archivo muestra al convento en la posición contraria. En OSUNA,C.1589,D.1-57, el documento primero registra pagos de réditos a favor de San Pedro Mártir contra el Estado de Arcos entre 1740 y 1788. Conviene distinguir ambos negocios: la dotación fundacional y los censos no deben confundirse como si fueran una única deuda. El conjunto reúne 57 documentos sobre distintos acreedores; no son 57 documentos dedicados a Santo Domingo.
La transformación urbana llegó al corralón. El Archivo Histórico Municipal de Marchena explica que el Ayuntamiento encargó en febrero de 1840 el proyecto de plaza de abastos a Hipólito Jiménez y Juan Manuel Buendía. Los planos se presentaron el 4 de marzo para aquel espacio situado entre las calles San Pedro y Santo Domingo. El estudio de Juan Antonio Arenillas Torrejón reproduce la declaración de reconocimiento, conservada en las Actas Capitulares, libro 25, sin foliar.
Fue el corralón el que acogió el mercado. La iglesia conservada tiene su propia continuidad: la información municipal de Turismo de Marchena recuerda su origen dominico y su función de mausoleo de los Ponce de León, además de las dependencias conventuales que permanecen. La calle reúne así usos distintos de un mismo pasado: culto, memoria funeraria, vivienda conventual y abastecimiento.
La reclamación de 1836 añade una pieza a esa historia. Cuando cambió el destino del edificio, los antiguos contratos seguían necesitando interpretación. Las escrituras permiten acercarse a esa transición sin dar por resuelto lo que todavía no consta en los documentos consultados.
Más reportajes de nuestro archivo sobre Santo Domingo y su patrimonio
La historia del conjunto puede ampliarse con el estudio de su cancel y sus símbolos, el reportaje sobre sus pinturas murales, la cripta bajo el presbiterio y los sepulcros ducales de los Ponce de León.
Completan este recorrido la Virgen del Rosario y el legado dominico, la investigación sobre Domingo de Baltanás, el documento sobre un enterramiento de conversos de 1525 y los azulejos que enlazan Marchena y Chipiona.
Sobre la dispersión patrimonial del siglo XIX publicamos el traslado de pinturas marcheneras al Museo de Bellas Artes y las primeras advertencias sobre la destrucción del patrimonio local. La memoria devocional continúa en el reportaje sobre Cristóbal Ramos y la Virgen del Rosario y en la cobertura del tricentenario del voto de la villa.
Historia
La Ilustración en la Universidad de Osuna: los hombres que quisieron cambiar la forma de enseñar y pensar
Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White explican la renovación intelectual de Osuna entre el siglo XVIII y los comienzos del XIX.
Published
2 semanas agoon
26 octubre, 2026
Entre reformas académicas, lecturas compartidas y debates fuera de las aulas, Osuna participó en la renovación intelectual de Andalucía. Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White permiten reconstruir una historia de conocimiento, poder y cambio social.
La Ilustración no llegó a Osuna como una luz que se encendiera de repente. Fue abriéndose paso entre las enseñanzas heredadas, las inquietudes de algunos profesores y las conversaciones que continuaban fuera de la universidad. Mientras la institución intentaba conservar su existencia, parte de su entorno intelectual buscaba renovar la cultura y discutir las ideas que circulaban por Europa.
Ese doble movimiento hace especialmente interesante su historia. La Universidad de Osuna fue una institución del Antiguo Régimen en cuyo entorno también encontraron espacio personas que cuestionaban algunos de sus fundamentos.
Una fundación renacentista ante las preguntas del siglo XVIII
El Colegio-Universidad nació en 1548 por iniciativa de Juan Téllez-Girón, IV conde de Ureña, con autorización pontificia. Su origen pertenece al humanismo renacentista, dos siglos antes del momento ilustrado. La formación jurídica, médica y religiosa respondía a las necesidades de una sociedad organizada alrededor de la Iglesia, la monarquía y los privilegios estamentales.
Durante el XVIII cobró fuerza otra manera de valorar la enseñanza: su utilidad para mejorar la sociedad, la importancia del conocimiento científico y la necesidad de revisar métodos e instituciones. Aquello planteaba una cuestión incómoda: ¿bastaba con conservar las cátedras y conceder títulos, o había que transformar lo que se enseñaba y cómo se administraba?
Miguel Benito Ortega: reformar para sobrevivir
Una figura decisiva fue Miguel Benito Ortega Cobo, antiguo rector y visitador encargado de reorganizar el centro.
Los investigadores Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo han estudiado su intervención a partir de documentación del archivo universitario. Ortega preparó nuevas constituciones para el Colegio y la Universidad, aprobadas respectivamente en 1775 y 1777, con las que intentó adaptar la institución a las exigencias del reformismo ilustrado.
La transformación afectaba a los requisitos académicos y a la administración económica. Ordenar las cuentas también formaba parte del cambio: una universidad necesitaba justificar su funcionamiento y disponer de recursos para sostenerlo.
Sin embargo, los autores concluyen que la aplicación de aquellas normas fue breve e incompleta. El caso permite observar la distancia que puede existir entre aprobar una reforma y conseguir que cambien las prácticas cotidianas.
Manuel María de Arjona: las ideas viajaban con las personas
Manuel María de Arjona y Cubas, nacido en Osuna en 1771, representa la dimensión literaria y educativa de aquella renovación. Sacerdote, poeta y promotor de academias, conectó distintos ambientes intelectuales andaluces.
Su relación con Osuna continuó en una trayectoria desarrollada también en Sevilla y Córdoba. Las academias y tertulias que impulsó o frecuentó permitían compartir lecturas, comentar textos y establecer relaciones más allá de las estructuras docentes.
El estudio de Luis Palacios Bañuelos destaca su confianza en la educación como instrumento de transformación, así como su participación en iniciativas pedagógicas y culturales. Arjona encarna, además, una realidad que desaconseja simplificar el periodo: un eclesiástico podía participar activamente en proyectos de renovación intelectual.
Antonio García y García: del aula a la vida pública
Entre los personajes menos conocidos destaca Antonio García y García (1765–1841), médico y profesor, padre del posterior hebraísta Antonio María García Blanco.
La investigación de Francisco Luis Díaz Torrejón documenta que obtuvo la cátedra de Filosofía de Osuna en 1788. Su trayectoria reunió enseñanza, ejercicio de la medicina e interés por las ideas reformistas, hasta llegar a ser elegido diputado en 1820.
El mismo estudio identifica un círculo de profesores inquietos en el que aparecen fray Manuel José de Flores, Manuel Aranza de Aguirre y José Delgado, junto a Arjona y García. También recoge reuniones y contactos con intelectuales que llegaban desde Sevilla.
La renovación no dependía únicamente de un gran nombre. Existía una red de relaciones que permitía que las lecturas y las discusiones circularan entre aulas, domicilios y espacios religiosos.
Blanco White: un vínculo universitario que exige precisión
José María Blanco White figura entre los nombres vinculados a la antigua Universidad de Osuna. Su relación académica incluye la obtención del grado de licenciado en Teología.
Conviene distinguir esa vinculación de la trayectoria de quienes enseñaron durante años en sus cátedras: obtener un título en una universidad no equivale a desarrollar allí toda la formación o la actividad intelectual.
Su presencia en esta historia ayuda a situar Osuna dentro de un espacio cultural más amplio, conectado con Sevilla y con personas cuyas trayectorias desbordaron después las fronteras españolas.
Las ideas también necesitaban espacios fuera de la universidad
La historia de estos personajes permite reconocer una cuestión de fondo: el conocimiento circulaba por instituciones oficiales y por relaciones personales.
Las tertulias y academias ofrecían oportunidades para leer y conversar con mayor flexibilidad. En ese entorno, enseñar, investigar y discutir podían convertirse en formas de intervenir en la sociedad.
Sin embargo, no conviene proyectar sobre aquellos grupos una apertura equivalente a la actual. La renovación intelectual convivía con una sociedad profundamente desigual. La existencia de personas reformistas tampoco convierte a toda la universidad en una institución ilustrada y homogénea.
Un patrimonio que conserva la memoria del debate
La antigua universidad terminó cerrando definitivamente en 1824, después de atravesar reformas y las alteraciones de la Guerra de la Independencia. Su edificio conserva una memoria que va más allá de la arquitectura: en el antiguo espacio de biblioteca y salón de actos se reúne una galería de personajes vinculados a su historia. Entre ellos figura un retrato de Arjona fechado en 1869.
Mirar hoy ese patrimonio permite plantear preguntas que siguen abiertas: quién puede estudiar, qué conocimientos se consideran útiles, cómo se financia la enseñanza y cuánto espacio existe para revisar las ideas recibidas.
La aportación de Osuna al Siglo de las Luces se reconoce en esas tensiones y en las personas que intentaron transformarlas. Sus aulas y sus círculos intelectuales fueron parte del escenario andaluz donde empezó a discutirse cómo debía ser una sociedad educada.
Fotografía: CarlosVdeHabsburgo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen de diciembre de 2024, redimensionada.
Fuentes consultadas
- Manuel Antonio Ramos Suárez: Universidad de Osuna, proyecto Identidad e Imagen de Andalucía en la Edad Moderna, Universidad de Almería.
- Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo: El papel de los agentes en la reforma contable ante el cambio institucional: el caso del Colegio Universitario de Osuna (1775–1824), Revista de Contabilidad, 2023.
- Luis Palacios Bañuelos: estudio sobre Manuel María de Arjona, Boletín de la Real Academia de Córdoba, 1992.
- Fundación Municipios Pablo de Olavide: Vida y obra de un sacerdote ilustrado ursaonés. Manuel María de Arjona y Cubas (1771–1820).
- Francisco Luis Díaz Torrejón: Antonio García y García (1765–1841): catedrático, médico y diputado en Cortes, Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, 2023, pp. 15–23.
- Alfonso Pozo Ruiz: La antigua Universidad de Osuna, Universidad de Sevilla.
- Decreto 346/2004: declaración del Colegio-Universidad como Bien de Interés Cultural, inventario de bienes y retrato de Arjona.
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