Historia
Cuando Juan Ponce de León fundó Paradas hace 561 años
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6 años agoon
Hace 561 años que Juan Ponce de León funda Paradas en 1460 en el término de Marchena por don y II otorgando la Carta Puebla que conserva el Archivo Municipal de Paradas.
En el siglo XIV Beatriz Ponce de León, hija bastarda de Pedro Ponce de León, se casa con el capitán Alfonso Guillén de Villafranca, aportando la heredad de la torre de Paradas que entonces era un cortijo donde se cultivaba cereal, que luego compra Juan Ponce de León para fundar este nuevo pueblo el uno de febrero de 1460.
Juan Ponce de León tuvo 28 hijos de 8 mujeres distintas, y ninguna la legítima, ya que el heredero nacería de la criada Leonor Núñez, madre del Duque de Cádiz.
JUAN PONCE DE LEON
Hijo de Pedro Ponce de León, I conde de Arcos, y de María de Ayala, Juan accedió al gobierno de su casa en 1448. Heredaba un floreciente mayorazgo compuesto por el condado de Arcos, las villas de Marchena, Mairena, Rota con sus almadrabas y Bailén, así como Paradas, Los Palacios, Chipiona, Guadajoz, casas principales en Sevilla y otros muchos bienes patrimoniales.
Desde que vio a Leonor Núñez en Marchena, Juan Ponce de León se prendó de ella, y a pesar de ello se casó con su prometida la rica y poderosa Leonor de Guzmán, aunque no tardó en aborrecerla. En el pleito de 1510, un vecino de Marchena decía haber oído decir a Juan Ponce de León que su legitima esposa le parecía «una grande asna y que tenía orejas de asno», otro afirma que don Juan «no la quería bien porque era fea y pecosa».
Le gustaba más Leonor Nuñez que era joven y guapa a la que siempre trató como su esposa. El problema era que Leonor Núñez dejó en Toledo a su marido, el bordador Juan del Paraíso. Vamos que «salió del paraíso para meterse en el infierno» según ella misma escribió. El bordador inició un pleito para reclamar a su legítima mujer, y vino a buscarla a Marchena pero de nada le sirvió. Su mujer le advirtió que no lo intentara porque «la mayor tajada sería la de la oreja».
SE CASÓ CON LA CRIADA DE SU ESPOSA
El Señor de Marchena habia tomado a Leonor en contra de la voluntad de su propio padre, que le negaba el matrimonio con ella y de ella misma que se defendía y se negaba con todas sus fuerzas alegando que era casada.

Al final la hizo madre de ocho hijos y la recluyó a la Torre de Los Navarros, donde fue naciendo la prole, ya que su padre el conde Don Pedro, se oponía a tenerla en Sevilla ni en Marchena ni le permitía casarse con ella mientras él y su legítima esposa vivieran.
CUANDO LEONOR LLEGÓ A MARCHENA
El enfrentamiento paterno filial fue de tal magnitud, que cuando murió el conde Don Pedro, en 1441, su hijo no fue al entierro. Llegado el dia en que Don Juan Ponce de León se convirtió en señor de Marchena y heredero, lo primero que hizo fue ir a la Torre de los Navarros a por su amada Leonor.
Leonor Núñez fue conducida al castillo de Mairena del Alcor al amanecer del 3 de noviembre de 1448 para casarse con Don Juan ante una imagen de San Eutropio asistidos por sus criados Marta Rodríguez y Pedro de Pineda. Asistieron los Jerónimos del monasterio de Buenavista fray Juan de Medina y fray Pedro de Illescas y fueron testigos los vecinos de Mairena.

Los esposos se trasladaron a Marchena junto a sus hijos y ella pocas veces volvió a salir del Palacio de Marchena donde tuvo que convivir con la irrefrenable promiscuidad de su marido Don Juan que ya antes de casarse con ella «se había echado con una tal Isabel Trigueros» en Mairena.
Además, en otras mujeres con las que convivió, a veces simultáneamente, tuvo otros muchos, hasta un total de veintiséis. A través de ellos, el conde de Arcos desarrolló una intensa política de alianzas con otros linajes que aumentó el poder y el peso social de su casa.
Juan Ponce de León tuvo un papel clave en la guerra contra el reino de Granada entre 1448 y 1454, donde él era uno de los grandes puntales de la defensa de Andalucía. Además, Juan Ponce de León acudió a las campañas desarrolladas por Enrique IV contra Granada entre 1455 y 1458. En enero de 1471, murió Juan Ponce de León y fue enterrado en el panteón familiar del Monasterio de San Agustín de Sevilla desde donde se trasladó en el XIX al Pabellón de Sevillanos Ilustres donde aún permanece enterrado.
Locos y Quijotes en la familia Ponce de León de Marchena y Sevilla
UN HERMANO LOCO
Durante toda su vida Juan Ponce de León, padre del Marqués de Cádiz tuvo que cuidar a su hermano Diego, por estar loco. Diego Ponce de León, hijo de Pedro Ponce de León, abuelo de Rodrigo, Marqués de Cádiz y Manuel El Valiente estuvo casado con Aldonza Portocarrero hija de Luis Méndez Portocarrero.
Aunque no se menciona que fuese loco, en el testamento, su padre no le deja bienes y ordena a sus hermanos que lo mantengan. «Por ende mando que el dicho don Diego no aya cosa alguna de los dichos mis bienes”. Al primogénito y sucesor -don Juan Ponce de León, le encomienda “que tome e reçiba en su cargo al dicho don Diego mi hijo, su hermano, e lo tenga en el logar e por la vía e
manera que él entendiere e más cumpla, e lo mantenga e vista e calçe segund le pertenesçiere en quanto el dicho don Diego hubiere” tal y como publica Carriazo en su obra «Un precedente del Quijote en la Sevilla del descubrimiento».
LA CARTA PUEBLA
La Carta Puebla era una especie de contrato agrario colectivo que regulaba el uso de las tierras cultivables, el uso de los bienes del común, la concesión de solares para viviendas, la obligación de permanencia, el régimen municipal. Se concedían exenciones fiscales y privilegios además de tierras.
La Carta Puebla o documento fundacional, indica expresamente la prohibición de repoblar Paradas con vecinos de otros pueblos de los Ponce al objeto de no despoblar dichos municipios y se le dota de una feria de ganado y mercancías con el fin de atraer pobladores. En el municipio se conserva la tradición que los pobladores de Paradas llegaron de la comarca de Astorga, capital de la Maragatería leonesa.
LA FERIA DE MAYO
La Feria de Mayo de Paradas, es una de las más antiguas de Andalucía, que se inició en 1485, veinticinco años después de la fundación de Paradas, creada por Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz con autorización del Rey hace 534 años. Se dejó de celebrar por siglos y se recuperó en 1865, como feria Ganadera.
Don Juan, fundó la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.
A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.
QUIEN ERA EUTROPIO PONCE DE LEON
Estropo o Eutropio Ponce de León nació en Marchena en 1460 y vivió en Jerez hacia 1470 donde fue recibido como caballero veinticuatro de la ciudad jerezana, ocupando el escaño que en él, renunció su suegro, Pedro de Vera conquistador de Canarias.
En 1466 Juan Ponce de León, Señor de Marchena y I Conde de Arcos firma un documento para otorgar la mayoría de edad a sus hijos que tuvo con Catalina González de Oviedo, en terceras nupcias que fueron Enrique, Lope, Beltrán, Eutropio, Constanza y Sancha.
Eutropio Ponce de León se casó en Jerez con Catalina de Vera hija del Comendador Pedro de Vera famoso por la crueldad con que castigó a los indios guanches de Canarias, a los que mató empalándolos.
La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacil y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.

CUANDO PARADAS CONSIGUE LA INDEPENDENCIA DE MARCHENA
En 1784 Joaquín Riquelme en nombre del regimiento y la villa de Paradas acudió al rey Carlos IV pidiendo la segregación del término de Paradas de Marchena.
Los paradeños pedían sus propias tierras en función del número de habitantes, sacado del de Marchena que tenía «cinco millones de varas de terreno» es decier 56.200 fanegas, por lo que a Paradas correspondía 13.680 que antes formaban parte del término de Marchena. La falta de término municipal de Paradas dio lugar durante tres siglos a muertes, pleitos y enfrentamientos entre vecinos de Paradas y Marchena.
En 1570 de Felipe II prohibe, a petición del Duque que los vecinos de Paradas, Morón, Arahal y Puebla de Cazalla entren a cortar leña, pastar ni cazar en el Monte Palacio por ser propiedad del duque y estar en suelo de Marchena. Ya entonces el Duque inició un pleito contra los vecinos de Paradas.
TRES SIGLOS DE PLEITOS ENTRE MARCHENA Y PARADAS
Por este motivo Paradas pidió al Rey tener un término propio y el privilegio de villa en 1763 a lo que Marchena se opone porque suponía perder tierras de su propiedad. El Concejo de Marchena argumenta que «si se aumentara un pueblo (Paradas) decaerá el otro (Marchena)». Marchena presentó una serie de alegaciones y pleitos legales en contra que solo hicieron retrasar la «independencia» de Paradas.
En 1784 Joaquín Riquelme en nombre del regimiento y la villa de Paradas acudió al rey Carlos IV pidiendo la segregación del término de Paradas de Marchena y poco despues el rey le concede su término municipal a cambio de dinero.
Actualidad
Cuando el progreso se midió en pisos: las casas y el patrimonio que perdió Marchena
La antigua Caridad, Santa Clara y San Pedro permiten recorrer las transformaciones del centro y releer la advertencia cultural de Luis Camacho sobre la pérdida de las casas.
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9 horas agoon
15 octubre, 2026
¿Cuándo empezó una casa a valer más por lo que podía construirse encima que por la vida que guardaba dentro? En Marchena, esa pregunta se puede recorrer a pie. La plaza de San Sebastián, Santa Clara, San Pedro y la Plaza Ducal permiten reconocer distintas formas de transformar la ciudad: sustituir un edificio por viviendas, conservar una iglesia mientras desaparece el convento, dividir una antigua manzana religiosa o incorporar nuevas construcciones al paisaje histórico.
Este recorrido propone una lectura crítica del desarrollismo: medir el progreso únicamente por la superficie edificada, la rapidez de la obra o su rendimiento económico deja fuera otros valores. El patio, la sombra, la continuidad de una calle y la memoria de un barrio también forman parte de la riqueza de una población.

La antigua Caridad: de sede educativa a banco y pisos
En San Sebastián hay un ejemplo concreto que no depende de una impresión estética. La historia del IES Isidro de Arcenegui y Carmona, redactada por el profesor José María Díaz Luque y publicada por el propio centro, explica que el Instituto Laboral comenzó en 1955 en un edificio cedido por la Hermandad de la Caridad. Lo ocupó hasta 1962, cuando fue declarado en ruina. El mismo relato identifica su sustitución por una entidad bancaria y un bloque de pisos.
La fuente añade otro cambio cercano: los talleres funcionaron hasta 1965 en un salón cedido por las Hermanas Lobo en Huerta Gavira, donde después se levantó también un bloque. Son dos sustituciones documentadas de espacios vinculados a la historia educativa local. La declaración de ruina forma parte de esa historia y debe contarse junto a la pérdida del edificio.

Santa Clara, 1975: una capilla no era todo un convento
El caso de Santa Clara permite precisar qué significa conservar solo una parte. La Agenda Cultural de la Junta de Andalucía sitúa la desaparición del convento en 1975, después de la salida de las clarisas en 1974, y señala la permanencia de la capilla. La Diputación de Sevilla recoge también esa cronología.
La ficha del Museo de Bellas Artes de Álava, que conserva un dibujo de Salvador Azpiazu fechado el 3 de mayo de 1915, documenta la destrucción de las dependencias y la pérdida de los coros. El dibujo conserva una mirada anterior a aquella transformación.
La iglesia que vemos hoy es una supervivencia valiosa, pero no permite experimentar por sí sola el conjunto desaparecido: sus recorridos, espacios de vida y relaciones con la calle. La pérdida patrimonial también consiste en esa ruptura de la unidad del edificio.

San Pedro: una transformación que empezó antes del desarrollismo
San Pedro Mártir, conocido como Santo Domingo, exige otra cronología. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez estudia su evolución en El edificio conventual de San Pedro Mártir de Marchena, incluido en las actas del simposio sobre la desamortización de 2007. Su investigación, apoyada en actas municipales y escrituras, documenta la utilización de parte del recinto para el mercado desde el siglo XIX, su fragmentación y las ventas de casas procedentes de la antigua propiedad conventual.
En 1862 se anunciaba la subasta de seis casas de la calle San Pedro construidas en 1847 dentro del exconvento. La iglesia sobrevivió. Este proceso no puede atribuirse en bloque a los años sesenta del siglo XX: muestra cómo la conversión del patrimonio en fincas separadas tenía antecedentes anteriores.
Lo que Luis Camacho veía en una casa
Luis Camacho Carrasco dejó una mirada especialmente sensible hacia ese mundo doméstico. Su obra Nostalgia y poesía, editada por el Ayuntamiento en 1988, reúne textos anteriores a la publicación del volumen. En el archivo periodístico que hemos dedicado al autor aparece una respuesta que condensa esa resistencia a reducir la vivienda a una mercancía: «¿Por qué no se compra usted un piso? Y usted, ¿por qué no se compra una nostalgia?».
La evocación fue recogida en El alma de las casas y reaparece en nuestra memoria de los barrios y la Alameda. Su fuerza está en lo que obliga a considerar: una casa puede guardar relaciones, recuerdos y formas de habitar que desaparecen cuando solo se calcula su precio. Es una advertencia cultural; no un informe técnico sobre cada demolición.
La ideología del progreso medido en metros cuadrados
La conexión con Mario Kaplún sirve aquí como herramienta de interpretación. En su crítica al modelo educativo centrado en los efectos, el desarrollismo presenta prácticas culturales propias como obstáculos que deben ser sustituidos por otras funcionales al modelo importado. Aplicada al debate urbano, esa pregunta resulta fértil: ¿se moderniza una población con sus habitantes y sus conocimientos, o se les pide que abandonen cuanto no encaja en un patrón previamente decidido?
Esta comparación no demuestra que cada promoción marchenera obedeciera a una misma doctrina. Para explicar responsabilidades concretas hacen falta licencias, proyectos, acuerdos y expedientes de cada inmueble. Sí permite cuestionar una escala de valores: considerar el suelo disponible más importante que la arquitectura existente, o confundir el incremento de edificación con una mejora automática de la vida.
La crítica de Horkheimer y Adorno a la razón instrumental ofrece otra perspectiva: qué ocurre cuando la eficacia de los medios desplaza la discusión sobre los fines. En urbanismo, la pregunta sería para quién se construye, qué se conserva y quién participa en decidirlo.
La propia documentación patrimonial introduce un matiz necesario. El decreto de delimitación del Conjunto Histórico de 2010 reconoce valor en la diversidad del caserío, las casas con patio y también en aportaciones regionalistas, modernas y de vivienda social del siglo XX. La arquitectura reciente puede enriquecer una ciudad. El problema aparece cuando su implantación destruye valores que podían incorporarse al proyecto.
Recuperar esta historia exige reunir fotografías anteriores y posteriores, planos y testimonios, y contrastarlos con los expedientes municipales. Si conservas imágenes de la antigua Caridad, de Santa Clara o de casas transformadas en las calles San Pedro, Santa Clara o el entorno de la Plaza Ducal, puedes enviarlas a marchenasecreta@gmail.com, indicando su procedencia y fecha aproximada. La memoria de Marchena también se reconstruye desde las casas.
Historia
Un robo de ropa en 1889 abre una ventana a la memoria del antiguo lavadero de Marchena
Un edicto de 1889 y un plano del lavadero del Campo-Santo de 1864 permiten reconstruir esta memoria. Buscamos tus recuerdos y fotografías.
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10 horas agoon
15 octubre, 2026

Quince camisas, cinco sábanas y hasta ropa de niña. Una relación de prendas robadas permite asomarse a la vida cotidiana de la Marchena de finales del siglo XIX y volver sobre un lugar que muchos vecinos todavía recuerdan: el antiguo lavadero situado junto al cementerio. Marchena Secreta abre esta investigación a quienes puedan aportar fotografías, nombres y recuerdos de aquel espacio.
El robo ocurrió durante la noche del 19 al 20 de diciembre de 1889. El juez instructor Valentín Escribano Roca reclamó la búsqueda de sus autores mediante un edicto firmado en Marchena el 30 de diciembre y publicado en la Gaceta de Madrid del 14 de enero de 1890, página 142. El anuncio identifica el escenario como el lavadero público de la villa, sin precisar su emplazamiento.
La lista incluye quince camisas, nueve calzoncillos, cinco sábanas, dos toallas, diecinueve pañuelos, dos camisas de niña, tres pares de calcetines, cuatro pares de medias y dos pañales, además de otras piezas. La justicia pedía localizar tanto a los responsables como las prendas. No constan en este anuncio los nombres de los perjudicados ni el desenlace del caso.
Detrás de esa enumeración hay una pregunta cercana: ¿cómo se organizaba el lavado de la ropa en Marchena? El edicto demuestra que había prendas en el lavadero aquella noche, pero no explica si estaban tendidas, guardadas o en remojo. Tampoco permite atribuirlas a una sola familia ni a lavanderas profesionales.
Para reconstruir el lavadero junto al cementerio existe otra pieza documental especialmente valiosa. La Cartoteca del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía cataloga un plano de 1864 titulado «Reforma de la Fuente y Lavadero del Campo-Santo en Marchena», atribuido a Balbino Marrón y Ranero. El original se conserva en el Archivo Municipal, legajo 1002.
El plano incluye planta, alzado y secciones y pertenece a un expediente de reformas de fuentes y lavaderos de San Ginés, Campo-Santo y Cuesta de Sevilla. Documenta el proyecto del conjunto asociado al cementerio veinticinco años antes del robo. Su estudio completo puede ayudar a precisar la disposición de las instalaciones y sus transformaciones.
Los trabajos históricos sobre el abastecimiento de agua de Manuel Olías Álvarez y Ramón Ramos Alfonso, citados también en una investigación conservada en la Universidad de Sevilla, sitúan la fuente cerca de la ermita de San Roque y recogen su reforma en 1864, con un lavadero público y un pilar para el ganado que aprovechaban el agua sobrante.
Ese antecedente se remonta a 1832, cuando se documenta el descubrimiento del nacimiento de la fuente próxima a San Roque, según la referencia al estudio de Olías Álvarez y Ramos Alfonso recogida en el repositorio de la Universidad de Sevilla. La secuencia enlaza el manantial, la reforma de 1864 y el uso de un lavadero público que testimonia el edicto de 1889, manteniendo pendiente la identificación exacta del escenario del robo.
Marchena Secreta ya había abordado el redescubrimiento del manantial en 1832. El edicto añade ahora un episodio de uso cotidiano. La coincidencia con el lavadero del Campo-Santo es una posibilidad que merece investigarse; el anuncio judicial, por sí solo, no demuestra que el robo sucediera junto al cementerio.
También la documentación patrimonial reciente conserva esa memoria. En sus sugerencias al planeamiento municipal de julio de 2026, Acupamar menciona el antiguo lavadero público dentro del entorno de El Lavadero, junto con el Camino del Oro, parte del parque Chateaudun y la trasera del cementerio, como recogió este periódico.
¿Recuerdas el lavadero? Ayúdanos a reconstruir su historia
Quizá fuiste con tu madre o tu abuela, recuerdes sus pilas o conserves una fotografía en casa. Tu recuerdo puede ayudar a poner nombre, fecha y lugar a lo que los documentos no explican.
Cuéntanos dónde estaba la entrada, cómo se llevaba la ropa, quién acudía, si había alguien encargado o cuándo dejó de utilizarse. Si envías una fotografía, indica quién aparece, de qué fecha podría ser y de quién procede. Si no estás seguro de un dato, señálalo: también nos ayuda a investigar.
Revisaremos las aportaciones, las contrastaremos con los documentos y utilizaremos las autorizadas para ampliar este reportaje con su correspondiente crédito. Puedes señalar errores o discrepar de un recuerdo: queremos reconstruir esta historia escuchando y comprobando lo que aporta cada persona.
Envía tu recuerdo y adjunta tus fotografías por correo: Enviar mi recuerdo y fotografía. Indica la firma con la que quieres aparecer y si autorizas la publicación de tu testimonio e imagen. Comparte únicamente fotografías propias o para las que tengas permiso. Tu dirección de correo no se publicará.
También puedes escribir a marchenasecreta@gmail.com.
Arte
Gaspar del Arco, un dramaturgo y poeta de Marchena en el Siglo de Oro
Descubre el corral de comedias de Marchena, el patrocinio de los Ponce de León y los vínculos de Gaspar del Arco con el teatro del Siglo de Oro.
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3 días agoon
12 octubre, 2026
En 1625, un joven natural de Marchena llamado Gaspar del Arco se matriculó en la Facultad de Leyes de la Universidad de Salamanca. Cuatro siglos después, aquel estudiante sigue siendo un personaje prácticamente desconocido en su localidad natal. Sin embargo, una investigación académica plantea una posibilidad extraordinaria: que fuera el verdadero autor de una comedia del Siglo de Oro que terminó circulando bajo el nombre del mismísimo Lope de Vega.
Un investigador de la Universidad de Valladolid sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia del Siglo de Oro publicada bajo distintos nombres y luego atribuida erróneamente a Lope de Vega. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.
Gaspar del Arco nació en Marchena, Sevilla, en los primeros años del siglo XVII. Su procedencia está acreditada por un documento universitario de 1625 cuando se matriculó en la Universidad de Salamanca para estudiar Leyes.
El 15 de noviembre de ese año se matriculó en el primer curso de Leyes de la Universidad de Salamanca. Su nombre figura, precedido del tratamiento de «don», en el registro de estudiantes de la Facultad de Leyes correspondiente al curso 1625-1626. La inscripción señala expresamente que era natural de Marchena, diócesis de Sevilla.Fue localizado por el profesor Germán Vega García-Luengos.

La siguiente noticia documentada corresponde a 1630. Ese año, Gaspar del Arco participó como poeta en una publicación colectiva dedicada a celebrar el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. Se trata de Fiestas de la Universidad de Salamanca al nacimiento del príncipe D. Baltasar Carlos, recopilada por Cristóbal de Lazarraga e impresa en Salamanca por Jacinto Tabernier.
Su nombre figura en el tomo V (p. 581) de la Bibliografía de la Literatura Hispánica de J. Simón Díaz con dos poemas -una glosa y un soneto- insertos en el volumen titulado Fiestas de la
Universidad de Salamanca; al nacimiento del Príncipe D. Baltasar Carlos, publicado por Cristóbal de Lazarraga en 1630-36 .• Los datos encajan. «Su presencia en la ciudad del Tormes durante sus años de formación como jurista le habría permitido participar en las fiestas literarias por el natalicio principesco», detalla Germán Vega.
El volumen contiene dos composiciones atribuidas a Gaspar del Arco: una glosa en la página 244 y un soneto en la 272. El ejemplar citado por Germán Vega se conserva en la Biblioteca Nacional de España, con la signatura R/4973.
La presencia de estos poemas demuestra que el joven marchenero no se limitaba a la formación jurídica. Participaba también en la cultura literaria universitaria, en la que los certámenes poéticos y las celebraciones de la monarquía constituían ocasiones de reconocimiento público.

En 1632 Juan Pérez de Montalbán, escritor y dramaturgo del ambiente literario madrileño, incluyó a Gaspar del Arco en el Índice de los ingenios de Madrid, incorporado a su obra Para todos.
Montalbán lo presentó como jurista y poeta y elogió una comedia suya por la invención dramática, la construcción de los personajes y la calidad de sus versos. Es un testimonio especialmente valioso porque procede de un contemporáneo y acredita que Gaspar del Arco había alcanzado cierto reconocimiento literario. La inclusión en el índice madrileño sugiere vínculos con los círculos culturales de la corte.
Gaspar del Arco, el escritor de Marchena cuya comedia pudo terminar atribuida a Lope de Vega
El filólogo Germán Vega García-Luengos, profesor de la Universidad de Valladolid y especialista en teatro del Siglo de Oro, sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia publicada bajo distintos nombres. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.
La obra formaba parte del volumen Comedias de Lope de Vega Carpio… (y otros autores). Parte veintiséis, que habría visto la luz en Zaragoza, en 1645. La obra procede del fondo de impresos teatrales de la casa del Duque de Osuna que adquirió la Biblioteca Nacional en 1886, donde aparece atribuida a un tal Gaspar de Alarcón con la referencia escénica del encabezamiento: «Representóla Tomás Fernández»
.
Tomás Fernández de Cabredo, uno de los grandes empresarios teatrales del Siglo de Oro
Tomás Fernández de Cabredo fue un destacado actor y director de compañías teatrales del siglo XVII, cuya trayectoria estuvo vinculada a importantes escenarios de Andalucía. En octubre de 1632 comenzó a trabajar en el Corral de la Montería de Sevilla y en 1633 regresó para representar los autos del Corpus. Su compañía llevó a escena obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Juan Pérez de Montalbán, precisamente el escritor que elogió al poeta marchenero Gaspar del Arco en 1632. Esta coincidencia permite situar a ambos en el mismo ambiente teatral, aunque no se ha documentado una relación directa entre ellos ni la representación de Dos agravios sin ofensa por la compañía de Fernández.
La atribución a Lope de Vega pudo responder a una práctica conocida en el mercado teatral del Siglo de Oro: utilizar el prestigio de un autor famoso para facilitar la venta de una obra.
«Que se sepa, es la única pieza dramática que puede atribuírsele a este poeta jurista. Y, a la luz de los testimonios reunidos aquí, creo que se le debe atribuir. Lo cual vendría a subrayar, una vez más, el esplendor teatral de aquella España capaz de concitar los esfuerzos creadores de hombres de muy variada condición, con productos de un nivel meritorio. Es de justicia – poética, al menos- que a nuestro incógnito sevillano se le devuelva la comedia que le robaron en Sevilla. A fin y
a cuentas, a Lope le sobran y a Gaspar del Arco le hace falta» explica Vega.
Morley y Bruerton en La cronología de las comedias de Lope de Vega indican que por su análisis métrico pone en evidencia que «tal como se conserva la comedia no es de Lope»
. Su cronología no encaja con que en los versos finales se diga que el poeta es «primerizo» y «mocito»; -en ese tiempo el poeta de Marchena sí era joven- cuando hacia 1630-35, Lope llevaba a las espaldas centenares y centenares de comedias y decenas y decenas de años, hasta setenta.
Gaspar de Alarcón, encontró dificultades para identificar a un dramaturgo con ese nombre. En cambio, descubrió la referencia de Pérez de Montalbán a Gaspar del Arco, un jurista y poeta que había escrito una comedia por aquellas mismas fechas.
La semejanza entre los apellidos y la coincidencia cronológica le llevaron a proponer que «Gaspar de Alarcón» podía ser una deformación de «Gaspar del Arco», producida durante la transmisión o impresión del texto.
El profesor Germán Vega García-Luengos propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia de capa y espada ambientada en Madrid que circuló en impresos antiguos atribuida a Gaspar de Alarcón y Lope de Vega.
El investigador fundamentó su propuesta en el estudio bibliográfico de las ediciones conservadas, la posible deformación del apellido del autor y el testimonio de Pérez de Montalbán. La obra, escrita íntegramente en verso y distribuida en tres jornadas, muestra un elaborado dominio del enredo dramático y de los recursos métricos del teatro barroco.
La atribución es defendida expresamente por Vega, pero no se encuentra demostrada de manera concluyente.
Después de 1632, la biografía de Gaspar del Arco queda prácticamente en silencio. No disponemos de datos verificados sobre su matrimonio, descendencia, cargos, lugar de fallecimiento o sepultura. Su vida sigue siendo, por tanto, una biografía abierta a la investigación.
De los corrales de Sevilla al palacio de Marchena: en el gran circuito teatral del Siglo de Oro
Los documentos demuestran que Marchena acogía compañías profesionales de teatro en el siglo XVII, bajo el patrocinio de los duques de Arcos.
Entre los protagonistas de aquella época figuran Pedro de Ortegón, Tomás Fernández de Cabredo y el escritor marchenero Gaspar del Arco, cuya posible autoría de una comedia atribuida a Lope de Vega sigue siendo objeto de estudio.
Durante las décadas de 1620 y 1630, el teatro español vivió una extraordinaria expansión. Los corrales de Madrid y Sevilla reunían a públicos de distintas clases sociales, mientras las compañías profesionales recorrían Andalucía representando comedias, entremeses y autos sacramentales. Marchena, capital de los estados de los Ponce de León, formaba parte de aquel circuito cultural.

En 1635, el el 30 de agosto de aquel año se fecha un libramiento ordenado por el duque de Arcos para pagar al empresario teatral Pedro de Ortegón por representaciones celebradas en Marchena. Se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza con la signatura OSUNA,CT.616,D.80. Es una prueba directa de la financiación ducal de espectáculos teatrales en la villa.
Ortegón era un empresario experimentado. En febrero de 1631 había participado en representaciones privadas organizadas en Sevilla durante la estancia del embajador inglés Francis Cottington, por las que recibió 700 reales.

Su compañía contaba con profesionales como Micaela López, Andrés de Guevara, Jerónimo de Morales, Ana María «la Bezona», Juan de Huerta y Antonio Ramos, entre otros. Los contratos estudiados por Mercedes de los Reyes Peña y Piedad Bolaños muestran una organización compleja, con actores especializados, salarios, ensayos y desplazamientos.
Marchena disponía también de un corral de comedias. Los padrones municipales de 1644 mencionan expresamente la «Calle Comedias» y el «Corral de Comedias». La investigación local recoge asimismo noticias de Cristóbal de Avendaño y María Candado, así como de una estancia teatral de catorce días durante la que se representaron siete comedias. La ubicación exacta del corral continúa sin determinarse.
En Sevilla destacaba por entonces Tomás Fernández de Cabredo. Su trayectoria lo relaciona con el repertorio de Lope de Vega y Juan Pérez de Montalbán, demostrando la circulación de obras y compañías entre los principales escenarios peninsulares.

Precisamente Montalbán dejó en 1632 un testimonio excepcional sobre Gaspar del Arco, escritor natural de Marchena y estudiante de Leyes en Salamanca desde noviembre de 1625. En su Índice de los ingenios de Madrid lo elogió como jurista y poeta y aseguró que había escrito una comedia. Del Arco había publicado además una glosa y un soneto en las fiestas universitarias por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, en 1630.
El filólogo Germán Vega García-Luengos, de la Universidad de Valladolid, propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, obra transmitida bajo los nombres de Gaspar de Alarcón y Lope de Vega. Su hipótesis se apoya en la documentación biográfica, el testimonio de Montalbán y el análisis de las ediciones antiguas, aunque la autoría no está demostrada definitivamente.
La coincidencia de estos testimonios permite reconstruir una Marchena conectada con el teatro profesional de Sevilla y con la cultura literaria de Madrid. Los Ponce de León financiaban representaciones, las compañías viajaban entre ciudades y un escritor nacido en la villa participaba en el mundo literario del Siglo de Oro. Lo que todavía no puede afirmarse es que Gaspar del Arco escribiera para el corral marchenero o que Dos agravios sin ofensa llegara a representarse allí.
Fuentes documentales y bibliográficas
- Archivo Histórico de la Nobleza, Ducado de Arcos, OSUNA,CT.616,D.80, 30 de agosto de 1635. Documento original en PARES.
- Marchena Secreta, «Cuando el Siglo de Oro subió a escena en Marchena: una compañía profesional en 1635», 24 de septiembre de 2026.
- Marchena Secreta, «Cuando Marchena tenía corral de comedias: actores, duques y Gaspar del Arco», 12 de octubre de 2026.
- Clara Piedad Ramírez, investigación sobre el corral de comedias de Marchena difundida por RTV Marchena en 2021.
- Mercedes de los Reyes Peña y Piedad Bolaños, investigaciones sobre compañías profesionales y representaciones teatrales en Sevilla y Écija durante el siglo XVII.
- Juan Pérez de Montalbán, Para todos, 1632, Índice de los ingenios de Madrid.
- Germán Vega García-Luengos, «Enredar con Lope: indagaciones a partir de la comedia de Dos agravios sin ofensa», 1998.
Actualidad
Una bula de Lepanto vuelve a conectar a Marchena con los Ponce de León, los condes de Castellar y la Virgen del Rosario
La bula recuperada en El Viso del Alcor, los documentos de PARES sobre los Saavedra y los Ponce de León y la memoria rosariana de Santo Domingo permiten reconstruir una conexión histórica de Marchena con el mundo de Lepanto.
Published
1 semana agoon
7 octubre, 2026
Una bula pontificia original de Pío V, recuperada y autentificada en El Viso del Alcor, vuelve a poner el foco sobre una red nobiliaria y militar que también toca de lleno la historia de Marchena: la de los Arias de Saavedra, condes de Castellar, y los Ponce de León, duques de Arcos y señores de Marchena. La documentación conservada permite enlazar esa relación con la batalla de Lepanto de 1571 y con la memoria rosariana que durante siglos permaneció viva en Santo Domingo de Marchena.
La Junta de Andalucía ha informado este 7 de octubre de 2026 de la recuperación de una bula de Pío V, fechada el 5 de marzo de 1572, relacionada con Fernando Arias de Saavedra, VII señor de El Viso y IV conde de Castellar, y con la participación de este noble y de un grupo de hombres de El Viso en la batalla de Lepanto. El Archivo Histórico Provincial de Sevilla ha sometido el documento a estudios archivísticos, paleográficos, diplomáticos y de conservación y considera muy elevado el grado de certeza sobre su autenticidad.
La información oficial de la Junta señala además que la actuación de Fernando Arias de Saavedra en Lepanto estuvo en el origen de la concesión pontificia a la parroquia de Santa María del Alcor.
La casa de Castellar y el gobierno de Marchena
La relación entre los condes de Castellar y los Ponce de León de Marchena no fue una simple vecindad entre linajes. Está documentada en el Archivo Histórico de la Nobleza. El 11 de abril de 1534, Juan de Saavedra tomó posesión de los oficios, el castillo y la fortaleza de Marchena en calidad de tutor y gobernador de Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. Dos días antes había tomado posesión del castillo y fortaleza de la villa con la misma condición.
Los documentos se conservan en PARES bajo las signaturas OSUNA,C.170,D.70-71 y OSUNA,C.170,D.66-67. Es decir, la casa de Castellar llegó a ejercer funciones directas de gobierno sobre la persona y los bienes del duque de Arcos y sobre la propia fortaleza de Marchena.
PARES conserva el testimonio de 1534 en el que Juan de Saavedra aparece expresamente como tutor y gobernador del II duque de Arcos.
Un conde de Castellar en Lepanto
Décadas después, otro miembro de la misma casa, Fernando Arias de Saavedra, combatiría en Lepanto. Un estudio sobre el archivo de los condes de Castellar identifica al IV conde como capitán de arcabuceros, veterano de Flandes y de la guerra contra los moriscos de Granada, y señala que combatió en Lepanto a bordo de la capitana de Luis de Requesens.
La recuperación de la bula conocida hoy añade ahora una prueba documental excepcional a esa trayectoria y confirma además la participación de hombres de El Viso junto a su señor en la campaña.
Los Ponce de León también aparecen en la armada de 1571
La documentación militar de la época sitúa asimismo a Manuel Ponce de León al frente de una compañía del Tercio de Lope de Figueroa. Una relación remitida desde Mesina al rey el 16 de septiembre de 1571 enumera las compañías embarcadas en las galeras españolas y coloca entre ellas la compañía de don Manuel, identificada por la historiografía como la de Manuel Ponce de León.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes reproduce esta relación y su identificación documental.
La conexión con Marchena está en el propio entramado de la Casa de Arcos. Luis Cristóbal Ponce de León era entonces II duque de Arcos y señor de Marchena, mientras los Saavedra de Castellar habían estado ligados décadas antes al gobierno de su casa.
El Rosario: la memoria religiosa de Lepanto en Marchena
La fecha añade otra capa a esta historia. La batalla de Lepanto se libró el 7 de octubre de 1571, día que terminó quedando unido en la tradición católica a la advocación del Rosario. Pío V impulsó esa asociación después de la victoria de la Santa Liga y la fiesta de Nuestra Señora del Rosario quedó fijada precisamente el 7 de octubre.
En Marchena, esa memoria adquirió una forma propia. Tal y como ya había publicado Marchena Secreta, la Cofradía del Santo Rosario se documenta en el convento dominico desde 1556 y en Santo Domingo existieron posteriormente distintas corporaciones rosarianas. Entre ellas aparece la denominada Congregación de la Batalla Naval, vinculada al recuerdo de Lepanto.
Marchena Secreta ya recogió la relación histórica entre la Virgen del Rosario y Lepanto, así como la presencia en Santo Domingo de las hermandades del Cirio, la Aurora y la Congregación de la Batalla Naval.
La devoción continúa formando parte central de la identidad local. Este mismo mes, Marchena ha recuperado la antigua Procesión de Tercia en torno a Nuestra Señora del Santísimo Rosario, enlazando de nuevo presente y memoria histórica.

Cuatro siglos y medio después de Lepanto, la documentación permite contemplar una misma trama histórica desde varios puntos: la casa de Castellar, los Ponce de León de la Casa de Arcos, el gobierno señorial de Marchena, los militares presentes en la gran campaña mediterránea de 1571 y una devoción, la del Rosario, que terminó dejando una huella duradera en la vida religiosa marchenera.
Historia
Osuna, 1660: la red de judaizantes portugueses que acabó ante la Inquisición de Sevilla
Published
1 semana agoon
6 octubre, 2026

En abril de 1660, Sevilla asistió a uno de los grandes autos de fe del siglo XVII. Pero una parte importante de aquella historia había comenzado lejos de la capital, en plena Campiña. Las fuentes sitúan en Osuna un núcleo de portugueses acusados de judaizar cuyos nombres terminaron formando parte de las relaciones del Santo Oficio.
No parece que estemos ante unos cuantos individuos aislados. Los apellidos se repiten, aparecen hombres y mujeres vinculados al mismo espacio y todo apunta a relaciones familiares y sociales.

Entre los vecinos de Osuna identificados en las relaciones vinculadas al auto de fe figuran nombres como Tomás Dionís, Francisco López Vega, Manuel de Miranda, Martín García de Castilla, Rafael Rodríguez, Manuel Carrasco, Manuel de Orellana, Francisco Carrasco, Diego Rodríguez Núñez, Miguel Esteban, Manuel de la Peña, Pedro López de Vega, Francisco Gutiérrez de Miranda, Diego Rodríguez Márquez y Luis Gómez.
También aparecen mujeres como Beatriz Núñez, Clara Rodríguez, Gracia Rodríguez, Isabel Rodríguez, Guiomar Rodríguez, María Gómez de Salazar y Felipa Gómez.
El término “reconciliado” tenía un sentido preciso dentro del lenguaje inquisitorial. No significaba una simple reconciliación personal o religiosa, sino la readmisión de un acusado en la comunidad cristiana después de reconocer los delitos que le atribuía el tribunal y cumplir las penas correspondientes. Detrás de aquella expresión administrativa había vidas enteras sometidas a investigación.

La presencia judeoconversa en la Campiña sevillana no desapareció con la expulsión de 1492. Más de un siglo después, otro movimiento humano volvió a conectar estas tierras con la memoria de Sefarad. Eran los cristianos nuevos portugueses, descendientes en muchos casos de aquellos judíos obligados a convertirse en Portugal a finales del siglo XV. Durante la unión de las coronas ibéricas y a través de las redes comerciales del Atlántico, numerosas familias portuguesas se instalaron en Sevilla y extendieron sus vínculos hacia las villas de la Campiña. Osuna, Écija, Marchena o Morón aparecen así integradas en una geografía mucho más amplia de parentescos, negocios y desplazamientos.

Documentos de la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional
Aquellas familias no formaban necesariamente comunidades religiosas organizadas. Algunas pudieron conservar prácticas judías en secreto; otras eran ya cristianas desde generaciones atrás. Para el Santo Oficio, sin embargo, el origen portugués y determinados parentescos bastaban con frecuencia para despertar sospechas. Tras la independencia de Portugal en 1640 y la caída del conde-duque de Olivares en 1643, la tolerancia política hacia los grandes comerciantes portugueses se redujo y comenzó una de las últimas grandes campañas contra los acusados de judaizar. Durante la segunda mitad del siglo XVII los procesos se multiplicaron también en Andalucía y alcanzaron con fuerza las poblaciones de la Campiña.
Tomás Dionís, una muerte después del auto de fe
Uno de los casos más dramáticos es el de Tomás Dionís. La relación histórica que recoge los acontecimientos de 1660 lo incluye entre los portugueses judaizantes de Osuna y añade un episodio excepcional: permanecía recluido en la cárcel de penitencia y, apenas dos días después del auto de fe, habría muerto tras arrojarse a un pozo.

Aparece de pronto una persona sometida a una presión difícil de imaginar: interrogatorios, prisión, exposición pública, condena y el peso social que acompañaba a una sentencia inquisitorial.
Diego Lopez Duro, la red conversa continuó una generación después
Diego López Duro, mercader vecino de Osuna y de origen portugués, fue condenado por la Inquisición de Sevilla por judaísmo y ejecutado el 28 de octubre de 1703. Su caso ha quedado ligado a uno de los grandes frescos de Lucas Valdés conservados en la iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla, donde tradicionalmente se ha identificado al reo conducido al suplicio con este procesado ursaonense.

La importancia del caso está en su continuidad con la represión contra los judaizantes portugueses documentada en Osuna durante la segunda mitad del siglo XVII. Más de cuarenta años después del gran auto de fe de 1660, en el que aparecen numerosos vecinos de la villa acusados de mantener prácticas judías, la Inquisición seguía actuando contra personas del mismo entorno social y geográfico.
La propia parroquia de la Magdalena recoge la identificación de López Duro con el condenado representado en el fresco y señala su condición de mercader de Osuna y su ejecución en 1703. La escena se encuentra en un templo especialmente vinculado a la historia del Santo Oficio, ya que el antiguo convento dominico de San Pablo fue una de las primeras sedes de la Inquisición sevillana.

El caso de López Duro permite comprobar que la presencia de cristianos nuevos portugueses en Osuna no fue un episodio puntual limitado a 1660. La documentación muestra una continuidad de varias décadas que convierte a la villa en uno de los focos más interesantes para estudiar las redes de judaizantes de la Campiña sevillana durante los siglos XVII y comienzos del XVIII.
El misterio de la Osuna medieval
La Osuna medieval, que incluyó una comunidad judía sobre la que apenas tenemos noticias, fue una ciudad mucho más concentrada que la actual: su núcleo se extendía fundamentalmente por la zona alta, en torno a la antigua alcazaba y dentro de un recinto amurallado cuyo trazado todavía puede seguirse parcialmente por calles como Luis de Molina y por elementos conservados como la Torre del Agua.

Tras la conquista cristiana de 1239 se reorganizó ese espacio urbano y, sobre la zona fortificada, se levantó la principal parroquia medieval, conocida como Santa María o Iglesia del Castillo, antecedente directo de la actual Colegiata, construida en el siglo XVI sobre su solar.

La arqueología está empezando a devolvernos esa ciudad casi desaparecida: las excavaciones de Caldenegros han documentado la muralla, estructuras urbanas, barrios periféricos de época taifa, fases almorávides y almohades y la transformación posterior a la conquista castellana; otras intervenciones han localizado incluso un arrabal islámico extramuros.
Respecto a una posible sinagoga medieval transformada después en iglesia, las fuentes institucionales y arqueológicas disponibles no muestran por ahora ninguna iglesia de Osuna cuya identificación como antigua sinagoga esté demostrada documental o arqueológicamente.
La Iglesia del Castillo es el templo medieval mejor documentado, pero las fuentes consultadas la presentan como una fundación cristiana posterior a la conquista.

Esto no excluye que existiera una sinagoga vinculada a la población judía de la Osuna bajomedieval; simplemente significa que su emplazamiento todavía no puede afirmarse con seguridad. Precisamente ahí hay una línea de investigación muy interesante: cruzar excavaciones del casco medieval, protocolos y documentación señorial de los Téllez Girón y fondos del Archivo Histórico Nacional para intentar localizar la judería y su posible espacio de culto.
Los Téllez Girón y los judíos
Los Téllez Girón gobernaron territorios donde existían comunidades judías consolidadas, y el caso mejor documentado es Peñafiel, incorporada al señorío de Pedro Girón en el siglo XV. Allí los judíos aparecen como propietarios, comerciantes, prestamistas y arrendadores, y la documentación muestra que los señores no desarrollaron, al menos de forma general, una política de expulsión propia antes de 1492. Tras el decreto de los Reyes Católicos, sin embargo, Juan Téllez Girón, II conde de Ureña, adquirió bienes que habían pertenecido a judíos de Peñafiel; PARES conserva, por ejemplo, la venta realizada en junio de 1492 por el rabino David Jayate y otros miembros de su familia al conde de cuatro ruedas de molino y una heredad.
Con la implantación de la Inquisición surgieron además procesos contra judeoconversos: Alfonso Sánchez de Soto, vecino de Roa y propietario de tierras entre Roa y Peñafiel, fue condenado a la hoguera por judaizante; sus bienes fueron confiscados y parte de la heredad de Valdeparral terminó en manos de Juan Téllez Girón, II conde de Ureña. PARES conserva además documentación de 1492 relativa a bienes confiscados por la Inquisición a los hermanos Gonzalo, Diego y Juan de Soto, directamente relacionada con el conde de Ureña.
También encontramos un caso muy significativo en Arahal, localidad integrada en los dominios de los condes de Ureña y posteriormente de los duques de Osuna. Allí nació el médico Juan Muñoz y Peralta, personaje de enorme relieve científico a finales del XVII y comienzos del XVIII. El propio Archivo Municipal de Arahal conserva copias de su documentación inquisitorial y señala que, debido a su ascendencia judeoconversa, fue acusado de judaizante, procesado y encarcelado por la Inquisición. Es especialmente interesante porque demuestra que la cuestión conversa continuaba viva en una antigua villa del señorío Girón más de dos siglos después de la expulsión de 1492
En Archidona, otro territorio fundamental de los Téllez Girón, también existe documentación inquisitorial. Una investigación reciente sobre las visitas del Tribunal de Granada recoge en 1606 a Isabel de la Serna, vecina de Archidona, investigada por “actos heréticos”. Antequera–Archidona–Loja constituyó uno de los espacios donde se detectaron comunidades y redes de conversos judaizantes: en el auto de fe granadino de 1528 fueron condenadas 86 personas por prácticas relacionadas con el judaísmo. Dialnet Ya en el siglo XVIII aparece además José de Silvetra, nacido en Archidona, procesado en 1722 por la Inquisición de Jaén como “judaizante protervo”.

Osuna no estaba aislada
La aparición de estos portugueses en Osuna tampoco puede entenderse como un fenómeno exclusivamente local. Durante los siglos XVI y XVII hubo importantes desplazamientos de cristianos nuevos portugueses hacia Castilla. Parte de ellos se dedicaron al comercio y establecieron relaciones familiares y económicas entre distintas ciudades. Sevilla era un lugar especialmente atractivo por su actividad mercantil y por el comercio americano, pero las redes no se detenían en la capital.
Osuna, Morón, Utrera y otras poblaciones de la Campiña estaban perfectamente integradas en aquellos circuitos económicos.
El secreto de la Sevilla lusa y de San Antonio de los Portugueses
Lo que Juan Gil nos enseñó sobre los conversos de la Campiña
La monumental obra de Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, permite reconstruir el mundo de los cristianos nuevos desde finales del siglo XV. Su método es especialmente valioso porque no se limita a estudiar grandes procesos inquisitoriales. Gil reconstruye nombres, familias, profesiones, matrimonios, movimientos geográficos y relaciones económicas.
Los datos estudiados por Juan Gil para Marchena pertenecen principalmente al periodo inicial de la Inquisición sevillana, especialmente finales del siglo XV y comienzos del XVI. El grupo portugués de Osuna pertenece, en cambio, a 1660, casi dos siglos después. La Campiña sevillana fue durante siglos un territorio atravesado por familias conversas, comerciantes, funcionarios, arrendadores, artesanos y posteriormente cristianos nuevos portugueses.
Los apellidos como pistas, no como pruebas
La lista de Osuna contiene apellidos como Núñez, Rodríguez, Gómez, Carrasco, Miranda o Vega. Algunos de esos apellidos aparecen también en documentación conversa de otras localidades.
Precisamente uno de los principales méritos del trabajo de Juan Gil es evitar esa simplificación: las familias se reconstruyen mediante matrimonios, filiaciones, testamentos, profesiones y documentos notariales.

Documentos de la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional
Una red que ahora podemos intentar reconstruir
A partir de los nombres de 1660 se abre una investigación extraordinaria. Los Carrasco, los Miranda, los Rodríguez, los López Vega, los Núñez o los Gómez pueden dejar huellas en protocolos notariales, expedientes inquisitoriales, escrituras de compraventa, testamentos, registros parroquiales y documentación del ducado de Osuna.
Los procesos inquisitoriales contienen muchas veces declaraciones sobre asuntos aparentemente insignificantes: qué se comía en una casa, cuándo se cambiaba la ropa, cómo se preparaba una comida, qué palabras se pronunciaban, quién visitaba a quién o qué se hacía un viernes por la tarde.
De los conversos de 1495 a los portugueses de 1660
Entre los conversos documentados por Juan Gil en la Marchena de finales del siglo XV y los portugueses perseguidos en Osuna en 1660 hay casi ciento setenta años. Son contextos diferentes. Pero ambas historias forman parte de un mismo proceso de larga duración: la vigilancia ejercida durante generaciones sobre los descendientes de judíos convertidos al cristianismo y sobre aquellos cristianos nuevos sospechosos de conservar prácticas judías. Marchena permite observar el comienzo de ese mundo. Osuna nos muestra que el fenómeno continuaba vivo en pleno siglo XVII.

El fenómeno de los conversos y criptojudíos no terminó con el siglo. Todavía durante las primeras décadas del XVIII se documentan procesos y delaciones contra descendientes de aquellas familias. La represión iniciada en torno a 1718 constituye uno de los últimos ecos de esta historia. Hacia 1720-1730 el grupo había dejado ya de constituir una realidad social visible: unas familias habían emigrado, otras habían sido desarticuladas por los procesos y confiscaciones, y muchas otras se habían integrado definitivamente en la sociedad cristiana. Lo que quedaba ya no era una comunidad reconocible, sino apellidos, parentescos y memorias familiares que sólo vuelven a emerger cuando se cruzan los expedientes de la Inquisición con protocolos notariales, padrones y archivos señoriales.
Historia
Diego Núñez de Prado: el caballero, alcalde y alcaide que fundó San Francisco de Marchena
Documentos de PARES y la Chancillería permiten reconstruir la vida de Diego Núñez de Prado: caballero armado por Fernando el Católico, alcaide del castillo, alcalde de Marchena y fundador con Juana Blázquez del convento de San Francisco en 1530.
Published
2 semanas agoon
2 octubre, 2026
Diego Núñez de Prado fue mucho más que el hombre que cedió sus casas para levantar el convento de San Francisco de Marchena. La documentación conservada en PARES, la Real Chancillería de Granada y los estudios sobre el franciscanismo marchenero permiten reconstruir el perfil de un personaje situado en el centro del poder local durante las primeras décadas del siglo XVI: militar, alcaide de la fortaleza, alcalde de Marchena, caballero armado por Fernando el Católico y, junto a su esposa Juana Blázquez, fundador hacia 1530 del convento del que hoy sobrevive la capilla de la Vera Cruz.
Un hombre del poder ducal y del gobierno de Marchena
Uno de los documentos más claros se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza y puede consultarse a través de PARES. El 1 de agosto de 1530, Diego Núñez de Prado aparece expresamente como alcaide de la fortaleza de Marchena prestando pleito homenaje a Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. El documento forma parte del proceso de sucesión señorial tras la muerte de Rodrigo Ponce de León Cabrera, I duque de Arcos.
La ficha de PARES describe el original como «testimonio de la toma de posesión y pleito homenaje que hizo Diego Núñez de Prado, alcaide de la fortaleza de Marchena, a favor del II duque de Arcos». La signatura es OSUNA,C.170,D.55-57. Consulta del documento en PARES.
Otro documento del mismo fondo muestra a Diego entregando el castillo y fortaleza de Marchena a Juan de Saavedra, señor de Castellar y El Viso, que actuaba como tutor y gobernador de la persona y bienes del joven duque. La signatura es OSUNA,C.170,D.66-67. Consulta en PARES.
Esto sitúa a Núñez de Prado en una posición excepcional: era el hombre responsable de la principal fortaleza de la capital del Estado de Arcos y participaba directamente en los rituales jurídicos mediante los cuales se transmitía el poder señorial.
Las Ordenanzas de Marchena y su cargo municipal
Diego Núñez de Prado aparece asimismo rubricando las Ordenanzas municipales de Marchena, cuerpo normativo que regulaba desde los montes, dehesas y ganados hasta actividades artesanales y comerciales. En artículos anteriores de Marchena Secreta se había manejado la fecha de 1525, mientras que la edición académica de Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández las publica como Ordenanzas de la villa de Marchena (1528).
La firma de Núñez de Prado demuestra su participación en el gobierno de la villa. Lo que puede afirmarse documentalmente con seguridad es que pocos años después, en 1535, aparece ya identificado como alcalde de Marchena. Por prudencia, hasta comprobar la fórmula exacta del manuscrito de las ordenanzas, no debe darse por seguro que ejerciera ya ese mismo cargo concreto cuando las rubricó, aunque su intervención evidencia que pertenecía al núcleo dirigente del concejo.
La edición moderna de las ordenanzas fue realizada por Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández y publicada por la Diputación de Sevilla. Ficha de la edición.
1535: los vecinos llevan al alcalde ante la Chancillería
La imagen de benefactor religioso convive con otra mucho más áspera: la del hombre que ejercía el poder cotidiano. El 29 de octubre de 1535, numerosos vecinos de Marchena pleitearon contra Diego Núñez de Prado y contra Juan Romero ante la Real Chancillería de Granada. La documentación manejada por Marchena Secreta identifica a Núñez de Prado como alcalde de Marchena y capitán o alcaide del castillo, mientras que Juan Romero aparece como alcalde de la Justicia.
Entre las quejas figura la utilización o requisa de caballos de vecinos para servicios relacionados con las necesidades del poder señorial y militar. La paradoja es significativa: quien había intervenido en la normativa municipal era acusado pocos años después por sus propios vecinos de excederse en el ejercicio de su autoridad.
Marchena Secreta: el pleito de 1535 y los caballos de Marchena.
Fernando el Católico lo armó caballero en Lanjarón
Una referencia procedente de un pleito de hidalguía de la Real Chancillería de Granada permite retroceder hasta su etapa militar. En un proceso de 1573 se recordaba que el rey Fernando el Católico había armado caballeros en Lanjarón a varios vecinos de Marchena, entre ellos «el alcayde Diego Núñez de Prado» y Martín de Alcalá.
La referencia archivística es Archivo de la Real Chancillería de Granada, Hidalguía, caja 4959, pieza 16, citada en un estudio publicado en el Anuario de Historia del Derecho Español. Consultar el estudio y la referencia documental.
Este testimonio es especialmente importante porque enlaza a Diego Núñez de Prado con las campañas granadinas y confirma que su condición militar no fue una reconstrucción tardía: fue reconocido como caballero armado por el propio monarca.
De las campañas de Granada al mando de la fortaleza
La tradición historiográfica local lo presenta además como caudillo y capitán de la gente de Marchena y del Estado de Arcos, vinculado a las campañas de Rodrigo Ponce de León durante la guerra de Granada y posteriormente a las operaciones de 1500 frente a las sublevaciones mudéjares. Esa tradición resulta coherente con el testimonio de Lanjarón y con su posterior cargo de alcaide, aunque cada episodio concreto debe seguir contrastándose con documentación primaria.
Marchena Secreta ya había recogido ese perfil militar al tratar la historia de los Ponce de León. Artículo de archivo.
1530: Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez fundan San Francisco
Hacia 1530, Diego Núñez de Prado y su esposa Juana Blázquez dispusieron conjuntamente la fundación del convento de San Francisco. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez explica que el matrimonio estableció mediante un acuerdo testamentario de mancomún que el superviviente de ambos debía hacer un convento para los religiosos franciscanos.
Para la fundación, Núñez de Prado destinó sus propias casas. Sobre aquel espacio se levantaron después la capilla mayor, la capilla del Sagrario, la sacristía y el claustro pequeño. La donación comportaba también para el fundador y sus familiares el derecho a una bóveda de enterramiento en la capilla mayor.
El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico confirma que la actual capilla de la Vera Cruz perteneció al extinguido convento de San Francisco y fecha su fundación en 1530 por Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez. Ficha del IAPH.
La Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría recoge igualmente la fundación «en torno a 1530» por Diego Núñez de Prado y su esposa. Estudio sobre las fundaciones religiosas de la villa ducal.
Un matrimonio vinculado a la espiritualidad franciscana
Las fuentes locales y cofrades identifican a Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez como terciarios franciscanos. La fundación, por tanto, no debe verse únicamente como una demostración de riqueza o prestigio. El matrimonio estaba vinculado a la espiritualidad de San Francisco y convirtió una parte esencial de su propio patrimonio doméstico en espacio conventual.
Por eso resulta más exacto hablar de los fundadores Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez, y no únicamente de Diego.
1533: la Vera Cruz nace junto al nuevo convento
La nueva casa franciscana se convirtió muy pronto en un foco de religiosidad penitencial. La Hermandad de la Vera Cruz sitúa sus reglas primitivas en el 7 de febrero de 1533. Francisco Rodríguez Santos figura como fundador de la cofradía, establecida en una capilla propia junto a la iglesia conventual. La tradición marchenera señala que la creación de la hermandad se produjo a instancia de Diego Núñez de Prado.
Historia de la Vera Cruz de Marchena.
Aquel convento ocupó buena parte de la manzana donde hoy se encuentran dependencias públicas. Tras las transformaciones y desaparición de las dependencias conventuales, la capilla de la Vera Cruz quedó como el principal testimonio arquitectónico del conjunto fundado en el siglo XVI.
Un personaje entre la espada, el concejo y el convento
Los documentos permiten así recuperar a un Diego Núñez de Prado mucho más complejo que el simple nombre asociado a una fundación.
Lo encontramos como militar de las campañas granadinas y caballero armado por Fernando el Católico; como alcaide de la fortaleza de Marchena, encargado de una pieza esencial del poder de los Ponce de León; como participante en el gobierno municipal y rubricante de las ordenanzas de la villa; como alcalde de Marchena documentado en 1535; como autoridad cuestionada por vecinos que acudieron contra él a la Chancillería; y, finalmente, como hombre profundamente ligado al franciscanismo que junto a Juana Blázquez transformó sus casas en un convento.
Su biografía resume buena parte de la Marchena de comienzos del siglo XVI: una villa señorial gobernada bajo la autoridad de los Ponce de León, todavía marcada por la guerra de Granada, dotándose de nuevas normas municipales y viviendo al mismo tiempo una intensa expansión conventual y cofrade.
Queda todavía una línea de investigación abierta: localizar y leer íntegramente todos los documentos del fondo Osuna que mencionan a Diego Núñez de Prado, así como el pleito completo de 1535 y el manuscrito original de las ordenanzas, para precisar la cronología exacta de sus cargos municipales y militares.
Fuentes consultadas
Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.55-57. Toma de posesión de los oficios de Marchena y pleito homenaje de Diego Núñez de Prado como alcaide de la fortaleza, 27 de julio-1 de agosto de 1530.
Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.66-67. Toma de posesión del castillo y fortaleza de Marchena por Juan de Saavedra, entregados por Diego Núñez de Prado.
Archivo de la Real Chancillería de Granada. Hidalguía, caja 4959, pieza 16. Referencia a la caballería otorgada por Fernando el Católico a Diego Núñez de Prado en Lanjarón, citada en el Anuario de Historia del Derecho Español.
Borrero Fernández, Mercedes; García Fernández, Manuel. Las Ordenanzas de la villa de Marchena (1528), Diputación de Sevilla.
Ramos Suárez, Manuel Antonio. Estudios sobre la dispersión del patrimonio mueble y la fundación del convento de San Francisco de Marchena.
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Ficha patrimonial de la Capilla de la Vera Cruz de Marchena.
Marchena Secreta. Archivo propio sobre Diego Núñez de Prado, las ordenanzas, el pleito de 1535, los Ponce de León y el franciscanismo en Marchena.
Imagen de portada: capilla de la Vera Cruz de Marchena, antiguo convento de San Francisco. Archivo gráfico del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).
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