Historia
La olvidada herencia que dejaron los moriscos en la cultura y la historia de Marchena
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3 años agoon
La noche de Navidad de 1568 tambores de guerra resuenan en las ciudades, valles y montañas del Reino de Granada. Moriscas y moriscos renuevan su juramento a los antiguos reyes y se levantan contra la Corona y la Iglesia. En esta Guerra también se vieron involucrados los vecinos de Marchena de una forma muy directa.
Hace diez años de la muerte de Mansur Escudero en Almodóvar del Río (Córdoba) neuropsiquiatra malagueño convertido al islam que estableció puentes con los andalusíes del norte de Marruecos y defendió una declaración institucional del Estado que reparase la expulsión de los moriscos de 1609.
En el año 2018 se cumplieron 450 años de aquella guerra que asoló y trasformó al reino de Granada.
Alrededor de un millón de marroquíes se consideran descendientes de los andalusíes, moriscos expulsados de España en 1609 y antes. Conservan la lengua y algunas costumbres españolas y llevan con orgullo ser descendientes de andaluces.
Cuando los vecinos de Marchena acudieron a los tribunales para defender su derecho a fabricar jabón
A la expulsión de los alrededor de 300.000 moriscos dedicó el autor de La Mano de Fátima, Ildefonso Falcones, su obra, vendiendo millones de ejemplares en todo el mundo. La expulsión afectó principalmente a Andalucía, Levante y Aragón y tuvo lugar en medio de una campaña contra los Turcos, que hacían frecuentes incursiones militares a los puertos del sureste español, llevándose esclavos y hasta los pobladores de ciudades enteras como Ciudadela, Mallorca en 1555.
EL MITO DE LA MADRE MORISCA DE BARBARROJA
Mármol Carvajal afirma que la madre de los hermanos Barbarroja, los mayores enemigos de España se llamaba Catalina y era de Marchena. (Mármol Carvajal, L., Descripción general de Africa, 1573). Se sabe que su madre era griega de Mitilene – es eso, un mito, pero el hecho de que exista este mito es significativo. Cristianos andaluces capturados y esclavizados por los corsarios en sus razias; cautivos sostuvieron el Argel de los Corsarios.
Creció el temor de que los moriscos españoles ayudasen a los piratas turcos. Para acabar con esta amenaza el Rey organiza en 1535 una incursión en Túnez contra los Barbarroja en la que participaron soldados y caballos de Marchena liberando a 5000 esclavos cristianos.
Desde 1520, la monarquía fue prohibiendo sus trajes, danzas, costumbres, lengua y se fueron bautizando y asimilando al cristianismo. Los primeros levantamientos moriscos fueron los del barrio de la Feria de Sevilla, en Mayo de 1520 reprimidos por el I Duque de Arcos que era Alguacil Mayor de Sevilla.
Está documentada la presencia de moros horros en el arrabal de Marchena, zona de la plaza Vieja, desde 1296. (Juan Luis Ravé-Borrero).
Una de las actividades más lucrativas a la que se dedicaban los moriscos en toda Andalucía y también en Marchena era la seda. En 1530 los testigos del Arzobispado afirman en un pleito que en Marchena había moriscas trabajando la seda que pagaban el diezmo de la seda al Arzobispado. La actividad textil de la seda y el lino eran reguladas desde 1528 por las ordenanzas municipales.
Alonso de Villacastín, el último morisco de la Plaza de San Andrés
Se tiene constancia que entre los moriscos expulsados de Marchena estuvo Alonso de Villacastón, cuya casa estaba en la plaza de San Andrés. El proceso quedó recogido en el artículo de venta real impresa otorgada por Alonso de Olmedo vecino de Medina del Campo y juez comisionado por Felipe III para la venta y enajenación de los bienes de los moriscos de la tierra del arzobispo de Sevilla y marquesado de Estepa a favor de Antón Hernández Villacastín en 1613.
A pesar de la expulsión muchos volvieron a sus lugares de origen a los pocos años, y esto hizo necesario que el Ayuntamiento de Marchena nombrase un comisario encargado de controlar que no volvieran los moriscos expulsados.
Antes de la expulsión de 1609 los moriscos se agrupaban en morerías o aljamas, que estaban adosadas a las puertas de la muralla. Se sabe que en Marchena la Plaza Vieja conservaba la presencia de moriscos en este periodo tal y como publicó Ravé. La presencia de las almonas en la cercana calle de su nombre confirma este hecho.
Algunos moriscos de Jubrique fueron bautizados en San Juan de Marchena.
Pero en 1568-70 surgió un movimiento armado que amenazaba al Estado desde dentro: la Guerra de la Alpujarra, y Sierra de Ronda iniciándose en Navidad y asesinando a muchos sacerdotes alpujarreños.
Las moriscas trabajaban la seda en la Marchena del siglo XVI
En abril de 1569 se temió un importante apoyo militar del imperio otomano a los rebelados, de hecho algunos argelinos y turcos apoyaron el levantamiento. Felipe II era consciente del peligro que suponía la internacionalización de una guerra en el mismo corazón de la Monarquía Hispánica.
En 1613 quedaban cien moriscos en Marchena trabajando para los Duques. Apellidos moriscos documentados en Marchena Rojas, Alharras, Valenzuela entre otros. Aun había moriscos en 1618 en Marchena. Influencia del mudéjar en Marchena por la presencia de esclavos moriscos trabajando para el Duque.
En 1570 llegan a Marchena 60 moriscos deportados de Jubrique y Genalguacil. Varios de ellos fueron juzgados por realizar en secreto matrimonios por el rito musulmán pese a la prohibición, que conocemos por el trabajo de Maria Isabel Mendiola Fernández “Algunos procesos entre moriscos por causa de matrimonio.
Se inicia una campaña militar para acabar con la rebelión en la que hubo también tropas de Marchena mandadas por los Ponce y moriscos acogidos a acuerdos militares y bautizados en Marchena con la posterior dispersión de los moriscos por el resto de España. Además, la viuda del Marqués de Cádiz, Beatriz Pacheco tuvo que hacer frente a la expulsión de moriscos en la Sierra de Cádiz y posterior repoblación con vecinos de Marchena y resto de la campiña sevillana.
En 1570 del duque de Arcos recibe en Marchena a 100 arcabuces de Vizcaya para armar a los hombres que iban a sofocar la revuelta de los moriscos de la Sierra de Ronda y Alpujarra. 1500 arcabuceros, con gente de Marchena y los pueblos de Luis Cristóbal Ponce de León ayudaron a sofocar en 1570 la rebelión morisca de la sierra de Ronda bajo mando de Juan de Austria según el cronista Hurtado de Mendoza.
Los moriscos también fueron grandes médicos de hecho el Rey que expulsó a los moriscos Felipe II salvó la vida gracias a un médicos moriscos. Las moriscas conservaron la costumbre de recoger plantas en el campo para su uso doméstico y curativo siendo acusadas frecuentemente de brujería.
Entre los caballeros de Marchena en la Guerra de las Alpujarras estaba Lázaro de Briones, que tras venir de la conquista de Perú fue capitán de la Compañía de Caballos Corazas de Carmona, Alférez Mayor y regidor perpetuo de esta ciudad.
Escritura Aljamiada.
La primera gran batalla se dio contra Istán y la última gran derrota morisca fue en Monda. Cayeron Ojén, Istán, Monda, Tolox, Guaro, Cartajima, Jubrique y otros pueblos. Algunos de los reyes y cabecillas moros que firmaron acuerdos de paz con el Duque fueron acogidos en Marchena y protegidos por el Duque y bautizados en San Juan. Además, Don Juan de Austria ordenó al Señor de Marchena llevar 1200 moriscos presos de la Sierra de Ronda a Íllora para que juntos fuesen a Castilla con otros de la Vega de Granada.
Su mano de obra era fundamental para el mantenimiento de los Estados señoriales. Eran expertos artesanos, hortelanos, agricultores, albañiles. Mano de obra esclava o barata que con la expulsión dejó de estar disponible. Se estableció entonces la figura de los seises: seis de cada cien se salvaron de ser expulsados para enseñar a los españoles a trabajar las huertas o en la construcción. De ahí vienen refranes como «la huerta es un tesoro si el hortelano es un moro», o «quien tiene un moro, tiene un tesoro». En Marchena se quedaron un grupo trabajando para el Duque por orden de éste y también llegó un contingente de la Alpujarra.
Vivieron a la vez un proceso de asimilación cultural y de represión permanente. Al mismo tiempo que se bautizaron, hasta sus mas nimios actos cotidianos fueron objeto de sospecha y rechazo social, por razones político-religiosas. Se les investigaba qué comían, si trabajaban los viernes, día sagrado del Islam, cómo vestían y en que lengua hablaban, incluso se les obligaba a tener la puerta de la casa abierta los viernes. Fueron condenados a la marginalidad y la pobreza.
La Inquisición juzga a algunos de estos moriscos residentes en Marchena naturales de Jubrique y Genalguacil por casarse y conservar sus costumbres de moros una vez establecidos en Marchena.
Ana Echevarría Arsuaga Doctora en Historia Medieval ha desvelado en su estudio “La Guardia Morisca. Un desconocido cuerpo del ejército medieval español” que la guardia personal de Juan II y Enrique IV era morisca pero de apellido cristiano. Entre ellos estaba el trompeta del conde de Arcos, Pero Gonçales de Marchena “caballero morisco” al servicio del Conde de Arcos.
Alonso y Gracia Carrasco moriscos y primos de Jubrique, serranía de Ronda, fueron juzgados mientras vivían en Marchena. Durante el juicio de la Inquisición los tres testigos, dicen que se casaron en 1570 “estando alçados los moriscos en el partido de Ronda” y “conforme a la ley de Mahoma con cerimonias y supersticiones de moros” por “un alfaqui berberisco que avía pasado de Berbería».
Las almenas sirias de la nave sur de San Juan de Marchena fechadas entre 1550 al 55 cuando había esclavos moriscos trabajando para el Duque de Arcos. En esta iglesia de San Juan fueron bautizados los moriscos de la Sierra de Ronda que firmaron acuerdos de paz con los Duques de Arcos
Esto produjo una cultura de supervivencia, buscando la adaptación de la cual es buen ejemplo la lengua aljamiada: escribían en castellano con caracteres árabes.
A pesar de todas las persecuciones y expulsiones, algunos moriscos se quedaron se bautizaron y lograron hacerse ricos gracias al cultivo de la seda. Por ejemplo, el rico comerciante granadino y morisco Isidro de Chávez perdono 9000 reales a Don Pedro de Marchena alcaide del crimen de Granada y asistente de la villa de Marchena en 1699.
Los monfíes fueron bandoleros moriscos que se negaron a aceptar las leyes cristianas y se retiraron a las montañas, dando origen al bandolerismo moderno. Uno de los más famosos fue El Joraique, en la zona de Almería.
La música y cultura andalusí se eliminó de España aunque se conservó en el Magreb. De hecho el laúd estaba mal visto por ser instrumento árabe y por eso la vihuela se convierte en el instrumento principal español y de ahí evoluciona la guitarra.
Mudéjar quiere decir: moro domesticado y dio nombre al estilo artístico predominante en la arquitectura medieval de Marchena.
Aunque el 15% de las palabras del español proceden del árabe, poco a poco las palabras árabes dejaron de usarse sustituídas por otras de mismo significado más castellanas a partir del XVI. Por ejemplo en este periodo se cambio de nombre al río de La Puebla, Marchena y Carmona, que de Guadajoz pasa a llamarse Corbones, aunque queda una pedanía carmonesa con dicho nombre. Otro fenómeno curioso es el de las palabras que pierden su significado porque ya no tienen sentido al perderse la enseñanza del árabe. Así la calle de La Almona, pasa a llamarse calle La Mona, sin que nadie entienda porqué se llama así.
Tras los pasos del maestro Ibn Arabí por las campiñas sevillanas a través de sus libros
Los moriscos hablaban un dialecto del árabe llamado hispanoárabe, popularmente Algarabía (del árabe hispánico al‘arabíyya) o ‘lengua árabe’ aunque también hablaban castellano. En el exilio mantuvieron esta lengua española, prueba de su identidad hispana que les distinguiría de los demás musulmanes.
Todo rastro de lenguaje morisco o árabe empezó a estar mal visto al ser un lenguaje marginal, y se empezó a decir que los moriscos hablaban un mal castellano cuando en realidad hablaban con una fuerte influencia de la lengua árabe, algo que dejó su impronta en el habla andaluza. Se empezó a decir hemorroides en vez de almorranas que se desechó por vulgar.
Los romances, que casualmente son conservados por la población gitana. En 1820 Bartolomé José Gallardo, encarcelado, escuchó a Pepe Sánchez y Curro El Moreno gitanos de Marchena cantando El Romance de Gerineldo y La Condesita, romances propios de la tradición oral de los moriscos, según se recoge en la obra «El Romancero de la provincia de Sevilla» dirigido por Pedro M. Piñero Ramírez.
En busca de la Baraka de Shams de Marchena, una maestra sufí
La memoria recuperada: lo que nos queda de los moriscos
Cada vez son más los investigadores que tratan de buscar lo que queda en nosotros del pueblo morisco. Uno de ellos es Antonio Manuel autor de La Huella Morisca. El dice que entendió cómo se lavaba su abuelo después de venir del campo en Níger. «Observé en Níger cómo se lavaba un niño antes de entrar a una mezquita. Primero los brazos y manos, luego la cara. Comprobé que el niño se lavaba exactamente igual que mi padre o mi abuelo».
La extraña muerte de la Madre Antigua: la monja que murió por el beso de Dios
«Cuando yo lo he contado en mis charlas la gente inmediatamente se reconoce y me dice: «se llama agafar». Agafar el lavarse con los brazos la cabeza y las manos. Yo les pregunto, porqué se llama Agafar y no lo saben. Es uno de los 99 nombres de Dios en árabe. Significa el perdonador. Lavarse de forma Agafar es pedir perdón.
También nos queda el flamenco donde Antonio Manuel ha recopilado las expresiones, palabras y costumbre que proceden de la cultura árabe. Y por supuesto nos queda la gastronomía donde sobresale el pan de Marchena el mollete que fuera es considerado pan árabe.
Actualidad
Cartas cifradas inéditas y redes de espías señoriales de la guerra de los Comuneros en 1520
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3 días agoon
2 mayo, 2026
INVESTIGACION.- Durante siglos, la historiografía nos contó que Andalucía permaneció fiel a Carlos V por convicción. Sin embargo, los legajos «desclasificados» del Fondo Osuna nos revelan hoy una realidad fascinante: una red de inteligencia nobiliaria que vigilaba cada movimiento del Emperador y de los rebeldes para asegurar que el poder de los Ponce de León y los Girón permaneciera intocable.
En 1520 la nobleza andaluza tiene redes de inteligencia territorial que funcionan con informadores locales, mensajeros cifrados y sistemas de aviso que no tienen nada que envidiar a una cancillería moderna. Aqui tenemos algunos documentos que lo prueban.
1520. La Guerra de las Comunidades ha estallado en Castilla. El joven Carlos I —recién coronado emperador en Aquisgrán— está en Flandes. El cardenal Adriano de Utrecht gobierna en su nombre una Castilla en llamas. Las ciudades comuneras han formado la Junta Santa en Tordesillas y tienen como capitán general militar a Pedro Girón, señor de Osuna, Morón, Arahal y La Puebla de Cazalla: es decir, el señor de media Campiña sevillana. De esta forma la nobleza sevillana se levantó contra el rey.

Pedro Girón es el cuñado del duque de Arcos y señor de Marchena, Rodrigo Ponce de León, enterrado en Santo Domingo de Marchena y casado con una hermana de Girón. El señor del estado señorial y casa de Marchena. Pedro Girón le manda al duque de Arcos cartas mientras dirige la revolución más importante de su época y encabeza batallas en la guerra de comuneros.
Pedro Girón murió en Osuna en 1531, diez años después de Villalar. Fue sepultado en la capilla mayor del monasterio de San Pablo de Sevilla. El I duque de Arcos murió en 1530. Antes de morir nombró a Pedro Girón —el mismo Pedro Girón, el capitán general de sus enemigos, el hombre de las cartas cifradas y los espías en Lorca— tutor y gobernador de su hijo Luis Cristóbal, el II duque de Arcos.

Los Girón y los Ponce de León están coordinando su red señorial en el sur independientemente de qué bando oficial ocupen en la guerra. La Comunidad, en Andalucía, es en parte una disputa entre casas nobiliarias por el control territorial.
El cerco de Huéscar (diciembre de 1520)

Pedro Girón escribe desde Huéscar, Granada, al Señor de Marchena a primeros de 1520. Mientras él manda el ejército comunero en el norte castellano, en el sur sus estados señoriales —y los territorios conectados con la red Arcos-Girón— están siendo atacados.
Pedro Girón, el capitán general de los comuneros, está coordinando operaciones militares en el reino de Granada mientras simultáneamente dirige el ejército rebelde en Valladolid. Está usando al gobernador real de Granada —don Antonio de Mendoza— como ejecutor de una operación que también le interesa a él. Y se lo cuenta al duque de Arcos, su cuñado y aliado en Sevilla, porque necesita que el señor de Marchena le proteja la retaguardia logística: al final de la carta le pide expresamente que ordene al gobernador de Bailén que socorra sus necesidades, porque el principal punto de abastecimiento —»Quesada»— depende de vasallos del duque.
La fecha del documento multiplica su interés. Enero de 1521 coincide con uno de los momentos más tensos de la Guerra de las Comunidades de Castilla, el levantamiento político iniciado en 1520 contra el gobierno de Carlos I.
En esos meses Toledo seguía en rebeldía, Segovia había sido uno de los primeros focos de insurrección, Valladolid, Toro, Salamanca o Madrid vivían fuertes divisiones internas, y la Junta Comunera intentaba articular un modelo de gobierno alternativo frente a la monarquía flamenca del joven Carlos. La Corona atravesaba, por tanto, una situación extremadamente delicada.

CALLE HUESCAR. MARCHENA. Hoy Cristobal Colón.
Tenía una rebelión urbana y política en el corazón de Castilla, y simultáneamente necesitaba mantener bajo control un territorio fronterizo como Granada. Este doble escenario explica por qué la monarquía dependía tanto de las grandes casas nobiliarias.
La batalla de los comuneros en Huéscar y su reflejo en el callejero de Marchena
Carlos I aún no contaba con una administración centralizada capaz de responder de forma homogénea a todas las crisis del reino. En la práctica, la defensa y el orden descansaban en una red de fidelidades aristocráticas que actuaban como verdaderos brazos ejecutivos del poder. La carta de Pedro Girón es una prueba material de ese funcionamiento.
Un grupo rebelde (probablemente moriscos de las germanías de Lorca y Caravaca, el movimiento hermano de las Comunidades pero en el reino de Valencia y Murcia, ha puesto cerco a Huéscar, Granada durante 15 o 16 días.

El marqués de los Vélez —señor de Murcia, que apoyaba al Rey Carlos V, rival de los Mendoza y los Girón en el sureste— ha estado enviando secretamente gente de Lorca, Murcia y Caravaca en apoyo a los sitiadores, además de artillería desde Cartagena. Girón lo sabe porque tiene espías propios en Lorca. El dato de los espías en Lorca es la primera vez que aparece documentado en un original el uso de inteligencia por parte de un noble comunero andaluz.

Colegiata de Santa María la Mayor, en Huéscar (Granada).
Nueve meses después Pedro Girón escribe al duque de Arcos desde Burgos el 20 de septiembre de 1521. La guerra ha terminado. Todo ha cambiado.
El 23 de abril de 1521, en los campos encharcados de Villalar, la caballería imperial barrió al ejército comunero en menos de una hora. Juan de Padilla, que había encabezado la resistencia desde Toledo, fue capturado junto a Juan Bravo y Francisco Maldonado. Al día siguiente, los tres fueron decapitados en la plaza de Villalar.
Pedro Girón no estaba allí. Llevaba semanas fuera del mando, apartado de la dirección militar de la Junta después de que sus movimientos de tropas en diciembre de 1520 —ese mismo mes en que escribía al duque desde Huéscar— dejaran desprotegida la posición de Tordesillas y permitieran a los realistas recuperarla. Sus correligionarios lo acusaron de traición. Los historiadores discuten aún si fue negligencia o cálculo. Girón sobrevivió a Villalar.

Mientras Padilla moría decapitado y María Pacheco —cuñada del duque de Arcos, hermana de su primera esposa— se atrincheraba en Toledo dispuesta a resistir hasta el final, Pedro Girón se presentó ante el poder imperial y ofreció sus servicios en Navarra, donde los franceses habían aprovechado el caos castellano para intentar una invasión. Pelear contra Francia era la mejor carta que podía jugar. Y la jugó. El perdón regio llegaría en 1522.
Cuando el hermano del Duque de Arcos tomó el Alcázar de Sevilla, en nombre del movimiento comunero
La carta de Burgos
Pero en septiembre de 1521 el perdón todavía no había llegado, y Pedro Girón escribía al duque de Arcos. La carta es un documento extraordinario por lo que dice y por lo que calla.
Girón informa al señor de Marchena de la concentración del ejército imperial en Bayona de Navarra. No es información que cualquiera pudiera tener. Habla de cuatrocientas compañías, de tres o cinco mil alemanes, de otros tantos lansquenetes, de tres mil aventureros acampados en la frontera dispuestos a entrar por Pamplona. Es el ejército con el que Carlos V va a recuperar Navarra. Y Girón, que ya está negociando su posición con ese mismo poder imperial, lo describe con la precisión de alguien que tiene acceso al estado mayor del vencedor.
Red epistolar del señor de Marchena · Guerra de las Comunidades (1520–1521)
No menciona Villalar. No menciona a Padilla. No menciona su propia expulsión del mando comunero ni las acusaciones de traición que circularon por media Castilla con su nombre. De la revolución que capitaneó, de la causa que dijo defender, no queda ni una palabra. La carta habla de Toledo —que aún resiste, que todavía no ha caído— sin pronunciar el nombre de María Pacheco, la mujer que en ese momento está sosteniendo con sus propias manos el último reducto comunero de Castilla. María Pacheco es la cuñada de ambos. La hermana de la primera esposa del duque de Arcos. La cuñada política de Girón. Y ninguno de los dos la nombra en la carta.

EL ARCHIVO SECRETO DE MARCHENA
Catorce cartas que el duque no debía conservar
Los documentos inéditos del Archivo Histórico de la Nobleza revelan que el palacio ducal de Marchena fue el centro neurálgico de recepción de información de los dos bandos de la Guerra de las Comunidades. El palacio ducal de Marchena tenía informadores en los dos cuarteles generales enfrentados: el de la revolución comunera en Tordesillas y el del poder imperial en Burgos.
Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, señor de Marchena, Alguacil Mayor de Sevilla, tiene cuarenta años, es el mayor propietario de señoríos de la Campiña sevillana, Su primera esposa, Isabel Pacheco, es hermana de María Pacheco, la que será la última defensora comunera de Toledo. Su segunda esposa, Juana Téllez-Girón, es hija del conde de Ureña y hermana de Pedro Girón, el capitán general del ejército comunero.

Los informadores del I Duque de Arcos
Mientras Pedro Girón enviaba partes de guerra desde el norte, otro corresponsal del duque operaba en el corazón mismo del cuartel general comunero en Tordesillas, Juan de Guzmán, enviado por el Duque como espía— a Tordesillas, donde la Junta Santa tenía su sede y vivía recluida la reina Juana I. Le comunica que la reina Juana refrendaba a la Junta comunera añadiendo una legalidad dinástica y además que la Junta comunera de Tordesillas estaba informada de la toma del Alcazar de Sevilla por el hermano del Duque de Arcos en 1521.
Guzmán le cuenta al duque de Arcos que en Tordesillas «se dize que en Sevilla ay muy grandes vandería e que vuestra señoría tiene el alcázar de lo cual se huelga mucho la dicha junta., La Junta Comunera creía que el duque de Arcos había cruzado a su bando. En Tordesillas, Sevilla parecía comunera. Juan de Figueroa fue derrotado el mismo día por el duque de Medina Sidonia.

Un código cifrado de la nobleza sevillana documentado en 1520
Desde Valladolid, donde la corte imperial provisional intentaba gobernar una Castilla en llamas un agente llamado Pedro de Castilla, criado del duque infiltrado en el entorno del poder imperial, filtra al duque que Carlos V está furioso con la nobleza por su tibieza en la guerra.
El emperador había dicho que «pues los grandes no le servían para este negocio como él pensaba, que no se maravillasen si él se ponga en su hacienda». Confiscaciones. El rey amenazaba con confiscar las haciendas de los grandes señores que no le dieran dinero. Para el señor de Marchena, esa era la información que cambiaba el cálculo: la ambigüedad tenía un precio demasiado alto.
Pedro de Castilla le pide al Duque de Arcos «un nuevo código cifrado». El señor de Marchena y su agente en Valladolid se comunicaban mediante un sistema de encriptación, que quedó comprometido y hubo que cambiarlo. Un noble andaluz, en su palacio de Marchena, disponía en 1521 de un servicio de inteligencia con código cifrado.

La carta que el condestable no debería haber necesitado escribir
Una carta de Íñigo Fernández de Velasco, condestable de Castilla y máximo representante del poder imperial, pide al duque de Arcos, que mantenga la paz en su territorio señorial y le anuncia la llegada del rey a Sevilla. Si el duque fuera un vasallo leal sin ambigüedades, la carta no habría sido necesaria.
Francisco Pacheco desde Montilla, Córdoba, escribe a fines de 1520 una descripción del impacto económico de la guerra ante el colapso de los mercados castellanos. Medina del Campo, la gran feria de Castilla, había sido incendiada por las tropas imperiales en agosto de 1520. El incendio destruyó el mayor centro comercial de la Península Ibérica y hundió la confianza de los mercaderes en todo el sistema de pagos. Francisco Pacheco le cuenta al duque que los comerciantes llegan del norte aterrados, sin mercancías, sin crédito, sin nada.
DOCUMENTOS DE LA GUERRA DE COMUNIDADES Y LA CASA DE ARCOS
Cultura
El códice de San Juan de la Cruz que fue vendido por 35 pesetas y se salvó de las llamas
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2 semanas agoon
24 abril, 2026
Los Ponce de León amaron la poesía de San Juan de la Cruz. Tanto que en Marchena se han encontrado dos códices antiguos del Cántico Espiritual uno en el convento de Santa María y otro en Santa Clara.
El Cántico Espiritual es el modo exacto de hablar a Dios en verso. San Juan de la Cruz, el mayor de los místicos, expresa de un modo nunca superado el proceso de unión del alma con el Creador.
El de Santa María o «Códice Mch» fue descubierto por el investigador mercedario Luis Vázquez Fernández, de la Real Academia de Doctores de Madrid, cuando buscaba poemas de la Madre Antigua, que Vázquez cree que tuvo algún trato directo con San Juan de la Cruz a través de carta, ya que la monja enterrada en el coro de las clarisas de Marchena usó los poemas de Juan de Yepes antes de que éstos fueran publicados.
Se ha comprobado que la Madre Antigua utilizó algunos versos de San Juan de la Cruz en sus propios escritos cuando la obra de este todavía no había sido publicada aunque circulaba en copias manuscritas.
Luis Vázquez cree que la presencia en Santa María del Códice de San Juan de la Cruz se debe al duque Pedro Ponce de León Dominico, Rector de la Universidad de Salamanca, obispo de Ciudad Rodrigo, que escribió el «Tratado de oración y contemplación» de clara influencia sanjuanista. Otra Ponce de León, Ana, Duquesa de Feria y monja clarisa en Montilla trató a Fray Luis de Granada.
Según luis Vázquez en el inventario de los libros que tenían los Duques en el Palacio Ducal de Marchena aparece el Cántico Espiritual.
El códice conservado aún en Santa María de Marchena fue publicado en 1996 en una edición facsímil por el Ayuntamiento de Úbeda, donde murió el santo y es una copia muy antigua del Cántico B o Manuscrito de Jaén, (conservado en el convento de Santa Teresa) la segunda remodelación del texto realizada por el doctor de la Iglesia. Tanto éste manuscrito como el de Sanlúcar de Barrameda, Códice A, que conserva notas y correcciones del Santo de Fontiveros, fueron declarados Bien de Interés Cultural en 2013.
La copia del convento de Santa Clara o Códice GV la encontró Guillermo García Valdecasas, investigador del colegio español de Bolonia fue propiedad de la Madre Antigua. Según Valdecasas lo encontró cuando se destruyó el convento de Santa Clara en un descampado entre basura y libros viejos que iban a ser quemados. El chatarrero de Marchena (Ismael ) se lo vendió por 35 pesetas y de esta forma se libró de las llamas y fue presentado en el congreso internacional de Roma de 1991.
La madre abadesa de Santa Clara la madre Clara Olivera hoy en Estepa explicó a Luis Vázquez que la presidenta de la entonces Federación de las Clarisas mandó quemar libros y manuscrito viejos y vender todos los objetos antiguos del convento de Santa Clara de Marchena tal y como aparece en el estudio previo de la edición facsímil.
San Juan de la Cruz se hizo fraile Carmelita en 1563 y poco después conoció a Santa Teresa, fue rector de la Universidad de Alcalá de Henares en 1571 y luego encarcelado en Toledo en 1577, pero un año después se fuga y viene a Andalucía fundando los conventos de Baeza y Granada y siendo vicario provincial en 1585. En 1590 vuelve a Ubeda expulsado de la orden en 1591. Fue beato en 1675 y santo en 1726.
Historia
Investigación: Documentos inéditos muestran el vínculo entre Marchena y Osuna y los comuneros castellanos
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2 semanas agoon
23 abril, 2026
El Portal de Archivos estatales, Pares, conserva cartas inéditas entre el Señor de Marchena, el de Osuna, y el Arzobispo de Sevilla sobre las rebeliones comuneras en Andalucía.
Cada 23 de abril se celebra en Villalar, Valladolid, la fiesta de los Comuneros, creada en 1821, por Juan Martín Díaz ‘El Empecinado’, héroe de la Guerra de la Independencia (1808-1812), que promovió una expedición para buscar los restos mortales de los líderes comuneros: Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que culminó con un homenaje en la plaza principal de la localidad.

Cuando el hermano del Duque de Arcos tomó el Alcázar de Sevilla, en nombre del movimiento comunero
La bandera republicana añadió un tercer color, el morado, considerado como el color de Castilla y de los comuneros por decreto de 27 de abril de 1931 del Gobierno de la República.

Karl Marx escribió «no hubo en España hasta el presente siglo XX una revolución seria excepto la guerra de la Junta Santa contra Carlos V». Azaña y muchos otros diputados de la II República veían a los Comuneros como precursores.
La batalla de los comuneros en Huéscar y su reflejo en el callejero de Marchena
QUÉ SUCEDIÓ EN LA GUERRA DE LOS COMUNEROS
La guerra de los comuneros fue la primera y única guerra de Castilla contra el Estado.
Carlos I implantó un sistema más centralizado y absoluto, relegando a la nobleza y a los territorios, y sus cortes como las de Castilla y León con capacidad de limitar el poder real a través del común, es decir, los comuneros que eran los no privilegiados.
Las cortes de Castilla se proclaman hostiles al Rey y en mayo de 1520 y después de gran oposición interna Carlos V es nombrado emperador y se va a Alemania a ser coronado emperador. Se levanta en armas la ciudad de Toledo y el fraile Adriano de Utrecht es nombrado regente de Castilla. Se forma la Junta Comunera. y se inicia una rebelión en Toro, Toledo, Valladolid y Ávila.
LA GUERRA EN ANDALUCÍA

El Señor de Osuna Pedro Girón y su cuñado el I Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, habían hecho una alianza con el arzobispo y contra el Duque de Medina Sidonia, por el control de Sevilla y Andalucía para quedarse con las posesiones de los Guzmán. Con esta petición Girón se dirigió al emperador Carlos V que no le hizo caso. Frustradas sus ambiciones personales, se unieron a la revuelta.
Rodrigo Ponce de León, era alguacil mayor de Sevilla, se casó en 1507 con Isabel Pacheco, hermana de la líder de la revuelta María Pacheco y luego con Juana Téllez Girón, hija del señor de Osuna, dos de los líderes del movimiento comunero.

En abril de 1520 Pedro Girón, duque de Osuna, lideró las tropas del levantamiento comunero de Valladolid junto a Juan de Padilla logrando desde octubre de 1520 la expulsión del Consejo Real de Valladolid, el 30 de septiembre de 1520, y el 1 de octubre salió al paso del cardenal Adriano de Utrecht, regente del reino. Pedro Girón fue capitán general comunero de Valladolid, señor de Osuna, Morón de la Frontera, Arahal y La Puebla de Cazalla.
Mientras Medina del Campo, ardía por la masa popular que se hizo con la artillería real en agosto de 1520 y rebelión se extiende por toda Castilla. Hubo alzamientos comuneros en Jaén,, Ubeda, Baeza y otros puntos de la Andalucía, y Sevilla.

El 16 de septiembre de 1520 don Juan Suárez de Figueroa, hermano de Rodrigo I Duque de Arcos -enterrado en Santo Domingo de Marchena- levanta sus tropas de Marchena y Mairena del Alcor apelando al movimiento comunero y contra el Duque de Medina Sidonia y su entorno de judeo conversos y toma el Alcázar de Sevilla por 24 horas justo mientras los comuneros toman Tordesillas e intentan atraer a la reina Juana.
El real de las tropas del Duque se asentó en los olivares de Mairena junto al Castillo, procedentes de Marchena y Paradas desde el domingo de la revuelta. «Por la mañana dicha misa a las ocho y comidos á las nueve a campana repicada salieron de Marchena y de Paradas e vinieron a Mairena» donde estuvieron una semana. Quedaron «los más lucidos caballeros, que serían hasta doscientos con el Duque » para entrar en la ciudad.
Sobre la una de la tarde, del domingo Juan de Figueroa se dirigió al Palacio de su hermano, el duque de Arcos, en la Plaza Santa Catalina, convocando a sus criados, familias y partidarios, tomó las armas y artillería y se dirigió al Alcázar de Sevilla a las tres de la tarde, varios centenares de hombres armados y varias piezas de artillería dando vivas al rey y a la Comunidad.

El Arzobispo Diego de Deza había retenido contra su voluntad al Alcalde de Justicia y Asistente en el Palacio Arzobispal apoyando al bando de los Ponces y Girones. Se vigilan las puertas de la ciudad para que no entrasen refuerzos desde Marchena o Mairena y se busca en las tabernas a marcheneros y maireneros.
Tras la derrota de Villalar fue María Pacheco la que lidera las tropas castellanas hija de Francisca Pacheco, hermana del II marqués de Villena quien a su vez era sobrina de Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos. Nació en la Alhambra, donde su padre vivía como virrey y capitán general que era de Granada desde 1492. En 1511 se casó, también en Granada, con Juan de Padilla, lider de los comuneros y a la muerte de éste lideró la defensa comunera de Toledo. Su hermana se casó con el I Duque de Arcos.
En 1521 se celebró la Liga de La Rambla, asamblea de ciudades andaluzas celebrada en la localidad de La Rambla a inicios de 1521, para apoyar al rey frente al movimiento comunero liderado por los nobles andaluces que desde el norte de Castilla amenazaba con extenderse a Andalucía.
El Rey inició un proceso judicial especial seguido de un indulto general a los cabecillas Juan de Figueroa, y Juan de Guzmán, vecino y veinticuatro de Sevilla. El perdón general se despachó en Valladolid el 18 de octubre de 1522, refrendado por el secretario de Carlos V Francisco de los Cobos.
En abril de 1521 fue la batalla de Villalar, entre comuneros y tropas del emperador Carlos V con una rotunda victoria real que marcó la historia de España.
En enero de 1521, el Almirante de Castilla informa al Rey de la actitud de Girón de las guerras nobiliarias de Sevilla, y pide el perdón real para Girón por haber apoyado a los Comuneros tras la batalla de Villalar y fue perdonado en 1522 por haber defendido Navarra en 1521 de un ataque francés y exiliado a Orán durante 6 años.
Los archivos estatales conservan abundante documentación y carteas entre Giron, el Duque de Arcos y el arzobispo de Sevilla sobre los Comuneros, que no ha sido suficientemente estudiada.

DOCUMENTOS DE LA GUERRA DE COMUNIDADES Y LA CASA DE ARCOS
Andalucia Sefardi
Cuando el señor de Marchena apresó en Lucena a Boabdil, el último rey de Granada
Published
2 semanas agoon
22 abril, 2026
Hay ciudades que se visitan. Y hay ciudades que se descifran. Lucena pertenece a estas últimas. Bajo sus calles blancas y tranquilas late una historia única en Europa: la de una ciudad que fue judía casi en su totalidad y escenario de uno de los episodios decisivos de la Reconquista.
Este es un recorrido para entenderla.
Caminar hoy por el centro de Lucena es hacerlo sobre la antigua medina al-Yahud, la “ciudad de los judíos”. No es una metáfora: durante siglos, especialmente entre los siglos VIII y XII, Lucena fue prácticamente una ciudad habitada solo por judíos, algo excepcional en al-Ándalus .
Castillo del Moral: donde cayó Boabdil
Las milicias locales y las fuerzas nobiliarias reaccionaron con rapidez. Entre los mandos castellanos estaban Rodrigo Ponce de León y el conde de Cabra. Las tropas de Boabdil se dispersaron. La retirada se convirtió en huida. En plena oscuridad, en un terreno que no dominaban, muchos soldados fueron abatidos o capturados. El propio Boabdil cayó del caballo —según las crónicas, en una zona de arroyos y olivares— y quedó aislado de su guardia.
El contexto: una incursión mal calculada
En la primavera de 1483, Boabdil, joven y recién proclamado sultán nazarí, decidió lanzar una incursión sobre territorio castellano. El objetivo era doble: ganar prestigio militar y consolidar su poder interno frente a su padre y su tío.
Aquí fue encerrado Boabdil, el último rey nazarí de Granada, tras la batalla de Lucena en abril de 1483. El episodio marcó un punto de inflexión en la guerra de Granada.
Boabdil había intentado tomar la ciudad, pero fue derrotado por las tropas castellanas y capturado tras la batalla . El prisionero fue conducido a esta fortaleza, donde permaneció cautivo.
Boabdil fue capturado sin ser reconocido inicialmente. Vestía como un noble más, no como un rey identificado. Fue apresado por soldados cristianos y llevado ante los mandos.
Cuando se descubrió su identidad, la situación cambió completamente: no era un prisionero cualquiera, era el sultán de Granada.
La escena tiene algo de símbolo: en la misma ciudad que fue corazón del judaísmo andalusí, cayó también el último rey musulmán antes del final del reino de Granada.
La liberación de Boabdil no fue un gesto caballeresco, sino una jugada estratégica. Los Reyes Católicos entendieron rápidamente algo clave: Granada estaba dividida. Boabdil estaba enfrentado a su padre (Mulay Hacén) y a su tío (El Zagal). Tenerlo prisionero era útil, pero tenerlo como aliado lo era mucho más. Así que se negoció su libertad bajo condiciones, Reconocimiento de vasallaje a Castilla, pago de tributos, compromiso de colaboración
En la práctica, Boabdil salió de Lucena convertido en una pieza política en manos castellanas.

LUCENA: LA CIUDAD DE LOS JUDIOS DE AL ANDALUS
Entre los siglos VIII y XIII, desde la llegada musulmana en el 711 hasta la conquista cristiana en 1240, la ciudad fue conocida en las fuentes como medina al-Yahud, literalmente “la ciudad de los judíos”.
Las fuentes no dejan lugar a dudas. En el año 853, el gaón Natronai escribe una frase que todavía hoy resuena con fuerza: “Lucena tiene una numerosa población judía y no vive en ella ningún gentil”.
Mientras en el resto de al-Ándalus los judíos convivían como minoría protegida —los llamados dimmíes bajo pacto islámico—, en Lucena se da una inversión del modelo: los musulmanes viven en los arrabales y los judíos ocupan el recinto amurallado, el centro de la ciudad.
Abraham ben Daud, Ibn Hayyan o Ibn Idari la mencionan como un referente. Durante el Califato, incluso, llegó a ser considerada la gran metrópoli del judaísmo andalusí, solo superada posteriormente por Córdoba .
En Lucena floreció una academia talmúdica de primer nivel. Se pensaba, se escribía, se enseñaba. No era una comunidad marginal: era un centro intelectual.
En 1148 la nueva ortodoxia islámica rompe el equilibrio. La tolerancia desaparece. Se exige conversión o muerte. Y la comunidad judía, que había sostenido la ciudad durante siglos, se ve obligada a huir o a convertirse.
Los judíos más famosos de Lucena fueron grandes sabios y maestros del judaísmo medieval, especialmente entre los siglos X y XII, cuando la ciudad era uno de los principales centros intelectuales sefardíes.
Destacan figuras como Isaac Alfasi, que dirigió una importante academia talmúdica; Isaac ibn Gayyat, jurista y poeta; Joseph ibn Migash, continuador de esa tradición; y Mair ibn Joseph, último gran rabino antes del exilio provocado por los almohades
El cementerio judío de Lucena es uno de los hallazgos más importantes para entender el judaísmo medieval en la Península Ibérica, y su singularidad no es menor.
Lo primero que lo hace especial es su magnitud y estado de conservación. Se trata de una de las necrópolis judías más extensas excavadas en España, con cientos de enterramientos documentados. Esto permite estudiar con precisión cómo vivía —y cómo moría— una comunidad que, en el caso de Lucena, fue mayoritaria, algo excepcional.
Su segunda clave está en los rituales funerarios perfectamente conservados. Las tumbas siguen el rito judío clásico: cuerpos orientados, enterramientos simples, sin ajuares, lo que confirma la estricta observancia religiosa de esta comunidad. No es solo un cementerio: es una prueba arqueológica directa de una sociedad organizada bajo la ley hebrea.
En tercer lugar, aporta algo muy poco habitual: información científica sobre la población. Los estudios antropológicos han permitido conocer edad, enfermedades, dieta e incluso rasgos físicos de los judíos lucentinos, algo que las fuentes escritas no cuentan.
Pero su importancia más profunda es histórica. Este cementerio confirma lo que dicen los textos medievales: que Lucena no fue una judería más, sino una auténtica ciudad judía. Una comunidad grande, estable y con identidad propia durante siglo.
El viajero atento debe comenzar por el entramado de calles estrechas del casco histórico. Aquí no hubo una judería aislada: todo el núcleo urbano fue hebreo. En torno a este espacio se encontraba la sinagoga principal —hoy desaparecida— sobre la que, según la tradición, se levantó la actual iglesia de San Mateo.

A pocos minutos, el visitante puede acercarse a uno de los hallazgos más importantes de la arqueología sefardí en Andalucía: la necrópolis judía descubierta en 2006. Este espacio confirma lo que dicen las fuentes medievales: Lucena fue uno de los grandes centros del judaísmo occidental.
Aquí no se trataba solo de vivir. Se pensaba, se enseñaba, se escribía. Existió una importante academia talmúdica cuyos sabios acabarían influyendo en la cultura hebrea peninsular.
La actual parroquia de San Mateo no es solo un monumento renacentista. Es también un lugar de memoria. La historiografía sitúa aquí, en el corazón de la ciudad amurallada, la antigua sinagoga principal de la Lucena judía.
Visitar este templo es comprender la superposición de culturas: lo hebreo, lo islámico y lo cristiano conviven en un mismo espacio, como capas de una misma historia.
Ruta histórica: del mundo sefardí a la frontera de guerra
Para comprender Lucena hay que salir también de sus calles y mirar su territorio.
En el siglo XV, la ciudad era frontera. Desde aquí se organizaban las defensas contra el reino nazarí. Las torres vigía y las atalayas comunicaban ataques mediante señales de fuego, permitiendo movilizar tropas rápidamente.
Fue precisamente este sistema el que permitió reaccionar ante el ataque de Boabdil en 1483.
Hoy, recorrer los alrededores —entre olivares y suaves colinas— es recorrer el mismo paisaje donde se decidió el destino del último emir de Granada.
Una ciudad única en Europa
Lucena no es un destino más del patrimonio andaluz. Es un caso excepcional.
Fue la única gran ciudad de al-Ándalus donde los judíos no fueron minoría, sino mayoría organizada, con vida política, cultural y económica propia. Y siglos después, fue escenario de un hecho clave de la Reconquista: la captura de Boabdil, que aceleró el final del reino nazarí.
Visitar Lucena es, por tanto, atravesar tres historias a la vez: la hebrea, la islámica y la cristiana.
Y entender que, a veces, la historia no está en los grandes relatos… sino en las ciudades que los hicieron posibles.
Cultura
De como las modas de Paris en la feria del siglo XIX desembocaron en los trajes de faralaes
Published
2 semanas agoon
19 abril, 2026
Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces.
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena a veces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.
Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías. El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe, saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo, taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.
Actualidad
Fotos del monumento a la Inmaculada en el taller de Coullaut Valera
Published
3 semanas agoon
12 abril, 2026
El escultor Lorenzo Coullaut Valera mandaba a algunos miembros de la comisión fotos sobre la evolución de sus trabajos de escultura en las que se puede ver la imagen de la Inmaculada en su taller madrileño, y la maqueta del monumento de Talavera y los bocetos de las estatuas de Martínez Montañés, Miguel Cid, Juan de Pineda y Murillo.
Ahora Gonzalo Rivas uno de los descendientes de una de las personas a las que el escultor enviaba fotografías ha publicado en redes sociales estas fotografías hasta ahora desconocidas de la imagen de la Inmaculada en el taller del escultor.
En 2009 el monumento se restauró al completo y se intervino en las imágenes del pie cuyos materiales se habían deteriorado mucho, incluso la estatua de Martínez Montañés había perdido completamente la cara y la de Murillo estaba en malas condiciones.
El 7 de Diciembre de 1918 se inauguró en Sevilla el monumento a la Inmaculada Concepción, obra del escultor marchenero Coullaut Valera con un pedestal es del arquitecto José Espiau y Muñoz [1884-1938],
La idea de un monumento a la Inmaculada parte de una propuesta del Ayuntamiento de 1882 relanzada en 1900 por Marcelo Spínola y el monumento fue finalmente bendecido por el cardenal Enrique Almaraz para conmemorar el III Centenario del Voto Concepcionista de 1617, que hicieron los Cabildos Catedral y Municipal.
El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX promulgó el Dogma de la Inmaculada, que en Sevilla tenia raíces desde 1258 con la primera Hermandad de la Concepción.
Participaron en la inauguración la Hermandad de la Caridad, representación de Hermandades, Comisiones militares, Academias de Bellas Artes y de Buenas Letras, Colegios de Procuradores, Notarial, de Abogados, Universidad Literaria, Audiencia, Real Maestranza, Ordenes militares, Grandes de España, Cofradía del Silencio, Órdenes religiosas, curas párrocos, clero Catedral, Ayuntamiento, Capitán General en representación del Rey. Tras bendecir la imagen el vicepresidente de la Comisión Rojas Marcos y el Alcalde, pronunciaron sendos discursos.
El 2 de Febrero de 1917 se publicó un aviso a los católicos sevillanos pidiendo fondos para el monumento por un comité presidido por Ramón Ybarra González siendo vicepresidente, Manuel Rojas Marcos; tesorero, José Díaz Molero; secretario, José M. López-Cepero Muru, y vicesecretario, José Sebastián y Bandarán.
En la primera piedra se incluyó una caja con un escrito, firmado por los miembros del Comité y la lista de los donantes que eran mil setecientos sesenta nombres, entre los que se recaudaron 102.952,52 pesetas, con las que se pagaron todos los gastos, incluida la factura del escultor, sobrando 4.354,90 pesetas que se emplearon en la iluminación del monumento.
Uno de los que aparece en la base del monumento es Miguel del Cid, abanderado de la promulgación del Dogma, que escribió las coplas a la Inmaculada que dicen: «Todo el mundo en general, / a voces Reina escogida, / digan, que sois concebida / sin pecado original».
Están también Juan de Pineda, Murillo, Martínez Montañés y Miguel Cid, todos vinculados al dogma de la Inmaculada Concepción.
Juan de Pineda (Sevilla, 1558 -1637) fue un teólogo jesuita que defendió el dogma de la Inmaculada Concepción, en contraposición a las tesis tomistas (tesis de Santo Tomás de Aquino contrarias al inmaculismo) argumentadas por los dominicos. El 8 de septiembre de 1613, en el convento dominico de Regina Angelorum, el prior de esta orden, se manifestó contra la tesis de la Inmaculada Concepción, produciendo gran malestar entre el pueblo sevillano y pidieron al Papa que se pronunciara. En 1617 llegó una bula del papa Paulo V que, si bien no establecía la Inmaculada Concepción, sí daba la autorización para seguir con esa creencia, lo cual fue festejado en Sevilla.
Tras la guerra civil se reanudó la costumbre iniciada en 1927 por un grupo de jóvenes alumnos de los Luises, de visitar la plaza del Triunfo durante la media noche del día 7 de diciembre, para cantar la Salve y ofrecer flores ante la imagen del monumento a la Inmaculada dando origen a la costumbre de la visita de las tunas. Hoy se celebra un desfile del tercio de Olivares para conmemorar el milagro de Empel.
Durante los años republicanos, el monumento y la imagen sufrieron desperfectos en leves atentados, y en el Ayuntamiento hubo una propuesta para derribarlo. Después del verano de 1936, como reacción contraria a los años de persecución religiosa, fue el propio Cabildo municipal el que intentó darle carácter oficial al acto mariano de la plaza del Triunfo,
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