Historia
Cuando los hombres de Marchena iban a las guerras del imperio español
En abril de 1646, Marchena sorteó entre sus vecinos a setenta hombres para las milicias del Estado de Arcos. Los documentos permiten reconstruir cómo una guerra lejana terminó entrando en las calles y casas de la villa.
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En abril de 1646, Marchena tuvo que señalar a setenta de sus vecinos para incorporarlos a las milicias. Sus nombres fueron escritos junto a las calles donde vivían, introducidos en una cántara y extraídos uno a uno. Detrás de aquel sorteo había una Monarquía en guerra y decenas de familias marcheneras que podían ver marchar a uno de los suyos.
El 15 de abril de 1646 no era un día cualquiera en Marchena. La villa tenía que responder a una exigencia militar que llegaba desde la corte y se canalizaba a través del duque de Arcos. Había que seleccionar hombres para el servicio de las armas.
Primero se elaboró un padrón con 351 vecinos considerados aptos para servir. Después, reunida la villa en cabildo abierto, sus nombres, junto a las calles donde residían, fueron escritos en papeles y depositados en una cántara. De allí fueron extrayéndose hasta completar setenta hombres, aproximadamente uno de cada cinco de los considerados hábiles para el servicio militar.
Una guerra que terminaba entrando en cada casa
La movilización de 1646 no apareció de repente. Marchena llevaba años viviendo pendiente de posibles llamamientos. En 1639, la villa quedó prevenida ante el temor de una intervención francesa en el Estrecho. En 1642 recibió la orden de disponer 90 infantes para poder desplazarlos hacia Cádiz y, en 1644, tras la batalla de Montijo, tuvo que preparar cincuenta hombres dentro de una nueva movilización hacia la frontera portuguesa.

Portugal se había separado de la Monarquía Hispánica en 1640 y la frontera extremeña se había convertido en un frente de guerra. La Corona necesitaba hombres y los grandes señores, entre ellos el duque de Arcos, debían contribuir a reunirlos en sus estados.
Así se explica el sorteo celebrado en Marchena. No se estaba improvisando un ejército aquel día. Se estaba dejando preparado, de antemano, quién tendría que responder cuando llegara la siguiente orden.
Setenta nombres, setenta casas
La escena resulta especialmente poderosa porque permite devolver dimensión humana a una operación militar que, sobre el papel, podría parecer una simple cifra. Cada papeleta que salía de la cántara correspondía a un vecino concreto, a una calle, a una familia y a una economía doméstica que podía verse alterada por la movilización.
Los hombres elegidos no eran enviados necesariamente de inmediato al frente, pero quedaban incorporados al sistema de milicias y sujetos a la obligación de acudir cuando fueran requeridos. Podían ser destinados a la defensa de la costa andaluza o a los frentes de Extremadura.

Tres compañías para una villa preparada
La organización no terminaba con la elección de los setenta hombres. Las instrucciones de 1646 contemplaban también completar los mandos de las compañías locales mediante el nombramiento de tres capitanes, tres alféreces y tres sargentos.
La misma reorganización se extendió a otras localidades del Estado de Arcos, entre ellas Paradas, Pruna, Zahara, Ubrique, Grazalema y Villaluenga. El responsable de transmitir y ordenar buena parte de aquellas operaciones fue Francisco Gallegos de Andrade, sargento mayor del Estado de Arcos, dentro de la estructura militar y señorial del IV duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León.
Cuando los documentos permiten recuperar a las personas
El expediente conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza resulta especialmente valioso porque no se limita a registrar una orden general. La descripción archivística señala la existencia de listados de soldados reclutados en cada villa, además de la correspondencia e instrucciones relacionadas con la movilización.

Fuentes
Archivo Histórico de la Nobleza, Fondo Osuna. OSUNA,C.1618,D.59-95, Documentación relativa al reclutamiento de milicias en el estado de Arcos en 1646. Portal de Archivos Españoles (PARES): ficha del expediente.
Antonio José Rodríguez Hernández. Guerra, recursos y hombres. La villa de Marchena y la pervivencia de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII, en las Actas de las XV Jornadas sobre Historia de Marchena, disponibles en la Biblioteca Pública Municipal de Marchena.
Ilustración: recreación histórica de las milicias del siglo XVII en Marchena, realizada a partir de una fotografía actual de la localidad.
Historia
Francisca de Mesa, y otras mujeres pioneras que viajaron de Marchena a América
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30 septiembre, 2026
Hasta hace poco se desconocían los nombres de muchas mujeres que acompañaron a los primeros viajeros españoles en América, entre ellas, las 30 españolas que acompañaron a Colón en su tercer viaje. Ahora sabemos que en el XVI, alrededor de 10.000 mujeres pasaron a América junto a 40.000 hombres.
La marchenera Francisca de Mesa, hija del también marchenero Francisco de Mesa aparece entre las primeras mujeres que pasaron a Nueva España, México. Francisco de Mesa aparece como gobernador de la ciudad de Iguala, por encargo de Hernán Cortés.
En el catálogo de pasajeros a Indias, volumen correspondiente a 1567-1577 figuran algunos naturales de Marchena.
Entre las mujeres que viajaron solas estaban Juana de Escobar, natural de Marchena que viajó a Cuba, Isabel de Cárdenas natural de Marchena, soltera, que viajo a Mexico en compañí a de Diego Rodríguez y su mujer. Bárvola de Saze, natural de Marchena , soltera, que fue a Tierra Firme y Bárbola de Cartagena, natural de Marchena, soltera , hija del licenciado Ramírez de Cartagena que viajó al Perú con su padre. Hernan Ramirez de Cartagena de Marchena, soltero , hijo de Luis Ramírez y María de Paz, fue al Perú , con el licenciado Ramírez de Cartagena.
La aportación de un vecino de Marchena a la conquista de México: el artillero Francisco de Mesa
La mayoria de las mujeres iba con sus maridos como Pedro Hernandez, que iba con su mujer Juana Hernández, y sus hijos Gonzalo , Inés, Juan y Juana , viajando a Santo Domingo. Bartolome Sánchez Sevillano iba con su mujer Francisca Ruiz, natural de Marchena que van a Nueva España.
Diego Sanchez natural de Marchena que iba con su mujer Elvira Suárez y su hija Elvira, y fueron a Nueva España. Martin de Cea natural de Marchena, fue con su mujer Leonor López, a San Juan de Puerto Rico. Alonso de Cea, natural de Marchena fue con su mujer Marí López y sus hijos Juan , Diego y Pedro a San Jua n de Puerto Rico.
Entre las sevillanas mas prominentes de este periodo estaba Mencía Calderón, que al frente de 50 mujeres, atravesó 1.600 kilómetros, María Escobar que introdujo el trigo en América, Isabel Barreto, única mujer almirante de la Armada, María de Toledo primera mujer Virreina de las Indias, Inés Suárez que acompañó a Pedro de Valdivia en la conquista de Chile, María de Estrada que participó en la expedición de Hernán Cortés, Catalina de Erauso monja y soldado de infantería en Perú y Chile, o Beatriz de la Cueva gobernadora de Guatemala.
La odisea de Francisco de Mesa: entró al cráter de un volcán en erupción para coger azufre
«Francisca de Mesa, natural de la villa de Marchena hija legítima de Francisco de Mesa y de Inés de Herrera, natural de las montañas. Su padre fue uno de los descubridores y conquistadores de esta nueva España y Ciudad de México y entró en el volcán y sacó azufre para la pólvora que fue de mucha ayuda para la conquista. Su abuelo sirvió en la guerra de Granada y Melilla y otras partes y después fue conquistador de las Islas. Es mujer de Jerónimo flores y tiene dos hijos legítimos de otro primer marido. Tuvo seis hermanos, todos mestizos. Pasó a Nueva España hace 20 años con su primer marido y dieron en la costa de Guazacualco y perdieron cuanto traían y nombra a personas que dicen que lo saben». (Españolas de Ultramar en la historia y en la literatura. Escrito por Juan Francisco Maura).
El marchenero Francisco de Mesa recibió de Cortés la encomienda de la ciudad de Iguala, tal y como confirma otro marchenero Pedro Núñez, que aparece como testigo de sus actos, según se recoge en la obra «Los testigos hablan: la conquista de Colima y sus informantes» escrito por Margarita Nettel Ross de la Universidad de Colima.
«Este testigo es natural de la villa de Marchena de dónde es natural el dicho Francisco de Mesa y la dicha Inés de Herrera, su mujer y que en la dicha villa de Marchena le vio hacer vida maridable y los vió tener en su casa por su hija legítima a la dicha Francisca de Mesa llamándola hija y ella a ellos padres y que por tal hija de los susodichos era a vista y tenida en la villa de Marchena».
Historia
La tablilla de los excomulgados: una deuda convertida en vergüenza pública
Un documento de 1713 revela cómo la llamada tablilla de excomulgados convertía una disputa económica en una exposición pública capaz de afectar al honor y la vida cotidiana.
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26 septiembre, 2026
Un documento de 1713 relacionado con la administración de los duques de Arcos permite asomarnos a una práctica hoy casi olvidada: la exposición pública de los nombres de quienes habían sido declarados excomulgados. La llamada “tablilla de excomulgados” convertía una sanción religiosa en un castigo también social, visible ante toda la comunidad.
La referencia aparece en la correspondencia de administración de bienes mantenida por Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, con su contador Domingo de Herdocia, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza y accesible a través de PARES. Lo más interesante de la documentación es que la excomunión no aparece únicamente vinculada a herejías o cuestiones doctrinales. Durante la Edad Media y la Edad Moderna podía funcionar también como una potentísima medida coercitiva para conseguir que alguien pagase una deuda, devolviese bienes, entregase documentos, abonase diezmos u obedeciese una orden eclesiástica. Los archivos estatales conservan numerosos ejemplos
Juan de Palma y una deuda discutida
Entre esas cartas aparece el caso de Juan de Palma, vecino de Zahara y Algodonales. Desde la administración ducal se le reclamaba una cantidad relacionada con un arrendamiento compartido con otros vecinos. Juan de Palma sostenía, sin embargo, que había satisfecho lo que le correspondía y que la cantidad pendiente debía reclamarse al verdadero deudor.
Su petición iba más allá de una simple cuestión contable. El documento resume expresamente que solicitaba que “se suprima su nombre de la tablilla de excomulgados”. También por deudas económicas se podía excomulgar a una persona. Figurar públicamente como excomulgado suponía quedar señalado ante los vecinos y ante la comunidad religiosa.
Una sanción religiosa convertida en exposición pública
La publicidad de una excomunión podía afectar al honor, a las relaciones personales y a la propia posición de quien aparecía señalado.
Matar candelas y velar cruces de negro: maldiciones y excomuniones en la iglesia
La documentación conservada muestra que estas medidas podían estar ligadas también a conflictos económicos, deudas y disputas administrativas. Existían incluso ceremonias públicas asociadas a la excomunión. La documentación histórica recoge prácticas como el toque de campanas, la lectura pública de advertencias, las cruces cubiertas de luto o el conocido rito de “matar candelas”, o apagado de velas en el áster del bautismo, fórmulas destinadas a hacer visible ante la comunidad la gravedad de la sanción, simbolizando el fin de la luz de Jesús para el alma del excomulgado.
“Privado de mis dineros y oficios”
El caso de Juan de Palma resulta especialmente expresivo porque el propio afectado describe las consecuencias que estaba sufriendo. En la documentación se presenta como un hombre pobre que dependía de su trabajo para mantener a su familia y explica que la situación le impedía desarrollar con normalidad su vida y sus obligaciones.
Su petición al duque pretende, por tanto, dos cosas: aclarar quién era realmente responsable de la deuda y conseguir que su nombre dejara de figurar entre los excomulgados.
Ese detalle aparentemente menor abre una ventana a la vida cotidiana de comienzos del siglo XVIII. Detrás de los grandes títulos nobiliarios, las rentas y los administradores aparecen personas corrientes intentando defender su honra y sus medios de subsistencia frente a una maquinaria administrativa, señorial y religiosa que podía convertir una disputa económica en una condena pública.
La tablilla como instrumento de presión
La existencia de estas tablillas muestra cómo la excomunión podía adquirir una dimensión pública que reforzaba enormemente su eficacia. El castigo no terminaba en la esfera espiritual: la exposición del nombre ante la comunidad podía convertirse en una forma de presión para forzar pagos, devoluciones o el cumplimiento de determinadas obligaciones.
Otros documentos del siglo XVIII conservados en el mismo ámbito señorial permiten observar mecanismos semejantes. Las amenazas de excomunión aparecen relacionadas con desaparición de documentos, disputas patrimoniales o conflictos entre autoridades civiles y eclesiásticas.
La documentación conservada en PARES demuestra que, durante la Edad Media y la Edad Moderna, una persona podía ser excomulgada no solo por herejía, sacrilegio o desobediencia religiosa, sino también por motivos muy ligados a la vida económica y social: impago de diezmos, deudas y rentas, apropiación o usurpación de bienes y tierras, ocultación de documentos o joyas, incumplimiento de órdenes eclesiásticas e incluso determinados comportamientos sexuales como el amancebamiento.
Otros casos similares
- Morón de la Frontera, 1740 — desaparición de documentos. Una carta paulina vinculada al concurso de acreedores del Estado de Osuna se emitió después de desaparecer documentos relativos al pleito entre la duquesa de Osuna y Morón por la dehesa de la Algaida de Cote, el bosque y la breña de San Pablo. La excomunión servía aquí como instrumento para conseguir que aparecieran documentos ocultados o sustraídos. PARES
Consultar los documentos de excomunión del Fondo Osuna en PARES - Osuna, 1728 — conflicto entre autoridad eclesiástica y autoridad civil. El vicario Cristóbal Ubaldo Fernández de Córdoba intentó prender al capellán Cristóbal Francisco de Ojeda, que había sido excomulgado. Cuando el corregidor Francisco Ortiz Moreno se opuso a la actuación, el propio corregidor terminó siendo excomulgado por el vicario. El asunto provocó un alboroto público.
Fuentes
Archivo Histórico de la Nobleza. Fondo Osuna. Correspondencia sobre administración de bienes mantenida entre Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, y el contador Domingo de Herdocia. Enero-marzo de 1713. Documento D.97. PARES: ficha documental.
Marchena Secreta: “Matar candelas y velar cruces de negro: maldiciones y excomuniones en la iglesia”.
Historia
Intento de asesinato, sexo y robo en el Colegio de huérfanas de La Milagrosa
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5 días agoon
25 septiembre, 2026
En Febrero de 1706 la madre Isabel María de San José, rectora del colegio escribió la página más llamativa del colegio de Santa Isabel que entonces daba cobijo y enseñanza a niñas huérfanas de Marchena y estaba ubicado en el edificio de la calle Milagrosa, antiguo hospital.
FUENTE: Querella criminal presentada por Isabel de San José por robo, e intento de asesinato contra varias de sus compañeras.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Presentó una querella criminal contra cuatro monjas acusándolas de haberle apartado de su cargo en el colegio con la finalidad de cometer robos, haberla tratado de asesinar usando algunas plantas y hierbas y haberse acostado las cuatro con un hombre en el patio del colegio según los informaciones de varios testigos que pasaron frente al juez Juan freile Balbuena abogado del real Consejo y el asistenta de la villa el 5 de Febrero de 1706.
La querella criminal de la rectora del colegio fue presentada contra las monjas Francisca de la Purificación, María del Ovando, Francisca de Burgos y Josefa de los Ríos quienes actuaron «con poco temor de Dios, menosprecio de su conciencia, de la justicia y del decoro y respeto que debían a dicho colegio donde la susodicha estaban».

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
«Ha venido a mi noticia que extrajeron y quitaron de dicho colegio diferentes alhajas de valor como cuatro sábanas, 10 servilleta, una casaca de tela encarnada, dinero, trigo y otras muchas cosas» que «estaban destinados y preparados para avío y menester de dicho colegio, entregando dicho bienes a José Pérez de Carmona para que lo sacare de dicho colegio» con la intención de «hacerse dueños te todo lo demás que había en dicho colegio».
Estaban tratando de expulsar a Isabel María de San José del colegio. «Faltando yo habían de quedar las cosas a su manejo y disposición y trataron de quitarme el juicio y la vida por distintos medios y caminos, echándome en la comida y la bebida diferentes ingredientes nocivos, como con efecto lo ejecutaron y estuve para morir. Entre las cosas que me echaban en dicha comida era «raíces de ajonjeras», «cebolla albarrana» «y otras cosas» «con testigos en que reconocía dichos delitos».
Flores de cebolla albarrana.
La cebolla albarrana, cebolla marrana, cebolla del diablo contiene compuestos tóxicos en todas sus partes, pero donde hay mayor concentración es en el bulbo. Tiene sabor amargo y el contacto con su jugo puede causar irritación y dermatitis. Contiene el compuesto tóxico llamado escilirósido que tiene acción raticida. La planta segrega estos compuestos como protección contra depredadores por lo que era usada como raticida.
La principal testigo fue Teresa de Santa Rosa, colegiala, afirmando haber visto a las cuatro acusadas Francisca de la Purificación, María del Ovando, Francisca de Burgos y Josefa de los Ríos religiosas haber planeado casar a Isabel de San Pablo colegiala, y José Carmona carpintero y tomar trigo del pósito de la Virgen además de ropa, rosarios, zarcillos de plata sobredorada, hebillas de plata, platos de loza, búcaros, sartenes, cazuelas que según la testigo dieron a José de Carmona, «antes de casarse y después de casados».
De orden de las cuatro acusadas, otra monja Estefanía del Espíritu Santo dio mas objetos a Francisco Martin vecino del colegio para José de Carmona. La testigo afirma que vio a Estefanía entregarle varias arcas y objetos al vecino por encima de los tejados, ventanas y huecos de las paredes.
«Habiendo tenido noticia la madre Isabel del casamiento, les quitó las llaves de las oficinas del colegio y como les había prohibido con este motivo que le diesen a José de Carmona, otros muchos bienes, siempre que bajaban al molino para enviar al molino sacaban de él lo que podían y en una talega de lienzo y por el caño del desaguadero de la casa se lo daban y en las ocasiones en que venía José de Carmona por el trigo y otras cosas, hacían señas dando golpes en la puerta, y si la dicha madre Isabel, aparecían decían zape para que se fuera José de Carmona».
Dice la testigo que debido a la mala fe que tenia con la Madre Isabel la intentaban matar dándole de comer cebolla albarrana mezclada con las comidas «con ánimo deliberado de vengarse intentaron quedarse con la casa, gobierno y bienes de dicho colegio». También le daban en las comidas raiz de ajonjera molida, usada como veneno, que provocaba hipertensión y tendencia al colapso edema cerebral y crisis convulsivas. La muerte suele sobrevenir por parada respiratoria.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Y para que se le quitara el juicio le echaban en la cabecera Beleño. El beleño negro, hierba loca es utilizado bajo control médico para tratar los «delírium tremens», epilepsia, insomnio, terrores, bronquitis asmática, etc. En dosis elevadas se convierte en narcótico.
«Con los dichos ingredientes le dio a la Madre Isabel una enfermedad de forma que llegó a perder el sentido y estando padeciendo continuaron en darle las raíces de ajonjera y cebolla albarrana en la comida y en la bebida, simiente de gusanos de seda. «Y cuando la enfermera se ponía a dar de comer, a la dicha Madre Isabel, se venía la Purificación y sus compañeras, a la puerta del cuarto donde estaban y hacían instancias para que comieran la comida compuesta con los referidos ingredientes con el fin de que muriese».
Miguel de Vargas maestro boticario declaró que en una ocasión mandó a Catalina Ignacia su esclava, que antes lo había sido de la madre Isabel, a que cogiera del campo cebolla albarrana con la advertencia de tener cuidado de que no le dieran los vapores de dicha planta en la cara porque le haría mal. La esclava respondió «pues señor si esto hace mal porqué a mi señora la madre Isabel se la echaban en la comida y raiz de ajonjera» con lo cual la esclava dio aviso a la madre Isabel para que fuese con cuidado.
Otra de las testigos fue Catalina Ignacia esclava de Miguel de Vargas y antes lo fue de dicha Madre Isabel, que se manifestó en los mismos términos añadiendo que «milagrosamente vive la madre Isabel» después de las plantas que le echaban en la comida las cuatro acusadas para tratar de matarla y además sabe porque lo vió que le hurtaban mucho trigo. que daban a José de Carmona, carpintero, a Juan su hermano, y a un primo de ambos. Además vio como metían en el colegio por las casas vecinas, «muchas noches a Francisco de Góngora maestro albañil y hacían una cama en el patio donde se acostaba con las cuatro, y traían melones y sandías para que comiese todo lo que quisiese».
Pleito del Alcalde contra Isabel María de San José
En 1693 el Alcalde de Marchena paralizó y embargó materiales de la obra del colegio hospital de Niñas Huérfanas regido por Isabel María de San José, tercera profesa de la Orden de San Francisco.
Vinieron a Marchena traídas por los Duques desde el colegio de doncellas huérfanas de Alcalá de Henares. El propio Duque las alojó en su palacio, mandó asistirlas y alimentarlas en Marchena de su propio bolsillo mientras encontraba sitio para la fundación y les entregó escritura de donación de la ermita de San Agustín el viejo o de la Virgen de Gracia, hoy capilla de La Milagrosa.
La orden Jesuíta desaparece en 1773 y Las terceras franciscanas se establecen en el antiguo templo jesuíta en 1780.
El Alcalde llegó a afirmar «que la madre Isabel María es muy áspera y muy terrible y que las tiene sujetas y forzadas sacando esto de la declaración de Salvadora de Figueroa que antes de ser profesa estuvo en dicho colegio y hoy vive en su casa con hábito de secular» explicando que «no es nuevo levantar estas calumnias las que se le salen o las echan».
El Alcalde Mayor de Marchena inició un pleito sobre la jurisdicción del colegio de huérfanas, donde vivían doce muchachas y cuatro adultas, por si era institución civil o eclesiástica. Al ser seglares terceras franciscanas el Ayuntamiento pretendía que no eran religiosas por lo tanto el Obispo ni los jueces religiosos tenían autoridad sobre ellas. El Alcalde también alega que hay una calle entre el templo y las casas por lo que no puede considerarse edificio religioso.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Por su parte la madre Isabel María de San José alegó que aunque ellas eran seglares, el edificio en sí era religioso y la institución también, por lo que pertenecía a la jurisdicción del Obispo. La rectora alegó que ella había gastado 20.000 ducados en las obras, «los cuales han salido de la bolsa de Dios por mando del Rey».
El Ayuntamiento decía que la institución era ilegal porque no tenía licencia del Ayuntamiento para obras, ni licencia del Rey, del Papa, ni del Consejo de Castilla, que tenía rentas muy escasas, que perjudicaría al resto de órdenes religiosas de la villa, que estaba en despoblado en lugar peligroso para mujeres y que la Madre Isabel María de San José era de carácter recio y que tenía a algunas mujeres allí contra su voluntad según habían declarado algunas que habían salido del colegio de huérfanas, cosas que las religiosas consideraron injurias.
En su defensa Isabel María de San José presentó autorización del nuncio del Papa y una provisión del Consejo Real para pedir limosna en la cual la encarga a la justicia asistan a la madre Isabel María de San José para recoger limosnas. Entre estas limosnas recogidas estaban las el propio Rey, el Alcalde y la Asistencia del Duque.
Actualidad
Fernando Amores sitúa bajo la antigua cárcel el área del zoco almohade de Marchena
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1 semana agoon
23 septiembre, 2026
La antigua cárcel de Marchena, hoy rehabilitada como futuro museo de la ciudad, guarda bajo sus cimientos una historia mucho más antigua. Durante las jornadas de puertas abiertas del edificio, el arqueólogo Fernando Amores explicó que en este sector apareció un basurero de época almohade cuyos materiales permiten, según su interpretación, situar en este entorno el zoco de la Marchena islámica.
La afirmación introduce una imagen nueva sobre el corazón medieval de Marchena. No se trata de que hayan aparecido puestos de mercado conservados bajo la cárcel, sino de un conjunto arqueológico de desechos y materiales cuya naturaleza y localización ofrecen indicios para reconstruir el uso urbano de esta zona en época almohade.
Amores relacionó además este espacio comercial con la organización de la antigua madina. La hipótesis encaja con lo que ya recoge la investigación arqueológica publicada por la Junta de Andalucía sobre el entorno del Palacio Ducal: el núcleo principal de la ciudad islámica se correspondería, a grandes rasgos, con el actual barrio de San Juan, y la mezquita principal pudo ocupar el lugar donde hoy se levanta la parroquia de San Juan Bautista.
En aquella intervención, publicada en el Anuario Arqueológico de Andalucía, M. Rocío López Serena y Manuel Vera Reina describen una ocupación continuada desde época almohade y señalan que la madina se corresponde con el actual barrio de San Juan. El estudio añade que el elemento urbano más destacado era la mezquita, posiblemente situada en el solar de la actual parroquia de San Juan.
La cronología general está igualmente respaldada por otras excavaciones. La intervención realizada en la muralla de la calle Carrera permitió fechar el lienzo original en una fase almohade avanzada, durante la primera mitad del siglo XIII. Es decir, la Marchena que hoy reconocemos en torno al barrio de San Juan, sus puertas y parte de su recinto amurallado comenzó a fijar buena parte de su estructura urbana en aquel periodo.
Un basurero que ayuda a reconstruir un mercado
El interés del hallazgo explicado por Fernando Amores está precisamente en que la arqueología urbana no siempre reconstruye una ciudad a partir de edificios completos. Los vertederos, rellenos y depósitos de materiales pueden aportar información sobre alimentación, cerámicas, actividades artesanales, consumo y circulación de productos. En este caso, Amores interpreta el basurero almohade localizado bajo el ámbito de la antigua cárcel como una pista para situar en las inmediaciones el zoco.
Según el arqueólogo del proyecto, Marco Antonio Gavira «lo que ha dicho Fernando, no es más que una interpretación. La cárcel se construye encima de un vertedero de época almohade cuyos restos (escorias metálicas y huesos desollados de cabras y vacas) podrían estar hablándonos de la cercanía a un espacio público con actividad económica tipo «zoco». Lo que podría reforzar la presencia de la antigua mezquita en el solar de San Juan -como tradicionalmente se ha mantenido-. Ese es el vestigio, nada más. Lo demás es simple suposición».
Durante su explicación en las jornadas de puertas abiertas, el arqueólogo señaló también que, tras aquella etapa, el espacio habría perdido su función urbana y quedado como erial antes de la construcción de la cárcel. De este modo, un mismo solar permite leer varias Marchenas superpuestas: la ciudad islámica, las transformaciones bajomedievales y modernas y, finalmente, el edificio penitenciario que ahora se transforma en museo.
La antigua cárcel se convierte así en un lugar especialmente significativo para el futuro relato museográfico. El inmueble no solo puede albergar piezas sobre la historia de Marchena: el propio subsuelo forma parte de esa historia y aporta información sobre la organización de la ciudad almohade.
Una pieza más del mapa islámico de Marchena
Las investigaciones realizadas en distintos puntos del recinto amurallado permiten dibujar una ciudad organizada en torno a la madina, la alcazaba, las puertas y los arrabales. El estudio del Palacio Ducal sitúa la alcazaba en la zona de Santa María, el antiguo palacio y el Parque, mientras que la madina ocupaba el barrio de San Juan. En ese esquema, la localización propuesta por Amores para el zoco aporta una pieza clave: el espacio del intercambio comercial próximo al centro religioso y urbano.
La importancia de estas declaraciones está en que permiten mirar la antigua cárcel de otra manera. Antes de ser prisión, antes incluso de la configuración cristiana de la villa, aquel suelo formó parte de una ciudad almohade viva, con su mezquita, sus calles y, según la interpretación expuesta por Fernando Amores, su mercado.
Fuentes: declaraciones de Fernando Amores durante las jornadas de puertas abiertas del futuro Museo de Marchena; M. Rocío López Serena y Manuel Vera Reina, “Intervención arqueológica en el Palacio Ducal de Marchena (Sevilla). Análisis de los restos bajomedievales”, Anuario Arqueológico de Andalucía 2003, Junta de Andalucía; Rafael Díaz Martín y Enrique García Vargas, “Excavación arqueológica de urgencia en la calle Carrera nº 35, Marchena, Sevilla”, Junta de Andalucía, actividad de 1997.
Consultar el estudio arqueológico del Palacio Ducal en TABULA · Consultar la excavación de la muralla en TABULA
Actualidad
Un documento de 1384 describe el cortijo, la huerta y la torre de Paradas en tierras que dependían de Marchena
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1 semana agoon
23 septiembre, 2026
En 1384 Paradas todavía no era el pueblo que conocemos hoy. No había una villa constituida, ni un concejo propio, ni una trama urbana semejante a la que surgiría décadas después. Lo que había era tierra. Tierra de cereal, huerta, heredades y una explotación señorial situada dentro del término de Marchena.
Según el documento OSUNA,C.140,D.86. PARES, el Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura, lo describe como el testimonio de un arrendamiento otorgado en nombre de Fernán Ponce de León, hijo de Pedro Ponce de León, sobre el cortijo y una huerta existentes en Paradas y pertenecientes entonces a Marchena. La ficha oficial lo fecha el 27 de agosto de 1384. PARES
Joaquín Ramón Pérez Buzón transcribe que Fernán Ponce: «fiso poner en renta el cortijo de Paradas e la huerta, con las propiedades quel dicho Fernán Ponce a en término desta dicha villa».

El contrato establecía una renta de 300 maravedíes durante un año. Archivo Hispalense. María Antonia Carmona Ruiz ofrece otra lectura del mismo documento y resume el objeto del arrendamiento como «el cortijo de Paradas con la huerta e con las heredades»
La historiadora identifica además al arrendatario: Aparicio Martínez de la Huerta, quien recibió la explotación para el año 1385 por esos 300 maravedíes, que debía pagar el día de San Miguel. IdUS
«Fiso poner en renta el cortijo de Paradas e la huerta, con las propiedades quel dicho Fernán Ponce a en término desta dicha villa…«…el cortijo de Paradas con la huerta e con las heredades…». Aparicio Martínez de la Huerta aparece como arrendatario, por trescientos maravedíes, para el año siguiente, con pago señalado para San Miguel.

Fernán Ponce de León puso en arrendamiento el cortijo de Paradas, su huerta y las demás tierras y propiedades que poseía en aquella zona del término de Marchena. Aparicio Martínez de la Huerta tomó esas propiedades en explotación durante un año a cambio del pago de 300 maravedíes.
Antes de Paradas hubo una explotación agrícola
Dos años antes, en 1382, otra escritura menciona ya «la dehesa que dicen de Paradas». El topónimo existía, por tanto, antes de que hubiera una población constituida. La documentación estudiada por Carmona muestra que ese espacio formaba parte de una gran propiedad rural. Pasted markdown
La documentación habla de: «la heredad de Paradas e su torre». Aquella torre proporciona una de las imágenes más sugerentes de esta historia. En la Campiña bajomedieval, este tipo de construcciones podía formar parte de explotaciones rurales fortificadas, destinadas a proteger personas, cosechas, ganado y caminos en un territorio todavía condicionado por la cercanía de la frontera con el reino nazarí de Granada.

Una propiedad de los Ponce de León
La documentación vincula la propiedad con Beatriz Ponce de León, hija de Pedro Ponce de León. La heredad de la torre de Paradas formó parte de sus bienes y posteriormente pasó a manos de su hermano Fernán Ponce de León.
El señor no cultivaba personalmente aquellas propiedades. Las arrendaba. Aparicio Martínez de la Huerta recibía el cortijo, la huerta y las heredades, explotaba las tierras y pagaba a cambio una renta. Tres centenares de maravedíes.
La huerta tenía agua, noria y viñas
En 1398, Isabel González Cerezo, esposa de Fernán Ponce de León, arrendó la huerta de Paradas al hortelano Cristóbal González. La escritura menciona expresamente una noria, una alberca, árboles, una viña y un majuelo y 400 sarmientos. Al inspeccionarse la finca se comprobó, sin embargo, que buena parte de ellos se había perdido y que la noria estaba incompleta y no podía sacar agua.

El contrato establece 27 cahíces de pan, repartidos entre trigo y cebada, que debían satisfacerse durante los tres años del arrendamiento. Archivo Hispalense
El gran cambio se produjo en 1460, cuando Juan Ponce de León impulsó el poblamiento mediante una Carta Puebla. Llegaron nuevos pobladores. Se repartieron solares. Se construyeron casas. Se plantaron viñas. Apareció una iglesia y, progresivamente, las instituciones propias de una comunidad.
De la torre a la feria
En 1485 encontramos ya una Paradas suficientemente consolidada para celebrar una feria anual. Rodrigo Ponce de León concedió protección a quienes acudiesen con ganado y mercancías durante la feria celebrada entre el 15 de marzo y el 15 de abril. El documento se conserva también en PARES con la signatura OSUNA,C.140,D.177.
La frase «Paradas fue fundada en 1460» es correcta si hablamos de la creación organizada del pueblo mediante la Carta Puebla, pero puede ocultar una historia mucho más antigua.
Fuentes documentales
La pieza principal es el Archivo Histórico de la Nobleza, Archivo de los Duques de Osuna, OSUNA,C.140,D.86, catalogada oficialmente por PARES como arrendamiento del cortijo y huerta de Paradas pertenecientes a Marchena y fechada allí el 27 de agosto de 1384. PARES
La lectura histórica se ha contrastado con María Antonia Carmona Ruiz, “Paradas durante los siglos XIV y XV”, Archivo Hispalense, nº 282-284, donde se estudian los contratos de 1384, 1398 y 1403. IdUS
También resulta fundamental Joaquín Ramón Pérez Buzón, “Adquisición y mantenimiento de las posesiones nobiliarias en Paradas”, que reproduce literalmente el pasaje de 1384 y fecha la operación el 27 de agosto.
Arte
San Miguel en Marchena: el guerrero celeste que pasó de una ermita en las afueras a convertirse en símbolo de todo un barrio
Documentos estudiados por Marchena Secreta reconstruyen cinco siglos de historia de San Miguel: ermita, huerta, hospital, hermandad, procesión y la talla de Pedro Roldán.
Published
1 semana agoon
22 septiembre, 2026

La imagen de San Miguel Arcángel que conserva Marchena no es solo una excepcional obra barroca de Pedro Roldán. Documentos localizados y estudiados por Marchena Secreta permiten reconstruir alrededor de esta devoción una historia mucho más profunda: una antigua ermita rodeada de huertas, luchas entre clérigos, una hermandad ya activa en el siglo XVI, un pequeño hospital para pobres, una procesión hoy desaparecida y, finalmente, una de las primeras grandes esculturas documentadas del maestro sevillano.
Hay imágenes que necesitan pocas explicaciones para imponer su significado. San Miguel levanta el brazo armado mientras pisa al monstruo vencido. El oro de la coraza y de las alas se enfrenta a la oscuridad de la criatura que queda bajo sus pies. En la otra mano aparece el brillante atributo que hoy acompaña a la talla. La escena parece congelar un instante de una batalla que, según el relato del Apocalipsis, no sucede en la tierra sino en el cielo.
Es precisamente esa imagen de combate la que explica buena parte del poder simbólico de San Miguel. El capítulo 12 del Apocalipsis cuenta cómo “Miguel y sus ángeles” luchan contra el dragón, identificado en el propio texto con la antigua serpiente y el Diablo. La iconografía cristiana convirtió por ello al arcángel en un joven guerrero, normalmente armado y situado sobre el mal derrotado.
Antes de Roldán hubo una pequeña ermita, un huerto y una Marchena que crecía fuera de las murallas
Uno de los hallazgos más reveladores realizados por Marchena Secreta retrocede más de un siglo antes de que Pedro Roldán tallara la imagen que conocemos actualmente.
Una carta fechada el 21 de enero de 1525, conservada en el fondo Osuna del Archivo Histórico Nacional y analizada por el filólogo e historiador Juan Gil a partir de documentación facilitada por Marchena Secreta, sitúa a San Miguel en un escenario radicalmente distinto al actual. Allí aparece una iglesia todavía modesta, una “casilla”, una huerta y unos terrenos que estaban convirtiéndose en foco de un durísimo enfrentamiento dentro del clero marchenero.
Marchena Secreta identifica la referencia documental como Archivo Histórico Nacional, Osuna, legajo 175, D.2. El protagonista era el sacerdote Francisco García. Según el análisis de Juan Gil, García estaba enfrentado a otros miembros del clero marchenero, incluido el vicario. El propio sacerdote describía el conflicto con tintes casi apocalípticos y denunciaba que sus adversarios intentaban expulsarlo de aquella pequeña instalación de San Miguel. La documentación habla expresamente de reuniones en la huerta de San Miguel y de las llaves de la iglesia.
El dato permite mirar de otra forma el actual barrio. A comienzos del XVI, San Miguel no era aún el gran espacio urbano que hoy reconocemos, sino uno de esos puntos religiosos alrededor de los cuales las poblaciones históricas iban extendiéndose fuera de su recinto amurallado.
Y ahí aparece una de las paradojas más sugerentes de esta historia: el arcángel que simboliza la lucha entre el bien y el mal presidía un lugar donde los propios hombres de Iglesia mantenían un enfrentamiento feroz entre sí.
Conviene, sin embargo, no confundir el símbolo con el hecho histórico. Las acusaciones que Francisco García lanzó contra sus enemigos, incluidas las relacionadas con su supuesta ascendencia conversa, pertenecen al discurso del propio sacerdote y deben entenderse dentro de los conflictos religiosos y sociales del siglo XVI, no como hechos demostrados.
El dato inédito: San Miguel tuvo su propia hermandad y su propio hospital
La investigación de Marchena Secreta añadió después una pieza prácticamente desconocida de esta historia.
En el Archivo Parroquial de San Juan se conserva un documento denominado Del Hospital y Cofradía de San Miguel, fechado en 1550, localizado en el legajo 34, folio 3244. Según la documentación consultada, aquel año funcionaban conjuntamente una iglesia, una hermandad y un hospital bajo la advocación de San Miguel.
El documento recoge a Francisco Florindo, presbítero, actuando como mayordomo “del hospital e iglesia de San Miguel” y de sus hermanos. El 22 de abril de 1550 se constituyó un censo sobre un solar perteneciente a la institución, imponiéndose un tributo anual de 51 maravedíes.
No estamos hablando de un hospital en el sentido contemporáneo. Aquellas instituciones eran pequeños establecimientos asistenciales ligados con frecuencia a hermandades religiosas: acogían pobres, enfermos, ancianos o personas próximas a la muerte y ayudaban también en los enterramientos.
La documentación estudiada por Marchena Secreta sitúa aquel hospital entre la iglesia de San Miguel y un molino de viento. Un censo de 1563 vuelve a utilizar ese molino como referencia espacial.
La imagen resulta extraordinaria. En la Marchena del XVI habría que imaginar, en aquella zona todavía periférica, una pequeña iglesia, sus tierras, casas, viñas, una cofradía, pobres atendidos por un pequeño hospital y, no demasiado lejos, un molino de viento cuyo perfil terminaría formando parte del paisaje de la villa.
Es decir, San Miguel no fue únicamente una advocación religiosa: se convirtió en un núcleo de organización social del arrabal.
De protector de las almas a protector de los pobres
Aquí el simbolismo del arcángel y la documentación marchenera parecen encontrarse.
Desde la Edad Media, San Miguel no fue representado únicamente como guerrero. También aparece como psicopompo, acompañante y defensor de las almas en el tránsito hacia la otra vida. Por eso una de sus iconografías más conocidas muestra al arcángel sosteniendo una balanza en el Juicio Final.
Esa dimensión ayuda a comprender por qué numerosas instituciones asistenciales y funerarias estuvieron históricamente vinculadas a su advocación.
En Marchena la conexión adquiere además un eco especialmente sugerente. Los escritos atribuidos a la mística Sor María de la Antigua, estrechamente ligada a la historia religiosa local, contienen un episodio recogido por Marchena Secreta en el que unas almas son figuradas como corderos que se encaminan hacia la iglesia de San Miguel.
No debemos leer aquella visión como una crónica histórica literal, sino como literatura mística. Pero culturalmente resulta muy significativa: demuestra hasta qué punto San Miguel estaba asociado en el imaginario marchenero a la muerte, las almas y su destino.
1657: Pedro Roldán recibe el encargo
Más de un siglo después de aquellos documentos, la devoción había alcanzado suficiente importancia como para encargar una imagen monumental a uno de los escultores que estaban renovando el barroco sevillano.
El profesor de la Universidad de Sevilla José Roda Peña localizó en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla el contrato original firmado por Pedro Roldán el 2 de marzo de 1657. El estudio fue publicado en Laboratorio de Arte, revista del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla.
Roldán debía ejecutar un San Miguel de madera de cedro, de siete cuartas desde los pies a la cabeza, sin contar la peana, acompañado de un demonio, con alas, escudo y espada. El resultado final alcanza aproximadamente 172 centímetros al incorporar el conjunto completo. El demonio debía aparecer vencido a sus pies y adoptó la forma de un dragón con las fauces abiertas.
Es exactamente la composición esencial que vemos en la imagen.
El oro no es un simple elemento decorativo. La brillante coraza convierte a Miguel en soldado celestial; las alas revelan su naturaleza angélica; la espada representa la batalla; y el monstruo bajo sus pies visualiza literalmente la derrota del mal relatada por el Apocalipsis. La pregunta que encierra su propio nombre —Miguel procede del hebreo y tradicionalmente se interpreta como “¿Quién como Dios?”— funciona casi como la respuesta del arcángel frente a la soberbia del adversario.
La sorpresa del contrato: el San Miguel de Marchena nació para salir a la calle
Quizá el dato más evocador recuperado por Roda Peña sea otro.
La imagen no fue concebida exclusivamente para permanecer sobre un altar. Pedro Roldán se comprometió a realizar también las andas, sus tornillos y todo lo necesario para colocar la escultura sobre ellas. El contrato incluía incluso una caja de madera de pino para trasladarla desde Sevilla hasta Marchena.
Es decir, San Miguel salía en procesión por Marchena.
Eso transforma nuestra percepción de la talla. El movimiento de la capa, el gesto elevado del brazo, el demonio retorciéndose y las alas abiertas no fueron creados solo para ser contemplados inmóviles en la penumbra de una iglesia. También estaban destinados a entrar en contacto con la calle, la luz y la multitud.
El escultor se obligó a entregar la obra completamente terminada —tallada, dorada, estofada y encarnada— para el 8 de mayo de 1657, y recibió por ella 2.000 reales de vellón.
La fecha tampoco carece de interés. El 8 de mayo fue durante siglos la festividad de la Aparición de San Miguel, ligada a la tradición del santuario del Monte Gargano. Investigaciones publicadas por Marchena Secreta documentan que esa celebración también tuvo presencia en la localidad y que en 1723 aparecen indulgencias vinculadas a la iglesia marchenera bajo el título de la Aparición de San Miguel Arcángel.
El escudo que vemos hoy no es el que contempló Roldán
La investigación reciente permite incluso corregir lo que nuestros ojos creen ver.
El contrato exigía espada y escudo, pero los atributos metálicos que hoy acompañan a la talla no son los originales del siglo XVII.
Roda Peña recoge las investigaciones de Manuel Antonio Ramos Suárez: la espada actual presenta el punzón del contraste cordobés Diego de la Vega y está fechada en 1816, mientras que la pieza circular que ejerce la función de escudo es en realidad un medallón de pertiguero del siglo XVIII reutilizado posteriormente.
Es un detalle extraordinario porque convierte a la propia escultura en un pequeño archivo de tres siglos distintos: el cuerpo barroco de Roldán, un elemento del XVIII y una espada del XIX.
La imagen no ha llegado intacta desde 1657. Ha vivido.
San Miguel, de frontera urbana a identidad de barrio
Si unimos todos esos documentos, aparece una historia que va mucho más allá de una escultura.
Primero hubo un paisaje periférico. Después una ermita y un huerto. En 1525 ya encontramos allí tensiones religiosas y sociales; posteriormente aparecen una hermandad y un pequeño hospital; las propiedades de la institución se extienden por el entorno; el barrio crece; y en 1657 llega una imagen monumental concebida incluso para procesionar.
San Miguel termina dando nombre no solo a una iglesia sino a una parte reconocible de Marchena.
Esa evolución explica quizá mejor que ninguna otra cosa la fuerza que conserva el arcángel en la memoria local. San Miguel es el guerrero que vence al dragón, pero en Marchena fue además el nombre alrededor del que se organizaron culto, asistencia social, territorio, hermandad y vecindad.
Y por eso la fotografía que encabeza este reportaje puede leerse de una manera distinta.
No estamos viendo únicamente un joven celestial vestido de oro que aplasta al demonio. Estamos viendo la imagen que acabó representando un espacio de Marchena cuyo origen documental conduce hasta una pequeña ermita extramuros, un huerto conflictivo, un hospital para necesitados y una hermandad olvidada.
Bajo el oro de Pedro Roldán hay, en realidad, cinco siglos de historia marchenera.
Fuentes
Investigación propia de Marchena Secreta sobre documentación del Archivo Parroquial de San Juan y la carta de 1525 estudiada por Juan Gil; José Roda Peña, “El contrato de Pedro Roldán para la realización de la escultura del San Miguel de Marchena”, Laboratorio de Arte, nº 36, Universidad de Sevilla, 2024; Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Protocolos Notariales, leg. 12949, f. 524r-v; Biblia, Apocalipsis 12, 7-9.
Más información en Marchena Secreta:
- Juan Gil desvela la lucha en el seno del clero marchenero en 1525
- San Miguel tuvo un hospital y una hermandad del mismo nombre en 1550
- El San Miguel de Marchena salía en procesión según el contrato con Roldán
- La desaparecida fiesta de la Aparición de San Miguel del 8 de mayo
Pie de foto: San Miguel Arcángel de Marchena, obra de Pedro Roldán contratada en 1657. La composición presenta al arcángel armado y vencedor sobre el dragón. Imagen tratada digitalmente a partir de la fotografía original para mejorar su lectura visual.
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