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Historia

La fiesta de los huevos de Pascua llega a Marchena el próximo Domingo

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El domingo 16 de Abril se desarrollará una fiesta infantil de Pascua incluyendo talleres de huevos pintados a Marchena. Será el Domingo 16 de abril en el Auditorio de la Princesa a partir de las cinco de la tarde con entrada gratuita.
Incluirá un taller de huevos pintados o huevos de pascua, piñatasm pimtacaras y las actuaciones del cuarteto infantil del carnaval de Cádiz Los Consentidos  y la actuación del coro de carnaval Marchena y Morón.

EL ORIGEN DE LA FIESTA DE LOS HUEVOS PINTADOS
Hasta 1980, José Antonio Fílter y los suyos no sabían quiénes eran. Ellos pensaban que eran simplemente andaluces con un carácter algo diferentes con apellidos raros.  Apenas se bailaban sevillanas y el domingo de Pascua  solían adornar huevos pintados.
En Cañada Rosal hoy es un dia grande y celebran la Pascua con una fiesta colonial de los huevos pintados con un mercado colonial benéfico, actuaciones de charangas, y atracciones.

De origen europeo, el hecho de asociar el huevo con la fertilidad y por coincidir la Pascua con la estación primaveral, estación fértil por excelencia, hace que en buena parte de Europa haya quedado establecido el huevo como símbolo de la Pascua. De modo que muy pronto los pasteleros de época comenzaron a elaborarlos utilizando distintos ingredientes. Primero fue el azúcar, luego el chocolate.
El Origen remoto del huevo de Pascua viene de la Diosa de la fertilidad  mesopotámica Ishtar Astarté  adorada por los babilonios, asirios, fenicios, cananeos e incluso los hebreos. También es por eso que en inglés Pascuas aún se nombra Easter.
Entre los siglos IX y XVIII, la Iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cuaresma por considerarlo equivalente a la carne, y por ello la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poder consumirlos el día de Pascua de Resurrección. Con el tiempo, estas tradiciones se incorporaron a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el huevo de Pascua es un símbolo universal. Para muchos, el huevo se asemeja a la resurrección como un símbolo de vida nueva

HUEVOS DE PASCUA EN LA CAMPIÑA SEVILLANA
José Antonio Filter descubrió que tanto la tradición de los huevos de pascua de Cañada Rosal como su propia familia descendía de uno de los siete mil colonos alemanes y de otros países que fueron traídos en el XVIII hace 250 años por Pablo de Olavide hasta Cañada Rosal, La Luisana y las nuevas poblaciones fundadas en tiempos de Carlos III en Sevilla, Córdoba y Jaén.
LA OBRA DE PABLO DE OLAVIDE
El ilustrado Asistente de Sevilla Pablo de Olavide encontró un serio oponente en su gran empresa utópica de la Ilustración española creando nuevas poblaciones en las zonas baldías de Sevilla, junto a Ecija, como La Luisiana Córdoba y Jaén con la llegada de doce frailes capuchinos alemanes, entre ellos, fray Romualdo de Friburgo.

Opuesto a las ideas del descreído ilustrado peruano Olavide, el fraile capuchino alemán tomó el cargo de prefecto de las colonias y luchó para que los colonos alemanes mantuvieran su lengua y sus costumbres. Olavide y el fraile se enfrentaron en tertulias en las que contraponían sus ideas y Olavide calificaría las ideas del fraile como supersticiones. El fraile anotó todo lo que decía Olavide en aquellas tertulias y se la mandó al padre Eleta, confesor de Carlos III, y al inquisidor general, Felipe Beltrán.
La Carolina. 
Olavide fue interrogado por la Inquisición, y pasó dos años en la cárcel, esperando juicio. Lo acusaron de “hereje formal y miembro podrido de la religión”, se vio obligado a arrepentirse de sus creencias, se le despojó de sus títulos y bienes y fue desterrado a veinte leguas de Madrid, Lima, Sevilla y los Sitios Reales y pasó ocho años recluido en un convento antes de huir a Francia de donde regresó en 1789 ya anciano y murió en Baeza en 1803.
Pablo de Olavide era un criollo peruano, hijo de un emigrante navarro, funcionario, casado con una rica viuda, que vivió entre Francia e Italia, haciéndose amigo de Voltaire, quien aseguró que hacían falta “cuarenta hombres como él para salvar España”.  En Madrid se hico amigo de Campomanes, ministro de Carlos III y luego del conde de Aranda, lo que le abrió la puerta a cargos como asistente de Sevilla.  Redactó un informe sobre la reforma agraria, en el que denunció que dos tercios del campo andaluz eran pasto o pura maleza y el tercio restante estaba mal cultivado.
Pablo de la Olavide.
Olavide buscaba hacer más seguros los caminos repoblar un territorio baldío y crear una sociedad rural ejemplar con seis mil colonos traídos de Europa central para lo que contrataron a Gaspar de Thurriegel quien publicó panfletos en Baviera, Lotaringia, Alsacia, Suiza y Suabia, ofreciendo a las gentes humildes un clima excepcional y una tierra fértil ofreciendo a cada colono dos vacas, cinco ovejas, cinco cabras, cinco gallinas, un gallo y una marrana de parir, todos debidamente estabulados y con terrenos comunales para el pasto.
«Fue un proyecto muy progresista de Olavide en la zona más latifundista de Andalucía, en los baldíos de Mochales y desierto de La Monclova, donde antes pastaba el ganado de los terratenientes de Ecija que perdieron más de 10.000 hectáreas».  Los colonos tuvieron que poner en cultivo aquellas tierras mientras que los vecinos de Ecija les hacía la vida imposible «incendiando sus cosechas y violentando a sus mujeres».
Carlos III entregando las tierras a los colonos.
Tras un largo viaje en barco recibieron la bienvenida de los vecinos y propietarios de Ecija que organizaron partidas de matones para atemorizar y amenazar a los recién llegados ya que las tierras en las que se asentaron eran propiedad del Cabildo para disfrute del ganado  de los terratenientes ecijanos.
UNA INVESTIGACIÓN EN BUSCA DE IDENTIDAD COLECTIVA
No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Con la democracia llegó la investigación y en las últimas décadas uno de los descendientes de esos colonos José Antonio Filter descubrió que tanto la tradición de los huevos de pascua de Cañada Rosal como su propia familia descendía de uno de los siete mil colonos alemanes y de otros países que fueron traídos en el XVIII hace 250 años por Pablo de Olavide hasta Cañada Rosal y La Luisana. 
Ancio, Delis, Bacter, Balmont, Pistón, Duvisón, Fílter, Hans, Hebles, Pigner, Ruger, Uber, Vidriel y Chambra son los apellidos centroeuropeos que aún se conservan en Luisiana, El Campillo y Cañada Rosal.  Ruperti, procedente del norte de Italia, se conserva en Marchena procedente de una familia de Ecija. Muchos otros apellidos se consideran perdidos como el apellido judío por antonomasia, Levi, extinguido hace poco en La Luisiana.
Tras la primera mortandad de colonos, por las enfermedades y el calor andaluz, los alemanes que quedaron viudos o viudas se vieron obligados a casarse con vecinos de los pueblos de alrededor extendiendo la mancha europeísta de Olavide por Fuentes de Andalucía, Carmona, Ecija, Marchena o Lantejuela.

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Investigación: La calle de las Carreras de los caballos

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La calle Carrera, también llamada popularmente Carrera de Caballos, fue históricamente el corredor por donde salían del casco urbano los carruajes y caballerías, definiéndose así como vía funcional desde el Renacimiento. En su número 19 destaca la Casa del Escudo, datada en tiempos del siglo XVII: una puerta noble de ladrillo, pilastras y escudo, sobre la que se alza un amplio balcón con barandilla de hierro, testimonio de la arquitectura señorial marchenera de la época. En el siglo XIX, esta misma casa fue morada de Don Manuel María de Roxas, remarcando su valor histórico y social. Además, su cercanía al Palacio Ducal, al cual conectaba mediante una de sus entradas principales, refuerza su papel dentro del entramado urbano antiguo de la villa.
DOCUMENTOS. LA CALLE CARRERA DE CABALLOS
Escritura de venta de unas casas en Marchena en la Plaza de Arriva en la esquina de la calle de la Carrera de los Cavallos, otorgada por D. Alonso de los Ríos Barrientos presbítero a favor de la Sta. Hazienda del Sr. Duque.
Puede ser una imagen de texto
La Guerra de Granada obligó a abrir nuevas calles a modo de lugares preferentes de paso de las tropas y los carros para dar salida a las necesidades militares en medio del urbanismo medieval e islámico de calles estrechas y sinuosas.  
El nombre original de la calle Carreras era «Carrera de los Caballos» tal y como aparece mencionado en un documento de compraventa de casas de la Plaza Ducal a favor del Duque de Arcos en 1702 Joaquín Ponce de León Lancáster. 
Encontramos calles y plazas con el nombre de Carrera, y Corredera en muchos puntos de Sevilla, como Marchena, Arahal, Osuna, Fuentes de Andalucía, Utrera, Córdoba, Sevilla y Córdoba cuyo origen nos habla de caballos.

Arco de la Carrera sobre el antiguo Ayuntamiento de Marchena en la Plaza Ducal. 

La Plaza de Corredera cordobesa era en el siglo XV una explanada extramuros sobre el antiguo circo romano dónde se reunían arrieros, chamarileros, y había corridas de toros y juegos de caña por lo que vino su nombre de Plaza de la Corredera. Albergó mercados y edificios del gobierno de la ciudad.

Toros en la Plaza Ducal de Marchena a finales del XIX. Foto Azpiazu. 

La calle sevillana Conde de Barajas, se llamó Carreras o Carrera Vieja de San Lorenzo «donde los caballos suelen correr» según el cronista Peraza en su Historia de Sevilla, y ya aparece en la documentación municipal desde S. XV con este nombre.
En Osuna y Marchena la Carrera corre bajo arcos sobre el edificio consistorial, autoridad municipal que justo estaba naciendo a finales del XV e inicios del XVI.

La familia de Pedro de la Barrera, capitán de caballos corazas, entre Osuna y Marchena

Una tablilla exvoto de la capilla Veracruz de Marchena muestra la fachada del Palacio, el convento de Capuchinos, el antiguo Ayto, el arco de la calle Amargura, el arco de Puerta Osuna y el arco de la Alameda, situado al final de la calle Compañia así como los caballos corriendo por la calle Carreras.
El Arco de la Alameda o Puerta Real era el lugar donde se pagaban los impuestos en la calle Compañia o Calle Real al final del edificio del templo de Santa Isabel, a partir de ahí empezaba la Alameda, una expansión urbana propia de la Ilustración del XVIII.
Este era el periplo que hacían los caballos por el municipio antes de salir al campo. La carrera o corredera es un espacio urbano propio del renacimiento, una apertura de nueva creación, de hecho suele llamarse también Calle Nueva, en forma de recta en medio del tortuoso urbanismo islámico.

Arco de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

Nos remite a las vías preferentes que cada municipio destina al paso de caballos y carros y que con la actividad militar de la Guerra de Granada se generaliza y se hace urgente. La palabra Carrera, del latín «carrus» (carro) es un camino ancho que admite tráfico de carruajes, y puede convertirse en vía principal o camino real, carretera o calle, que ha de recorrer una comitiva o procesión.

Calle Corredera de Utrera. 

En diferentes documentos encontramos la denominación antigua de la calle Carrera de Marchena como Carrera de Caballos. En el caso de Marchena la Carrera era el lugar por donde salían del pueblo, por la puerta de Osuna las tropas desde la zona militar de la Alcazaba, Palacio Ducal y la Plaza Ducal donde se hacían los alardes militares, o preparativos en tiempos de paz o antes de la batalla, hacia el campo. En Marchena la Puerta de Osuna era la salida hacia las provincias de Málaga y Granada pasando por Osuna hacia las zonas de conflicto del Reino de Granada en cuya guerra Marchena y Córdoba fueron los lugares desde donde más expediciones salieron para combatir a los granadinos.
La apertura de la Calle Carrera o Calle Nueva en Marchena ordenada por Rodrigo Ponce de León está relacionada con el cambio en la puerta del tiro, antes en eje acodado, como la de Morón que se convirtió en una puerta de acceso directo, y al mismo tiempo se hacen reformas en la   puerta de Osuna a final del XV.
En la documentación municipal aparecen como Calle Nueva y como Puerta Nueva a comienzos del XVI ambos trabajos se hicieron poco antes de la Guerra de Granada para adaptar el municipio a las nuevas necesidades militares.
Así lo atestiguan las cartas de Enrique IV por las que manda a las unidades de Carmona y Écija que presten su ayuda a Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, y a Fadrique Manrique y Luis Portocarrero, uniéndose a ellos en la guerra granadina con sus pendones y gentes de a caballo y de a pie en 1474 .

Arcos de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

El oratorio público de la Inmaculada de la puerta de Osuna existe desde 1640

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Historia

La beata Dolores, la última persona quemada por la Inquisición

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María de los Dolores López, conocida como la beata Dolores, fue condenada en Sevilla por la Inquisición el 24 de agosto de 1781.

Aunque sus padres fueron piadosos cristianos, ella no siguió su ejemplo y ya a los doce años se escapó de casa para irse a vivir con su confesor. Pero a éste comenzó pronto a remorderle la conciencia. Murió cuatro años después, aterrorizado por la condena que el Diablo le tenía reservada por tan grave pecado.

Dolores era ciega, pero bella e inteligente; aprendió a leer y escribir sin que nadie la enseñase. Quiso entrar como organista en un convento de Carmelitas,  pero no fue admitida. Entonces se trasladó a Marchena donde tomó los hábitos de beata. En aquella época había beatas en Santa Isabel.

Sin embargo, como la cabra siempre tira al monte, Dolores repitió la historia y de nuevo se lió con su confesor, en este caso un sacerdote de Lucena. Esta vez, la autoridad tomó cartas en el asunto y el hombre fue detenido y encarcelado, siendo más tarde recluido en un convento de clausura para evitarle caer en nuevas tentaciones.

Privada de su amante, Dolores regresó a Sevilla donde persistió en su mala costumbre de mantener escarceos sexuales con miembros del clero. .En esa época empezó a crearse fama de bruja. Se dice que preparaba extraños brebajes y que,  poseía dotes de adivinación y, siendo ciega, era capaz de ver lo que otros no veían.

“La beata Dolores no era bruja, sino mujer iluminada, secuaz teórica y práctica del molinosismo, bestialmente desordenada en costumbres so capa de santidad, y eso que por su belleza no podía excitar grandes pasiones,

Doce años después de volver a Sevilla, Dolores fue denunciada por uno de sus clérigos amantes, siendo ambos detenidos. Ella fue acusada de brujería.

Goya. La prisionera
Goya. La prisionera (1797-1798)

La beata negó la acusación, afirmando mantener trato habitual con la Virgen y haber contraído matrimonio en el mismísmo cielo con Jesucristo, siendo testigos de la boda San José y San Agustín. Estos sólidos argumentos no convencieron a los inquisidores, que la condenaron a muerte. Dolores escuchó impasible la sentencia y aseguró que moriría como mártir, pero que al tercer día Dios bajaría a demostrar su inocencia.

La beata salió al auto con escapulario blanco y coroza de llamas y diablos pintados,. Acabada la lectura del proceso, subió al púlpito el P. Teodomiro Díaz de la Vega,  Hubo que amordazar a la beata para que no blasfemase y el P. Vega llegó a amenazarla con el crucifijo ióse a la beata prorrumpir súbitamente en lágrimas y, apenas llegada a la plaza de San Francisco, pedir confesión en altas voces, lo cual mitigó el rigor de la pena y dilató algunas horas el suplicio. Murió con muestras de sincero arrepentimiento, pidiendo a todos perdón por los malos ejemplos de su vida. Fue ahorcada y después entregado su cadáver a las llamas.”

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La familia Marchena que abrió a los Médici las puertas de Marruecos

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Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas

No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.

El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.

Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.

De Castilla y Portugal a la Toscana

La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.

La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.

Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.

Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.

Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.

Los hermanos de Marruecos

La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.

El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.

Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.

Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.

El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.

El sueño atlántico de los Médici

Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.

Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.

Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.

Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.

No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.

Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia

La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.

Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.

Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.

La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.

Una familia convertida en embajada

La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.

Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.

La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.

Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.

¿Procedían de la villa de Marchena?

El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?

Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.

La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.

Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.

Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.

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Actualidad

Nuevos datos de la familia Marchena, la red sefardí que tejió una diplomacia secreta entre Marruecos, Europa y Andalucía

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Comerciantes, redentores de cautivos e informadores políticos, los Marchena ocuparon entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII el espacio que dejaban vacío las embajadas oficiales. Juan de Marchena llegó a tratar personalmente con el sultán Ahmad al-Mansur y enviaba noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia. La documentación confirma la importancia de esta familia sefardí, aunque todavía no permite asegurar que procediera de la villa sevillana de Marchena.

La historia de la familia Marchena publicada por Marchena Secreta reconstruye el recorrido de una familia judía sefardí que conservó el apellido De Marchena después de abandonar la península ibérica. La narración se apoya en las investigaciones genealógicas de sus descendientes, especialmente Kenneth de Marchena, y en referencias sobre comunidades sefardíes de Portugal, Ámsterdam y el Caribe.

Ruta Marchena Sefardí

La importancia de este nuevo estudio sobre la familia Marchena y los Medina Sidonia es que vincula su actividad en España; entre 1570 y 1620, y rastrea a varios hermanos Marchena en Marruecos, Portugal, Italia, Croacia, Alemania y Ámsterdam.

Así, Abraham de Marchena, el patriarca judío sefardita de la familia Marchena enterrado en la sinagoga de Ámsterdam, tenía varios hermanos.  El autor de esta investigación, Miguel Soto Garrido, investigará en Venecia, donde la familia vivió entre 1590 y 1606 y fue una de las más importantes del gueto sefardí.

El apellido De Marchena aparece documentado entre familias sefardíes establecidas en Portugal y Holanda. Los descendientes consideran que el nombre conserva la memoria del lugar del que habría partido el linaje, aunque todavía no se ha encontrado un documento que identifique expresamente al primer antepasado como natural de la Marchena sevillana.

Marrakech, 23 de junio de 1600. Un comerciante judío toma la pluma para escribir a uno de los hombres más poderosos de Andalucía. El destinatario es Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia. El remitente firma como Juan de Marchena.

No le habla únicamente de mercancías, precios o barcos. Le informa de que fray Constancio Magni, un religioso dominico, lleva ocho meses encarcelado por las autoridades marroquíes. Marchena asegura que ha intervenido personalmente: había hablado «dos veces al Rey», es decir, con el sultán saadí Ahmad al-Mansur, y había acudido en otras ocasiones ante la justicia del reino para solicitar la liberación del fraile.

La familia Marchena y los piratas judíos del Caribe

La carta sitúa a Juan de Marchena en una posición extraordinaria: un judío que podía acercarse al soberano de Marruecos, negociar con sus funcionarios y trasladar después información reservada a la Casa de Medina Sidonia. (Fuente: Archivo General de Simancas, sección Estado, legajo 185, documento 11, carta enviada desde Marrakech el 23 de junio de 1600).

Un agente entre dos orillas

Los historiadores Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra describen a Juan de Marchena como un «agente doble criptojudío» al servicio de la Casa ducal de Medina Sidonia en Marrakech. Era comerciante, intervenía en la redención de cautivos y mantenía una relación cercana con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos entre 1578 y 1603.

La familia «De Marchena» recibe en un reconocimiento en Rotterdam, Holanda

Al mismo tiempo, enviaba informes de manera continuada al VII duque de Medina Sidonia, convertido desde comienzos de la década de 1580 en uno de los principales responsables de los asuntos marroquíes y de la defensa de los intereses de la Monarquía Hispánica en el estrecho de Gibraltar.

En aquel Mediterráneo de fronteras permeables, un agente podía trabajar para varios patronos, proteger los negocios de su familia, servir al sultán en determinadas operaciones y proporcionar noticias al duque. 

Una diplomacia sin embajadores

Felipe II y, posteriormente, Felipe III evitaron mantener un embajador permanente ante el sultán de Marruecos. Reconocer formalmente a un soberano musulmán y sostener una representación estable en su corte planteaba problemas políticos, religiosos y de reputación.

La embajada de Pedro Venegas de Córdoba, establecida en Marrakech entre 1579 y 1585, terminó de manera accidentada. Según el estudio de Soto Garrido y De Bunes, Venegas tuvo que abandonar Marruecos ante el peligro que suponía para la imagen de la Monarquía mantener un representante oficial en una corte islámica.

Aquel vacío no interrumpió las relaciones. Las hizo más discretas. Los contactos se desarrollaron mediante agentes no acreditados, comerciantes, religiosos, intérpretes, gobernadores de plazas africanas y enviados de las grandes casas nobiliarias andaluzas.

En ese terreno ambiguo prosperó Juan de Marchena. Podía presentarse como mercader o redentor de cautivos, pero sus cartas tenían un contenido inequívocamente diplomático. Informaba sobre decisiones de la corte, intervenía ante las autoridades y reclamaba incluso la presencia de una persona enviada por el rey de España que protegiera a los súbditos cristianos establecidos o cautivos en Marruecos.

Marchena no llevaba credenciales de embajador, pero realizaba parte del trabajo de una embajada.

El triángulo entre Madrid, Portugal y Sanlúcar

Para comprender su importancia hay que mirar hacia la organización política creada durante el reinado de Felipe II. Miguel Soto Garrido ha estudiado la formación de una especie de «secretaría de Berbería», construida desde 1574 alrededor del secretario real Gabriel de Zayas.

Gabriel de Zayas. Écija (Sevilla), 1526 – Madrid, 13.VII.1593. Secretario de Estado de Felipe II.. Secretario del Consejo de Estado Secretario del Consejo de Italia. El linaje de los Zayas establecido en Andalucía —Écija y Córdoba— desde la época de la conquista. Su hermano Tomás de Zayas era el “veedor de la gente de guerra en Granada”. Clérigo de la diócesis de Sevilla.  

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Conectaba la corte española con los consejeros de la política portuguesa en el norte de África y la Casa de Medina Sidonia, asentada en Sanlúcar de Barrameda.

Portugal había dirigido durante décadas buena parte de las relaciones con el Magreb atlántico. Sin embargo, la guerra civil marroquí iniciada en 1574, la intervención otomana y la batalla de Alcazarquivir de 1578 cambiaron el equilibrio. La Monarquía Hispánica necesitaba conocer lo que sucedía al otro lado del Estrecho y evitar que la influencia de Argel y del Imperio otomano llegara hasta Marruecos.

Una colombiana busca sus raíces sefardíes en Marchena y conoce los secretos del conjunto monumental

Entre 1581 y 1584, el duque de Medina Sidonia comenzó a centralizar en su palacio de Sanlúcar las cartas y noticias  de Cádiz, Gibraltar y Ceuta, y Tánger. El duque examinaba la información y la remitía al ministro Gabriel de Zayas, desde donde podía llegar a otros consejeros y finalmente al rey.

Los informes de Juan de Marchena procedentes de Marrakech se sitúan dentro de ese sistema. Mientras Zayas organizaba la información en la corte y Medina Sidonia la filtraba desde Sanlúcar, Marchena aportaba aquello que ninguno de ellos podía conseguir directamente: noticias obtenidas dentro del entorno del sultán.

Una familia de cripto judíos, de Marchena a las islas Canarias

Una familia, no solamente un individuo

Miguel Soto Garrido ha realizado una investigación titulada «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

El título resulta revelador. El fenómeno no se limitaba a Juan de Marchena, sino que alcanzaba a un grupo familiar con conexiones entre Italia y el norte de África. Los Marchena habrían combinado el comercio con la obtención de información y la representación política durante un periodo de al menos veinticinco años.

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Abraham de Marchena y la etapa de Ámsterdam

La figura central de la genealogía divulgada es Abraham de Marchena, al que numerosos descendientes sitúan como antepasado común en Ámsterdam. Desde allí, la familia se incorporó a las rutas comerciales y familiares que conectaban Holanda con las colonias del Caribe a través de Abraham de Marchena enterrado en Ámsterdam con fecha de 1657.

Investigación: Cuando los marranos de Marchena ayudaron a fundar la comunidad judía de Londres

Estas familias sefardíes podían tener parientes, socios y corresponsales en distintos puertos. Su red familiar era también una red de comunicación. Las mercancías viajaban acompañadas de cartas; las operaciones de rescate permitían tratar con gobernantes; y los viajes comerciales servían para conocer alianzas, guerras, epidemias y movimientos de barcos.

Judíos en el corazón de la administración marroquí

La presencia de intermediarios judíos no era una excepción en el Marruecos saadí. El estudio de Soto Garrido y De Bunes explica que algunas familias hebreas ocuparon posiciones relevantes como consejeros, secretarios e intérpretes de los sultanes.

Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España

El conocimiento de idiomas y la pertenencia a redes comerciales internacionales convertían a estos hombres en figuras especialmente útiles. Podían traducir cartas, acompañar embajadas, negociar con potencias cristianas y facilitar intercambios entre sociedades que mantenían profundas diferencias religiosas.

La diáspora sefardita explicada en dos apellidos: Maduro y Marchena

Aquellos comerciantes conocían los códigos de varias sociedades. Podían conversar con un funcionario musulmán en Marrakech, negociar con un noble cristiano en Sanlúcar y recurrir a familiares o socios establecidos en ciudades italianas. La diáspora, que había sido consecuencia de la persecución y la expulsión, se convertía también en una red internacional de contactos.

Los «marranos» de Sevilla y Canarias, en la génesis de la comunidad sefardí de Londres

En agosto de 2018, Kenneth de Marchena, nacido en Curazao y residente en Holanda, viajó a Marchena para conocer la localidad que él y su familia relacionaban con el origen del apellido. Marchena Secreta presentó aquella visita como el primer regreso público de un descendiente sefardí De Marchena interesado en investigar y divulgar sus raíces.

Kenneth llevaba años reconstruyendo el árbol genealógico familiar junto a otros parientes repartidos entre Europa y América. También trabajaba en un libro sobre el origen y la expansión del apellido. Su visita permitió trasladar una investigación desarrollada principalmente por internet y mediante archivos familiares al espacio físico de la localidad sevillana.

Fuentes consultadas

La fuente principal es el artículo de Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra, «Propaganda religiosa, celo devocional y diplomacia cristiana: las misiones de la provincia de San Diego de Andalucía a la luz de la Misión Historial de Marruecos», publicado en Archivo Ibero-Americano, volumen 83, número 297, 2023, páginas 567-609. El artículo cita directamente la carta de Juan de Marchena conservada en el Archivo General de Simancas.

El contexto político procede del trabajo de Miguel Soto Garrido «Gabriel de Zayas, “secretario de Berbería”: la formación de una nueva negociación territorial en la Monarquía de Felipe II», donde se analiza la red que conectaba a la corte, los consejeros portugueses y la Casa de Medina Sidonia.

La existencia de una investigación específica sobre la familia se confirma en el programa oficial del congreso internacional celebrado en el Collège d’Espagne de París en 2023, donde aparece la ponencia «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

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Historia

El mártir francés que los Ponce de León convirtieron en patrón de Paradas

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En 1460 Don Juan otorga privilegio de Fundación de la Villa de Paradas fundando la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.
San Eutropio fue, según la tradición cristiana, el primer obispo de Saintes, en la antigua Galia —actual Francia—, donde evangelizó y murió mártir hacia el siglo III.
Su vínculo con Paradas procede de los Ponce de León. Según la historia recogida por el Ayuntamiento, Juan Ponce de León se encomendó al santo antes de una batalla en Francia y, tras vencer, promovió su culto. La familia levantó en Paradas una iglesia dedicada a San Eutropio y Rodrigo Ponce de León trasladó allí unas celebraciones que antes se realizaban en Marchena. Desde entonces quedó convertido en patrón y principal referente religioso de la localidad.
A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.
Muerto Don Juan, su hijo, Rodrigo que hereda el lugar de Paradas en 1469 decide que las fiestas de San Eutropio que se hacían en Marchena y Paradas, solo se harían solo en Paradas . En Marchena las sustituye por las fiestas de la Inmaculada, porque según sus cronistas la Inmaculada se le había aparecido.
Estropo o Eutropio Ponce de León nació en Marchena en 1460 y vivió en Jerez hacia 1470 donde fue recibido como caballero veinticuatro ocupando el escaño que en él, renunció su suegro, Pedro de Vera conquistador de Canarias.
En 1466 Juan Ponce de León, Señor de Marchena y I Conde de Arcos firma un documento para otorgar la mayoría de edad a sus hijos que tuvo con Catalina González de Oviedo, en terceras nupcias que fueron Enrique, Lope, Beltrán, Eutropio, Constanza y Sancha.

En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Comendador de la orden de Santiago en Almedralejo, Eutropio Ponce de León se casó en Jerez con Catalina de Vera hija del Comendador Pedro de Vera famoso por la crueldad con que castigó a los indios guanches de Canarias, a los que mató empalándolos.
Paradas, Spain - 'Iglesia Parroquial de San Eutropio'
En 1500, murió Catalina de Vera, casando con Marina de Trujillo, hija de Pedro Esteban de Trujillo. Viudo por segunda vez, don Eutropio volvió a casar con Beatriz Nuñez Cabeza de Vaca, hija de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
En Jerez de la Frontera se conserva un Palacio de Eutropio Ponce de León, como patrimonio arquitectónico de la ciudad.
En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Juan Ponce de León concede en 1410 ventajas económicas a los que fueran a poblar Paradas dentro del término de Marchena.
Entonces Paradas era un cortijo con su torre para defendía de una huerta, que era la construcción más antigua del pueblo y duró hasta 1980 y unas casas, amén de pastos, dehesas y lagunas.
La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacill y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.

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Actualidad

Cuando Marchena y Arcos tuvieron puerto en Rota: una historia de trigo, duques y mayetes

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A primera vista, Marchena y Rota parecen dos mundos distintos. Una mira a la campiña sevillana, la otra se abre al Atlántico, a las mareas, a los corrales de pesca, a las huertas de arena y al viento salado.

Sin embargo, durante siglos, ambas formaron parte de un mismo mapa de poder: el de la Casa de Ponce de León, señores de Marchena, Rota y más tarde duques de Arcos.  Todo arranca con una unión nobiliaria entre Isabel de Guzmán y Fernán Pérez Ponce de León, que incorporó Rota y Chipiona al ámbito de los señores de Marchena, creando un eje interior-litoral que duró hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX e influenció la cultura andaluza.

La historia no es solo una cuestión de apellidos ilustres. Es, sobre todo, una historia de territorio. Marchena fue durante siglos una gran pieza agrícola del señorío, una tierra de cereal, olivar y rentas. Rota, en cambio, ofrecía una salida al mar. De esa combinación nació una economía señorial que enlazaba los campos del interior con el comercio atlántico y puerta de América.

Uno de los documentos clave conservados en PARES, con signatura OSUNA,C.121,D.148-153, alude a provisiones de Carlos I de España y V de Alemania relacionadas con los señoríos de Chipiona y Rota y menciona documentación otorgada por el duque de Arcos al escribano de Marchena. 

El hilo más sugerente es el del cereal. En el Archivo Histórico de la Nobleza, conserva una provisión real de Carlos I, fechada entre 1526 y 1528, por la que se ordenaba a Jerez de la Frontera permitir el paso, sin cobro de derechos, de los cereales del duque de Arcos hacia su villa de Rota.

El conflicto enfrentó a la Casa Ducal (los Ponce de León, duques de Arcos, cuya sede principal estaba en Marchena) con la ciudad de Jerez de la Frontera.

El duque producía inmensas cantidades de trigo, harina y cebada en la rica campiña (Marchena y Arcos) y necesitaba enviarlo hacia sus villas costeras (Rota y Chipiona) para su abastecimiento o embarque. Sin embargo, para llegar a la costa había que cruzar el gigantesco término municipal de Jerez de la Frontera. Las autoridades jerezanas intentaron bloquear el paso del cereal («el paso del pan») o cobrar impuestos abusivos por dejar transitar a las carretas.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

Dentro de ese mismo expediente en PARES (en el Documento 152) se conserva el poder legal otorgado por el duque de Arcos a su escribano en Marchena el 27 de octubre de 1526, enviado para defender los intereses ducales y evitar que Jerez confiscara sus carros.

Al final, la Casa de Arcos ganó el pulso: la provisión real del emperador Carlos V exigió a Jerez bajo amenaza de duras penas que permitiera el tránsito de los cereales del duque hacia Rota «sin cobro alguno».

El documento sitúa el tránsito entre Arcos y Rota, y muestra cómo los dominios de la Casa de Arcos funcionaban como una red económica en la que las villas del interior y la costa estaban conectadas por caminos, arrieros, escribanos, pleitos y mercancías. La presencia de un escribano de Marchena en el expediente confirma además el papel administrativo de la villa marchenera dentro del engranaje señorial de los Ponce de León.

También el mar roteño quedó dentro de esa lógica señorial. Los corrales de pesca, esas arquitecturas de piedra que atrapan el pescado con la bajamar, forman parte de la memoria litoral de Rota. El corral llamado La Cuba fue comprada en 1399 por Pedro Ponce de León al Monasterio de Regla, un dato que vincula el control de los recursos marítimos con el patronazgo religioso y económico de la nobleza.

Pero quizá donde la conexión se vuelve más humana es en una palabra: mayete en Marchena, mayeto en Rota. En la costa gaditana, el mayeto fue el hortelano de las arenas, el hombre de la huerta pequeña, de la calabaza, el tomate y el pimiento, de la choza y el trabajo familiar. En la campiña sevillana, el mayete designó al pequeño o mediano propietario agrícola, situado entre el jornalero sin tierra y el gran señorito. No eran exactamente lo mismo, pero los dos nombres parecen hablar de una misma cultura agraria: la del esfuerzo, la propiedad modesta, el orgullo campesino y la supervivencia.

Ese mundo mayeto no ha desaparecido del todo. En Rota, el Centro de Recuperación de la Mayetería funciona hoy como espacio de interpretación para conocer las chozas, los huertos, los animales y el modo de vida de los antiguos agricultores roteños. El Ayuntamiento de Rota lo presenta como un punto de interés turístico, cultural y ambiental que recibe visitas, especialmente en primavera y verano.

El vínculo entre Rota y Marchena también se escribió en piedra y devoción. La Casa de Arcos impulsó iglesias, conventos y espacios religiosos en sus dominios. En Rota, la importancia de la Iglesia de Nuestra Señora de la O y del convento mercedario. En Marchena, destaca el peso de San Juan Bautista, San Agustin Santa Maria, y Santo Domingo. 

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