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Historia

Cuando Londres era «marrana», hablaba español y comía ·»chorissa»

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SABER CON SABOR/ SABORES CON HISTORIA
“Chorissa es un embutido peculiar de la cocina judía, de sabor delicado y picante” hecho con carne de res ahumada. No solo es excelente frito en rodajas con huevos escalfados o guisado con arroz, sino que imparte un delicioso sabor a guisos, sopas y salsas, y es uno de los recursos más útiles de la cocina judía.”  escribe Lady Judith Montefiore en el recetario sefardí más antiguo que se conserva.  
Judith se casó en 1812 con el sefardí Moses Haim Montefiore (1784-1885) nacido en Livorno (Italia) de Joseph Elias Montefiore, y Rachel Mocatta de origen portugués. Los Montefiore proceden de Fermoselle (Zamora).
La chouriça portuguesa  es una salchicha ahumada de cerdo, sazonada con comino, pimentón, ajo y vino blanco. También hay versiones menos grasas elaborados con carne más magra, incluso una versión denominadas farinheira o  alheira (embutidos con pan, ajo, clara de huevo y cilantro)
Judith Montefiore escribió el primer recetario sefardí conocido. 
LA CHORISA, EL EMBUTIDO DE LOS SEFARDITAS DE LONDRES
DANIEL MENDOZA, EL CARNICERO SEVILLANO DE LOS JUDÍOS DE LONDRES
Para tener buenos embutidos hace falta un buen carnicero. El matarife de la comunidad de Bevis Marks era el «sevillano» Daniel Mendoza (1764-1836) que con 24 años,, publicó en 1733 uno de los primeros libros de la historia judía de Londres escrito en españolDinim de Sehita y Bedica‘, ‘ Leyes de la matanza e inspección ritual‘ que describe la Shejitá, muerte ritual, y la bedikah  reconocimiento de las viceras del animal en busca de alguna tara.
Retrato de Daniel Mendoza conservado en el Museo judío de Londres. 
Había heredado el oficio de su abuelo Aarón emigrado de Amsterdam a Londres para ejercer el oficio de matarife ritual judío, lo cual suponía un importante estatus dentro de la comunidad que pasaba de padres a hijos, ya que la matanza ritual o shejitá es indispensable para que los animales por ellos sacrificados fueran considerados verdaderamente kósher o aptos para comer. 
Daniel Mendoza nació en el barrio hispano portugues de Aldgate, en cuyas calles se hablaba español y se comía «chorissa», una variante del chorizo español tal y como él mismo cuenta en su autobiografía Memoirs of the Life of Daniel Mendoza’ (1816). Sus bisabuelos David Mendoza y Esther López nacieron en Sevilla y emigraron en Amsterdam.  Era un gran boxeador cuyos conocimientos e innovaciones están descritos en su manual ‘ The Art of boxing’ de 1789. Es el padre del boxeo científico. En un momento en que el deporte del boxeo consistía principalmente en golpear con las manos desnudas, Mendoza introdujo el concepto de defensa. 
Se convirtió en una figura tan popular en Inglaterra que se escribieron canciones sobre él y su nombre apareció en los guiones de numerosas obras de teatro. Sus apariciones personales llenaban los teatros, los retratos de él y sus peleas eran temas populares para los artistas, y se acuñaron medallas conmemorativas en su honor.
 Jarra de cerámica de Staffordshire data de alrededor de 1800 y representa una famosa pelea entre Mendoza y Richard Humphreys en 1788. Museo Judío de Londres.  Una de las tiendas especializadas en chorissa en Duke’s Place barrio Aldgate era la de Nefthtali Pass o Paz, cuyo apellido hebreo fue Shalom heredero de una saga carnicera que había comenzado con Elías Paz de León en 1690.
EL LIBRO MAS ANTIGUO DE RECETAS SEFARDITAS
La «chorrisa» aparece documentada en 1846 en ‘The Jewish manual’, obra de Judith Barent Cohen, esposa de sir Moses Montefiore, emparentado con los Mocatta, el libro de cocina judía más antiguo que se conoce, escrito en inglés en Londres con recetas españolas.  Con la carne obtenida de la matanza ritual, Mendoza elaboraba la ‘chorissa’ con grasa y magro de vaca, fiambre tradcional sefardí  junto con los chouriços o alheiras portugueses.
Sir Moses Montefiore (1784 – 1885) fue el judío inglés más rico y famoso de todos los tiempos. Cuando era joven, su tío Moses Mocatta le aseguró un puesto como uno de los doce corredores de la Bolsa de Londres. Se casó con Judith Cohen, cuñada de Nathan Meyer Rothschild. Eso le aseguró fama y fortuna. Cuando se retiró se dedicó a defender a judíos pobres y oprimidos y fue nombrado caballero por la reina Victoria en 1837. Su devoción por Tierra Santa le hizo mejorar las condiciones de vida de esas comunidades. En Bevis Marks, fue presidente de su junta de ancianos y en 1835 fue elegido alguacil de Londres. 
En ‘The Jewish manual’Judith Cohen describió diez recetas con chorissa, desde sopas, estofados, cocidos, arroz o tortilla con el «más refinado y sabroso de los embutidos, presente en todas las carnicerías hebreas».
RECETAS SEFARDITAS DE LONDRES
Uno de sus descendientes el historiador Sebag Montefiore presentador de documentales de la BBC encontró durante un rodaje en España su origen en la familia conversa de Benavente, (Zamora), Carvajal, emigrados a México con el gobernador del Nuevo Reino de León Luis Carvajal de la Cueva, uno de los pilares de la comunidad sefardita de México. Procesados por la Inquisición uno de sus hijos escapó a Italia y adoptó el apellido Montefiore.
Otros platos sefarditas de Londres del libro de Judith son las «almondegas», el pescado «impanado», el «escobeche», las frituras de Haman el carnero «a l’Hispaniola» o las «bolas dulces, bola d’Amor,  bola Hispaniola, de Toledo rellena de huevo hilado, mazapán, limón y agua de azahar.
Marchena-Mocatta, Mendoza, Chaves, Ávila, López Arias, Medina, Sosa, Álvarez, Pacheco, Díaz no es la alineación de un equipo de fútbol sino algunos fundadores (1701). de la sinagoga sefardi de Londres, quienes habían huído de la Península en busca de libertad religiosa y prosperidad en la capital económica del momento, Amsterdam y desde allí convencieron a Cromwell para volver a instalarse en Gran Bretaña. 
Cuando Oliver Cromwell derrocó en 1642 a la Monarquía católica se negó a readmitir a los judíoas pero cuando las propiedades de los españoles fueron confiscadas en medio de la guerra anglo-española, un comerciante de vinos canario-andaluz Antonio Rodriguez Robles ganó ante la corte de Londres su derecho a establecerse en la ciudad alegando que él no era de nacionalidad española sino judía y así abrió las puertas de Inglaterra para los judios, cerradas desde el siglo XIII.
EL NACIMIENTO DE BEVIS MARKS
Petición de Menahem Ben Israel a Oliver Cromwel Lord Protector sobre la nación  judia del Reino Unido. 
Manoel Dias Soeiros o Ben Israel nacido en Madeira rabino y dueño de la primera imprenta hebrea de Ámsterdam, y creador de la Gaceta Española de Masterdam consiguió en 1655 permiso de Cromweel para crear un cementerio judío en Londres. Entre los solicitantes estaban también Antonio Rodríguez Robles, Duarte Enríquez Álvarez y Antonio Fernández Carvajal, todos portugueses de Fundão viviendo entre Andalucía y Canarias como muchos otros marranos que se habían establecido en Sevilla y alrededores gracias  al Conde Duque de Olivares. En la rama andaluza de este clan  estaba la familia de Antonio Rodriguez Arias el último rabino de Sevilla y su hijo Diego que entonces vivían en Marchena al calor de la casa ducal de Arcos. 
Manuel Diaz, o Menasseh Ben Israel, retratado a plumilla por Rembrandt. 
Fue Carvajal quien inclinó la balanza prestando servicios políticos a Cromwel y llevando a la ciudad 200.000 libras en plata y mercancías desde Andalucia y Canarias.  Robles se estableció en Creechurch Lane y su casa fue la primera sinagoga inaugurada en 1657 que luego se trasladó en 1699 a la calle Bevis Marks.
David Nieto se convirtió en el primer rabino, líder o haham de Bevis Marks fundando un orfanato en 1703 y una sociedad para visitar enfermos en 1709. Además de esta hubo otras sinagogas en la ciudad algunas privadas como la de Felipe Salomon. 
Menorá expuesta en el Museo Judío de Londre fundado en 1932 por Cecil Roth, Alfred Rubens y Wilfred Samuel incluyendo el archivo de investigación y su programa de aprendizaje del Museo Militar Judío.
Anillo de boda de Joshua y Judith Sarfaty de 1699 casados en Bevis Marks:.
LA SINAGOGA MAS ANTIGUA DE EUROPA
Según David Knyaston los empresarios sefarditas desempeñaron un papel fundamental en la evolución de Londres como centro financiero y comercial mundial. Bevis Marks, es desde entonces símbolo de los sefarditas europeos, levantado muy cerca del poder, junto al Banco de Inglaterra y a la residencia oficial del Alcalde de la ciudad. En ambas instituciones los sefarditas españoles dejaron su huella.  
Hoy como hace 320 años, cada septiembre en Bevis Marks, suena el shofar, el cuerno de carnero que marca el inicio de las fiestas mas importantes del año nuevo judío Yom Kippur habiendo esquivado la amenaza que supone la construcción de dos molestos rascacielos cerca, uno paralizado y otro en estudio y afrontando como centro social del barrio tareas de reforma para colocar un nuevo sistema de caledacción.  Así podran cumplir mejor su función de organizar ceremonias, bodas, entierros y puestas de largo. 
MARCHENA-MOCATTA Y LA EMPRESA QUE MARCA EL PRECIO DEL ORO EN EL MUNDO
Bevis Marks fue la calle elegida para establecerse en Londres por Moisés Mocatta, nombre judío del español  Antonio de Marchena -apellido con origen en Sevilla y alrededores- corredor del Banco de Inglaterra y de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que llega a la city en 1670 y funda una empresa, -Mocatta- que hoy es la empresa que marca el precio del oro en todo el mundo, como miembro fundador de la LBMA el London Gold Market que con otras cinco empresas controlaba el 60% del oro del mundo que se almancenaba en el Banco de Inglaterra, junto a Bevis Marks.
Entre los fundadores de Bevis Mark muchos accionistas del Banco de Inglaterra, como Salomon de Medina, contratista del ejército del rey Guillermo III, y los comerciantes Isaac y Elias Lindo. Salomón (Antonio) Dormido (1622-1700) fue el primer judío en ser admitido en el banco y en 1690 una novena parte de los propietarios eran judíos. El primer suscriptor del Banco, de origen sefardí, fue Fernando Mendes médico del rey Joao IV de Portugal.  Además 25 Judios entre 731 propietarios fueron incluidos en la fundación del Banco de Amsterdam.
Pieza de plata de Samuel Edli. El orfebre de Bevis Marks era Samuel Edli, banquero y mecenas judío que Instaló su taller en 1704 cerca de Goldsmiths’ Hallo barrio de los orfebres e hizo algunas piezas de plata como lámparas de Hanukkah de 1711 o dos remates para la torá el mismo años. Vivia al lado de Bevis Marksy trabajó para Goldsmiths Company y en 1739 fue elegido maestro mayor.
Remates de la Torá del siglo XVIII donada a Bevis Marks por Abraham de Oliveira nacido en Ámsterdam, se mudó a Londres en 1690.
En 1654, un grupo de judíos entre ellos los Marchena navegó desde Amsterdam hacia las Américas y fundó la primera comunidad judía en el Nuevo Mundo que con el tiempo financiarían la campaña de Bolivar, que supuso el final de Espala como potencia mundial.
Amsterdam pasó de colonia española (1555-1714) a capital de la tolerancia religiosa y de la libertad comercial pre capitalista y espejo para Londres y Nueva York (Nueva Amsterdam).  

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Historia

Investigación: La calle de las Carreras de los caballos

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La calle Carrera, también llamada popularmente Carrera de Caballos, fue históricamente el corredor por donde salían del casco urbano los carruajes y caballerías, definiéndose así como vía funcional desde el Renacimiento. En su número 19 destaca la Casa del Escudo, datada en tiempos del siglo XVII: una puerta noble de ladrillo, pilastras y escudo, sobre la que se alza un amplio balcón con barandilla de hierro, testimonio de la arquitectura señorial marchenera de la época. En el siglo XIX, esta misma casa fue morada de Don Manuel María de Roxas, remarcando su valor histórico y social. Además, su cercanía al Palacio Ducal, al cual conectaba mediante una de sus entradas principales, refuerza su papel dentro del entramado urbano antiguo de la villa.
DOCUMENTOS. LA CALLE CARRERA DE CABALLOS
Escritura de venta de unas casas en Marchena en la Plaza de Arriva en la esquina de la calle de la Carrera de los Cavallos, otorgada por D. Alonso de los Ríos Barrientos presbítero a favor de la Sta. Hazienda del Sr. Duque.
Puede ser una imagen de texto
La Guerra de Granada obligó a abrir nuevas calles a modo de lugares preferentes de paso de las tropas y los carros para dar salida a las necesidades militares en medio del urbanismo medieval e islámico de calles estrechas y sinuosas.  
El nombre original de la calle Carreras era «Carrera de los Caballos» tal y como aparece mencionado en un documento de compraventa de casas de la Plaza Ducal a favor del Duque de Arcos en 1702 Joaquín Ponce de León Lancáster. 
Encontramos calles y plazas con el nombre de Carrera, y Corredera en muchos puntos de Sevilla, como Marchena, Arahal, Osuna, Fuentes de Andalucía, Utrera, Córdoba, Sevilla y Córdoba cuyo origen nos habla de caballos.

Arco de la Carrera sobre el antiguo Ayuntamiento de Marchena en la Plaza Ducal. 

La Plaza de Corredera cordobesa era en el siglo XV una explanada extramuros sobre el antiguo circo romano dónde se reunían arrieros, chamarileros, y había corridas de toros y juegos de caña por lo que vino su nombre de Plaza de la Corredera. Albergó mercados y edificios del gobierno de la ciudad.

Toros en la Plaza Ducal de Marchena a finales del XIX. Foto Azpiazu. 

La calle sevillana Conde de Barajas, se llamó Carreras o Carrera Vieja de San Lorenzo «donde los caballos suelen correr» según el cronista Peraza en su Historia de Sevilla, y ya aparece en la documentación municipal desde S. XV con este nombre.
En Osuna y Marchena la Carrera corre bajo arcos sobre el edificio consistorial, autoridad municipal que justo estaba naciendo a finales del XV e inicios del XVI.

La familia de Pedro de la Barrera, capitán de caballos corazas, entre Osuna y Marchena

Una tablilla exvoto de la capilla Veracruz de Marchena muestra la fachada del Palacio, el convento de Capuchinos, el antiguo Ayto, el arco de la calle Amargura, el arco de Puerta Osuna y el arco de la Alameda, situado al final de la calle Compañia así como los caballos corriendo por la calle Carreras.
El Arco de la Alameda o Puerta Real era el lugar donde se pagaban los impuestos en la calle Compañia o Calle Real al final del edificio del templo de Santa Isabel, a partir de ahí empezaba la Alameda, una expansión urbana propia de la Ilustración del XVIII.
Este era el periplo que hacían los caballos por el municipio antes de salir al campo. La carrera o corredera es un espacio urbano propio del renacimiento, una apertura de nueva creación, de hecho suele llamarse también Calle Nueva, en forma de recta en medio del tortuoso urbanismo islámico.

Arco de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

Nos remite a las vías preferentes que cada municipio destina al paso de caballos y carros y que con la actividad militar de la Guerra de Granada se generaliza y se hace urgente. La palabra Carrera, del latín «carrus» (carro) es un camino ancho que admite tráfico de carruajes, y puede convertirse en vía principal o camino real, carretera o calle, que ha de recorrer una comitiva o procesión.

Calle Corredera de Utrera. 

En diferentes documentos encontramos la denominación antigua de la calle Carrera de Marchena como Carrera de Caballos. En el caso de Marchena la Carrera era el lugar por donde salían del pueblo, por la puerta de Osuna las tropas desde la zona militar de la Alcazaba, Palacio Ducal y la Plaza Ducal donde se hacían los alardes militares, o preparativos en tiempos de paz o antes de la batalla, hacia el campo. En Marchena la Puerta de Osuna era la salida hacia las provincias de Málaga y Granada pasando por Osuna hacia las zonas de conflicto del Reino de Granada en cuya guerra Marchena y Córdoba fueron los lugares desde donde más expediciones salieron para combatir a los granadinos.
La apertura de la Calle Carrera o Calle Nueva en Marchena ordenada por Rodrigo Ponce de León está relacionada con el cambio en la puerta del tiro, antes en eje acodado, como la de Morón que se convirtió en una puerta de acceso directo, y al mismo tiempo se hacen reformas en la   puerta de Osuna a final del XV.
En la documentación municipal aparecen como Calle Nueva y como Puerta Nueva a comienzos del XVI ambos trabajos se hicieron poco antes de la Guerra de Granada para adaptar el municipio a las nuevas necesidades militares.
Así lo atestiguan las cartas de Enrique IV por las que manda a las unidades de Carmona y Écija que presten su ayuda a Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, y a Fadrique Manrique y Luis Portocarrero, uniéndose a ellos en la guerra granadina con sus pendones y gentes de a caballo y de a pie en 1474 .

Arcos de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

El oratorio público de la Inmaculada de la puerta de Osuna existe desde 1640

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Historia

La beata Dolores, la última persona quemada por la Inquisición

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María de los Dolores López, conocida como la beata Dolores, fue condenada en Sevilla por la Inquisición el 24 de agosto de 1781.

Aunque sus padres fueron piadosos cristianos, ella no siguió su ejemplo y ya a los doce años se escapó de casa para irse a vivir con su confesor. Pero a éste comenzó pronto a remorderle la conciencia. Murió cuatro años después, aterrorizado por la condena que el Diablo le tenía reservada por tan grave pecado.

Dolores era ciega, pero bella e inteligente; aprendió a leer y escribir sin que nadie la enseñase. Quiso entrar como organista en un convento de Carmelitas,  pero no fue admitida. Entonces se trasladó a Marchena donde tomó los hábitos de beata. En aquella época había beatas en Santa Isabel.

Sin embargo, como la cabra siempre tira al monte, Dolores repitió la historia y de nuevo se lió con su confesor, en este caso un sacerdote de Lucena. Esta vez, la autoridad tomó cartas en el asunto y el hombre fue detenido y encarcelado, siendo más tarde recluido en un convento de clausura para evitarle caer en nuevas tentaciones.

Privada de su amante, Dolores regresó a Sevilla donde persistió en su mala costumbre de mantener escarceos sexuales con miembros del clero. .En esa época empezó a crearse fama de bruja. Se dice que preparaba extraños brebajes y que,  poseía dotes de adivinación y, siendo ciega, era capaz de ver lo que otros no veían.

“La beata Dolores no era bruja, sino mujer iluminada, secuaz teórica y práctica del molinosismo, bestialmente desordenada en costumbres so capa de santidad, y eso que por su belleza no podía excitar grandes pasiones,

Doce años después de volver a Sevilla, Dolores fue denunciada por uno de sus clérigos amantes, siendo ambos detenidos. Ella fue acusada de brujería.

Goya. La prisionera
Goya. La prisionera (1797-1798)

La beata negó la acusación, afirmando mantener trato habitual con la Virgen y haber contraído matrimonio en el mismísmo cielo con Jesucristo, siendo testigos de la boda San José y San Agustín. Estos sólidos argumentos no convencieron a los inquisidores, que la condenaron a muerte. Dolores escuchó impasible la sentencia y aseguró que moriría como mártir, pero que al tercer día Dios bajaría a demostrar su inocencia.

La beata salió al auto con escapulario blanco y coroza de llamas y diablos pintados,. Acabada la lectura del proceso, subió al púlpito el P. Teodomiro Díaz de la Vega,  Hubo que amordazar a la beata para que no blasfemase y el P. Vega llegó a amenazarla con el crucifijo ióse a la beata prorrumpir súbitamente en lágrimas y, apenas llegada a la plaza de San Francisco, pedir confesión en altas voces, lo cual mitigó el rigor de la pena y dilató algunas horas el suplicio. Murió con muestras de sincero arrepentimiento, pidiendo a todos perdón por los malos ejemplos de su vida. Fue ahorcada y después entregado su cadáver a las llamas.”

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Actualidad

La familia Marchena que abrió a los Médici las puertas de Marruecos

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Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas

No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.

El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.

Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.

De Castilla y Portugal a la Toscana

La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.

La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.

Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.

Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.

Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.

Los hermanos de Marruecos

La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.

El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.

Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.

Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.

El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.

El sueño atlántico de los Médici

Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.

Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.

Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.

Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.

No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.

Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia

La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.

Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.

Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.

La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.

Una familia convertida en embajada

La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.

Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.

La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.

Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.

¿Procedían de la villa de Marchena?

El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?

Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.

La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.

Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.

Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.

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Actualidad

Nuevos datos de la familia Marchena, la red sefardí que tejió una diplomacia secreta entre Marruecos, Europa y Andalucía

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Comerciantes, redentores de cautivos e informadores políticos, los Marchena ocuparon entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII el espacio que dejaban vacío las embajadas oficiales. Juan de Marchena llegó a tratar personalmente con el sultán Ahmad al-Mansur y enviaba noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia. La documentación confirma la importancia de esta familia sefardí, aunque todavía no permite asegurar que procediera de la villa sevillana de Marchena.

La historia de la familia Marchena publicada por Marchena Secreta reconstruye el recorrido de una familia judía sefardí que conservó el apellido De Marchena después de abandonar la península ibérica. La narración se apoya en las investigaciones genealógicas de sus descendientes, especialmente Kenneth de Marchena, y en referencias sobre comunidades sefardíes de Portugal, Ámsterdam y el Caribe.

Ruta Marchena Sefardí

La importancia de este nuevo estudio sobre la familia Marchena y los Medina Sidonia es que vincula su actividad en España; entre 1570 y 1620, y rastrea a varios hermanos Marchena en Marruecos, Portugal, Italia, Croacia, Alemania y Ámsterdam.

Así, Abraham de Marchena, el patriarca judío sefardita de la familia Marchena enterrado en la sinagoga de Ámsterdam, tenía varios hermanos.  El autor de esta investigación, Miguel Soto Garrido, investigará en Venecia, donde la familia vivió entre 1590 y 1606 y fue una de las más importantes del gueto sefardí.

El apellido De Marchena aparece documentado entre familias sefardíes establecidas en Portugal y Holanda. Los descendientes consideran que el nombre conserva la memoria del lugar del que habría partido el linaje, aunque todavía no se ha encontrado un documento que identifique expresamente al primer antepasado como natural de la Marchena sevillana.

Marrakech, 23 de junio de 1600. Un comerciante judío toma la pluma para escribir a uno de los hombres más poderosos de Andalucía. El destinatario es Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia. El remitente firma como Juan de Marchena.

No le habla únicamente de mercancías, precios o barcos. Le informa de que fray Constancio Magni, un religioso dominico, lleva ocho meses encarcelado por las autoridades marroquíes. Marchena asegura que ha intervenido personalmente: había hablado «dos veces al Rey», es decir, con el sultán saadí Ahmad al-Mansur, y había acudido en otras ocasiones ante la justicia del reino para solicitar la liberación del fraile.

La familia Marchena y los piratas judíos del Caribe

La carta sitúa a Juan de Marchena en una posición extraordinaria: un judío que podía acercarse al soberano de Marruecos, negociar con sus funcionarios y trasladar después información reservada a la Casa de Medina Sidonia. (Fuente: Archivo General de Simancas, sección Estado, legajo 185, documento 11, carta enviada desde Marrakech el 23 de junio de 1600).

Un agente entre dos orillas

Los historiadores Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra describen a Juan de Marchena como un «agente doble criptojudío» al servicio de la Casa ducal de Medina Sidonia en Marrakech. Era comerciante, intervenía en la redención de cautivos y mantenía una relación cercana con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos entre 1578 y 1603.

La familia «De Marchena» recibe en un reconocimiento en Rotterdam, Holanda

Al mismo tiempo, enviaba informes de manera continuada al VII duque de Medina Sidonia, convertido desde comienzos de la década de 1580 en uno de los principales responsables de los asuntos marroquíes y de la defensa de los intereses de la Monarquía Hispánica en el estrecho de Gibraltar.

En aquel Mediterráneo de fronteras permeables, un agente podía trabajar para varios patronos, proteger los negocios de su familia, servir al sultán en determinadas operaciones y proporcionar noticias al duque. 

Una diplomacia sin embajadores

Felipe II y, posteriormente, Felipe III evitaron mantener un embajador permanente ante el sultán de Marruecos. Reconocer formalmente a un soberano musulmán y sostener una representación estable en su corte planteaba problemas políticos, religiosos y de reputación.

La embajada de Pedro Venegas de Córdoba, establecida en Marrakech entre 1579 y 1585, terminó de manera accidentada. Según el estudio de Soto Garrido y De Bunes, Venegas tuvo que abandonar Marruecos ante el peligro que suponía para la imagen de la Monarquía mantener un representante oficial en una corte islámica.

Aquel vacío no interrumpió las relaciones. Las hizo más discretas. Los contactos se desarrollaron mediante agentes no acreditados, comerciantes, religiosos, intérpretes, gobernadores de plazas africanas y enviados de las grandes casas nobiliarias andaluzas.

En ese terreno ambiguo prosperó Juan de Marchena. Podía presentarse como mercader o redentor de cautivos, pero sus cartas tenían un contenido inequívocamente diplomático. Informaba sobre decisiones de la corte, intervenía ante las autoridades y reclamaba incluso la presencia de una persona enviada por el rey de España que protegiera a los súbditos cristianos establecidos o cautivos en Marruecos.

Marchena no llevaba credenciales de embajador, pero realizaba parte del trabajo de una embajada.

El triángulo entre Madrid, Portugal y Sanlúcar

Para comprender su importancia hay que mirar hacia la organización política creada durante el reinado de Felipe II. Miguel Soto Garrido ha estudiado la formación de una especie de «secretaría de Berbería», construida desde 1574 alrededor del secretario real Gabriel de Zayas.

Gabriel de Zayas. Écija (Sevilla), 1526 – Madrid, 13.VII.1593. Secretario de Estado de Felipe II.. Secretario del Consejo de Estado Secretario del Consejo de Italia. El linaje de los Zayas establecido en Andalucía —Écija y Córdoba— desde la época de la conquista. Su hermano Tomás de Zayas era el “veedor de la gente de guerra en Granada”. Clérigo de la diócesis de Sevilla.  

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Conectaba la corte española con los consejeros de la política portuguesa en el norte de África y la Casa de Medina Sidonia, asentada en Sanlúcar de Barrameda.

Portugal había dirigido durante décadas buena parte de las relaciones con el Magreb atlántico. Sin embargo, la guerra civil marroquí iniciada en 1574, la intervención otomana y la batalla de Alcazarquivir de 1578 cambiaron el equilibrio. La Monarquía Hispánica necesitaba conocer lo que sucedía al otro lado del Estrecho y evitar que la influencia de Argel y del Imperio otomano llegara hasta Marruecos.

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Entre 1581 y 1584, el duque de Medina Sidonia comenzó a centralizar en su palacio de Sanlúcar las cartas y noticias  de Cádiz, Gibraltar y Ceuta, y Tánger. El duque examinaba la información y la remitía al ministro Gabriel de Zayas, desde donde podía llegar a otros consejeros y finalmente al rey.

Los informes de Juan de Marchena procedentes de Marrakech se sitúan dentro de ese sistema. Mientras Zayas organizaba la información en la corte y Medina Sidonia la filtraba desde Sanlúcar, Marchena aportaba aquello que ninguno de ellos podía conseguir directamente: noticias obtenidas dentro del entorno del sultán.

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Una familia, no solamente un individuo

Miguel Soto Garrido ha realizado una investigación titulada «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

El título resulta revelador. El fenómeno no se limitaba a Juan de Marchena, sino que alcanzaba a un grupo familiar con conexiones entre Italia y el norte de África. Los Marchena habrían combinado el comercio con la obtención de información y la representación política durante un periodo de al menos veinticinco años.

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La figura central de la genealogía divulgada es Abraham de Marchena, al que numerosos descendientes sitúan como antepasado común en Ámsterdam. Desde allí, la familia se incorporó a las rutas comerciales y familiares que conectaban Holanda con las colonias del Caribe a través de Abraham de Marchena enterrado en Ámsterdam con fecha de 1657.

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Estas familias sefardíes podían tener parientes, socios y corresponsales en distintos puertos. Su red familiar era también una red de comunicación. Las mercancías viajaban acompañadas de cartas; las operaciones de rescate permitían tratar con gobernantes; y los viajes comerciales servían para conocer alianzas, guerras, epidemias y movimientos de barcos.

Judíos en el corazón de la administración marroquí

La presencia de intermediarios judíos no era una excepción en el Marruecos saadí. El estudio de Soto Garrido y De Bunes explica que algunas familias hebreas ocuparon posiciones relevantes como consejeros, secretarios e intérpretes de los sultanes.

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El conocimiento de idiomas y la pertenencia a redes comerciales internacionales convertían a estos hombres en figuras especialmente útiles. Podían traducir cartas, acompañar embajadas, negociar con potencias cristianas y facilitar intercambios entre sociedades que mantenían profundas diferencias religiosas.

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Aquellos comerciantes conocían los códigos de varias sociedades. Podían conversar con un funcionario musulmán en Marrakech, negociar con un noble cristiano en Sanlúcar y recurrir a familiares o socios establecidos en ciudades italianas. La diáspora, que había sido consecuencia de la persecución y la expulsión, se convertía también en una red internacional de contactos.

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En agosto de 2018, Kenneth de Marchena, nacido en Curazao y residente en Holanda, viajó a Marchena para conocer la localidad que él y su familia relacionaban con el origen del apellido. Marchena Secreta presentó aquella visita como el primer regreso público de un descendiente sefardí De Marchena interesado en investigar y divulgar sus raíces.

Kenneth llevaba años reconstruyendo el árbol genealógico familiar junto a otros parientes repartidos entre Europa y América. También trabajaba en un libro sobre el origen y la expansión del apellido. Su visita permitió trasladar una investigación desarrollada principalmente por internet y mediante archivos familiares al espacio físico de la localidad sevillana.

Fuentes consultadas

La fuente principal es el artículo de Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra, «Propaganda religiosa, celo devocional y diplomacia cristiana: las misiones de la provincia de San Diego de Andalucía a la luz de la Misión Historial de Marruecos», publicado en Archivo Ibero-Americano, volumen 83, número 297, 2023, páginas 567-609. El artículo cita directamente la carta de Juan de Marchena conservada en el Archivo General de Simancas.

El contexto político procede del trabajo de Miguel Soto Garrido «Gabriel de Zayas, “secretario de Berbería”: la formación de una nueva negociación territorial en la Monarquía de Felipe II», donde se analiza la red que conectaba a la corte, los consejeros portugueses y la Casa de Medina Sidonia.

La existencia de una investigación específica sobre la familia se confirma en el programa oficial del congreso internacional celebrado en el Collège d’Espagne de París en 2023, donde aparece la ponencia «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

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Historia

El mártir francés que los Ponce de León convirtieron en patrón de Paradas

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En 1460 Don Juan otorga privilegio de Fundación de la Villa de Paradas fundando la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.
San Eutropio fue, según la tradición cristiana, el primer obispo de Saintes, en la antigua Galia —actual Francia—, donde evangelizó y murió mártir hacia el siglo III.
Su vínculo con Paradas procede de los Ponce de León. Según la historia recogida por el Ayuntamiento, Juan Ponce de León se encomendó al santo antes de una batalla en Francia y, tras vencer, promovió su culto. La familia levantó en Paradas una iglesia dedicada a San Eutropio y Rodrigo Ponce de León trasladó allí unas celebraciones que antes se realizaban en Marchena. Desde entonces quedó convertido en patrón y principal referente religioso de la localidad.
A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.
Muerto Don Juan, su hijo, Rodrigo que hereda el lugar de Paradas en 1469 decide que las fiestas de San Eutropio que se hacían en Marchena y Paradas, solo se harían solo en Paradas . En Marchena las sustituye por las fiestas de la Inmaculada, porque según sus cronistas la Inmaculada se le había aparecido.
Estropo o Eutropio Ponce de León nació en Marchena en 1460 y vivió en Jerez hacia 1470 donde fue recibido como caballero veinticuatro ocupando el escaño que en él, renunció su suegro, Pedro de Vera conquistador de Canarias.
En 1466 Juan Ponce de León, Señor de Marchena y I Conde de Arcos firma un documento para otorgar la mayoría de edad a sus hijos que tuvo con Catalina González de Oviedo, en terceras nupcias que fueron Enrique, Lope, Beltrán, Eutropio, Constanza y Sancha.

En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Comendador de la orden de Santiago en Almedralejo, Eutropio Ponce de León se casó en Jerez con Catalina de Vera hija del Comendador Pedro de Vera famoso por la crueldad con que castigó a los indios guanches de Canarias, a los que mató empalándolos.
Paradas, Spain - 'Iglesia Parroquial de San Eutropio'
En 1500, murió Catalina de Vera, casando con Marina de Trujillo, hija de Pedro Esteban de Trujillo. Viudo por segunda vez, don Eutropio volvió a casar con Beatriz Nuñez Cabeza de Vaca, hija de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
En Jerez de la Frontera se conserva un Palacio de Eutropio Ponce de León, como patrimonio arquitectónico de la ciudad.
En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Juan Ponce de León concede en 1410 ventajas económicas a los que fueran a poblar Paradas dentro del término de Marchena.
Entonces Paradas era un cortijo con su torre para defendía de una huerta, que era la construcción más antigua del pueblo y duró hasta 1980 y unas casas, amén de pastos, dehesas y lagunas.
La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacill y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.

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Actualidad

Cuando Marchena y Arcos tuvieron puerto en Rota: una historia de trigo, duques y mayetes

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A primera vista, Marchena y Rota parecen dos mundos distintos. Una mira a la campiña sevillana, la otra se abre al Atlántico, a las mareas, a los corrales de pesca, a las huertas de arena y al viento salado.

Sin embargo, durante siglos, ambas formaron parte de un mismo mapa de poder: el de la Casa de Ponce de León, señores de Marchena, Rota y más tarde duques de Arcos.  Todo arranca con una unión nobiliaria entre Isabel de Guzmán y Fernán Pérez Ponce de León, que incorporó Rota y Chipiona al ámbito de los señores de Marchena, creando un eje interior-litoral que duró hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX e influenció la cultura andaluza.

La historia no es solo una cuestión de apellidos ilustres. Es, sobre todo, una historia de territorio. Marchena fue durante siglos una gran pieza agrícola del señorío, una tierra de cereal, olivar y rentas. Rota, en cambio, ofrecía una salida al mar. De esa combinación nació una economía señorial que enlazaba los campos del interior con el comercio atlántico y puerta de América.

Uno de los documentos clave conservados en PARES, con signatura OSUNA,C.121,D.148-153, alude a provisiones de Carlos I de España y V de Alemania relacionadas con los señoríos de Chipiona y Rota y menciona documentación otorgada por el duque de Arcos al escribano de Marchena. 

El hilo más sugerente es el del cereal. En el Archivo Histórico de la Nobleza, conserva una provisión real de Carlos I, fechada entre 1526 y 1528, por la que se ordenaba a Jerez de la Frontera permitir el paso, sin cobro de derechos, de los cereales del duque de Arcos hacia su villa de Rota.

El conflicto enfrentó a la Casa Ducal (los Ponce de León, duques de Arcos, cuya sede principal estaba en Marchena) con la ciudad de Jerez de la Frontera.

El duque producía inmensas cantidades de trigo, harina y cebada en la rica campiña (Marchena y Arcos) y necesitaba enviarlo hacia sus villas costeras (Rota y Chipiona) para su abastecimiento o embarque. Sin embargo, para llegar a la costa había que cruzar el gigantesco término municipal de Jerez de la Frontera. Las autoridades jerezanas intentaron bloquear el paso del cereal («el paso del pan») o cobrar impuestos abusivos por dejar transitar a las carretas.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

Dentro de ese mismo expediente en PARES (en el Documento 152) se conserva el poder legal otorgado por el duque de Arcos a su escribano en Marchena el 27 de octubre de 1526, enviado para defender los intereses ducales y evitar que Jerez confiscara sus carros.

Al final, la Casa de Arcos ganó el pulso: la provisión real del emperador Carlos V exigió a Jerez bajo amenaza de duras penas que permitiera el tránsito de los cereales del duque hacia Rota «sin cobro alguno».

El documento sitúa el tránsito entre Arcos y Rota, y muestra cómo los dominios de la Casa de Arcos funcionaban como una red económica en la que las villas del interior y la costa estaban conectadas por caminos, arrieros, escribanos, pleitos y mercancías. La presencia de un escribano de Marchena en el expediente confirma además el papel administrativo de la villa marchenera dentro del engranaje señorial de los Ponce de León.

También el mar roteño quedó dentro de esa lógica señorial. Los corrales de pesca, esas arquitecturas de piedra que atrapan el pescado con la bajamar, forman parte de la memoria litoral de Rota. El corral llamado La Cuba fue comprada en 1399 por Pedro Ponce de León al Monasterio de Regla, un dato que vincula el control de los recursos marítimos con el patronazgo religioso y económico de la nobleza.

Pero quizá donde la conexión se vuelve más humana es en una palabra: mayete en Marchena, mayeto en Rota. En la costa gaditana, el mayeto fue el hortelano de las arenas, el hombre de la huerta pequeña, de la calabaza, el tomate y el pimiento, de la choza y el trabajo familiar. En la campiña sevillana, el mayete designó al pequeño o mediano propietario agrícola, situado entre el jornalero sin tierra y el gran señorito. No eran exactamente lo mismo, pero los dos nombres parecen hablar de una misma cultura agraria: la del esfuerzo, la propiedad modesta, el orgullo campesino y la supervivencia.

Ese mundo mayeto no ha desaparecido del todo. En Rota, el Centro de Recuperación de la Mayetería funciona hoy como espacio de interpretación para conocer las chozas, los huertos, los animales y el modo de vida de los antiguos agricultores roteños. El Ayuntamiento de Rota lo presenta como un punto de interés turístico, cultural y ambiental que recibe visitas, especialmente en primavera y verano.

El vínculo entre Rota y Marchena también se escribió en piedra y devoción. La Casa de Arcos impulsó iglesias, conventos y espacios religiosos en sus dominios. En Rota, la importancia de la Iglesia de Nuestra Señora de la O y del convento mercedario. En Marchena, destaca el peso de San Juan Bautista, San Agustin Santa Maria, y Santo Domingo. 

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