El hombre que convirtió a Pepe Marchena en una estrella: así funcionaba el negocio de la ópera flamenca
Vedrines, Carcellé, los contratos, las giras y los discos: la maquinaria empresarial que convirtió a Pepe Marchena en una de las primeras grandes estrellas del flamenco.
La Bienal de Flamenco de Sevilla vuelve este año sobre el centenario de 1926, el momento en que Pepe Marchena se incorporó plenamente a los circuitos de la ópera flamenca. Pero detrás de aquel salto no estuvieron solamente una voz extraordinaria, los discos de pizarra o las plazas de toros abarrotadas. Hubo algo menos conocido y decisivo: el nacimiento de una verdadera industria del espectáculo alrededor del cante.
Pepe Marchena, una de las primeras grandes estrellas populares del flamenco.
En el centro de aquella transformación aparece Carlos Hernández, conocido como Vedrines, empresario, antiguo artista de variedades y uno de los primeros hombres que comprendieron que el flamenco podía organizarse como un gran negocio nacional.
Vedrines no descubrió a Pepe Marchena ni inventó su manera de cantar. Lo que hizo fue reconocer que aquella voz, aquella elegancia escénica y aquella facilidad para comunicarse con públicos muy diferentes podían convertirse en el centro de una compañía capaz de recorrer España. La alianza entre el cantaor y el empresario ayudó a cambiar la escala del flamenco.
Antes de ser empresario, Vedrines conoció el espectáculo desde dentro
Carlos Hernández no llegó al flamenco desde un despacho. Procedía del sector industrial, pero su matrimonio con una artista de variedades conocida como la Sultanita lo acercó al mundo de los escenarios. Durante años formó con ella un número artístico y recorrió numerosos locales españoles.
Aquella experiencia le permitió conocer todos los rincones del negocio. Fue actor cómico, monologuista y organizador, pero también tuvo que ocuparse de tareas menos visibles: vender entradas, acomodar al público, negociar con los propietarios de los locales y resolver los problemas cotidianos de una compañía en gira.
Cuando comenzó a organizar espectáculos flamencos sabía, por tanto, qué necesitaba un artista y qué buscaban los dueños de teatros, circos y plazas de toros. También sabía que un buen cantaor no bastaba para garantizar la rentabilidad. Había que construir un cartel, crear expectación, llenar un recinto y trasladar después la compañía a la siguiente ciudad. Vedrines aplicó al flamenco las técnicas comerciales de las variedades, el circo y el teatro popular.
La ópera flamenca ya se anunciaba en 1924
La explicación tradicional sostiene que la expresión «ópera flamenca» nació únicamente para pagar menos impuestos. Sin embargo, la documentación obliga a contar una historia más compleja.
La Fundación Juan March recoge un anuncio aparecido en el periódico madrileño La Nación el 10 de enero de 1924. Vedrines presentaba en el Circo Price su «primera velada de ópera flamenca», encabezada por Angelillo, anunciado como un artista capaz de cantar ante una orquesta y ante una guitarra.
Esto demuestra que la denominación circulaba al menos dos años antes de 1926, fecha que ahora conmemora la Bienal. También obliga a matizar la conocida versión fiscal, porque algunas de las disposiciones tributarias citadas para explicar el supuesto ahorro son posteriores a aquel primer anuncio.
El tratamiento fiscal más favorable de la ópera pudo ayudar a mantener la etiqueta, pero el nombre cumplía también una función publicitaria. Presentar una función como «ópera flamenca» sonaba más prestigioso que anunciar una simple velada de variedades. Elevaba simbólicamente el cante, despertaba la curiosidad y permitía vender el espectáculo como un acontecimiento excepcional.
Vedrines no tuvo por qué inventar personalmente las dos palabras. Una versión atribuida al propio empresario afirmaba que la expresión había sido sugerida por Pastora Cruz Vargas, madre de la Niña de los Peines. Su aportación indiscutible fue convertirla en una marca comercial reconocible y repetirla en numerosos carteles.
Qué significaba realmente que Marchena “fichara” por Vedrines
Cuando se dice que Pepe Marchena fichó en 1926 por la ópera flamenca, la expresión puede inducir a imaginar una institución o un género con una estructura estable. En realidad, no existía una única compañía denominada Ópera Flamenca.
Eran empresas y agrupaciones organizadas para cada temporada o gira. El promotor contrataba a una o varias figuras principales y completaba el cartel con otros cantaores, guitarristas, bailaores, cómicos y artistas de variedades. La estrella aparecía en letras grandes; los restantes intérpretes daban duración, diversidad y ritmo a la función.
El empresario negociaba los salarios, reservaba los espacios, planificaba el recorrido, encargaba los carteles y difundía en la prensa el carácter extraordinario del acontecimiento. También asumía el riesgo de que la taquilla no cubriera los gastos.
La incorporación de Marchena significaba poner una voz ya famosa al frente de esa maquinaria. Su nombre podía vender entradas antes de que la compañía llegara a la población. El público no acudía solamente a escuchar flamenco: acudía a ver al Niño de Marchena.
De las doscientas pesetas de La Latina a cabeza de compañía
Antes de su alianza con Vedrines, Pepe Marchena ya había aprendido el valor de un empresario capaz de abrir las puertas adecuadas. La Real Academia de la Historia señala que Juan Carcellé lo contrató para actuar en el Teatro de La Latina de Madrid por doscientas pesetas diarias, una cantidad muy importante para un joven cantaor que acababa de llegar a la capital.
Carcellé fue otra figura fundamental del espectáculo popular español. Su intervención permitió que Marchena pasara de cantar en establecimientos y espacios periféricos a ocupar un teatro madrileño con una programación profesional.
Aquella contratación revela algo esencial: la carrera de Pepe Marchena no fue una sucesión espontánea de triunfos. Se construyó mediante acuerdos económicos, escenarios estratégicos, publicidad y relaciones con empresarios que supieron medir su capacidad de convocatoria.
Con el tiempo, Marchena dejó de ser únicamente un artista contratado y pasó a encabezar sus propios espectáculos. En 1947, por ejemplo, la prensa anunció «Pasan las coplas» como un grandioso montaje de Pepe Marchena integrado por cuarenta artistas. En su cartel figuraban la Niña de la Puebla, El Americano, Ramón Montoya, José Cepero, Pericón de Cádiz y otros nombres destacados.
Para entonces, el muchacho contratado años atrás por doscientas pesetas ya era el centro de una empresa artística capaz de sostener a decenas de profesionales.
Las giras eran una operación logística
Las compañías no viajaban únicamente por las capitales. Su rentabilidad dependía de encadenar actuaciones en teatros, cines de verano, circos y plazas de toros de numerosas localidades.
Cada desplazamiento implicaba transportar decorados, vestuario e instrumentos; alojar a los artistas; adaptar la representación a espacios muy diferentes y anunciarla con suficiente antelación. Una noche podía celebrarse la función en un gran teatro y pocos días después en una plaza de toros o en el cine de una población más pequeña.
El espectáculo se organizaba además de manera jerárquica. Los artistas menos conocidos abrían la función y preparaban la aparición de las figuras. Los guitarristas acompañaban a diferentes cantaores y los números de baile, canción o humor evitaban que el programa resultara monótono. La estrella cerraba la noche.
Este sistema permitió que el flamenco llegara a lugares donde no existían cafés cantantes importantes ni una programación especializada. La gira creó públicos nuevos y convirtió el nombre de Pepe Marchena en una presencia familiar mucho antes de que la televisión entrara en los hogares.
El disco y el escenario se necesitaban mutuamente
Las grabaciones no funcionaban al margen de las giras. Formaban parte del mismo circuito económico. Una canción difundida mediante el gramófono aumentaba el interés por ver al artista, mientras que el éxito de una actuación incrementaba la demanda de sus discos.
Las compañías discográficas buscaban voces reconocibles y repertorios que pudieran condensarse en las dos caras de un disco. Los empresarios necesitaban canciones populares que el público identificara desde los primeros versos. Marchena reunía ambas condiciones: poseía un estilo inmediatamente reconocible y sabía transformar una composición en un acontecimiento sentimental compartido.
De este modo se creó uno de los primeros mecanismos modernos de promoción musical en España: el disco difundía el repertorio, la prensa construía al personaje y la gira convertía su popularidad en taquilla.
Pepe Marchena no fue solo el artista: terminó dominando el sistema
La principal novedad de esta historia no está en repetir que Marchena fue una estrella de la ópera flamenca, sino en comprender cómo llegó a serlo. Su éxito nació del encuentro entre una personalidad creadora y una estructura empresarial que estaba cambiando.
Vedrines comprendió el potencial de Marchena, pero Marchena aprendió rápidamente a utilizar aquella maquinaria en beneficio de su propia libertad artística. Eligió repertorios, cuidó su imagen, impuso una forma de estar en escena y acabó encabezando compañías construidas alrededor de su nombre.
Por eso su importancia no puede medirse solamente en términos musicales. Pepe Marchena participó en la creación del artista flamenco moderno: una figura que graba discos, protagoniza películas, negocia contratos, recorre el país, encabeza carteles y sostiene con su nombre una empresa escénica.
La ópera flamenca fue también eso: el momento en que el cantaor dejó de ser únicamente una voz contratada para una noche y pudo convertirse en el centro de toda una industria.
Fuentes: Fundación Juan March, Real Academia de la Historia, Bienal de Flamenco de Sevilla y hemeroteca especializada Flamencas por Derecho.
La Orden Franciscana Seglar retoma sus reuniones en Marchena y abre sus puertas a nuevos interesados
La fraternidad vuelve a reunirse en el convento de Santa María el tercer sábado de cada mes a las 17:30 y abre sus encuentros a quienes quieran conocer el carisma franciscano.
La Orden Franciscana Seglar vuelve a tener una cita estable en Marchena. El convento de Santa María acoge desde ahora las reuniones de la fraternidad que trata de recuperar la presencia franciscana seglar en la localidad, después de la desaparición de la antigua comunidad.
El proyecto nace con vocación de continuidad y con un objetivo sencillo: ofrecer un lugar de encuentro a quienes quieran conocer de cerca el carisma de san Francisco desde la vida cotidiana, sin abandonar su familia, su trabajo ni sus responsabilidades. Las reuniones se celebrarán el tercer sábado de cada mes, a las 17:30 horas, en el convento de Santa María.
Recuperar una fraternidad que existió en Marchena
En la presentación de esta nueva etapa participaron Eugenia Sánchez, natural de Cádiz y vinculada a una fraternidad de Sevilla, y Patricia Sánchez, de Málaga, responsable de formación regional y promoción vocacional. Ambas explicaron que la iniciativa pretende dar continuidad a una presencia franciscana seglar que ya existió en Marchena y que, con el paso de los años, terminó disolviéndose.
Detrás del nuevo impulso está también el deseo que mantuvo uno de aquellos antiguos miembros: que la fraternidad no desapareciera definitivamente y pudiera volver a abrirse camino en la localidad.
No es un grupo parroquial, sino una orden con estructura propia
Durante la entrevista, las responsables insistieron en una idea que consideran fundamental para entender qué es la Orden Franciscana Seglar (OFS). No se trata de un simple grupo parroquial o de una asociación puntual, sino de una orden reconocida por la Iglesia, con una Regla propia y una estructura organizada en fraternidades locales, regionales, nacionales e internacionales.
La OFS reúne a hombres y mujeres que viven el espíritu franciscano desde su condición seglar. Su referencia es la forma de vida inspirada por san Francisco de Asís y adaptada a quienes desarrollan su vocación en medio de la sociedad.
La acogida como punto de partida
Uno de los conceptos que más se repitió durante el encuentro fue el de la acogida. La propuesta no parte de convencer ni de forzar una pertenencia, sino de abrir la puerta a quien sienta curiosidad por el franciscanismo y quiera acercarse a conocerlo.
Quienes asistan pueden hacerlo sin compromiso previo. La idea es conocer la fraternidad, compartir sus encuentros, entender su espiritualidad y decidir con libertad si ese camino encaja o no con la propia vida.
Austeridad, sencillez y desapego de lo material
La conversación sirvió también para desmontar una imagen popular que a veces acompaña a los franciscanos: la de ser, en tono coloquial, los “hippies de la Iglesia”. Frente a esa simplificación, Eugenia Sánchez y Patricia Sánchez pusieron el acento en la austeridad, la pobreza evangélica y el desapego de lo material.
La espiritualidad franciscana propone una relación distinta con los bienes: poseer sin quedar atrapado por lo que se posee, vivir con sencillez y entender que todo lo recibido debe ponerse al servicio de los demás. Esa actitud, explicaron, no es una estética sino un compromiso vital.
Un proceso que ya había comenzado
El reinicio de la fraternidad no surge de la nada. Meses atrás, Marchena acogió un encuentro de formación de franciscanos seglares de Andalucía en el convento de Santa María. Aquella cita sirvió para poner en contacto a personas interesadas y reabrir la posibilidad de recuperar una fraternidad local.
La convocatoria está abierta a cualquier persona interesada en conocer el carisma franciscano. Los encuentros tendrán lugar en el convento de Santa María de Marchena, el tercer sábado de cada mes a las 17:30 horas.
La nueva etapa pretende recuperar una tradición espiritual con presencia histórica en la localidad y, al mismo tiempo, ofrecer un espacio de encuentro para quienes buscan una forma de vivir la fe desde la sencillez, la fraternidad y el compromiso con los demás.
José Ramón Vázquez lleva tres años compartiendo públicamente una experiencia de fe que vivió hace una década y que, según explica, marcó uno de los grandes puntos de inflexión de su vida. Tras su participación en Luz en la oscuridad, habló sobre el origen de estos conciertos, los lugares a los que están llevando el mensaje, su vivencia en Belén y el consejo que ofrece al grupo de terceros franciscanos que comienza su camino en Marchena.
Entrevista
—¿Desde cuándo estáis realizando estos conciertos?
—Llevamos tres años haciéndolos y actualmente nos encontramos en la cuarta edición. En total, sumando todas las ediciones, hemos dado unos 80 conciertos.
—¿Los conciertos se llevan a cabo por toda España?
—Sí, aunque nos centramos principalmente en la Comunidad de Madrid, Extremadura y Andalucía. Al principio, toda la primera edición estuvo enfocada exclusivamente en la Vida Consagrada. Sin embargo, Fray José Rodríguez Carballo, nuestro arzobispo de Mérida-Badajoz y ex general de la orden franciscana, nos animó a llevar el mensaje más allá de los muros. Nos pidió dar a la gente en qué pensar y mostrar que existen otras formas de entender la vida. Desde entonces, actuamos en colegios, institutos, cárceles, hospitales, familias parroquiales y allí donde el Señor nos manda.
—Tuviste una experiencia íntima en Belén. ¿Cómo te decidiste a dar el paso de contarla y hablar en público?
—Es una experiencia que viví hace diez años, pero llevo solo tres años compartiéndola. Al principio existe cierta inmadurez, incluso a nivel espiritual, y nos avergüenza salir a la calle para decir que somos cristianos. No obstante, llega un punto de madurez en el camino donde ya no te importa decir lo que eres y comienzas a decirlo a voz en grito.
—Se percibe que todavía te emocionas al contarlo después de diez años.
—Sin ninguna duda. En la vida de una persona hay muy pocos puntos de inflexión de 180º, probablemente solo uno o dos. Es imposible expresar lo que has escuchado sin emocionarte, porque es algo que llevo muy dentro y que siento cada día.
—Aquí en Marchena hay un grupo de terceros que está empezando. ¿Qué consejo les darías?
—Les diría que sean valientes y que vivan el Evangelio con radicalidad y activismo, tal como enseñaba San Francisco. Hoy dedico mi vida al servicio del Señor, buscando a Dios en nuestros hermanos con esa misma radicalidad evangélica. Además, les pediría que sean testimoniantes. Como señalaba el Santo Padre, hoy en día son casi más importantes los testimoniantes que los maestros asépticos de la fe, ya que decimos en primera persona quiénes somos y, sobre todo, por quién lo somos. Así que, ¡valientes y adelante!
José Ramón Vázquez convierte su experiencia de fe en «Aliento de luz» durante el acto «Luz en la oscuridad»
José compartió en el acto «Luz en la oscuridad» el testimonio de una profunda conversión personal y presentó «Aliento de luz», canción dedicada a fray Nicolás.
Una experiencia personal de fe, una gruta franciscana y una canción nacida del recuerdo. José Ramón Vázquez compartió en el acto Luz en la oscuridad el relato de una conversión que, según explicó ante el público, marcó un antes y un después en su vida. Su intervención culminó con la interpretación de Aliento de luz, una composición dedicada a fray Nicolás, el religioso franciscano al que reconoce como guía decisiva en su camino espiritual.
José saluda a los asistentes tras su intervención en «Luz en la oscuridad».
El testimonio, narrado en primera persona y con una fuerte carga emocional, parte de un momento de profunda crisis interior. José describió aquel estado con imágenes de ceguera, heridas y soledad, hasta llegar a una experiencia que él interpreta como un encuentro directo con Dios. «Recibí un abrazo de amor infinito que sanaba cada una de mis cicatrices», relató, insistiendo en que no habla de una idea abstracta o aprendida, sino de una vivencia que transformó su manera de mirar la realidad.
Una conversión vivida como experiencia personal
Durante su intervención, José utilizó la expresión «conversión tumbativa» para explicar la intensidad de aquel episodio. El término, empleado tradicionalmente para referirse a cambios espirituales bruscos y radicales, fue presentado por él como una forma de describir lo ocurrido en la gruta. Según contó, tras aquella vivencia fue encontrado por religiosos franciscanos, que lo ayudaron y celebraron allí la Eucaristía.
Ese momento ocupa un lugar central en su relato. José explicó que, por primera vez, comprendió la Eucaristía no desde una formulación doctrinal sino desde la experiencia de cercanía: «Un Tú con mayúsculas y un tú con minúsculas que se hacen uno». La frase resumió el hilo de toda su intervención: el paso de una fe entendida desde fuera a una relación vivida como íntima y personal.
Un momento de encuentro con los asistentes después del testimonio de José.
Fray Nicolás, memoria y guía
La segunda parte de su testimonio estuvo dedicada a fray Nicolás, fallecido hace dos años. José lo recordó como «mi ángel» y como la persona que lo acompañó en uno de los momentos más decisivos de su vida. Mostró además la cruz que lleva en el pecho con su nombre, convertida para él en símbolo de gratitud y memoria.
Ese vínculo con la espiritualidad franciscana no se ha quedado únicamente en el recuerdo de aquella experiencia. José se ha incorporado como tercero franciscano, dando así continuidad en su vida cotidiana al camino espiritual que comenzó acompañado por fray Nicolás.
Precisamente este sábado 19 de septiembre, por la tarde, tendrá lugar en el Convento de Santa María la primera reunión de la temporada de los terceros franciscanos, un encuentro que abre un nuevo curso para esta fraternidad vinculada a la tradición franciscana en Marchena.
Religiosas franciscanas y participantes, en el interior del convento de Santa María.
De esa experiencia nació Aliento de luz, canción con la que cerró su participación en Luz en la oscuridad. La letra recorre el tránsito desde la incertidumbre y la soledad hasta el consuelo, la fe y la liberación interior. En uno de sus versos resume el núcleo del relato: «En el fondo de la gruta te encontré, Señor».
Imagen de grupo tras el acto celebrado en el convento de Santa María de Marchena.
Una canción como forma de contar lo que no podía explicar
José reconoció que durante años le resultó difícil poner palabras a aquella experiencia. La música terminó convirtiéndose en el lenguaje capaz de expresar lo que, según dijo, no había sabido explicar de otra manera. Aliento de luz funciona así como testimonio autobiográfico, homenaje y oración personal.
El acto Luz en la oscuridad encontró en este relato uno de sus momentos más intensos. Más allá de la interpretación religiosa que cada persona pueda hacer, la intervención de José presentó una historia de transformación personal sostenida sobre tres elementos muy concretos: la crisis, el acompañamiento y la búsqueda de sentido. Su mensaje final volvió al punto de partida de toda la intervención: la afirmación de una fe vivida como experiencia real y no únicamente como tradición heredada.
Charlamos con Juan Antonio Requena, instructor con cuatro décadas de experiencia en el mundo del yoga, con motivo del inicio del nuevo curso en el centro Prana Yoga. Entre horarios, disciplinas y reflexiones sobre el ritmo de vida actual, Requena profundiza en cómo esta práctica milenaria une cuerpo, mente y respiración para transformar nuestra salud integral.
José Antonio Suárez: Juan Antonio, las clases comienzan el 21 de septiembre, ¿cómo se organizan los horarios y los turnos?
Juan Antonio Requena: Empezamos el 21 de septiembre con un primer turno a las 16:00 horas, un segundo a las 18:45 y un tercero a las 20:15. Las clases son similares en contenido básico y se van adecuando a las características y nivel de cada grupo.
J. A. S.: ¿Qué temáticas y disciplinas se trabajan en el centro?
J. A. R.: Desde el yoga trabajamos en tres ejes principales: el control y la observación mental, la mejora de la salud física y la conexión entre cuerpo y mente a través de la respiración (pranayama). El objetivo fundamental es que la persona disfrute de una mejor salud global. Además, aquí en Prana Yoga contamos con gimnasia somática impartida por Mark, y con nuestras compañeras Chary y Marta, que ofrecen clases de yoga en diferentes niveles. También forma parte del equipo Carmen Jiménez, que trabaja específicamente el entrenamiento mental.
J. A. S.: Para quienes aún no ubiquen las instalaciones, ¿dónde os encontráis?
J. A. R.: Estamos en la travesía San Ignacio, número 98, justo enfrente del supermercado Aldi. Es un punto de muy fácil acceso.
J. A. S.: Llevas ya 40 años practicando y meditas a diario. Para quien no te conozca, ¿cuál es el enfoque que aportas a tu práctica?
J. A. R.: Es un enfoque integral. Hay un concepto a veces muy estático de la meditación, pero cuando realizamos el ejercicio físico del yoga estamos plenamente concentrados y viviendo el presente. Estás sintiendo tu cuerpo, observando tus emociones y tus pensamientos sin identificarte con ellos. Eso también es meditar. El yoga no es solo una postura, es un estado y una forma de vivir.
Juan Antonio Requena, durante la entrevista en Prana Yoga, en Marchena.
J. A. S.: Vivimos en una sociedad con mucho ajetreo y estrés, donde muchas veces nos identificamos únicamente con la mente y los pensamientos. ¿Qué aporta el yoga ante esta situación?
J. A. R.: El yoga persigue reducir el malestar físico y mental del ser humano. Si nos identificamos con el ego o con el personaje que hemos creado, es casi imposible estar en calma. Los pensamientos y las emociones vienen y van; si puedes observarlos, es porque tú no eres eso. El yoga te ayuda a descubrir lo que permanece estable en ti y a conocerte de verdad en el momento presente.
J. A. S.: Muchas veces buscamos la felicidad fuera de nosotros, en el consumo o en la aprobación externa. ¿Es ahí donde surge la frustración?
J. A. R.: Totalmente. Es la diferencia entre tener el foco de control fuera o dentro. Si dependes de lo externo para no sufrir o para ser feliz, la estabilidad es prácticamente imposible. La respuesta que ofrecen las tradiciones orientales es interna: conócete a ti mismo y busca la paz dentro de ti. Al final, vayamos hacia fuera o hacia dentro, lo que todos anhelamos es paz mental.
J. A. S.: También solemos proyectar malestar en los demás, criticando o acumulando rencor. ¿De qué manera ayuda la práctica consciente en esto?
J. A. R.: Te ayuda a ser consciente de lo que haces y de cómo repercute en ti. A veces creemos la falacia de que tomar veneno dañará al otro. Cuando odiamos, criticamos o guardamos rencor, el que se intoxica por dentro es uno mismo. Lo mismo ocurre con la queja constante, que se ha convertido en una cultura habitual y es un auténtico lastre emocional.
J. A. S.: En Occidente solemos separar el cuerpo de la mente. Físicamente, ¿cómo se refleja este trabajo conjunto?
J. A. R.: Mente y cuerpo van de la mano. Las tensiones, miedos y el estrés se alojan en zonas como las cervicales, los hombros o las lumbares. Mediante los estiramientos y la práctica física se liberan nudos y tensiones musculares y de las fascias, lo que a su vez produce un desahogo psicológico inmediato. Además, el yoga no es solo flexibilidad: es fuerza y beneficia al sistema cardiovascular, a los órganos internos y al sistema digestivo. Es una salud integral.
Luis Rizo visita Santa María de la Mota para dar forma al cartel de la Semana Santa de Marchena 2027
El pintor sevillano ha visitado Santa María de la Mota, ha conocido de cerca a la Hermandad de la Soledad y ha firmado el encargo del cartel de la Semana Santa de Marchena 2027.
El cartel de la Semana Santa de Marchena de 2027 ha comenzado ya a tomar forma sobre el terreno. El pintor sevillano Luis Rizo Haro, elegido por el Consejo General de Hermandades y Cofradías para realizar la obra anunciadora del próximo año, ha visitado la iglesia de Santa María de la Mota para conocer de cerca el patrimonio, la devoción y el entorno de la Hermandad del Santo Entierro y de Nuestra Señora y Madre de la Soledad Coronada, que constituirán el motivo principal del cartel.
Visita de Luis Rizo Haro a Santa María de la Mota. Foto: Consejo General de Hermandades y Cofradías de Marchena.
Según ha informado el propio Consejo de Hermandades de Marchena, Rizo fue recibido por el presidente de la institución cofrade, por el asesor espiritual del Consejo y director espiritual de la hermandad, el sacerdote Manuel Chaparro Vera, y por la rectora de la Soledad, María del Carmen Moreno Hierro. En el encuentro participaron además miembros de la Junta Superior del Consejo y oficiales de la Junta de Gobierno de la hermandad.
La firma del encargo en Santa María
La visita tuvo también un carácter formal. En la sacristía de Santa María de la Mota se firmó solemnemente el encargo del cuadro que servirá como cartel anunciador de la Semana Santa de Marchena de 2027. El acto supone el arranque efectivo de un proceso creativo en el que el artista deberá trasladar al lienzo no solo las imágenes titulares, sino también la identidad histórica y devocional de una de las hermandades más antiguas y reconocibles de la localidad.
El Consejo había acordado por unanimidad el pasado 30 de junio encargar la obra a Luis Rizo Haro y anunció públicamente la designación el 8 de septiembre. Desde entonces, el pintor inicia ahora una fase de documentación directa en Marchena, entrando en contacto con los espacios, las imágenes y los elementos patrimoniales que pueden servirle de referencia para construir la composición definitiva.
Un cartelista con una larga trayectoria en Sevilla
Nacido en Sevilla en 1957 y formado en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, Luis Rizo desarrolla una pintura figurativa de raíz realista y costumbrista. Su trayectoria está estrechamente vinculada a la cartelería y a la cultura visual de Sevilla. Entre sus trabajos figuran el cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2010, el de la Virgen de los Reyes de 2012 y el de la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla de 2016, además de obras relacionadas con el diseño, la escenografía, la cerámica y la policromía.
Para Marchena, su presencia en Santa María de la Mota abre ahora una etapa especialmente sugerente: la mirada de un pintor externo sobre uno de los espacios más cargados de memoria de la Semana Santa local. El resultado no se conocerá hasta la presentación oficial del cartel, pero la visita deja ya claro cuál será su punto de partida: observar de cerca, documentarse y conocer la hermandad antes de llevarla al lienzo.
Fuente: Consejo General de Hermandades y Cofradías de la villa de Marchena. Información contrastada además con Arte Sacro y El Pespunte.
Este viernes, «Luz en el silencio» llega al convento de Santa María de Marchena a las 19:30
Recordatorio: «Luz en el silencio», con Pedro Monty y José Ramón Vázquez, se celebra este viernes 18 de septiembre a las 19:30 en el convento de Santa María de Marchena.
Marchena tiene este viernes 18 de septiembre una cita singular en uno de sus espacios de mayor recogimiento. El Convento de Santa María de la Purísima Concepción, de las Hermanas Clarisas, acogerá a las 19:30 horas «Luz en el silencio. Un canto a la fe y a la reflexión», la propuesta protagonizada por el pianista Pedro Monty y el cantante José Ramón Vázquez.
La convocatoria no se plantea como un concierto convencional. Música, palabra, testimonio y momentos de silencio se suceden para construir una experiencia de carácter espiritual que invita a detenerse, escuchar y abrir un espacio para la introspección. El propio Arzobispado de Mérida-Badajoz, donde el proyecto fue presentado públicamente, lo define como una propuesta en la que la música y la espiritualidad se unen para favorecer la reflexión, la fe y la esperanza.
José Ramón Vázquez aporta además un testimonio personal que constituye una parte esencial de la experiencia, acompañado al piano por Pedro Monty. El proyecto viene recorriendo iglesias, conventos y monasterios, lugares donde el propio silencio y la arquitectura religiosa forman parte de la propuesta.
Una cita en Santa María
La elección del convento marchenero añade un marco especialmente coherente con el sentido de «Luz en el silencio». Santa María se encuentra en la antigua Mota, en uno de los espacios históricos más singulares de Marchena, junto a la iglesia de Santa María de la Mota y dentro del antiguo recinto palaciego de los Ponce de León.
Para quienes quieran asistir, la referencia principal es sencilla: viernes 18 de septiembre de 2026, a las 19:30 horas, en el Convento de Santa María de la Purísima Concepción de Marchena.
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