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Historia

Cuando los romances advertían del daño que hacen los falsos rumores

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Juan Pablo Alcaide recopiló y publicó los romances de Marchena, Paradas y Arahal. En Marchena existen romances desde los Ponce de León, siglo XV, pasando por los que recordaban los gitanos de Marchena en el XIX y terminando con el romance en menciona Marchena y el daño que hacen los rumores grabado en 1930. 

Francisca Baranco, Antonia Romero Martín, Amparo Rodriguez Núñez, Encarnación Ayora Castro, Maria del Carmen Puerto Sevillano, Mercedes Tagua Pérez, Maria Jesús y concepción Carmona Alvarez aún recordaban romances medievales en los años 80, según cuenta Juan Pablo Alcaide en el IM Num. 83, años 80.

Personas que “conservan en su memoria uno de nuestros grandes tesoros literarios y que han sabido mantenerlos a través de los siglos sin plena conciencia de lo que guardaban”.

Profesor de Lengua y Licenciado en Filología Hispánica, Juan Pablo Alcaide, comenzó en 1982 a buscar el romancero de Marchena -restos de la literatura oral medieval- en las memorias de las abuelas.  Eran las mujeres de la casa las que guardaban en su memoria de generación en generación, los romances que oían de sus mayores.

También los oían de los romanceros, por calles y plazas de Marchena y otros pueblos,  que con la simple ayuda de un cordel y unos papeles ilustrados iban contando historias escritas desde el medievo en adelante a una audiencia callejera ávida de historias a cambio de monedas. Una tradición que nace en los juglares del siglo XIII. El cancionero mas antiguo el de Martín Nucio, fue impreso en Amberes en 1550. 

Romancero de Zamora

Los más populares eran los romances de ciego que iban de pueblo en pueblo recitándolos, mientras que los romances tradicionales eran algo más cultos sin dejar de ser populares.

Estos romances sobre todo el de Gerineldo, el más popular, aún los recuerdan algunas abuelas, cada vez menos. Cuando desaparezca esta memoria viva, -si no ha desaparecido ya-, solo nos quedará la memoria escrita del Romancero de Marchena, escrito por Juan Pablo Alcaide, para su tesis de licenciatura,  presentada en la Universidad de Sevilla en 1983.

En 1993-94 Alcaide colaboró con el Proyecto «Literatura Oral» de la Consejería de
Educación junto a profesores del IES «La Campiña» de Arahal recogiendo 102 versiones, de 54 temas, que publicó  en el Romancero de Arahal y el Romancerillo de Paradas.

ROMANCES DE LOS PONCE DE LEON

Marchena tiene gran tradición de romances. Hay romances escritos para cantar gestas de vecinos de Marchena como Rodrigo Ponce de León cuando tomó Alhama, (Ay de mi Alhama) hasta los escritos para su hermano Don Manuel El Valiente (Romance de don Manuel Ponce de León) S. XV. (¿Cuál será aquel caballero
de los míos más preciado).  Don Manuel fue cantado por poetas y escritores como Cervantes y Lopez de Vega. Pero desde que trató de tomar por la fuerza Marchena en contra de su hermano fue desterrado y hubo un largo pleito entre ambos.

LOS ROMANCES DE GITANOS MARCHENEROS

Marchena también aparece en la primera recopilación moderna de romances en España realizada por el bibliógrafo extremeño Bartolomé José Gallardo, que apresado por la monarquía absolutista en 1825, oyó el romance de Gerineldo y La condesita por boca de unos gitanos de Marchena en el patio de la Cárcel de Sevilla. Este hecho fue tomado como muestras de la permanencia de la tradición oral del
Romancero, tras el largo período de silencio.  (Menéndez Pidal, 1953: 276-365 y Catalán, 1979: 217 y ss.).


>EL ROMANCE DE MARCHENA QUE ADVIERTE DE LOS RUMORES

También hay romances que mencionan en sus temas a Marchena como el “Romance de una modista y un albañil” del que la Biblioteca Digital de Andalucia posee Grabación sonora, recitada por María Pérez Madrid, una campesina de Bogarre (Granada) en 1930.

El tema de este romance que menciona Marchena no es otro que avisar del daño que hacen los falsos rumores.  Por un rumor falso, un padre se marchará a trabajar en la construcción desde Marchena a Segovia perdiendo de vista a su hija. Años después, el padre y su hija Isabel se reencuentran casualmente en Segovia y recuperan el contacto.

“Y esto era un matrimonio que vía muy feliz, ella era costurera y el del oficio de albañil, y tenían una hija que se llamaba Isabel, su padre la quería tanto que era la locura de él. Y un domingo por la tarde con su hija paseando aquella mala vecina al albañil lo ha llamado, Antonio si usted supiera de lo que yo me he enterado,  que su mujer no es muy buena y a usted lo está traicionando.

En aquel mismo momento a su hija la besaba y llorando le decía “vas a ser muy desgraciada”. Este hombre tan honrado a su casa se marchó, sin tomar explicaciones para Segovia partió. Cuando llegó a Segovia empezaba a trabajar y dio con una señora que fue su felicidad.

Romance de ciego sin ciego

Ya que llevaba algún tiempo hizo grandes edificios y ganó tanto dinero que llegó a ponerse rico. Y llegó a ponerse rico con mucha felicidad pero a su hija Isabel nunca la podía olvidar. Esta niña tan bonita que su madre la criaba, y a la edad de quince años sola en el mundo quedaba. Esta niña tan bonita que el teatro le gustaba, y al verse sola en el mundo su ideas le tiraban.

Y de pueblo en pueblo iba con una compañia grande hasta que llegó a aquel sitio que se encontró con su padre. Y una noche en el teatro se presenta un caballero, y cuando estaba bailando a ella le tiró el sombrero. “¡Ay que niña tan bonita! si a usted le parece bien, cuando acabe de bailar queda invitada a un café. ¡Ay que niña tan bonita! te llamo para decirte que si te casas conmigo los dos seremos felices.

Romances de Ciego. Plaza de Alonso Cano

Y en estos mismos momentos no le puedo contestar que es un asunto muy serio y lo tengo que pensar. Pues dime cómo te llamas y del pueblo de donde eres para escribir una carta que nos manden los papeles. Me llamo Isabel Fernández y mi madre Encarnación, soy del pueblo de Marchena, mi padre me abandonó”.
Y el padre al oir aquello mareado al suelo cayó. “¿Quién te ha traído a mis brazos hija de mi corazón?, hija de mi corazón, qué alegría el encontrarte, pa tí se acabó el teatro, ya tienes aquí a tu padre. Y el público que nos oiga quedará bien enterado por una mala vecina cuántas cosas han pasado”.

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Historia

La sinagoga de Sevilla fundada en 1869 estaba en la calle Feria

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En el año 1252, Alfonso X el Sabio, monarca de Sevilla, donó a los judíos tres mezquitas en la Judería, para que las convirtieran en sinagogas, pero más tarde una terrible matanza en el barrio acabó con la población judía.

Las tres sinagogas antiguas estaban situadas en torno al barrio de Santa Cruz, antigua judería, Santa María la Blanca, Santa Cruz y San Bartolomé.

Tras la expulsión de 1492 no hubo más sinagogas hasta la llegada de Sefarditas de Tetuán siguiendo las tropas de ocupación española formaron la primera comunidad judía de  Sevilla, que en 1869 construyeron una sinagoga en Sevilla  en la calle Feria, 144, liderada por el rabino Moises Montefiore. Se incendió el 26 de julio de 1914 siendo rabino Salomón Cohen.

La colonia judía vivía en la calle Lumbreras y tenían los mismos oficios que sus antepasados en Tetuán, es decir zapatero, joyero, pastelero, comerciantes de aceite miel y manteca.

Primo de Rivera concedió la nacionalidad española a todos los sefardíes que pudieran demostrar su origen español en 1924.

Poco después el doctor Pulido inicio una campaña entre periodistas e intelectuales para devolver a la memoria de los españoles, el recuerdo de Sefarad estableciendo contacto las principales comunidades sefarditas del mundo.

HOLOCAUSTO Y GUERRA CIVIL

Segun Isidro Gonzalez, Historiador, en Revista Andalucia en la Historia, (Num 33) En 1935 el gobierno español intentó repatriar judíos que huían de la persecución nazi por la conmemoración del 800 aniversario del nacimiento de Maimónides, ya que  que el Gobierno de la República había defendido a los judíos ante las Naciones Unidas en 1933.

Ese año el conde austríaco Rostock solicitó sin éxito al Gobierno español que permitiera a los judíos procedentes de territorio de Alemania se asentaran en la costa del sur de España con ayuda de diversas organizaciones judías.

El principal acto de reencuentro de los judíos fue en Córdoba 1935 por la celebración del 800 aniversario de nacimiento de Maimónides que tuvo un gran impacto internacional. Desde todas las partes del mundo donde había judíos escribieron cartas en alusión al acontecimiento, mientras en Alemania se iniciaba la persecución nazi.

EL REY DE ESPAÑA INTENTÓ QUE VOLVIERAN LOS JUDIOS EN VARIAS OCASIONES

El rey de España intentó en varias ocasiones hacer volver a los judíos tras su expulsión para reactivar y socorrer la maltrecha economía nacional. El Conde Duque de Olivares en tiempo de Felipe cuarto y más tarde Manuel Liria durante Carlos Segundo ambos intentos fueron cortados de raíz por la Inquisición.

En 1797 el ministro de Hacienda de Carlos IV Pedro Valera propuso que judíos holandeses expulsados de España regresaran y se asentaran en Cádiz Sevilla y Huelva para contrarrestar el poder de los genoveses en el comercio con América.

En 1802 una Real Cédula volvió a prohibir la existencia de los judíos en España.  En 1812 la Constitución de Cádiz abolió la Inquisición, pweo con el regreso de Fernando VII se volvió a crear de nuevo.

En 1818 grupo de judíos intentó establecerse en España y Fernando VII los expulsó de nuevo.  Españoles y sefardíes se reencontraron en la toma de Tetuán en febrero de 1860. Pedro Antonio de Alarcón periodista de Guadix cuanta en su diario de un testigo de la guerra de África que al entrar en la ciudad y en medio de la multitud los soldados españoles se encontraron con un grupo de personas que hablan en español y que los consideraban salvadores al grito de: ¡Viva la reina de España!.

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Actualidad

Así era el palacio “de ensueño” donde Antonia Díaz escribió sus libros de poemas

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El matrimonio de poetas, católicos y monárquicos y amigos de los hermanos Bécquer, Antonia Díaz, nacida en Marchena y José Lamarque de Novoa se instaló en un Palacio de Dos Hermanas llamado La Alquería del Pilar.

La familia de Antonia Díaz y Jose Lamarque. Foto: Fototeca Municipal de Dos Hermanas. José Lamarque en el centro con sombrero, Antonia debajo

Eran famosas sus tertulias de artistas sevillanos y extranjeros, las torres, grutas, la montaña artificial, la pagoda china, la ría navegable con puentes, faro, y cascada, estatuas, invernadero para plantas exóticas museo de Ciencias Naturales en cuyo centro había un palacete mudéjar.

FOTOS Amigos del Parque Alquería del Pilar- Dos Hermanas

Fue construido en 1872, cuando se puso de moda entre la burguesía sevillana construirse casas de veraneo en Dos Hermanas a partir de descripciones literarias de Cecilia Bohl de Faber.    Lo que queda hoy es propiedad del Ayuntamiento de Dos Hermanas.  Antonia Díaz tiene calles a su nombre en Marchena, Sevilla y Dos Hermanas.

La propia Antonia Díaz diseñó los edificios y jardines de este “lugar de ensueño” donde ella misma se reservó una torre sobre una gruta con una virgen donde escribió sus libros. “Flores marchitas: baladas y leyendas” (1877-1882), “Poesías líricas” (1893), “Aves y flores: fabulas morales” (1890).

Lo cuenta Antonio Prieto Granados, hijo de la niñera familiar (1882).

Torre donde escribía la poetisa Antonia Diaz

Antonia Díaz (1827-1892), nació en Marchena, hija de un médico afincado en Sevilla. Desde muy joven leía a los poetas clásicos castellanos y sevillanos.  Publicó en la revista Escenas Contemporáneas una oda a Pio IX, en La Violeta dirigida por Fasutina Sáez de Mclgar publicó en  un poema dedicado a la Reina, 1863. “María al pie de la Cruz” es el titulo del poema que publicó en “El Correo de la moda”, Album de Señoritas tomo XII de 1864. 

A pesar de tener medios, en su época las mujeres no se dedicaban a escribir, todos los circulos literarios eran masculinos y hostiles a las mujeres, que siempre estaban en segundo plano o en el ámbito privado.  De forma autodidacta se esforzó por aprender, estudiando en la biblioteca de sus padres en Marchena y luego en su mansión de Dos Hermanas.

El poeta  José de Velilla (1847-1904), asíduo a sus tertulias, junto a su hermana la también poetisa Mercedes de Velilla, describe los jardines: “ las begonias, las nejalias y otras plantas, que parecen de terciopelo al tacto y a la vista, desterradas de los climas tropicales, viven en la prisión de los invernaderos…”.

Había álamos, pinos, naranjos, cipreses, olivos, y un bosque de varias especies algunas de ellas traidas de japón y del trópico. En las rías había peces de especies exóticas, y pájaros domesticados de muchas especies.

Su marido José de Lamarque era hijo de un francés y una trianera, también poeta, empersario de exportación de hierros y maderas, cónsul de España en Nápoles, El Salvador y el Imperio Austro-Húngaro, (1880). Apoyó la restauración borbónica y fue Hermano Mayor de la Soledad de San Lorenzo y Secretario de La Carretería en los tiempos en que los Montpensier fueron mecenas de la hermandad. Financió la primera edición de las “Obras” de Bécquer en 1871 y apoyó en sus inicios a Juan Ramón Jiménez que no apreciaba la poesía de Lamarque.

Antonio Prieto Granados afirma que: “…Ella fue la que trazó y dirigió todos los trabajos arquitectónicos de la finca y de los jardines, pues, según decían era muy entendida en arquitectura y dibujo. (…) Las plantas y árboles llegaron la mayoría desde Francia y Bélgica.

El matrimonio de poetas estuvo en el círculo más cercano a los Duques de Montpensier, participando en la reapertura de la ermita de Valme, el 9 de Octubre de 1859, tras 54 años en que la Virgen estuvo en la parroquia del pueblo.  En el almuerzo hubo un grupo de pobres sentados a la mesa  servidos por los Duques y el Arzobispo y una corrida de dieciocho novillos de Miura, que sirvieron para alimentar a los pobres de Dos Hermanas. De esta forma apoyaron el nacimiento de la romería.

Los Duques mandaron imprimir un libro sobre la Virgen de Valme que incluyó poemas de Antonia Díaz Fernández y su marido José Lamarque según La España del 13 de Diciembre de 1859.

 

LA PRIMAVERA (Poema de Antonia Díaz)
Himno que entona la creacion entera;
Que pródiga esparciendo su tesoro,
Ya sus alas de oro
Apacible tendió la primavera.

La lóbrega techumbre
De nubes que el espacio oscurecía
Fugaz huyó, y en la celeste cumbre
Vierte su clara lumbre
Con mas grandeza el luminar del dia.
……………………..……………..
Antonia Díaz (Poesías 1867)

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Actualidad

Manuel Luque restaura el cristo franciscano de la parroquia de San Miguel “que pudo pertenecer a una hermandad de Veracruz”

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El restaurador de Gines Manuel Luque ha recuperado un cristo de tipología franciscana y fechado a finales del siglo XV (1480-90) conservado en la parroquia de San Miguel de Marchena que hasta ahora no se exponía al culto por su mal estado de conservación.

Tras la desamortización – S. XIX- los bienes de Santa Eulalia fueron depositados en San Miguel y de allí repartidos a distintas iglesias de Marchena, como Veracruz y San Sebastián. Se quedó en el templo el crucifijo de taracea, tipología Jerusalén que preside la mesa del altar mayor. Este crucifijo tiene un metro veinte de altura y destaca por su estudio anatómico mientras que su rostro es arcaico. Originalmente tuvo corona de espinas y aún está en el taller del restaurador.

“Por el color de los restos de policromía verde hallada en la cruz podría decirse que perteneció a una hermandad franciscana o de la Vera Cruz” señala el restaurador Manuel Luque. “Es una atribución mía. No soy historiador. Soy licenciado en Bellas Artes pero es verdad que responde a esa tipología de cristo franciscano”.

La restauración ha sido profunda. “Primero estuvo tres meses en una bolsa hermética con productos para desinfectar la imagen del crucificado ya que tenía un severo ataque de xilófagos. Después se fijó la policomía y los estratos sin un fijativo que endureciera las zonas de la madera afectada por los insectos y a continuación una media limpieza que se ha realizado á punta de bisturí. Se decidió así para no retirar las patinas originales y la del tiempo” explica el restaurador.

“También se ha procedido a la reintegración volumétrica del soporte (dedos y algunas zonas como el omóplato derecho que estaban muy afectados por el ataque de xilófagos y se sellaron los agujeros de los insectos”.

También se ha procedido a la reintegració de la preparación y de color con técnicas reversibles y con el criterio de diferenciación y se finalizó con una protección de las obra. En la cruz ha aparecido “restos de policromia verde, como eran muy escasos se decidió pintarla con técnica reversible del mismo color que los restos de policomía que tenía. Los nudos fueron reintegrados con técnica reversible de oro también al rigatino”.

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Historia

Colón: “Nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antonio de Marchena”

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Los dos amigos y confidentes que Colón tuvo en el monasterio de La Rábida, eran fray Antonio de Marchena y fray Juan Pérez.  Fray Antonio de Marchena fue un Franciscano (OFM), astrónomo, amigo y confidente de Cristóbal Colón.

Se ignoran los datos biográficos de la juventud del fraile astrólogo e, incluso, se desconoce si el apellido Marchena es el real de su familia o un gentilicio dado por la Orden seráfica segun  Consuelo Varela de la Academia de la Historia.

En 1473 era guardián del convento de San Esteban de los Olmos, cerca de Burgos. En 1487, se trasladó a Andalucía para ser “décimo cuarto vicario provincial  de la Custodia de Sevilla de la observancia de San Francisco”,  de 1499 a 1502 según se lee en el Acta de concordia entre la Custodia de Domus Dei y la provincia de Santoyo en Castilla, fechada en el convento de San Juan de los Reyes de Toledo el 2 de noviembre de 1499.

Entre los que se hallaban presentes al firmarse el documento figura “frater Antonius de Marchena Vicarius Castelle”. En el Capítulo de la Orden, celebrado en Murcia en 1502, fue designado guardián del convento de San Francisco de Murcia por un trienio (1502-1505) y como tal lo encontramos presente en Madrid, el 7 de octubre de 1502.

En La Rabida Colón y Marchena coincidieron en varias ocasiones. Ambos compartieron ideas y trataron el proyecto. Colón escribió a lo Reyes  en La Española en 1500: “Nunca en todo este tiempo se halló piloto ni marinero ni philósopho ni de otra sçiençia que todos no dixessen que mi empresa era falsa; que nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antoño de Marchena, después de aquella de Dios eterno”.

Los Reyes piden a Colón en Barcelona el 5 de septiembre de 1493, poco antes de partir para su segundo viaje al Nuevo Mundo ” que llevásedes con vos un buen astrólogo y nos paresció que sería bueno para esto fray Antonio de Marchena”. No se ha podido confirmar si Marchena acompañó a Colón en este viaje, aunque sí se conservan las copias de las cédulas que los Monarcas enviaron en esa misma fecha al fraile pidiéndole que acompañase a Colón “algunos días”, y al provincial de la Orden solicitando que le permitiese viajar.

Dos testigos de los Pleitos Colombinos evocaron al fraile. Andrés del Corral testificó que fue un franciscano, cuyo nombre no recordaba, quien aseguró a los Reyes “que era verdad lo que el almirante decía. Alonso Vélez recordaba que el almirante “comunicaba la negociación de descubrir con un fraile estrólogo, que ende estaba por guardián, y ansímismo con un fraile Juan”.

En 1500, los franciscanos residentes en La Española lanzan graves acusaciones contra el almirante y sus hermanos; desde 1498 el genovés ya se había acercado a la Orden Cartuja y había entregado toda su confianza a fray Gaspar Gorricio. En la cartuja de las Cuevas podía depositar a buen recaudo sus documentos más preciados.

Bibl.: P. de Salazar, Crónica de la provincia de Castilla, lib. II, cap. I, Madrid, 1612, pág. 76; J. M. Asensio, “Juan Pérez y fray Antonio de Marchena”, en España Moderna.

t. XXI (1890), págs. 210-219; J. Coll, Colón y La Rábida: con un estudio acerca de los franciscanos en el Nuevo Mundo, Madrid, Librería Católica de Gregorio del Amo, 1891; A. Ortega (OFM), La Rábida. Historia documental y crítica, Sevilla, Imprenta y Editorial de San Antonio, 1925; J. Manzano y Manzano, Cristóbal Colón. Siete años decisivos de su vida (1458-1492), Madrid, Cultura Hispánica, 1964, págs. 496-497 y 525-534; A. Rumeu de Armas, “El cosmógrafo fray Antonio de Marchena, amigo y confidente de Colón”, en Anuario de Estudios Americanos, XXIV, 1966, págs. 793-837; La Rábida y el Descubrimiento de América, Colón, Marchena y fray Juan Pérez, Madrid, Cultura Hispánica, 1968.

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