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La Hermandad de la Soledad procesionaba la imagen de un resucitado

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Uno de los elementos distintivos del Domingo de Resurrección marchenero es el ambiente de fiesta que se vive en las capillas e iglesias que permanecen abiertas de par en par a miles de visitantes que recorren todas las estaciones o sedes de hermandades.

Imagen de portada: Resucitado de la Magdalena de Sevilla, obra de Jerónimo Hernández. 

En las iglesias y capillas se venden recuerdos, se inscriben los hermanos nuevos y en las trastiendas y casas de hermandad siempre hay comidas y convites. Pero esto no es nada nuevo y particular, es la reminiscencia de la gran Fiesta de la Resurrección que se vivía en Marchena en el Barroco.

La Fiesta de la Resurrección en 1600

El Domingo de Resurrección se celebraba la procesión y fiesta más importante de la hermandad de la Soledad, la Pascua de Resurrección sacando en procesión desde San Juan un  Resucitado que no se conserva.

Toda la fiesta estaba rodeada del esplendor propio de la Casa Ducal que siempre pagó y formó parte de la cofradía de la Soledad, según nos informa Vicente Henares en su libro sobre la Historia de la Hermandad de la Soledad citando los libros de cuentas y reglas de la Hermandad. 

En 1600 el Santo Entierro era portado por clérigos escoltado en los flancos por los armaos de etnia gitana que portaban lanzas y espadas y seguido por el palio de respeto con sacerdotes seguidos de frailes de las órdenes franciscanas y agustinos. Un grupo de ministriles acompañaban a la Soledad. Detrás de la Virgen, cruz parroquial y ciriales para abrir el tramo de caperos grupos de hasta cincuenta sacerdotes de la matriz de San Juan.

El Viernes Santo, tras la procesión del Santo Entierro, el Cristo Yacente había quedado depositado en el túmulo funerario colocado frente al monumento eucarístico de San Juan  y las imágenes de la Soledad y San Juan usados en la ceremonia del Descendimiento del Viernes Santo, -antes de la salida de la Hermandad- habían vuelto a Santa María.

La talla databa de 1575. El Resucitado salía desde San Juan hasta Santa María pasando por la Plaza del Cabildo o Plaza Ducal acompañado el muñidor, la seña, una capilla de trompetas o ministriles.

Ya en Santa María el Resucitado era colocado al lado de la Virgen de la Soledad ya vestida de blanco y se realizaba una misa con procesión y música. Luego se preparaba un banquete con cordero asado pagado por la hermandad de la Soledad.

Ese día el duque regalaba a sus caballeros 20 carneros. El martes de pascua se realizaba el cabildo para valorar los actos organizados. En ocasiones se organizaba otra comida el Martes de Pascua para invitar a los que habían ayudado a adornar la capilla de la hermandad con un monumento efímero colgaduras, frutas y hierbas frescas como naranjas, mirtos y limones para dar buen olor y toda clase de adornos.

La propia Soledad salía tres veces al año,  Viernes Santo, Domingo de Resurrección y la festividad de la Virgen en Septiembre, dos veces como Virgen de Gloria lo que explicaría que los cofrades decidiesen dejarle la ráfaga todo el año.

Domingo de Resurrección de 1844

La crónica  de El Católico de 1844 explica que en la mañana del Domingo de Pascua, a las tres de la madrugada, se iniciaba con un general repique de campanas.

«Ya entonces aparecen abiertas todas las iglesias de la villa, todas ellas iluminadas con millares de luces en retablos , adornados con colgaduras, flores, pabellones, cuadros , jaulas de canarios, y otras cosas. Pagadas por las hermandadcs sacramentales, las músicas se reparten para que en ningún tiemplo falten sonidos melodiosos y patéticos que estimulen la devoción».

Las gentes van visitando las iglesias y adorando al Salvador resucitado, reunida cada familia, rezando devotamente por las calles de estación en estación.

También esta crónica cuenta que los preparativos en las cofradías comenzaban el Lunes Santo y que las propias hermandades repartían en las casas de los cofrades la cera puerta por puerta.

Las seis cofradías visitaban los santos sagrarios el Jueves Santo noche, llevando cada una reunidos y colocados en dos filas todos sus hermanos con cirios encendidos «llenando una estensión que se pierde de vista, rezando en alta voz por las calles en el silencio de la noche».

En  1844 el orden de las cofradías era Jueves Santo Dulce Nombre, Veracruz y Humildad y Viernes Santo Jesús Nazareno, Cristo y Soledad.

Cada una de las hermandades realizaban a la salida un Sermón de Pasión relativo a los hechos de ella que representa, con pregones análogos y un orador  «dándole cierta viveza, que arranca abundantes lágrimas al inmenso auditorio».

La devoción que inspiran las saetas entonadas casi sin interrupción , «cuya letra y tono en estremo patéticos transportan la imaginación a los tiempos de Jesús».

«Extraordinaria animación se observa en todas las gentes y que les hace no descansar un momento en los dias santos y en sus noches sin tener reposo ni para aderezar la comida con que han de alimentarse , teniéndola de intento preparada de antemano para tomarla , como los israelitas comían el Cordero Pascual, en pie y con el báculo en la mano».

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José Gallardo: «Una hermandad del Rocío es un escaparate de su pueblo ante de todo el mundo y una prueba durísima»

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José Gallardo Velázquez rociero, responsable del Plan Romero de la Junta de Andalucía y jefe del departamento de Vías Pecuarias de la Delegación Provincial del ramo de la Junta de Andalucía expresó ayer en San Lorenzo que una hermandad del Rocío es un escaparate de su pueblo ante personas de todo el mundo.

Pero además es «una prueba durísima» afirmando que «el camino del Rocío es cien veces más complicado y más complicado que el Camino de Santiago porque no hay nada que te distraiga. El camino del Rocío es más intenso, tiene la luz, la plata, la copla, las flores, las amistades y la serena compaña de quien no conoces a tu vera», expresó.

El camino tiene que esta pensando para el que menos tiene, «para el que va andando» y dijo que la base de la romería son los que caminan todo el tiempo detrás de la carreta de Simpecado.

«Al Rocío lo mueve la Fé de una persona y eso se refleja haciendo las cosas con autenticidad» expresó. «Cuando las cosas se hacen de verdad con fe y corazón no hace falta explicar nada, cualquiera lo ve, eso llega y eso es el camino» y señaló que detrás de una carreta no deben faltar peregrinos que vayan acompañando la carreta, donde se crea ese «ambiente auténtico».

Otra cosa importante de las hermandades del Rocío, dijo es que vayan sembrando por donde pasen, tal y como indican las reglas, «con autenticidad, organización y fé y confianza en Dios.  El hombre propone y Dios dispone» señaló. «El camino es el camino y para empezar el camino hay que desprenderse de quien uno es, de tu posición en tu pueblo, y pensar en servir que es una faceta importante del camino del Rocío» expresó.   «El servicio es un ejercicio de la vocación de un cristiano y es fundamental ejercerlo. El rociero es el que da los buenos días, darle un cigarro al que no tiene quien lo escuche. El Rocío muchas veces es guardar silencio» señaló.

«El camino del Rocío empieza el día que se ha vuelto de la romería» explicó. «las hermandades del Rocío no se han consolidado hasta que un grupo de peregrinos no sale andando de su pueblo y llega andando al Rocío». Como ejemplo puso la hermandad de El Cuervo que iba con Lebrija y esta no tenía por costumbre llevar peregrinos andando. El Presidente comenzó a ir andando detrás del simpecado, andando desde su pueblo y esto impactó y arrastró más gente andando detrás.

«El sacrificio y el servicio son plantas que dan frutos extraordinarios. El Rocío también es luz. Para que el cirio tenga luz se tiene uno que quemar. Hay que quemarse porque los colectivos están formados por personas. Hay que quemarse porque si no te quemas luz no hay. Y esa luz es el Rocío. La luz de nuestro servicio y de nuestro sacrificio» explicó.  Esa luz es darle un vaso de agua a un peregrino sediento, expresó, o arrimar al peregrino al simpecado o acercarlo a la misa, o darle un romero del simpecado. «Eso es poner luz pero eso necesita que uno se queme. Y tiene uno que agotarse si no, no brilla»,dijo.

Entre las anécdotas personales describió momentos tras la carreta de Simpecado rezando el Rosario, en las horas en que por el calor menos gente hay. Recordó un momento en el que rezando el Rosario y tras cantar la salve improvisaba sevillanas que le brotaban del alma en ese momento.

«La señora que llevaba al lado me puso la mano encima y me dió un apretón y me dijo muchas gracias porque has rezado el Rosario con el corazón, y las sevillanas que has cantado han sido mis ojos viendo el Rocío. Al decir eso, me vuelvo y era ciega, venía haciendo el camino de Antequera. Yo me quedé consternado. Poco después un sacerdote me dijo anda palante que Dios está contigo. Todos los que hacemos el camino debíamos ser los ojos para otros, transmitiendo con claridad los momentos que se te han clavado en el alma y olvidar todo lo malo que pasa que de eso hay en todos lados» expresó.

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