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Historia

Rodrigo Ponce de León, Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares: La Lucha por el Poder en la España del Siglo XVII

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En la España del Siglo de Oro, tres figuras clave marcaron el destino del imperio: el rey Felipe IV, su influyente valido, el Conde-Duque de Olivares, y un noble andaluz de gran peso político, Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos. Su relación fue una compleja red de alianzas, estrategias y tensiones que moldearon el devenir de la Monarquía Hispánica en una de sus épocas más turbulentas.

En 1624, el joven rey Felipe IV emprendió un viaje por Andalucía, acompañado por un numeroso séquito que incluía al poderoso Conde-Duque de Olivares. El objetivo principal de esta visita era consolidar lealtades y obtener recursos económicos de las ciudades andaluzas para fortalecer la monarquía.

José Fernández de Córdoba construyó las murallas de La Habana y fundó la ciudad de Matanzas

La comitiva real partió de Madrid en febrero de 1624 y recorrió diversas localidades del sur peninsular durante 69 días. Entre las ciudades visitadas destacaron Córdoba, Ecija, el Castillo de la Monclova en Fuentes de Analucia, Carmona, Sevilla, Cádiz, Málaga y Granada. En Sevilla, la estancia fue de 12 días.

Cuando los vecinos de Marchena pagaban las batallas del Imperio español

Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos, mantuvo una estrecha relación con Felipe IV —recibiendo encargos, mercedes y correspondencia directa del rey— y estuvo igualmente ligado al Conde-Duque de Olivares, cooperando en sus políticas pero también siendo objeto de su control político. Las cartas, cédulas reales y nombramientos en los archivos, complementadas por los análisis académicos, permiten comprender la naturaleza de estas relaciones en el contexto de la Monarquía Hispánica del siglo XVII.

Rodrigo Ponce de León: Un noble entre dos fuegos

Su ascenso a la corte y su prestigio fueron en gran medida heredados de su padre, Luis Cristóbal Ponce de León, quien había prestado importantes servicios de armas a la Corona. Gracias a sus contribuciones en diversas campañas militares y a su fidelidad a Felipe IV, la familia Ponce de León consolidó su posición en la nobleza española. Esta relación de confianza permitió que Rodrigo Ponce de León recibiera el codiciado cargo de Virrey de Nápoles en 1646, un puesto de gran relevancia dentro del entramado político y militar del imperio. Mientras su hermano Luis Ponce de León ocupó el cargo de embajador español en Roma y otra hermana de este ocupo el cargo de camarera mayor de la reina. 

Un marchenero en el Palacio de la embajada de Plaza de España de Roma

Sin embargo, su gestión en Nápoles se vio empañada por la rebelión de Masaniello en 1647, un levantamiento popular contra los impuestos excesivos y el dominio español. La revuelta, iniciada por el pescador Tommaso Aniello, conocido como Masaniello, puso en jaque la autoridad virreinal y expuso las debilidades del gobierno español en Italia. A pesar de los esfuerzos de Rodrigo Ponce de León por sofocar la insurrección, la situación se volvió incontrolable y derivó en una crisis que erosionó su prestigio en la corte.

Se conservn cartas reales de Felipe IV e incluso de la reina Isabel de Borbón dirigidas al duque de Arcos entre 1643 y 1648​.

En estas cartas el rey encomienda al Duque que movilice tropas de sus estados señoriales para apoyar los esfuerzos bélicos de la Monarquía. En concreto, se le ordena reclutar hombres para luchar contra los rebeldes de Portugal y reforzar la infantería de la Armada del Océano.​

Esto demuestra la confianza depositada por la Corona en Rodrigo Ponce de León para aportar recursos militares durante las guerras del reinado de Felipe IV (como las rebeliones de Portugal y Cataluña en la década de 1640).

Además de la correspondencia, PARES contiene cédulas reales y nombramientos oficiales vinculados a Rodrigo Ponce de León. Por ejemplo, una Real Cédula de Felipe IV fechada el 5 de junio de 1644 ordena al duque de Arcos, en su calidad de capitán general de Valencia, que un navío cargado de trigo y cebada procedente de Cerdeña sea descargado en los puertos de Tarragona y Vinaroz​.

Este documento muestra al rey impartiendo instrucciones directas al duque, reflejando la autoridad delegada en él para asuntos logísticos de abastecimiento militar en plena Guerra de Cataluña (1640-1652).

Igualmente significativo es el nombramiento de Rodrigo Ponce de León como virrey de Nápoles que causó la revuelta de Masaniello. En octubre de 1647, Felipe IV expidió una carta de poder en la que concede al IV duque de Arcos plenos poderes “para pacificar la sublevación de Nápoles”​.

Felipe IV y Olivares: La apuesta por la monarquía autoritaria

Felipe IV ascendió al trono en 1621 con tan solo 16 años y depositó su confianza en Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares. Este valido diseñó un ambicioso proyecto de reforma para fortalecer el poder real en detrimento de los grandes nobles. La «Unín de Armas», su plan más controvertido, exigía que todos los reinos de la monarquía contribuyeran proporcionalmente a los gastos de guerra, lo que generó rechazo entre las oligarquías locales, incluida la casa de Arcos.

En este contexto, Rodrigo Ponce de León se vio obligado a maniobrar con astucia. Por un lado, apoyaba a la Corona en sus guerras, enviando tropas y recursos desde sus dominios en Andalucía. Por otro, evitaba alinearse completamente con las políticas de Olivares, ya que muchas afectaban sus privilegios.

Los Duques que se retrataron como santos en el altar mayor de Santa Isabel

Intrigas y tensiones en la corte

El Conde-Duque de Olivares, obsesionado con debilitar el poder nobiliario, intervino directamente en los asuntos familiares de Rodrigo Ponce de León. En 1638, impidió un matrimonio estratégico entre la casa de Arcos y la de Medina Sidonia, temiendo que esta unión generara un bloque de poder demasiado fuerte en el sur de España.

La relación entre el duque de Arcos y Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares (valido de Felipe IV), también queda reflejada en documentación histórica y en el contexto de la política del periodo. Aunque muchas comunicaciones de gobierno pasaban formalmente por el rey, Olivares —como principal ministro— interactuó de diversas formas con Rodrigo Ponce de León. Por ejemplo, en 1638 el duque de Arcos contribuyó de forma notable al esfuerzo militar coordinado por Olivares, llegando a aportar mil soldados de sus propios dominios para servir al rey​. Ver en cervantesvirtual.com

Esta aportación se inscribe en el programa de reclutamiento nobiliario impulsado por Olivares durante la guerra contra Francia (1635-1659), reflejando cómo Ponce de León cooperó con las iniciativas militares del valido.

Los historiadores también documentan la influencia directa de Olivares en los asuntos familiares y de poder del duque de Arcos. Un caso notable es la intervención del Conde-Duque para impedir una alianza matrimonial entre la casa de Arcos y la de Medina Sidonia, dos de los linajes más poderosos de Andalucía. Olivares presionó personalmente a Felipe IV para que no aprobara el matrimonio que hubiera unido ambas casas, temiendo la concentración de poder señorial que ello supondría​. (repositori.uji.es)

Esta acción demuestra la atención de Olivares a los movimientos de la alta nobleza y su relación con Rodrigo Ponce de León, cuyas decisiones familiares tenían implicaciones políticas de primer orden.

Cabe señalar que existían también lazos de parentesco y trato cortesano entre Olivares y los Ponce de León. Según estudios genealógicos, Gaspar de Guzmán y Rodrigo Ponce de León compartían antepasados comunes (por ejemplo, Teresa de Zúñiga, abuela de Rodrigo, era prima tercera de Olivares) y ambas familias, Guzmán y Ponce de León, alternaron enfrentamientos y alianzas en la historia andaluza​

Descubre la historia en Marchena

Marchena, tierra vinculada a la familia Ponce de León, guarda vestigios de esta fascinante historia de intrigas y luchas de poder. Con nuestro free tour histórico por Marchena, podrás sumergirte en la realidad de la nobleza andaluza del Siglo de Oro, conocer sus palacios y descubrir cómo estas familias influyeron en el devenir de la monarquía española.

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FUENTES 

  • Agustín Jiménez Moreno (2015)“Nobleza y reclutamiento durante el ministerio del Conde Duque de Olivares. La participación de la aristocracia castellana en la defensa de la Monarquía (1635-1638)”. Este artículo (en Magallánica, vol. 1, nº 2) estudia cómo Olivares movilizó a la alta nobleza para el esfuerzo bélico. Incluye el caso del duque de Arcos, quien contribuyó con 1.000 soldados al ejército real en 1637-1638 dentro de esos acuerdos de colaboración entre Corona y nobleza​

    . El estudio muestra que lejos de oponerse, nobles como Ponce de León cooperaron activamente con Olivares en la defensa de la Monarquía.

  • Clara Martínez Tomás (2015)“Primogénitas y segundonas. Estrategias matrimoniales de mujeres ligadas a la Casa de Arcos (1621-1650)”. Este trabajo (publicado en la revista Millars, 38) analiza la política matrimonial de la casa ducal de Arcos y revela las injerencias políticas de Olivares en dichos enlaces. En particular, documenta cómo el Conde-Duque frustró la boda entre una hija del duque de Arcos y el duque de Medina Sidonia, al considerar que unía dos poderes nobiliarios excesivamente fuertes en Andalucía​

    . El artículo, apoyado en fuentes archivísticas, evidencia las relaciones de poder entre Olivares y Rodrigo Ponce de León, donde el valido vigilaba de cerca a los grandes nobles.

  • John H. Elliott (1990)“El Conde-Duque de Olivares, el político en una época de decadencia”. Aunque es una monografía clásica (no un PDF de libre acceso, sino un libro académico), la obra de Elliott ofrece un panorama riguroso del gobierno de Olivares. Elliott dedica atención a las interacciones de Olivares con la alta nobleza, mencionando al duque de Arcos como virrey leal y parte del círculo de poder en los años 1630-1640​

    . Esta biografía ayuda a contextualizar cómo figuras como Rodrigo Ponce de León se relacionaban con el favorito real en la corte de Felipe IV.

  • Relación entre Rodrigo Ponce de León y el rey Felipe IV:

    1. Correspondencia sobre asuntos militares (1644): Existe un conjunto de cartas intercambiadas entre Felipe IV y Rodrigo Ponce de León, IV duque de Arcos y Virrey del Reino de Valencia, relacionadas con temas militares.pares.mcu.es+12pares.mcu.es+12pares.mcu.es+12

    2. Cédulas reales sobre desembarcos de mercancías (1644): Felipe IV envió cédulas al IV duque de Arcos, en su calidad de Capitán General del Reino de Valencia, abordando cuestiones referentes al desembarco de mercancías en los puertos.pares.mcu.es+11pares.mcu.es+11pares.mcu.es+11

    3. Nombramiento como Virrey de Nápoles (1645): Felipe IV nombró a Rodrigo Ponce de León, IV duque de Arcos, como Virrey de Nápoles y Capitán General de Sicilia.pares.mcu.es+4pares.mcu.es+4pares.mcu.es+4

    4. Poder para pacificar Nápoles (1647): Felipe IV otorgó a Rodrigo Ponce de León poderes especiales para sofocar la sublevación en Nápoles.pares.mcu.es

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Dulce Nombre

En 1492 San Sebastián era una pequeña ermita fuera de los muros de Marchena rodeada de huertas

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En 1492 San Sebastián era una pequeña ermita fuera de los muros de Marchena rodeada de huertas, pero ese año Rodrigo Ponce de León deja en su testamento 50 maravedíes a las ermitas de San Sebastián cerca de la Puerta de Morón y Santa Justa, en la puerta de Ecija, en los alrededores de la actual finca El Parque. Marchena estaba creciendo entonces fuera de sus murallas, en torno a ermitas y conventos y de esta forma nace el barrio de San Sebastián en torno a su ermita. 

En un lugar céntrico, la ermita de San Sebastián fue poco a poco ampliada gracias a donaciones y en 1508 y desde entonces se convierte en una parroquia filial de San Juan Bautista, mientras que la ermita de Santa Justa y el barrio de la Puerta de Ecija desaparecen por orden del Duque en torno a 1650. 

Gaspar del Aguila trabajó en el antiguo coro de San Juan con su sillería y reja de madera realizado entre 1586 y 1591, junto con Jerónimo Hernández y Juan de Oviedo el Viejo. Restos de ese coro fueron empleados en la construcción de bancos para la iglesia, de los cuales todavía se conserva alguno en el museo.

450 AÑOS DEL CONTRATO DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD

El 2 de Enero de 2020 se cumplieron 450 años de la hechura de la imagen de la Virgen de la Soledad de Marchena, la imagen de vestir más antigua que procesiona en la Semana Santa de Andalucía tal y como recoge el contrato que conserva la hermandad.

El contrato para la ejecución de la imagen de la Virgen de la Soledad fue firmado el 2 de enero de 1570 y en resumen dice así «Yo Gaspar del Aguila vecino de la ciudad de Sevilla en la collación de San Marcos… otorgo que soy convenido y concertado con voz Gil Muñoz vecino de la villa de Marchena, en tal manera que yo sea obligado de vos hacer una imagen de Nuestra Señora de la Soledad para vestirla, de talla de pintura que ha de ser rostro y manos labrado de bultos y encarnado en toda perfección y de la cintura abajo ha de llevar su armadura de listones de Borne y sus brazos de lienzo y estopa y de la dar a fecha acabada de hoy día hasta 15 días del mes de febrero que viene».

1575: FIRMA DEL CONTRATO DEL ANTIGUO ALTAR MAYOR DE SAN SEBASTIAN

En noviembre de 1575 Juan de Oviedo el viejo y sus fiadores fiadores Gaspar del Aguila y el pintor Juan de Zamora firman el contrato para hacer un retablo con un tabernáculo en el centro con la imagen de San Sebastián, por un plazo de un año.

El retablo como el resto de la iglesia se decidió destruir tras los importantes daños que tuvo 
por el terremoto de Lisboa. Del edificio solo se conservó la torre. El templo fue reconstruido siguiendo las trazas del arquitecto del Arzobispado Pedro De Silva.

La nueva parroquia se bendijo el 29 de mayo de 1768 tras una procesión en la que se llevaron las imágenes desde el vecino hospital de la Caridad, donde estuvieron mientras duraron las obras. El actual altar mayor de San Sebastián es de Juan Guerra Luna vecino de Osuna instalado en Marchena para realizar el retablo mayor de la Colegiata en 1770. 

Gaspar del Aguila, nació en Avila y en Sevilla alcanzó el cargo de veedor del gremio de escultores y entalladores desde 1573. Al igual que Juan de Oviedo fue alumno de Juan Bautista Vázquez el viejo y trabajó haciendo altares en Santa María de Carmona o en el desaparecido retablo de Nuestra Señora de los Ángeles del convento de San Francisco de Marchena del que se conservan dos relieve en un altar lateral. La imagen del Cristo de la Sangre de 1567, está inspirado en el de San Agustín de Sevilla.

Es autor también del Cristo de la Sangre, obra de 1567, que se encuentra en la iglesia de Santa Cruz de Écija, San Blas para la cofradía del mismo nombre de Carmona, San Sebastián para la parroquia de San Pedro de Carmona, Nuestra Señora y Madre de la Soledad de Marchena. San Felipe para la cofradía del Señor San Felipe de Carmona y Virgen del Rosario de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Trebujena (1579). También intervino parcialmente en el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Arcos de la Frontera.

La escultura de San Sebastián es lo único que queda del antiguo retablo contratado de 1575 a Juan de Oviedo que ejecuta Gaspar del Aguila. En 1859 el alcalde Juan Diez de la Cortina propuso restaurar la imagen del patrón y añadirle unos ojos de cristal que finalmente se contrata a Gabriel de Astorga en 1865 quien le añade dos ángeles en el tronco del árbol. 

El Martirio de San Sebastián es una obra de El Greco que se conserva en el Museo catedralicio de Palencia. Existe una copia en la Sala de Juntas del Ayuntamiento de Marchena procedente del edificio del Antiguo Ayuntamiento de la Plaza Ducal, que lleva una leyenda del patronazgo del santo en Marchena. El Ayuntamiento de Marchena pagaba tradicionalmente los gastos de la festividad del patrón. 

GASPAR DEL AGUILA TALLO LA IMAGEN DE SAN ROQUE EN SEVILLA

Gaspar del Águila (c. 1538-c. 1602), el pintor Vasco Pereira, autor de La Anunciación de la Parroquia de San Juan de Marchena (c. 1536-1609) y el dorador Andrés Morín realizaron un retablo e imagen de San Roque en el templo de San Sebastián de Sevilla, que fue la ermita del cementerio de clérigos del cabildo catedral luego convertido en cementerio municipal del Prado de San Sebastián clausurado en 1852. 

La imagen de San Roque del cementerio de Marchena se está restaurando actualmente en el IAPH y se desconoce su autor. 

En las cuentas que, el 12 de febrero de 1579, de Luis Ponce, canónigo de la catedral, visitador del templo de San Sebastián de Sevilla se constata que la imagen de San Roque fue tallada por Gaspar del Águila, que cobró por ella 30 ducados.

La talla de San Roque y dos documentos históricos del patrimonio de Marchena serán estudiados en el IAPH

La autoría del retablo no se cita, sólo se indica que se pagaron “al entallador” 280 reales “por toda la talla del retablo que lo mandaron los terceros”. Por su parte, Vasco Pereira realizó “todo lo que está en el retablo de pinzel”, recibiendo por ello 440 reales. La actuación del pintor entendemos que se limitó a la policromía y estofado de los elementos arquitectónicos. 

Imagen

La Anunciación de Vasco Pereira en la Iglesia de San Juan de Marchena.

El cementerio nació en el S. XVIII alrededor de la ermita de San Roque

San Roque se había convertido desde el siglo XV en un santo muy popular como abogado contra las
epidemias. Esta facultad protectora situó la devoción de San Roque casi en paralelo a la de San Sebastián, e hizo que en muchos lugares se les rindiera culto conjunto.

Fiestas de San Sebastián en Extremadura

FUENTES:

La Parroquia de San Sebastian de Marchena. Manuel Antonio Ramos. 

Trabajos inéditos de Gaspar del Aguila y Vasco Pereira. El retablo de San Roque de la Iglesia de San Sebastian de Sevilla. 

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Actualidad

Así es la ruta de Fray Luis de Bolaños entre Argentina y Paraguay

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Cada 16 de julio los argentinos y paraguayos realizan procesiones náuticas sobre el río Paraná con dos imágenes de la Madre de Dios: la Virgen de Itatí (Argentina) y la Virgen de Caacupé (Paraguay). Dos países, Argentina y Paraguay unidos por el marchenero Fray Luis de Bolaños.

El 16 de julio de 2016 se congregaron en el santuario de Itatí, 300.000 personas por el 116º aniversario de la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora de Itatí, en su encuentro con la Virgen de Caacupé.

El propio sepulcro de Fray Luis de Bolaños fue sacado en procesión en 2007 por la ciudad de Caazapá conmemorando los cuatrocientos años de su fundación. De 1629, sus restos permanecieron en Buenos Aires pero en 1979, se trasladaron al templo de San Francisco de Asunción.

Durante todo el año, ambas imágenes reciben por separado multitud de romerías y peregrinaciones similares a las romerías de Andalucía con carretas y con folclore popular.  La devoción a la Virgen Azul de Caacupé ya se ha establecido en Málaga traída por emigrantes Paraguayos. En Marzo de 2010 el embajador de Paraguay vistó Marchena entrevistándose con su alcalde para estrechar lazos.

En el 2015 la festividad también coincidió con los 400 años de fundación de esta localidad argentina, denominada “Itatí, tierra de María”. Ambos países y ambas vírgenes tienen en común su origen; el franciscano marchenero Fray Luis de Bolaños.

La ruta de Fray Luis de Bolaños por Argentina y Paraguay

Santuario de Caacupé.  Patrona de Paraguay y los guaraníes, su templo fue declarado basílica menor por el Papa Francisco en 2015.  La Virgen es obra de un indio converso y apareció flotando tras la inundación del lago Ypacaraý (agua bendita) que amenazaba las aldeas cercanas hasta que Luis de Bolaños las bendijo y las aguas retrocedieron, según la leyenda. Desde entonces se llama la Virgen de los Milagros.

La Asociación de Paraguayos de Málaga donó en 2016 a la iglesia de San Juan Bautista una réplica de la Virgen de los Milagros de Caacupé, o Virgen Azul y en 2012 a Vélez Málaga.

Convento franciscano de Asunción Paraguay.

Asunción (Paraguay).  Luis de Bolaños y Alonso de Buenaventura se establecen en Asunción y comienzan su trabajo con los guaraníes. Juan Romero, primer superior jesuita de Asunción que se hizo cargo de las misiones franciscanas dice que «aquí nos enseñaba el padre fray Alonso de Buenventura, aquí sobre esta peña se ponía a orar; porque tenían y tienen tanta estima de su santidad los indios que notaban todo cuanto hacía como acciones de santo».

En 1585 Bolaños fue ordenado sacerdote por Alonso Guerra, obispo de Asunción y nombrado prior del franciscano de Asunción, que abandonó para seguir fundando reducciones.

San Lorenzo de los Altos. (Paraguay).  Bolaños  y Alonso de San Buenaventura fundan San Lorenzo de los Altos a 40 km. de Asunción en 1580. Fundan una reducción  iniciando la enseñanza de la doctrina cristiana en forma estable.

San Salvador de Jujuy. (Argentina) Fundan reducciones para asentar a las tribus nómades en poblaciones fijas y estables, donde se les enseñaba junto a la doctrina cristiana a leer y escribir, cultivar la tierra, domesticar animales y fabricar artesanías.

San José de Caazapá. Paraguay. Fundada en 1607 por Luis de Bolaños, se convirtió en la principal misión de la región y luego en un pueblo. La leyenda dice que los nativos rebeldes piden al franciscano, agua en prueba de la existencia de Dios. El fraile tocó una piedra con su bastón, bajo ella el agua comenzó a manar y desde ese momento no ha dejado de hacerlo en una fuente conocida como Ykua Bolaños. Conserva un museo franciscano.

Tobatí. (Paraguay).  A 63 kilometros de Asunción, tiene un afamado santuario a la Inmaculada. Fundada en 1539 por  Domingo Martínez de Irala, gobernador, fue entregada a Fray Luis de Bolaños en 1583. En esa época y fruto de la mexcla cultural nace el estilo guaraní-franciscano, una rama artesana del barroco hispanoamericano que se transmite hasta nuestros días de padre a hijo en varias familias de artesanos, en especial los Páez y Esquivel. En Tobatí los guaraníes aún trabajan la madera y el barro desde los tiempos de los franciscanos.

Atyrá  (Paraguay). Fundada por el gobernador Domingo Martínez de Irala  en 1539 y en 1580, llegan los misioneros franciscanos Alonso de San Buenaventura y Fray Luis de Bolaños El Cuero, se trabaja de modo artesanal desde la época de las misiones.

Yaguarón (Paraguay): En 1600, los franciscanos encabezados por Fray Alonso de Buenaventura y Fray Luis de Bolaños construyen la iglesia que aún se conserva y es una de las más hermosas muestras de las construcciones franciscanas en el Paraguay. En el altar de la iglesia puede apreciarse el estilo franciscano-guaraní de las tallas realizadas a mano por los indios. Su fiesta patronal es la de San Buenaventura.

Itaí (Argentina). La Virgen de Itatí es la devoción más importante de Argentina y patrona de la provincia de Corrientes. La tradición dice que el rezo del Rosario salvó a Luis de Bolaños y los aborígenes que este había convertido al catolicismo de un ataque de nativos rebeldes. La tradición dice que el arroyo Yaguarí se abrió gracias la Virgen.

Baradero (Argentina). Santiago del Varadero fue creada en el año de 1615, como una misión franciscana por Fray Luis de Bolaños por orden de Hernandarias, Fernando Arias de Saavedra, hijo del explorador sevillano Martín Suárez de Toledo y Saavedra.  gobernador de Asunción Río de la Plata y del Paraguay, entre 1572 y 1574.

Fray Luis de Bolaños con 72 años, comenzó a darle forma al pueblo; si bien Bolaños, por sus obligaciones misionales no pudo permanecer en forma absoluta en el lugar, dejó su espíritu organizador. Cuando llega el obispo de Buenos Aires se admira de su organización.

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Actualidad

Hijos y espadas: lo que el clero sevillano del siglo XVI obligó a prohibir

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Cuando el arzobispo fray Diego de Deza convocó el Concilio Provincial del Arzobispado de Sevilla en enero de 1512, no lo hizo para teorizar sobre virtudes abstractas. Lo hizo para corregir conductas reales, visibles y persistentes dentro del clero sevillano. Las constituciones que emanan de aquel concilio —y de otros sínodos diocesanos inmediatamente posteriores— revelan con crudeza dos problemas centrales: la existencia de hijos de clérigos y la presencia de clérigos armados en la vida pública.

No se trataba de sospechas aisladas. Eran prácticas suficientemente extendidas como para que la autoridad eclesiástica sintiera la necesidad de nombrarlas, describirlas y prohibirlas con precisión.

La Legislación de Deza: El Sínodo de Sevilla de 1512

Para abordar la relajación moral del clero, Diego de Deza convocó un concilio provincial en Sevilla en 1512. Este sínodo se enmarca en el movimiento de la reforma isabelina, que buscaba disciplinar al estamento eclesiástico y fortalecer su autoridad moral frente a la sociedad laica. Las constituciones sinodales de 1512 son una fuente rica en matices sobre la regulación de las costumbres clericales, estableciendo un marco jurídico para la persecución del concubinato.

Por eso se prohíbe expresamente que los clérigos estén presentes en bautismos, matrimonios o funerales de sus hijos, y que los lleven consigo o los exhiban en contextos litúrgicos. El problema no es solo moral; es público. El texto insiste una y otra vez en el concepto de escándalo, entendido no como rumor malicioso, sino como quiebra visible de la autoridad clerical ante la comunidad.

El lenguaje es significativo. No se habla de castigar al hijo, ni siquiera de investigar su existencia, sino de evitar la escena social en la que la paternidad clerical se hace evidente. El sistema no ignora el hecho: lo oculta, lo desplaza y lo silencia.

Este mecanismo —tolerancia práctica que exige discreción absoluta— es el que explica por qué tantas trayectorias vitales solo afloran cuando chocan con un expediente, una herencia o una promoción eclesiástica.

El Sistema de Penas en las Constituciones de 1512

Primera Amonestación: Si tras dos meses de haber sido requerido nominalmente, el clérigo continuaba con su manceba, se le privaba de la tercera parte de los frutos de todos sus beneficios.   

Segunda Amonestación: Si transcurrían otros dos meses sin enmienda, la sanción económica persistía y se añadía la posibilidad de ser encarcelado en la prisión episcopal.    Privación Definitiva: La persistencia en la relación después de un periodo prolongado (generalmente diez meses de amonestaciones acumuladas) conllevaba la privación total del beneficio eclesiástico y la inhabilitación para recibir nuevas órdenes o cargos por un tiempo determinado. 

Un aspecto curioso de esta legislación es que, en el mismo sínodo donde se condenaba el amancebamiento, también se procedía a defender a las mancebas de los clérigos frente a los posibles excesos de las autoridades civiles. Se establecía que estas mujeres no podían ser presas ni juzgadas por la justicia seglar sin que antes fueran sentenciadas como «públicas mancebas» por la autoridad eclesiástica. Este mecanismo no solo protegía la inmunidad eclesiástica, sino que indirectamente garantizaba que las familias de los clérigos tuvieran un proceso judicial más laxo que si fueran juzgadas por los tribunales reales.

. Los cánones prohibían que los clérigos dejaran sus bienes eclesiásticos a sus hijos, debiendo destinarlos a obras de caridad o a la fábrica de la iglesia. Sin embargo, los hijos de clérigos en Sevilla a menudo reclamaban con «sobervia» las posesiones de sus padres, argumentando que estos bienes procedían del patrimonio privado del eclesiástico o que habían sido adquiridos de forma legítima fuera del beneficio.

El Portal de Archivos Españoles (PARES) y otros fondos documentales locales recogen casos significativos de este periodo:

Hernando de Castro (1516): Se documenta la legitimación de varios juros impuestos sobre el almojarifazgo mayor de Sevilla a favor de Hernando de Castro, identificado como hijo de una figura eclesiástica local. Este proceso era esencial para asegurar que las rentas familiares no se perdieran a la muerte del progenitor.   

La Familia Ribera-Enríquez: Aunque se trata de alta nobleza, el caso de la legitimación del matrimonio entre Catalina de Ribera y Pedro Enríquez, que requirió bulas papales y la intervención del arzobispado, muestra cómo los procesos de limpieza de linaje y validación de descendencia eran una preocupación constante en la élite sevillana.   

Hijos de Caballeros y Clérigos: Era común que los genealogistas resaltaran que los hijos habían nacido antes de que el padre tomara las órdenes, como una forma de mitigar el estigma. Ejemplos como los hijos de don Gonzalo de Zúñiga, obispo de Jaén, ilustran esta tendencia a blanquear la biografía familiar.   

El Fenómeno del Amancebamiento Clerical en la Sevilla del Siglo XVI

La realidad del clero sevillano en tiempos de Deza distaba considerablemente del ideal de celibato promovido por la teología oficial. El «amancebamiento clerical» era una práctica extendida y, en muchos casos, socialmente tolerada, que consistía en relaciones de convivencia estables y duraderas entre clérigos y mujeres, de las cuales nacían hijos que formaban parte del tejido social de la ciudad y la provincia.   

Estas relaciones no eran meros episodios de debilidad moral, sino que a menudo constituían «verdaderas familias funcionales». Los clérigos amancebados buscaban en estas uniones una solución a la soledad y a las necesidades cotidianas, mientras que las mujeres, a menudo denominadas «mancebas», encontraban en el clérigo un protector económico y social. En Sevilla, se tiene constancia de que las autoridades eclesiásticas a menudo amonestaban a los clérigos, pero estos optaban por continuar públicamente con sus relaciones debido a la laxitud en la ejecución de las penas y a la protección que el propio estamento clerical brindaba a sus miembros.   

La descendencia de los clérigos sevillanos presentaba diversas realidades legales y sociales, dependiendo del estatus del padre y del reconocimiento de la madre. La documentación de la época distingue entre varios casos, reflejando la complejidad de las relaciones familiares en el entorno del altar.

Es relevante observar que la descendencia no se limitaba al clero secular. En las órdenes regulares, a pesar del rigor de la clausura, también se daban casos de relaciones que generaban descendencia, aunque con una mayor carga de ocultamiento y estigma social. En el caso de Deza, su círculo más cercano en Sevilla, compuesto por hombres como el canónigo Diego Vázquez Alderete y su provisor Diego de Flores, formaba parte de un entramado donde los vínculos de parentesco y la protección de hijos naturales eran elementos comunes de la estructura de poder.   

Las espadas: separar al clérigo del hombre armado

El segundo eje es igual de elocuente. Las constituciones insisten en que los clérigos no porten armas, ni ofensivas ni defensivas. La reiteración de esta norma en distintos textos diocesanos demuestra que no se trataba de una excepción extravagante, sino de una conducta real.

La Sevilla del XVI era una ciudad de conflictos, de linajes, de pleitos, de caminos inseguros y de una fuerte cultura del honor. En ese contexto, algunos clérigos vivían —o querían vivir— como hombres del común: armados, capaces de defenderse, de imponer respeto o de participar en disputas.

La Iglesia reacciona trazando una línea simbólica muy clara: las armas del clérigo no son de hierro, sino espirituales. No es solo una cuestión de seguridad; es una cuestión de identidad. Un sacerdote con espada se parece demasiado al seglar, y esa confusión erosiona la jerarquía social y religiosa sobre la que se sostiene el orden urbano.

Todo este entramado normativo cobra sentido pleno cuando se baja al terreno de los nombres propios. Y aquí aparece el canónigo de la Catedral de Sevilla Jerónimo de Peraza, cuya historia documentada encaja como un guante en aquello que los concilios querían evitar.

Peraza, músico y canónigo, mantuvo una relación con una mujer de la que nació un hijo. Ese hijo no fue reconocido públicamente como tal, pero tampoco fue abandonado. Se le protegió, se le educó y se le encauzó profesionalmente. El problema no fue su existencia, sino su visibilidad.

Cuando años después el hijo aspira a progresar en el ámbito eclesiástico y musical, la maquinaria institucional se pone en marcha. En el expediente de limpieza, el pasado aflora con cautela extrema. Los testimonios hablan de secreto, de recato, de evitar “que se entendiese cosa alguna que tocase a la honra”.

Y es aquí donde entra Marchena. La madre fue trasladada al convento de Santa Clara de Marchena, lejos del foco sevillano, en un espacio religioso femenino donde el silencio era norma y la reputación podía recomponerse. No es un detalle secundario: es una solución social perfectamente alineada con la lógica conciliar.

El concilio prohíbe al clérigo acudir al bautismo de su hijo. El sistema, en la práctica, envía al hijo y a la madre a otro lugar, donde nadie pregunte.

El caso Peraza no es una anomalía moral. Es un ejemplo funcional de cómo operaba la Iglesia sevillana del siglo XVI frente a una contradicción estructural: un ideal de celibato estricto en una sociedad donde muchos clérigos vivían insertos en redes familiares, afectivas y de honor.

Las constituciones no buscan tanto erradicar de raíz estas realidades —algo prácticamente imposible— como controlar su impacto público. Que no se vean. Que no se nombren. Que no escandalicen.

Lo mismo ocurre con las armas. El problema no es solo que un clérigo empuñe una espada, sino que se confunda su figura con la del hombre violento, del hombre de facción, del hombre de linaje. La Iglesia necesita distinguir, separar, marcar distancia.

Por eso hijos y espadas aparecen una y otra vez en la legislación eclesiástica sevillana. Porque ambos elementos tocan el mismo nervio: la credibilidad del clero ante la comunidad.

Cinco siglos después, cuando leemos esos textos, no estamos ante hipocresías abstractas, sino ante radiografías sociales. Y cuando miramos a Santa Clara de Marchena y al expediente de Peraza, entendemos que aquellas prohibiciones no eran retórica: eran la respuesta escrita a vidas concretas que se salían del molde, pero que el sistema aprendió a administrar sin romperse.

Si quieres, en el siguiente paso puedo convertir esto en un reportaje publicable para tu revista, con entradilla periodística, estructura clásica y cierre marchenero, o pulirlo aún más hacia un tono de crónica histórica, según lo necesites.

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Historia

Cuando los tercios de Marchena y Osuna fueron a luchar a Nápoles, Flandes y Cataluña

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En la España del siglo XVII, los pueblos bajo jurisdicción señorial, como Marchena y Osuna, se convirtieron en puntos estratégicos para el reclutamiento de tropas que nutrían los ejércitos de la monarquía. Los tercios formados en estos territorios, gestionados por nobles como los Duques de Arcos y Osuna, partían desde estas localidades andaluzas hacia los principales escenarios de conflicto del Imperio Español, como Nápoles, Flandes y Cataluña.

La organización de compañías o tercios liderados por nobles como los Duques de Osuna, Marchena y Arcos. En 1657, se formó un tercio con tropas reclutadas en los dominios del Duque de Osuna. Este tercio constaba de 8 compañías, con 508 soldados y 52 oficiales, liderado por Don Rodrigo Girón, tío del duque. En 1652, el Duque de Arcos organizó el reclutamiento de 300 hombres en sus territorios, incluyendo Marchena. Finalmente, se lograron alistar 200 soldados que fueron enviados a Málaga.

En la segunda mitad del siglo XVII, la nobleza jugó un papel fundamental en el reclutamiento de tropas para la monarquía. En el caso de Marchena, el linaje de los Ponce de León, desempeñó un papel destacado al actuar como intermediarios entre la Corona y el pueblo, en un momento en el que el poder señorial todavía marcaba el ritmo de la vida local.

En el siglo XVII, los señores nobles desempeñaban un papel clave en el reclutamiento de tropas para la monarquía española, actuando como intermediarios entre la Corona y las comunidades locales. En sus dominios, organizaban levas de soldados, recaudaban impuestos para financiar las campañas militares y, en algunos casos, lideraban personalmente las tropas reclutadas. También utilizaban su influencia social para fomentar el alistamiento, aunque a menudo enfrentaban resistencia de una población empobrecida y reacia a abandonar sus hogares.

Este sistema enfrentó dificultades debido a la crisis económica que llevó a la resistencia de la población, las tensiones sociales y la falta de recursos lo que complicaban el cumplimiento de sus responsabilidades. A medida que la monarquía buscaba centralizar el poder y profesionalizar sus ejércitos, el protagonismo de los nobles en el reclutamiento comenzó a disminuir, siendo reemplazados por administradores reales y unidades militares permanentes.

El papel de los Ponce de León en el reclutamiento militar

 En el contexto de las guerras contra Portugal y Francia, la Corona recurría a los nobles para organizar el reclutamiento militar, y los Ponce de León, con su capacidad para movilizar recursos y mano de obra, se convirtieron en aliados estratégicos de la monarquía.

En varias ocasiones, la Corona solicitó al Duque que aportara hombres para campañas militares como la defensa de la frontera con Portugal y el envío de tropas a Italia

En agosto de 1652, el Consejo de Guerra solicitó al Duque de Arcos, que organizara el reclutamiento de tropas para la campaña en Extremadura, con el objetivo de defender la plaza de Badajoz ante el avance portugués. Se le encomendó la formación de un tercio compuesto por 200 hombres, quienes serían movilizados en las tierras bajo su jurisdicción, incluyendo Marchena​.

En 1667 durante la invasión francesa de los Países Bajos, la Corona pidió a varios nobles andaluces, incluido el Duque de Arcos, que reclutaran contingentes para reforzar el ejército en Flandes. Al Duque se le solicitó el alistamiento de 100 hombres en sus dominios, aunque su participación fue limitada debido a la resistencia de sus vasallos y a las dificultades económicas​.

En 1676 se cursaron distintas órdenes para reunir hombres para el ejército de Cataluña e Italia, ante la sublevación de la ciudad de Mesina. A la nobleza andaluza se pedía el reclutamiento de 1.000 hombres. Al Marqués de Priego se le encomendó la recluta de 200 hombres, 100 se reclutarían en sus estados de Andalucía. 

Luego se informó de una reorganización del reclutamiento, pidiendo 1.000 hombres para Italia al Asistente de la ciudad de Sevilla que saldrían de Écija y Carmona, y los estados nobles de Arcos, Osuna, Villamanrique, la Algaba y Estepa. Para costear la recluta se estipuló la entrega de 4.000 escudos por cada compañía,
además de la paga de dos meses de salario de los capitanes y oficiales elegidos para realizar el reclutamiento.

La resistencia local y los desafíos del reclutamiento

A pesar de su influencia, los Ponce de León enfrentaban obstáculos en la implementación de las levas. Los habitantes de Marchena, afectados por la crisis económica que azotaba al país, mostraban reticencias al reclutamiento obligatorio y los impuestos militares. Estas dificultades reflejan el declive del sistema señorial en favor de un Estado cada vez más centralizado, que comenzaba a asumir el control directo del reclutamiento en detrimento de los nobles.

La decadencia del poder señorial y su impacto en Marchena

A medida que avanzaba el siglo XVII, el poder de los Ponce de León como reclutadores militares fue disminuyendo. Aunque continuaron siendo figuras importantes en la vida social y política de Marchena, su influencia directa en el ámbito militar se redujo. La administración real comenzó a tomar el control del reclutamiento, utilizando oficiales reales y autoridades locales en lugar de depender exclusivamente de los señores feudales.

Para Marchena, este cambio significó una transformación en la relación entre sus habitantes y los duques de Arcos. Aunque la familia Ponce de León siguió siendo símbolo de poder y prestigio, su papel como mediadores en el ámbito militar quedó relegado, reflejando el paso hacia un modelo estatal más centralizado.

Los datos presentados en este artículo han sido extraídos del estudio «Los servicios de la nobleza y el reclutamiento señorial en Andalucía durante la segunda mitad del siglo XVII», escrito por Antonio José Rodríguez Hernández.

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Actualidad

Santa Clara de Marchena: cinco siglos de poder femenino, economía y espiritualidad

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Durante el reinado de los Reyes Católicos y en plena expansión religiosa reformista, muchas mujeres viudas o nobles financiaban la fundación de conventos como forma de devoción, patronazgo y salvación espiritual.

 El Convento de Santa Clara emerge como una de las instituciones más significativas y, paradójicamente, una de las más trágicamente desaparecidas del patrimonio de Marchena. Fundado en los albores del siglo XVI, este recinto no solo sirvió como espacio de clausura para la orden de las clarisas durante cuatrocientos setenta y dos años, sino que funcionó como un depósito de arte excepcional y un símbolo del poderío de los Duques de Arcos. Su demolición en 1975 representa un hito de pérdida irreparable, dejando tras de sí apenas una capilla que hoy custodia la memoria de un complejo que una vez definió el perfil urbano de la localidad.

La implantación de la Orden de Santa Clara en la actual provincia de Sevilla se remonta al siglo XIII, con la fundación del monasterio de Santa Clara de Sevilla en 1289, tras la conquista cristiana de la ciudad. Durante el siglo XV y los primeros años del XVI, el fenómeno fundacional se intensifica con la creación de nuevos conventos vinculados al patrocinio nobiliario y a la espiritualidad femenina. Destacan en este período el Convento de Santa Clara de Carmona (ca. 1460), el Real Monasterio de Santa Inés del Valle de Écija (1487), el Convento de Santa Clara de Marchena, fundado por las hermanas Juana y Elvira González de Lucencilla tras la bula de Alejandro VI (1499), y el Convento de Santa María de Jesús de Sevilla (1502).

El documento de fundación de Santa Clara de Marchena es una bula del Papa Alejandro VI. En ella, el pontífice, a través de dos comisarios apostólicos (el doctor Bernardo de Carvajal, deán de Coria, y el doctor Bernardo de Sandoval, canónigo de Sevilla), responde favorablemente a la solicitud de dos mujeres viudas de Marchena, quienes desean fundar un monasterio de monjas de la orden de Santa Clara (clarisas). Las fundadoras fueron las hermanas Juana y Elvira González de Lucencilla, pertenecientes a una familia noble de Marchena.

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Tras la aprobación papal solicitada por Juana y Elvira González de Lucencilla, el Convento de Santa Clara de Marchena fue durante casi cinco siglos un eje espiritual, económico y social en la villa. Más allá de su función religiosa, los documentos conservados en el Archivo Histórico de la Nobleza revelan cómo las monjas clarisas ejercieron un papel activo en la gestión de rentas, propiedades y censos, como acreedoras e incluso como litigantes en juicios por impagos.

La fundación del Convento de Santa Clara de Marchena se situa cronológicamente en un momento de efervescencia religiosa tras la toma de Granada y el inicio de la consolidación de las grandes casas nobiliarias en sus señoríos. La orden de las Clarisas, o Hermanas Pobres de Santa Clara, representaba el ideal de la vida contemplativa femenina, lo que atrajo el interés de los Ponce de León para dotar a su villa principal de un centro de espiritualidad de primer orden.

El establecimiento se localizó en la zona extramuros de la villa que conectaba el centro administrativo de la villa con sus arrabales. La elección de este emplazamiento permitía a la comunidad de religiosas mantenerse en contacto con el tejido social de Marchena sin renunciar a la estricta clausura que exigía la regla de San Damián

El proceso de fundación de un convento de estas características en el siglo XVI era complejo y requería no solo de la voluntad del fundador, sino de licencias eclesiásticas y reales, así como de una dotación económica suficiente para garantizar la subsistencia de las monjas. En Marchena, la interrelación entre la aristocracia y la Iglesia facilitó que este proceso se agilizara, convirtiendo al convento en un destino predilecto para las hijas de la nobleza local y de los servidores de la casa ducal, quienes ingresaban aportando dotes que enriquecían el patrimonio de la institución.

La relación entre los Ponce de León y el Convento de Santa Clara trasciende la mera financiación inicial. Los Duques de Arcos asumieron el papel de patronos, lo que les otorgaba derechos honoríficos y de enterramiento, pero también los obligaba a velar por el mantenimiento arquitectónico y artístico del recinto. Rodrigo Ponce de León, I Duque de Arcos, fue el gran impulsor de la transformación de Marchena en una ciudad conventual, favoreciendo no solo a las clarisas, sino también a los dominicos y agustinos.

Cristo gótico que se ubicaba en el Arco Toral. 

El patronato de los Ponce de León se manifestaba en intervenciones directas sobre la fábrica del edificio y en la donación de obras de arte. Este vínculo era bidireccional: mientras el duque aseguraba su prestigio y la salvación de su alma mediante oraciones perpetuas.

A lo largo de los siglos XVI al XVIII, decenas de vecinos de Marchena —muchos de ellos clérigos, religiosas o descendientes de las propias fundadoras— firmaron contratos de censo con el convento. A cambio de dinero, hipotecaban casas, tierras o viñas, comprometiéndose a pagar al convento una renta anual. La documentación incluso recoge la intervención de la Casa de Arcos, poderosa familia nobiliaria que, al adquirir algunas de estas propiedades, pagó directamente al convento para cancelar esas deudas y liberar las tierras de cargas.

El complejo conventual de Santa Clara en Marchena experimentó diversas fases constructivas que reflejaban las modas estéticas de cada siglo. El núcleo original presentaba elementos de tradición mudéjar, comunes en las fundaciones bajomedievales de la provincia de Sevilla.

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Entre los nombres que aparecen destaca también el del apellido Lucencilla, confirmando que los descendientes o familiares de las fundadoras mantuvieron relaciones económicas con el convento, asegurando así una continuidad tanto espiritual como patrimonial. Igualmente, religiosos como el presbítero Gaspar de Aguilar o la monja Isabel de Pineda intervinieron activamente en gestiones financieras en nombre del convento, lo que demuestra la implicación directa de figuras eclesiásticas en la economía local.

Dibujo de Salvador Azpiazu. 3 de mayo de 1915.

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El convento permaneció activo desde 1502 hasta 1974, cuando se disolvió la comunidad religiosa. Al año siguiente, en 1975, el edificio conventual fue demolido, aunque se conservó la iglesia, que aún hoy forma parte del patrimonio monumental de Marchena y mantiene algunos usos devocionales vinculados a las cofradías.

El secreto mejor guardado del convento de Santa Clara: el falso sobrino del clérigo Peraza

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La hermana Clarisa, Sor Clara de la Eucaristía Olvera López, fue la última monja que quedaba viva del convento de Santa Clara de Marchena y murió en 2020 en el convento de Estepa, donde está enterrada.

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El documento autoriza la fundación religiosa, siempre que se cumplan ciertas condiciones (como asegurar rentas y ubicación apropiada). Se menciona que los canónigos actuaban como comisarios apostólicos, es decir, con poder delegado directamente desde Roma para ejecutar y supervisar el cumplimiento de la bula papal.

Pintura de Santa Clara procedente del convento homónimo. 

A mediados del siglo XVIII, el convento sufrió una transformación radical para adaptarse a las exigencias del barroco tardío. En 1751, bajo las trazas del arquitecto Nicolás Carretero, se levantó una nueva iglesia que respondía al esquema típico conventual: una sola nave con coro a los pies y acceso lateral desde el lado de la epístola.

Esta intervención dotó al templo de una bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, así como de una capilla mayor cubierta con una bóveda semiesférica sobre pechinas decorada con los escudos de armas de los Duques de Arcos. La fachada principal, fechada posteriormente en 1773, presenta una portada barroca con frontón partido y una hornacina que custodia la imagen de Santa Clara, rematada por una sencilla pero elegante espadaña de ladrillo.

Una de las joyas más importantes del convento es su retablo mayor, contratado en marzo de 1641 con el escultor y maestro ensamblador astigitano Juan Fernández de Lara. Esta obra es fundamental para la historia del arte sevillano, ya que marca la transición del clasicismo hacia las primeras formas del barroco.

La piqueta sobre el claustro mudéjar

En 1975, la piqueta destruyó casi la totalidad de la zona conventual. Desaparecieron el claustro de tradición mudéjar, las celdas, el refectorio y todas las dependencias que conformaban la vida diaria de las monjas. El claustro, que contaba con arcos escarzanos y pilares poligonales, solo puede ser evocado hoy a través de escasas fotografías y documentos gráficos que atestiguan la magnitud de lo perdido.   

La demolición de los coros

Especialmente dolorosa fue la demolición de los coros alto y bajo de la iglesia. El coro era el espacio donde la arquitectura y el arte mueble se fusionaban con mayor intensidad, albergando la sillería inspirada en Serlio y las ricas celosías de madera. Aunque se salvaron algunos elementos parciales, la ruptura de la unidad espacial de la iglesia con su coro supuso una mutilación estética y funcional definitiva para el templo.   

A pesar del desastre de 1975, la movilización de algunos ciudadanos y la función que desempeñaba la iglesia como sede de una cofradía histórica permitieron que la capilla permaneciera en pie. Hoy en día, la Capilla de Santa Clara es el único elemento conservado del antiguo conjunto conventual.

La iglesia actual, aunque incompleta, mantiene su nave única y el presbiterio con el arco gótico y el retablo de Juan Fernández de Lara. Este espacio sirve de sede a la Hermandad de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores, una de las corporaciones más queridas de la villa, lo que garantiza su mantenimiento y apertura al culto.

En la portada principal barroca se mantienen detalles de gran interés, como el corazón inflamado coronado de llamas, que simboliza el amor de Dios (introducido por la influencia jesuítica en el siglo XVIII), y las cinco llagas, que representan los estigmas de San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana. Asimismo, los escudos de los Duques de Arcos continúan presidiendo el interior, recordando el origen señorial del templo. 

Talla de Jesús Nazareno procedente del convento de Santa Clara. 

Las religiosas que se trasladaron a Estepa conservan parte del archivo y posiblemente algunas imágenes de pequeño formato y relicarios que formaban parte de su devoción diaria. Por otro lado, la Inmaculada Concepción de Santa Clara, una imagen de candelero del siglo XVII de gran calidad, permanece en Marchena y sigue saliendo en procesión durante la festividad del Corpus Christi, manteniendo vivo el vínculo espiritual con la comunidad desaparecida

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Actualidad

El belén napolitano de Capodimonte, un teatro del mundo en miniatura

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 El belén conservado en el Museo di Capodimonte es mucho más que una escena navideña. Se trata de una de las manifestaciones artísticas más complejas y singulares del Barroco europeo, fruto de una tradición que alcanza su máximo esplendor en el siglo XVIII y que convierte el Nacimiento en una auténtica crónica social del Reino de Nápoles.

Una tradición con raíces medievales y desarrollo ilustrado

El origen remoto del belén se sitúa en 1223, cuando Francisco de Asís escenificó el Nacimiento en Greccio. Sin embargo, la tradición napolitana introduce un giro decisivo a partir del siglo XVII y, sobre todo, en el XVIII, cuando el belén deja de ser una representación estrictamente devocional para convertirse en un relato contemporáneo, ambientado en la propia ciudad.

Este impulso coincide con el reinado de Carlos de Borbón, rey de Nápoles entre 1734 y 1759. Carlos y su corte fomentaron el belén como una expresión artística total, acorde con los ideales ilustrados de observación de la realidad, interés etnográfico y mecenazgo cultural. Estudios de Nicola Spinosa y Gennaro Borrelli señalan que el presepe se convirtió entonces en un símbolo de identidad napolitana y en un objeto de prestigio para la aristocracia.

Autoría colectiva y excelencia artesanal

A diferencia de otras tradiciones europeas, el belén napolitano no responde a un solo autor. Es una obra coral, resultado de la colaboración de múltiples oficios especializados. Las figuras, conocidas como pastori, presentan cabezas de terracota policromada, ojos de vidrio, extremidades articuladas y cuerpos de alambre y estopa, lo que permitía dotarlas de gestos y actitudes teatrales.

Entre los escultores documentados vinculados a esta tradición destacan Giuseppe Sanmartino, autor del célebre Cristo Velato, y Lorenzo Mosca, aunque muchas piezas conservadas en Capodimonte son anónimas, fruto de talleres activos en la ciudad durante décadas. La vestimenta se confeccionaba con telas reales —sedas, terciopelos y bordados— realizadas por sastres de corte, mientras que plateros y ebanistas aportaban miniaturas, muebles y objetos cotidianos.

Belén y sociedad: un retrato del Reino de Nápoles

Una de las claves del belén napolitano es su dimensión sociológica. Junto a la Sagrada Familia aparecen vendedores, músicos, nobles, mendigos, soldados, animales exóticos y escenas de taberna. Lejos de ser anecdóticos, estos personajes reflejan la estructura social del siglo XVIII y han sido estudiados como una fuente visual de primer orden para conocer la vida cotidiana napolitana, tal como recoge el historiador Franco Mancini en sus trabajos sobre cultura material.

La escenografía, dominada por ruinas clásicas, no es casual. Según Alessandra Mauro, estas arquitecturas simbolizan el fin del mundo antiguo y el nacimiento de una nueva era con la Encarnación. El Niño no nace en un espacio idealizado, sino entre los restos de imperios, en un mundo real y contradictorio.

El conjunto de Capodimonte

El belén del Museo de Capodimonte procede en gran parte de colecciones reales borbónicas y aristocráticas, reunidas y conservadas como patrimonio nacional. Su importancia ha sido reconocida por instituciones como el Ministero della Cultura italiano, que lo considera uno de los conjuntos más representativos del presepe settecentesco.

Las escenas conservadas destacan por la densidad narrativa, el dinamismo de las figuras y la convivencia de lo sagrado y lo profano. En muchos casos, la Adoración no ocupa el centro visual del conjunto: el protagonismo recae en la vida que rodea al misterio, una elección estética que subraya la idea de que la Encarnación acontece en medio del mundo.

Un legado vivo

Hoy, el belén napolitano sigue siendo objeto de investigación académica y divulgación museística. Publicaciones como Il Presepe Napoletano de Gennaro Borrelli o los catálogos científicos del propio Museo de Capodimonte han consolidado su estudio desde la historia del arte, la antropología y la teología visual.

Fuentes y bibliografía básica

  • Museo di Capodimonte, catálogos oficiales de la colección de presepi.

  • Spinosa, Nicola: Il Settecento a Napoli. Electa Napoli.

  • Borrelli, Gennaro: Il Presepe Napoletano. Grimaldi & C.

  • Mancini, Franco: estudios sobre cultura popular napolitana del siglo XVIII.

  • Ministero della Cultura (Italia), fichas patrimoniales sobre el presepe napoletano.

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