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“Ahora madre, entiendo tu manto”: María Hurtado conmueve a Marchena con un pregón tejido de fe, memoria y verdad

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Hay instantes en los que las palabras rompen en lágrimas, y otros en los que se hacen carne en los corazones de quienes las escuchan. Este domingo, en el templo abarrotado de San Juan, María Hurtado Bellido no ofreció solo un pregón. Abrió el pecho, remangó el alma y se colocó su túnica morada, no de tela, sino de verbo. Fue el atril su cruz, y la voz, la guía de una Marchena que ya huele a cera y azahar.

Desde la primera palabra hasta el último amén, María no dejó a nadie fuera. Habló a los cofrades y a los descreídos, a los que rezan cantando y a los que esperan en silencio. No lo hizo desde la superioridad, sino desde el suelo gastado de quien ha caminado todos los Viernes Santos. Su pregón fue, como dijo en sus propias palabras, “una levantá inmortal hacia ese balcón del cielo que brilla de manera perpetua en nuestros corazones”.

María habló con voz de nieta, de madre, de hermana y de Verónica. Recordó aquel año 2013 cuando cumplió su sueño de salir en la mañana del Viernes Santo y, justo ese día, su abuela Conchita partió al cielo. “Ese día no fue un día más en tu vida, María. Tu abuela también había cumplido un sueño”.

 Desde el primer instante, quiso comenzar donde todo empieza: en la Caridad.  “Herederos del buen Miguel Mañara”, recordó María, “con más de 375 años del aniversario de su fundación, han amparado al desamparado cada Domingo de Ramos, cuando el sol brilla sobre nuestros cuerpos”. Y evocó con una intensidad casi litúrgica el gesto solemne de esos hermanos de riguroso luto que, “caracterizados por un brazalete azul donde portan su escudo y una actitud seria propia de los más prudentes”, acompañan el féretro con una fidelidad inquebrantable. Para la pregonera, no se trata solo de una procesión: “Podemos escuchar uno de los sonidos más característicos del Domingo de Ramos: la esquila que acompaña el féretro que portan sus hermanos en el discurrir desde Milagrosa hacia San Sebastián”.

 “Hermano de la Santa Caridad, a medida que escuches más de cerca el sonido de esa campanita, más próximo estará el momento de que seas tú el siguiente en tocarla”, proclamó, con una ternura que solo la experiencia puede dar. 

“No hay banda, ni palio, ni palmas, ni claveles. Hay cera, hay cruz, hay compostura”, dijo, reivindicando lo esencial. Porque si en otras cofradías hay esplendor, en esta hay hondura. “La Santa Caridad no necesita pregón. Su ejemplo habla por ella”. Pero ella lo dio. Y lo dio bien. Con voz emocionada, recordó que “esta hermandad no solo desfila: acompaña, consuela, acoge, vela a los que parten y reza por los que quedan”. 

 Para María, la Caridad es más que una cofradía: es la raíz misma del Evangelio. “Hay hermandades que brillan con luz de cera, otras con luz de plata… pero la Santa Caridad brilla con la luz del servicio”. Por eso, su agradecimiento fue explícito, sin rodeos: “Gracias por cuidar a los que ya no están, a los que sufren, a los que nadie ve”.

Y cerró su evocación con la mirada puesta en lo eterno: “El Domingo de Ramos comienza con muerte, pero no con desesperanza. Ellos nos enseñan que todo final es también comienzo”. Por eso, “esta levantá va por todos los directores espirituales que nos acompañan durante todo el año a través de los cultos para alimentar nuestra fe”, y también por aquellos que, como los hermanos de la Caridad, “trabajan sin descanso para hacer visible lo invisible”.

Y así nos llevó a su infancia, cuando, con la impaciencia desbordada, pedía a su padre que la llevara a San Agustín. “Papá, venga, vamos ya para arriba que sale la Borriquita”, recordaba con una sonrisa casi infantil. Allí, entre la expectación del templo y el nervio en la garganta, aguardaba ese instante único en que se abren las puertas y comienza la vida pública del Señor. “Allí esperando al momento de mayor tensión, pues el miedo a esas edades no existe. Papá, que están de rodillas, que están desmontando el paso, que están bajando al Señor…”.

“Abrir el paso. Os traigo la salvación”, proclamó María, haciendo suyas las palabras de un Dios que se baja del cielo para jugar con sus hijos. “Es muy sencillo: escucharme y acompañarme. Acercaros a mí. Soy nuestro Padre Jesús de la Paz, montado en una borriquita, y vengo a salvar al pueblo de Marchena”.

El pregón se convirtió entonces en catequesis para los pequeños, en voz materna que susurra esperanza: “Niños y niñas de este pueblo, id a vuestras casas, corred la voz, que salgan todos a verme. Avisad a vuestras abuelas, que todos se vistan con sus mejores galas. A vuestros padres, decidles que os dejen estar por la calle junto a mí, que no pasa nada. Es el día de la Paz en Marchena”. Porque este día no es solo un comienzo litúrgico: es un renacer espiritual, un estallido de fe que convierte las calles en una nueva Jerusalén.

Con ternura dirigió esas palabras también a sus propios hijos: “Jesús y Jorge, hijos míos, ¿habéis escuchado el mensaje que el mismo Dios que ha bajado a la tierra ha dicho? Confiad, tened fe y amad desinteresadamente. Poneos en sus manos y agarrad fuerte esas ramitas de olivo que tienen la savia de la salvación. No las soltéis y no olvidéis llevarlas cada año después de misa a vuestras casas. Ponedle el lacito que más os guste, pero amarradla bien fuerte: tiene que durar todo un año”.

Desde ese instante del pregón, Marchena entera se vio montada en ese pollino, como si cada palmo de calle fuera una nueva bienvenida al Hijo de Dios. Y en la voz de María resonó el gozo de quien ha aprendido que la infancia no es una etapa, sino un don espiritual. Porque cada vez que sale la Borriquita, los que fuimos niños volvemos a serlo.

Y así, con la paz como estandarte, María nos recordó que la Semana Santa no empieza el Domingo de Ramos. Empieza mucho antes, en las miradas limpias de los niños, en los altares de cartón, en la rama de olivo que tiembla al viento… Y en el corazón que se prepara, año tras año, para volver a decir: “Papá, venga, que sale la Borriquita”.

Hay imágenes que no necesitan música para conmover, ni lágrimas para hablar. Basta con su andar sereno. Así es la Virgen de la Palma en la voz y en el corazón de María Hurtado, que la evocó en su pregón con la reverencia de quien ha sentido su consuelo tras la estrechez de la vida. “Madre de la Palma, eres madre de los que viven en acción de gracias. Llénanos este bonito día de algarabía”, dijo, iniciando con una súplica jubilosa lo que muy pronto se convirtió en letanía de devoción.

La estrechez del cancel de su iglesia fue imagen del alma que se prepara para acoger lo inmenso. “Tras la estrechez, aparece la calma. Palma, después de tu salida el pueblo impaciente te espera. El cancel está abierto. Comienza la Semana Grande y con ella uno de los mensajes: Dios aprieta, pero no ahoga”. Y en esa imagen de puertas que se abren está el símbolo del alma que se ensancha, del pueblo que espera, del milagro que comienza.

María supo captar ese contraste entre el rostro sereno y la hondura del mensaje. “¿Qué hay en tu mirada, Palma? ¿Dónde escondes tus lágrimas?”, se preguntaba, y cada palabra parecía buscar cobijo entre los entrevarales de ese palio que, año tras año, vuelve a tejer la esperanza con hilo de oro. “Los entrevarales son como los barrotes de las ventanas: están hechos para asomarnos a verte”, dijo, con una sencillez estremecedora.

Cuando el alma se arrodilla y el cuerpo detiene su prisa, es porque el Señor de la Humildad ha pasado.  María Hurtado, en su pregón de la Semana Santa de 2025, no solo recordó la escena; la vivió de nuevo con la emoción intacta y la convirtió en espejo de tantas vidas marcheneras. 

“Señor de la Humildad, una escuela de paciencia nos das”. Una lección aprendida en silencio, en los días lentos, en las noches largas, en los hospitales y en las salas de espera, donde “tus fieles desesperan sentado, como tú, en la piedra dura de la vida intentando comprender su rumbo”.

El Señor de la Humildad se convierte así en compañero de viaje, en intercesor del que no tiene fuerzas, en consuelo del que no entiende. “Junto a ti visitéis los hospitales, la residencia, las salas de espera…”. El lenguaje se volvió íntimo, casi confidencial. El tono del pregón descendió al susurro, al tú a tú de quien habla con su Dios en lo más profundo del alma.

Pero no se detuvo ahí. María hiló esta devoción con otra tradición muy marchenera: la saeta. “Una escuela de saetas, esa en la que se enseña a orar con una entonación que nunca falla, la que se canta desde el alma, la que está orada desde la autenticidad y con un pregón de un ángel desde ese balcón que sagrado parece estar afinado de año en año”. La saeta no es aquí un adorno musical, sino una plegaria que se eleva como incienso desde los balcones al cielo.

Hablar del Señor de la Humildad, es hablar de una enseñanza sin estridencias, de un ejemplo que no necesita alarde, de una presencia que sana sin tocar. “Regresa a tu templo con tu centuria detrás y no dejes nuestras vidas nunca en el azar. Pues hágase según tu voluntad”, concluyó María, dejando la oración como última palabra, como única respuesta posible ante el misterio de un Dios que se detiene para mirar al hombre desde su mismo nivel.

Hay una esquina de Marchena donde cada primavera se mece una novicia entre naranjos y flores. La Virgen de los Dolores no camina sola: la acompañan los suspiros de generaciones que han buscado en su rostro el consuelo a penas antiguas y recientes. María Hurtado lo expresó con palabras suaves y estremecidas, con la devoción de quien sabe que el dolor, cuando se ofrece, también puede ser redentor. “En el barrio de Santa Clara hay una Virgen con una mirada infinita y suplicante hacia el firmamento”, dijo. Y con esa frase abrió la puerta de un convento que es también refugio del alma.

Ella está “con un pañuelo colgando que casi te lo da si se lo pides”. Esa imagen sencilla –una mano tendida, un paño dispuesto a secar lágrimas ajenas– resume siglos de devoción popular. “Está esperándonos para consolar esas lágrimas que seguro que hoy no saben a sal, pues ya se ha encargado ella de quitarles ese mineral”.

El peso del pueblo está en ese pañuelo. “¿Cómo podemos pedirte tanto?”, se preguntó la pregonera, con una humildad desarmante. “¿Qué cansada tienes que acabar cada Miércoles Santo? ¿Cuánto pesa ese pañuelo sobre el que has absorbido todos los dolores de tu pueblo?”. Es la maternidad espiritual llevada al extremo: una madre que recoge, que escucha, que carga con lo que los demás no pueden.

En esa noche silenciosa de primavera, María reconoció que “madre dolorosa, es normal que mires al cielo en busca de tu consuelo”, pero le pidió algo más: “Baja tu mirada, que tus hijos queremos quitar la daga que atraviesa tu corazón, esa que profetizó el viejo Simeón”.

Hay nombres que se pronuncian con ternura. Nombres que no pesan, que no hieren, que no exigen. El de Jesús, cuando es niño, se dice con la suavidad con la que se acaricia un recuerdo, con la delicadeza con la que se habla de la infancia. Así lo proclamó María Hurtado en su pregón, elevando al Dulce Nombre de Jesús a la altura de un símbolo universal de consuelo y fortaleza: “Dulce Nombre de Jesús, siento la incongruencia de tu pronombre: ¿cómo puede ser dulce el que sabe, con tan pronta edad, lo que le espera?”.

Y sin embargo, lo es. Porque en ese rostro de niño con mirada sabia se concentra la ternura de Dios encarnado. “Tu nombre es dulce, y eso se refleja en la miel de tus labios”, dijo María, evocando la imagen de un Jesús que no teme, que se ofrece, que se entrega desde su inocencia.

Hablar del Dulce Nombre es hablar del primer asombro, del descubrimiento infantil de lo sagrado. “Aún recuerdo cómo te miraba de niña a niño”, confesó la pregonera. “Me fijaba en la pequeña crucecita de plata, la misma que después en madera yo portaría el Viernes Santo por las mismas calles que tú habías pisado”. Esa coincidencia entre la mirada del pasado y la vivencia del presente unió en una sola emoción a la niña que fue y a la mujer que ahora pregonaba.

María comprendió la paradoja de este Niño-Dios, que a pesar de su aparente fragilidad “tiene una mente de un diamante irrompible hacia el amor más puro y brillante que existe: el amor de Dios”. En esa contradicción entre niñez y divinidad, entre dulzura y sufrimiento, reside la grandeza de su imagen, y así lo expresó con una ternura que emocionó a todo el templo: “No llores, Dulce Nombre de Jesús, que todos los niños y niñas de tu pueblo te están mirando, te están ayudando”.

Y con un gesto de esperanza, selló el legado de generaciones: “Hoy los costaleros que te llevan son los mismos niños ya hechos hombres, y con la ayuda de tus ángeles, a pulso te elevarán al mismo cielo”.

Desde lo alto de una azotea, en un rincón que roza el cielo, una niña lanzaba su primera petalá sin saber que estaba sembrando una devoción que años más tarde haría florecer con palabras. Así nacía el amor de María Hurtado por la Virgen de la Piedad. “Desde la azotea de Cayetano veía de pequeña la salida del Dulce Nombre y desde allí también le ofrecía una petalá a la Virgen de la Piedad”, confesó con voz de memoria emocionada.

No hay calle en Marchena más silenciosa que aquella por la que pasa la Virgen de la Piedad. No hay rincón más íntimo que su paso lento, medido, donde todo parece pararse para dejar que el pueblo respire su consuelo. “Si te mecen, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de que puedas andar”, proclamó María, poniendo en boca del pueblo ese susurro que se convierte en plegaria cuando Ella aparece.

La oración siguió fluyendo, tejida como los bordados de su manto: “Si te levantan al cielo, déjate llevar, Piedad es la manera de hacerte volar”. Porque esta Virgen no solo camina, no solo llora: se eleva. La eleva su pueblo, que la sostiene con amor callado, la mece con ternura infinita. “Si te rezan en silencio, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de tus penas quitar”.

El Jueves Santo en Marchena no comienza en el reloj, sino en el corazón de quienes esperan que se abra el portón franciscano. De allí sale cada año, envuelto en lirios morados y recogimiento, el Cristo de la Santa y Vera Cruz, llevando consigo la memoria de generaciones que han hecho de este paso una oración viva. María Hurtado, con la emoción serena que da el amor antiguo, abrió su evocación con una confesión sincera: “Cuando habla mi corazón de la Vera Cruz, habla de recuerdos, sobre todo aquellos que guardo con un cariño muy especial”.

En su niñez, María deseaba ser costalera, pero en aquellos años no se podía. Así que se conformaba “con ir a los ensayos y llevar la radio”, porque lo importante no era el rol, sino estar cerca del Señor que camina entre sombras y cal. 

La Vera Cruz, para María, no es una cofradía más: es la cofradía de su familia materna los Bellidos. Ess casa el Jueves Santo se convertía en una casa hermandad, «donde las túnicas de mis primos estaban muy bien colgadas y planchadas en los muebles del salón de cada casa”. 

 “El Jueves Santo en Marchena todo parece transformarse”, proclamó la pregonera. “La noche se oscurece, el cielo comienza a eclipsarse ante tu inminente muerte. Se abre un portón en la capilla franciscana, donde en el cancel espera un nazareno que porta esa peculiar cruz de guía”.

En ese momento, Marchena se vuelve un templo al aire libre. “Suena cornetas y tambores y una rampa de madera sobre la que rachean suavemente con un poco de cuerpo a tierra”, y Él baja “camino del barrio más monumental, entre esquinas que se retuercen, muy padeciente, coronado de espinas y la sangre derramada”. La marcha no es música, es latido; la cera no es luz, es lágrima; y el paso no es madera, es altar: “Una elegante levantá a pulso siempre te eleva, esas trabajaderas sagradas que rachean suavemente y que rezan sin parar en una noche que parece que no tiene final”.

María describió el instante en que la silueta del Cristo se proyecta sobre las paredes blancas del barrio, como una aparición: “De repente, por las paredes encaladas previamente, una silueta se refleja del Señor que pasa por tu casa. Verte. ¡Cuánta elegancia hay en tu barrio! ¡Qué silencio tan solemne!”. Porque si algo distingue a la Vera Cruz es el recogimiento que envuelve su discurrir, la sobriedad que no necesita ornamento, el rezo callado que no exige respuesta.

Hay nombres que no se pronuncian, se respiran. Nombres que no hacen falta decir en voz alta porque ya viven en el corazón. Así es la Esperanza en Marchena: no necesita presentaciones ni alardes. Basta con mirarla para entender por qué su manto verde no es un color cualquiera. “Dicen que el color de la Esperanza no es un verde normal”, explicó María Hurtado. “A mí me recuerda al verde del mar”. Pero no a un mar en calma, sino al mar que lucha, al que no se rinde. “El mar revuelto, ese que arrastra toda la arena del fondo cuando rompe la ola, justo ese es el color”.

Así la sintió la pregonera desde niña. No como un símbolo decorativo, sino como una necesidad vital. “La Esperanza te tripula para poder navegar, allá en tu fondo más profundo que te arranca el alma sin avisar”. Y como quien se aferra a una tabla en mitad del naufragio, elevó su canto: “Cuando la mar esté revuelta, a cara a cara mírala: es la Esperanza la que te salva de la deriva en alta mar”.

Por eso, la Esperanza de Marchena no es simplemente bella. “No vas a ser bella, Esperanza, tienes que serlo por necesidad”. Porque cada mirada busca en Ella una respuesta, un consuelo, un sí o un no que cambie el rumbo de una vida. “Sino, ¿cómo te miramos esperando encontrar la respuesta a ese sí o a ese no que ansiamos escuchar?”.

En esa mezcla de ternura y fortaleza, María fue desgranando su oración íntima: “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar cuando la ves pasar, va demostrando un no sé qué que te sacia cuando se va”. Porque verla no basta. Se necesita, se ansía, se espera. “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar del que anhela encontrar los vaivenes de la vida que aparecen cuando no los sabemos tolerar”.

La pregonera describió con palabras sentidas esa conexión íntima entre la Virgen y su pueblo, donde cada uno lanza plegarias en silencio. “Miras para abajo, para nuestros ojos encontrar esas plegarias que te lanzamos y que en ti la respuesta está”. Y entonces se comprende que Ella, coronada y serena, no está solo para embellecer una calle, sino para sostener un alma. “Bella es la Esperanza, esa que porta alfajín de Capitán General y coronada está, la que navega sobre un palio estrellado hecho de terciopelo y plata, impregnada en nazar, y llevas más de 20 años siendo Reina de Marchena, de la cristiandad y de todo el mar”.

Hay imágenes que no se nombran sin estremecerse. Y en Marchena, si hay un nombre que agita las entrañas del pueblo entero, ese es el de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El Señor que no se menciona, se reza; el que no se mira, se sigue; el que no se explica, se siente. Y eso hizo María Hurtado: sentir. “¿En serio? ¿No me lo puedo creer? ¿Y ahora qué hago?”, se preguntaba recordando el instante en que se encontró frente a Él, tras veinte años de espera en una lista “que parece ser eterna para ponerme por un instante frente a ti, cara a cara”.

Su voz, que tantas veces se quebró a lo largo del pregón, pareció quebrarse aún más cuando pronunció esas palabras: “Ese día no sabía si hablarte desde mi tristeza o desde el agradecimiento”. Porque el día que María se revistió de Verónica fue el mismo día en que su abuela Conchita se despidió de este mundo. Y no, no fue casualidad. “Tú decidiste que yo, vestida de Verónica, justo ese día ascendiera a ti”.

Aquella escena no fue solo un rito ni un sueño cumplido: fue un abrazo entre generaciones, un gesto de la Providencia. “Tu rostro yo limpiar o tú el mío. A mí no podía estar nerviosa ese día, solo quería hablar contigo y que me explicaras qué es lo que pasaría”. Y en ese diálogo íntimo entre nieta y Señor, entre túnica morada y paño blanco, se selló una alianza de vida entera.

“No vi a mi abuela desde el balcón viendo pasar a su nieta, sino que fui yo la que la acerqué a ti al balcón infinito del cielo”. Y en ese gesto, María comprendió algo esencial: que cuando Dios está por medio, no hay casualidades, solo misterios que se revelan con amor.

No es extraño que su camino nazareno lo viva como una misión. “Por eso camino descalza y de morado, desde San Miguel, cuando las puertas están de par en par, un Viernes Santo de madrugada, bajo un cielo estremecido de gargantas que se rompen a rezar”. Porque seguir a Jesús Nazareno no es solo vestir la túnica: es descalzarse del mundo, entregarse sin medida, fundirse en cada chicotá con el latido de su pueblo.

Con la emoción contenida de quien ha sentido esa madrugada en la piel, fue relatando cada recoveco del recorrido, cada paso que Él da por las calles de Marchena. “Bajo una luna llena primaveral, camino descalza y de morado, siguiendo una cruz de guía bajando de la Rabal”. Esas calles, que de día son barrio, en su paso se hacen santuario: Plazuela del Topo, calle Estudio, calle Sevilla, San Sebastián, Milagrosa, Santa Clara… “Calle Sevilla, que no sube, que reza por la paz bajo una palma merced y pilar”.

Y en ese discurrir lento, fatigado, arrastrando la cruz, María descubre que no solo camina Jesús. Camina el pueblo entero con Él, cada cual con su herida, cada cual con su fe. “Camino descalza y de morado hasta llegar al más sagrado altar del Monumento, donde está Jesucristo ya no muerto, sino vivo”. Porque Jesús no cae, se arrodilla. No se cansa, se entrega. “Tú que caminas, tú que no te paras, tú que no te cansas y el que nos miras cara a cara”.

Hay lágrimas que no se ven, pero que mojan por dentro. Lágrimas de sal y de silencio, de fe y de desahogo. Lágrimas como las de María Santísima de las Lágrimas, que no brotan solo de sus ojos tallados, sino de todos los que la miran. María Hurtado, con la emoción desbordada, se dirigió a Ella no como pregonera, sino como hija, como mujer, como madre, como alguien que un día descubrió que aquellas manos abiertas no solo recogían súplicas: también sostenían vidas.

“Virgen de las Lágrimas, tengo que pedirte perdón por haberte dado de lado durante tantos años”, confesó con humildad, reconociendo que sus miradas y sentimientos “se concentraban en tu Hijo primero”. Pero la vida, con su manera extraña de ponernos en nuestro sitio, hizo que fuese precisamente Ella quien la tomara de la mano en uno de los momentos más íntimos y reveladores. “Me pusieron junto a ti. Mejor dicho, en tus manos. Siempre abiertas se quedaron desde entonces, como hacen todas las madres”.

Ese instante, que quedó “fosilizado” en el corazón cofrade de la pregonera, ocurrió cuando estaba embarazada de su hijo Jorge. “Con uno de mis hijos en mi vientre pude acompañarte al son de la misma marcha que hoy aquí ha acontecido: Amarguras, Fondeanta”. La misma marcha que abría el pregón y que ahora regresaba para abrazar la memoria de aquella noche. “Lo admito: estaba algo triste de no poder hacer mi estación de penitencia ese año. Aunque lo intenté, me puse mi túnica, pero solo aguanté hasta pasar el arco”.

En su interior, una vida latía, y afuera, otra Vida —la de la Virgen— se desbordaba en compasión. “Qué mágicos son los momentos”, dijo, cuando, “a la voz de un Jorge costalero al mando de su capatá, daba voz a otro Jorge, el de mis adentros”. Porque no todas las lágrimas son de tristeza, y María supo reconocerlo: “También las hay de agradecerte, Virgen de las Lágrimas, que tu amargura se desvanece y la vida resurge al pasar y verte”.

De ese dolor hecho belleza brotó una descripción que conmovió a todo el templo: “Ahora, Madre, entiendo tu manto. Tu manto azul, de azul cobalto. No va a ser de otro color si está lleno de penas y de llanto”. Un manto que no cubre solo una imagen, sino que arropa a todo un pueblo. “Lo llenas tanto y tanto que es el océano de Marchena cada Viernes Santo”.

Y como ola tras ola, sus palabras se hicieron poesía. “Ahora, Madre, entiendo tu manto: de Nazarenos ahogados entre el dolor acumulado de los porrazos que la vida te golpea cuando menos estás preparado”. Ese manto, dijo, recoge las lágrimas de las madres que luchan en silencio, “de las que los vaivenes del día a día te consumen más todavía y esperan a verte para desahogar su agonía”.

Hay imágenes que parecen detenidas en el tiempo. Y otras que, aunque inertes, respiran. El Santísimo Cristo de San Pedro no camina, pero avanza en el alma de quien lo contempla. Así lo vio María Hurtado cuando, con la voz encogida, narró su primer reencuentro con Él al saber que sería pregonera: “¿Cómo no sentir ese dolor, Santísimo Cristo de San Pedro, al verte pasar a través de las calles estrechas, donde el silencio se rompe con el crujir de tu madera y el rachear del esparto sobre el suelo desgastado, al eco de tu ‘Miserere’ y entonaciones de quintas y sextas?”

En ese momento, lo esencial no fue hablar, sino ver. “La primera hermandad que fui a visitar fue esta”, confesó, “y ¿qué vi? Vi a ese Cristo que está allí, a lo lejos, en Santo Domingo, fundido en madera. Madera convertida en talla. Talla traducida a vida”. Porque en Marchena, el arte no es adorno, sino dogma: las imágenes respiran y sangran, y el Cristo de San Pedro es prueba de ello.

Fue en una visita posterior cuando la pregonera se atrevió a mirarlo desde más cerca, desde abajo, desde sus pies. Y en ese ángulo inédito descubrió una dimensión hasta entonces desconocida: “Tuve el atrevimiento de acercarme y, desde ese ángulo, pude percatarme de algo que jamás vi en la tarde del Viernes Santo: la dureza que padeciste. Tus manos moradas, tus brazos estirados, tus piernas fatigadas, tus pies ensangrentados y tu rostro, Señor, desfigurado”.

No lo dijo con aspavientos, sino con la seriedad de quien ha tocado el dolor. “Parece que vives, aunque estás recién muerto”, sentenció. Porque en el Cristo de San Pedro no hay dulzura ni calma, sino el espanto contenido de una muerte real. Y eso fue lo que más conmovió a María: la crudeza.

Recordó, entonces, aquella última vez que Marchena lo vio por sus calles, en andas y sin dosel, y comprendió por qué sus hermanos quisieron bordarle un dosel de terciopelo que disimulara las heridas: “Tuvieron que mandar hacer tal reliquia para que se pudieran disimular tus lesiones, tu frialdad, tus traumatismos, tus llagas y esa mirada perdida en busca de consuelo”.

El dosel, entendido como refugio, no como adorno. “Todo, Señor, para salvar a tu pueblo”. Porque no hay ornamento más sagrado que el que envuelve el sufrimiento. María lo entendió y lo explicó con una claridad conmovedora: ese dosel no es sólo belleza, es compasión. Un escudo bordado frente al horror.

La noche del Viernes Santo no se apaga del todo mientras quede encendida la mirada de una madre. Y en Marchena, esa madre tiene un nombre: María Santísima de las Angustias. A Ella se dirigió María Hurtado con un susurro convertido en plegaria, con ese respeto que sólo se puede tener hacia quien lo ha perdido todo y, sin embargo, sigue en pie.

“Madre, aunque eres modelo y maestra de la fe, me ha costado enfrentarme a ti”, comenzó diciendo. No porque no la amara, sino porque representa aquello que a nadie le gusta atravesar: “Representas una de las advocaciones que menos queremos sentir en nuestras vidas: la angustia, el temor, el miedo, la desesperación”.

La pregonera imaginó su dolor no desde la distancia, sino como hija, como madre, como mujer. Y se preguntó con temblor en la voz: “¿Qué día tan largo tuviste que pasar? ¿Cuál fue el más duro? ¿Su condena? ¿Las burlas? ¿Ver cómo caminaba y caía con la cruz? ¿Ver cómo lo crucificaban? ¿O tenerlo de nuevo entre tus brazos ya sin vida?”

La escena es desgarradora. Y María no la suavizó, no la embelleció con palabras vacías. Fue al centro del abismo, al instante exacto en el que la Virgen recoge a su Hijo muerto. “Ya no hay mayor espanto, pues llegó el instante. La palabra está cumplida. La muerte ha discurrido por las calles. Tu hijo, crucificado, ya sin dolor, esperando la salvación, su resurrección”.

Cada palabra fue tallada con lágrimas. “Madre, en esta noche teñida de luto, donde las calles de Marchena han intercambiado luces por sombras y el silencio se ha apoderado del murmullo, la cera de tus nazarenos va llorando por el suelo”. Esa cera que llora, como tú, como todos.

“Seis lágrimas de angustia resbalan por tu bello y blanquecino rostro, donde el sofoco del pánico que debiste sufrir le dan color a tu mejilla”, continuó, como quien ha sostenido la imagen entre las manos y ha sentido el temblor del alma. “Madre de negro y pálido corazón, aunque sintieras en tu garganta ese nudo que te hace callar, aunque sintieras en tu alma ese dolor que te ahoga aún más, aunque sintieras en tu corazón cien puñales al hincar… angustias más desamparadas quisieran los marcheneros quitar”.

El Sábado Santo en Marchena no es una noche de duelo, sino un umbral. Y ese umbral tiene forma de paso: el Santo Entierro, el “resumen del que todo lo consume”, como lo definió María Hurtado, con el corazón lleno y la voz hecha incienso. Porque tras la muerte, dijo, “es el poliedro perfecto, donde Cristo yacente, descendido de la cruz, triunfante, duerme por poco tiempo”.

No habló sólo del silencio ni de la solemnidad, sino del milagro tallado en madera. “Si hubiese sabido tu escultor, Jerónimo Hernández, que luego vendría un Guzmán Bejarano para dejarnos perplejos ante tan majestuosa obra, no se lo hubiese imaginado. Nada falta, Señor”. Y es que ese paso no es un paso: es un retablo andante que late con cada zancada.

Es un libro abierto, con capítulos de oro y lirios morados. “Es un retablo abierto que camina entre decorados con lirios pasionantes, que van haciendo justicia ante tu paso”. En sus esquinas, las cuatro esquinas del mundo: “¿Quién no ha mirado a sus esquinas, con sus evangelistas? A San Lucas, acompañado con la fuerza del toro. A San Marcos, con el poder del león. A San Juan, con el águila que todo lo divisa. O a San Mateo, con ese ángel que nos aguarda”.

Y allí, en el vértice de todo, en el centro geométrico de la fe, está Él: “Sí, porque en el vértice, en el extremo de tu poliedro, Señor, estás una vez más tú, transformado en polígono, para que podamos vivir a través de ti”. Un paso que, al avanzar, no pisa, sino que flota. “Da igual que subas a toda prisa con un izquierdo que rachea por el susurrar del paso del tiempo, ante un suelo desgastado y unas paredes que, si hablaran, Señor, quizás no seguirían en pie”.

Marchena no sólo lo contempla, lo acompaña. Y Él, a su vez, la guía en su ascenso hacia la esperanza. “Sigue subiendo hacia la mota más alta y atraviesa esa puerta medieval, esa que nos acerca más de ti, pues tu fe nos guía”.

Pero no va solo. Le siguen las que no fallan nunca. “Seguido de tus tres Marías: Salomé, Magdalena, María Cleofás, y la Verónica, que nos muestra tu Santa Faz”. Son ellas las custodias del silencio, las guardianas de ese cuerpo que duerme, pero que no ha muerto del todo.

Y María lo proclama con la certeza de quien lo ha sentido en carne viva: “Santo Entierro, que no te hemos enterrado. Que a tu sepulcro te hemos acompañado solo para que vuelvas a vivir, ahora sí, toda la eternidad”.

Cuando ya la Semana Santa declina, cuando las túnicas se guardan y el silencio vuelve a tomar las calles, una figura sigue en pie. Es la Virgen de la Soledad, coronada de estrellas, sostenida por la oración de un pueblo entero que, aunque la llama sola, nunca la deja sola.

Así la describió María Hurtado, con ese respeto que sólo se profesa a lo que es eterno. “Madre, eres modelo de amor, y das todo aunque te duela”, comenzó, en un tono de íntima veneración. “¿Cómo te llaman Soledad, con un pueblo que te corona y que sola no te deja estar?”

La contradicción de tu nombre no hace sino subrayar el consuelo que repartes. “Te llaman Soledad, pero en tu tiro te cobijan y no te dejan escapar. Te llaman Soledad, pero eres la madre de todos los marcheneros”, afirmó la pregonera, recogiendo ese anhelo callado que acompaña a tantos en la noche más honda del año.

Hay instantes que sólo Marchena entiende. Uno de ellos ocurre bajo tu palio, cuando los cirios titilan y las bambalinas tiemblan. María no lo dejó pasar: “¿Capatá, qué se siente cogiendo ese llamador de plata? ¿Dónde están puestas todas las plegarias de un pueblo? Saber que en ti está la voz que hace que los milagros se cumplan”.

No son versos, son verdades de fe. “Cuántos rezos de madre desconsolada hacia la madre de Marchena, Soledad Coronada”. Madres que encuentran en ti un espejo, un refugio, un bálsamo. Porque tú, aunque rota, sigues de pie. Porque tú, aunque te llamen Soledad, estás acompañada de todas las mujeres de Marchena: “baja, acordonada por mujeres que sola no te van a dejar, vestidas de manto y que no paran de rezar”.

Tu palio es más que orfebrería, es un cielo tangible. “Tu palio repleto de estrellas relucientes entre una palmera muy ducal que tiene siete hojas, una por cada hermandad”, dijo María, hilando historia, estética y símbolo en una sola imagen. “Tus bambalinas son lunas que se mecen sin parar, camino de ese sepulcro que vacío dicen que está”.

María nos lleva al instante último de tu tránsito por las calles, allí donde los adioses se pronuncian sin voz. “Soledad, abre un poco esas manos, déjalas de apretar, que desde mi ventana te lanzo una plegaria más. Recíbela: de cariño es igual de importante que las demás, pero esta tiene más peso. No, no es para mí. Es para quien tú ya sabes”.

Y en ese gesto final, en ese cerrar de manos, María Hurtado depositó el anhelo más profundo de todos: salud para quienes luchan. “No te olvides, Soledad, a por otro año de salud para los que están”. Porque si alguien puede guardar ese deseo, eres tú, que llevas siglos custodiando el dolor, la esperanza y la fe de Marchena.

“Cierra tus manos. El secreto dicho está. ¡Viva la Soledad Coronada! ¡Viva María sin pecado original!”. Con esa exclamación concluyó María su ofrenda, con el corazón en vilo y los ojos húmedos de quien ha comprendido que la Soledad no es ausencia, sino compañía fiel hasta el final.

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Marchena acogió el IV Foro Provincial de Cooperativismo, centrado en la innovación, el conocimiento y la creación de empleo

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La jornada, organizada por Prodetur, FAECTA y el Ayuntamiento de Marchena, reunió en su programa experiencias empresariales y proyectos cooperativos para reflexionar sobre un modelo económico basado en la participación democrática, la innovación y el arraigo territorial. La Diputación mantiene abierta hasta el 13 de noviembre la convocatoria de sus Premios Provinciales al Cooperativismo.

Marchena fue este viernes 16 de octubre el escenario del IV Foro Prodetur de Impulso al Cooperativismo, una iniciativa promovida por la sociedad instrumental de la Diputación de Sevilla en colaboración con la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo (FAECTA) y el Ayuntamiento de Marchena. Bajo el lema «Cooperativas de innovación y conocimiento», la cuarta edición puso el foco en las posibilidades de este modelo empresarial para generar empleo estable, aprovechar el conocimiento colectivo y contribuir al desarrollo económico de los municipios sevillanos.

El encuentro se programó en las instalaciones de la calle Hostelería, número 27, con una jornada que se extendió desde las nueve y media de la mañana hasta las tres de la tarde. La convocatoria estuvo dirigida a cooperativas, empresarios y emprendedores interesados en conocer otras formas de organizar la actividad económica, especialmente aquellas que sitúan a las personas y la participación de los trabajadores en el centro de las decisiones empresariales.

Frente a las estructuras empresariales convencionales, el cooperativismo plantea un sistema de propiedad y gestión compartida en el que sus socios participan democráticamente en la toma de decisiones. Su filosofía combina la viabilidad económica con principios de solidaridad, sostenibilidad y compromiso con el territorio.

La elección de Marchena como sede del foro permitió situar este debate en el corazón de la Campiña sevillana, una comarca donde la actividad agroalimentaria, los servicios y las pequeñas iniciativas empresariales constituyen ámbitos en los que pueden desarrollarse nuevas fórmulas de cooperación económica.

De una idea empresarial a un proyecto colectivo

El programa oficial incluyó la ponencia «Tener una idea (y vivir de ello)», a cargo de Guillermo Montero, concebida para abordar uno de los grandes desafíos del emprendimiento: transformar una iniciativa personal en una actividad económica viable.

La propuesta se completó con la intervención de La Tetera, titulada «Emprender en Cooperativa», que incorporó al programa la perspectiva del emprendimiento colectivo como alternativa para quienes desean poner en marcha una actividad empresarial compartiendo responsabilidades, recursos y decisiones.

Uno de los contenidos centrales de la jornada fue la mesa redonda «Cooperativas de innovación y conocimiento, consolidación de empleo», en cuya programación figuraban Proyecto Ergos, Vórtice Alcores Formación y Ai TenderX.

Estas experiencias sirvieron como eje del encuentro para abordar el papel de la innovación y el conocimiento en el desarrollo de nuevas actividades cooperativas, más allá de los sectores tradicionalmente asociados a esta forma de empresa.

La iniciativa planteó además una cuestión especialmente relevante para los municipios de tamaño medio: cómo conseguir que el talento profesional, la formación y los proyectos emprendedores puedan convertirse en empleo y actividad económica arraigados en el territorio, sin depender exclusivamente de la instalación de grandes empresas.

El cooperativismo como herramienta de desarrollo rural

La celebración de este foro en Marchena adquiere especial interés en el contexto económico de la Campiña sevillana. El modelo cooperativo ofrece posibilidades no solamente en la agricultura y la transformación agroalimentaria, sino también en ámbitos como la enseñanza, los servicios culturales, el turismo, la digitalización, la comunicación o la asistencia a las personas.

Para localidades como Marchena, donde el tejido empresarial combina industrias consolidadas, actividades agrarias y pequeños negocios, la cooperación entre profesionales puede representar una fórmula para desarrollar proyectos que individualmente resultarían más difíciles de sostener.

La economía social también abre posibilidades a iniciativas vinculadas con el patrimonio y la cultura, mediante empresas compartidas de servicios turísticos, actividades educativas o producción cultural, capaces de combinar la rentabilidad con la conservación y difusión de los recursos locales.

Abierta hasta el 13 de noviembre la convocatoria de los Premios Provinciales al Cooperativismo

Coincidiendo con esta iniciativa de promoción de la economía social, Prodetur y FAECTA mantienen abierta la segunda edición de los Premios al Cooperativismo de la Provincia de Sevilla, cuyo plazo de convocatoria concluye el próximo 13 de noviembre de 2026.

Los galardones pretenden reconocer a las cooperativas que destacan por su contribución al empleo, la innovación y el desarrollo sostenible, con cuatro categorías: Cooperativa de Nueva Creación, destinada a entidades con menos de dos años de antigüedad; Cooperativa Más Innovadora, para iniciativas que hayan introducido mejoras significativas; Consolidación Cooperativa, dirigida a entidades con más de cinco años de trayectoria; y Cooperativa de Ámbito Rural, que distingue proyectos generadores de empleo y cohesión social en municipios rurales.

Los premios consistirán en trofeos institucionales entregados en un acto público. El jurado podrá conceder también menciones especiales a personas o entidades que hayan contribuido al desarrollo del movimiento cooperativo sevillano.

La convocatoria ofrece así una nueva oportunidad de reconocimiento para las iniciativas de economía social de Marchena y del conjunto de la Campiña, especialmente aquellas que hayan encontrado en la colaboración una manera de innovar, generar empleo y mantener la actividad económica en sus municipios.

Las bases y la documentación pueden consultarse en la convocatoria oficial de los premios de Prodetur.

Faecta. II Edición.

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Actualidad

La lucha por la supervivencia de las colmenas en Marchena: 150.000 abejas melíferas eliminadas por el avispón oriental

El apicultor aficionado relata que se ha quedado sin abejas después de cuarenta años. Su testimonio se suma a los avisos sobre el avispón oriental que Marchena Secreta viene recogiendo en el municipio.

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Manuel Ramón Ternero, miembro del Taller Verde y profesor de Geografía ejemplifica la lucha por la supervivencia de las abejas de miel en nuestro pueblo. Quince colmenas con unos 150.000 ejemplares  que ahora se han quedado sin abejas. Después de cuarenta años dedicado a esta afición, explica cómo la pérdida de todas sus colonias se debe a los ataques del avispón oriental. Calcula que cada colmena albergaba unas 10.000 abejas: alrededor de 150.000 en conjunto, desaparecidas en unos dos meses, según su testimonio.

«Las colmenas mías que han muerto no eran colmenas débiles, eran colmenas muy fuertes», explica en declaraciones facilitadas a Marchena Secreta. La cifra de abejas es una estimación del propio apicultor, obtenida a partir del número de colmenas y de la población que calcula para cada una.

Su relato tiene un detalle especialmente amargo: las reservas de miel siguen allí. Ternero explica que dejaba alimento abundante para que las colonias pudieran afrontar los meses difíciles y que ahora está recuperando esa miel de unas cajas en las que ya no queda la población que debía consumirla.  Puede recoger el producto, pero ha perdido las abejas que llevaba décadas cuidando.

Fotografía de archivo de un avispón oriental sobre uvas en Lora del Río
Imagen de archivo: avispón oriental sobre uvas en Lora del Río. Foto: Laura Soler / Estación Biológica de Doñana-CSIC. 

Antes de describir lo sucedido, precisa de qué insecto está hablando: «El avispón que tenemos aquí es el avispón oriental». Se refiere a Vespa orientalis, una especie distinta de Vespa velutina, conocida habitualmente como avispón asiático.

También cuenta haber sufrido tres picaduras en distintos incidentes al manipular objetos donde había avispones, algunos de los cuales creía muertos. «El dolor es brutal, brutal», recuerda. En uno de los episodios, asegura, el dolor y la inflamación se prolongaron más de veinticuatro horas. La Junta advierte del riesgo de picaduras múltiples cerca de los nidos y desaconseja aproximarse sin protección adecuada; la intervención debe quedar en manos de personal preparado. Detalla que el avispon oriental no es agresivo, y no pica a los humanos por defecto, solo si por error alguien pisa o golpea algún nido.

Cuando se le plantea la posibilidad de erradicar la especie, Ternero expresa su pesimismo: «Su erradicación yo creo que es imposible, imposible». Es su valoración personal después de comprobar que seguían llegando avispones pese a sus esfuerzos. Su testimonio termina volviendo al mismo balance: cuarenta años manejando abejas y un colmenar del que, según cuenta, ya no le queda ninguna colonia viva.

La distinción es relevante. Según la información de la Junta de Andalucía sobre avispones invasores, el oriental es el más extendido en la comunidad y fue citado en Algeciras en 2018. La misma fuente recoge citas puntuales de Vespa velutina en Los Barrios en 2022 y en Alhaurín de la Torre en 2025. 

Ternero sitúa sus primeras observaciones en sus colmenas en 2023. Al principio, recuerda, llegaban pocos ejemplares. Después aumentaron y, según explica, el año pasado ya sufrió pérdidas de colonias. Este verano describe una presión mucho mayor, con un incremento de los ataques a partir de agosto y actividad que continúa en octubre. Él relaciona esa persistencia con el calor que sigue percibiendo en estas semanas, ya que con la llegada del frío el avispón se retira a hibernar. 

Describe cómo las abejas se concentraban en la entrada de la colmena para defenderla y cómo, a medida que perdían efectivos, los avispones conseguían acceder al interior.

La depredación sobre abejas sí está documentada en la memoria técnica del Ministerio para la Transición Ecológica dedicada a Vespa orientalis. El documento describe ataques a colmenas para obtener tanto miel y néctar como abejas y larvas. .

Ternero afirma que ha probado distintas trampas y que, cuando revisa algunas de ellas, encuentra entre cien y doscientos avispones muertos. También relata la llegada de avispones a la azotea de su vivienda en la Alameda, atraídos, según observa, por los restos de miel de su trabajo con la cera. Su sensación es que las capturas no consiguen frenar la entrada de nuevos individuos: «Es un trabajo sin frutos».

Sobre el control, la Junta advierte de que las trampas con atrayentes tienen baja eficacia y no son selectivas. Su información centra la gestión en localizar y eliminar nidos, y recomienda recurrir a empresas homologadas para su tratamiento. 

 Le inquieta también la presión sobre otros insectos y las consecuencias que una reducción de polinizadores podría tener para los cultivos y para la vegetación silvestre. Sus palabras expresan el temor de quien ha visto desaparecer sus colonias; no permiten concluir que vayan a desaparecer todas las abejas del término municipal.

El problema se enmarca en una expansión regional que viene siendo objeto de seguimiento científico. La Estación Biológica de Doñana-CSIC informó en enero de 2026 de un estudio sobre la expansión de avispones invasores en el sur peninsular, entre ellos el oriental. 

Marchena Secreta ya había recogido observaciones de avispón oriental en la explanada de Santa María, el entorno de la muralla de la finca El Parque, viviendas del barrio de San Juan y los naranjos de la Ronda de la Alcazaba. Aquella información describía ejemplares alimentándose en las palmeras de Santa María y advertía de la diferencia entre el oriental y la velutina.

El seguimiento de este medio también incluyó los avisos vecinales en Ciudad Jardín y la búsqueda municipal de nidos. 

Avisos vecinales en el casco urbano: nidos en persianas, aire acondicionado y edificios

Los testimonios vecinales aportados a esta información sitúan la preocupación por los avispones también dentro de las viviendas y en distintos puntos de Marchena. Se mencionan El Monje, los pisos de Olmedo, Madre de Dios, la calle Pepe Palanca y un pabellón. Son observaciones particulares, no un censo de nidos ni una identificación técnica de cada ejemplar: unos vecinos hablan de avispón oriental y otros lo llaman «asiático».

Un vecino de La Alameda relata que retiró un nido instalado en el tambor de la persiana de su casa. «Había cientos de ellas. Era bastante grande», escribe. Según su testimonio, acudió a la Policía Local y a los bomberos y le indicaron que no intervenían en viviendas particulares, por lo que terminó actuando por su cuenta. Su experiencia expresa una inquietud compartida: quién se hace cargo de un avispero dentro de una propiedad privada.

Otro vecino de La Alameda cuenta que tuvo que contratar a una empresa de Carmona para retirar un nido alojado dentro de un aparato de aire acondicionado en Marchena.  En la calle Pepe Palanca, Alejandro Sevillano avisa de un nido en un edificio que describe como en desuso y expresa su preocupación por su crecimiento.

Otos describen una presencia abundante de avispones en la zona de El Monje, sin que hayan conseguido localizar el nido. En los desagües de los aparatos de aire acondicionado de los pisos de Olmedo también se han visto ejemplares.  Otros describen un nido descubierto en una estantería dentro de una habitación.

Los relatos muestran preocupación tanto por la entrada de ejemplares en las casas como por la dificultad para encontrar los nidos y organizar su retirada. La información general de la Junta distingue las actuaciones en terrenos públicos de las que suelen asumir los titulares de propiedades privadas y recomienda recurrir a empresas homologadas de control de plagas. Los testimonios no permiten establecer el protocolo concreto aplicado por los servicios de Marchena en cada caso. Ante un nido, debe evitarse su manipulación y comunicarse su ubicación.

 

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El hijo de un señor de Fuentes abre «El gran secreto» de Enrique Soria Mesa: linajes, conversos y chantajes

Las primeras páginas del nuevo libro de Enrique Soria Mesa conectan Fuentes de Andalucía con la historia de los linajudos y las contradicciones de la limpieza de sangre.

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Enrique Soria Mesa, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba

Un rumor contado en una taberna de Triana hacia el año 1600 conduce hasta la casa señorial de Fuentes de Andalucía. Así arranca El gran secreto. El origen judío de la nobleza española, el nuevo libro de Enrique Soria Mesa, que abre su investigación con un personaje tan revelador como incómodo: don Silvestre de Guzmán, hijo de un señor de Fuentes y dedicado a amenazar a otros nobles con revelar sus ascendencias conversas. El hombre que utilizaba las genealogías ajenas como instrumento de presión tenía también antepasados judeoconversos.

Las páginas iniciales del volumen, consultadas por Marchena Secreta, sitúan a la Campiña sevillana en el umbral de una investigación sobre nobleza, memoria familiar y discriminación. Publicado por Ático de los Libros, el ensayo permite acercarse a un mundo en el que un apellido, un matrimonio o el recuerdo de un antepasado podían abrir las puertas del poder o poner en peligro una reputación construida durante generaciones.

Su autor es catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba y director del Laboratorio de Estudios Judeoconversos, según recoge su perfil académico en la institución. Sus investigaciones sobre nobleza, genealogía y ascenso social proporcionan el marco de esta nueva obra.

El primer capítulo, titulado Del problema judío al problema judeoconverso, comienza con una escena transmitida por Bernardino de Escalante en sus Discursos. Un hombre, al que el relato presenta como borracho, aseguraba en una taberna de Triana que la Inquisición pretendía desenterrar los huesos de Silvestre de Guzmán y quemarlos por hereje, y que el rey quería impedirlo. Escalante recogía aquello como una maledicencia contra un noble de elevada posición.

Soria Mesa convierte esa anécdota en una puerta de entrada a las contradicciones de aquella sociedad. El episodio se presenta como un rumor: estas páginas no permiten convertirlo en una exhumación efectivamente ordenada ni en una condena inquisitorial probada. Lo que el historiador desarrolla a continuación es la historia familiar del personaje y el poder que podía adquirir el conocimiento de las ascendencias.

Silvestre era hijo de Álvaro de Fuentes y Guzmán, señor de la villa de Fuentes, y de Beatriz de Ayala, cuyo matrimonio sitúa el libro en 1530. La referencia remite a la actual Fuentes de Andalucía, cuya historia señorial recoge también el Ayuntamiento fontaniego. Hay una distinción relevante: el señor de Fuentes citado como padre del protagonista es Álvaro; el personaje con el que se abre el capítulo es su hijo Silvestre.

La conexión acerca el libro a la historia de nuestra comarca. Los señores de Fuentes formaban parte de las redes de parentesco de la nobleza andaluza, un tejido que desbordaba ampliamente los límites de cada villa. El caso muestra cómo la historia de una casa señorial de la Campiña puede ayudar a comprender los mecanismos de prestigio y exclusión de la sociedad de su tiempo.

Según explica Soria Mesa, Silvestre reunía condiciones que parecían protegerlo de cualquier sospecha: era caballero de Santiago, familiar del Santo Oficio y veinticuatro de Sevilla. Sin embargo, pertenecía también al mundo de los linajudos, conocedores de genealogías que podían servirse de esa información para chantajear a quienes aspiraban a honores y reconocimientos, amenazándolos con divulgar antepasados considerados deshonrosos por los criterios de la época.

La paradoja adquiere fuerza cuando el historiador examina su propia familia. En las páginas fotografiadas aparecen conexiones con los Saldaña y los Franco-Toledo, así como con los Marmolejo, uno de los linajes de la élite sevillana a los que el autor atribuye ascendencia conversa. El retrato resultante es el de un noble integrado en las instituciones que utilizaba contra otros una condición familiar que también formaba parte de su propia genealogía.

El relato da entonces otro giro. Bernardino de Escalante, el escritor que transmitió la anécdota, tampoco quedaba fuera de esa historia. Soria Mesa explica que pertenecía a una familia de la nobleza local de Laredo y recoge las noticias sobre su descendencia de mosén Vidal Falcón, un judío burgalés asentado en aquella villa y convertido al cristianismo con el nombre de Diego González de Burgos. Al cerrar el episodio, el historiador señala que Escalante tenía un tatarabuelo judío.

La fortuna mercantil y los matrimonios aparecen en este segundo caso como vías de integración social. Las familias podían prosperar y emparentar con otros grupos de prestigio mientras la memoria de sus orígenes seguía circulando entre sus vecinos. La genealogía era, por tanto, algo más que una relación de nombres: podía convertirse en patrimonio, protección o amenaza.

Ese es el alcance del comienzo de El gran secreto. Ser descendiente de judíos convertidos al cristianismo no equivale a haber practicado clandestinamente el judaísmo ni constituye una prueba de herejía. La historia que plantea Soria Mesa permite observar cómo esas categorías se mezclaban interesadamente en los discursos de exclusión y en las disputas por el honor.

El segundo capítulo, La integración en la nobleza, amplía esta perspectiva. En su página 35, Soria Mesa parte de un testimonio de Andrés Bernáldez, el cura de Los Palacios, cuya crónica de los Reyes Católicos describe la riqueza, los oficios y los enlaces matrimoniales de determinados judeoconversos. El cronista menciona su presencia entre letrados y miembros del clero, así como en puestos de contabilidad, secretaría y gestión al servicio de reyes y grandes señores.

El historiador advierte del antijudaísmo que impregna ese testimonio y precisa a quién puede aplicarse su descripción: a la capa superior del colectivo judeoconverso. Se trata de una distinción fundamental para comprender el argumento del libro, porque las trayectorias de las familias más ricas e influyentes no representan por sí solas las condiciones de vida de todos los conversos.

Según explica Soria Mesa en esa misma página, las familias más adineradas, poderosas e influyentes lograron integrarse en las categorías dirigentes de las coronas de Castilla y Aragón durante el siglo XV y las primeras décadas del XVI. El autor subraya que ese ascenso pudo producirse con rapidez y sin demasiados obstáculos en numerosos casos, y comienza a explicar sus razones por el peso del dinero y la atracción de una buena dote.

Leído junto al episodio de Silvestre de Guzmán, este pasaje ayuda a entender la tensión que recorre la obra: la riqueza y los matrimonios facilitaban la incorporación a las élites, mientras el recuerdo de los orígenes conversos podía seguir utilizándose como arma contra quienes ya habían alcanzado una posición privilegiada.

La integración social que describe el libro convivió con el rechazo. En la página 37, Soria Mesa señala que el parentesco con un cristiano nuevo podía afectar a la reputación de sus descendientes y recuerda que la persecución inquisitorial añadió consecuencias sociales a las religiosas. También sitúa episodios de violencia anteriores a la creación del tribunal, como los de Toledo en 1449 y Córdoba en 1473, en un clima de hostilidad contra conversos que habían alcanzado riqueza y posiciones de poder.

El autor recoge testimonios de Diego de Valera y Hernando del Pulgar para mostrar el malestar que provocaban esas fortunas y el acceso a los oficios. Son voces de su tiempo, que permiten observar cómo la competencia por los cargos, las diferencias de patrimonio y los prejuicios se entrelazaban. La incorporación de algunas familias a los grupos dirigentes podía avanzar mientras persistían la envidia, la discriminación y la violencia.

Las siguientes páginas llevan el argumento hasta la cúspide de la jerarquía. Soria Mesa anuncia expresamente que su recorrido incluye a Fernando el Católico, al que atribuye ascendencia judeoconversa. El apartado Linajes judíos en origen examina estirpes aristocráticas que, según explica, tuvieron esa condición desde su formación, tanto por enlaces familiares como por proceder de personas convertidas al cristianismo que accedieron a las élites.

En el caso de los Enríquez, el historiador propone leer una disputa nobiliaria atendiendo al peso de esa ascendencia. Según el relato que analiza, el hijo del almirante reivindicó frente a su rival el poder, la riqueza y el origen regio de su familia; el hijo del señor de Toral respondió aludiendo a su ascendencia judía. El episodio muestra cómo un parentesco que convivía con el máximo prestigio aristocrático podía emplearse como descalificación en una pugna por el honor.

La explicación genealógica adquiere un nombre propio en otro de los pasajes consultados. Soria Mesa identifica a Paloma, una joven judía vecina de Guadalcanal, como madre de Alonso Enríquez, hijo de don Fadrique, maestre de Santiago y hermano de Enrique II. El historiador sitúa así en una localidad sevillana el origen materno del fundador de una casa que llegaría a emparentar con las principales dinastías europeas.

Según desarrolla el libro, Enrique II protegió a su sobrino tras la muerte de Fadrique y favoreció su posición. Alonso recibió señoríos y rentas, entre ellos Medina de Rioseco, y posteriormente adoptó el apellido Enríquez como referencia a su tío. Para Soria Mesa, este recorrido permite comprender cómo el parentesco regio y el favor del monarca podían sostener el ascenso de un linaje de ascendencia judía.

El autor también aborda las estrategias matrimoniales de Alonso, que pretendió casarse con Juana de Mendoza, viuda de Diego Manrique de Lara y perteneciente a una familia de la alta nobleza. La unión se presenta en estas páginas como un medio para asegurar la descendencia y ampliar los vínculos con los grupos más poderosos del reino. Guadalcanal se suma así a Fuentes de Andalucía entre los lugares sevillanos que aparecen en este recorrido por la formación de las élites.

Para explicar la formación de aquella casa, Soria Mesa retrocede a Alfonso XI y Leonor de Guzmán, a sus hijos y a la llegada de Enrique II al trono. Dentro de la renovación de los grupos de poder vinculada a los Trastámara sitúa a los Enríquez. La lectura conjunta de estos pasajes permite seguir el hilo del libro desde las familias de la Campiña hasta las grandes casas del reino: parentesco, patrimonio y memoria de los orígenes intervenían en la construcción del poder.

Marchena Secreta ya había anticipado la publicación de esta obra. Ahora, la lectura de sus primeras páginas aporta una conexión concreta con Fuentes de Andalucía y una razón cercana para adentrarse en ella. Antes de avanzar por el resto del volumen, una taberna de Triana, un hijo del señor de Fuentes y un escritor cántabro bastan para mostrar hasta qué punto la historia de las élites exige mirar detrás de sus genealogías oficiales.

El episodio se desarrolla en las páginas 15 a 17 de El gran secreto. El origen judío de la nobleza española, de Enrique Soria Mesa, publicado por Ático de los Libros. Para ampliar la trayectoria del investigador puede consultarse su perfil en la Universidad de Córdoba; la conexión territorial del señorío se encuentra en la historia local publicada por el Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.

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Actualidad

Inforpuebla mejorará la red informática municipal de Marchena por 4.681 euros

El Ayuntamiento adjudica el lote de mejora de la red municipal por 4.681,49 euros, IVA incluido. La empresa de La Puebla de Cazalla fue la única licitadora y obtuvo 100 puntos.

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La mejora de la red informática municipal de Marchena ha sido adjudicada a Inforpuebla S.C. por 4.681,49 euros, IVA incluido. La empresa de La Puebla de Cazalla fue la única que presentó oferta para este lote y obtuvo una valoración de 100 puntos, según el anuncio oficial.

El acuerdo se adoptó el 29 de septiembre dentro del expediente de equipamiento TIC 2026/CTT_01/000126, financiado por el programa Sevilla Digital 2024 de la Diputación de Sevilla. La Plataforma de Contratación del Sector Público incorpora también el anuncio de formalización de este suministro.

La adjudicación corresponde al lote 3, denominado «Equipamiento mejora red municipal». Su importe es de 3.869 euros sin impuestos, frente a los 3.882,45 euros previstos inicialmente. Con IVA, el presupuesto pasa de 4.697,76 a 4.681,49 euros: una diferencia de 16,27 euros.

El contrato tiene por objeto suministrar el material necesario para mejorar la red municipal. Los criterios publicados valoraban la reducción del plazo de ejecución y la aportación de unidades adicionales de transceptores, componentes utilizados en las comunicaciones de red. El anuncio de adjudicación acredita la puntuación total, pero no detalla en ese apartado el inventario final de equipos.

Este suministro afecta a la infraestructura informática que utilizan las dependencias municipales. Su contratación debe distinguirse de la compra de dispositivos para los puestos de trabajo: se trata de dos lotes diferentes, aunque ambos hayan sido adjudicados a Inforpuebla dentro del mismo expediente.

El lote de puestos de trabajo asciende a otros 7.000 euros con IVA, por lo que las dos adjudicaciones suman 11.681,49 euros. La contratación informática se ha resuelto solo en parte: los otros tres lotes, dedicados al respaldo de datos, la seguridad perimetral y las licencias de software de la oficina técnica, quedaron desiertos.

Por tanto, la adjudicación de la mejora de la red no equivale a la contratación de todas las actuaciones digitales previstas. La documentación permite confirmar este suministro y su formalización, pero no acreditar todavía su instalación o recepción definitiva.

Fotografía destacada: obras del Ayuntamiento de Marchena. Archivo Marchena Secreta.

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Marchena adjudica por 7.000 euros equipamiento para los puestos de trabajo municipales

Inforpuebla suministrará el material del lote de mejora de los puestos del personal municipal, dentro del programa Sevilla Digital 2024 de la Diputación.

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El Ayuntamiento de Marchena ha adjudicado a Inforpuebla S.C. el suministro de equipamiento para mejorar los puestos de trabajo del personal municipal por 7.000 euros, IVA incluido. El acuerdo corresponde al lote 1 del contrato de equipamiento TIC financiado por el programa Sevilla Digital 2024 de la Diputación de Sevilla.

La documentación publicada en la Plataforma de Contratación del Sector Público sitúa el acuerdo de adjudicación el 29 de septiembre. El expediente, 2026/CTT_01/000126, ya incorpora anuncios de formalización de los dos lotes adjudicados.

La empresa adjudicataria tiene su domicilio en La Puebla de Cazalla. El importe de este suministro es de 5.785,12 euros sin impuestos y de 7.000 euros con IVA, la misma cantidad prevista como presupuesto base del lote. El anuncio registra dos ofertas electrónicas recibidas y atribuye a la propuesta seleccionada una puntuación de diez puntos.

El objeto del lote es el suministro del material necesario para mejorar el puesto de trabajo del empleado público. Entre los equipos mencionados en los criterios de valoración figuran monitores, proyectores, sistemas de alimentación ininterrumpida y cámaras web. Esos criterios premiaban unidades adicionales de determinados dispositivos; el anuncio no permite convertir por sí solo esas mejoras posibles en un inventario del material finalmente entregado.

La compra forma parte de una contratación dividida en cinco lotes. Además de este suministro, se ha adjudicado a la misma empresa el destinado a mejorar la red municipal, por 4.681,49 euros con IVA. Ambos suman 11.681,49 euros.

El alcance del expediente es, sin embargo, parcial: los lotes del nuevo sistema de respaldo de datos, la mejora de la seguridad perimetral y las licencias de software de la oficina técnica fueron declarados desiertos. El anuncio de esos tres lotes registra cero ofertas electrónicas recibidas.

La adjudicación de los equipos de trabajo constituye así una parte de la modernización informática prevista. La documentación consultada acredita la contratación, sin que permita afirmar que el material esté ya instalado o que haya concluido su recepción.

Fotografía destacada: obras del Ayuntamiento de Marchena. Archivo Marchena Secreta.

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Adjudicada a Ingedeca por 945.680 euros la ciclosenda de Marchena hasta Procavi

El acuerdo se adoptó el 15 de octubre y se ha publicado hoy. Ingedeca fue la única licitadora y ejecutará las obras por 945.680,73 euros, IVA incluido, con un plazo de seis meses.

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Ciclosenda prevista en la carretera de Carmona hasta Procavi, Marchena

La ciclosenda de la carretera de Carmona hasta el entorno de Procavi ya tiene empresa adjudicataria. El Ayuntamiento de Marchena ha adjudicado las obras a Ingedeca Proyectos, Obras y Servicios S.L. por 945.680,73 euros, IVA incluido. El acuerdo se adoptó el 15 de octubre y el anuncio se ha publicado este viernes 16, a las 8:40 horas, en la Plataforma de Contratación del Sector Público.

Ciclosenda prevista en la carretera de Carmona hasta el entorno de Procavi, Marchena
Imagen de archivo del proyecto de ciclosenda de la carretera de Carmona hasta Procavi. Archivo Marchena Secreta.

Según el anuncio oficial del expediente 2026/CTT_01/000135, la empresa, domiciliada en Córdoba, fue la única que presentó oferta. El importe adjudicado asciende a 781.554,32 euros sin impuestos y coincide con el presupuesto de salida: por tanto, la adjudicación se produce sin rebaja económica sobre la licitación.

La resolución señala que Ingedeca reúne los requisitos de los pliegos y recoge una puntuación de 25 puntos. El procedimiento empleado ha sido el abierto simplificado. Con esta decisión, el proyecto supera la fase de valoración de ofertas en la que se encontraba tras finalizar el plazo de presentación el pasado 21 de septiembre.

La actuación busca ofrecer una conexión ciclopeatonal entre Marchena y la zona industrial de la carretera de Carmona. Su utilidad cotidiana está en facilitar los desplazamientos a pie y en bicicleta hacia ese entorno de trabajo, mediante un itinerario diferenciado de la plataforma del tráfico motorizado.

El anuncio de adjudicación describe una ciclosenda de 2,50 metros de anchura para circulación en ambos sentidos, con cunetas para el drenaje y alumbrado exterior en la franja de separación con la carretera. También incluye la reposición de las redes de abastecimiento afectadas, la plantación de una barrera vegetal, señalización, balizamiento y mobiliario urbano. La obra se sitúa en la zona de dominio público adyacente a la A-380.

El plazo de ejecución previsto es de seis meses. La publicación de la adjudicación no establece por sí sola una fecha de entrada de las máquinas: el anuncio fija la formalización en los cinco días naturales siguientes a la notificación de la resolución. En la ficha consultada figura la adjudicación, sin un anuncio de formalización que permita dar por iniciado el contrato de obras.

La noticia supone un avance en una infraestructura con una larga trayectoria administrativa. Como recogió Marchena Secreta al cerrarse el plazo de ofertas, el proyecto ya tuvo una primera licitación y adjudicación en 2022 que no se tradujo en su ejecución. Aquella información recogía la explicación ofrecida por la alcaldesa durante el debate presupuestario sobre la resolución del contrato anterior y la pérdida de la subvención.

La recuperación del proyecto pasó este año por su financiación municipal. En marzo, el pleno aprobó por unanimidad un préstamo de un millón de euros para la ciclosenda. La nueva convocatoria se publicó el 28 de agosto y el expediente actual indica expresamente que no cuenta con financiación de fondos de la Unión Europea.

El siguiente hito será la formalización y el comienzo efectivo de los trabajos. Para quienes esperan esta conexión con la zona industrial, la novedad comprobada es que la obra vuelve a tener adjudicataria, presupuesto y plazo de ejecución tras años de anuncios y trámites.

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Marchena acogió el IV Foro Provincial de Cooperativismo, centrado en la innovación, el conocimiento y la creación de empleo

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