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“Ahora madre, entiendo tu manto”: María Hurtado conmueve a Marchena con un pregón tejido de fe, memoria y verdad

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Hay instantes en los que las palabras rompen en lágrimas, y otros en los que se hacen carne en los corazones de quienes las escuchan. Este domingo, en el templo abarrotado de San Juan, María Hurtado Bellido no ofreció solo un pregón. Abrió el pecho, remangó el alma y se colocó su túnica morada, no de tela, sino de verbo. Fue el atril su cruz, y la voz, la guía de una Marchena que ya huele a cera y azahar.

Desde la primera palabra hasta el último amén, María no dejó a nadie fuera. Habló a los cofrades y a los descreídos, a los que rezan cantando y a los que esperan en silencio. No lo hizo desde la superioridad, sino desde el suelo gastado de quien ha caminado todos los Viernes Santos. Su pregón fue, como dijo en sus propias palabras, “una levantá inmortal hacia ese balcón del cielo que brilla de manera perpetua en nuestros corazones”.

María habló con voz de nieta, de madre, de hermana y de Verónica. Recordó aquel año 2013 cuando cumplió su sueño de salir en la mañana del Viernes Santo y, justo ese día, su abuela Conchita partió al cielo. “Ese día no fue un día más en tu vida, María. Tu abuela también había cumplido un sueño”.

 Desde el primer instante, quiso comenzar donde todo empieza: en la Caridad.  “Herederos del buen Miguel Mañara”, recordó María, “con más de 375 años del aniversario de su fundación, han amparado al desamparado cada Domingo de Ramos, cuando el sol brilla sobre nuestros cuerpos”. Y evocó con una intensidad casi litúrgica el gesto solemne de esos hermanos de riguroso luto que, “caracterizados por un brazalete azul donde portan su escudo y una actitud seria propia de los más prudentes”, acompañan el féretro con una fidelidad inquebrantable. Para la pregonera, no se trata solo de una procesión: “Podemos escuchar uno de los sonidos más característicos del Domingo de Ramos: la esquila que acompaña el féretro que portan sus hermanos en el discurrir desde Milagrosa hacia San Sebastián”.

 “Hermano de la Santa Caridad, a medida que escuches más de cerca el sonido de esa campanita, más próximo estará el momento de que seas tú el siguiente en tocarla”, proclamó, con una ternura que solo la experiencia puede dar. 

“No hay banda, ni palio, ni palmas, ni claveles. Hay cera, hay cruz, hay compostura”, dijo, reivindicando lo esencial. Porque si en otras cofradías hay esplendor, en esta hay hondura. “La Santa Caridad no necesita pregón. Su ejemplo habla por ella”. Pero ella lo dio. Y lo dio bien. Con voz emocionada, recordó que “esta hermandad no solo desfila: acompaña, consuela, acoge, vela a los que parten y reza por los que quedan”. 

 Para María, la Caridad es más que una cofradía: es la raíz misma del Evangelio. “Hay hermandades que brillan con luz de cera, otras con luz de plata… pero la Santa Caridad brilla con la luz del servicio”. Por eso, su agradecimiento fue explícito, sin rodeos: “Gracias por cuidar a los que ya no están, a los que sufren, a los que nadie ve”.

Y cerró su evocación con la mirada puesta en lo eterno: “El Domingo de Ramos comienza con muerte, pero no con desesperanza. Ellos nos enseñan que todo final es también comienzo”. Por eso, “esta levantá va por todos los directores espirituales que nos acompañan durante todo el año a través de los cultos para alimentar nuestra fe”, y también por aquellos que, como los hermanos de la Caridad, “trabajan sin descanso para hacer visible lo invisible”.

Y así nos llevó a su infancia, cuando, con la impaciencia desbordada, pedía a su padre que la llevara a San Agustín. “Papá, venga, vamos ya para arriba que sale la Borriquita”, recordaba con una sonrisa casi infantil. Allí, entre la expectación del templo y el nervio en la garganta, aguardaba ese instante único en que se abren las puertas y comienza la vida pública del Señor. “Allí esperando al momento de mayor tensión, pues el miedo a esas edades no existe. Papá, que están de rodillas, que están desmontando el paso, que están bajando al Señor…”.

“Abrir el paso. Os traigo la salvación”, proclamó María, haciendo suyas las palabras de un Dios que se baja del cielo para jugar con sus hijos. “Es muy sencillo: escucharme y acompañarme. Acercaros a mí. Soy nuestro Padre Jesús de la Paz, montado en una borriquita, y vengo a salvar al pueblo de Marchena”.

El pregón se convirtió entonces en catequesis para los pequeños, en voz materna que susurra esperanza: “Niños y niñas de este pueblo, id a vuestras casas, corred la voz, que salgan todos a verme. Avisad a vuestras abuelas, que todos se vistan con sus mejores galas. A vuestros padres, decidles que os dejen estar por la calle junto a mí, que no pasa nada. Es el día de la Paz en Marchena”. Porque este día no es solo un comienzo litúrgico: es un renacer espiritual, un estallido de fe que convierte las calles en una nueva Jerusalén.

Con ternura dirigió esas palabras también a sus propios hijos: “Jesús y Jorge, hijos míos, ¿habéis escuchado el mensaje que el mismo Dios que ha bajado a la tierra ha dicho? Confiad, tened fe y amad desinteresadamente. Poneos en sus manos y agarrad fuerte esas ramitas de olivo que tienen la savia de la salvación. No las soltéis y no olvidéis llevarlas cada año después de misa a vuestras casas. Ponedle el lacito que más os guste, pero amarradla bien fuerte: tiene que durar todo un año”.

Desde ese instante del pregón, Marchena entera se vio montada en ese pollino, como si cada palmo de calle fuera una nueva bienvenida al Hijo de Dios. Y en la voz de María resonó el gozo de quien ha aprendido que la infancia no es una etapa, sino un don espiritual. Porque cada vez que sale la Borriquita, los que fuimos niños volvemos a serlo.

Y así, con la paz como estandarte, María nos recordó que la Semana Santa no empieza el Domingo de Ramos. Empieza mucho antes, en las miradas limpias de los niños, en los altares de cartón, en la rama de olivo que tiembla al viento… Y en el corazón que se prepara, año tras año, para volver a decir: “Papá, venga, que sale la Borriquita”.

Hay imágenes que no necesitan música para conmover, ni lágrimas para hablar. Basta con su andar sereno. Así es la Virgen de la Palma en la voz y en el corazón de María Hurtado, que la evocó en su pregón con la reverencia de quien ha sentido su consuelo tras la estrechez de la vida. “Madre de la Palma, eres madre de los que viven en acción de gracias. Llénanos este bonito día de algarabía”, dijo, iniciando con una súplica jubilosa lo que muy pronto se convirtió en letanía de devoción.

La estrechez del cancel de su iglesia fue imagen del alma que se prepara para acoger lo inmenso. “Tras la estrechez, aparece la calma. Palma, después de tu salida el pueblo impaciente te espera. El cancel está abierto. Comienza la Semana Grande y con ella uno de los mensajes: Dios aprieta, pero no ahoga”. Y en esa imagen de puertas que se abren está el símbolo del alma que se ensancha, del pueblo que espera, del milagro que comienza.

María supo captar ese contraste entre el rostro sereno y la hondura del mensaje. “¿Qué hay en tu mirada, Palma? ¿Dónde escondes tus lágrimas?”, se preguntaba, y cada palabra parecía buscar cobijo entre los entrevarales de ese palio que, año tras año, vuelve a tejer la esperanza con hilo de oro. “Los entrevarales son como los barrotes de las ventanas: están hechos para asomarnos a verte”, dijo, con una sencillez estremecedora.

Cuando el alma se arrodilla y el cuerpo detiene su prisa, es porque el Señor de la Humildad ha pasado.  María Hurtado, en su pregón de la Semana Santa de 2025, no solo recordó la escena; la vivió de nuevo con la emoción intacta y la convirtió en espejo de tantas vidas marcheneras. 

“Señor de la Humildad, una escuela de paciencia nos das”. Una lección aprendida en silencio, en los días lentos, en las noches largas, en los hospitales y en las salas de espera, donde “tus fieles desesperan sentado, como tú, en la piedra dura de la vida intentando comprender su rumbo”.

El Señor de la Humildad se convierte así en compañero de viaje, en intercesor del que no tiene fuerzas, en consuelo del que no entiende. “Junto a ti visitéis los hospitales, la residencia, las salas de espera…”. El lenguaje se volvió íntimo, casi confidencial. El tono del pregón descendió al susurro, al tú a tú de quien habla con su Dios en lo más profundo del alma.

Pero no se detuvo ahí. María hiló esta devoción con otra tradición muy marchenera: la saeta. “Una escuela de saetas, esa en la que se enseña a orar con una entonación que nunca falla, la que se canta desde el alma, la que está orada desde la autenticidad y con un pregón de un ángel desde ese balcón que sagrado parece estar afinado de año en año”. La saeta no es aquí un adorno musical, sino una plegaria que se eleva como incienso desde los balcones al cielo.

Hablar del Señor de la Humildad, es hablar de una enseñanza sin estridencias, de un ejemplo que no necesita alarde, de una presencia que sana sin tocar. “Regresa a tu templo con tu centuria detrás y no dejes nuestras vidas nunca en el azar. Pues hágase según tu voluntad”, concluyó María, dejando la oración como última palabra, como única respuesta posible ante el misterio de un Dios que se detiene para mirar al hombre desde su mismo nivel.

Hay una esquina de Marchena donde cada primavera se mece una novicia entre naranjos y flores. La Virgen de los Dolores no camina sola: la acompañan los suspiros de generaciones que han buscado en su rostro el consuelo a penas antiguas y recientes. María Hurtado lo expresó con palabras suaves y estremecidas, con la devoción de quien sabe que el dolor, cuando se ofrece, también puede ser redentor. “En el barrio de Santa Clara hay una Virgen con una mirada infinita y suplicante hacia el firmamento”, dijo. Y con esa frase abrió la puerta de un convento que es también refugio del alma.

Ella está “con un pañuelo colgando que casi te lo da si se lo pides”. Esa imagen sencilla –una mano tendida, un paño dispuesto a secar lágrimas ajenas– resume siglos de devoción popular. “Está esperándonos para consolar esas lágrimas que seguro que hoy no saben a sal, pues ya se ha encargado ella de quitarles ese mineral”.

El peso del pueblo está en ese pañuelo. “¿Cómo podemos pedirte tanto?”, se preguntó la pregonera, con una humildad desarmante. “¿Qué cansada tienes que acabar cada Miércoles Santo? ¿Cuánto pesa ese pañuelo sobre el que has absorbido todos los dolores de tu pueblo?”. Es la maternidad espiritual llevada al extremo: una madre que recoge, que escucha, que carga con lo que los demás no pueden.

En esa noche silenciosa de primavera, María reconoció que “madre dolorosa, es normal que mires al cielo en busca de tu consuelo”, pero le pidió algo más: “Baja tu mirada, que tus hijos queremos quitar la daga que atraviesa tu corazón, esa que profetizó el viejo Simeón”.

Hay nombres que se pronuncian con ternura. Nombres que no pesan, que no hieren, que no exigen. El de Jesús, cuando es niño, se dice con la suavidad con la que se acaricia un recuerdo, con la delicadeza con la que se habla de la infancia. Así lo proclamó María Hurtado en su pregón, elevando al Dulce Nombre de Jesús a la altura de un símbolo universal de consuelo y fortaleza: “Dulce Nombre de Jesús, siento la incongruencia de tu pronombre: ¿cómo puede ser dulce el que sabe, con tan pronta edad, lo que le espera?”.

Y sin embargo, lo es. Porque en ese rostro de niño con mirada sabia se concentra la ternura de Dios encarnado. “Tu nombre es dulce, y eso se refleja en la miel de tus labios”, dijo María, evocando la imagen de un Jesús que no teme, que se ofrece, que se entrega desde su inocencia.

Hablar del Dulce Nombre es hablar del primer asombro, del descubrimiento infantil de lo sagrado. “Aún recuerdo cómo te miraba de niña a niño”, confesó la pregonera. “Me fijaba en la pequeña crucecita de plata, la misma que después en madera yo portaría el Viernes Santo por las mismas calles que tú habías pisado”. Esa coincidencia entre la mirada del pasado y la vivencia del presente unió en una sola emoción a la niña que fue y a la mujer que ahora pregonaba.

María comprendió la paradoja de este Niño-Dios, que a pesar de su aparente fragilidad “tiene una mente de un diamante irrompible hacia el amor más puro y brillante que existe: el amor de Dios”. En esa contradicción entre niñez y divinidad, entre dulzura y sufrimiento, reside la grandeza de su imagen, y así lo expresó con una ternura que emocionó a todo el templo: “No llores, Dulce Nombre de Jesús, que todos los niños y niñas de tu pueblo te están mirando, te están ayudando”.

Y con un gesto de esperanza, selló el legado de generaciones: “Hoy los costaleros que te llevan son los mismos niños ya hechos hombres, y con la ayuda de tus ángeles, a pulso te elevarán al mismo cielo”.

Desde lo alto de una azotea, en un rincón que roza el cielo, una niña lanzaba su primera petalá sin saber que estaba sembrando una devoción que años más tarde haría florecer con palabras. Así nacía el amor de María Hurtado por la Virgen de la Piedad. “Desde la azotea de Cayetano veía de pequeña la salida del Dulce Nombre y desde allí también le ofrecía una petalá a la Virgen de la Piedad”, confesó con voz de memoria emocionada.

No hay calle en Marchena más silenciosa que aquella por la que pasa la Virgen de la Piedad. No hay rincón más íntimo que su paso lento, medido, donde todo parece pararse para dejar que el pueblo respire su consuelo. “Si te mecen, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de que puedas andar”, proclamó María, poniendo en boca del pueblo ese susurro que se convierte en plegaria cuando Ella aparece.

La oración siguió fluyendo, tejida como los bordados de su manto: “Si te levantan al cielo, déjate llevar, Piedad es la manera de hacerte volar”. Porque esta Virgen no solo camina, no solo llora: se eleva. La eleva su pueblo, que la sostiene con amor callado, la mece con ternura infinita. “Si te rezan en silencio, déjate llevar, Piedad es nuestra manera de tus penas quitar”.

El Jueves Santo en Marchena no comienza en el reloj, sino en el corazón de quienes esperan que se abra el portón franciscano. De allí sale cada año, envuelto en lirios morados y recogimiento, el Cristo de la Santa y Vera Cruz, llevando consigo la memoria de generaciones que han hecho de este paso una oración viva. María Hurtado, con la emoción serena que da el amor antiguo, abrió su evocación con una confesión sincera: “Cuando habla mi corazón de la Vera Cruz, habla de recuerdos, sobre todo aquellos que guardo con un cariño muy especial”.

En su niñez, María deseaba ser costalera, pero en aquellos años no se podía. Así que se conformaba “con ir a los ensayos y llevar la radio”, porque lo importante no era el rol, sino estar cerca del Señor que camina entre sombras y cal. 

La Vera Cruz, para María, no es una cofradía más: es la cofradía de su familia materna los Bellidos. Ess casa el Jueves Santo se convertía en una casa hermandad, «donde las túnicas de mis primos estaban muy bien colgadas y planchadas en los muebles del salón de cada casa”. 

 “El Jueves Santo en Marchena todo parece transformarse”, proclamó la pregonera. “La noche se oscurece, el cielo comienza a eclipsarse ante tu inminente muerte. Se abre un portón en la capilla franciscana, donde en el cancel espera un nazareno que porta esa peculiar cruz de guía”.

En ese momento, Marchena se vuelve un templo al aire libre. “Suena cornetas y tambores y una rampa de madera sobre la que rachean suavemente con un poco de cuerpo a tierra”, y Él baja “camino del barrio más monumental, entre esquinas que se retuercen, muy padeciente, coronado de espinas y la sangre derramada”. La marcha no es música, es latido; la cera no es luz, es lágrima; y el paso no es madera, es altar: “Una elegante levantá a pulso siempre te eleva, esas trabajaderas sagradas que rachean suavemente y que rezan sin parar en una noche que parece que no tiene final”.

María describió el instante en que la silueta del Cristo se proyecta sobre las paredes blancas del barrio, como una aparición: “De repente, por las paredes encaladas previamente, una silueta se refleja del Señor que pasa por tu casa. Verte. ¡Cuánta elegancia hay en tu barrio! ¡Qué silencio tan solemne!”. Porque si algo distingue a la Vera Cruz es el recogimiento que envuelve su discurrir, la sobriedad que no necesita ornamento, el rezo callado que no exige respuesta.

Hay nombres que no se pronuncian, se respiran. Nombres que no hacen falta decir en voz alta porque ya viven en el corazón. Así es la Esperanza en Marchena: no necesita presentaciones ni alardes. Basta con mirarla para entender por qué su manto verde no es un color cualquiera. “Dicen que el color de la Esperanza no es un verde normal”, explicó María Hurtado. “A mí me recuerda al verde del mar”. Pero no a un mar en calma, sino al mar que lucha, al que no se rinde. “El mar revuelto, ese que arrastra toda la arena del fondo cuando rompe la ola, justo ese es el color”.

Así la sintió la pregonera desde niña. No como un símbolo decorativo, sino como una necesidad vital. “La Esperanza te tripula para poder navegar, allá en tu fondo más profundo que te arranca el alma sin avisar”. Y como quien se aferra a una tabla en mitad del naufragio, elevó su canto: “Cuando la mar esté revuelta, a cara a cara mírala: es la Esperanza la que te salva de la deriva en alta mar”.

Por eso, la Esperanza de Marchena no es simplemente bella. “No vas a ser bella, Esperanza, tienes que serlo por necesidad”. Porque cada mirada busca en Ella una respuesta, un consuelo, un sí o un no que cambie el rumbo de una vida. “Sino, ¿cómo te miramos esperando encontrar la respuesta a ese sí o a ese no que ansiamos escuchar?”.

En esa mezcla de ternura y fortaleza, María fue desgranando su oración íntima: “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar cuando la ves pasar, va demostrando un no sé qué que te sacia cuando se va”. Porque verla no basta. Se necesita, se ansía, se espera. “Bella es la Esperanza que de verde tiñes el mar del que anhela encontrar los vaivenes de la vida que aparecen cuando no los sabemos tolerar”.

La pregonera describió con palabras sentidas esa conexión íntima entre la Virgen y su pueblo, donde cada uno lanza plegarias en silencio. “Miras para abajo, para nuestros ojos encontrar esas plegarias que te lanzamos y que en ti la respuesta está”. Y entonces se comprende que Ella, coronada y serena, no está solo para embellecer una calle, sino para sostener un alma. “Bella es la Esperanza, esa que porta alfajín de Capitán General y coronada está, la que navega sobre un palio estrellado hecho de terciopelo y plata, impregnada en nazar, y llevas más de 20 años siendo Reina de Marchena, de la cristiandad y de todo el mar”.

Hay imágenes que no se nombran sin estremecerse. Y en Marchena, si hay un nombre que agita las entrañas del pueblo entero, ese es el de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El Señor que no se menciona, se reza; el que no se mira, se sigue; el que no se explica, se siente. Y eso hizo María Hurtado: sentir. “¿En serio? ¿No me lo puedo creer? ¿Y ahora qué hago?”, se preguntaba recordando el instante en que se encontró frente a Él, tras veinte años de espera en una lista “que parece ser eterna para ponerme por un instante frente a ti, cara a cara”.

Su voz, que tantas veces se quebró a lo largo del pregón, pareció quebrarse aún más cuando pronunció esas palabras: “Ese día no sabía si hablarte desde mi tristeza o desde el agradecimiento”. Porque el día que María se revistió de Verónica fue el mismo día en que su abuela Conchita se despidió de este mundo. Y no, no fue casualidad. “Tú decidiste que yo, vestida de Verónica, justo ese día ascendiera a ti”.

Aquella escena no fue solo un rito ni un sueño cumplido: fue un abrazo entre generaciones, un gesto de la Providencia. “Tu rostro yo limpiar o tú el mío. A mí no podía estar nerviosa ese día, solo quería hablar contigo y que me explicaras qué es lo que pasaría”. Y en ese diálogo íntimo entre nieta y Señor, entre túnica morada y paño blanco, se selló una alianza de vida entera.

“No vi a mi abuela desde el balcón viendo pasar a su nieta, sino que fui yo la que la acerqué a ti al balcón infinito del cielo”. Y en ese gesto, María comprendió algo esencial: que cuando Dios está por medio, no hay casualidades, solo misterios que se revelan con amor.

No es extraño que su camino nazareno lo viva como una misión. “Por eso camino descalza y de morado, desde San Miguel, cuando las puertas están de par en par, un Viernes Santo de madrugada, bajo un cielo estremecido de gargantas que se rompen a rezar”. Porque seguir a Jesús Nazareno no es solo vestir la túnica: es descalzarse del mundo, entregarse sin medida, fundirse en cada chicotá con el latido de su pueblo.

Con la emoción contenida de quien ha sentido esa madrugada en la piel, fue relatando cada recoveco del recorrido, cada paso que Él da por las calles de Marchena. “Bajo una luna llena primaveral, camino descalza y de morado, siguiendo una cruz de guía bajando de la Rabal”. Esas calles, que de día son barrio, en su paso se hacen santuario: Plazuela del Topo, calle Estudio, calle Sevilla, San Sebastián, Milagrosa, Santa Clara… “Calle Sevilla, que no sube, que reza por la paz bajo una palma merced y pilar”.

Y en ese discurrir lento, fatigado, arrastrando la cruz, María descubre que no solo camina Jesús. Camina el pueblo entero con Él, cada cual con su herida, cada cual con su fe. “Camino descalza y de morado hasta llegar al más sagrado altar del Monumento, donde está Jesucristo ya no muerto, sino vivo”. Porque Jesús no cae, se arrodilla. No se cansa, se entrega. “Tú que caminas, tú que no te paras, tú que no te cansas y el que nos miras cara a cara”.

Hay lágrimas que no se ven, pero que mojan por dentro. Lágrimas de sal y de silencio, de fe y de desahogo. Lágrimas como las de María Santísima de las Lágrimas, que no brotan solo de sus ojos tallados, sino de todos los que la miran. María Hurtado, con la emoción desbordada, se dirigió a Ella no como pregonera, sino como hija, como mujer, como madre, como alguien que un día descubrió que aquellas manos abiertas no solo recogían súplicas: también sostenían vidas.

“Virgen de las Lágrimas, tengo que pedirte perdón por haberte dado de lado durante tantos años”, confesó con humildad, reconociendo que sus miradas y sentimientos “se concentraban en tu Hijo primero”. Pero la vida, con su manera extraña de ponernos en nuestro sitio, hizo que fuese precisamente Ella quien la tomara de la mano en uno de los momentos más íntimos y reveladores. “Me pusieron junto a ti. Mejor dicho, en tus manos. Siempre abiertas se quedaron desde entonces, como hacen todas las madres”.

Ese instante, que quedó “fosilizado” en el corazón cofrade de la pregonera, ocurrió cuando estaba embarazada de su hijo Jorge. “Con uno de mis hijos en mi vientre pude acompañarte al son de la misma marcha que hoy aquí ha acontecido: Amarguras, Fondeanta”. La misma marcha que abría el pregón y que ahora regresaba para abrazar la memoria de aquella noche. “Lo admito: estaba algo triste de no poder hacer mi estación de penitencia ese año. Aunque lo intenté, me puse mi túnica, pero solo aguanté hasta pasar el arco”.

En su interior, una vida latía, y afuera, otra Vida —la de la Virgen— se desbordaba en compasión. “Qué mágicos son los momentos”, dijo, cuando, “a la voz de un Jorge costalero al mando de su capatá, daba voz a otro Jorge, el de mis adentros”. Porque no todas las lágrimas son de tristeza, y María supo reconocerlo: “También las hay de agradecerte, Virgen de las Lágrimas, que tu amargura se desvanece y la vida resurge al pasar y verte”.

De ese dolor hecho belleza brotó una descripción que conmovió a todo el templo: “Ahora, Madre, entiendo tu manto. Tu manto azul, de azul cobalto. No va a ser de otro color si está lleno de penas y de llanto”. Un manto que no cubre solo una imagen, sino que arropa a todo un pueblo. “Lo llenas tanto y tanto que es el océano de Marchena cada Viernes Santo”.

Y como ola tras ola, sus palabras se hicieron poesía. “Ahora, Madre, entiendo tu manto: de Nazarenos ahogados entre el dolor acumulado de los porrazos que la vida te golpea cuando menos estás preparado”. Ese manto, dijo, recoge las lágrimas de las madres que luchan en silencio, “de las que los vaivenes del día a día te consumen más todavía y esperan a verte para desahogar su agonía”.

Hay imágenes que parecen detenidas en el tiempo. Y otras que, aunque inertes, respiran. El Santísimo Cristo de San Pedro no camina, pero avanza en el alma de quien lo contempla. Así lo vio María Hurtado cuando, con la voz encogida, narró su primer reencuentro con Él al saber que sería pregonera: “¿Cómo no sentir ese dolor, Santísimo Cristo de San Pedro, al verte pasar a través de las calles estrechas, donde el silencio se rompe con el crujir de tu madera y el rachear del esparto sobre el suelo desgastado, al eco de tu ‘Miserere’ y entonaciones de quintas y sextas?”

En ese momento, lo esencial no fue hablar, sino ver. “La primera hermandad que fui a visitar fue esta”, confesó, “y ¿qué vi? Vi a ese Cristo que está allí, a lo lejos, en Santo Domingo, fundido en madera. Madera convertida en talla. Talla traducida a vida”. Porque en Marchena, el arte no es adorno, sino dogma: las imágenes respiran y sangran, y el Cristo de San Pedro es prueba de ello.

Fue en una visita posterior cuando la pregonera se atrevió a mirarlo desde más cerca, desde abajo, desde sus pies. Y en ese ángulo inédito descubrió una dimensión hasta entonces desconocida: “Tuve el atrevimiento de acercarme y, desde ese ángulo, pude percatarme de algo que jamás vi en la tarde del Viernes Santo: la dureza que padeciste. Tus manos moradas, tus brazos estirados, tus piernas fatigadas, tus pies ensangrentados y tu rostro, Señor, desfigurado”.

No lo dijo con aspavientos, sino con la seriedad de quien ha tocado el dolor. “Parece que vives, aunque estás recién muerto”, sentenció. Porque en el Cristo de San Pedro no hay dulzura ni calma, sino el espanto contenido de una muerte real. Y eso fue lo que más conmovió a María: la crudeza.

Recordó, entonces, aquella última vez que Marchena lo vio por sus calles, en andas y sin dosel, y comprendió por qué sus hermanos quisieron bordarle un dosel de terciopelo que disimulara las heridas: “Tuvieron que mandar hacer tal reliquia para que se pudieran disimular tus lesiones, tu frialdad, tus traumatismos, tus llagas y esa mirada perdida en busca de consuelo”.

El dosel, entendido como refugio, no como adorno. “Todo, Señor, para salvar a tu pueblo”. Porque no hay ornamento más sagrado que el que envuelve el sufrimiento. María lo entendió y lo explicó con una claridad conmovedora: ese dosel no es sólo belleza, es compasión. Un escudo bordado frente al horror.

La noche del Viernes Santo no se apaga del todo mientras quede encendida la mirada de una madre. Y en Marchena, esa madre tiene un nombre: María Santísima de las Angustias. A Ella se dirigió María Hurtado con un susurro convertido en plegaria, con ese respeto que sólo se puede tener hacia quien lo ha perdido todo y, sin embargo, sigue en pie.

“Madre, aunque eres modelo y maestra de la fe, me ha costado enfrentarme a ti”, comenzó diciendo. No porque no la amara, sino porque representa aquello que a nadie le gusta atravesar: “Representas una de las advocaciones que menos queremos sentir en nuestras vidas: la angustia, el temor, el miedo, la desesperación”.

La pregonera imaginó su dolor no desde la distancia, sino como hija, como madre, como mujer. Y se preguntó con temblor en la voz: “¿Qué día tan largo tuviste que pasar? ¿Cuál fue el más duro? ¿Su condena? ¿Las burlas? ¿Ver cómo caminaba y caía con la cruz? ¿Ver cómo lo crucificaban? ¿O tenerlo de nuevo entre tus brazos ya sin vida?”

La escena es desgarradora. Y María no la suavizó, no la embelleció con palabras vacías. Fue al centro del abismo, al instante exacto en el que la Virgen recoge a su Hijo muerto. “Ya no hay mayor espanto, pues llegó el instante. La palabra está cumplida. La muerte ha discurrido por las calles. Tu hijo, crucificado, ya sin dolor, esperando la salvación, su resurrección”.

Cada palabra fue tallada con lágrimas. “Madre, en esta noche teñida de luto, donde las calles de Marchena han intercambiado luces por sombras y el silencio se ha apoderado del murmullo, la cera de tus nazarenos va llorando por el suelo”. Esa cera que llora, como tú, como todos.

“Seis lágrimas de angustia resbalan por tu bello y blanquecino rostro, donde el sofoco del pánico que debiste sufrir le dan color a tu mejilla”, continuó, como quien ha sostenido la imagen entre las manos y ha sentido el temblor del alma. “Madre de negro y pálido corazón, aunque sintieras en tu garganta ese nudo que te hace callar, aunque sintieras en tu alma ese dolor que te ahoga aún más, aunque sintieras en tu corazón cien puñales al hincar… angustias más desamparadas quisieran los marcheneros quitar”.

El Sábado Santo en Marchena no es una noche de duelo, sino un umbral. Y ese umbral tiene forma de paso: el Santo Entierro, el “resumen del que todo lo consume”, como lo definió María Hurtado, con el corazón lleno y la voz hecha incienso. Porque tras la muerte, dijo, “es el poliedro perfecto, donde Cristo yacente, descendido de la cruz, triunfante, duerme por poco tiempo”.

No habló sólo del silencio ni de la solemnidad, sino del milagro tallado en madera. “Si hubiese sabido tu escultor, Jerónimo Hernández, que luego vendría un Guzmán Bejarano para dejarnos perplejos ante tan majestuosa obra, no se lo hubiese imaginado. Nada falta, Señor”. Y es que ese paso no es un paso: es un retablo andante que late con cada zancada.

Es un libro abierto, con capítulos de oro y lirios morados. “Es un retablo abierto que camina entre decorados con lirios pasionantes, que van haciendo justicia ante tu paso”. En sus esquinas, las cuatro esquinas del mundo: “¿Quién no ha mirado a sus esquinas, con sus evangelistas? A San Lucas, acompañado con la fuerza del toro. A San Marcos, con el poder del león. A San Juan, con el águila que todo lo divisa. O a San Mateo, con ese ángel que nos aguarda”.

Y allí, en el vértice de todo, en el centro geométrico de la fe, está Él: “Sí, porque en el vértice, en el extremo de tu poliedro, Señor, estás una vez más tú, transformado en polígono, para que podamos vivir a través de ti”. Un paso que, al avanzar, no pisa, sino que flota. “Da igual que subas a toda prisa con un izquierdo que rachea por el susurrar del paso del tiempo, ante un suelo desgastado y unas paredes que, si hablaran, Señor, quizás no seguirían en pie”.

Marchena no sólo lo contempla, lo acompaña. Y Él, a su vez, la guía en su ascenso hacia la esperanza. “Sigue subiendo hacia la mota más alta y atraviesa esa puerta medieval, esa que nos acerca más de ti, pues tu fe nos guía”.

Pero no va solo. Le siguen las que no fallan nunca. “Seguido de tus tres Marías: Salomé, Magdalena, María Cleofás, y la Verónica, que nos muestra tu Santa Faz”. Son ellas las custodias del silencio, las guardianas de ese cuerpo que duerme, pero que no ha muerto del todo.

Y María lo proclama con la certeza de quien lo ha sentido en carne viva: “Santo Entierro, que no te hemos enterrado. Que a tu sepulcro te hemos acompañado solo para que vuelvas a vivir, ahora sí, toda la eternidad”.

Cuando ya la Semana Santa declina, cuando las túnicas se guardan y el silencio vuelve a tomar las calles, una figura sigue en pie. Es la Virgen de la Soledad, coronada de estrellas, sostenida por la oración de un pueblo entero que, aunque la llama sola, nunca la deja sola.

Así la describió María Hurtado, con ese respeto que sólo se profesa a lo que es eterno. “Madre, eres modelo de amor, y das todo aunque te duela”, comenzó, en un tono de íntima veneración. “¿Cómo te llaman Soledad, con un pueblo que te corona y que sola no te deja estar?”

La contradicción de tu nombre no hace sino subrayar el consuelo que repartes. “Te llaman Soledad, pero en tu tiro te cobijan y no te dejan escapar. Te llaman Soledad, pero eres la madre de todos los marcheneros”, afirmó la pregonera, recogiendo ese anhelo callado que acompaña a tantos en la noche más honda del año.

Hay instantes que sólo Marchena entiende. Uno de ellos ocurre bajo tu palio, cuando los cirios titilan y las bambalinas tiemblan. María no lo dejó pasar: “¿Capatá, qué se siente cogiendo ese llamador de plata? ¿Dónde están puestas todas las plegarias de un pueblo? Saber que en ti está la voz que hace que los milagros se cumplan”.

No son versos, son verdades de fe. “Cuántos rezos de madre desconsolada hacia la madre de Marchena, Soledad Coronada”. Madres que encuentran en ti un espejo, un refugio, un bálsamo. Porque tú, aunque rota, sigues de pie. Porque tú, aunque te llamen Soledad, estás acompañada de todas las mujeres de Marchena: “baja, acordonada por mujeres que sola no te van a dejar, vestidas de manto y que no paran de rezar”.

Tu palio es más que orfebrería, es un cielo tangible. “Tu palio repleto de estrellas relucientes entre una palmera muy ducal que tiene siete hojas, una por cada hermandad”, dijo María, hilando historia, estética y símbolo en una sola imagen. “Tus bambalinas son lunas que se mecen sin parar, camino de ese sepulcro que vacío dicen que está”.

María nos lleva al instante último de tu tránsito por las calles, allí donde los adioses se pronuncian sin voz. “Soledad, abre un poco esas manos, déjalas de apretar, que desde mi ventana te lanzo una plegaria más. Recíbela: de cariño es igual de importante que las demás, pero esta tiene más peso. No, no es para mí. Es para quien tú ya sabes”.

Y en ese gesto final, en ese cerrar de manos, María Hurtado depositó el anhelo más profundo de todos: salud para quienes luchan. “No te olvides, Soledad, a por otro año de salud para los que están”. Porque si alguien puede guardar ese deseo, eres tú, que llevas siglos custodiando el dolor, la esperanza y la fe de Marchena.

“Cierra tus manos. El secreto dicho está. ¡Viva la Soledad Coronada! ¡Viva María sin pecado original!”. Con esa exclamación concluyó María su ofrenda, con el corazón en vilo y los ojos húmedos de quien ha comprendido que la Soledad no es ausencia, sino compañía fiel hasta el final.

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Actualidad

Las cofradías de Marchena, reconocidas en los Premios Demófilo 2026 por conservar sus saetas durante siglos

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La Fundación Machado distingue, según el anuncio difundido de los galardones, la labor de las hermandades marcheneras en la transmisión de uno de los patrimonios musicales más singulares de Andalucía. Un reconocimiento que pone el foco en la supervivencia de los antiguos cantes procesionales, transmitidos de generación en generación.

La saeta marchenera, una de las expresiones más antiguas y características de la Semana Santa local, vuelve a situarse en el centro de la atención cultural andaluza. Las cofradías de Marchena figuran entre los reconocimientos anunciados para los Premios Demófilo 2026, que concede la Fundación Machado, en la modalidad dedicada al valor patrimonial de los rituales, por su contribución a la conservación de las saetas propias de sus hermandades a lo largo de los siglos.

El reconocimiento trasciende el ámbito estrictamente religioso. Supone poner en valor una tradición musical que forma parte de la memoria colectiva de Marchena, transmitida a través de las voces de generaciones de saeteros y conservada gracias a la continuidad de unos rituales que han mantenido su personalidad frente a la evolución de otras formas de interpretar la saeta en Andalucía.

En Marchena, la saeta no es únicamente un cante dirigido a una imagen religiosa durante su recorrido procesional. Es también un lenguaje propio, con melodías, formas de interpretación y estilos asociados históricamente a distintas hermandades. Su permanencia convierte a la Semana Santa marchenera en un espacio de conservación del patrimonio cultural inmaterial.

Un patrimonio musical que ha sobrevivido al paso de los siglos

Entre las particularidades de la tradición marchenera destaca la conservación de las saetas antiguas, anteriores o diferentes en su configuración a las modalidades flamencas que posteriormente alcanzaron mayor difusión.

Las cuartas, quintas, sextas, carceleras y otras formas tradicionales constituyen un repertorio de extraordinario interés para comprender la evolución de la religiosidad popular y de la música de transmisión oral en Andalucía.

Su interpretación se encuentra vinculada a momentos concretos de las estaciones de penitencia, a determinadas imágenes y a las costumbres particulares de cada corporación. De este modo, las hermandades no solo han conservado imágenes, insignias y documentos históricos, sino también una herencia musical que difícilmente podría sobrevivir sin la participación activa de sus miembros.

La importancia de esta tradición aparece documentada desde hace más de un siglo. En 1916, Agustín Aguilar y Tejera recopiló saetas procedentes de la tradición oral marchenera, un testimonio que permite conocer la antigüedad y riqueza de estos cantes.

La Escuela de Saetas Señor de la Humildad, cuatro décadas trabajando por su conservación

Un papel fundamental en la continuidad de este legado corresponde a la Escuela de Saetas Señor de la Humildad, fundada en diciembre de 1986 por Roberto Narváez Castillo en el seno de la hermandad marchenera.

La escuela nació precisamente para estudiar, conservar y transmitir las modalidades tradicionales, ante el riesgo de que algunas desaparecieran con sus últimos intérpretes.

Desde entonces, su actividad formativa ha permitido que nuevas generaciones aprendan unos cantes que durante mucho tiempo se transmitieron principalmente mediante la convivencia, la escucha y la participación en las celebraciones religiosas.

Su labor demuestra que el patrimonio inmaterial necesita algo más que su reconocimiento histórico: requiere personas dispuestas a aprenderlo, practicarlo y transmitirlo.

La continuidad de estos estilos, casi siempre al margen de los grandes circuitos comerciales de la música, representa también una forma de resistencia cultural frente a la progresiva homogeneización de las tradiciones populares.

La restauración de la Macarena y los oficios tradicionales, entre los reconocimientos anunciados

La relación de los Premios Demófilo 2026 difundida en redes sociales incluye también a Cordonería Alba, distinguida en la categoría de larga trayectoria por su vinculación con los oficios artesanales de la Semana Santa.

En la modalidad de obra permanente aparecen el restaurador Pedro Manzano y el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, por su intervención en la restauración de la Virgen de la Esperanza Macarena.

El reconocimiento a una obra efímera corresponde, según el mismo anuncio, a Leandro González por el atavío de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de Santa Cruz.

También figura un premio especial dedicado al puesto de incienso de la familia Fiances, situado en la calle Córdoba de Sevilla, una de esas manifestaciones populares que forman parte del ambiente de la Semana Santa.

La relación de galardonados reúne así distintas dimensiones de una misma celebración: la conservación de los oficios artesanales, la restauración del patrimonio artístico, el trabajo de vestidores y la permanencia de costumbres transmitidas entre generaciones.

Los Premios Demófilo, una defensa de la cultura popular andaluza

Instituidos en 1988 por la Fundación Machado, los Premios Demófilo reconocen las artesanías, labores tradicionales y expresiones culturales vinculadas a la Semana Santa.

Su denominación recuerda el seudónimo de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, uno de los grandes investigadores del folclore andaluz del siglo XIX y defensor del estudio de la cultura popular como fuente de conocimiento histórico y antropológico.

La filosofía de estos galardones se encuentra precisamente en la protección de aquellos oficios y manifestaciones que, pese a su importancia cultural, no siempre reciben la atención que merecen.

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Actualidad

Cortes de tráfico este viernes en la calle Manuel Rojas Marcos de Marchena por obras en la red de saneamiento

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Los trabajos se desarrollarán este 6 de noviembre, entre las siete de la mañana y las tres de la tarde, y obligarán a modificar la circulación en el entorno del Arco de la Rosa y la calle Antonia Díaz.

El Ayuntamiento de Marchena, a través de la Policía Local, ha anunciado restricciones de tráfico para este viernes 6 de noviembre en la calle Manuel Rojas Marcos, con motivo de las obras de reparación y mejora de la red de saneamiento. Los trabajos están previstos entre las 7:00 y las 15:00 horas y afectarán a la circulación de vehículos en uno de los accesos al casco histórico de la localidad.

Según ha informado la Policía Local, durante el desarrollo de las obras se impedirá la subida de vehículos por la calle Manuel Rojas Marcos a la altura del Arco de la Rosa. Asimismo, en la intersección con la calle Antonia Díaz, la circulación será desviada en dirección al Arco de la Rosa.

Accesos alternativos a Los Cantillos, San Francisco y San Sebastián

Los conductores que necesiten acceder a Los Cantillos o a las calles San Francisco y San Sebastián deberán utilizar la calle Las Torres como vía alternativa.

Por su parte, quienes se dirijan a la calle Antonia Díaz tendrán que acceder por la calle Santa Clara, teniendo en cuenta las modificaciones provisionales de circulación establecidas en Manuel Rojas Marcos hacia el Arco de la Rosa.

La Policía Local ha advertido también de que estará prohibido estacionar en la zona afectada para facilitar el desarrollo de las obras y permitir el acceso de los operarios y la maquinaria.

El Ayuntamiento instalará señalización provisional para orientar a los conductores durante la intervención y solicita a los vecinos que respeten las indicaciones y utilicen los itinerarios alternativos.

Las restricciones están previstas hasta las 15:00 horas de este viernes, según el horario comunicado oficialmente, aunque no se ha precisado si las obras quedarán completamente finalizadas ese mismo día.

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Actualidad

El Gobierno destina 1,07 millones a restaurar la torre y la Puerta del Tiro de Santa María de Marchena

La comisión mixta del Programa 2 % Cultural selecciona provisionalmente el proyecto de restauración del Tiro de Santa María, con una aportación estatal de 1.073.827,13 euros, el 60 % de la inversión prevista.

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La torre y la Puerta del Tiro de Santa María, uno de los lugares donde mejor se reconoce la historia de la antigua alcazaba de Marchena, han sido seleccionadas para recibir una subvención estatal de 1.073.827,13 euros. La aportación del Gobierno de España cubrirá el 60 % de la restauración y puesta en valor proyectada por el Ayuntamiento, dentro del Programa 2 % Cultural. Se trata de la mayor ayuda prevista para los cuatro monumentos de la provincia de Sevilla incluidos en la resolución provisional anunciada este jueves, 5 de noviembre.

Tiro de Santa María de Marchena, fotografía de archivo
La torre y la Puerta del Tiro de Santa María. Fotografía de archivo de Marchena Secreta.

La noticia supone un avance para la recuperación del antiguo recinto defensivo de Marchena. La comisión mixta del Programa 2 % Cultural, en la que participan los ministerios de Vivienda y Agenda Urbana, Transportes y Movilidad Sostenible y Cultura, ha incluido el proyecto marchenero entre los 78 seleccionados provisionalmente en toda España, de un total de 422 solicitudes. La dotación de esta convocatoria alcanza los 80 millones de euros, de los que 13,77 millones corresponden a actuaciones en Andalucía.

Una inversión cercana a 1,79 millones

Los 1.073.827,13 euros anunciados representan el 60 % del presupuesto de la actuación. De ese porcentaje se desprende una inversión total prevista de aproximadamente 1,79 millones de euros y una financiación restante de unos 716.000 euros, que deberá concretarse en la tramitación municipal. La inclusión en el listado provisional no equivale a que las obras hayan comenzado ni permite anunciar todavía una fecha de ejecución.

La antigua puerta del alcázar

El Tiro de Santa María fue uno de los accesos principales a la alcazaba marchenera desde la medina. El arco comunicaba la villa con el recinto fortificado situado en la parte alta del cerro de la Mota. Su nombre está ligado a la cercana iglesia de Santa María, emplazada sobre el solar de la antigua mezquita mayor. Durante los siglos XV y XVI, bajo el señorío de los Ponce de León, este sector del recinto experimentó transformaciones de importancia.

Su recuperación tiene un valor que va más allá de la reparación de un monumento aislado: ayuda a comprender la relación entre la ciudad medieval, el antiguo alcázar y las posteriores intervenciones señoriales. El conjunto histórico-artístico de Marchena fue declarado como tal en 1966.

La web técnica Murallas de Marchena, vinculada a la intervención de consolidación y restauración promovida por el Ayuntamiento, describe la función del arco como acceso entre la medina y la alcazaba y documenta los hallazgos arqueológicos realizados en su entorno.

Una actuación diferenciada de la segunda fase de las murallas

La nueva ayuda del 2 % Cultural corresponde a la restauración y puesta en valor de la torre y la Puerta del Tiro. No debe confundirse con la segunda fase del proyecto de recuperación de las murallas almohades, cuya inversión y financiación fueron explicadas anteriormente por Marchena Secreta. Ambas actuaciones afectan al patrimonio defensivo de la localidad, pero responden a expedientes de financiación diferentes.

Marchena concentra la mayor ayuda provincial

Además del proyecto marchenero, la relación provisional incorpora tres actuaciones en la provincia: 830.118,19 euros para las antiguas cocinas del Real Monasterio de Santa Clara de Sevilla; 131.373,22 euros para la muralla de la Casa de la Moneda, también en la capital; y 194.096,03 euros para recuperar el patio sur del palacio de Benamejí de Écija. En conjunto, las cuatro subvenciones superan los 2,2 millones de euros.

La información procede de la comunicación de la Subdelegación del Gobierno difundida este 5 de noviembre y contrastada con la información histórica y técnica del propio recinto monumental. Información sobre la comunicación oficial de la Subdelegación del Gobierno.

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Actualidad

El consumo de alcohol baja entre los adolescentes, pero sigue comenzando antes de los 14 años

ESTUDES 2025 confirma un descenso del consumo de alcohol entre adolescentes, mientras la Junta mantiene el alcohol entre las principales causas de admisión a tratamiento. Marchena pone el foco en la ayuda mutua de San Miguel.

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Pareja brindando con cerveza durante una actividad de ocio

El alcohol continúa siendo la sustancia psicoactiva más consumida entre los adolescentes españoles, aunque los últimos datos oficiales muestran una reducción de su consumo. Detrás de los porcentajes hay, sin embargo, una realidad que no desaparece: personas y familias que necesitan orientación para afrontar una relación problemática con la bebida. En Marchena, la información facilitada a este periódico sitúa un grupo de Alcohólicos Anónimos en los salones parroquiales de la iglesia de San Miguel, con reuniones los martes a las 20.00 horas y una trayectoria aproximada de veinte años. Estos detalles locales están pendientes de confirmación directa con el grupo.

Menos adolescentes beben, pero el inicio sigue siendo temprano

La encuesta ESTUDES 2025, publicada por el Ministerio de Sanidad y realizada entre estudiantes de 14 a 18 años de toda España, indica que el 51,8 % había consumido alcohol en los treinta días anteriores a la encuesta, frente al 56,6 % de 2023. El porcentaje que se había emborrachado durante ese periodo descendió del 20,8 % al 17,2 %. El consumo intensivo en un intervalo breve, conocido como binge drinking, se situó en el 24,7 %. La edad media del primer consumo permanece en 13,9 años.

Estos resultados permiten hablar de un descenso de determinados indicadores de consumo juvenil en España, pero no de una desaparición del problema. Tampoco permiten concluir por sí solos que haya disminuido la dependencia alcohólica en la provincia de Sevilla: consumo, intoxicación y trastorno por consumo de alcohol son realidades diferentes.

El alcohol, segunda causa de admisión a tratamiento por sustancias en Andalucía

La dimensión sanitaria del problema aparece en las estadísticas de atención a las adicciones. Según la Junta de Andalucía, durante 2024 se registraron 18.533 admisiones a tratamiento en centros ambulatorios por distintas adicciones. La cocaína representó el 33,2 % de las admisiones y el alcohol el 27,4 %, seguido del cannabis, con el 13,9 %. Se trata de datos de Andalucía y de admisiones a tratamiento, no de una estimación de todas las personas con alcoholismo ni de cifras exclusivas de Sevilla.

¿Qué sabemos de Sevilla?

La Junta dispone de una encuesta específica, La población andaluza ante las adicciones, con resultados desagregados por provincias para población de 12 a 64 años. También publica el indicador anual de admisiones a tratamiento con desglose provincial. Esas son las fuentes apropiadas para estudiar con precisión la evolución del alcohol en Sevilla. Sin extraer y comparar las series provinciales correspondientes, no sería riguroso afirmar que el alcoholismo aumenta o disminuye en Sevilla al mismo ritmo que los indicadores generales.

San Miguel: la importancia de encontrar apoyo cerca de casa

En Marchena, la labor de los grupos de ayuda mutua ofrece una perspectiva distinta de la estadística. Según los datos trasladados a Marchena Secreta, Alcohólicos Anónimos mantiene encuentros los martes a las ocho de la tarde en los salones parroquiales de San Miguel, una actividad que se remontaría aproximadamente veinte años atrás. El periódico no ha podido verificar todavía con sus responsables el horario vigente ni la fecha exacta de inicio; por ello, se recomienda confirmar la reunión antes de acudir.

Alcohólicos Anónimos es una comunidad de ayuda mutua entre personas que desean dejar de beber. Sus reuniones no equivalen por sí mismas a una consulta de psicología ni sustituyen la atención médica o los tratamientos especializados. La discreción y el respeto al anonimato de quienes participan son esenciales a la hora de informar sobre esta iniciativa.

El descenso del consumo declarado entre adolescentes es una noticia positiva, pero no debería ocultar que una proporción considerable sigue bebiendo y que algunas personas necesitan ayuda para abandonar el alcohol. La prevención entre jóvenes, la información rigurosa a las familias, la atención sanitaria y los espacios comunitarios de apoyo forman parte de una respuesta que no puede reducirse a juzgar a quienes tienen un problema.

La Junta de Andalucía mantiene el teléfono gratuito 900 845 040 para informar y orientar sobre drogas y adicciones. Cuando existe dependencia física, abandonar el alcohol de forma brusca puede provocar un síndrome de abstinencia grave; en esos casos es importante recibir valoración sanitaria.

Fuente: Junta de Andalucía, información y recursos sobre adicciones.

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Actualidad

Marchena abre una nueva convocatoria de subvenciones para clubes y deportistas federados

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Sede de SODEMAR del Ayuntamiento de Marchena, donde se presta el servicio Andalucía Orienta

El Ayuntamiento de Marchena ha publicado el 30 de octubre de 2026 la aprobación de la convocatoria de subvenciones para entidades, clubes deportivos y personas físicas federadas del municipio correspondiente al ejercicio 2026.

La convocatoria llega después de que el Consistorio publicara el 29 de octubre una modificación de las bases reguladoras de estas ayudas. Por ello, las entidades y deportistas interesados deben consultar tanto el anuncio de convocatoria como las bases actualizadas antes de preparar la solicitud.

Estas ayudas están dirigidas a respaldar la actividad deportiva local. No obstante, la cuantía individual, los requisitos de justificación y el plazo exacto de presentación deben comprobarse en el texto íntegro del anuncio oficial; no basta con la referencia a su aprobación.

Los documentos pueden localizarse en la sección de actualidad de la web del Ayuntamiento de Marchena, en las publicaciones de Deportes del 29 y 30 de octubre de 2026.

Fuente: Ayuntamiento de Marchena, convocatoria publicada el 30 de octubre de 2026.

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Actualidad

El aparcamiento de Santo Domingo dejará de funcionar el 25 de noviembre

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El aparcamiento de la calle Santo Domingo de Marchena dejará de prestar servicio el próximo 25 de noviembre de 2026, porque la propiedad del terreno ha decidido no renovar el contrato de arrendamiento con el Ayuntamiento.

El anuncio reabre el debate sobre la disponibilidad de estacionamiento en el centro histórico. La pérdida de este espacio afecta a una zona donde el aparcamiento ha sido objeto de reclamaciones y propuestas en años anteriores.

De acuerdo con la misma información, el Ayuntamiento trabaja en una alternativa en otro solar. La cuestión del estacionamiento en el centro ya fue abordada por este periódico en anteriores informaciones sobre las propuestas municipales y la demanda de plazas. Seguiremos pendientes de la confirmación oficial del cierre y de las soluciones previstas.

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