Historia
Arte y poder en la labor de mecenazgo de los Ponce de León
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2 años agoon
La relación entre el arte y el poder durante la Edad Moderna, y específicamente en el reinado de los Reyes Católicos y los inicios del Imperio español, estaba significativamente marcada por la representación y proyección del poder y la magnificencia de la monarquía. En aquel entonces, el arte no solo se apreciaba por su valor estético, sino también por su capacidad de comunicar el lujo y la autoridad de los gobernantes. Los Reyes Católicos, por ejemplo, utilizaron símbolos y gestos en ceremonias y eventos para reafirmar su posición ante los súbditos. Esta práctica fue heredada de la corte de los duques de Borgoña y continuada por la casa de Austria en España durante los siglos XVI y XVII.
Las festividades cortesanas, como las entradas triunfales, los festejos caballerescos y las ceremonias religiosas, eran momentos clave para la manifestación del poder a través del arte. En estos eventos, la decoración de espacios y la ornamentación personal adquirían un papel esencial, utilizando elementos como tapices, armaduras y joyas para impresionar y manifestar poder. La itinerancia de la Corte y la transformación de espacios urbanos en escenarios para estas representaciones de poder eran comunes, como lo fue en la ciudad de Valladolid durante el reinado de Carlos V.
La Casa de Ponce de León, una prominente familia de la nobleza, también participó activamente en este intercambio cultural y político a través del arte. Durante el mandato del Duque Rodrigo Ponce de León Álvarez de Toledo, se establecieron conexiones con artistas de renombre como Zurbarán, Murillo y Ribera. Por ejemplo, Zurbarán fue comisionado para pintar una serie para la sacristía de la iglesia matriz de San Juan Bautista en Marchena. Murillo, por su parte, visitó Marchena y se interesó por la obra de Ribera, lo que influyó en su propio estilo. Además, se cree que Ribera pudo haber pintado obras por encargo del virrey de Nápoles, que residía en Marchena, y que algunas de estas podrían haber adornado conventos y otros edificios religiosos de la ciudad.
Estos intercambios demuestran cómo el arte no sólo era una manifestación de la devoción religiosa o la búsqueda de la belleza, sino que también era un medio para exhibir y solidificar el poder social y político. Las obras de arte encargadas o coleccionadas por la Casa de Ponce de León no solo decoraban sus residencias y espacios religiosos, sino que también funcionaban como una proyección de su influencia y estatus en la jerarquía social y política del momento.
En los templos de Marchena se conservan tesoros del arte como obras de Ribera, Murillo, Zurbarán, Durero y Lucas Jordán. Aqui te proponemos una ruta virtual para conocerlos de cerca y te contamos su historia.
LA SERIE DE ZURBARANES DE LA SACRISTIAN DE SAN JUAN
Bajo el mandato del Duque Rodrigo Ponce de León Álvarez de Toledo en 1630 se construye el convento de la Concepción (1632), Capuchinos (1651) o el inicio de San Agustín (1649-1675) y se relaciona con los principales pintores sevillanos como Zurbarán que pinta en este periodo la serie de la sacristía de la iglesia matriz de San Juan Bautista, Murillo, que viene a Marchena por diversos motivos y Ribera de quien aún se discute la autoría del San Agustín del convento homónimo.
El crucificado que pintó Zurbarán para Marchena datada entre 1635 y 1637 ha participado en la exposición internacional sobre Zurbarán llevada a cabo en Nueva York, París y Madrid. En 1998 por el IV centenario del nacimiento del extremeño en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Y en 2014 por el 250 aniversario de la muerte del artista en la propia Marchena.
El encargo de estas obras está documentado en el Tomo IX de las Cuentas de Fábrica de la parroquia por orden de Don Cristóbal Méndez de Porras en 1633. En el Libro de Cuentas de Fábrica, en el Tomo X, en la página 351, aparece el encargo a Zurbarán en 1637, con su realización e instalación en las dependencias parroquiales.

Los expertos relacionan este crucificados de Marchena con el pintado para el Museo de Bellas Artes de Sevilla o el crucificado del Museo de Bellas Artes de Asturias (1638-40) siguendo un mismo modelo aprendido en el taller de Francisco Pacheco, el modelo de crucificado con cuatro clavos sacado de n grabado del Calvario de Alberto Durero realizado hacia 1523, en el taller donde Zurbarán y Velázquez lo pudieron aprender. Actualmente, este grabado se conserva en el Museo Británico de Londres expone FÉLIX SEVILLANO MALDONADO, colaborador de la Delegación de Patrimonio de la Archidiócesis de Sevilla.
Zurbarán se acerca así al estilo de Caravaggio con una iluminación irreal de eclipse lunar, modelando el cuerpo inerte y el aspecto casi escultórico; más espiritual y cercano rasgos propios de Francisco de Zurbarán expresando un realismo de forma sencilla, al estilo de Trento.

La Marchena del quinientos atrajo a muchos artistas y desde Portugal llegó Vasco Pereira, lisboeta, quien se formó junto a Luis de Vargas y fue uno de los pintores más destacados de la ciudad en el último tercio del siglo XVI. Destaca su Anunciación (Iglesia de San Juan de Marchena).

Anunciación de Vasco Pereira.
CUANDO MURILLO VINO A MARCHENA
Murillo vino a Marchena en 1646 a ver la Virgen con Niño de Ribera, que se estaba en el Palacio Ducal.
«Murillo sólo pudo copiar a Ribera ante un original y sólo pudo haberlo visto en Marchena o en Sevilla. Lo cierto es que le impactó y no lo olvidó nunca» indica Juan Luis Ravé, experto en Historia del Arte.
El original de esta obra se conserva en el Museo de Filadelfia. Está firmado por Ribera y fechado en 1646. Hasta su reciente restauración se leía 1648 pero la restauración ha adelantado a 1646, cuando el duque era el virrey. Hay una copia de gran calidad hecha por el taller de Ribera en la iglesia de Santa Isabel de Marchena y otra de menos calidad en San Andrés. Otra copia fue entregada por Murillo cuando entró en la hermandad de la Caridad de Sevilla.
«Es un Ribera poco riberesco. Porque en la madurez casi al final de su vida se hace luminoso. Conectando así con los gustos de Murillo que siempre lo admiró. Desde sus primeras obras se nota. Y este cuadro lo pudo ver muy pronto en 1651 y nunca lo olvidó» indica Ravé.

Ravé cree que el lienzo de Ribera pudo estar entre la producción artística que el Virrey de Nápoles, Rodrigo Ponce de León Duque de Arcos encargó a su pintor de cámara José de Ribera, pintor de los virreyes españoles ubicados en el Palacio real napolitano, como también hiciera el Duque de Osuna con el mismo pintor.
El cuadro que copia Murillo de Ribera y que estaba en el Palacio Ducal de Marchena acabó vendiéndose se encuentra en el Philadelphia Museum of Art y es muy similar al que hoy está en Santa Isabel de Marchena. Segun Rocío Magdaleno, a partir de esta obra de la Virgen de Belén, de Ribera en Marchena Murillo pinta otro cuadro similar pero con su sello personal que Murillo entregó una copia de este cuadro cuando ingresó como hermano en 1665, probablemente, a propuesta de Miguel Mañara.

Virgen de Belén de Murillo
En plena crisis post epidemia de peste de 1649, Murillo, llega a Marchena el 28 de Julio de 1651 y el Duque Rodrigo Ponce de León y Álvarez de Toledo (1602-1658), Virrey de Nápoles le paga 200 ducados por entregar unos lienzos hoy no localizados, según el recibo firmado por el pintor.
En este tiempo los Neve, están entre los más ricos de Sevilla. Miguel de Neve tio y albacea de Justino de Neve, amigo personal y mecenas de Murillo, estaba casado con Francisca Ramirez de Cartagena, hija del administradores del Duque de Arcos y caballero 24 de Sevilla Hernán Ramirez de Cartagena. En 1520 Hernán Ramírez de Cartagena secretario y contador mayor del Duque de Arcos la cédula de fundación del Convento de Santo Domingo, de Marchena.

Murillo
A la muerte de Hernán, su padre, Miguel de Neve ejerce como administrador de los bienes de su hijo Fernando Ramírez de Cartagena, contra las justicias de Arcos, Marchena, Rota y Chipiona, para cobrar deudas del duque de Arcos según documento con fecha de 2 de Noviembre de 1630.
Virgen con Niño atribuida a Ribera conservada en el colegio de Santa Isabel de Marchena que destaca por el azul lapislázuli del manto. El lapislázuli es una piedra semi preciosa que se extraía de canteras en Nápoles.

Cuadro conservado en San Andrés atribuido a Murillo.
«Yo Miguel de Neve como administrador que soy de los bienes de don Fernando y Don Manuel Ramirez de Cartagena, mis cuñados, hijos y herederos de Hernán Ramírez de Cartagena y veintucatros de esta ciudad y Luisa Fernández Colmenero, difuntos, en el pleito con los bienes del señor de Duque de Arcos» y asi lo reclama en un documento el 11 de Febrero de 1630. En 1631 el Duque de Arcos le debe a Miguel de Neve tres censos.
La cuenta de las rentas de los tres censos «que debe el Duque de Arcos» a Miguel de Neve en 1631 (Archivo General de Andalucía, 5949.5) muestra la relación del prestamista Neve con el Señor de Marchena. «Cuenta de los corridos y costas que debe a Miguel de Neve, el Estado de Su Excelencia el Señor Duque de Arcos de tres censos, hasta fin de Diciembre de 1631».

Justino de Neve pintado por Murillo.
Luisa Francisca de Neve, hija de Miguel de Neve se casa con Juan Antonio Mañara, hermano del fundador de la Hermandad de la Caridad, Miguel de Mañara y a su muerte, en 1641 con Juan de Saavedra, conde de Castellar. La casa de Arias de Saavedra estaba emparentada con los Ponce de León desde finales del XV.

Miguel Mañara.
En 1534 Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, nombra a Juan Arias de Saavedra y Ponce de León (+1544) tutor de su hijo Luis Cristóbal Ponce de León y gobernador del Estado de Arcos. Su nieto Juan Arias de Saavedra y Alvarado(Madrid 1617, +21-7-1687?) se casa con Luisa Francisca de Neve Ramirez de Cartagena.
Reglas de la Caridad de Marchena.
En julio de 1678 Miguel de Mañara envíó una carta a la Hermandad de la Caridad de Marchena en respuesta a su petición de confraternizar en la que afirma que las dos hermandades serán consideradas como una sola es decir que los Hermanos de la Caridad de Marchena serán además considerados hermanos de la de Sevilla y al revés. Murillo ingresó en la Hermandad de la Caridad de Sevilla en 1665, a propuesta de Miguel Mañara y comenzó a trabajar en las pinturas de la iglesia en 1667 y las terminó en 1670.
UNA POSIBLE PINTURA DE RIBERA EN SAN AGUSTIN DE MARCHENA
Ravé cree que varios lienzos de Ribera pudieron estar entre la producción artística que el Virrey de Nápoles, Rodrigo Ponce de León Duque de Arcos encargó a su pintor de cámara José de Ribera, pintor de los virreyes españoles ubicados en el Palacio real napolitano, como también hiciera el Duque de Osuna con el mismo pintor.
Tras escapar de la rebelión de Massaniello, el Duque de Arcos se refugió en Marchena y mandó construir varios conventos como el de Capuchinos, que le habían salvado la vida en Nápoles. A cambio de recibir el cuerpo incorrupto de Sor Maria de la Antigua, funda Santa María y San Andrés. Este último tiene varias obras de arte de origen napolitano. Además en San Agustín de Marchena se conserva un lienzo de San Agustín, otra obra atribuida por Rave a Ribera.
San Agustin atribuido a Ribera en la iglesia de San Agustín de Marchena.
Los excesos del Duque de Arcos, Don Rodrigo, odiado por el pueblo, y la creación de un impuesto sobre las frutas motivaron una rebelión de Nápoles contra el rey de España sofocada en 1648 por Juan de Austria.
En enero de 1648, el Duque de Arcos vuelve a Marchena y deja el gobierno de Nápoles. Tras una estancia en Parma (1611) y Roma (1615), donde aprendió de los principales maestros italianos José de Ribera se convierte en el pintor oficioso de los virreyes españoles en Nápoles.
En 1616 estaba en Nápoles, donde se casó con la hija de Bernardino Azzolino, un importante pintor local de reconocido prestigio y vivió en dicha ciudad por el resto de su vida. El joven pintor fue descubierto por el virrey español, el duque de Osuna, a través de quien entran sus obras a la corte española.
El Prado conserva una obra de Ribera titulada San Agustín orando donde destaca la influencia del claroscuro de Caravaggio y los empastes de pintura densa que lo hicieron único para modelar el rostro y las manos.

San Agustin de Ribera del Museo del Prado.

San Agustin de Ribera de Marchena, convento de San Agustin.
Juan Luis Ravé en su obra para Codexsa sobre el templo de San Agustín de Marchena informa de que en el inventario de los documentos del Palacio Ducal marchenero llama la atención la existencia de un San Agustín obra de José de Ribera. La comparación del cuadro del Prado con la pintura del mismo nombre, título, época y estilo que se conserva en el coro de San Agustín de Marchena indica que podemos tener en Marchena una joya del arte, a falta de una restauración y correcta datación por expertos. Para Ravé tanto si es un original como si es una copia de época es de gran valor e interés.
Una joya de Lucas Jordán en el convento de la Concepción de Marchena
Entre las piezas más importantes que la Duquesa Guadalupe Láncaster donó antes de morir a los conventos de Marchena, destaca una pintura de Lucas Jordán, «La Sagrada familia» que aún se conserva en el convento marchenero de la Concepción junto a una serie de grabados de Durero.
No es la única joya del arte de Guadalupe Láncaster donada a dicho convento. También conserva una sortija de diamantes con la que se casaban las duquesas. A través de los virreyes de Nápoles y de Ribera, Jordán llegó a la corte del rey español. Esta relación dejó en Osuna obras de arte como el Calvario de Ribera, y en Marchena otro San Agustín posiblemente también de Ribera que se conserva en el templo homónimo de Marchena.
Un cuadro exactamente igual al que se conserva en el convento de la Concepción, de Lucas Jordán, fue subastado por Christies en Nueva York en enero de 2005.
Según el informe técnico realizado sobre la pieza para dicha subasta, que por su similitud con la pieza de Marchena, podría aplicarse también a la nuestra, el experto Oreste Ferrari atribuyó dicho oleo sobre cobre a Giordano y fecha la pintura hacia 1685, cuando el artista estaba ejecutando un Destino de la Virgen a gran escala para la iglesia de Santa María en Campitelli en Roma.
Ambas versiones se completaron antes del regreso de Giordano a Florencia, donde debía continuar la decoración del Palazzo Medici-Riccardi. Giordano nació en 1634 en Nápoles, donde se formó con su padre, el pintor Antonio Giordano.
A través del respaldo del virrey de Nápoles,-cargo que ocuparon los Duques de Osuna y Rodrigo Ponce de León, Duque de Arcos- el artista ingresó al estudio de José de Ribera.
Después de la muerte de Ribera en 1652, el joven Giordano se mudó a Roma, ayudando a Pietro da Cortona con importantes encargos. En 1674 había completado tres retablos para la iglesia de Santa Maria della Salute en Venecia, donde absorbió el rico colorido de Tiziano y Veronés.
De 1692 a 1702, Giordano fue pintor de la corte del rey Carlos II de España, decorando, entre otras obras importantes, los techos del Escorial, la Catedral de Toledo y el Buen Retiro de Madrid. Jordán o Giordano volvió rico a su Nápoles natal, dejando la enorme suma de 300,000 ducados a su hijo en 1705.
La composición actual es un buen ejemplo del lenguaje personal de Giordano, una confluencia de la acción caravaggesca, la iluminación barroca romana y el color veneciano.
El tema de»La Sagrada familia» también llamado «El destino de la Virgen» prefigura una escena posterior de la vida de la Virgen, la Inmaculada Concepción. La veneración de la Virgen en el siglo XVII fue un resultado directo de la Contrarreforma, y el tema de la Inmaculada Concepción, en particular, fue codificado en 1649 por el pintor y censor de arte español de la Inquisición, Francisco Pacheco.
En la composición íntima de Giordano, Ana y Joaquín sujetan a la joven Virgen, que sostiene sus manos en oración, mira a la Paloma del Espíritu Santo (una referencia a su papel en la Anunciación) y aplasta a una serpiente con su pie izquierdo (una referencia a su papel como la Segunda Eva, destinada a venir y vencer a Satanás en forma de serpiente).
La decoración hecha con grabados de diferentes épocas, agrupados por molduras de escayola y repartidos por muros y bóvedas de la iglesia y coro, enmarcados en el año 1715.
En el conjunto, destacan las obras de Durero, Callot, Galle, Carlo Morata, etc. Estos grabados proceden de la colección personal de Doña Guadalupe de Láncaster y Cárdenas, Duquesa de Aveiro y Maqueda, donados por su hijo el duque de Arcos, don Joaquín Ponce de León; entre ellos, Adán y Eva de Durero (1504).
Además de los grabados, existe una buena colección de miniaturas y relicarios. Hay otros cuadros con pinturas de Cristo, la Virgen María, San Juanito, El Pastor, santas y santos, un Via Crucis y un trabajo de taracea de madera y nácar, algunos con cartas manuscritas.
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Arte
La custodia de Marchena, una joya de 2,5 millones de maravedíes (de 1586)
Published
2 días agoon
2 junio, 2026
La Custodia de Marchena es la obra maestra del platero cordobés Francisco de Alfaro (1548-1610) hecha entre 1575 y 1580 , una de las principales obras de la platería española.
A lo largo de su carrera, Francisco de Alfaro trabajó principalmente en Sevilla, donde estableció su taller y desarrolló su arte influenciado por las innovaciones intelectuales y estéticas de su tiempo. Además de sus obras maestras, también se destacó por su habilidad en la platería religiosa, creando piezas de gran valor artístico y litúrgico.
Francisco de Alfaro aprendió el oficio de platero principalmente de su tío, Cristóbal de Rojas y Sandoval. Esta relación familiar fue crucial para su desarrollo profesional y su establecimiento en el mundo de la platería. Cristóbal de Rojas y Sandoval, al principio de la carrera de Francisco, le brindó el apoyo y las conexiones necesarias, lo cual también facilitó su posterior vinculación con la familia noble de los Sandoval y Rojas (Universidad de Almería) (Wikipedia, la enciclopedia libre).
Además, Francisco de Alfaro continuó su aprendizaje y perfeccionamiento en Sevilla, una ciudad con una rica tradición en platería y donde se encontraba uno de los centros más importantes de este arte en la época.
Los franceses fueron verdaderos expoliadores de arte y llegaron a Marchena en 1812 con datos extraídos de la más famosa guia artística de la época obra de Juan Agustín Ceán Bermúdez, que cita como principales joyas artísticas de nuestra localidad la Custodia de Alfaro y la colección de pinturas de Francisco de Solís que estaban en el claustro de Santo Domingo, y que desde entonces desaparecieron, según explica Manuel Antonio Ramos en su obra sobre la ocupación francesa de Marchena.
La Custodia se libró de ser expoliada porque se ocultó. Sus piezas fueron desensambladas y repartidas en los domicilios particulares de vecinos del barrio con un documento por escrito.
Desde entonces cada vez que hay inestabilidad o peligro social, la custodia es retirada del culto o escondida y durante muchos años ha estado conservada tras la puerta blindada del museo de la parroquia.
Abre un modelo que el mismo autor usa para las custodias de Carmona y
Ecija, copias de la de Marchena. Recoge todo el saber humanista y renacentista de la época con influencias de los principales maestros italianos.
Mercedes Valverde informa que Francisco Alfaro comenzó a ayudar a su padre desde muy joven. Firmó como testigo en una escritura de 1571 para comprar una tienda en la calle de la Platería de Córdoba. Concluyó y cobró las obras de su padre tras su muerte en 1573 y fue nombrado tutor
de sus tres hermanos.
Desde 1572 Francisco de Alfaro trabajaba para la parroquial de San Juan Bautista de Marchena, donde realizó obras durante veinticinco arios, informa Pilar Nieva Soto en su publicación sobre las obras de Alfaro en Jerez. El 8 de noviembre de 1583, Francisco de Alfaro fue nombrado platero de la Catedral donde hizo el sagrario de la capilla mayor y era el orfebre más famoso de aquella época en Sevilla y España.
En 1599, Francisco de Alfaro dejó la platería para asumir el cargo de Tesorero episcopal de la diócesis de Toledo, un puesto que obtuvo gracias a sus conexiones con la familia noble de los Sandoval y Rojas. En 1606, se retiró de este cargo y se trasladó a Valladolid, donde vivió cómodamente hasta su muerte, gracias a las rentas de sus inversiones.
Francisco Alfaro otorgó carta de pago en 1586 ante Diego Sánchez, escribano público de la villa de Marchena, de 2.543.409 maravedís, que se le entregó por el importe de la Custodia de San Juan. Esa cifra de maravedíes en moneda corriente se traduce aproximadamente en 468.000 euros, -80 millones de pesetas- sin contar el valor artístico por ser una pieza única.
La Giralda como modelo del remate
Los expertos señalan que el remate del cuerpo superior de la Custodia de Marchena tiene como modelo el de la Giralda tomado porHernán Ruiz II de la linterna que Bramante hizo para el Vaticano tal como señalan Ravé y Manuel Varas Rivero.
Alfaro y Jerónimo Hernández tuvieron relación profesional en el trabajo de retablos importantes. Por eso se sabe que Alfaro aprendió de Hernández las últimas novedades del manierismo italiano y las influencias de Miguel Angel.
Actualidad
Vicente Bazo, el bordador del oro que dejó en Marchena una obra mayor del barroco sevillano
Published
6 días agoon
29 mayo, 2026
La investigación de Manuel Antonio Ramos Suárez publicada en Archivo Hispalense permite situar a Marchena dentro del mapa del gran bordado sevillano del siglo XVIII. El estudio documenta con precisión la presencia en la villa del bordador Vicente Antonio Bazo, nacido en El Puerto de Santa María en 1726, antiguo miembro del Regimiento de Caballería de Borbón y establecido después en Sevilla, donde trabajó para la Catedral y para distintas instituciones religiosas del arzobispado hispalense.
El artículo no se limita a atribuir una obra. Reconstruye, con apoyo documental, el proceso de creación del sitial de la octava del Corpus de la Parroquia de San Juan Bautista, una pieza de terciopelo carmesí bordada en oro fino que debe ser leída como una de las grandes manifestaciones del aparato litúrgico barroco conservado en Marchena.

La primera huella documental de Bazo en la localidad aparece en 1768, cuando realiza “tres bolsas bordadas en oro” destinadas a las tres parroquias de la villa para llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos. La fuente citada es el Archivo Parroquial de San Juan de Marchena, sección Fábrica, libro 33, año 1768. Aquellas piezas no se conservan.
A continuación, el investigador identifica otra obra clave: el estandarte de Nuestra Señora de los Remedios, vinculado a la Parroquia de San Miguel. El propio contrato posterior del sitial de San Juan toma este estandarte como modelo, lo que confirma su importancia dentro del catálogo de Bazo. La escritura notarial ordenaba que el dosel de San Juan se hiciera “a imitación del simpecado que bordé para la iglesia de Señor San Miguel de la propia villa”.

El encargo principal llegó tras la visita apostólica de 1769 a la Parroquia de San Juan. Allí se propuso hacer “un citial para el altar maior” empleando el terciopelo sobrante de las nuevas colgaduras del templo. El documento precisa que debía llevar “una bordadura de oro por alrededor primorosa” y que debía servir “para las funciones de primera clase”. La pieza nacía, por tanto, no como adorno menor, sino como arquitectura textil para las grandes solemnidades eucarísticas.
La escritura de obligación se firmó en Sevilla el 2 de marzo de 1771 ante escribano público. En ella compareció Vicente Bazo como maestro bordador, junto a sus fiadores José Romero, maestro botonero, y Juan Barberi, dueño de una sedería en la calle Conteros. La fábrica parroquial estuvo representada por Manuel Díaz de Yabarrena, apoderado del mayordomo Ramón García de Santa María.
El contrato describe con detalle el proyecto: un dosel para el altar mayor de San Juan Bautista, “bordado de oro fino de todo realce sobre terciopelo carmesí”. Debía medir cuatro varas de alto por dos varas y media de ancho, aproximadamente 344 por 215 centímetros, y contar con un cielo o techo cuadrado. La obra debía seguir el “modelo y diseño número dos” aprobado por el mayordomo, vicario, vicebeneficiados y curas el 25 de diciembre de 1770.
El precio inicial se fijó en “setecientos cincuenta pesos escudos de a quince reales”, pagaderos en tres plazos: el primero para comprar materiales, el segundo cuando estuviera mediada la obra y el tercero tras su conclusión y aprobación por peritos. Sin embargo, el proceso se complicó. Una vez terminado, los responsables parroquiales consideraron que faltaba decoración, por lo que Bazo amplió el conjunto: añadió un gran sol central, cubrió el campo del dosel y decoró por completo el cielo.
La ampliación fue tasada en abril de 1772 por los bordadores Juan Caro y Fulgencio Abril. Los peritos calcularon que el trabajo debía ascender a 27.000 reales. La fábrica abonó primero 20.000 reales, pero el bordador reclamó los 7.000 restantes ante la autoridad eclesiástica. Finalmente, con autorización del cardenal Solís, se le pagó esa cantidad en 1773.
El coste total del conjunto, incluyendo bordado, tejidos, borlas, flecos, carpintería, dorado, herrajes y gastos notariales, ascendió a 30.378 reales y 17 maravedís. Esta cifra sitúa el sitial entre las grandes inversiones artísticas realizadas por la parroquia marchenera en el siglo XVIII.
El estudio también subraya la relación simbólica entre San Juan de Marchena y la Catedral de Sevilla. El sitial marchenero imitaba, en clave local, los grandes aparatos eucarísticos catedralicios, especialmente el altar de plata y el dosel de terciopelo carmesí bordado en oro realizado para la Catedral en 1732. Marchena, como parroquia matriz de relevancia dentro del arzobispado, reproducía así modelos solemnes propios de los grandes templos hispalenses.
Desde el punto de vista artístico, el dosel presenta una decoración vegetal simétrica, con rocallas, ces, cuernos de la abundancia, espigas eucarísticas, flores campaniformes, hojas de acanto y las características “antenas” que el autor considera una marca de identidad del bordador. En el centro aparece un gran sol bordado, con un círculo de seda blanca destinado a coincidir con el lugar de exposición de la Sagrada Forma.
La trayectoria de Bazo en Marchena no terminó ahí. En 1772 recibió otro encargo: una manga de terciopelo negro bordada en oro para la iglesia matriz de San Juan. Según la investigación, parte de aquellos bordados se conservan hoy reutilizados en un terno de San Benito Abad en Castilblanco de los Arroyos, conocido por tradición oral como “el terno de Marchena”.
El sitial sufrió transformaciones posteriores. A finales del siglo XIX o principios del XX, el cielo o techo del dosel fue reducido a la mitad y la parte sobrante pasó a usarse como frontal de altar. El estudio advierte expresamente que “no ha quedado constancia documental del momento concreto” en que se produjo esa modificación.
En la actualidad, el sitial sigue vivo en el culto. Desde 2008 se utiliza como altar del triduo del Corpus Christi y también para el monumento eucarístico del Jueves Santo en la Parroquia de San Juan Bautista, empleándose la custodia de asiento de Francisco de Alfaro como sepulcro para la reserva. La pieza ha sido sometida a restauración por una empresa especializada en tejidos antiguos, con el objetivo de conservar el soporte original, limpiar los bordados y mejorar sus sistemas de sujeción.
La importancia del estudio reside en que no solo recupera el nombre de Vicente Bazo para Marchena, sino que incorpora de forma documentada varias obras locales a su catálogo. La conclusión es clara: Marchena conserva una pieza mayor del bordado barroco sevillano y posee documentación suficiente para situarla dentro de una red artística que conecta la villa con Sevilla, la Catedral, los talleres de bordado, los protocolos notariales y la liturgia eucarística del siglo XVIII.
Historia
Las caballerizas del Palacio Ducal: de espacio de servicio a escenario de la Grandeza de los Ponce de León
Published
6 días agoon
28 mayo, 2026
Las nuevas investigaciones sobre la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena permiten ampliar y precisar una línea de trabajo que Marchena Secreta ya venía desarrollando en torno al antiguo complejo palatino de los Ponce de León: las caballerizas no fueron un simple espacio funcional destinado a guardar animales y carruajes, sino una pieza esencial de la escenografía del poder ducal.
Las caballerizas primitivas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León en el siglo XVI en la zona del hardín alto; añadiéndoles una cochera a comienzos del XVII; y a finales del XVII o comienzos del XVIII, adquieren un aspecto más monumental y se ubican en la actual explanada de Santa Maria.

El artículo de Juan Francisco Torres Cubero, publicado en 2024 en la revista Hipogrifo, estudia el inventario y la tasación de bienes redactados en 1673, año de la muerte de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos. La investigación documenta 534 bienes vinculados a la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena, entre ellos esclavos, caballos, mulas, sillas, coches, literas, sillas de mano, jaeces y guarniciones.
En el artículo “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”, se indicaba que la escritura de traslado del Convento de Santa María al interior del Palacio Ducal, fechada en octubre de 1631, dejaba claro que el lugar señalado por el duque para las monjas lindaba con las caballerizas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos.
Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción
Las primeras caballerizas importantes del palacio fueron levantadas en la década de 1540 por Luis Cristóbal Ponce de León, junto a aposentos para cerca de una veintena de pajes y en relación con la acemilería. A comienzos del siglo XVII, el III duque construyó la cochera.
En 1631 las caballerizas primitivas seguían siendo referencia dentro del palacio cuando se reorganizó el espacio conventual de Santa María junto a las caballerizas y se instaló definitivamente el convento dentro del palacio en 1625.

La investigación de Torres Cubero muestra además qué había dentro de aquellas caballerizas en 1673. El V duque de Arcos poseía 152 caballos, de los cuales 106 eran yeguas y 41 potros. El inventario detalla colores, edades, nombres y lugares de cría de algunos animales. Aparecen ejemplares llamados Halcón, Doradillo, Perla, Dichoso o Donaire, lo que revela una cultura ecuestre cuidadosamente organizada.

La fama de los caballos criados en las caballerizas ducales de Marchena aparece recogida en el manuscrito “Adiciones a la Doctrina del Cavallo y Arte de Enfrenar”, de 1731, escrito por Alonso García, trabajador de las Caballerizas Reales de Córdoba. Este libro menciona el dato de que el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León, regaló seis caballos españoles de su palacio al rey inglés.
LAS CABALLERIZAS EN EL MANDATO DE MANUEL PONCE DE LEÓN
De 1685 se conserva un registro por la contaduría del duque Manuel Ponce de León «de los caballos que hay en las caballerizas del duque señor de esta villa y lo que cada uno come cada día», desde el 19 de julio de ese año ocupando Juan Miguel Sota el cargo de caballerizo del duque de Arcos, es decir, responsable de las caballerizas ducales.

Siendo consciente del lujo que suponía tener un caballo andaluz, el embajador Guillermo Rodolfin sugiere al rey de Inglaterra, Carlos II Estuardo (1630-1685) que debía tener en sus cuadras caballos españoles.
Finalmente, el rey inglés consiguió seis caballos españoles procedentes de Marchena a través del regalo que le hizo el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León (1673-1693), y de este Rey inglés se conserva una carta de agradecimiento donde el monarca británico habla de la belleza de dicho caballo marchenero.

En el siglo XVIII se construyeron caballerizas monumentales en la explanada de Santa María, en pie hasta principios del siglo XX. Torres Cubero precisa que a finales del siglo XVII el VI duque reformó las caballerizas para asemejarlas lo más posible a las del rey en Córdoba y Madrid.
Los datos del inventario de 1673 explican por qué fue necesaria esa evolución arquitectónica. El duque no solo tenía caballos: poseía tres tiros de mulas, dos de seis y uno de cinco, además de animales de paso llamados Halcona y la Valenciana. Las mulas eran esenciales para tirar de coches y literas, vehículos que en la corte de los Austrias se habían convertido en signos visibles de rango.
La caballeriza guardaba además 51 sillas de montar, muchas diferenciadas según el tipo de monta: brida, jineta, coche o mula. Algunas estaban decoradas con galón de oro, flecos de plata, bordados de plata, terciopelo verde o tafiletes de Berbería.

El apartado de jaeces resulta especialmente revelador del lujo ducal. Se documentan 32 piezas ricas para adornar monturas, entre ellas cuatro jaeces sobre terciopelo azul bordados en relieve de plata, tasados en 10.000 reales. También había estribos de plata, cabezadas con campanillas y petrales con cascabeles de plata.
Pero el punto más espectacular lo aportan los vehículos: siete coches, cuatro literas y tres sillas de mano. Entre ellos figuraban dos carrozas grandes procedentes de Nápoles, probablemente de tiempos en que Rodrigo el IV Duque, fue virrey napolitano. Una de damasco y terciopelo negro con vidrios y cortinas, y otra guarnecida de terciopelo bordado. La procedencia napolitana conecta con el prestigio adquirido por la Casa de Arcos tras el virreinato del IV duque.
El palacio no era solo residencia local, sino una corte nobiliaria conectada con Sevilla, Nápoles, Madrid y los circuitos aristocráticos europeos. Las caballerizas eran la parte móvil de esa grandeza: el poder no solo se veía dentro del palacio, también circulaba por las calles en forma de carroza, litera, caballo enjaezado y séquito.
Las caballerizas ducales de Marchena fueron un sistema completo de poder: arquitectura, animales, criados, esclavos, coches, jaeces, tiros de mulas, sillas bordadas y memoria ecuestre. Servían para desplazarse, pero también para representar la Grandeza de España de los Ponce de León ante la villa y ante quienes visitaban el palacio.
Fuentes principales:
Juan Francisco Torres Cubero, “Representar la Grandeza. Lujo y ostentación en la caballeriza de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos (1673)”, Hipogrifo, 2024;
Marchena Secreta, “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”;
Marchena Secreta, “Un manuscrito presentado en la Maestranza de Sevilla recoge la fama de los equinos y caballerizas ducales de Marchena”
Marchena Secreta, “Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas”.
Historia
La armería perdida de los duques de Arcos: el tesoro militar y simbólico oculto en el Palacio Ducal de Marchena
Published
7 días agoon
28 mayo, 2026
Durante los siglos XVI y XVII, el Palacio Ducal de Marchena custodió una de las colecciones armamentísticas nobiliarias más sorprendentes y desconocidas de Andalucía. Espadas toledanas, armaduras italianas, pistolas francesas, armas japonesas, banderas de guerra, sillas de montar bordadas en oro y hasta el alfanje del último rey morisco de las Alpujarras formaban parte de una armería que no solo servía para la guerra: era una gigantesca escenografía del poder.
La investigación ha sido reconstruida por el historiador cordobés Juan Francisco Torres Cubero en el artículo “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, publicado en 2024 en la revista científica Historia. Instituciones. Documentos de la Universidad de Sevilla.
El estudio parte de una idea fundamental: los Ponce de León construyeron su identidad nobiliaria sobre la memoria de la guerra y las hazañas militares. La destreza caballeresca no era solo una virtud personal, sino un elemento central de la imagen pública del linaje. La propia Casa de Arcos, una de las más poderosas de Andalucía en la Edad Moderna, necesitaba exhibir visualmente ese prestigio mediante símbolos de riqueza, autoridad y gloria militar.
Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas
Torres Cubero explica que, en la Europa renacentista y barroca, las armas dejaron de ser únicamente herramientas bélicas para convertirse en auténticos objetos de representación aristocrática. Las armaduras, espadas y escudos eran exhibidos en palacios y fortalezas como símbolos de rango social y legitimidad política.
En ese contexto surgieron las grandes armerías palatinas de la nobleza española, inspiradas en modelos como la Real Armería de Madrid creada por Felipe II en 1562 frente al Alcázar Real. Los duques del Infantado, Béjar, Medinaceli o Benavente desarrollaron importantes colecciones armamentísticas, y la Casa de Arcos hizo lo propio en Marchena.
El corazón de aquella colección se encontraba en el Palacio Ducal de Marchena, construido sobre la antigua alcazaba islámica desde el siglo XIV. El edificio sufrió sucesivas ampliaciones y reformas, especialmente bajo el II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León (1528-1573), quien transformó el antiguo castillo medieval en un auténtico palacio renacentista.

Fue precisamente este duque quien convirtió Marchena en una corte nobiliaria humanista. Mandó construir jardines, caballerizas y nuevas salas representativas, reunió tapices, pinturas y relieves clásicos, y comenzó probablemente la organización de la armería palatina.
Las primeras noticias documentales sobre armas en el palacio aparecen en la década de 1540. En 1543 ya se registraba el traslado de arneses y coseletes a Marchena. Poco después, el duque encargó una espectacular silla de montar de terciopelo bordado en oro y plata con escenas de los Trabajos de Hércules, considerada una de las piezas más valiosas de la Casa de Arcos.
En 1552 aparece citado el armero sevillano Gonzalo Martínez, contratado para limpiar y reparar armaduras y armas conservadas en la “cámara” del duque. Aquella referencia es importante porque demuestra que las armas ya no estaban dispersas, sino agrupadas en un espacio específico del palacio.
El gran salto documental se produce entre 1579 y 1581, durante el gobierno de Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos (1545-1630). Las cuentas palaciegas revelan una impresionante actividad armamentística vinculada a la Guerra de Sucesión portuguesa y a la movilización militar impulsada por Felipe II.

En septiembre de 1579 el palacio almacenaba al menos 330 coseletes, 178 barbotes, 20 celadas y 18 morriones. Muchas de estas piezas fueron limpiadas y restauradas por armeros sevillanos. Además, se adquirieron alabardas doradas, partesanas ceremoniales, lanzas jinetas y banderas con leones pintados, símbolos heráldicos de los Ponce de León.
La documentación revela también un extraordinario nivel de lujo. Algunas corazas estaban cubiertas de terciopelo carmesí y adornadas con clavazón dorada. Los morriones lucían pasamanería roja y dorada. Varias bandas militares estaban confeccionadas en tela de oro.
Las armas personales del duque alcanzaban niveles aún más sofisticados. Se encargaron espadas y dagas con puños de marfil, oro y seda, además de sillas de montar bordadas, frenos dorados y guarniciones de cuero rojo y plateado para los caballos.
La investigación demuestra que la armería marchenera no era simplemente un almacén militar. Era una puesta en escena aristocrática destinada a impresionar y reforzar el prestigio del linaje. Por ello, la “cámara de armas” se situaba junto a bibliotecas, salones y dependencias nobles del palacio.
Uno de los objetos más fascinantes documentados en el inventario de 1630 era el alfanje de Abén Aboo, sucesor de Abén Humeya y líder de la rebelión morisca de las Alpujarras. Tras la muerte del caudillo morisco en 1571, el arma fue entregada al II duque de Arcos como trofeo de guerra.

La espada se convirtió desde entonces en un símbolo político y familiar. Representaba la victoria de los Ponce de León sobre la última gran rebelión morisca del reino de Granada y reforzaba la imagen caballeresca del linaje.
Aquel inventario de 1630 ofrece además una fotografía extraordinaria de la colección. Se documentan montantes ceremoniales, espadas toledanas, armas damasquinadas, rodelas venecianas, pistolas de rueda y armaduras procedentes de Milán y Augsburgo, dos de los grandes centros europeos de fabricación armamentística.
Entre las piezas más sorprendentes figuran dos catanas japonesas damasquinadas, una de ellas guardada en una caja de terciopelo verde y decorada con figuras y pájaros. La presencia de armas japonesas en Marchena demuestra hasta qué punto Sevilla y Andalucía estaban conectadas con las rutas comerciales internacionales entre Asia, América y Europa.
Las catanas eran objetos extremadamente exóticos y valiosos en la Europa barroca. Su presencia en la armería de los duques de Arcos refleja el refinamiento cultural de la nobleza andaluza y su interés por coleccionar piezas raras y prestigiosas.

La colección siguió creciendo durante el siglo XVII. Un inventario de 1656 menciona arcabuces catalanes, pistolas francesas con incrustaciones de marfil, carabinas, dagas, cuchillos de monte y trompetas militares con estandartes bordados en oro.
Sin embargo, la decadencia económica de la Casa de Arcos y el progresivo abandono del Palacio Ducal terminaron provocando la dispersión y desaparición de gran parte de aquella armería. El propio palacio acabó prácticamente destruido entre los siglos XVIII y XIX.
Hoy apenas sobreviven fragmentos físicos de aquel universo. La monumental portada del palacio fue trasladada a los Reales Alcázares de Sevilla, donde aún se conserva como la llamada “Puerta de Marchena”. Parte de la decoración de la escalera principal terminó en el Palacio de la Condesa de Lebrija.
El resto permanece oculto en archivos, inventarios y documentos históricos que investigadores como Juan Francisco Torres Cubero están devolviendo lentamente a la memoria colectiva de Marchena.
Fuentes:
Juan Francisco Torres Cubero, “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, Historia. Instituciones. Documentos, nº 51, Universidad de Sevilla, 2024.
Actualidad
La V Gran Caracolá será en la Plaza de San Sebastián los días 29 y 30 de mayo
Published
1 semana agoon
27 mayo, 2026
La Plaza de San Sebastián volverá a llenarse de olor a hierbabuena, caracoles recién cocidos y música en directo con la celebración de la V Gran Caracolá de Marchena, que tendrá lugar los días 29 y 30 de mayo de 2026. La cita, organizada por la Pontificia, Real Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, María Santísima de la Piedad y San Juan Evangelista, contará con actuaciones musicales, ambigú a precios populares y diversas actividades festivas en pleno centro histórico de la localidad.
El cartel anunciador confirma que la fiesta arrancará el viernes 29 a partir de las 21:30 horas con la actuación de la Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús, mientras que el sábado 30, desde las 13:00 horas, continuará la convivencia gastronómica y festiva que culminará por la noche con la actuación del grupo flamenco-fusión Maraké. Los caracoles volverán a estar elaborados por “José El Tontorrón”, conocido establecimiento de Paradas especializado en esta receta tradicional andaluza.
La Caracolá se ha consolidado en pocos años como una de las actividades gastronómicas y de convivencia más concurridas de la primavera marchenera.
La edición anterior, celebrada en 2024, supuso la consolidación definitiva de esta iniciativa impulsada por la hermandad, que comenzó años atrás como una convivencia gastronómica de menor formato y terminó transformándose en una cita habitual dentro del calendario festivo de mayo en Marchena.

Cultura
De como las modas de Paris en la feria del siglo XIX desembocaron en los trajes de faralaes
Published
1 semana agoon
27 mayo, 2026
Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces.
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena a veces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.
Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías. El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe, saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo, taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.
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