Historia
La odisea de Francisco de Mesa: entró al cráter de un volcán en erupción para coger azufre
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5 años agoon
Ahora que sabemos la capacidad destructiva de un volcán entenderemos mejor la hazaña de Francisco de Mesa, que se descolgó con una cuerda dentro del volcán Popocatepetl en México cuando los hombres de Hernán Cortés se quedaron sin pólvora. De esta forma los españoles pudieron tomar la ciudad de México.
En Tlatelolco Hernán Cortés, estaba preocupado: no tenemos pólvora y la necesitamos para acabar pronto con este sitio, debemos conquistar la ciudad lo más pronto posible, ustedes conocen que Velázquez, el gobernador de Cuba, tiene gente en la corte hablando en contra nuestra y pretende adjudicarse la empresa de conquista que tanto trabajo nos ha costado.
-No podemos abastecernos de pólvora en Cuba, pues cualquiera de nosotros o quien enviemos será inmediatamente detenido y si pretendiéramos obtenerla de España serían muchos meses los que tardaríamos en tenerla aquí, comentó Cristóbal de Olid.

-Los artilleros Mesa y Juan de Catalán, están seguros de poder fabricarla, aquí tenemos suficiente salitre y carbón, pero no hemos encontrado ningún yacimiento de donde podamos obtener el azufre, refería Cortes.
-Pedro de Alvarado añadió: Todos sabemos que en Nápoles, Sicilia y otras regiones en donde hay volcanes, abunda el sulfuro y en estas tierras también los hay. El más cercano es el que los nativos llaman Popocatépetl o montaña que escupe humo. Busquemos el sulfuro en la montaña, decidieron todos. -Que vayan los artilleros Mesa y Catalán, acompañados de Luis Marín que viene de Asturias y conoce de la vida en la montaña y que se hagan acompañar de guerreros Tlaxcaltecas
La expedición ascendió al cráter del volcán aún activo Popocatépetl (5253 m) para conseguir azufre para la pólvora de los cañones.
«En la ciudad de México fueron desbaratados los españoles (…) y en la retirada pasó muchos trabajos y queriendo acometer la segunda vez les faltó pólvora, (…) fue al volcán de Talmanalco, y se hizo atar con sogas por el cuerpo, poniendo en gran riesgo su vida, por las grandes llamaradas de humo y fuego. (…) Se hizo descolgar por el volcán abajo que era muy profundo, y halló piedrazufre, que sacó mucha cantidad de que se hizo la pólvora con que se ganó la ciudad de México».

Así se recoge en el documento Méritos, servicios de Francisco de Mesa, (Archivo General de Indias,PATRONATO,82,N.1,R.9), en la que el vecino de Chiapas, Luis Aceituno, dice que Francisco de Mesa fue abuelo materno de su mujer Doña Inés de Tovar. Dice ese documento que Mesa sirvió a «Vuestra Alteza» «derramando mucha sangre, padeciendo innumerables trabajos y gastando su hacienda».
Tras subir esa gran montaña de más de cinco mil metros de altura, pasando por las nieves y glaciares, para luego trepar por empinadas cuestas de tierra y piedra volcánicas sueltas, y que se venían abajo a cada exhalación del volcán. Aunque el azufre es sólo un porcentaje cercano a un décimo de los elementos que componen la pólvora, es indispensable para fabricarla.
Francisco de Mesa, (Marchena 1485-México 1534) fue uno de los primeros artilleros de que se tienen noticia y fue el que salvó la expedición de Hernán Cortés para la conquista de México, cuando ésta se quedó sin pólvora.
Estuvo en las guerras de Italia donde se acreditó como excelente artillero. En 1518 estaba en Cuba y se unió como soldado a la expedición de Hernán Cortés al Yucatán. Participó en la conquista de México y tuvo un destacado papel como artillero y constructor de cañones y culebrinas, armas fundamentales en las batallas de Texcoco y en el sitio de Tenochtitlan.

La escasez de pólvora la relata el cronista Bernal Díaz del Castillo, quien menciona que luego que fueron arrojados de la capital Azteca: «Cortés nos dijo, que pues éramos pocos, que no quedamos sino cuatrocientos cuarenta con veinte caballos y doce ballesteros y siete escopeteros, y no teníamos pólvora, y todos heridos, cojos y mancos, que mirásemos muy bien cómo Nuestro Señor Jesucristo fue servido de escaparnos con las vidas.

Por sus servicios el artillero de Marchena recibió una encomienda en Yguala, adonde se retiró con su mujer Inés de Herrera. Tuvo once hijos y murió ahogado en un río en 1534.
(Bibl.: H. Thomas, Quién es quién de los conquistadores, Barcelona, Salvat Editores, 2001; J. M.ª González Ochoa, Quién es quién en la América del Descubrimiento, Madrid, Editorial Acento, 2003).
Francisco Montaño, dice que Francisco de Mesa fue uno de los primeros artilleros al servicio de Hernán Cortés en la conquista de México «porque no había otro artillero entonces» y «que fue de los primeros conquistadores de Nueva España». Montaño subió con Francisco de Mesa a la sierra del volcán y lo vio entrar al volcán a donde bajó colgado por unas cuerdas para sacar azufre «con gran riesgo para su persona». Y «dicho azufre redundó mucho en provecho de su majestad por la cantidad de pólvora que con ellos se hizo cuándo a Hernán Cortés se le había acabado la pólvora y en aquella sazón no la había en la tierra ni venida de España».
Cervantes de Salazar escribió: «Según me dixo Montaño, era cosa espantosa volver los ojos hacia abaxo, porque aliende de la gran profundidad que desvanecía la cabeza, espantaba el fuego y la humareda que con piedras encendidas, de rato en rato, aquel fuego infernal despedía.»
El marchenero Francisco de Mesa recibió de Cortés la encomienda de la ciudad de Iguala, tal y como confirma otro marchenero Pedro Núñez, que aparece como testigo de sus actos, según se recoge en la obra «Los testigos hablan: la conquista de Colima y sus informantes» escrito por Margarita Nettel Ross de la Universidad de Colima.

Hernán Cortés escribió : »He hecho mención de una sierra, que está en esta provincia, que sale mucho humo: y de allí entrando un español setenta, u ochenta brazas; atado a la boca abajo, se ha sacado (azufre), con que hasta ahora nos habernos sostenido.»
El propio Hernán Cortés puso en conocimiento del Emperador y Rey Carlos la hazaña. En la misma carta le solicitaba que en el futuro sería más recomendable que enviará pólvora a Nueva España para no tener que acudir al volcán.
Anteriormente había subido a la cima del Popocatépelt el capitán Diego de Ordás, al que el Emperador y Rey Carlos le concedió el derecho de llevar en su escudo de armas un volcán. Así narra la subida al «volcán de México» el cronista Bernal Díaz del Castillo:
«El volcán que está junto a Guaxocingo echaba en aquella sazón mucho fuego, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros nos admiramos de ello y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomóle codicia de ir a ver qué cosa era (…) y después de bien visto muy gozoso el Ordás volvió con sus compañeros (…) y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas (quiso incluir el volcán en su escudo de armas) a su majestad, e así las tiene ahora un su sobrino que vive en la Puebla»-
Historia
El traje del rey que la Casa de Arcos reclamó durante tres siglos: el Archivo Histórico Nacional completa una historia de Marchena
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3 horas agoon
16 julio, 2026
Una nueva investigación documental recupera el expediente con el que María Josefa Alonso Pimentel consiguió que Carlos III mantuviera el singular privilegio concedido a Rodrigo Ponce de León, señor de Marchena, después de una victoria militar en tierras de Utrera
La historia comenzó en los campos de Utrera, pasó por el desaparecido Palacio Ducal de Marchena y terminó, casi tres siglos después, en los despachos de Carlos III. En medio quedaron las prendas usadas por el rey, convertidas en símbolos de poder, memoria familiar y cercanía con la Corona.
En septiembre de 2023, Marchena Secreta publicó la sorprendente historia del privilegio por el que los Reyes Católicos entregaban a Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz y señor de Marchena, las principales ropas que hubieran vestido durante la festividad de la Natividad de la Virgen, celebrada cada 8 de septiembre. La merced premiaba una acción militar desarrollada en 1482 contra fuerzas granadinas que habían penetrado en las tierras de Utrera.
Ahora, el Archivo Histórico Nacional recupera la continuación de aquel episodio. Su pieza del mes de julio y agosto de 2026, titulada “Un traje para la condesa”, muestra que el privilegio seguía considerándose vigente a finales del siglo XVIII. La documentación, conservada con la signatura ESTADO, 2766, expediente 2, reconstruye la lucha emprendida por María Josefa Alonso Pimentel y Borja para que Carlos III reconociera un derecho nacido casi trescientos años antes.

De los campos de Utrera al Palacio Ducal de Marchena
Rodrigo Ponce de León fue una de las grandes figuras militares de la Andalucía del siglo XV. Señor de Marchena, conde de Arcos y marqués de Cádiz, participó en algunas de las principales campañas de la Guerra de Granada y convirtió sus dominios marcheneros en una base política, económica y militar desde la que organizar hombres, recursos y expediciones.
Según la documentación reunida siglos después por sus descendientes, el privilegio tuvo su origen en la victoria obtenida sobre las tropas granadinas que habían atacado los campos de Utrera en septiembre de 1482. El 20 de diciembre de 1483 se concedió la merced y en 1484 los Reyes Católicos expidieron una confirmación en la que quedó incorporado el documento primitivo.

La recompensa era tan extraña como reveladora de la mentalidad medieval: Rodrigo y sus sucesores recibirían cada año la principal vestidura utilizada por el monarca durante el día de Santa María de septiembre. No se trataba únicamente de un regalo valioso. La ropa había estado en contacto con el cuerpo del soberano y participaba, simbólicamente, de su autoridad. Poseerla diferenciaba a los Ponce de León incluso dentro de la propia nobleza.
Desde entonces, aquella vestidura real quedó incorporada a la memoria y las preeminencias de la Casa de Arcos, cuyo centro señorial estuvo durante siglos en Marchena.
Una mujer frente a las dudas de Carlos III
El privilegio reapareció en Madrid el 7 de septiembre de 1781. María Josefa Alonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente y heredera de la Casa de Arcos, solicitó al duque de Losada, sumiller de corps de Carlos III, que le entregase la ropa principal que el rey vistiera durante la celebración del día siguiente.
María Josefa no era una aristócrata secundaria. Fue una de las mujeres más influyentes de la Ilustración española, protectora de artistas como Francisco de Goya e impulsora de proyectos culturales, educativos y benéficos.

Carlos III, sin embargo, planteó dos objeciones. La primera era que la condesa había heredado el título por una línea colateral o transversal. La segunda, más directa, era su condición de mujer. El rey dudaba de que una merced concedida siglos antes a un noble guerrero pudiera pasar a una heredera que no descendía directamente del último poseedor y que, además, no podía desempeñar personalmente determinados oficios reservados a los hombres.
La condesa respondió con una defensa jurídica minuciosa. Sostuvo que el privilegio pertenecía a la Casa y no exclusivamente a cada uno de sus titulares. La sucesión colateral, argumentaba, no podía borrar los derechos históricos asociados al linaje.
También rechazó que su sexo fuese un impedimento. El documento original hablaba del “sucesor”, sin excluir expresamente a las mujeres, y tampoco obligaba a quien recibiera la vestidura a utilizarla personalmente. Para reforzar su posición, recordó que otras dignidades heredadas por ella habían sido ejercidas en su nombre por su marido, Pedro de Alcántara Téllez-Girón, duque de Osuna.
Cuatro confirmaciones reales para sostener una petición
María Josefa Alonso Pimentel no se limitó a invocar la tradición familiar. Presentó un auténtico archivo de pruebas.
Entre los documentos figuraban la confirmación otorgada por los Reyes Católicos en 1484, otra real cédula expedida por Fernando el Católico en 1493, una nueva confirmación de Carlos I y Juana I fechada en 1531 y otra concedida por Felipe II en 1562. La sucesión de documentos demostraba que la merced había sido reconocida por distintas generaciones de monarcas.
La condesa también tuvo que explicar por qué su tío y antecesor, Antonio Ponce de León, no había reclamado las ropas durante los años anteriores. Según expuso, el duque había estado tan ocupado en asuntos del servicio real que probablemente desconocía muchas de las antiguas preeminencias de su Casa. La falta de ejercicio, defendía, no debía interpretarse como una renuncia.
El informe elevado al rey reconoció la solidez de sus argumentos, pero añadió una razón política todavía más significativa. Incluso si quedaba alguna duda jurídica, convenía conservar estas mercedes para mantener entre los grandes vasallos el respeto hacia la persona del soberano y los objetos relacionados con él. Todo ello contribuía a preservar, en palabras del propio expediente, “la autoridad que es la basa del trono”.

Carlos III confirmó el privilegio
La reclamación terminó prosperando. El 31 de agosto de 1782 se expidió una real orden para que el duque de Losada entregara a María Josefa Alonso Pimentel y a sus descendientes las vestiduras correspondientes.
El último documento del expediente es una carta de agradecimiento dirigida por la condesa al conde de Floridablanca. Fue escrita en Mahón el 6 de octubre de 1782 y cerraba una disputa en la que una mujer ilustrada había conseguido defender, frente a las reservas del propio monarca, un privilegio nacido en plena frontera medieval granadina.
La decisión demuestra hasta qué punto las antiguas mercedes de los Reyes Católicos continuaban teniendo importancia durante el reinado de Carlos III. La Ilustración convivía todavía con derechos señoriales, ceremonias y símbolos heredados de la Edad Media.
La memoria de Marchena escondida en los archivos del Estado
El expediente recuperado por el Archivo Histórico Nacional añade una nueva dimensión a la historia publicada por Marchena Secreta. Aquel regalo real no desapareció con Rodrigo Ponce de León ni quedó reducido a una anécdota de las guerras fronterizas. Continuó transmitiéndose durante generaciones hasta llegar a una mujer del siglo XVIII que conocía perfectamente el valor de la memoria documental.
La ropa del rey era mucho más que una tela posiblemente bordada, costosa y ceremonial. Era la prueba visible de una alianza entre la Corona y una de las principales casas nobiliarias de Andalucía. Para los Ponce de León significaba que la hazaña militar de su antepasado seguía siendo reconocida siglos después. Para la monarquía servía para mantener la fidelidad de la nobleza y recordar la distancia que separaba al soberano de sus vasallos.
Marchena aparece así en el origen silencioso del expediente. Desde el desaparecido palacio que dominaba la Mota, los Ponce de León construyeron una red de poder que alcanzó Cádiz, Arcos, Utrera, la corte de los Reyes Católicos y, finalmente, el Madrid de Carlos III.
Tres siglos después de la batalla, una mujer consiguió que el rey siguiera entregando a sus descendientes la ropa que había llevado durante una jornada de septiembre. Y más de cinco siglos después, los documentos permiten recomponer el hilo que une una incursión granadina en los campos de Utrera, el señorío de Marchena y uno de los privilegios más singulares de la antigua nobleza española.
Fuentes principales: Archivo Histórico Nacional, expediente ESTADO, 2766, Exp. 2 y pieza del mes “Un traje para la condesa”; Real Academia de la Historia, biografías de María Josefa Alonso Pimentel y Rodrigo Ponce de León; y el reportaje publicado por Marchena Secreta el 8 de septiembre de 2023.
Historia
Investigación: La calle de las Carreras de los caballos
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2 días agoon
14 julio, 2026

La Guerra de Granada obligó a abrir nuevas calles a modo de lugares preferentes de paso de las tropas y los carros para dar salida a las necesidades militares en medio del urbanismo medieval e islámico de calles estrechas y sinuosas.
El nombre original de la calle Carreras era «Carrera de los Caballos» tal y como aparece mencionado en un documento de compraventa de casas de la Plaza Ducal a favor del Duque de Arcos en 1702 Joaquín Ponce de León Lancáster.
Encontramos calles y plazas con el nombre de Carrera, y Corredera en muchos puntos de Sevilla, como Marchena, Arahal, Osuna, Fuentes de Andalucía, Utrera, Córdoba, Sevilla y Córdoba cuyo origen nos habla de caballos.

Arco de la Carrera sobre el antiguo Ayuntamiento de Marchena en la Plaza Ducal.
La Plaza de Corredera cordobesa era en el siglo XV una explanada extramuros sobre el antiguo circo romano dónde se reunían arrieros, chamarileros, y había corridas de toros y juegos de caña por lo que vino su nombre de Plaza de la Corredera. Albergó mercados y edificios del gobierno de la ciudad.
Toros en la Plaza Ducal de Marchena a finales del XIX. Foto Azpiazu.
La calle sevillana Conde de Barajas, se llamó Carreras o Carrera Vieja de San Lorenzo «donde los caballos suelen correr» según el cronista Peraza en su Historia de Sevilla, y ya aparece en la documentación municipal desde S. XV con este nombre.
En Osuna y Marchena la Carrera corre bajo arcos sobre el edificio consistorial, autoridad municipal que justo estaba naciendo a finales del XV e inicios del XVI.
La familia de Pedro de la Barrera, capitán de caballos corazas, entre Osuna y Marchena
Una tablilla exvoto de la capilla Veracruz de Marchena muestra la fachada del Palacio, el convento de Capuchinos, el antiguo Ayto, el arco de la calle Amargura, el arco de Puerta Osuna y el arco de la Alameda, situado al final de la calle Compañia así como los caballos corriendo por la calle Carreras.
El Arco de la Alameda o Puerta Real era el lugar donde se pagaban los impuestos en la calle Compañia o Calle Real al final del edificio del templo de Santa Isabel, a partir de ahí empezaba la Alameda, una expansión urbana propia de la Ilustración del XVIII.
Este era el periplo que hacían los caballos por el municipio antes de salir al campo. La carrera o corredera es un espacio urbano propio del renacimiento, una apertura de nueva creación, de hecho suele llamarse también Calle Nueva, en forma de recta en medio del tortuoso urbanismo islámico.
Arco de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna.
Nos remite a las vías preferentes que cada municipio destina al paso de caballos y carros y que con la actividad militar de la Guerra de Granada se generaliza y se hace urgente. La palabra Carrera, del latín «carrus» (carro) es un camino ancho que admite tráfico de carruajes, y puede convertirse en vía principal o camino real, carretera o calle, que ha de recorrer una comitiva o procesión.
Calle Corredera de Utrera.
En diferentes documentos encontramos la denominación antigua de la calle Carrera de Marchena como Carrera de Caballos. En el caso de Marchena la Carrera era el lugar por donde salían del pueblo, por la puerta de Osuna las tropas desde la zona militar de la Alcazaba, Palacio Ducal y la Plaza Ducal donde se hacían los alardes militares, o preparativos en tiempos de paz o antes de la batalla, hacia el campo. En Marchena la Puerta de Osuna era la salida hacia las provincias de Málaga y Granada pasando por Osuna hacia las zonas de conflicto del Reino de Granada en cuya guerra Marchena y Córdoba fueron los lugares desde donde más expediciones salieron para combatir a los granadinos.
La apertura de la Calle Carrera o Calle Nueva en Marchena ordenada por Rodrigo Ponce de León está relacionada con el cambio en la puerta del tiro, antes en eje acodado, como la de Morón que se convirtió en una puerta de acceso directo, y al mismo tiempo se hacen reformas en la puerta de Osuna a final del XV.
En la documentación municipal aparecen como Calle Nueva y como Puerta Nueva a comienzos del XVI ambos trabajos se hicieron poco antes de la Guerra de Granada para adaptar el municipio a las nuevas necesidades militares.
Así lo atestiguan las cartas de Enrique IV por las que manda a las unidades de Carmona y Écija que presten su ayuda a Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, y a Fadrique Manrique y Luis Portocarrero, uniéndose a ellos en la guerra granadina con sus pendones y gentes de a caballo y de a pie en 1474 .
Arcos de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna.
El oratorio público de la Inmaculada de la puerta de Osuna existe desde 1640
Historia
La beata Dolores, la última persona quemada por la Inquisición
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2 días agoon
14 julio, 2026
María de los Dolores López, conocida como la beata Dolores, fue condenada en Sevilla por la Inquisición el 24 de agosto de 1781.
Aunque sus padres fueron piadosos cristianos, ella no siguió su ejemplo y ya a los doce años se escapó de casa para irse a vivir con su confesor. Pero a éste comenzó pronto a remorderle la conciencia. Murió cuatro años después, aterrorizado por la condena que el Diablo le tenía reservada por tan grave pecado.
Dolores era ciega, pero bella e inteligente; aprendió a leer y escribir sin que nadie la enseñase. Quiso entrar como organista en un convento de Carmelitas, pero no fue admitida. Entonces se trasladó a Marchena donde tomó los hábitos de beata. En aquella época había beatas en Santa Isabel.
Sin embargo, como la cabra siempre tira al monte, Dolores repitió la historia y de nuevo se lió con su confesor, en este caso un sacerdote de Lucena. Esta vez, la autoridad tomó cartas en el asunto y el hombre fue detenido y encarcelado, siendo más tarde recluido en un convento de clausura para evitarle caer en nuevas tentaciones.
Privada de su amante, Dolores regresó a Sevilla donde persistió en su mala costumbre de mantener escarceos sexuales con miembros del clero. .En esa época empezó a crearse fama de bruja. Se dice que preparaba extraños brebajes y que, poseía dotes de adivinación y, siendo ciega, era capaz de ver lo que otros no veían.
“La beata Dolores no era bruja, sino mujer iluminada, secuaz teórica y práctica del molinosismo, bestialmente desordenada en costumbres so capa de santidad, y eso que por su belleza no podía excitar grandes pasiones,
Doce años después de volver a Sevilla, Dolores fue denunciada por uno de sus clérigos amantes, siendo ambos detenidos. Ella fue acusada de brujería.

Goya. La prisionera (1797-1798)
La beata negó la acusación, afirmando mantener trato habitual con la Virgen y haber contraído matrimonio en el mismísmo cielo con Jesucristo, siendo testigos de la boda San José y San Agustín. Estos sólidos argumentos no convencieron a los inquisidores, que la condenaron a muerte. Dolores escuchó impasible la sentencia y aseguró que moriría como mártir, pero que al tercer día Dios bajaría a demostrar su inocencia.
La beata salió al auto con escapulario blanco y coroza de llamas y diablos pintados,. Acabada la lectura del proceso, subió al púlpito el P. Teodomiro Díaz de la Vega, Hubo que amordazar a la beata para que no blasfemase y el P. Vega llegó a amenazarla con el crucifijo ióse a la beata prorrumpir súbitamente en lágrimas y, apenas llegada a la plaza de San Francisco, pedir confesión en altas voces, lo cual mitigó el rigor de la pena y dilató algunas horas el suplicio. Murió con muestras de sincero arrepentimiento, pidiendo a todos perdón por los malos ejemplos de su vida. Fue ahorcada y después entregado su cadáver a las llamas.”
Actualidad
La familia Marchena que abrió a los Médici las puertas de Marruecos
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3 días agoon
13 julio, 2026
Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas
No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.
El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.
Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.
De Castilla y Portugal a la Toscana
La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.
La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.
Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.
Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.
Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.
Los hermanos de Marruecos
La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.
El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.
Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.
Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.
El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.
El sueño atlántico de los Médici
Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.
Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.
Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.
Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.
No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.
Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia
La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.
Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.
Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.
La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.
Una familia convertida en embajada
La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.
Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.
La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.
Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.
¿Procedían de la villa de Marchena?
El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?
Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.
La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.
Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.
Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.
Actualidad
Nuevos datos de la familia Marchena, la red sefardí que tejió una diplomacia secreta entre Marruecos, Europa y Andalucía
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4 días agoon
12 julio, 2026
Comerciantes, redentores de cautivos e informadores políticos, los Marchena ocuparon entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII el espacio que dejaban vacío las embajadas oficiales. Juan de Marchena llegó a tratar personalmente con el sultán Ahmad al-Mansur y enviaba noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia. La documentación confirma la importancia de esta familia sefardí, aunque todavía no permite asegurar que procediera de la villa sevillana de Marchena.
La historia de la familia Marchena publicada por Marchena Secreta reconstruye el recorrido de una familia judía sefardí que conservó el apellido De Marchena después de abandonar la península ibérica. La narración se apoya en las investigaciones genealógicas de sus descendientes, especialmente Kenneth de Marchena, y en referencias sobre comunidades sefardíes de Portugal, Ámsterdam y el Caribe.
La importancia de este nuevo estudio sobre la familia Marchena y los Medina Sidonia es que vincula su actividad en España; entre 1570 y 1620, y rastrea a varios hermanos Marchena en Marruecos, Portugal, Italia, Croacia, Alemania y Ámsterdam.

Así, Abraham de Marchena, el patriarca judío sefardita de la familia Marchena enterrado en la sinagoga de Ámsterdam, tenía varios hermanos. El autor de esta investigación, Miguel Soto Garrido, investigará en Venecia, donde la familia vivió entre 1590 y 1606 y fue una de las más importantes del gueto sefardí.
El apellido De Marchena aparece documentado entre familias sefardíes establecidas en Portugal y Holanda. Los descendientes consideran que el nombre conserva la memoria del lugar del que habría partido el linaje, aunque todavía no se ha encontrado un documento que identifique expresamente al primer antepasado como natural de la Marchena sevillana.
Marrakech, 23 de junio de 1600. Un comerciante judío toma la pluma para escribir a uno de los hombres más poderosos de Andalucía. El destinatario es Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia. El remitente firma como Juan de Marchena.

No le habla únicamente de mercancías, precios o barcos. Le informa de que fray Constancio Magni, un religioso dominico, lleva ocho meses encarcelado por las autoridades marroquíes. Marchena asegura que ha intervenido personalmente: había hablado «dos veces al Rey», es decir, con el sultán saadí Ahmad al-Mansur, y había acudido en otras ocasiones ante la justicia del reino para solicitar la liberación del fraile.
La carta sitúa a Juan de Marchena en una posición extraordinaria: un judío que podía acercarse al soberano de Marruecos, negociar con sus funcionarios y trasladar después información reservada a la Casa de Medina Sidonia. (Fuente: Archivo General de Simancas, sección Estado, legajo 185, documento 11, carta enviada desde Marrakech el 23 de junio de 1600).
Un agente entre dos orillas
Los historiadores Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra describen a Juan de Marchena como un «agente doble criptojudío» al servicio de la Casa ducal de Medina Sidonia en Marrakech. Era comerciante, intervenía en la redención de cautivos y mantenía una relación cercana con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos entre 1578 y 1603.
La familia «De Marchena» recibe en un reconocimiento en Rotterdam, Holanda
Al mismo tiempo, enviaba informes de manera continuada al VII duque de Medina Sidonia, convertido desde comienzos de la década de 1580 en uno de los principales responsables de los asuntos marroquíes y de la defensa de los intereses de la Monarquía Hispánica en el estrecho de Gibraltar.

En aquel Mediterráneo de fronteras permeables, un agente podía trabajar para varios patronos, proteger los negocios de su familia, servir al sultán en determinadas operaciones y proporcionar noticias al duque.

Una diplomacia sin embajadores
Felipe II y, posteriormente, Felipe III evitaron mantener un embajador permanente ante el sultán de Marruecos. Reconocer formalmente a un soberano musulmán y sostener una representación estable en su corte planteaba problemas políticos, religiosos y de reputación.
La embajada de Pedro Venegas de Córdoba, establecida en Marrakech entre 1579 y 1585, terminó de manera accidentada. Según el estudio de Soto Garrido y De Bunes, Venegas tuvo que abandonar Marruecos ante el peligro que suponía para la imagen de la Monarquía mantener un representante oficial en una corte islámica.
Aquel vacío no interrumpió las relaciones. Las hizo más discretas. Los contactos se desarrollaron mediante agentes no acreditados, comerciantes, religiosos, intérpretes, gobernadores de plazas africanas y enviados de las grandes casas nobiliarias andaluzas.

En ese terreno ambiguo prosperó Juan de Marchena. Podía presentarse como mercader o redentor de cautivos, pero sus cartas tenían un contenido inequívocamente diplomático. Informaba sobre decisiones de la corte, intervenía ante las autoridades y reclamaba incluso la presencia de una persona enviada por el rey de España que protegiera a los súbditos cristianos establecidos o cautivos en Marruecos.
Marchena no llevaba credenciales de embajador, pero realizaba parte del trabajo de una embajada.
El triángulo entre Madrid, Portugal y Sanlúcar
Para comprender su importancia hay que mirar hacia la organización política creada durante el reinado de Felipe II. Miguel Soto Garrido ha estudiado la formación de una especie de «secretaría de Berbería», construida desde 1574 alrededor del secretario real Gabriel de Zayas.

Gabriel de Zayas. Écija (Sevilla), 1526 – Madrid, 13.VII.1593. Secretario de Estado de Felipe II.. Secretario del Consejo de Estado Secretario del Consejo de Italia. El linaje de los Zayas establecido en Andalucía —Écija y Córdoba— desde la época de la conquista. Su hermano Tomás de Zayas era el “veedor de la gente de guerra en Granada”. Clérigo de la diócesis de Sevilla.
Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495
Conectaba la corte española con los consejeros de la política portuguesa en el norte de África y la Casa de Medina Sidonia, asentada en Sanlúcar de Barrameda.
Portugal había dirigido durante décadas buena parte de las relaciones con el Magreb atlántico. Sin embargo, la guerra civil marroquí iniciada en 1574, la intervención otomana y la batalla de Alcazarquivir de 1578 cambiaron el equilibrio. La Monarquía Hispánica necesitaba conocer lo que sucedía al otro lado del Estrecho y evitar que la influencia de Argel y del Imperio otomano llegara hasta Marruecos.
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Entre 1581 y 1584, el duque de Medina Sidonia comenzó a centralizar en su palacio de Sanlúcar las cartas y noticias de Cádiz, Gibraltar y Ceuta, y Tánger. El duque examinaba la información y la remitía al ministro Gabriel de Zayas, desde donde podía llegar a otros consejeros y finalmente al rey.
Los informes de Juan de Marchena procedentes de Marrakech se sitúan dentro de ese sistema. Mientras Zayas organizaba la información en la corte y Medina Sidonia la filtraba desde Sanlúcar, Marchena aportaba aquello que ninguno de ellos podía conseguir directamente: noticias obtenidas dentro del entorno del sultán.
Una familia de cripto judíos, de Marchena a las islas Canarias
Una familia, no solamente un individuo
Miguel Soto Garrido ha realizado una investigación titulada «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».
El título resulta revelador. El fenómeno no se limitaba a Juan de Marchena, sino que alcanzaba a un grupo familiar con conexiones entre Italia y el norte de África. Los Marchena habrían combinado el comercio con la obtención de información y la representación política durante un periodo de al menos veinticinco años.
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Abraham de Marchena y la etapa de Ámsterdam
La figura central de la genealogía divulgada es Abraham de Marchena, al que numerosos descendientes sitúan como antepasado común en Ámsterdam. Desde allí, la familia se incorporó a las rutas comerciales y familiares que conectaban Holanda con las colonias del Caribe a través de Abraham de Marchena enterrado en Ámsterdam con fecha de 1657.
Investigación: Cuando los marranos de Marchena ayudaron a fundar la comunidad judía de Londres
Estas familias sefardíes podían tener parientes, socios y corresponsales en distintos puertos. Su red familiar era también una red de comunicación. Las mercancías viajaban acompañadas de cartas; las operaciones de rescate permitían tratar con gobernantes; y los viajes comerciales servían para conocer alianzas, guerras, epidemias y movimientos de barcos.
Judíos en el corazón de la administración marroquí
La presencia de intermediarios judíos no era una excepción en el Marruecos saadí. El estudio de Soto Garrido y De Bunes explica que algunas familias hebreas ocuparon posiciones relevantes como consejeros, secretarios e intérpretes de los sultanes.
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El conocimiento de idiomas y la pertenencia a redes comerciales internacionales convertían a estos hombres en figuras especialmente útiles. Podían traducir cartas, acompañar embajadas, negociar con potencias cristianas y facilitar intercambios entre sociedades que mantenían profundas diferencias religiosas.
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Aquellos comerciantes conocían los códigos de varias sociedades. Podían conversar con un funcionario musulmán en Marrakech, negociar con un noble cristiano en Sanlúcar y recurrir a familiares o socios establecidos en ciudades italianas. La diáspora, que había sido consecuencia de la persecución y la expulsión, se convertía también en una red internacional de contactos.
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En agosto de 2018, Kenneth de Marchena, nacido en Curazao y residente en Holanda, viajó a Marchena para conocer la localidad que él y su familia relacionaban con el origen del apellido. Marchena Secreta presentó aquella visita como el primer regreso público de un descendiente sefardí De Marchena interesado en investigar y divulgar sus raíces.
Kenneth llevaba años reconstruyendo el árbol genealógico familiar junto a otros parientes repartidos entre Europa y América. También trabajaba en un libro sobre el origen y la expansión del apellido. Su visita permitió trasladar una investigación desarrollada principalmente por internet y mediante archivos familiares al espacio físico de la localidad sevillana.
Fuentes consultadas
La fuente principal es el artículo de Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra, «Propaganda religiosa, celo devocional y diplomacia cristiana: las misiones de la provincia de San Diego de Andalucía a la luz de la Misión Historial de Marruecos», publicado en Archivo Ibero-Americano, volumen 83, número 297, 2023, páginas 567-609. El artículo cita directamente la carta de Juan de Marchena conservada en el Archivo General de Simancas.
El contexto político procede del trabajo de Miguel Soto Garrido «Gabriel de Zayas, “secretario de Berbería”: la formación de una nueva negociación territorial en la Monarquía de Felipe II», donde se analiza la red que conectaba a la corte, los consejeros portugueses y la Casa de Medina Sidonia.
La existencia de una investigación específica sobre la familia se confirma en el programa oficial del congreso internacional celebrado en el Collège d’Espagne de París en 2023, donde aparece la ponencia «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».
Historia
El mártir francés que los Ponce de León convirtieron en patrón de Paradas
Published
4 días agoon
12 julio, 2026
En 1460 Don Juan otorga privilegio de Fundación de la Villa de Paradas fundando la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.
San Eutropio fue, según la tradición cristiana, el primer obispo de Saintes, en la antigua Galia —actual Francia—, donde evangelizó y murió mártir hacia el siglo III.
Su vínculo con Paradas procede de los Ponce de León. Según la historia recogida por el Ayuntamiento, Juan Ponce de León se encomendó al santo antes de una batalla en Francia y, tras vencer, promovió su culto. La familia levantó en Paradas una iglesia dedicada a San Eutropio y Rodrigo Ponce de León trasladó allí unas celebraciones que antes se realizaban en Marchena. Desde entonces quedó convertido en patrón y principal referente religioso de la localidad.
A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.
Muerto Don Juan, su hijo, Rodrigo que hereda el lugar de Paradas en 1469 decide que las fiestas de San Eutropio que se hacían en Marchena y Paradas, solo se harían solo en Paradas . En Marchena las sustituye por las fiestas de la Inmaculada, porque según sus cronistas la Inmaculada se le había aparecido.
Estropo o Eutropio Ponce de León nació en Marchena en 1460 y vivió en Jerez hacia 1470 donde fue recibido como caballero veinticuatro ocupando el escaño que en él, renunció su suegro, Pedro de Vera conquistador de Canarias.
En 1466 Juan Ponce de León, Señor de Marchena y I Conde de Arcos firma un documento para otorgar la mayoría de edad a sus hijos que tuvo con Catalina González de Oviedo, en terceras nupcias que fueron Enrique, Lope, Beltrán, Eutropio, Constanza y Sancha.

En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Comendador de la orden de Santiago en Almedralejo, Eutropio Ponce de León se casó en Jerez con Catalina de Vera hija del Comendador Pedro de Vera famoso por la crueldad con que castigó a los indios guanches de Canarias, a los que mató empalándolos.
En 1500, murió Catalina de Vera, casando con Marina de Trujillo, hija de Pedro Esteban de Trujillo. Viudo por segunda vez, don Eutropio volvió a casar con Beatriz Nuñez Cabeza de Vaca, hija de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
En Jerez de la Frontera se conserva un Palacio de Eutropio Ponce de León, como patrimonio arquitectónico de la ciudad.
En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Juan Ponce de León concede en 1410 ventajas económicas a los que fueran a poblar Paradas dentro del término de Marchena.
Entonces Paradas era un cortijo con su torre para defendía de una huerta, que era la construcción más antigua del pueblo y duró hasta 1980 y unas casas, amén de pastos, dehesas y lagunas.
La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacill y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.
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