Historia
Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España
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2 años agoon
JOSE ANTONIO SUAREZ LOPEZ. DIRECTOR REVISTA SABER MAS ANDALUCIA
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, conocido por su papel de estratega militar de los Reyes Católicos en la guerra de Granada tuvo una destacada relación con la comunidad judía revelando un capítulo fascinante, de los judíos sefarditas, aportando más luz sobre el papel de la nobleza en el contexto de la España del siglo XV.
El Marqués de Cádiz, figura clave en la Guerra de Granada, vivió en una época donde cristianos, musulmanes y judíos coexistían en una frágil armonía. Su vida y decisiones se entrelazaron con las de la comunidad judía, reflejando la complejidad de las relaciones interreligiosas de su tiempo.
LA EXPULSIÓN
«Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel. En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto» escribió Isaac Abravanel uno de los lideres judíos de España al conocer el edicto de expulsión.
Edicto de expulsión de los judios de España.
«Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, (…) En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones?».
Isabel La Catolica.
El vínculo entre el Marqués de Cádiz e Isaac Abravanel, un destacado pensador y financiero judío, es particularmente revelador. Abravanel, enfrentando la desoladora perspectiva del Edicto de Expulsión, buscó la intervención de Señor de Marchena entre otros para abogar por la causa judía. Esta relación, aunque brevemente documentada, sugiere un grado de respeto y colaboración que desafía las narrativas convencionales de la época. El poderoso judío apeló a sus amigos: Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, yel duque de Medinaceli.
Publicado en Granada el 30 de marzo de 1492 el Edicto de Expulsión general de los judíos, firmado por los Reyes Católicos los más poderosos judíos de la corte, como Isaac Abravanel dejaron oír sus ruegos ante los Monarcas y su entorno poderoso entre los que estuvo el Marqués de Cádiz.
Además de ser un erudito, Abravanel tuvo una carrera exitosa en el ámbito financiero y político. Sirvió en altos cargos en las cortes de Portugal, España y, más tarde, Nápoles. Fue conocido por su habilidad en asuntos financieros y diplomáticos, sirviendo como asesor y financiero de reyes.
ABRAVANEL PIDIÓ AYUDA AL MARQUÉS DE CÁDIZ
Entre las puertas que llamó Abravanel pidiendo ayuda estaban Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, el duque de Medinaceli tal y como el mismo dejó por escrito en su obra «Comentario a Reyes».
“Pedí a mis buenos amigos entre los que ven al Rey que intercedieran ante él a favor de mi pueblo, y algunos grandes se reunieron y decidieron dirigirse al rey con firmeza y determinación, urgiéndole a retirar los hostiles decretos y abandonar su plan de destruir a los judíos”—, pero todo fue inútil. «El rey “cerró sus oídos semejante a una cobra muda, y no quiso cambiar de actitud por ninguna razón y la reina está a su lado para fortalecer su perverso pensamiento, persuadiéndole a llevar a cabo su obra de principio a fin”,
Abravanel no quiso bautizarse por lo que fue expulsado, y perdió gran parte de su fortuna aunque se le permitió sacar 2.000 ducados de oro y otras pertenencias, pese a que el decreto de expulsión impedía la salida de oro, plata y moneda amonedada, embarcando en el puerto de Valencia el último día del mes de julio. Se trasladó primero a Nápoles y luego a Corfú y finalmente a Venecia, donde pasó sus últimos años.
Otros líderes judíos de la época como Abraham Seneor, de 80 años, el Rab y el Juez Mayor de las aljamas de Castilla, el arrendador real, el poderoso judío de la confianza de la reina Isabel se bautizó en el monasterio de Guadalupe el 15 de junio de aquel año, ante los Reyes Católicos, tomando desde entonces el nombre de Fernán Pérez Coronel. Abraham Seneor / Ferrán Pérez Coronel muere en 1493, al poco tiempo de su conversión.
EL ESCANDALO DE DIEGO DE MARCHENA: LA RAIZ DE LA EXPULSION
Este hecho es significativo ya que los expertos creen que en la decisión de los Reyes Católicos para expulsar a los judíos influyó el caso del marchenero Fray Diego de Marchena quemado en Guadalupe en 1485 por judaizar abiertamente dentro de la iglesia católica.
Durante años Juana, hermana de Rodrigo Ponce de León, y esposa del señor de Teba medió sin conseguirlo ante Juan de Guzmán, el famoso corregidor de Fuenteobejuna, que se negaba a liberar a la familia de Diego de Marchena, apresados en Teba cuando huían de la Marchena que era corte y Palacio de los Ponce a la Málaga musulmane para seguir viviendo como judíos tras las violentas revueltas antijudias de Córdiba de 1473.
Castillo de Teba.
JUANA PONCE DE LEON, MEDIA ANTE LA FAMILIA DE DIEGO DE MARCHENA
En 1461 Juana Ponce de León trató de que la familia de Diego de Marchena, sus padres Luis González de Molina y su madre Marina González ambos judeo-conversos nacidos en Marchena, sus hermanas y sus cuñados, se confesasen o tomase los sacramentos, pero no lo consiguió; rechanzado convertirse al cristianismo y quedando cautivos por diez años, muriendo en prisión su padre y hermana.
Fray Diego manda cartas en 1481 pidiendo ayuda a los notables del reino y a su propia familia, veinte parientes de Carmona, también judíos. La carta llegó a manos de los inquisidores de Sevilla, Fr. Juan de San Martín y Fr. Miguel de Morillo, que van Carmona a investigar, y la familia de Diego tiene que huir a Portugal para salvar la vida. Estos dos primeros Inquisidores de Sevilla pdiieron el mismo año a Rodrigo Ponce de León que dejara de acoger judios y conversos en sus tierras.
DIEZ AÑOS DE CAUTIVERIO
Ese mismo año los conversos de Sevilla estaban huyendo de la ciudad ante la llegada de los primeros Inquisidores. Fray Diego de Marchena era un fraile de San Jerónimo de Sevilla.
Tras diez años de cautiverio rescató a la parte de su familia, que aún no había muerto y los llevó al monasterio de Guadalupe, enterrando a su padre en el cementeriode los frailes, lo que causó tal escándalo en el monasterio que dio origen a la primera gran causa contra los conversos en Guadalupe.
Los herejes de Guadalupe pagaron multas que ascendieron a 50.000 pesetas -2,7 millones de maravedíes- con las que se construyó la hospedería para la visita de los Reyes Católicos. La obra fue comenzada en 1487 por el maestro Juan Guas, quien también trabajó para los Ponce de León en Marchena añadiendo los salvajes a la Puerta de Marchena y terminada en 1492.
El escándalo de Diego de Marchena que aceleró la salida de los judíos de España
EL PROBLEMA DEL CLERO CONVERSO
Tras la expulsión, y la incesante actividad inquisitorial el problema del clero converso, se acentuaría en el siglo XVI y XVII con nuevas oleadas de conversos que procedentes de Portugal se vuelven a instalar en Castilla.
EL CASO DEL CURA DE SAN MIGUEL DE MARCHENA
La guerra a muerte entre el sacerdote Francisco García en 1525 y los demás miembros del clero local entre acusaciones mutuas de judaísmo ante la llegada de los dominicos, en relación a la iglesia, entonces ermita de San Miguel donde vivía muestra a las claras cual era elambiente que la cuestión judía provocaba en el seno de la iglesia. garcia acusava a sus colegas de judaismo y se presentaba a si mismo como martillo de herejes.
¡Ojalá viniesen pronto a Marchena los frailes predicadores!, observó irónicamente García al comentar ese ofrecimiento al duque, pues con su llegada se establecería el tribunal del Santo Oficio, empezarían a arder los huesos de los conversos enterrados en el cementerio (cristiano, por supuesto) y colgarían en la iglesia los sambenitos de los penitenciados.
Con gran dolor me quexo a Dios d’estos que tan mal me quieren sin tener razón para ello. Querría que paresçiéssemos delante V. S. y dixessen la quexa que tienen de mí y por qué me quieren tan mal, pues que yo les quiero bien. ¡Pluguiera a Dios que los frayres açeptaran su Ruego! Que pudiera ser que algún tiempo vieran en esta yglesia colgados los pellejos de las zorras sus parientes, que demoliuntur vineas[4], porque, yendo allí la Orden de los predicadores, a quien la Sancta Inquisiçión fue dada, lo primero que hizieran fuera desenterrar los huessos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar vn sastre en este pago de tierra virgen sobre las sepulturas de sus antepassados.

EL CASO DE FRAY LUIS DE LEÓN
El 14 de julio de 1573 declara contra el poeta agustino Fray Luis Ponce de León Valera, ante la Inquisición el padre Agustín de León de 32 años natural de Marchena, Sevilla, abad de San Saturnino de Medina del Campo, profesor del monasterio de la Retuerta, maestro de arte y Teología.
El escritor converso Fray Luis de Leon se llamaba Fray Luis Ponce de León Valera, era de Belmonte, hijo de Inés Varela y Lope Ponce de León, letrado de Corte, ambas ramas de conversos y la mayor parte de su vida vivieron entre Granada y Sevilla, sobrino de Francisco Ponce de Leon catedrático en Salamanca. La pedanía granadina de Puerto Lope que fue propiedad de la familia Ponce de León fue comprada por Lope de León, padre del poeta para fundar su propio mayorazgo, en 1559.
La familia del poeta sirvió en Belmonte a Juan Pacheco Marqués de Villena, y su hermano el Conde de Ureña Juan Tellez Girón, que funda la casa de los futuros Duques de Osuna.
Miguel hermano de fray Luis, fue concejal en Granada y procurador de la ciudad en las Cortes de Castilla de 1563 y en las de Córdoba en 1570. Su hermano Cristóbal, fue procurador de Granada en las mismas Cortes De Córdoba.
Agustin de León, fraile de Marchena relató ante la Inquisición que tres años antes siendo estudiante de Salamanca esperó a Fray Luis de León a la salida de su aula y una vez estuvieron solos le preguntó al poeta si era verdad que la Vulgata contiene muchos pasajes mal traducidos. Luis respondió que sí y que no es una opinión totalmente contraria a la doctrina del Concilio de Trento.
Fray Luis de León contravino las normas de la iglesia atreviéndose a traducir la biblia directamente del hebreo, siguiendo la enseñanza de la escuela humanista de Salamanca y Alcalá de Henares por lo que pasó cinco años en la cárcel antes de ser declarado inocente.
Los Inquisidores de Granada escribieron «La prisión de Fray Luis de León, que se hizo en Salamanca por el Santo Officio de Valladolid, ouiese sido por apartarse de la interpretación de la edición Vulgata aprouada por el Concilio de Trento y por seguir interpretaciones de Rabinos que judayzan.
El fraile de Marchena que delató a Fray Luis de León ante la Inquisición
LA CONJURA DE SEVILLA
Los cargos póblicos y la riqueza de los Ponce de León, segunda mayor fortuna de Sevilla, tras los Guzmán, les hizo ser protagonistas de los más importantes hechos de su tiempo, y si Pedro Ponce de León Señor de Marchena, que funda Paradas, repuebla Chipiona y compra Los Palacios era Alguacil Mayor de la ciudad durante el pogrom de 1390, en un contexto de epidemias de peste y luchas nobiliarias sevillanas en la que los conversos serían protegidos de forma preferente por los Guzmán. Ferrán Martínez, Arcediano de Ecija que lanzó a las masas a destruir juderías de media España, ocupó el cargo de albacea testamenterio del Señor de Marchena en su lecho de muerte.
Los conversos volvieron a pedir protección a las dos mayores casas nobiliarias de la ciudad Ponces y Guzmanes tras la llegada de la Inquisición a Sevilla en 1480, que acusa a una serie de miembros conversos del Cabildo municipal de conjurarse contra la Inquisición.
La relación entre los miembros de la conjura de Sevilla en 1480 y los Ponce de León, Duques de Arcos, se menciona en el documento «Sevilla 1480: ¿una conjura conversa contra la Inquisición?» de Isabel Montes Romero-Camacho. Pedro Fernández Benadeva, uno de los conjurados, que fue elprimero en arder tenía relaciones familiares con diversas ramas de las dos grandes familias de la alta nobleza sevillana, los Guzmanes y los Ponce de León y su familia huyó a Marchena. Otro de los conjurados el veinticuatro Pedro de Jaén, 1471. estuvo casado con doña Inés Ponce de León, hija de Pedro de Pineda, otra de las familias que controlaban Sevilla para los Ponce.
LA INQUISICIÓN ADVIERTE A RODRIGO PONCE DE LEÓN
En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombran a los dos primeros inquisidores, españoles por Bula de Sixto IV (1 de Nov de 1478) los dominicos Miguel de Morillo, luego primer Inquisidor General y Juan de San Martín que en Noviembre se instalan en el cstillo de San Jorge, Triana.
A finales de 1480 las hogueras de la Inquisción española comienzan a arder por vez primera en España, en la ciudad de Sevilla y poco despuésm el 2 de Enero de 1481 los dominicos inquisidores Miguel de Morillo y Juan de San Martín ordenan a Rodrigo Ponce de León Señor de Marchena que no acogiera en Marchena ni ninguna de sus otras villas a los judios conversos fugitivos bajo pena de excomunión, confiscarle dignidades y oficios, privación de señoríos y vasallajes «por amparador é incubridor de herejes» ejecutando penas civiles y criminales si en el futuro se repetía dicho hecho.
Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios en sus “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”cuenta que «salieron de la cibdad muchas gentes de ellos; (judíos) especialmente, a la tierra del marqués de Cádiz. Vinieron más de ocho mil almas a Mairena e Marchena e los Palacios, e los mandó acoger e facer mucha honrra”. Es decir los judios abandonaron las tierras del Rey por tierras ducales donde el Duque ejercia la justicia independiente del Rey. Preciasamente por les advirtió la Inquisición.
Entre los huídos de Sevilla a Marchena figuraba Isabel Suárez, la mujer del quemado Benadeva y los Susán se repartieron por diversos señoríos: Juan Gómez de Susán y Pedro de Susán se retiraron a Marchena. Pero la mayoria de conversos de Sevilla huyeron a Sanlúcar de Barrameda.
LOS AMIGOS CONVERSOS DE RODRIGO PONCE DE LEÓN
MARCHENA
El criado y el contador del Duque, aparecen en el listado de conversos reconciliados en Marchena por la Inquisición en 1496 además de dos alcaldes de Marchena y Carmona además de un grupo de sastres y auxiliares. Ruí García reconciliado, criado del Marqués de Cádiz ya difunto, vecino de Marchena, pagó 5000 maravedíes para ser reconciliado. Igualmente se incluyen en ellistado Pedro López Pliego escribano reconciliado vecino de Marchena.
En 1490 el bachiller Luis Sánchez y a Mateo de la Cuadra, vecinos de Sevilla, determinen el destino de los bienes de los criados del duque de Cádiz, que fueron condenados por herejes
Muerto Rodrigo Ponce en 1492, su descendiente Rodrigo el I Duque de Arcos y su viuda, siguen teniendo pleitos con la justicia Sevillana, por el pago y cobro de rentas de herejes condenados, relacionados con la Casa de Arcos.
El primer Duque de Arcos y su tutora Beatriz Pachecho se niegan a entregar el heredamiento, fortaleza, dehesas y tierras que fueron de Pedro Fernández Cansino, veinticuatro de Sevilla condenado por herejía. Está por ver si protegían a la familia o se quedaban ellos con parte de los bienes o las dos cosas.
En un documento de 1501 el I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, y la tutora Beatriz Pacheco se oponen al cobro de rentas de herejes en el estado de Arcos. El cobro conlleva la identificación de los judeo conversos y su fijación en los listados.
Poco después los Reyes Católicos piden a los responsables del Estado de Arcos que no obstaculice la labor de la Inquisición.
LOS BARRERA, UNA FAMILIA CONVERSA DE MARCHENA
En 1533 Pedro de la Barrera, era secretario del duque de Arcos, procedente de una familia conversa. Sin embargo en una probanza de limpieza de sangre de 1574 se muestran matices al respecto. De la familia de Juana de la Barrera, de Paradas dice un testigo que «ay dos linajes de Barreras, los unos cristianos viejos y los otros confessos, e que el linaje de que la dicha Juana de la Barrera procede es de el bv». Otro vecino de Marchena dice que: «son tres linajes de Barrera en esta villa: el uno es de confessos, el otro de moriscos y el otro de christianos viejos», perteneciendo Juana de la Barrera al «buen linaje de los christianos viejos, linaje muy conoscido en esta villa».
Alonso de la Barrera hijo de Pedro de Sevilla, condenado por judío, aparecen en la lista de los reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495 y pagó 2.500 mrs a cambio de seguir viviendo.
Castillo construido por los Ponce de Leon en Cádiz.
TOLEDO
En 1486 Rodrigo Ponce de León ordena desde Marchena que de todos los grupos de esclavos judíos que capturaban con sus barcos en el estrecho «vno dellos, que sea bueno e mançebo, por el mejor preçio que pudiéredes. E lo déys a mi pariente, espeçial amigo, señor mosén Diego de Valera».
Diego de Valera, (1412-1488) era diplomático del Rey Juan II en varios puntos de Europa y en 1429 doncel del príncipe don Enrique se estableció en El Puerto de Santa María y desde 1477 pertenecía al Consejo de los Reyes Católicos. Escribió una Crónica a los Reyes Católicos.
Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495
Diego de Valera y Juan Pacheco, suegro de Rodrigo, se conocían desde una edad muy temprana. Ambos coinciden en la corte de Juan II siendo adolescentes, donde prestan asistencia a la corona.
Obra de Diego de Valera.
El conocimiento y la disciplina médica que se transmitía de padres a hijos continuó siendo herencia cultural de los judíos, pero al convertirse al cristianismo Alfonso Chirino, padre de Diego de Valera y judeo converso toledano, pudo entrar en la Universidad, y llegó a ser médico de Juan II (1406-1454) profesor de medicina, físico de la corte, alcalde y examinador mayor de los físicos y cirujanos de los reinos de Castilla y señoríos y autor de varias obras de medicina– Espejo de medicina– su Testamento y «Menor daño de la medicina» basado esencialmente en plantas medicinales impreso por primera vez en Toledo en 1505 y reimpreso trece veces en el siglo XVI siendo la última en Sevilla en 1551.
CÁDIZ
Entre los judíos que prestaban servicios a Rodrigo Ponce de León en Cádiz, destacaba la familia Chirino. Durante el mandato del Señor de Marchena comerciantes judíos y genoveses ganan peso específico en el gobierno de la ciudad y aparecen como prestamistas de los Ponce en Marchena.
Los corsarios y piratas al servicio de Rodrigo Ponce de León fueron muy activos a finales del XV mientras las ciudad de Cádiz fue parte del Estado de Arcos, 1467 – 1493. por ser la ciudad un importante mercados de esclavos. Entre ellos estaban Alfonso Chirino, que se dedicaba a comprar esclavos judíos hechos preso en los dominios del Duque de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar. Los Chirino de origen judío tenía presencia en Cádiz antes de 1467, ocupando cargos importantes en la ciudad.
En 1485 el arrendamiento de las rentas mayores de Cádiz estaba controlado por cinco genoveses (Jácomo Sopranis, Mateo Viña, Tomás Sauli, Juan Vivaldo y Francisco Adorno) por orden directa de Don Rodrigo y un judío Mosé Abén Semerro, prestamista del Duque.
En viernes, 2 de Diciembre de 1485 «vino Alfonso Cheryno» ayudado por Antón Bernal, judeo-converso, «con sus carabelas , que andavan de armada en el Estrecho, y traxo 30 moros dellos feridos y dos moras con dos niños e vna niña, e ocho cabeças de judíos e judías, grandes e pequeños, que son todos 153 cabeças; e çinquenta e çinco madexas de seda». «Y la de Antón Bernal ovo 36 cabeças de moros e moras e judíos e 158 madexas de seda» se lee en las cuentas de Cádiz.
Algunos miembros notables de la familia incluyen a Alfonso Cherino, quien fue criado de Rodrigo Ponce de León y se dedicó a negocios en Andalucía y Toledo. Diego Cherino fue nombrado arcediano de Ronda por Diego Ponce de León. Fernando Cherino tuvo un papel como oficial real encargado del abastecimiento del ejército de los Reyes Católicos en Cádiz, y Cristóbal Cherino fue enviado a la corte para tratar asuntos comerciales con Berbería.
De toda esta venta el Señor de Marchena se quedaba con una parte y entregaba otra parte a sus capitanes.
PEDRO FERNÁNDEZ CABRÓN TRANSPORTÓ JUDIOS AL NORTE DE AFRICA TRAS LA EXPULSIÓN
Cuando los judios expulsados en 1492 llegaban a Cadiz buscando cruzar el estrecho Pedro Cabrón se hizo famoso por su crueldad ya que les prometió que llevaría en su flota hasta Orán con todas sus riquezas pero los dejó abandonados a su suerte en Málaga y Cartagena, y les robo las riquezas.
Pedro Hernández Cabrón comerciante, regidor de la ciudad, pirata y guerrero gaditano prestaba servicios a Rodrigo Ponce, comocrear una armada en Abril de 1486 «para ir a Salé (Marruecos), para mercar productos prohibidos por el Rey como pólvora y cáñamo».
En 1473 Cabrón, con Juan Sánchez de Cádiz, Alcalde del Castillo de Rota y Juan Suazo, Alcaide de la Isla de León, atacó la flota de los Guzmanes, castigado y perdonado cinco años después participa en la conquista de Canarias, junto a Pedro de Vera, mano derecha de Rodrigo Ponce. A partir de ahí empiezan a llegar esclavos guanches a Marchena y resto de Andaluccía.
UTRERA
La ausencia de descendencia legítima, obligó a la Casa de Arcos a casarse con la aristocracia judeoconversa como Beatriz Ponce de León que casa con el converso Pedro de Pineda, familia de confianza de los Ponce que controlaban para ellos la ciudad de Sevilla y sus nietos D. Juan y D. Rodrigo casan con hijas de otro converso Antonio González de Almonte y uno de sus biznietos, D. Juan Ponce de León, casa con los Portocarrero también conversos.
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De dónde venía el hielo cuando no se había inventado la electicidad
Published
13 horas agoon
5 julio, 2026
El hielo llegaba a Marchena y Sevilla cada noche -especialmente en las épocas de más calor- desde los pozos de nieve propiedad del Duque que existían al menos desde 1629 en la Sierra del Pinar, y San Cristóbal en Grazalema con 1654 metros, dentro del Señorío de Villaluenga máxima altura de la provincia de Cádiz y también de Andalucía occidental.
60 cargas de nieve al año valoradas en 16.000 reales anuales se enviaban al Palacio Ducal de Marchena y el resto se vendía en Morón, Arahal, Olvera, Carmona, Sevilla, Jerez y Cádiz.
«La recogen aquí con parihuelas, que llevan dos hombres, puesta encima una estera. En San Cristóbal en los harapos de las mantas o la cargan al hombro; aquí todo son balsas, que llaman sin embargo pozos. Las hacen en cualquiera parte cerca de las ventiscas, levantando mucho en ellas el montón de nieve que cubren solo con las ramas de pinsapo y tierra encima. Así es que se les derrite mucha cantidad», informa Simón de Rojas Clemente Rubio en 1809.
El hielo se usaba además con fines alimentarios y medicinales, para rebajar la fiebre, como calmante en procesos de congestión cerebral, con el fin de detener hemorragias o como antiinflamatorio.
«Al Duque de Arcos, dueño de la nieve, le vale ésta 20.000 reales anuales (…) habiendo sucedido pagar en un día hasta mil y quinientos jornales» (…) No se permite a los vecinos de Grazalema que recojan nieve para su consumo, por el derecho que cree tener sobre ella el Duque» decía el mismo autor.
En 1629 Alonso de Cabrera, miembro del Consejo y Cámara y General de la Inquisición, dona por privilegio real los cuatro pozos de nieve de Grazalema a Rodrigo Ponce de León a cambio de su ayuda para reclutar soldados para las guerras de Italia y Flandes.
El Rey necesita dinero por lo que pide en 1670 a Francisco de Vargas, corregidor de Ronda, administrador de rentas reales que cobre el «quinto» real de los pozos de nieve del Duque, pero éste se niega, el Rey los embarga y Don Rodrigo comienza un largo pleito con Hacienda alegando que eran de su propiedad y que tenía escrituras donde se le libraba del pago del quinto real.
En los sucesivo los arrendatarios, naturales de Ronda se niegan a pagar tributos al Rey alegando que ya pagaban al Duque 19.200 reales a razón de 3.200 reales anuales.
Los neveros de Benaoján tenían pilas excavadas en la roca en las que se congelaba el agua en años de nieves escasas.
En 1685 Hacienda ordena al Duque a pagar los impuestos desde el año 1629, fecha en que se le concede la merced de los pozos, “por ser notoria traición y fraude a la Real Hacienda”. El total del débito, transcurridos unos 51 años, sumó 163.200 reales.
Se transportaba en serones que se cerraban por arriba, por donde se introducía el hielo envuelto en un aislante térmico compuesto de paja menuda y polvo obtenido de la trilla del cereal, llamado tamo.
Al final del XVIII se produce un nuevo pleito entre la Casa Ducal y los municipios de la Sierra de Villaluenga que habían empezado a explotar los pozos de nieve sin consentimiento del Duque lo que éste consideraba una agresión a su propiedad sobre los mismos.
Durante el invierno y el inicio de la primavera, los neveros acumulaban la nieve y la compactaban con pisones hasta convertirla en hielo. La nieve se cubría con una capa de arbustos, y por último, con una capa de tierra.
Los pozos se cubrían con una cubierta que formaba una cámara de aire que impedía que el calor estuviera en contacto con el hielo.
Fuente: Documentación relativa al pleito mantenido entre el [VI] duque de Arcos, Manuel Ponce de León y la corona sobre el uso de cuatro pozos de nieve ubicados en la Sierra del Pinar y de San Cristóbal, en el término de las llamadas «cuatro villas» situadas en la sierra de Villaluenga del Rosario (Cádiz). Fecha creación: 1678.
Fuente: Simón de Rojas Clemente Rubio – Viaje a Andalucía – Historia natural del Reino de Granada (1804-1809),
Actualidad
Lujo asiático en Marchena: los tesoros de oriente ocultos en las iglesias y conventos de Marchena
Published
2 días agoon
3 julio, 2026
La afluencia sostenida de objetos suntuarios asiáticos hacia Marchena resulta incomprensible sin delinear previamente la infraestructura logística e ideológica que la sustentaba. El Imperio español y la Unión Ibérica establecieron, a partir del tornaviaje de Andrés de Urdaneta en 1565, un puente ininterrumpido a través del Océano Pacífico: el Galeón de Manila. ç
Esta flota anual conectaba el puerto filipino de Cavite con Acapulco en Nueva España, trasladando sedas, porcelanas, especias, lacas y marfiles. Desde allí, las mercancías atravesaban el virreinato mexicano hasta Veracruz para integrarse en la Flota de Indias, cuyo destino final era la Casa de la Contratación en Sevilla (y posteriormente Cádiz). La proximidad geográfica e institucional de Marchena a Sevilla garantizó a la aristocracia local un acceso inmejorable a estos mercados de hiperlujo.
Este fenómeno de acumulación y transculturación fue posible gracias a la convergencia de tres grandes vectores sistémicos: el mecenazgo omnipotente de la Casa Ducal de Arcos, la capilaridad diplomática y espiritual de las misiones religiosas (fundamentalmente jesuíticas y franciscanas), y la fluidez de las rutas comerciales transpacíficas vertebradas en torno al Galeón de Manila.
La Compañía de Jesús y las órdenes mendicantes dependían del músculo financiero y la influencia política de la alta nobleza peninsular para sostener y expandir sus misiones en el Extremo Oriente. Como contrapartida a estas rentas y favores, los misioneros enviaban a sus protectores informes cartográficos, reliquias de mártires y obras de arte devocional ejecutadas con técnicas y estéticas nativas, pero adaptadas a las necesidades litúrgicas europeas.
En el epicentro de este ecosistema de intercambio resplandece la figura de doña María Guadalupe de Láncaster y Cárdenas (1630-1715), VI duquesa de Arcos por su matrimonio con el duque Manuel Ponce de León, y duquesa de Aveiro por derecho propio. Esta aristócrata del Barroco, célebre en las cortes europeas, poseía una vasta formación humanista y dominaba varios idiomas, llegando a atesorar una biblioteca privada que superaba los cuatro mil volúmenes. Su fervor inquebrantable por la empresa evangelizadora le valió el apelativo de «Madre de las Misiones».
Las desconocidas joyas de arte asiático que conservan los conventos desde hace cuatro siglos
La duquesa de Aveiro no se limitó a financiar expediciones; estableció una red de inteligencia y correspondencia directa con la vanguardia misional en Asia, rastreando los progresos en la cristianización de China, las Islas Marianas y las malogradas intentonas en Japón. Gracias a este flujo constante de información y presentes, logró acumular un patrimonio oriental extraordinario, gran parte del cual fue desviado intencionadamente hacia las fundaciones religiosas de la Casa de Arcos en Marchena, destacando el antiguo colegio jesuítico de la Encarnación (actual convento de Santa Isabel) y el convento de las Franciscanas Descalzas.

Marchena, capital ducal y nodo jesuítico
La clave está en entender qué era Marchena en la Edad Moderna. No hablamos de una localidad secundaria, sino de la capital de los estados señoriales de los duques de Arcos, una casa nobiliaria de enorme poder político, económico y simbólico. El Colegio de la Encarnación de la Compañía de Jesús, hoy vinculado al conjunto de Santa Isabel, fue fundado en la década de 1560 por María de Toledo, esposa de Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos, y llegó a convertirse en un centro de enorme peso dentro de la Provincia Bética jesuítica durante los siglos XVI y XVII. Los duques escogieron la iglesia jesuita como lugar de enterramiento y los rectores del colegio actuaron como confesores, maestros y consejeros de la casa ducal.
Ese colegio no era un simple edificio religioso. En 1568, apenas fundado, contaba ya con 300 estudiantes; tenía escuelas gratuitas de primeras letras y una iglesia ricamente decorada con escudos de los Ponce de León, retablos, pinturas, ornamentos preciosos y dádivas de particulares y de la propia casa ducal. Parte del conjunto subsiste hoy como convento de Santa Isabel, aunque la documentación señala que perdió buena parte de su mobiliario original.

Al otro lado de la ciudad patrimonial, San Juan Bautista funcionaba como otro gran depósito de memoria artística. La propia web turística municipal recuerda que la iglesia, de finales del siglo XV, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931, conserva estructura gótico-mudéjar, cinco naves, un gran retablo mayor del primer tercio del XVI y una colección parroquial de nueve lienzos de Zurbarán encargados en 1634 y entregados en 1637.
Marchena estaba, por tanto, en el lugar exacto para recibir objetos extraordinarios: cerca de Sevilla, conectada con la Casa de la Contratación y las rutas americanas; dominada por una nobleza con capacidad de compra, donación y patronazgo; y atravesada por redes religiosas que miraban a Asia, América y Tierra Santa.

La ruta que traía Asia a Andalucía
Para que una pieza japonesa o filipina acabara en una clausura marchenera había que cruzar medio mundo. El Galeón de Manila, también llamado Nao de China, unió durante más de dos siglos Asia, América y Europa. El Museo Naval resume esa ruta como una conexión que, entre 1565 y 1815, enlazó tres continentes a través del Galeón de Manila y la Carrera de Indias. Casa de América recuerda que el tornaviaje de Urdaneta permitió abrir en 1565 el camino de regreso desde Manila a Acapulco, y que la ruta conectó Manila, Acapulco, Veracruz y Sevilla en viajes anuales desde 1571 hasta 1815.
Eso significa que un marfil tallado en Manila podía salir de Filipinas, cruzar el Pacífico hasta Acapulco, atravesar Nueva España por tierra, embarcar en Veracruz y llegar a Sevilla o Cádiz. Desde allí, una casa nobiliaria como la de Arcos podía hacerlo circular hacia sus palacios, conventos, iglesias y fundaciones. Lo mismo ocurría con lacas japonesas, porcelanas, sedas, objetos de nácar, piezas de carey, maderas oscuras, abanicos, relojes, instrumentos científicos, reliquias y cartas de misión.
La duquesa de Aveiro: una mujer mirando a China y Japón
En el centro de esta historia aparece una figura decisiva: María Guadalupe de Lencastre y Cárdenas, VI duquesa de Aveiro, duquesa consorte de Arcos por su matrimonio con Manuel Ponce de León. No fue una aristócrata decorativa. La investigación de Natalia Maillard Álvarez la presenta como una mujer célebre en su tiempo por su cultura extraordinaria y por su apoyo a las misiones católicas.

Los panegíricos escritos tras su muerte en 1715 destacaban precisamente dos aspectos: su respaldo a las misiones, que le valió el apelativo de “madre de las misiones”, y una biblioteca de más de 4.000 volúmenes. Además, la documentación estudiada por Maillard muestra que la duquesa mantuvo una abundante correspondencia con religiosos repartidos por Asia y América, con cartas procedentes de China, Macao, Goa y Nueva España, entre otros lugares.
La propia biblioteca de la duquesa confirma esa mirada global: Japón aparece en 24 entradas y China en 15, con obras sobre mártires japoneses, historia de Tartaria y China, textos jesuíticos y manuscritos relacionados con la misión. No era curiosidad superficial: las matemáticas, la astronomía, la geografía y las lenguas formaban parte de la estrategia misionera, porque los jesuitas sabían que la ciencia era una llave para entrar en las cortes asiáticas.

La lámina china de la Adoración de los Reyes
Uno de los episodios más fascinantes de esta red mundial se conserva en la historia del antiguo sagrario del retablo de San Ignacio, hoy en la sacristía de la parroquia de San Juan. La publicación patrimonial dedicada al Colegio de la Encarnación recoge que la duquesa de Aveiro entregó una lámina de cobre con la Adoración de los Reyes, regalo que el emperador de China habría hecho al padre Antonio Tomás, misionero jesuita, y que este remitió a la duquesa.
La pieza no llegó como simple objeto decorativo. Según esa misma publicación, la duquesa quiso que se conservase en el colegio jesuítico y costeó la transformación del sagrario: se hizo una puerta con un pelícano en la parte superior, la lámina en el centro protegida por cristal y, abajo, un cordero con los siete sellos. En otro pasaje del mismo estudio, al hablar de los grandes benefactores de Santa Isabel, se dice que Guadalupe de Láncaster entregó seis mil ducados al colegio y numerosos bienes, entre ellos la lámina de cobre de la Adoración de los Reyes, una imagen de la Concepción, el retrato de San Ignacio, el bonete de San Francisco Javier y reliquias de los mártires del Japón.
Aquí conviene una precisión de rigor: la publicación maneja la fecha de 1713 en el resumen de donaciones y aparece también 1717 en el desarrollo del relato. Para un texto periodístico prudente, lo más exacto es decir que la entrega está documentada en los primeros años del siglo XVIII, con mención expresa a 1713/1717 según el propio estudio.
La presencia del padre Antonio Tomás no es anecdótica. La investigación sobre la duquesa de Aveiro confirma que Antoine Thomas, jesuita belga, fue uno de sus grandes corresponsales desde Asia, con quince cartas localizadas, y que su formación matemática y astronómica fue esencial para la misión china. La misma investigación recuerda que los objetos científicos, como relojes y telescopios, eran fundamentales para ganar prestigio ante las élites chinas.
Así, la pequeña lámina de San Juan no habla solo de la Epifanía. Habla de Pekín, de la corte Qing, de jesuitas astrónomos, de una duquesa que leía cartas de Asia en Madrid y de una Marchena que recibía los restos materiales de aquella diplomacia sagrada.
Las arcas namban de Santa Isabel: Japón en una clausura andaluza
El rastro japonés aparece asociado a las arcas namban conservadas o documentadas en el entorno de Santa Isabel. El arte namban nació del contacto entre Japón y los portugueses y españoles en los siglos XVI y XVII. El propio catálogo CERES del Ministerio de Cultura registra piezas namban como arcas de madera, nácar, bronce, pigmento dorado y laca negra, fechadas en torno a 1580-1600.
Estas piezas eran objetos de lujo fabricados para una clientela europea fascinada por la técnica japonesa. La laca urushi ofrecía un negro profundo, casi líquido, sobre el que se aplicaban decoraciones doradas y plateadas mediante makie, mientras el nácar incrustado, raden, producía destellos irisados. En el contexto de una iglesia o convento iluminado por velas, una arqueta de ese tipo no era un simple cofre: era una pequeña noche brillante, un objeto donde el lujo oriental se convertía en envoltorio de reliquias, documentos y memoria misionera.
La pieza marchenera se inscribe en esa sensibilidad: una arqueta de laca, nácar y decoración geométrica o vegetal, relacionada con los circuitos jesuíticos y con la devoción a los mártires de Japón, según el documento base y la línea de investigación local aportada.
Marfiles filipinos: los sangleyes y la fe tallada en colmillo
La tercera gran familia de objetos nos lleva a Manila. Los marfiles hispano-filipinos fueron una de las producciones devocionales más características del comercio transpacífico. La investigación de Zhou Meng sobre las fuentes chinas del marfil hispano-filipino explica que estas piezas fueron realizadas por artesanos chinos en Manila, por encargo de españoles durante el dominio hispánico de Filipinas. A estos artesanos se les conocía como sangleyes, y muchas obras muestran rasgos anatómicos chinos.
La importancia de estos marfiles está en su mestizaje. Los frailes y clientes españoles pedían Cristos, Vírgenes, Niños Jesús o santos conforme a la iconografía católica, pero quienes los tallaban procedían de una tradición visual asiática. Por eso, en muchas piezas aparecen rostros serenos, ojos almendrados, pliegues pesados, cabellos tratados con otra sensibilidad y cuerpos adaptados a la curvatura natural del colmillo.
El documento base sitúa en Marchena una serie de marfiles y piezas de filiación filipina en conventos como San Andrés, Santa María y la Concepción. Esa ubicación encaja con el papel de las clausuras como espacios de recepción de bienes de prestigio. San Andrés, por ejemplo, fue una antigua ermita mudéjar fundada en 1537 y transformada en convento de mercedarias descalzas en 1637 gracias al patronazgo de Rodrigo Ponce de León, IV duque de Arcos.
Santa María o la Purísima Concepción, por su parte, fue fundada el 4 de marzo de 1624 por Rodrigo Ponce de León, IV duque de Arcos, y Ana de Aragón y Sandoval, dentro del recinto de lo que fue el palacio ducal. La propia comunidad de Clarisas conserva memoria de su patrimonio artístico, con grabados, miniaturas, relicarios y trabajos de taracea de madera y nácar, algunos vinculados a la colección personal de Guadalupe de Láncaster y Cárdenas.
Actualidad
El año en que el pan se comió el jornal: trigo, hambre y miedo en una villa sin cosecha
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1 semana agoon
27 junio, 2026
En 1804 Marchena no pasó hambre de golpe. El hambre fue entrando despacio, como una humedad mala por debajo de las puertas. Venía de lejos: de los gastos extraordinarios provocados por la fiebre amarilla de 1800, de la ayuda que la propia villa había enviado a Sevilla —600 fanegas de trigo y 10.000 reales—, de las malas cosechas de 1803 y de una economía local sostenida sobre el cereal, el jornal y la obediencia a un orden señorial que empezaba a mostrar sus costuras.
España vivía bajo el reinado de Carlos IV, con Manuel Godoy como figura política dominante, en una monarquía cada vez más atrapada entre la Francia napoleónica y Gran Bretaña. El país no estaba todavía en la Guerra de la Independencia —faltaban cuatro años para 1808—, pero ya caminaba por un suelo agrietado: deuda, presión fiscal, malas cosechas, epidemias, comercio alterado y un sistema municipal obligado a apagar incendios con cubos vacíos.
La crisis de subsistencias de 1803-1805 fue una de las más duras de la España de comienzos del siglo XIX. Los estudios sobre los precios del cereal señalan que la carestía de 1803/1804 y 1804/1805 partió de una situación previa ya muy tensionada: el trigo llevaba años encareciéndose, y la subida alcanzó niveles excepcionales. La Real Academia de la Historia ha destacado que la crisis de 1803-1805 fue un fenómeno muy marcado en España, sin equivalentes tan intensos en otros territorios europeos en esos mismos años.
A esa crisis agrícola se sumó otro enemigo: la fiebre amarilla. Andalucía había sufrido el gran golpe epidémico de 1800, con especial incidencia en Cádiz y Sevilla, y los brotes volvieron en los años siguientes. Los estudios sobre la fiebre amarilla en Andalucía indican que en 1804 hubo un nuevo brote, más virulento que el anterior, coincidiendo además con una crisis agrícola de gran calado.
El dato más duro cabe en una hogaza. La fanega de trigo llegó a dispararse hasta los 240 reales y una hogaza de pan de dos libras —menos de un kilo— superó los cuatro reales, una cantidad equivalente al jornal diario de un bracero. Es decir: un trabajador podía gastar todo lo ganado en un solo pan. No en carne, no en aceite, no en vino, no en lumbre. En pan.
La cosecha que no llegó
El Cabildo vio venir el desastre en mayo. El día 7, el diputado del común don Andrés Echenique y el síndico personero promovieron un expediente para asegurar trigo destinado al abasto público. Las medidas fueron tajantes: se prohibió a cosecheros y dueños de grano sacar trigo de la población o venderlo a forasteros; se les obligó a declarar sus existencias en el plazo de dos días; y se autorizó el reconocimiento de casas y graneros cuando hubiese sospecha de ocultación o fraude.
El trigo debía ir al pan diario de los vecinos, no al negocio de quienes pudieran vender más caro fuera. El Ayuntamiento quiso convertir el término municipal en una despensa vigilada.
El 29 de mayo la decisión se endureció aún más: el Ayuntamiento acordó comunicar al Real y Supremo Consejo de Castilla que intervendría y retendría todo el trigo recolectado en la cosecha, vendiéndolo a precio corriente exclusivamente para el pan del pueblo. Los forasteros quedaban fuera del comercio local del grano.
Aquello no era solo economía. Era orden público. Cuando falta el pan, la calle cambia de sonido. Ya no suenan igual las campanas, ni los carros, ni las voces en la plaza. El hambre convierte cualquier esquina en una pregunta: quién tiene trigo, quién lo esconde, quién lo vende, quién lo protege.
Jornaleros sin jornal
La crisis golpeó primero a los más frágiles: los jornaleros. Las lluvias intensas habían dejado sin trabajo a muchos pobres, y el Ayuntamiento tuvo que recurrir a obras públicas y a limosnas de vecinos pudientes para socorrerlos.
Esta es una de las claves del reportaje: no hablamos solo de una subida de precios, sino de una sociedad en la que miles de personas dependían de trabajar cada día para comer ese mismo día. Sin cosecha no había jornal; sin jornal no había pan; sin pan, la autoridad temía el desorden.
Por eso el hambre de 1804 no puede contarse como una simple “crisis agrícola”. Fue una crisis total: de producción, de abastecimiento, de crédito, de beneficencia, de poder municipal y de confianza.
La Junta de Abastos: mandar sobre el trigo
El 4 de junio se creó una Junta de Abastos para hacer frente a la continua escasez de granos. Participaron el asistente don Agustín Barrera, los alcaldes ordinarios don Juan Manuel Montiel y don Antonio Leguey, el síndico personero don Diego Villalón, y los diputados del común don Andrés Echenique y don Manuel Sáenz de Tejada.
Su primera preocupación fue el Pósito, institución fundamental en épocas de escasez. El Pósito debía servir para prestar grano a los labradores y estabilizar el abastecimiento, pero en 1804 estaba prácticamente sin recursos. El Ayuntamiento pidió que se suspendiera la cobranza de deudas a los labradores, porque la ruina hacía imposible exigir pagos ese año.
Aquí aparece una paradoja amarga: Marchena había prestado antes dinero y trigo a instancias superiores, pero cuando necesitó ayuda, aquello no volvió. El Ayuntamiento reclamó cantidades que, según la documentación, sumaban 351.984 reales y 19 maravedíes en reintegros pendientes. Si ese dinero hubiese regresado, el Pósito habría podido comprar trigo al contado, que era la única forma eficaz de acopiar grano en tiempos de escasez.
El Consejo de Castilla reconoció esas cantidades, pero no las devolvió. Lo que sí concedió fue suspender por ese año los apremios contra los labradores deudores del Pósito. Fue alivio, pero no solución.
La “paternal benignidad” del duque
En julio apareció una esperanza con sello nobiliario. El duque de Osuna y Arcos, don Pedro de Alcántara Téllez Girón y Pacheco, escribió desde Madrid mostrando su preocupación por la escasez de granos en la provincia de Sevilla. Planteó traer trigo del extranjero al puerto más inmediato para surtir de pan a sus pueblos a precios más equitativos.
Pero la esperanza duró poco. El propio duque reconoció después que la cantidad necesaria para atender a todos los pueblos de sus estados era “portentosa” y que su valor ascendía a muchos millones de reales, una suma que no podían afrontar sus finanzas ni las de ningún particular. Recomendó entonces que los ayuntamientos formasen fondos locales y juntas de beneficencia para comprar granos.
Dicho en claro: el señor jurisdiccional mostraba compasión, pero quería cobrar. El Ayuntamiento respondió que sus propios apenas alcanzaban para pagar salarios, que el Pósito no tenía dinero ni trigo suficiente y que solo quedaba acudir a los vecinos pudientes para formar un fondo de entre 150.000 y 200.000 reales.
Los ricos abren la bolsa
El 11 de agosto comenzó a funcionar la Junta de Beneficencia. Se reunieron el asistente, los alcaldes, el vicario don Joseph Guerrero de Ahumada, don Sebastián de Morales y Palma, don Joseph Antonio Díez de la Cortina, don Manuel Diosdado, don Diego Vergara, don Joseph Antonio Montiel y don Andrés Uruñuela. Todos se ofrecieron a constituir un fondo para comprar trigo destinado al pan del vecindario.
Las aportaciones fueron importantes: el vicario dio 15.000 reales; Sebastián de Morales y Palma, otros 15.000; Díez de la Cortina, 22.000; Manuel Diosdado, 22.000; Diego Vergara, 2.000; Joseph Antonio Montiel, 15.000; Andrés de Uruñuela, 5.000; y Antonio Leguey, en nombre de Miguel Ponze Navarro, 15.000. El asistente ofreció incluso alhajas de plata de su propiedad. En total, se reunieron 111.000 reales.
El 20 de agosto se mandó pregonar que cualquier vecino o forastero que quisiera vender trigo a precio corriente acudiera a don Sebastián de Morales y Palma, nombrado depositario del fondo. El hambre empezaba a tener contabilidad, nombres propios y recibos.
La compra del trigo ducal
La negociación con la Casa Ducal fue un tira y afloja. Finalmente, el asistente y don Joseph Antonio alcanzaron un acuerdo con el apoderado ducal: se compró una primera partida de 1.300 fanegas de trigo para entrega inmediata y otra de 1.200 fanegas que debía llegar a Marchena entre quince y veinte días después. Para pagar, se comisionó a don Juan Ternero, que debía trasladar a Sevilla 90.000 reales con la custodia correspondiente.
Pero en noviembre todo volvió a complicarse. Se solicitaron 2.000 fanegas más, aunque la Junta de Beneficencia ya había agotado sus fondos. El duque quería cobrar, y el Ayuntamiento tuvo que recurrir a un doloroso repartimiento entre los vecinos contribuyentes.
La escena resume bien el drama: el pueblo necesitaba pan; el Ayuntamiento necesitaba trigo; el duque exigía pago; los pudientes prestaban dinero; los pobres esperaban. En medio, el Cabildo hacía de equilibrista sobre una cuerda de harina.
Los horneros protestan
La crisis llegó también a quienes trabajaban el pan. El 13 de diciembre de 1804 protestaron los horneros y atahoneros de la villa: Felipe Rodríguez, Juan de Atoche, Juan de Herrera, Francisco García, Jerónimo Poleo, Manuel García “El Pelao” y Juan Lebrón. Se quejaban de que el Cabildo les permitía cobrar solo una hogaza de dos libras por cada fanega de pan cocido, cuando antes recibían dos. Alegaban que así no cubrían los gastos de cocción.
El Ayuntamiento no cedió. Ordenó que los molineros continuaran con sus maquilas, que los horneros cobrasen una sola hogaza por fanega de trigo y que los panaderos no pudieran vender la hogaza de pan común por encima de 28 cuartos. Quien incumpliera sería castigado con cuatro ducados de multa y ocho días de cárcel. Los edictos debían fijarse en lugares concurridos, como los Cantillos de San Pedro y las puertas de las carnicerías.
Ahí está el pulso más humano del reportaje. Los horneros no eran grandes especuladores; también peleaban por sobrevivir. Pero el Ayuntamiento sabía que, si el precio del pan seguía subiendo, la villa podía arder sin necesidad de pólvora.
Madrid, Sevilla y Marchena
Mientras Marchena luchaba por su pan, las autoridades superiores tenían otras prioridades. El Supremo Consejo de Castilla facilitaba el abastecimiento de la Corte, y desde Sevilla se ordenaba no impedir a los trajinantes comprar trigo para la capital, que también sufría escasez. Además, en septiembre de 1804 se comunicó la obtención de un salvoconducto del Gabinete inglés para evitar la detención de barcos que venían del extranjero cargados de grano hacia España.
El eco de 1805
La hambruna no terminó con el año. En enero de 1805, el Cabildo seguía preocupado por los jornaleros y sus familias, que mendigaban por el pueblo y amenazaban con desórdenes empujados por el hambre. Se acordó formar una lista de jornaleros y repartirlos entre labradores, pegujaleros y arrendadores de tierras, obligando a cada propietario a mantener cierto número de trabajadores con siete reales secos o con tres libras de pan y tres reales.
Durante los primeros meses de 1805, el trigo comprado, requisado a ocultadores o adquirido al duque fue almacenado en el Pósito y en la Cilla eclesiástica. Desde allí se despachaba diariamente a los atahoneros al precio de 160 reales la fanega. La intervención municipal consiguió rebajar la tensión, y en mayo de 1805 se consideró que la abundancia de trigo permitía disolver la Junta de Beneficencia.
Pero el daño ya estaba hecho. La Marchena de 1804 había aprendido que el pan podía convertirse en frontera: entre quien tenía y quien no, entre el vecino y el forastero, entre la caridad y el negocio, entre el poder señorial y la necesidad popular.
Saber más
Fuente principal: José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Marchena 1800-1833. Tomo I, especialmente el capítulo “La hambruna. Marchena, año 1804” y los apartados relacionados con la crisis de abastecimiento de 1805.
Historia
El Bosque, la pequeña Marchena fundada por los Duques de Arcos en la sierra gaditana
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2 semanas agoon
25 junio, 2026
La villa de El Bosque fue una donación hecha por los Reyes Católicos a D. Rodrigo Ponce de León, firmado en Jaén a 11 de noviembre de 1490.

“Acatando los muchos e buenos y leales y señalados servicios” de D. Rodrigo “y para siempre jamás”, se le hace “donación de Villaluenga, Ubrique, Benaocaz, y Grazalema, con sus fortalezas y alquerías y vasallos y vecinos y moradores de ella”.
En 1501, tras el levantamiento de Sierra Bermeja, sometidos los moriscos de la zona doña Beatriz de Pacheco, viuda del Duque encargó a Juan de Ayllón poblar la serranía con 317 vecinos de Marchena, Arcos, Bornos, Villamartín, Espera, atraídos especialmente por el reparto de tierras.
Uno de los duques levantó un palacio como lugar de descanso y cacería en el “Palacio del bosque de Benamahoma”, donde está ahora El Bosque. Requería un gran número de criados, ojeadores para montería. Ante la imposibilidad de que todos estuvieran viviendo en el Palacio, fueron edificándose diversas casas en sus alrededores por los criados de los duques al que llamaron Marchenilla, derivado de Marchena.
El oratorio de palacio resultaba insuficiente para recoger todos los vecinos, estos levantaron una iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. Este primer intento de poblamiento recibiera el nombre de Santa María de Guadalupe.
Durante siglos todos sus vecinos, desde el alcalde corregidor hasta el más modesto palafrenero, –dependían muy directamente de la jurisdicción del Duque.
Poco a poco los duques de Arcos, dejaron de realizar estancias periódicas en ella. Entonces el palacio serrano de El Bosque dejó de ser la “Marchena pequeña” y recibió el nombre de El Bosque o La puebla de Santa María de Guadalupe nombre que también perdió por coincidir con El Algar fundado por D. Domingo López de Carvajal.
En la Real Orden de 1815, por la que Su Majestad el Rey concede al pueblo la categoría de villa, emplea el término de “El Bosque”. Y, por el contrario, en los libros parroquiales de este mismo año prosigue, quizás por inercia o costumbre, el de “Marchenilla”. Sin embargo, hacia mediados de siglo, en 1851, se simultanea en las actas matrimoniales, bautizos o defunciones: “villa de Marchenilla o Bosque”.
En este pueblo se educó Fray Diego José de Cádiz, hijo del administrador del duque de Arcos. En El Bosque, recibió las primeras letras y luego se convirtió en gran misionero de las tierras de Andalucía.
El Bosque fue el primer pueblo de la Sierra que se enfrentó a Napoleón. Prepararon una emboscada a algunos franceses rezagados causándole ocho muertos y tres heridos.
Esto encolerizó al general francés Víctor que ordenó a una división de ocupación –Marasín o Latour Maubourg–, que asolasen y quemasen inmediatamente a El Bosque y Prado del Rey. “habiendo tenido que sufrir varios saqueos y un incendio que arruinó gran parte de sus edificios”. Sus vecinos, antes de capitular, prefirieron “ver quemados sus hogares y andar errantes por los montes» antes que entregarse al enemigo.
QUE HACER EN EL BOSQUE
SENDERISMO El río de El Bosque es uno de los principales atractivos turísticos de la Sierra de Grazalema, durante los fines de semanas se llena de amantes del senderismo que disfrutan de sus maravillosos paisajes. La ruta conecta El Bosque con Benamahoma y tiene un recorrido de 4,3 km. Desde el pico Albarracín podéis ver El Bosque y diferentes pueblos colindantes.
Uno de los lugares donde poder apreciar la toda la Sierra de Grazalema y disfrutar de las puestas de sol. En El Bosque y en la Sierra de Cádiz puedes disfrutar del paintball en unos escenarios naturales. Una forma de descargar adrenalina y pasar un grandes ratos de risas. El campo de juego se encuentra en plena Sierra de Grazalema y proporcionan todo el material necesario (marcadoras, protecciones, ropa…). En El Bosque se encuentra el Centro de Interpretación del Queso de la Quesería El Bosqueño, empresa con numerosos premios internacionales y nacionales por sus quesos de cabra payoya y oveja merina grazalemeña.
El Jardín Botánico de El Castillejo representa la flora más autóctona de la Sierra de Cádiz y Serranía de Ronda. Un lugar que no puede faltar en tu visita a El Bosque. Forma parte de la Red de Jardines Botánicos en Espacios Naturales Protegidos de Andalucía. La entrada es gratuita y ofrece un servicio de visitas guiadas gratuitas para los grupos que lo soliciten.
Actualidad
La calle del Moral, y el pasaje de Capuchinos, una parte olvidada de nuestra historia
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2 semanas agoon
25 junio, 2026
En Febrero de 2021 se ejecutaron labores de limpieza, toma de catas y documentación de estructuras, trabajos previos que servirán para redactar el proyecto de intervención de la Fase 2 de recuperación de la Muralla del Palacio Ducal, en los alrededores de la calle Del Moral, una calle olvidada en pleno barrio de San Juan. En estos trabajos se documentó el antiguo pasaje de Capuchinos que conectaba la calle doctor diego Sánchez a través de a calle del Moral con los jardines y huerts del palacio pasando por debajo de las ruinas del convento capuchino, fundado en 1650 por el IV Duque Rodrigo Ponce, virrey en Nápoles.
Ubicación del Pasaje de Capuchinos. Antes de existir el convento de Capuchinos se llamó Calle del Moral.
Así era el sabat, el pasadizo elevado de origen islámico, que unía Santa María con el Palacio
LA CALLE DEL MORAL
En la calle Del Moral que lleva muchos años sin tener acceso público, había casas cedidas por el Duque a hermandades como la Veracruz y Animas de San Juan (hoy fusionadas) aunque el mayor propietario de la zona era el Conventos de San Francisco y en menor medida Santo Domingo. Sus casas se tomaron para construir el convento de Capuchinos.
Rodrigo Ponce de León en 1649 escapó de milagro a la rebelión de Massaniello siendo Virrey de Nápoles (1647).
Por temor a las clases populares compró las casas de la barriada Puerta Ecija que lindaban con el Palacio para eliminarlas y construir en parte del solar resultante el Convento y Huerta de Capuchinos sobre solares de las casas de la calle Del Moral y otras en 1650.
Una de estas casas, la sexta era de María de la Cruz, «que paga a la cofradía de la Vera Cruz 30 reales y al convento de san Pedro, 9” casa valorada en 660 reales. Vicente Baeza, lacayo del Duque, pagaba anualmente diez reales y un cuartillo al convento de San Francisco por unas casas en la calle del Moral por escritura otorgada ante el escribano Francisco Xuares.
Lindaba la casa del convento de San Francisco con otra de Maria Pérez y otra de la Cofradía de la Veracruz «por escritura de venta ante Diego Núñez, escribano público que fue de esta villa en 1599.
La barriada perdida en Marchena tras la rebelión de Nápoles contra el Duque de Arcos
El 21 de enero de 1620 Luis Guillermo de Fuentes, escribano de cámara del Duque de Arcos y «rector que soy de la Cofradia de Animas del Purgatorio de la iglesia de San Juan» redime las rentas de unas casas propiedad de dicha cofradía en la calle del Moral, a Diego Garcia de Montemayor y Maria Alfonso su mujer.
En la desaparecida calle Del Moral había casas cedidas por el Duque a hermandades como la Veracruz y Animas de San Juan (hoy fusionadas) aunque el mayor propietario de la zona era el Conventos de San Francisco y en menor medida Santo Domingo. Sus casas se tomaron para construir el convento de Capuchinos.
El juego de pelota que estuvo en el Palacio Ducal desde 1541
Una de estas casas, la sexta era de María de la Cruz, «que paga a la cofradía de la Vera Cruz 30 reales y al convento de san Pedro, 9” casa valorada en 660 reales.
La casa de Maria de la Cruz tenía dos rentas una del convento de San Pedro Mártir, de 156 reales, «por un codilicio de Gregorio de Angulo, ante Luis de Utrera de 18 de Noviembre de 1593», y otra renta principal que iba a la Cofradía de la Veracruz por la casa que tenía arrendada a María de la Cruz y que fue a parar a Pedro González Bayón.
Vicente Baeza, lacayo del Duque, pagaba anualmente diez reales y un cuartillo al convento de San Francisco por unas casas en la calle del Moral por escritura otorgada ante el escribano Francisco Xuares.
Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas
Lindaba la casa del convento de San Francisco con otra de Maria Pérez y otra de la Cofradía de la Veracruz «por escritura de venta ante Diego Núñez, escribano público que fue de esta villa en 1599, sobre la cual se cargan anualmente dos reales y un cuartillo, que se pagan anualmente al convento de San Francisco» por la Festividad de Todos los Santos «de la limosna de dos misas rezadas por el alma de Catalina Gutiérrez».
El 21 de enero de 1620 Luis Guillermo de Fuentes, escribano de cámara del Duque de Arcos y «rector que soy de la Cofradia de Animas del Purgatorio de la iglesia de San Juan» redime las rentas de unas casas propiedad de dicha cofradía en la calle del Moral, a Diego Garcia de Montemayor y Maria Alfonso su mujer.
GALERIA: Exposición de las joyas del Palacio Ducal en el convento de Santa María
FUENTES:
-“Memoria del dinero que es menester para la redención de los censos de las capellanías y cofradías de la santa Veracruz y Änimas de de San Juan y misas de los Vice Beneficiados”. Archivo Histórico de la Nobleza,OSUNA,C.171,D.268-285.
-«Documentación relativa a la fundación y patronazgo, por parte de los duques de Arcos, del Convento de Capuchinas de la orden de San Francisco, situado extramuros de la villa de Marchena (Sevilla).» Archivo: Archivo Histórico de la Nobleza. Signatura: OSUNA,C.171,D.214-229).
Historia
La calle donde Marchena olía a jabón y el negocio que era
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2 semanas agoon
19 junio, 2026
Portada: Calle de la Almona, o La Mona, hoy calle Mariana Pineda.
En el XIX La libra de jabón blando seguía siendo un bien preciado que se vendía a dos reales y medio la libra en la Casa de Venta del Jabón propiedad de la Casa Ducal que producía rentas de 550 reales al año mientras que la Casa de la Almona o fábrica de Jabón generaba 440 reales anuales. 12.500 reales percibía la hacienda del duque por las rentas del jabón de Marchena.

Para hacer jabón se necesitaba aceite y almarjos, planta que crece en terrenos con agua y de cuya quema se obtiene la sosa o barrilla, cenizas ricas en sales alcalinas para blanquear la ropa. Por este motivo el impuesto se llamó renta del jabón, de la sosa y barrilla.
Mucha gente podría hacer jabón en Marchena por la riqueza en aguas hasta que en 1572 el Duque se hizo con el monopolio del jabón y los vecinos acudieron a los jueces iniciando un pleito ante la chancillería de Granada.
Antigua Almona de Dos Hermanas.
Los vecinos se quejaban de que el Duque había puesto «estanco en ella para que ningún vecino pudiese hacer jabón en su casa ni meterlo de fuera parte bajo de graves penas» sobre lo que decían las ordenanzas de Marchena.
Un escribano de Marchena declaró que el Estado de Arcos cobraba la renta de la almona de jabón desde 1486.
Un vecino de Marchena, Diego Trigueros afirma que desde 1455 se venían registrando las cuentas del jabón por el mayordomo de Marchena. según esas cuentas a Nicolás de Rojas le cobraron en 1462, 760 maravedíes por las rentas de jabón que tenía arrendadas a Juan Fernández y en 1463 Ruy Fernández paga 2200 reales, y Juan Alfonso arrendador de la renta de jabón de Marchena, 300 maravedíes.
Almona en Guadalcanal.
El Estado de Arcos fabricaba jabón en Marchena, al menos «desde 200 años antes» según los testigos del pleito de 1759 iniciado por el Duque de Medinaceli por el derecho del jabón de Marchena, Arcos y Jerez.
Almona de la Cilla de Osuna.
Los reyes castellanos heredaron y mantuvieron los impuestos creados por los reyes taifas musulmanes, y en Marchena el «tesoro real» o almojarifazgo fue a los Ponce de León incluyendo la renta de la teja y ladrillo, cal y yeso, madera, cenizas de hornos de pan, etc.
Los que la cobraban la renta se llamaban almojarifes, tesoreros de la Real o ducal Hacienda, de Jalifa, máxima autoridad árabe, similar a califa. Aún en 1497 en Arcos se afirma que nadie podía hacer ni vender jabón en la ciudad sin permiso de dicho Jarife o jalifa (sic).
La fabricación del jabón en Sevilla pasa de los reyes musulmanes a la Casa de Medinaceli, y luego Catalina de Ribera por merced de los Reyes Católicos. Las Almonas Reales de la calle Castilla produjeron el jabón más cotizado, el jabón «Castilla» y antes en el siglo XII, en tiempos de Al-Andalus, las jabonerías estaban en Triana cuyos restos aparecieron en una obra en 1989.
Torre de la Almona de Dos Hermanas.
En 1773 Santiago Fernández, vecino de Marchena (Sevilla),pide permiso para fabricar y vender jabón en Marchena y el el Duque le dice que no tiene impedimento alguno en sacarlo a subasta.
Pero el Duque de Medinaceli había comprado el monopolio del jabón del Arzobispado y quien lo incumplía era encarcelado, como le pasó a Diego Alonso de Silva lo que dio origen a pleitos contra los Duques de Arcos y le reclaman en 1761 que dejara libre el derecho del jabón en Marchena y Arcos, pero el derecho a fabricar jabón en Marchena era del Duque de Arcos «desde tiempo inmemorial» alegan las autoridades marcheneras.
La casa de Medinaceli esgrimió los acuerdos de Febrero de 1492 donde Rodrigo Ponce de León vendía al hijo de Pedro Enriquez, 2000 maravedies de las rentas de jabón de Sevilla pero no sobre Marchena.
En 1811 con la toma francesa de Marchena el gobierno local del corregidor Antonio Leguey, colaborador de los franceses acuerda eliminar el monopolio del negocio del jabón del control de los Duques de Medinaceli que pesaba sobre toda la provincia y arzobispado de Sevilla desde el siglo XVI.
Entonces Sebastián de Vega, vecino de Carmona, pide al Ayuntamiento de Marchena que se le permita el comercio de jabón en los puestos públicos marcheneros de acuerdo a impuestos municipales, no pudiendo excederse de los precios que están acordados para su venta por el Ayuntamiento.
FUENTES:
1.-Ejecutoria y memorial ajustado del pleito seguido por el [X] duque de Arcos, Francisco Ponce de León y el [XI] duque de Medinaceli, [Luis Férnandez de Córdoba Figueroa], sobre el derecho de permiso, fabrica y venta del jabón de la almona de Marchena (Sevilla), Arcos y Jerez de la Frontera (Cádiz). 1759-10-13.
2.-Las almonas de Carrión de los Céspedes (Sevilla). Pleitos sobre su propiedad entre el marqués de Villafranca del Pítamo y el duque de Medinaceli en el siglo XVIII.
3.-La composición de los almojarifazgos señoriales del reino de Sevilla, siglos XIII-XV
4.-E. Solano Ruiz. “La hacienda de las casas de Medina Sidonia y Arcos en la Andalucía del siglo XV”. AH, 55, 168, 1972, pp. 96-97).
5.-Autos con las tomas de posesión de todo lo perteneciente a la casa de Arcos en Marchena: castillo, contaduría, alcabalas, censos, cárcel, almona, Monte Palacio, donadíos, cortijos y tierras. Marchena, desde el 10 al 17 septiembre de 1743.
6.-Documentación relativa al convenio establecido entre Francisca Ponce de León, señora de Zahara, y Catalina de Ribera, en nombre de Fernando Enríquez, su hijo y del adelantado mayor de Andalucía, Pedro Enríquez, cediendo la primera cierta cantidad de renta sobre las jabonerías de Sevilla y Cádiz, a cambio de la almona y jabonería de Jerez de la Frontera.
7.-Documentos de posesión de derechos sobre jabonerias de la Casa de Arcos en Sevilla y Jerez en 1448.
8.-Testimonio de la denuncia que presentó Antonio de Herrera, arrendador del abasto y renta del jabón, contra Benito Márquez y su mujer María Hernández, por haber actuado contra las ordenanzas de la renta del jabón, y sentencia por dicha denuncia. 1560.
9.-Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Tomo II. Actas municipales. 1800-1933. José Alcaide Villalobos.
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