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Historia

Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España

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JOSE ANTONIO SUAREZ LOPEZ. DIRECTOR REVISTA SABER MAS ANDALUCIA
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, conocido por su papel de estratega militar de los Reyes Católicos en la guerra de Granada tuvo una destacada relación con la comunidad judía revelando un capítulo fascinante, de los judíos sefarditas, aportando más luz sobre el papel de la nobleza en el contexto de la España del siglo XV.
El Marqués de Cádiz, figura clave en la Guerra de Granada, vivió en una época donde cristianos, musulmanes y judíos coexistían en una frágil armonía. Su vida y decisiones se entrelazaron con las de la comunidad judía, reflejando la complejidad de las relaciones interreligiosas de su tiempo.
LA EXPULSIÓN
«Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel. En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto» escribió Isaac Abravanel uno de los lideres judíos de España al conocer el edicto de expulsión. 
Edicto de expulsión de los judios de España. 
«Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, (…) En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones?». 
Isabel La Catolica.
El vínculo entre el Marqués de Cádiz e Isaac Abravanel, un destacado pensador y financiero judío, es particularmente revelador. Abravanel, enfrentando la desoladora perspectiva del Edicto de Expulsión, buscó la intervención de Señor de Marchena entre otros para abogar por la causa judía. Esta relación, aunque brevemente documentada, sugiere un grado de respeto y colaboración que desafía las narrativas convencionales de la época. El poderoso judío apeló a sus amigos: Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, yel duque de Medinaceli.
Publicado en Granada el 30 de marzo de 1492 el Edicto de Expulsión general de los judíos, firmado por los Reyes Católicos los más poderosos judíos de la corte, como Isaac Abravanel dejaron oír sus ruegos ante los Monarcas y su entorno poderoso entre los que estuvo el Marqués de Cádiz.
Además de ser un erudito, Abravanel tuvo una carrera exitosa en el ámbito financiero y político. Sirvió en altos cargos en las cortes de Portugal, España y, más tarde, Nápoles. Fue conocido por su habilidad en asuntos financieros y diplomáticos, sirviendo como asesor y financiero de reyes.
ABRAVANEL PIDIÓ AYUDA AL MARQUÉS DE CÁDIZ
Entre las puertas que llamó Abravanel pidiendo  ayuda estaban Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, el duque de Medinaceli tal y como el mismo dejó por escrito en su obra «Comentario a Reyes».
“Pedí a mis buenos amigos entre los que ven al Rey que intercedieran ante él a favor de mi pueblo, y algunos grandes se reunieron y decidieron dirigirse al rey con firmeza y determinación, urgiéndole a retirar los hostiles decretos y abandonar su plan de destruir a los judíos”—, pero todo fue inútil.  «El rey “cerró sus oídos semejante a una cobra muda, y no quiso cambiar de actitud por ninguna razón y la reina está a su lado para fortalecer su perverso pensamiento, persuadiéndole a llevar a cabo su obra de principio a fin”,
Abravanel no quiso bautizarse por lo que fue expulsado, y perdió gran parte de su fortuna aunque se le permitió sacar 2.000 ducados de oro y otras pertenencias, pese a que el decreto de expulsión impedía la salida de  oro, plata y moneda amonedada, embarcando en el puerto de Valencia el último día del mes de julio. Se trasladó primero a Nápoles y luego a Corfú y finalmente a Venecia, donde pasó sus últimos años. 
Otros líderes judíos de la época como Abraham Seneor, de 80 años, el Rab y el Juez Mayor de las aljamas de Castilla, el arrendador real, el poderoso judío de la confianza de la reina Isabel se bautizó en el monasterio de Guadalupe el 15 de junio de aquel año, ante los Reyes Católicos, tomando desde entonces el nombre de Fernán Pérez Coronel. Abraham Seneor /  Ferrán Pérez Coronel muere en 1493, al poco tiempo de su conversión. 
EL ESCANDALO DE DIEGO DE MARCHENA: LA RAIZ DE LA EXPULSION
Este hecho es significativo ya que los expertos creen que en la decisión de los Reyes Católicos para expulsar a los judíos influyó el caso del marchenero  Fray Diego de Marchena quemado en Guadalupe en 1485 por judaizar abiertamente dentro de la iglesia católica​. 
Durante años Juana, hermana de Rodrigo Ponce de León, y esposa del señor de Teba medió sin conseguirlo ante Juan de Guzmán, el famoso corregidor de Fuenteobejuna,  que se negaba a liberar a la familia de Diego de Marchena, apresados en Teba cuando huían de la Marchena que era corte y Palacio de los Ponce a la Málaga musulmane para seguir viviendo como judíos tras las violentas revueltas antijudias de Córdiba de 1473. 
Castillo de Teba.
JUANA PONCE DE  LEON, MEDIA ANTE LA FAMILIA DE DIEGO DE MARCHENA
En 1461 Juana Ponce de León trató de que la familia de Diego de Marchena, sus padres Luis González de Molina y su madre Marina González ambos judeo-conversos nacidos en Marchena, sus hermanas y sus cuñados, se confesasen o tomase los sacramentos, pero no lo consiguió; rechanzado convertirse al cristianismo y quedando cautivos por diez años, muriendo en prisión su padre y hermana. 
Fray Diego manda cartas en 1481 pidiendo ayuda a los notables del reino y a su propia familia, veinte parientes de Carmona, también judíos. La carta llegó a manos de los inquisidores de Sevilla, Fr. Juan de San Martín y Fr. Miguel de Morillo, que van Carmona a investigar, y la familia de Diego tiene que huir a Portugal para salvar la vida. Estos dos primeros Inquisidores de Sevilla pdiieron el mismo año a Rodrigo Ponce de León que dejara de acoger judios y conversos en sus tierras. 
DIEZ AÑOS DE CAUTIVERIO
Ese mismo año los conversos de Sevilla estaban huyendo de la ciudad ante la llegada de los primeros Inquisidores. Fray Diego de Marchena era un fraile de  San Jerónimo de Sevilla. 
 Tras diez años de cautiverio rescató a la parte de su familia, que aún no había muerto y los llevó al monasterio de Guadalupe, enterrando a su padre en el cementeriode los frailes, lo que causó tal escándalo en el monasterio que dio origen a la primera gran causa contra los conversos en Guadalupe.
Los herejes de Guadalupe pagaron multas que ascendieron a 50.000 pesetas -2,7 millones de maravedíes- con las que se construyó la hospedería para la visita de los Reyes Católicos. La obra fue comenzada en 1487 por el maestro Juan Guas, quien también trabajó para los Ponce de León en Marchena añadiendo los salvajes a la Puerta de Marchena y terminada en 1492.

El escándalo de Diego de Marchena que aceleró la salida de los judíos de España

EL PROBLEMA DEL CLERO CONVERSO
Tras la expulsión, y la incesante actividad inquisitorial el problema del clero converso, se acentuaría en el siglo XVI y XVII con nuevas oleadas de conversos que procedentes de Portugal se vuelven a instalar en Castilla.
EL CASO DEL CURA DE SAN MIGUEL DE MARCHENA
La guerra a muerte entre el sacerdote Francisco García en 1525 y los demás miembros del clero local entre acusaciones mutuas de judaísmo ante la llegada de los dominicos, en relación a la iglesia, entonces ermita de San Miguel donde vivía muestra a las claras cual era elambiente que la cuestión judía provocaba en el seno de la iglesia. garcia acusava a sus colegas de judaismo y se presentaba a si mismo como martillo de herejes. 
¡Ojalá viniesen pronto a Marchena los frailes predicadores!, observó irónicamente García al comentar ese ofrecimiento al duque, pues con su llegada se establecería el tribunal del Santo Oficio, empezarían a arder los huesos de los conversos enterrados en el cementerio (cristiano, por supuesto) y colgarían en la iglesia los sambenitos de los penitenciados.
Con gran dolor me quexo a Dios d’estos que tan mal me quieren sin tener razón para ello. Querría que paresçiéssemos delante V. S. y dixessen la quexa que tienen de mí y por qué me quieren tan mal, pues que yo les quiero bien. ¡Pluguiera a Dios que los frayres açeptaran su Ruego! Que pudiera ser que algún tiempo vieran en esta yglesia colgados los pellejos de las zorras sus parientes, que demoliuntur vineas[4], porque, yendo allí la Orden de los predicadores, a quien la Sancta Inquisiçión fue dada, lo primero que hizieran fuera desenterrar los huessos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar vn sastre en este pago de tierra virgen sobre las sepulturas de sus antepassados.

EL CASO DE FRAY LUIS DE LEÓN 
El 14 de julio de 1573 declara contra el poeta agustino Fray Luis Ponce de León Valera, ante la Inquisición el padre Agustín de León de 32 años natural de Marchena, Sevilla, abad de San Saturnino de Medina del Campo, profesor del monasterio de la Retuerta, maestro de arte y Teología.
El escritor converso Fray Luis de Leon se llamaba Fray Luis Ponce de León Valera, era de Belmonte,  hijo de Inés Varela y Lope Ponce de León, letrado de Corte, ambas ramas de conversos y la mayor parte de su vida vivieron entre Granada y Sevilla, sobrino de Francisco Ponce de Leon catedrático en Salamanca. La pedanía granadina de Puerto Lope que fue propiedad de la familia Ponce de León fue comprada por Lope de León, padre del poeta para fundar su propio mayorazgo, en 1559.
La familia del poeta sirvió en Belmonte a Juan Pacheco Marqués de Villena, y su hermano el Conde de Ureña Juan Tellez Girón, que funda la casa de los futuros Duques de Osuna.
Miguel hermano de fray Luis, fue concejal en Granada y procurador de la ciudad en las Cortes de Castilla de 1563 y en las de Córdoba en 1570. Su hermano Cristóbal, fue procurador de Granada en las mismas Cortes De Córdoba.
Agustin de León, fraile de Marchena relató ante la Inquisición que tres años antes siendo estudiante de Salamanca esperó a Fray Luis de León a la salida de su aula y una vez estuvieron solos le preguntó al poeta si era verdad que la Vulgata contiene muchos pasajes mal traducidos. Luis respondió que sí y que no es una opinión totalmente contraria a la doctrina del Concilio de Trento.
Fray Luis de León contravino las normas de la iglesia atreviéndose a traducir la biblia directamente del hebreo, siguiendo la enseñanza de la escuela humanista de Salamanca y Alcalá de Henares por lo que pasó cinco años en la cárcel antes de ser declarado inocente.
Los Inquisidores de Granada escribieron «La prisión de Fray Luis de León, que se hizo en Salamanca por el Santo Officio de Valladolid, ouiese sido por apartarse de la interpretación de la edición Vulgata aprouada por el Concilio de Trento y por seguir interpretaciones de Rabinos que judayzan. 

El fraile de Marchena que delató a Fray Luis de León ante la Inquisición

LA CONJURA DE SEVILLA 

Los cargos póblicos y la riqueza de los Ponce de León, segunda mayor fortuna de Sevilla, tras los Guzmán, les hizo ser protagonistas de los más importantes hechos de su tiempo, y si Pedro Ponce de León Señor de Marchena, que funda Paradas, repuebla Chipiona y compra Los Palacios era Alguacil Mayor de la ciudad durante el pogrom de 1390, en un contexto de epidemias de peste y luchas nobiliarias sevillanas en la que los conversos serían protegidos de forma preferente por los Guzmán. Ferrán Martínez, Arcediano de Ecija que lanzó a las masas a destruir juderías de media España, ocupó el cargo de albacea testamenterio del Señor de Marchena en su lecho de muerte. 

Los conversos volvieron a pedir protección a las dos mayores casas nobiliarias de la ciudad Ponces y Guzmanes tras la llegada de la Inquisición a Sevilla en 1480, que acusa a una serie de miembros conversos del Cabildo municipal de conjurarse contra la Inquisición. 

La relación entre los miembros de la conjura de Sevilla en 1480 y los Ponce de León, Duques de Arcos, se menciona en el documento «Sevilla 1480: ¿una conjura conversa contra la Inquisición?» de Isabel Montes Romero-Camacho. Pedro Fernández Benadeva, uno de los conjurados, que fue elprimero en arder tenía relaciones familiares con diversas ramas de las dos grandes familias de la alta nobleza sevillana, los Guzmanes y los Ponce de León y su familia huyó a Marchena. Otro de los conjurados el veinticuatro Pedro de Jaén, 1471. estuvo casado con doña Inés Ponce de León, hija de Pedro de Pineda, otra de las familias que controlaban Sevilla para los Ponce. 

LA INQUISICIÓN ADVIERTE A RODRIGO PONCE DE LEÓN
En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombran a los dos primeros inquisidores, españoles por Bula de Sixto IV (1 de Nov de 1478) los dominicos Miguel de Morillo, luego primer Inquisidor General y Juan de San Martín que en Noviembre se instalan en el cstillo de San Jorge, Triana.
A finales de 1480 las hogueras de la Inquisción española comienzan a arder por vez primera en España, en la ciudad de Sevilla y poco despuésm el 2 de Enero de 1481 los dominicos inquisidores Miguel de Morillo y Juan de San Martín ordenan a Rodrigo Ponce de León Señor de Marchena que no acogiera en Marchena ni ninguna de sus otras villas a los judios conversos fugitivos bajo pena de excomunión, confiscarle dignidades y oficios, privación de señoríos y vasallajes «por amparador é incubridor de herejes» ejecutando penas civiles y criminales si en el futuro se repetía dicho hecho.
Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios en sus “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”cuenta que «salieron de la cibdad muchas gentes de ellos; (judíos) especialmente, a la tierra del marqués de Cádiz. Vinieron más de ocho mil almas a Mairena e Marchena e los Palacios, e los mandó acoger e facer mucha honrra”. Es decir los judios abandonaron las tierras del Rey por tierras ducales donde el Duque ejercia la justicia independiente del Rey. Preciasamente por les advirtió la Inquisición. 
Entre los huídos de Sevilla a Marchena figuraba Isabel Suárez, la mujer del quemado Benadeva y los Susán se repartieron por diversos señoríos: Juan Gómez de Susán y Pedro de Susán se retiraron a Marchena. Pero la mayoria de conversos de Sevilla huyeron a Sanlúcar de Barrameda. 
LOS AMIGOS CONVERSOS DE RODRIGO PONCE DE LEÓN
MARCHENA
 El criado y el contador del Duque, aparecen en el listado de conversos reconciliados en Marchena por la Inquisición en 1496 además de dos alcaldes de Marchena y Carmona además de un grupo de sastres y auxiliares. Ruí García reconciliado, criado del Marqués de Cádiz ya difunto, vecino de Marchena, pagó 5000 maravedíes para ser reconciliado. Igualmente se incluyen en ellistado Pedro López Pliego escribano reconciliado vecino de Marchena.
En 1490 el bachiller Luis Sánchez y a Mateo de la Cuadra, vecinos de Sevilla, determinen el destino de los bienes de los criados del duque de Cádiz, que fueron condenados por herejes
Muerto Rodrigo Ponce en 1492, su descendiente Rodrigo  el I Duque de Arcos y su viuda, siguen teniendo pleitos con la justicia Sevillana, por el pago y cobro de rentas de herejes condenados, relacionados con la Casa de  Arcos. 
El primer Duque de Arcos y su tutora Beatriz Pachecho se niegan a entregar el heredamiento, fortaleza, dehesas y tierras que fueron de Pedro Fernández Cansino, veinticuatro de Sevilla condenado por herejía. Está por ver si protegían a la familia o se quedaban ellos con parte de los bienes o las dos cosas. 
En un documento de 1501 el I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, y la tutora Beatriz Pacheco se oponen al cobro de rentas de herejes en el estado de Arcos. El cobro conlleva la identificación de los judeo conversos y su fijación en los listados.
Poco  después los Reyes Católicos  piden a los responsables del Estado de Arcos que no obstaculice la labor de la Inquisición. 
LOS BARRERA, UNA FAMILIA CONVERSA DE MARCHENA
En 1533 Pedro de la Barrera, era secretario del duque de Arcos, procedente de una familia conversa. Sin embargo en una probanza de limpieza de sangre de 1574 se muestran matices al respecto. De la familia de Juana de la Barrera, de Paradas dice un testigo que «ay dos linajes de Barreras, los unos cristianos viejos y los otros confessos, e que el linaje de que la dicha Juana de la Barrera procede es de el bv». Otro vecino de Marchena dice que: «son tres linajes de Barrera en esta villa: el uno es de confessos, el otro de moriscos y el otro de christianos viejos», perteneciendo Juana de la Barrera al «buen linaje de los christianos viejos, linaje muy conoscido en esta villa».
Alonso de la Barrera hijo de Pedro de Sevilla, condenado por judío, aparecen en la lista de los reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495 y pagó 2.500 mrs a cambio de seguir viviendo.
Castillo construido por los Ponce de Leon en Cádiz.
TOLEDO
En 1486 Rodrigo Ponce de León ordena desde Marchena que de todos los grupos de esclavos judíos que capturaban con sus barcos en el estrecho «vno dellos, que sea bueno e mançebo, por el mejor preçio que pudiéredes. E lo déys a mi pariente, espeçial amigo, señor mosén Diego de Valera». 
Diego de Valera, (1412-1488)  era diplomático del Rey Juan II en varios puntos de Europa y en 1429 doncel del príncipe don Enrique se estableció en El Puerto de Santa María y desde 1477 pertenecía al Consejo de los Reyes Católicos. Escribió una Crónica a los Reyes Católicos. 

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Diego de Valera y Juan Pacheco, suegro de Rodrigo, se conocían desde una edad muy temprana. Ambos coinciden en la corte de Juan II siendo adolescentes, donde prestan asistencia a la corona.
Diego de Valera - Wikipedia, la enciclopedia libre
Obra de Diego de Valera. 
El conocimiento y la disciplina médica que se transmitía de padres a hijos continuó siendo herencia cultural de los judíos, pero al convertirse al cristianismo  Alfonso Chirino, padre de Diego de Valera y  judeo converso toledano, pudo entrar en la Universidad, y llegó a ser médico de Juan II (1406-1454)  profesor de medicina, físico de la corte, alcalde y examinador mayor de los físicos y cirujanos de los reinos de Castilla y señoríos y autor de varias obras de medicina– Espejo de medicina– su Testamento y «Menor daño de la medicina» basado esencialmente en plantas medicinales impreso por primera vez en Toledo en 1505 y reimpreso trece veces en el siglo XVI siendo la última en Sevilla en 1551.
CÁDIZ
Entre los judíos que prestaban servicios a Rodrigo Ponce de León en Cádiz, destacaba la familia Chirino. Durante el mandato del Señor de Marchena comerciantes judíos y genoveses ganan peso específico en el gobierno de la ciudad y  aparecen como prestamistas de los Ponce en Marchena.
Los corsarios y piratas al servicio de Rodrigo Ponce de León fueron muy activos a finales del XV mientras las ciudad de Cádiz fue parte del Estado de Arcos, 1467 – 1493. por ser  la ciudad un importante mercados de esclavos.  Entre ellos estaban Alfonso Chirino, que se dedicaba a comprar esclavos judíos hechos preso en los dominios del Duque de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar. Los Chirino de origen judío tenía presencia en Cádiz antes de 1467, ocupando cargos importantes en la ciudad. 
En 1485 el arrendamiento de las rentas mayores de Cádiz estaba controlado por cinco genoveses (Jácomo Sopranis, Mateo Viña, Tomás Sauli, Juan Vivaldo y Francisco Adorno) por orden directa de Don Rodrigo y un judío Mosé Abén Semerro, prestamista del Duque.
En viernes,  2 de Diciembre de 1485 «vino Alfonso Cheryno» ayudado por Antón Bernal, judeo-converso, «con sus carabelas , que andavan de armada en el Estrecho, y traxo 30 moros dellos feridos y dos moras con dos niños e vna niña, e ocho cabeças de judíos e judías, grandes e pequeños, que son todos 153 cabeças; e çinquenta e çinco madexas de seda». «Y la de Antón Bernal ovo 36 cabeças de moros e moras e judíos e 158 madexas de seda» se lee en las cuentas de Cádiz.
Algunos miembros notables de la familia incluyen a Alfonso Cherino, quien fue criado de Rodrigo Ponce de León y se dedicó a negocios en Andalucía y Toledo. Diego Cherino fue nombrado arcediano de Ronda por Diego Ponce de León. Fernando Cherino tuvo un papel como oficial real encargado del abastecimiento del ejército de los Reyes Católicos en Cádiz, y Cristóbal Cherino fue enviado a la corte para tratar asuntos comerciales con Berbería​.
De toda esta venta el Señor de Marchena se quedaba con una parte y entregaba otra parte a sus capitanes.
PEDRO FERNÁNDEZ CABRÓN TRANSPORTÓ JUDIOS AL NORTE DE AFRICA TRAS LA EXPULSIÓN
Cuando los judios expulsados en 1492 llegaban a Cadiz buscando cruzar el estrecho Pedro Cabrón se hizo famoso por su crueldad ya que les prometió que llevaría en su flota hasta Orán con todas sus riquezas pero los dejó abandonados a su suerte en Málaga y Cartagena, y les robo  las riquezas.
Pedro Hernández Cabrón comerciante, regidor de la ciudad, pirata y guerrero gaditano prestaba servicios a Rodrigo Ponce, comocrear una armada en Abril de 1486 «para ir a Salé (Marruecos), para mercar productos prohibidos por el Rey como pólvora y cáñamo».
En 1473 Cabrón, con Juan Sánchez de Cádiz, Alcalde del Castillo de Rota y Juan Suazo, Alcaide de la Isla de León, atacó la flota de los Guzmanes, castigado y perdonado cinco años después participa en la conquista de Canarias, junto a Pedro de Vera, mano derecha de Rodrigo Ponce. A partir de ahí empiezan a llegar esclavos guanches a Marchena y resto de Andaluccía.
UTRERA
La ausencia de descendencia legítima, obligó a la Casa de Arcos a casarse con la aristocracia judeoconversa como Beatriz Ponce de León que casa con el converso Pedro de Pineda, familia de confianza de los Ponce que controlaban para ellos la ciudad de Sevilla y sus nietos D. Juan y D. Rodrigo casan con hijas de otro converso Antonio González de Almonte y uno de sus biznietos, D. Juan Ponce de León, casa con los Portocarrero también conversos.

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Cartas cifradas inéditas y redes de espías señoriales de la guerra de los Comuneros en 1520

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INVESTIGACION.- Durante siglos, la historiografía nos contó que Andalucía permaneció fiel a Carlos V por convicción. Sin embargo, los legajos «desclasificados» del Fondo Osuna nos revelan hoy una realidad fascinante: una red de inteligencia nobiliaria que vigilaba cada movimiento del Emperador y de los rebeldes para asegurar que el poder de los Ponce de León y los Girón permaneciera intocable.

En 1520 la nobleza andaluza tiene redes de inteligencia territorial que funcionan con informadores locales, mensajeros cifrados y sistemas de aviso que no tienen nada que envidiar a una cancillería moderna. Aqui tenemos algunos documentos que lo prueban. 

1520. La Guerra de las Comunidades ha estallado en Castilla. El joven Carlos I —recién coronado emperador en Aquisgrán— está en Flandes. El cardenal Adriano de Utrecht gobierna en su nombre una Castilla en llamas. Las ciudades comuneras han formado la Junta Santa en Tordesillas y tienen como capitán general militar a Pedro Girón, señor de Osuna, Morón, Arahal y La Puebla de Cazalla: es decir, el señor de media Campiña sevillana. De esta forma la nobleza sevillana se levantó contra el rey. 

Pedro Girón  es el cuñado del duque de Arcos y señor de Marchena, Rodrigo Ponce de León, enterrado en Santo Domingo de Marchena y casado con una hermana de Girón. El señor del estado señorial y casa de Marchena. Pedro Girón le manda al duque de Arcos cartas mientras dirige la revolución más importante de su época y encabeza batallas en la guerra de comuneros.

Pedro Girón murió en Osuna en 1531, diez años después de Villalar. Fue sepultado en la capilla mayor del monasterio de San Pablo de Sevilla. El I duque de Arcos murió en 1530. Antes de morir nombró a Pedro Girón —el mismo Pedro Girón, el capitán general de sus enemigos, el hombre de las cartas cifradas y los espías en Lorca— tutor y gobernador de su hijo Luis Cristóbal, el II duque de Arcos.

 

Los Girón y los Ponce de León están coordinando su red señorial en el sur independientemente de qué bando oficial ocupen en la guerra. La Comunidad, en Andalucía, es en parte una disputa entre casas nobiliarias por el control territorial.

Archivo Histórico de la Nobleza
Mientras Pedro Téllez-Girón y Velasco asumía en Castilla la jefatura militar de los comuneros, los Ponce de León activaban en Andalucía a sus propios hombres de confianza, utilizando el lenguaje de la Comunidad como cobertura para una operación de fuerza destinada a alterar el equilibrio regional. La toma del Alcázar, por tanto, encaja dentro de una red de movimientos coordinados entre Marchena, Osuna y Sevilla que revela cómo la gran nobleza sevillana no permaneció al margen del conflicto, sino que intentó convertir la revuelta en una oportunidad para reorganizar su hegemonía sobre Andalucía.

El cerco de Huéscar (diciembre de 1520)

Pedro Girón escribe desde Huéscar, Granada, al Señor de Marchena a primeros de 1520. Mientras él manda el ejército comunero en el norte castellano, en el sur sus estados señoriales —y los territorios conectados con la red Arcos-Girón— están siendo atacados.

Pedro Girón, el capitán general de los comuneros, está coordinando operaciones militares en el reino de Granada mientras simultáneamente dirige el ejército rebelde en Valladolid. Está usando al gobernador real de Granada —don Antonio de Mendoza— como ejecutor de una operación que también le interesa a él. Y se lo cuenta al duque de Arcos, su cuñado y aliado en Sevilla, porque necesita que el señor de Marchena le proteja la retaguardia logística: al final de la carta le pide expresamente que ordene al gobernador de Bailén que socorra sus necesidades, porque el principal punto de abastecimiento —»Quesada»— depende de vasallos del duque.

La fecha del documento multiplica su interés. Enero de 1521 coincide con uno de los momentos más tensos de la Guerra de las Comunidades de Castilla, el levantamiento político iniciado en 1520 contra el gobierno de Carlos I.

En esos meses Toledo seguía en rebeldía, Segovia había sido uno de los primeros focos de insurrección, Valladolid, Toro, Salamanca o Madrid vivían fuertes divisiones internas, y la Junta Comunera intentaba articular un modelo de gobierno alternativo frente a la monarquía flamenca del joven Carlos. La Corona atravesaba, por tanto, una situación extremadamente delicada.

CALLE HUESCAR. MARCHENA. Hoy Cristobal Colón. 

Tenía una rebelión urbana y política en el corazón de Castilla, y simultáneamente necesitaba mantener bajo control un territorio fronterizo como Granada. Este doble escenario explica por qué la monarquía dependía tanto de las grandes casas nobiliarias.

La batalla de los comuneros en Huéscar y su reflejo en el callejero de Marchena

Carlos I aún no contaba con una administración centralizada capaz de responder de forma homogénea a todas las crisis del reino. En la práctica, la defensa y el orden descansaban en una red de fidelidades aristocráticas que actuaban como verdaderos brazos ejecutivos del poder. La carta de Pedro Girón es una prueba material de ese funcionamiento.

Un grupo rebelde (probablemente moriscos de las germanías de Lorca y Caravaca, el movimiento hermano de las Comunidades pero en el reino de Valencia y Murcia, ha puesto cerco a Huéscar, Granada durante 15 o 16 días.  

El marqués de los Vélez —señor de Murcia, que apoyaba al Rey Carlos V, rival de los Mendoza y los Girón en el sureste— ha estado enviando secretamente gente de Lorca, Murcia y Caravaca en apoyo a los sitiadores, además de artillería desde Cartagena. Girón lo sabe porque tiene espías propios en Lorca. El dato de los espías en Lorca es la primera vez que aparece documentado en un original el uso de inteligencia por parte de un noble comunero andaluz.

Colegiata de Santa María la Mayor, en Huéscar (Granada).

Nueve meses después Pedro Girón escribe al duque de Arcos desde Burgos el 20 de septiembre de 1521. La guerra ha terminado. Todo ha cambiado.

El 23 de abril de 1521, en los campos encharcados de Villalar, la caballería imperial barrió al ejército comunero en menos de una hora. Juan de Padilla, que había encabezado la resistencia desde Toledo, fue capturado junto a Juan Bravo y Francisco Maldonado. Al día siguiente, los tres fueron decapitados en la plaza de Villalar.

Pedro Girón no estaba allí. Llevaba semanas fuera del mando, apartado de la dirección militar de la Junta después de que sus movimientos de tropas en diciembre de 1520 —ese mismo mes en que escribía al duque desde Huéscar— dejaran desprotegida la posición de Tordesillas y permitieran a los realistas recuperarla. Sus correligionarios lo acusaron de traición. Los historiadores discuten aún si fue negligencia o cálculo.  Girón sobrevivió a Villalar. 

Mientras Padilla moría decapitado y María Pacheco —cuñada del duque de Arcos, hermana de su primera esposa— se atrincheraba en Toledo dispuesta a resistir hasta el final, Pedro Girón se presentó ante el poder imperial y ofreció sus servicios en Navarra, donde los franceses habían aprovechado el caos castellano para intentar una invasión. Pelear contra Francia era la mejor carta que podía jugar. Y la jugó. El perdón regio llegaría en 1522.

Cuando el hermano del Duque de Arcos tomó el Alcázar de Sevilla, en nombre del movimiento comunero

La carta de Burgos

Pero en septiembre de 1521 el perdón todavía no había llegado, y Pedro Girón escribía al duque de Arcos. La carta es un documento extraordinario por lo que dice y por lo que calla.

Girón informa al señor de Marchena de la concentración del ejército imperial en Bayona de Navarra. No es información que cualquiera pudiera tener. Habla de cuatrocientas compañías, de tres o cinco mil alemanes, de otros tantos lansquenetes, de tres mil aventureros acampados en la frontera dispuestos a entrar por Pamplona. Es el ejército con el que Carlos V va a recuperar Navarra. Y Girón, que ya está negociando su posición con ese mismo poder imperial, lo describe con la precisión de alguien que tiene acceso al estado mayor del vencedor.

Red epistolar del señor de Marchena · Guerra de las Comunidades (1520–1521)

No menciona Villalar. No menciona a Padilla. No menciona su propia expulsión del mando comunero ni las acusaciones de traición que circularon por media Castilla con su nombre. De la revolución que capitaneó, de la causa que dijo defender, no queda ni una palabra. La carta habla de Toledo —que aún resiste, que todavía no ha caído— sin pronunciar el nombre de María Pacheco, la mujer que en ese momento está sosteniendo con sus propias manos el último reducto comunero de Castilla. María Pacheco es la cuñada de ambos. La hermana de la primera esposa del duque de Arcos. La cuñada política de Girón. Y ninguno de los dos la nombra en la carta.

EL ARCHIVO SECRETO DE MARCHENA

Catorce cartas que el duque no debía conservar

Los documentos inéditos del Archivo Histórico de la Nobleza revelan que el palacio ducal de Marchena fue el centro neurálgico de recepción de información de los dos bandos de la Guerra de las Comunidades. El palacio ducal de Marchena tenía informadores en los dos cuarteles generales enfrentados: el de la revolución comunera en Tordesillas y el del poder imperial en Burgos.

Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, señor de Marchena, Alguacil Mayor de Sevilla, tiene cuarenta años, es el mayor propietario de señoríos de la Campiña sevillana, Su primera esposa, Isabel Pacheco, es hermana de María Pacheco, la que será la última defensora comunera de Toledo. Su segunda esposa, Juana Téllez-Girón, es hija del conde de Ureña y hermana de Pedro Girón, el capitán general del ejército comunero.

Los informadores del I Duque de Arcos

Mientras Pedro Girón enviaba partes de guerra desde el norte, otro corresponsal del duque operaba en el corazón mismo del cuartel general comunero en Tordesillas, Juan de Guzmán, enviado por el Duque como espía— a Tordesillas, donde la Junta Santa tenía su sede y vivía recluida la reina Juana I. Le comunica que la reina Juana refrendaba a la Junta comunera añadiendo una legalidad dinástica y además que la Junta comunera de Tordesillas estaba informada de la toma del Alcazar de Sevilla por el hermano del Duque de Arcos en 1521. 

Guzmán le cuenta al duque de Arcos que en Tordesillas «se dize que en Sevilla ay muy grandes vandería e que vuestra señoría tiene el alcázar de lo cual se huelga mucho la dicha junta., La Junta Comunera creía que el duque de Arcos había cruzado a su bando. En Tordesillas, Sevilla parecía comunera.  Juan de Figueroa fue derrotado el mismo día por el duque de Medina Sidonia. 

Un código cifrado de la nobleza sevillana documentado en 1520

Desde Valladolid, donde la corte imperial provisional intentaba gobernar una Castilla en llamas un agente llamado Pedro de Castilla, criado del duque infiltrado en el entorno del poder imperial, filtra al duque que Carlos V está furioso con la nobleza por su tibieza en la guerra.

El emperador había dicho que «pues los grandes no le servían para este negocio como él pensaba, que no se maravillasen si él se ponga en su hacienda». Confiscaciones. El rey amenazaba con confiscar las haciendas de los grandes señores que no le dieran dinero. Para el señor de Marchena, esa era la información que cambiaba el cálculo: la ambigüedad tenía un precio demasiado alto.

Pedro de Castilla le pide al Duque de Arcos «un nuevo código cifrado». El señor de Marchena y su agente en Valladolid se comunicaban mediante un sistema de encriptación, que quedó comprometido y hubo que cambiarlo. Un noble andaluz, en su palacio de Marchena, disponía en 1521 de un servicio de inteligencia con código cifrado.

La carta que el condestable no debería haber necesitado escribir

Una carta de Íñigo Fernández de Velasco, condestable de Castilla y máximo representante del poder imperial, pide al duque de Arcos, que mantenga la paz en su territorio señorial y le anuncia la llegada del rey a Sevilla.  Si el duque fuera un vasallo leal sin ambigüedades, la carta no habría sido necesaria. 

Francisco Pacheco desde Montilla, Córdoba, escribe a fines de 1520  una descripción del impacto económico de la guerra ante el colapso de los mercados castellanos.  Medina del Campo, la gran feria de Castilla, había sido incendiada por las tropas imperiales en agosto de 1520. El incendio destruyó el mayor centro comercial de la Península Ibérica y hundió la confianza de los mercaderes en todo el sistema de pagos. Francisco Pacheco le cuenta al duque que los comerciantes llegan del norte aterrados, sin mercancías, sin crédito, sin nada. 

DOCUMENTOS DE LA GUERRA DE COMUNIDADES Y LA CASA DE ARCOS

Correspondencia enviada por el mariscal de León a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, sobre la situación política y militar

Correspondencia enviada a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, por particulares, desde Tordesillas sobre asuntos relacionados con la situación política y social del momento, como los movimientos de la Junta de Tordesillas, la situación en Toledo (Toledo), los servicios prestados al rey, o las revueltas que se produjeron en Andalucía.

Correspondencia enviada por Juan de Guzmán a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, desde Tordesillas (Valladolid), sobre asuntos relacionados con la situación política y militar del momento.

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Cultura

El códice de San Juan de la Cruz que fue vendido por 35 pesetas y se salvó de las llamas

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Los Ponce de León amaron la poesía de San Juan de la Cruz. Tanto que en Marchena se han encontrado dos códices antiguos del Cántico Espiritual uno en el convento de Santa María y otro en Santa Clara. 
El Cántico Espiritual es el modo exacto de hablar a Dios en verso. San Juan de la Cruz, el mayor de los místicos, expresa de un modo nunca superado el proceso de unión del alma con el Creador.
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El de Santa María o «Códice Mch» fue descubierto por el investigador mercedario Luis Vázquez Fernández, de la Real Academia de Doctores de Madrid, cuando buscaba poemas de la Madre Antigua, que Vázquez cree que tuvo algún trato directo con San Juan de la Cruz a través de carta, ya que la monja enterrada en el coro de las clarisas de Marchena usó los poemas de Juan de Yepes antes de que éstos fueran publicados.
Se ha comprobado que la Madre Antigua utilizó algunos versos de San Juan de la Cruz en sus propios escritos cuando la obra de este todavía no había sido publicada aunque circulaba en copias manuscritas.
Luis Vázquez cree que la presencia en Santa María del Códice de San Juan de la Cruz se debe al duque Pedro Ponce de León Dominico, Rector de la Universidad de Salamanca, obispo de Ciudad Rodrigo, que escribió el «Tratado de oración y contemplación» de clara influencia sanjuanista.  Otra Ponce de León, Ana, Duquesa de Feria y monja clarisa en Montilla trató a Fray Luis de Granada.
Según luis Vázquez en el inventario de los libros que tenían los Duques en el Palacio Ducal de Marchena aparece el Cántico Espiritual.
Manuscrito del Cántico Espiritual que se encuentra en el convento de las carmelitas descalzas de Jaén
El códice conservado aún en Santa María de Marchena fue publicado en 1996 en una edición facsímil por el Ayuntamiento de Úbeda, donde murió el santo  y es una copia muy antigua del Cántico B o Manuscrito de Jaén, (conservado en el convento de Santa Teresa) la segunda remodelación del texto realizada por el doctor de la Iglesia. Tanto éste manuscrito como el de Sanlúcar de Barrameda,  Códice A, que conserva notas y correcciones del Santo de Fontiveros, fueron declarados Bien de Interés Cultural en 2013.
La copia del convento de Santa Clara o Códice GV la encontró Guillermo García Valdecasas, investigador del colegio español de Bolonia  fue propiedad de la Madre Antigua. Según Valdecasas  lo encontró cuando se destruyó el convento de Santa Clara en un descampado entre basura y libros viejos que iban a ser quemados.   El chatarrero de Marchena (Ismael ) se lo vendió por 35 pesetas y de esta forma se libró de las llamas y fue presentado en el congreso internacional de Roma de 1991.
La madre abadesa de Santa Clara la madre Clara Olivera hoy en Estepa explicó a Luis Vázquez que la presidenta de la entonces Federación de las Clarisas mandó quemar libros y manuscrito viejos y vender todos los objetos antiguos del convento de Santa Clara de Marchena tal y como aparece en el estudio previo de la edición facsímil.
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San Juan de la Cruz se hizo fraile Carmelita en 1563 y poco después conoció a Santa Teresa, fue rector de la Universidad de Alcalá de Henares en 1571 y luego encarcelado en Toledo en 1577, pero un año después se fuga y viene a Andalucía fundando los conventos de Baeza y Granada y siendo vicario provincial en 1585.  En 1590 vuelve a Ubeda expulsado de la orden en 1591. Fue beato en 1675 y santo en 1726.
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Historia

Investigación: Documentos inéditos muestran el vínculo entre Marchena y Osuna y los comuneros castellanos

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El Portal de Archivos estatales, Pares, conserva cartas inéditas entre el Señor de Marchena, el de Osuna, y el Arzobispo de Sevilla sobre las rebeliones comuneras en Andalucía. 

DOCUMENTAL EN NETFLIX

Cada 23 de abril se celebra en Villalar, Valladolid, la fiesta de los Comuneros, creada en 1821, por Juan Martín Díaz ‘El Empecinado’, héroe de la Guerra de la Independencia (1808-1812), que promovió una expedición para buscar los restos mortales de los líderes comuneros: Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que culminó con un homenaje en la plaza principal de la localidad.

 

Cuando el hermano del Duque de Arcos tomó el Alcázar de Sevilla, en nombre del movimiento comunero

La bandera republicana añadió un tercer color, el morado, considerado como el color de Castilla y de los comuneros por decreto de 27 de abril de 1931 del Gobierno de la República.

Karl Marx escribió «no hubo en España hasta el presente siglo XX una revolución seria excepto la guerra de la Junta Santa contra Carlos V».  Azaña y muchos otros diputados de la II República veían a los Comuneros como precursores. 

La batalla de los comuneros en Huéscar y su reflejo en el callejero de Marchena

QUÉ SUCEDIÓ EN LA GUERRA DE LOS COMUNEROS

La guerra de los comuneros fue la primera y única guerra de Castilla contra el Estado. 

 Carlos I implantó un sistema más centralizado y absoluto, relegando a la nobleza y a los territorios, y sus cortes como las de Castilla y León con capacidad de limitar el poder real a través del común, es decir, los comuneros que eran los no privilegiados. 

Las cortes de Castilla se proclaman hostiles al Rey y en mayo de 1520 y después de gran oposición interna Carlos V es nombrado emperador y se va a Alemania a ser coronado emperador. Se levanta en armas la ciudad de Toledo y el fraile Adriano de Utrecht es nombrado regente de Castilla. Se forma la Junta Comunera. y se inicia una rebelión en Toro, Toledo, Valladolid y Ávila. 

LA GUERRA EN ANDALUCÍA

El Señor de Osuna Pedro Girón y su cuñado el I Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, habían hecho una alianza con el arzobispo y contra el Duque de Medina Sidonia, por el control de Sevilla y Andalucía para quedarse con las posesiones de los Guzmán.  Con esta petición Girón se dirigió al emperador Carlos V que no le hizo caso.  Frustradas sus ambiciones personales, se unieron a la revuelta.

Rodrigo Ponce de León, era alguacil mayor de Sevilla, se casó en 1507 con Isabel Pacheco, hermana de la líder de la revuelta  María Pacheco y luego con Juana Téllez Girón, hija del señor de Osuna, dos de los líderes del movimiento comunero. 

En abril de 1520 Pedro Girón, duque de Osuna, lideró las tropas del levantamiento comunero  de Valladolid junto a Juan de Padilla logrando desde octubre de 1520 la expulsión del Consejo Real de Valladolid, el 30 de septiembre de 1520,​ y el 1 de octubre salió al paso del cardenal Adriano de Utrecht, regente del reino. Pedro Girón fue capitán general comunero de Valladolid, señor de Osuna, Morón de la Frontera, Arahal y La Puebla de Cazalla.

Mientras Medina del Campo, ardía por la masa popular que se hizo con la artillería real  en agosto de 1520 y rebelión se extiende por toda Castilla. Hubo alzamientos comuneros en Jaén,, Ubeda, Baeza y otros puntos de la Andalucía, y  Sevilla.

El 16 de septiembre de 1520 don Juan Suárez de Figueroa, hermano de Rodrigo I Duque de Arcos -enterrado en Santo Domingo de Marchena- levanta sus tropas de Marchena y Mairena del Alcor apelando al movimiento comunero y contra el Duque de Medina Sidonia y su entorno de judeo conversos y toma el Alcázar de Sevilla por 24 horas justo mientras los comuneros toman  Tordesillas e intentan atraer a la reina Juana.

El real de las tropas del Duque se asentó en los olivares de Mairena junto al Castillo, procedentes de Marchena y Paradas desde el domingo de la revuelta. «Por la mañana dicha misa a las ocho y comidos á las nueve a campana repicada salieron de Marchena y de Paradas e vinieron a Mairena» donde estuvieron una semana.  Quedaron «los más lucidos caballeros, que serían hasta doscientos con el Duque » para entrar en la ciudad. 

Sobre la una de la tarde, del domingo Juan de Figueroa se dirigió al Palacio de su hermano, el duque de Arcos, en la Plaza Santa Catalina, convocando a sus criados, familias y partidarios, tomó las armas y artillería y se dirigió al Alcázar de Sevilla a las tres de la tarde, varios centenares de hombres armados y varias piezas de artillería dando vivas al rey y a la Comunidad.

El Arzobispo Diego de Deza había retenido contra su voluntad al Alcalde de Justicia y Asistente en el Palacio Arzobispal apoyando al bando de los Ponces y Girones. Se vigilan las puertas de la ciudad para que no entrasen refuerzos desde Marchena o Mairena y se busca en las tabernas a marcheneros y maireneros.

Tras la derrota de Villalar fue María Pacheco la que lidera las tropas castellanas hija de Francisca Pacheco, hermana del II marqués de Villena quien a su vez era sobrina de Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos.  Nació en la Alhambra, donde su padre vivía como virrey y capitán general que era de Granada desde 1492. En 1511 se casó, también en Granada, con Juan de Padilla, lider de los comuneros y a la muerte de éste lideró la defensa comunera de Toledo. Su hermana se casó con el I Duque de Arcos.  

En 1521 se celebró la Liga de La Rambla, asamblea de ciudades andaluzas celebrada en la localidad de La Rambla a inicios de 1521, para apoyar al rey frente al movimiento comunero liderado por los nobles andaluces que desde el norte de Castilla amenazaba con extenderse a Andalucía.

El Rey inició un proceso judicial especial seguido de un  indulto general a los cabecillas Juan de Figueroa, y Juan de Guzmán, vecino y veinticuatro de Sevilla. El perdón general se despachó en Valladolid el 18 de octubre de 1522, refrendado por el secretario de Carlos V Francisco de los Cobos.

En abril de 1521 fue la batalla de Villalar, entre comuneros y tropas del emperador Carlos V con una rotunda victoria real que marcó la historia de España.

 En enero de 1521, el Almirante de Castilla informa al Rey de la actitud de Girón de las guerras nobiliarias de Sevilla, y pide el perdón real para Girón por haber apoyado a los Comuneros tras la batalla de Villalar y fue perdonado en 1522 por haber defendido Navarra en 1521 de un ataque francés y exiliado a Orán durante 6 años. 

Los archivos estatales conservan abundante documentación y carteas entre Giron, el Duque de Arcos y el arzobispo de Sevilla sobre los Comuneros, que no ha sido suficientemente estudiada

DOCUMENTOS DE LA GUERRA DE COMUNIDADES Y LA CASA DE ARCOS

Correspondencia enviada por el mariscal de León a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, sobre la situación política y militar

Correspondencia enviada a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, por particulares, desde Tordesillas sobre asuntos relacionados con la situación política y social del momento, como los movimientos de la Junta de Tordesillas, la situación en Toledo (Toledo), los servicios prestados al rey, o las revueltas que se produjeron en Andalucía.

Correspondencia enviada por Juan de Guzmán a [Rodrigo Ponce de León, I] duque de Arcos, desde Tordesillas (Valladolid), sobre asuntos relacionados con la situación política y militar del momento.

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Andalucia Sefardi

Cuando el señor de Marchena apresó en Lucena a Boabdil, el último rey de Granada

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Hay ciudades que se visitan. Y hay ciudades que se descifran. Lucena pertenece a estas últimas. Bajo sus calles blancas y tranquilas late una historia única en Europa: la de una ciudad que fue judía casi en su totalidad y escenario de uno de los episodios decisivos de la Reconquista.

Este es un recorrido para entenderla.

Caminar hoy por el centro de Lucena es hacerlo sobre la antigua medina al-Yahud, la “ciudad de los judíos”. No es una metáfora: durante siglos, especialmente entre los siglos VIII y XII, Lucena fue prácticamente una ciudad habitada solo por judíos, algo excepcional en al-Ándalus .

Castillo del Moral: donde cayó Boabdil

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Si la Lucena judía explica su singularidad cultural, el Castillo del Moral explica su importancia histórica.

Las milicias locales y las fuerzas nobiliarias reaccionaron con rapidez. Entre los mandos castellanos estaban Rodrigo Ponce de León y el conde de Cabra. Las tropas de Boabdil se dispersaron. La retirada se convirtió en huida. En plena oscuridad, en un terreno que no dominaban, muchos soldados fueron abatidos o capturados. El propio Boabdil cayó del caballo —según las crónicas, en una zona de arroyos y olivares— y quedó aislado de su guardia.

El contexto: una incursión mal calculada

En la primavera de 1483, Boabdil, joven y recién proclamado sultán nazarí, decidió lanzar una incursión sobre territorio castellano. El objetivo era doble: ganar prestigio militar y consolidar su poder interno frente a su padre y su tío.

Aquí fue encerrado Boabdil, el último rey nazarí de Granada, tras la batalla de Lucena en abril de 1483. El episodio marcó un punto de inflexión en la guerra de Granada.

Boabdil había intentado tomar la ciudad, pero fue derrotado por las tropas castellanas y capturado tras la batalla . El prisionero fue conducido a esta fortaleza, donde permaneció cautivo.

Boabdil fue capturado sin ser reconocido inicialmente. Vestía como un noble más, no como un rey identificado. Fue apresado por soldados cristianos y llevado ante los mandos.

Cuando se descubrió su identidad, la situación cambió completamente: no era un prisionero cualquiera, era el sultán de Granada.

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La escena tiene algo de símbolo: en la misma ciudad que fue corazón del judaísmo andalusí, cayó también el último rey musulmán antes del final del reino de Granada.

La liberación de Boabdil no fue un gesto caballeresco, sino una jugada estratégica. Los Reyes Católicos entendieron rápidamente algo clave: Granada estaba dividida. Boabdil estaba enfrentado a su padre (Mulay Hacén) y a su tío (El Zagal). Tenerlo prisionero era útil, pero tenerlo como aliado lo era mucho más. Así que se negoció su libertad bajo condiciones, Reconocimiento de vasallaje a Castilla, pago de tributos, compromiso de colaboración

En la práctica, Boabdil salió de Lucena convertido en una pieza política en manos castellanas.

LUCENA: LA CIUDAD DE LOS JUDIOS DE AL ANDALUS

Entre los siglos VIII y XIII, desde la llegada musulmana en el 711 hasta la conquista cristiana en 1240, la ciudad fue conocida en las fuentes como medina al-Yahud, literalmente “la ciudad de los judíos”.

Las fuentes no dejan lugar a dudas. En el año 853, el gaón Natronai escribe una frase que todavía hoy resuena con fuerza: “Lucena tiene una numerosa población judía y no vive en ella ningún gentil”.

Mientras en el resto de al-Ándalus los judíos convivían como minoría protegida —los llamados dimmíes bajo pacto islámico—, en Lucena se da una inversión del modelo: los musulmanes viven en los arrabales y los judíos ocupan el recinto amurallado, el centro de la ciudad.

Abraham ben Daud, Ibn Hayyan o Ibn Idari la mencionan como un referente. Durante el Califato, incluso, llegó a ser considerada la gran metrópoli del judaísmo andalusí, solo superada posteriormente por Córdoba .

En Lucena floreció una academia talmúdica de primer nivel. Se pensaba, se escribía, se enseñaba. No era una comunidad marginal: era un centro intelectual.

En 1148 la nueva ortodoxia islámica rompe el equilibrio. La tolerancia desaparece. Se exige conversión o muerte. Y la comunidad judía, que había sostenido la ciudad durante siglos, se ve obligada a huir o a convertirse.

Los judíos más famosos de Lucena fueron grandes sabios y maestros del judaísmo medieval, especialmente entre los siglos X y XII, cuando la ciudad era uno de los principales centros intelectuales sefardíes.

Destacan figuras como Isaac Alfasi, que dirigió una importante academia talmúdica; Isaac ibn Gayyat, jurista y poeta; Joseph ibn Migash, continuador de esa tradición; y Mair ibn Joseph, último gran rabino antes del exilio provocado por los almohades

El cementerio judío de Lucena es uno de los hallazgos más importantes para entender el judaísmo medieval en la Península Ibérica, y su singularidad no es menor.

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Lo primero que lo hace especial es su magnitud y estado de conservación. Se trata de una de las necrópolis judías más extensas excavadas en España, con cientos de enterramientos documentados. Esto permite estudiar con precisión cómo vivía —y cómo moría— una comunidad que, en el caso de Lucena, fue mayoritaria, algo excepcional.

Su segunda clave está en los rituales funerarios perfectamente conservados. Las tumbas siguen el rito judío clásico: cuerpos orientados, enterramientos simples, sin ajuares, lo que confirma la estricta observancia religiosa de esta comunidad. No es solo un cementerio: es una prueba arqueológica directa de una sociedad organizada bajo la ley hebrea.

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En tercer lugar, aporta algo muy poco habitual: información científica sobre la población. Los estudios antropológicos han permitido conocer edad, enfermedades, dieta e incluso rasgos físicos de los judíos lucentinos, algo que las fuentes escritas no cuentan.

Pero su importancia más profunda es histórica. Este cementerio confirma lo que dicen los textos medievales: que Lucena no fue una judería más, sino una auténtica ciudad judía. Una comunidad grande, estable y con identidad propia durante siglo.

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El viajero atento debe comenzar por el entramado de calles estrechas del casco histórico. Aquí no hubo una judería aislada: todo el núcleo urbano fue hebreo. En torno a este espacio se encontraba la sinagoga principal —hoy desaparecida— sobre la que, según la tradición, se levantó la actual iglesia de San Mateo.

A pocos minutos, el visitante puede acercarse a uno de los hallazgos más importantes de la arqueología sefardí en Andalucía: la necrópolis judía descubierta en 2006. Este espacio confirma lo que dicen las fuentes medievales: Lucena fue uno de los grandes centros del judaísmo occidental.

Aquí no se trataba solo de vivir. Se pensaba, se enseñaba, se escribía. Existió una importante academia talmúdica cuyos sabios acabarían influyendo en la cultura hebrea peninsular.

La actual parroquia de San Mateo no es solo un monumento renacentista. Es también un lugar de memoria. La historiografía sitúa aquí, en el corazón de la ciudad amurallada, la antigua sinagoga principal de la Lucena judía.

Visitar este templo es comprender la superposición de culturas: lo hebreo, lo islámico y lo cristiano conviven en un mismo espacio, como capas de una misma historia.

Ruta histórica: del mundo sefardí a la frontera de guerra

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Para comprender Lucena hay que salir también de sus calles y mirar su territorio.

En el siglo XV, la ciudad era frontera. Desde aquí se organizaban las defensas contra el reino nazarí. Las torres vigía y las atalayas comunicaban ataques mediante señales de fuego, permitiendo movilizar tropas rápidamente.

Fue precisamente este sistema el que permitió reaccionar ante el ataque de Boabdil en 1483.

Hoy, recorrer los alrededores —entre olivares y suaves colinas— es recorrer el mismo paisaje donde se decidió el destino del último emir de Granada.

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Una ciudad única en Europa

Lucena no es un destino más del patrimonio andaluz. Es un caso excepcional.

Fue la única gran ciudad de al-Ándalus donde los judíos no fueron minoría, sino mayoría organizada, con vida política, cultural y económica propia. Y siglos después, fue escenario de un hecho clave de la Reconquista: la captura de Boabdil, que aceleró el final del reino nazarí.

Visitar Lucena es, por tanto, atravesar tres historias a la vez: la hebrea, la islámica y la cristiana.

Y entender que, a veces, la historia no está en los grandes relatos… sino en las ciudades que los hicieron posibles.

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Cultura

De como las modas de Paris en la feria del siglo XIX desembocaron en los trajes de faralaes

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Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces. 
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena veces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen  oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado  por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar  a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.

Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías.  El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe,  saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo,  taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.

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Actualidad

Fotos del monumento a la Inmaculada en el taller de Coullaut Valera

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El escultor Lorenzo Coullaut Valera mandaba a algunos miembros de la comisión fotos sobre la evolución de sus trabajos de escultura en las que se puede ver la imagen de la Inmaculada en su taller madrileño, y la maqueta del monumento de Talavera y los bocetos de las estatuas de Martínez Montañés, Miguel Cid, Juan de Pineda y Murillo.

Ahora Gonzalo Rivas uno de los descendientes de una de las personas a las que el escultor enviaba fotografías ha publicado en redes sociales estas fotografías hasta ahora desconocidas de la imagen de la Inmaculada en el taller del escultor.

En 2009 el monumento se restauró al completo y se intervino en las imágenes del pie cuyos materiales se habían deteriorado mucho, incluso la estatua de Martínez Montañés había perdido completamente la cara y la de Murillo estaba en malas condiciones.

El 7 de Diciembre de 1918 se inauguró en Sevilla el monumento a la Inmaculada Concepción, obra del escultor marchenero Coullaut Valera con un pedestal es del arquitecto José Espiau y Muñoz [1884-1938],

La idea de un monumento a la Inmaculada parte de una propuesta del Ayuntamiento de 1882 relanzada en 1900 por Marcelo Spínola y el monumento fue finalmente bendecido por el cardenal Enrique Almaraz para conmemorar el III Centenario del Voto Concepcionista de 1617, que hicieron los Cabildos Catedral y Municipal.

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX promulgó el Dogma de la Inmaculada, que en Sevilla tenia raíces desde 1258 con la primera Hermandad de la Concepción.

Participaron en la inauguración la Hermandad de la Caridad, representación de Hermandades, Comisiones militares, Academias de Bellas Artes y de Buenas Letras, Colegios de Procuradores, Notarial, de Abogados, Universidad Literaria, Audiencia, Real Maestranza, Ordenes militares, Grandes de España, Cofradía del Silencio, Órdenes religiosas, curas párrocos, clero Catedral, Ayuntamiento, Capitán General en representación del Rey. Tras bendecir la imagen el vicepresidente de la Comisión Rojas Marcos y el Alcalde, pronunciaron sendos discursos.

El 2 de Febrero de 1917 se publicó un aviso a los católicos sevillanos pidiendo fondos para el monumento por un comité presidido por Ramón Ybarra González siendo vicepresidente, Manuel Rojas Marcos; tesorero, José Díaz Molero; secretario, José M. López-Cepero Muru, y vicesecretario, José Sebastián y Bandarán.

En la primera piedra se incluyó una caja con un escrito, firmado por los miembros del Comité y la lista de los donantes que eran mil setecientos sesenta nombres, entre los que se recaudaron 102.952,52 pesetas, con las que se pagaron todos los gastos, incluida la factura del escultor, sobrando 4.354,90 pesetas que se emplearon en la iluminación del monumento.

Uno de los que aparece en la base del monumento es Miguel del Cid, abanderado de la promulgación del Dogma, que escribió las coplas a la Inmaculada que dicen: «Todo el mundo en general, / a voces Reina escogida, / digan, que sois concebida / sin pecado original».

Están también Juan de Pineda, Murillo, Martínez Montañés y Miguel Cid, todos vinculados al dogma de la Inmaculada Concepción.

Juan de Pineda (Sevilla, 1558 -1637) fue un teólogo jesuita que defendió el dogma de la Inmaculada Concepción, en contraposición a las tesis tomistas (tesis de Santo Tomás de Aquino contrarias al inmaculismo) argumentadas por los dominicos.  El 8 de septiembre de 1613, en el convento dominico de Regina Angelorum, el prior de esta orden, se manifestó contra la tesis de la Inmaculada Concepción, produciendo gran malestar entre el pueblo sevillano y pidieron al Papa que se pronunciara. En 1617 llegó una bula del papa Paulo V que, si bien no establecía la Inmaculada Concepción, sí daba la autorización para seguir con esa creencia, lo cual fue festejado en Sevilla.

Tras la guerra civil se reanudó la costumbre iniciada en 1927 por un grupo de jóvenes alumnos de los Luises, de visitar la plaza del Triunfo durante la media noche del día 7 de diciembre, para cantar la Salve y ofrecer flores ante la imagen del monumento a la Inmaculada dando origen a la costumbre de la visita de las tunas. Hoy se celebra un desfile del tercio de Olivares para conmemorar el milagro de Empel. 

Durante los años republicanos, el monumento y la imagen sufrieron desperfectos en leves atentados, y en el Ayuntamiento hubo una propuesta para derribarlo. Después del verano de 1936, como reacción contraria a los años de persecución religiosa, fue el propio Cabildo municipal el que intentó darle carácter oficial al acto mariano de la plaza del Triunfo,

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