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Historia

Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España

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JOSE ANTONIO SUAREZ LOPEZ. DIRECTOR REVISTA SABER MAS ANDALUCIA
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, conocido por su papel de estratega militar de los Reyes Católicos en la guerra de Granada tuvo una destacada relación con la comunidad judía revelando un capítulo fascinante, de los judíos sefarditas, aportando más luz sobre el papel de la nobleza en el contexto de la España del siglo XV.
El Marqués de Cádiz, figura clave en la Guerra de Granada, vivió en una época donde cristianos, musulmanes y judíos coexistían en una frágil armonía. Su vida y decisiones se entrelazaron con las de la comunidad judía, reflejando la complejidad de las relaciones interreligiosas de su tiempo.
LA EXPULSIÓN
«Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel. En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto» escribió Isaac Abravanel uno de los lideres judíos de España al conocer el edicto de expulsión. 
Edicto de expulsión de los judios de España. 
«Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, (…) En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones?». 
Isabel La Catolica.
El vínculo entre el Marqués de Cádiz e Isaac Abravanel, un destacado pensador y financiero judío, es particularmente revelador. Abravanel, enfrentando la desoladora perspectiva del Edicto de Expulsión, buscó la intervención de Señor de Marchena entre otros para abogar por la causa judía. Esta relación, aunque brevemente documentada, sugiere un grado de respeto y colaboración que desafía las narrativas convencionales de la época. El poderoso judío apeló a sus amigos: Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, yel duque de Medinaceli.
Publicado en Granada el 30 de marzo de 1492 el Edicto de Expulsión general de los judíos, firmado por los Reyes Católicos los más poderosos judíos de la corte, como Isaac Abravanel dejaron oír sus ruegos ante los Monarcas y su entorno poderoso entre los que estuvo el Marqués de Cádiz.
Además de ser un erudito, Abravanel tuvo una carrera exitosa en el ámbito financiero y político. Sirvió en altos cargos en las cortes de Portugal, España y, más tarde, Nápoles. Fue conocido por su habilidad en asuntos financieros y diplomáticos, sirviendo como asesor y financiero de reyes.
ABRAVANEL PIDIÓ AYUDA AL MARQUÉS DE CÁDIZ
Entre las puertas que llamó Abravanel pidiendo  ayuda estaban Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, el duque de Medinaceli tal y como el mismo dejó por escrito en su obra «Comentario a Reyes».
“Pedí a mis buenos amigos entre los que ven al Rey que intercedieran ante él a favor de mi pueblo, y algunos grandes se reunieron y decidieron dirigirse al rey con firmeza y determinación, urgiéndole a retirar los hostiles decretos y abandonar su plan de destruir a los judíos”—, pero todo fue inútil.  «El rey “cerró sus oídos semejante a una cobra muda, y no quiso cambiar de actitud por ninguna razón y la reina está a su lado para fortalecer su perverso pensamiento, persuadiéndole a llevar a cabo su obra de principio a fin”,
Abravanel no quiso bautizarse por lo que fue expulsado, y perdió gran parte de su fortuna aunque se le permitió sacar 2.000 ducados de oro y otras pertenencias, pese a que el decreto de expulsión impedía la salida de  oro, plata y moneda amonedada, embarcando en el puerto de Valencia el último día del mes de julio. Se trasladó primero a Nápoles y luego a Corfú y finalmente a Venecia, donde pasó sus últimos años. 
Otros líderes judíos de la época como Abraham Seneor, de 80 años, el Rab y el Juez Mayor de las aljamas de Castilla, el arrendador real, el poderoso judío de la confianza de la reina Isabel se bautizó en el monasterio de Guadalupe el 15 de junio de aquel año, ante los Reyes Católicos, tomando desde entonces el nombre de Fernán Pérez Coronel. Abraham Seneor /  Ferrán Pérez Coronel muere en 1493, al poco tiempo de su conversión. 
EL ESCANDALO DE DIEGO DE MARCHENA: LA RAIZ DE LA EXPULSION
Este hecho es significativo ya que los expertos creen que en la decisión de los Reyes Católicos para expulsar a los judíos influyó el caso del marchenero  Fray Diego de Marchena quemado en Guadalupe en 1485 por judaizar abiertamente dentro de la iglesia católica​. 
Durante años Juana, hermana de Rodrigo Ponce de León, y esposa del señor de Teba medió sin conseguirlo ante Juan de Guzmán, el famoso corregidor de Fuenteobejuna,  que se negaba a liberar a la familia de Diego de Marchena, apresados en Teba cuando huían de la Marchena que era corte y Palacio de los Ponce a la Málaga musulmane para seguir viviendo como judíos tras las violentas revueltas antijudias de Córdiba de 1473. 
Castillo de Teba.
JUANA PONCE DE  LEON, MEDIA ANTE LA FAMILIA DE DIEGO DE MARCHENA
En 1461 Juana Ponce de León trató de que la familia de Diego de Marchena, sus padres Luis González de Molina y su madre Marina González ambos judeo-conversos nacidos en Marchena, sus hermanas y sus cuñados, se confesasen o tomase los sacramentos, pero no lo consiguió; rechanzado convertirse al cristianismo y quedando cautivos por diez años, muriendo en prisión su padre y hermana. 
Fray Diego manda cartas en 1481 pidiendo ayuda a los notables del reino y a su propia familia, veinte parientes de Carmona, también judíos. La carta llegó a manos de los inquisidores de Sevilla, Fr. Juan de San Martín y Fr. Miguel de Morillo, que van Carmona a investigar, y la familia de Diego tiene que huir a Portugal para salvar la vida. Estos dos primeros Inquisidores de Sevilla pdiieron el mismo año a Rodrigo Ponce de León que dejara de acoger judios y conversos en sus tierras. 
DIEZ AÑOS DE CAUTIVERIO
Ese mismo año los conversos de Sevilla estaban huyendo de la ciudad ante la llegada de los primeros Inquisidores. Fray Diego de Marchena era un fraile de  San Jerónimo de Sevilla. 
 Tras diez años de cautiverio rescató a la parte de su familia, que aún no había muerto y los llevó al monasterio de Guadalupe, enterrando a su padre en el cementeriode los frailes, lo que causó tal escándalo en el monasterio que dio origen a la primera gran causa contra los conversos en Guadalupe.
Los herejes de Guadalupe pagaron multas que ascendieron a 50.000 pesetas -2,7 millones de maravedíes- con las que se construyó la hospedería para la visita de los Reyes Católicos. La obra fue comenzada en 1487 por el maestro Juan Guas, quien también trabajó para los Ponce de León en Marchena añadiendo los salvajes a la Puerta de Marchena y terminada en 1492.

El escándalo de Diego de Marchena que aceleró la salida de los judíos de España

EL PROBLEMA DEL CLERO CONVERSO
Tras la expulsión, y la incesante actividad inquisitorial el problema del clero converso, se acentuaría en el siglo XVI y XVII con nuevas oleadas de conversos que procedentes de Portugal se vuelven a instalar en Castilla.
EL CASO DEL CURA DE SAN MIGUEL DE MARCHENA
La guerra a muerte entre el sacerdote Francisco García en 1525 y los demás miembros del clero local entre acusaciones mutuas de judaísmo ante la llegada de los dominicos, en relación a la iglesia, entonces ermita de San Miguel donde vivía muestra a las claras cual era elambiente que la cuestión judía provocaba en el seno de la iglesia. garcia acusava a sus colegas de judaismo y se presentaba a si mismo como martillo de herejes. 
¡Ojalá viniesen pronto a Marchena los frailes predicadores!, observó irónicamente García al comentar ese ofrecimiento al duque, pues con su llegada se establecería el tribunal del Santo Oficio, empezarían a arder los huesos de los conversos enterrados en el cementerio (cristiano, por supuesto) y colgarían en la iglesia los sambenitos de los penitenciados.
Con gran dolor me quexo a Dios d’estos que tan mal me quieren sin tener razón para ello. Querría que paresçiéssemos delante V. S. y dixessen la quexa que tienen de mí y por qué me quieren tan mal, pues que yo les quiero bien. ¡Pluguiera a Dios que los frayres açeptaran su Ruego! Que pudiera ser que algún tiempo vieran en esta yglesia colgados los pellejos de las zorras sus parientes, que demoliuntur vineas[4], porque, yendo allí la Orden de los predicadores, a quien la Sancta Inquisiçión fue dada, lo primero que hizieran fuera desenterrar los huessos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar vn sastre en este pago de tierra virgen sobre las sepulturas de sus antepassados.

EL CASO DE FRAY LUIS DE LEÓN 
El 14 de julio de 1573 declara contra el poeta agustino Fray Luis Ponce de León Valera, ante la Inquisición el padre Agustín de León de 32 años natural de Marchena, Sevilla, abad de San Saturnino de Medina del Campo, profesor del monasterio de la Retuerta, maestro de arte y Teología.
El escritor converso Fray Luis de Leon se llamaba Fray Luis Ponce de León Valera, era de Belmonte,  hijo de Inés Varela y Lope Ponce de León, letrado de Corte, ambas ramas de conversos y la mayor parte de su vida vivieron entre Granada y Sevilla, sobrino de Francisco Ponce de Leon catedrático en Salamanca. La pedanía granadina de Puerto Lope que fue propiedad de la familia Ponce de León fue comprada por Lope de León, padre del poeta para fundar su propio mayorazgo, en 1559.
La familia del poeta sirvió en Belmonte a Juan Pacheco Marqués de Villena, y su hermano el Conde de Ureña Juan Tellez Girón, que funda la casa de los futuros Duques de Osuna.
Miguel hermano de fray Luis, fue concejal en Granada y procurador de la ciudad en las Cortes de Castilla de 1563 y en las de Córdoba en 1570. Su hermano Cristóbal, fue procurador de Granada en las mismas Cortes De Córdoba.
Agustin de León, fraile de Marchena relató ante la Inquisición que tres años antes siendo estudiante de Salamanca esperó a Fray Luis de León a la salida de su aula y una vez estuvieron solos le preguntó al poeta si era verdad que la Vulgata contiene muchos pasajes mal traducidos. Luis respondió que sí y que no es una opinión totalmente contraria a la doctrina del Concilio de Trento.
Fray Luis de León contravino las normas de la iglesia atreviéndose a traducir la biblia directamente del hebreo, siguiendo la enseñanza de la escuela humanista de Salamanca y Alcalá de Henares por lo que pasó cinco años en la cárcel antes de ser declarado inocente.
Los Inquisidores de Granada escribieron «La prisión de Fray Luis de León, que se hizo en Salamanca por el Santo Officio de Valladolid, ouiese sido por apartarse de la interpretación de la edición Vulgata aprouada por el Concilio de Trento y por seguir interpretaciones de Rabinos que judayzan. 

El fraile de Marchena que delató a Fray Luis de León ante la Inquisición

LA CONJURA DE SEVILLA 

Los cargos póblicos y la riqueza de los Ponce de León, segunda mayor fortuna de Sevilla, tras los Guzmán, les hizo ser protagonistas de los más importantes hechos de su tiempo, y si Pedro Ponce de León Señor de Marchena, que funda Paradas, repuebla Chipiona y compra Los Palacios era Alguacil Mayor de la ciudad durante el pogrom de 1390, en un contexto de epidemias de peste y luchas nobiliarias sevillanas en la que los conversos serían protegidos de forma preferente por los Guzmán. Ferrán Martínez, Arcediano de Ecija que lanzó a las masas a destruir juderías de media España, ocupó el cargo de albacea testamenterio del Señor de Marchena en su lecho de muerte. 

Los conversos volvieron a pedir protección a las dos mayores casas nobiliarias de la ciudad Ponces y Guzmanes tras la llegada de la Inquisición a Sevilla en 1480, que acusa a una serie de miembros conversos del Cabildo municipal de conjurarse contra la Inquisición. 

La relación entre los miembros de la conjura de Sevilla en 1480 y los Ponce de León, Duques de Arcos, se menciona en el documento «Sevilla 1480: ¿una conjura conversa contra la Inquisición?» de Isabel Montes Romero-Camacho. Pedro Fernández Benadeva, uno de los conjurados, que fue elprimero en arder tenía relaciones familiares con diversas ramas de las dos grandes familias de la alta nobleza sevillana, los Guzmanes y los Ponce de León y su familia huyó a Marchena. Otro de los conjurados el veinticuatro Pedro de Jaén, 1471. estuvo casado con doña Inés Ponce de León, hija de Pedro de Pineda, otra de las familias que controlaban Sevilla para los Ponce. 

LA INQUISICIÓN ADVIERTE A RODRIGO PONCE DE LEÓN
En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombran a los dos primeros inquisidores, españoles por Bula de Sixto IV (1 de Nov de 1478) los dominicos Miguel de Morillo, luego primer Inquisidor General y Juan de San Martín que en Noviembre se instalan en el cstillo de San Jorge, Triana.
A finales de 1480 las hogueras de la Inquisción española comienzan a arder por vez primera en España, en la ciudad de Sevilla y poco despuésm el 2 de Enero de 1481 los dominicos inquisidores Miguel de Morillo y Juan de San Martín ordenan a Rodrigo Ponce de León Señor de Marchena que no acogiera en Marchena ni ninguna de sus otras villas a los judios conversos fugitivos bajo pena de excomunión, confiscarle dignidades y oficios, privación de señoríos y vasallajes «por amparador é incubridor de herejes» ejecutando penas civiles y criminales si en el futuro se repetía dicho hecho.
Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios en sus “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”cuenta que «salieron de la cibdad muchas gentes de ellos; (judíos) especialmente, a la tierra del marqués de Cádiz. Vinieron más de ocho mil almas a Mairena e Marchena e los Palacios, e los mandó acoger e facer mucha honrra”. Es decir los judios abandonaron las tierras del Rey por tierras ducales donde el Duque ejercia la justicia independiente del Rey. Preciasamente por les advirtió la Inquisición. 
Entre los huídos de Sevilla a Marchena figuraba Isabel Suárez, la mujer del quemado Benadeva y los Susán se repartieron por diversos señoríos: Juan Gómez de Susán y Pedro de Susán se retiraron a Marchena. Pero la mayoria de conversos de Sevilla huyeron a Sanlúcar de Barrameda. 
LOS AMIGOS CONVERSOS DE RODRIGO PONCE DE LEÓN
MARCHENA
 El criado y el contador del Duque, aparecen en el listado de conversos reconciliados en Marchena por la Inquisición en 1496 además de dos alcaldes de Marchena y Carmona además de un grupo de sastres y auxiliares. Ruí García reconciliado, criado del Marqués de Cádiz ya difunto, vecino de Marchena, pagó 5000 maravedíes para ser reconciliado. Igualmente se incluyen en ellistado Pedro López Pliego escribano reconciliado vecino de Marchena.
En 1490 el bachiller Luis Sánchez y a Mateo de la Cuadra, vecinos de Sevilla, determinen el destino de los bienes de los criados del duque de Cádiz, que fueron condenados por herejes
Muerto Rodrigo Ponce en 1492, su descendiente Rodrigo  el I Duque de Arcos y su viuda, siguen teniendo pleitos con la justicia Sevillana, por el pago y cobro de rentas de herejes condenados, relacionados con la Casa de  Arcos. 
El primer Duque de Arcos y su tutora Beatriz Pachecho se niegan a entregar el heredamiento, fortaleza, dehesas y tierras que fueron de Pedro Fernández Cansino, veinticuatro de Sevilla condenado por herejía. Está por ver si protegían a la familia o se quedaban ellos con parte de los bienes o las dos cosas. 
En un documento de 1501 el I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, y la tutora Beatriz Pacheco se oponen al cobro de rentas de herejes en el estado de Arcos. El cobro conlleva la identificación de los judeo conversos y su fijación en los listados.
Poco  después los Reyes Católicos  piden a los responsables del Estado de Arcos que no obstaculice la labor de la Inquisición. 
LOS BARRERA, UNA FAMILIA CONVERSA DE MARCHENA
En 1533 Pedro de la Barrera, era secretario del duque de Arcos, procedente de una familia conversa. Sin embargo en una probanza de limpieza de sangre de 1574 se muestran matices al respecto. De la familia de Juana de la Barrera, de Paradas dice un testigo que «ay dos linajes de Barreras, los unos cristianos viejos y los otros confessos, e que el linaje de que la dicha Juana de la Barrera procede es de el bv». Otro vecino de Marchena dice que: «son tres linajes de Barrera en esta villa: el uno es de confessos, el otro de moriscos y el otro de christianos viejos», perteneciendo Juana de la Barrera al «buen linaje de los christianos viejos, linaje muy conoscido en esta villa».
Alonso de la Barrera hijo de Pedro de Sevilla, condenado por judío, aparecen en la lista de los reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495 y pagó 2.500 mrs a cambio de seguir viviendo.
Castillo construido por los Ponce de Leon en Cádiz.
TOLEDO
En 1486 Rodrigo Ponce de León ordena desde Marchena que de todos los grupos de esclavos judíos que capturaban con sus barcos en el estrecho «vno dellos, que sea bueno e mançebo, por el mejor preçio que pudiéredes. E lo déys a mi pariente, espeçial amigo, señor mosén Diego de Valera». 
Diego de Valera, (1412-1488)  era diplomático del Rey Juan II en varios puntos de Europa y en 1429 doncel del príncipe don Enrique se estableció en El Puerto de Santa María y desde 1477 pertenecía al Consejo de los Reyes Católicos. Escribió una Crónica a los Reyes Católicos. 

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Diego de Valera y Juan Pacheco, suegro de Rodrigo, se conocían desde una edad muy temprana. Ambos coinciden en la corte de Juan II siendo adolescentes, donde prestan asistencia a la corona.
Diego de Valera - Wikipedia, la enciclopedia libre
Obra de Diego de Valera. 
El conocimiento y la disciplina médica que se transmitía de padres a hijos continuó siendo herencia cultural de los judíos, pero al convertirse al cristianismo  Alfonso Chirino, padre de Diego de Valera y  judeo converso toledano, pudo entrar en la Universidad, y llegó a ser médico de Juan II (1406-1454)  profesor de medicina, físico de la corte, alcalde y examinador mayor de los físicos y cirujanos de los reinos de Castilla y señoríos y autor de varias obras de medicina– Espejo de medicina– su Testamento y «Menor daño de la medicina» basado esencialmente en plantas medicinales impreso por primera vez en Toledo en 1505 y reimpreso trece veces en el siglo XVI siendo la última en Sevilla en 1551.
CÁDIZ
Entre los judíos que prestaban servicios a Rodrigo Ponce de León en Cádiz, destacaba la familia Chirino. Durante el mandato del Señor de Marchena comerciantes judíos y genoveses ganan peso específico en el gobierno de la ciudad y  aparecen como prestamistas de los Ponce en Marchena.
Los corsarios y piratas al servicio de Rodrigo Ponce de León fueron muy activos a finales del XV mientras las ciudad de Cádiz fue parte del Estado de Arcos, 1467 – 1493. por ser  la ciudad un importante mercados de esclavos.  Entre ellos estaban Alfonso Chirino, que se dedicaba a comprar esclavos judíos hechos preso en los dominios del Duque de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar. Los Chirino de origen judío tenía presencia en Cádiz antes de 1467, ocupando cargos importantes en la ciudad. 
En 1485 el arrendamiento de las rentas mayores de Cádiz estaba controlado por cinco genoveses (Jácomo Sopranis, Mateo Viña, Tomás Sauli, Juan Vivaldo y Francisco Adorno) por orden directa de Don Rodrigo y un judío Mosé Abén Semerro, prestamista del Duque.
En viernes,  2 de Diciembre de 1485 «vino Alfonso Cheryno» ayudado por Antón Bernal, judeo-converso, «con sus carabelas , que andavan de armada en el Estrecho, y traxo 30 moros dellos feridos y dos moras con dos niños e vna niña, e ocho cabeças de judíos e judías, grandes e pequeños, que son todos 153 cabeças; e çinquenta e çinco madexas de seda». «Y la de Antón Bernal ovo 36 cabeças de moros e moras e judíos e 158 madexas de seda» se lee en las cuentas de Cádiz.
Algunos miembros notables de la familia incluyen a Alfonso Cherino, quien fue criado de Rodrigo Ponce de León y se dedicó a negocios en Andalucía y Toledo. Diego Cherino fue nombrado arcediano de Ronda por Diego Ponce de León. Fernando Cherino tuvo un papel como oficial real encargado del abastecimiento del ejército de los Reyes Católicos en Cádiz, y Cristóbal Cherino fue enviado a la corte para tratar asuntos comerciales con Berbería​.
De toda esta venta el Señor de Marchena se quedaba con una parte y entregaba otra parte a sus capitanes.
PEDRO FERNÁNDEZ CABRÓN TRANSPORTÓ JUDIOS AL NORTE DE AFRICA TRAS LA EXPULSIÓN
Cuando los judios expulsados en 1492 llegaban a Cadiz buscando cruzar el estrecho Pedro Cabrón se hizo famoso por su crueldad ya que les prometió que llevaría en su flota hasta Orán con todas sus riquezas pero los dejó abandonados a su suerte en Málaga y Cartagena, y les robo  las riquezas.
Pedro Hernández Cabrón comerciante, regidor de la ciudad, pirata y guerrero gaditano prestaba servicios a Rodrigo Ponce, comocrear una armada en Abril de 1486 «para ir a Salé (Marruecos), para mercar productos prohibidos por el Rey como pólvora y cáñamo».
En 1473 Cabrón, con Juan Sánchez de Cádiz, Alcalde del Castillo de Rota y Juan Suazo, Alcaide de la Isla de León, atacó la flota de los Guzmanes, castigado y perdonado cinco años después participa en la conquista de Canarias, junto a Pedro de Vera, mano derecha de Rodrigo Ponce. A partir de ahí empiezan a llegar esclavos guanches a Marchena y resto de Andaluccía.
UTRERA
La ausencia de descendencia legítima, obligó a la Casa de Arcos a casarse con la aristocracia judeoconversa como Beatriz Ponce de León que casa con el converso Pedro de Pineda, familia de confianza de los Ponce que controlaban para ellos la ciudad de Sevilla y sus nietos D. Juan y D. Rodrigo casan con hijas de otro converso Antonio González de Almonte y uno de sus biznietos, D. Juan Ponce de León, casa con los Portocarrero también conversos.

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Historia

El palacio -y principal monumento histórico- que Marchena perdió

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José Antonio Suárez López · Marchena Secreta


Fotografía histórica · c. 1900
El vergel del Parque hacia 1900: el ciprés, las palmeras y la fuente circular sobreviven al palacio que los plantó. Al fondo, Santa María de la Mota.

En 1658, mientras gobernaba Nápoles como virrey, don Rodrigo Ponce de León era dueño de uno de los palacios más ricos de Andalucía. No estaba en Sevilla ni en Madrid: estaba en Marchena, dentro de un recinto amurallado que guardaba jardines, huertos, dos conventos, una iglesia, caballerizas y un laberinto de salas vestidas de tapices flamencos. Hoy de todo aquello quedan muros, fotografías, un plano y —sobre todo— papeles: los inventarios que se levantaron a la muerte del duque tasaron el palacio objeto por objeto, con precios en reales, nombres de tasadores y hasta los nombres de los esclavos que servían en las cuadras.

Esos papeles, estudiados por Juan Francisco Torres Cubero en Nobleza y ostentación. El Palacio Ducal de Marchena en 1658, son la llave de esta serie. Con ellos, con el plano de evolución del recinto, con la portada que hoy vive en el Real Alcázar de Sevilla y con la ayuda de herramientas digitales, hemos vuelto a levantar el palacio. Lo que sigue es un paseo. Y una advertencia que repetiremos: aquí se distingue siempre, con etiquetas a la vista, lo documentado de lo reconstruido.

Un recinto, no un edificio

Geometría según el plano de evolución ss. XVI–XVIII

Lo primero que hay que desaprender es la palabra «palacio». Lo que los Ponce de León tenían en Marchena era una ciudadela: la antigua alcazaba, cerrada por su muralla, convertida en un mundo propio. Pulse sobre cada zona del plano para ir a su capítulo.

La portada que emigró a Sevilla

Documentado

Empezar por la puerta tiene truco: para verla hay que ir al Real Alcázar de Sevilla. La gran portada gótica del palacio fue desmontada piedra a piedra a comienzos del siglo XX y hoy se llama, con justicia melancólica, «Puerta de Marchena». Es la referencia material más fiable que existe para reconstruir el frente del palacio: sus tracerías, sus escudos, su piedra dorada son las mismas que vieron entrar y salir a cinco siglos de duques.


Pieza conservada · Real Alcázar
La portada del Palacio Ducal, remontada en los jardines del Real Alcázar de Sevilla. Cada reconstrucción del frente del palacio en esta serie parte de esta piedra.

El apeadero y el patio de las columnas italianas

Tras la puerta, el visitante de 1658 desmontaba en el patio apeadero: suelo de ladrillo «a sangre», pórticos en tres de sus lados, portadas y ventanas vestidas de yeserías y azulejos. En una de ellas, el alfiz lucía lambrequines pintados de rojo, amarillo y azul: los colores de los Ponce de León, que esta página ha tomado prestados.

Más adentro esperaba la pieza mayor de la reforma renacentista que el II duque emprendió tras el terremoto de 1522: un patio de unos diecinueve por dieciséis metros, abierto al sureste, con logias de arcos sobre columnas de mármol traídas de Italia, esbeltas hasta lo imposible —tres metros de altura para fustes de treinta centímetros—. Una fuente ochavada, desplazada del centro hacia el norte, ponía el agua en medio de la arquitectura.


Maqueta · reconstrucción volumétrica
El conjunto en volumen: en transparente, las crujías y el patio principal reconstruidos sobre los restos conservados.

La escalera que se mudó de casa

Junto al apeadero subía la escalera, en una caja cuadrangular cubierta por un artesonado de madera de castaño. Si quiere verlo, tampoco hace falta imaginar: se conserva, trasladado, en la Casa de la Condesa de Lebrija, en Sevilla. Las yeserías «al romano» desplegaban un programa culto y nupcial: putti, bustos y balaustres, Hércules niño, la lucha de Eros y Anteros, Venus y Marte. El amor sacro triunfando sobre el profano, espejo en escayola del flamante matrimonio ducal entre Rodrigo Ponce de León y María de Toledo.

De aquellos interiores el tiempo ha salvado poco más que astillas. Por eso importan tanto los objetos testigo: piezas reales que pasaron por las salas del palacio o por las casas de su órbita, como este bargueño con sus cajones etiquetados a mano, un archivo en miniatura de la vida administrativa de una gran casa.

Salones vestidos de Bruselas
La verdadera arquitectura interior del palacio era textil. Veinticuatro tapices, veinticuatro reposteros y ocho paños de corte vestían las salas según el calendario y el rango de las visitas. La serie estrella contaba la Historia de los caballos: siete paños con dosel y sitial, tejidos en Bruselas con realces de oro y plata, inspirados en el manual de equitación de Antoine de Pluvinel, maestro de Luis XIII, y en los grabados de Crispijn de Passe. Caballos de alta escuela entre arquitecturas antiguas, con Mercurio y Marte de testigos: el autorretrato perfecto de un linaje que presumía de cuadras.Había más: los Trabajos de Hércules, del siglo XVI, colgados en la antecámara donde las visitas aguardaban antes de ver al duque —virtud heroica como sala de espera, emulando la serie regia de Guillermo Dermoyen—; la historia del cónsul Decio Mus, comprada en Nápoles y procedente de la colección del marqués del Carpio; la de Ciro el Grande, sobre cartones atribuidos a Michiel Coxcie; la Historia de Jacob según modelos de Bernard van Orley, de la que el Museo Arqueológico Nacional conserva una serie hermana; y paños de boscajes y verduras para los días sin ceremonia.


Recreación digital (IA)
Recreación de ambiente: un banquete en los salones altos. La escena es interpretativa; los tapices, la plata y el ceremonial están documentados en los inventarios.

La armería: trofeos de una casa de frontera

Los Ponce de León se hicieron grandes guerreando en la frontera de Granada, y su palacio guardaba memoria armada de ello. La tradición de la casa vincula a sus colecciones piezas como el alfanje atribuido a la rendición de la guerra de las Alpujarras (1571), trofeo del II duque, y armas exóticas que pudieron llegar por la vía napolitana e italiana de los virreyes. Las imágenes que siguen son recreaciones digitales de ambiente: el contenido exacto de la armería en 1658 es una de las líneas que esta serie seguirá documentando.

Recreación digital (IA)
El alfanje como trofeo de la guerra de las Alpujarras: recreación interpretativa a partir de la tradición de la Casa de Arcos.

Recreación digital (IA)
La armería, recreación de ambiente.

Recreación digital (IA)
Una catana en Marchena: pieza exótica llegada por la vía del comercio italiano.

Cocinas, graneros, picadero: la maquinaria

Localización hipotética

Un palacio así era una fábrica de comer. Al suroeste del núcleo residencial, el plano sitúa el mundo del servicio: graneros, picadero, dependencias. Allí —es hipótesis razonada, no dato— debieron de humear las cocinas que alimentaban a la familia ducal, a su corte de criados y a los huéspedes de paso. Las recreaciones que siguen imaginan ese pulso cotidiano: el cobre colgado, el pan amasado a la vista de la torre de Santa María, la carne en el tajo.


Recreación digital (IA)
El amasijo del pan. La vista hacia Santa María es licencia compositiva.

Capítulo 7

Las caballerizas, y los nombres que el inventario guarda

En 1658 las cuadras alojaban un potro, dos rocines «de agua», once mulos y seis mulas, bajo el mando del caballerizo mayor Juan de Villegas Tello. Más de quinientos objetos fueron tasados pieza a pieza por el sotacaballerizo José Sánchez, el guarnicionero Pedro Ximénez y el sevillano Juan Hurtado de Mendoza, maestro de hacer coches: sillas jinetas de terciopelo, literas, sillas de manos para las señoras.

Y aquí el inventario nos obliga a mirar de frente la parte más incómoda del esplendor: en el palacio vivían y servían varios matrimonios de esclavos, y el documento de 1673 registra por su nombre a cuatro hombres destinados a las cuadras: Alí, Muza, Hergui y Hamete. Se tasaban, como los animales y los jaeces, en reales. Esta serie les dedicará un capítulo propio, porque la historia de un palacio no son solo sus mármoles: son también las manos que limpiaban sus cuadras y los nombres que casi se pierden entre las partidas de una herencia.

El agua: dos rocines y una rampa

Nada de aquello funcionaba sin agua, y el agua tenía su propia coreografía. Dos rocines la sacaban de la Mina —probablemente en la actual calle La Mina—, que abastecía al colegio de la Compañía; desde allí bajaba al Parque y al palacio, y las cargas subían por la rampa del Portillo. El vergel murado, con su pileta, su aljibe y su alberca, era a la vez despensa, jardín y depósito: la fotografía que abre este artículo muestra lo que quedaba de él hacia 1900, cuando el ciprés y las palmeras ya habían sobrevivido a sus dueños.

Puerta del Portillo

El largo adiós

El palacio no cayó: lo dejaron caer. Con la casa ducal ausente y endeudada, el siglo XIX consumó el desmantelamiento —materiales vendidos, techumbres dispersas, el artesonado camino de Sevilla— hasta que a comienzos del XX la propia portada emprendió su viaje al Alcázar. Lo que la fotografía antigua retrata entre escombros es el final de ese proceso. Esta serie existe, precisamente, para recorrerlo en dirección contraria.

Nota de rigor

Cómo lo hemos reconstruido

Documento El estudio de Juan Francisco Torres Cubero, Nobleza y ostentación. El Palacio Ducal de Marchena en 1658, construido sobre los inventarios y tasaciones post mortem de don Rodrigo Ponce de León (1658–1673), y el plano de evolución del recinto entre los siglos XVI y XVIII, que fija la geometría de nuestro plano interactivo.

Fotografía histórica Placas antiguas del vergel y de las caballerizas en ruina (coloreadas digitalmente), que documentan volúmenes, fábricas y vegetación reales.

Pieza conservada Lo que sobrevive fuera de Marchena: la portada en el Real Alcázar de Sevilla, el artesonado de la escalera en la Casa de la Condesa de Lebrija, series de tapices hermanas en el Museo Arqueológico Nacional y cartones en el Prado, y objetos testigo como el bargueño.

Recreación digital Imágenes generadas con inteligencia artificial a partir de fichas de escena redactadas sobre la documentación anterior. Son interpretaciones, no fotografías del pasado: cuando una vista, una pieza o una localización es hipótesis, se dice expresamente en su pie.


Documento · plano de evolución
El documento base de la geometría: evolución del palacio y el recinto del Parque entre los siglos XVI y XVIII.

Marchena Secreta
Serie «El palacio recuperado» · Capítulo I
Texto y edición: José Antonio Suárez López · Fuente principal: J. F. Torres Cubero, «Nobleza y ostentación» · 

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Actualidad

Así fue la «guerra del vino» en la campiña sevillana entre el clero y poder civil

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El juicio al cura de Paradas implicado en el fraude del vino contiene datos inéditos de quiénes eran los cosecheros y vendedores de vino en Marchena, Paradas, Utrera, Morón y Arahal a inicios del XVIII y que evidencia el intenso comercio de vino local, y puso en evidencia el conflicto abierto entre la autoridad eclesiástica que poco a poco perdía poder en la España de los Borbones y la civil. 

La producción local de vino acabó desapareciendo con la epidemia de la Filoxera a principios del XIX y ya nunca más se recuperó siendo sustituidos los vinos locales de la campiña sevillana por vinos de otras zonas como Jerez y Montilla.
El 8 de julio de 1717 Francisco González De Haro corregidor y administrador de rentas reales de Paradas estaba de paseo cuando vio a entrada de la calle Olivares a Juan Ángel Villanueva clérigo de menores subido en una cabalgadura con un Serón tapado con ropa y dos pellejos llenos de vino dentro. El cura sacó una escopeta que llevaba escondida en el serón del burro y salió huyendo. 
EL CONTROL DEL NEGOCIO DE LAS TABERNAS Y VINO EN MARCHENA Y PARADAS
Para entender esta reacción hay que entender en manos de quién estaba el negoicio de vino.  El vino era un negocio estanco, es decir cerrado y controlado en Marchena por el Duque de Arcos. El vino era el principal negocio estanco en Marchena y Paradas por su cuantía lo que quería decir que había mucha producción de vino local. Además el Rey se llevaba una cantidad importante en derecho de portazgo por todo el vino que entraba y salía de cada pueblo. Lo cual significaba que nadie fuera de las personas autorizadas podía meter vino en los pueblos y si lo hacía cometía dos delitos; fraude y desacato al Rey. Para controlar este fraude estaban los corregidores en cada pueblo.  
El único forastero autorizado a vender vino y montar tabernas en Marchena y Paradas era Fernando García Bueno vecino de ciudad de Sevilla que compró el derecho y estanco de vino de las tabernas en 1645  pagando 40.000 reales al Duque. Pero este negocio tenía una particularidad.
EL ESTANCO DEL VINO Y LAS TABERNAS EN MARCHENA Y PARADAS
De Enero a Abril solo podían venderse en Marchena y Paradas el vino producido aquí y por los vecinos de la zona y en las viñas locales. En palabras del Duque «de los vecinos cosecheros de la villa de Marchena y Paradas» pero «acabado el vino de su cosecha se entra vino de fuera y se vende en las tabernas públicas» para lo cual estaba autorizado Fernando García Bueno.
Mucha gente producía su propio vino que era la bebida más consumida y barata. La mayoría de la población cenaba pan y vino con algo más. La cerveza era aún una bebida de las élites y solo era de uso común en centro Europa, hasta que en el siglo XIX la familia Osborne trae la primera fábrica cervecera a Sevilla y funda la Cruzcampo.
EL PAPEL DEL CLERO EN LA PRODUCCIÓN DE VINO 
Debido a su uso para la misa durante siglos los conventos y clérigos producían su propio vino o bien lo compraban y vendían. Desde 1700 con la llegada de los Borbones Felipe V y Carlos III las leyes se hicieron cada vez más restrictivas para la iglesia que empezó a perder privilegios, y algunos curas como el de Paradas se negaban a perder el privilegio del control del vino a riesgo de entrar en conflicto con la Justicia.
EL PLEITO DEL VINO: LA IGLESIA CONTRA EL DUQUE EN MARCHENA
En medio de este proceso cinco sacerdotes cosecheros pleitearon en 1736 en nombre de la Iglesia y los labradores y cosecheros de vino de Marchena, contra el Duque por el privilegio de vender vino y de establecer el precio del vino rompiendo el monopolio Ducal. Los cinco curas eran Francisco Jiménez Fonseca, Pedro Baena, José Guerrero, Jerónimo Carmona, Francisco Román y José Ramiro iniciaron el pleito. 
Enviaron escritos para que el Ayuntamiento de Marchena, y la Catedral de Sevilla se sumaran a su causa y apelaron a los tribunales del Reino. En un documento los abogados del Duque cargaron contra los cinco clérigos, los acusó de usura, codicia y de ejercer «la violencia» contra los intereses del Duque. Incluso llegaron a preparar un documento enviado a varios puntos de España con un argumentario que desmontaba uno por uno todos los argumentos de los cinco clérigos y los acusaba de varios delitos.
Los principales productores de vino marcheneros eran los jesuitas que en el XVIII tenían en la Huerta de San Ignacio de Marchena un lagar que producía los considerados mejores vinos de la tierra de sus propias viñas. Vendían vino y aceite en Marchena Jerez y en Granada. Frente a la mentalidad de manos muertas (vivir de las rentas) del antiguo régimen. Ampliaron sus tierras sin dejar de modernizar sus cultivos. Exportaron pan, vino, lana y aceite, según  Julián J. Lozano Navarro de la Universidad de Granada, en su obra «El dinero de los jesuítas». La huerta San Ignacio de Los Angeles de Marchena comprada en 1588, fue su mayor y principal finca  donde construyeron una casa de recreo que costó mil ducados. 
EL JUICIO POR FRAUDE DEL VINO DEL CURA DE PARADAS
Hacía poco de que Cristóbal Torres arrendador de Tabernas de Paradas denunciara que alguien, no sabía quien, estaba metiendo vino de fuera, lo cual era ilegal y defraudaba la rentas reales.  Preguntado si llevaba vino el cura respondió: -qué quiere usted que haga. Mi desgracia ha sido que usted me haya encontrado y diciéndole el corregidor que se diese por prendido, lejos de acatar, el cura levantó un paño cogió una, escopeta y se la echó a la cara. 
Viñas
Levantando el gatillo dijo el cura: -Ea apartarse  por vuestra vida. El Corrregidor le dijo: -Señor mire usted lo que hace que se pierde. El cura pasó por en medio de los dos hombres con la escopeta encarada y huyó corriendo calle abajo y se metió en su casa.
Francisco González De Haro el Corregidor mandó entonces registrar la casa del cura de menores. Tardaron varios días  en recabar los permisos y cuando entraron encontraron más de cuarenta arrobas de vino, lo que supone unos 650 litros de hoy y ni rastro del cura que había huído.  Le preguntaron a doña Dionisia Buzón Ramírez madre de dicho cura pero ella no sabía donde había ido. 
Cristóbal Torres recaudador de las tabernas dijo que en la bodega del Duque en Arahal  Alonso Ruiz le dijo allí estuvo Juan Ángel y que sabe compra vino en la hacienda del Curtidor de Morón de Andrés Romero y también a Pedro Bello vecino de Morón en la hacienda que tienen arrendada a un vecino de Marchena Juan Maraver comprando la última tinaja por valor de seiscientos reales. Y que desde que hace tres o cuatro años que ha tenido la renta del vino de Arahal arrendada no ha dejado el cura de Paradas de introducir cargas de vino en sus casas trayéndolo de Morón y Utrera.
Alonso Ruiz capataz de la Bodega del Duque de Arahal declaró el perjuicio que le hacía el cura de Paradas introduciendo vino en sus casas para venderlo y que por esto mandó queja al Provisor de Sevilla quien pidió al cura más antiguo de Arahal que hiciera información de lo referido y que se le remitiese la información y se la presentara. 
Cristóbal Reina vecino de Paradas dijo que al ir  a errar su caballo a Arahal a casa de Manuel Gallego -herrador- dijo que era una pena que Alonso Rodríguez estuviera preso en la cárcel. «Ese pobre por seis reales lo que está padeciendo y dio a a entender que le había traído otra dicha carga de vino para Juan Ángel. 
Rodrigo López vecino de Paradas declaró haber oído que don Juan Ángel trae carga de vino y que lo vio en Arahal en compañía de un vecino de Marchena y que venían de Utrera.
Andrés Romero que administra la hacienda de Alonso Romero su padre en el sitio de La Matilla de Morón dice que es incierto que haya vendido vino a Juan Ángel cura de Paradas pero si sabe que hay  vecinos de Marchena que lo compran no sabe si para sí o para el cura paradeño. 
FUENTES

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Arte

La custodia de Marchena, una joya de 2,5 millones de maravedíes (de 1586)

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La Custodia de Marchena es la obra maestra del platero cordobés Francisco  de Alfaro (1548-1610) hecha entre 1575 y 1580 , una de las principales obras de la platería española.
A lo largo de su carrera, Francisco de Alfaro trabajó principalmente en Sevilla, donde estableció su taller y desarrolló su arte influenciado por las innovaciones intelectuales y estéticas de su tiempo. Además de sus obras maestras, también se destacó por su habilidad en la platería religiosa, creando piezas de gran valor artístico y litúrgico.
Francisco de Alfaro aprendió el oficio de platero principalmente de su tío, Cristóbal de Rojas y Sandoval. Esta relación familiar fue crucial para su desarrollo profesional y su establecimiento en el mundo de la platería. Cristóbal de Rojas y Sandoval, al principio de la carrera de Francisco, le brindó el apoyo y las conexiones necesarias, lo cual también facilitó su posterior vinculación con la familia noble de los Sandoval y Rojas​ (Universidad de Almería)​​ (Wikipedia, la enciclopedia libre)​.
Además, Francisco de Alfaro continuó su aprendizaje y perfeccionamiento en Sevilla, una ciudad con una rica tradición en platería y donde se encontraba uno de los centros más importantes de este arte en la época.
Los franceses fueron verdaderos expoliadores de arte y llegaron a Marchena en 1812 con datos extraídos de la más famosa guia artística de la época obra de Juan Agustín Ceán Bermúdez, que cita como principales joyas artísticas de nuestra localidad la Custodia de Alfaro y la colección de pinturas de Francisco de Solís que estaban en el claustro de Santo Domingo, y que desde entonces  desaparecieron, según explica Manuel Antonio Ramos en su obra sobre la ocupación francesa de Marchena.
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La Custodia se libró de ser expoliada porque se ocultó. Sus piezas fueron desensambladas y repartidas en los domicilios particulares de vecinos del barrio con un documento por escrito.
Desde entonces cada vez que hay inestabilidad o peligro social, la custodia es retirada del culto o escondida y durante muchos años ha estado conservada tras la puerta blindada del museo de la parroquia.
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Abre un modelo que el mismo autor usa para las custodias de Carmona y
Ecija, copias de la de Marchena. Recoge todo el saber humanista y renacentista de la época con influencias de los principales maestros italianos.
Mercedes Valverde informa que Francisco Alfaro comenzó a ayudar a su padre desde muy joven. Firmó como testigo en una escritura de 1571 para comprar una tienda en la calle de la  Platería de Córdoba. Concluyó y cobró las obras de su padre tras su muerte en 1573 y fue nombrado tutor
de sus tres hermanos.
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Desde 1572 Francisco de Alfaro trabajaba para la parroquial de San Juan Bautista de Marchena, donde realizó obras durante veinticinco arios, informa Pilar Nieva Soto en su publicación sobre las obras de Alfaro en Jerez. El 8 de noviembre de 1583, Francisco  de Alfaro fue nombrado platero de la Catedral donde hizo el sagrario de la capilla mayor y era el orfebre más famoso de aquella época en Sevilla y España.
En 1599, Francisco de Alfaro dejó la platería para asumir el cargo de Tesorero episcopal de la diócesis de Toledo, un puesto que obtuvo gracias a sus conexiones con la familia noble de los Sandoval y Rojas. En 1606, se retiró de este cargo y se trasladó a Valladolid, donde vivió cómodamente hasta su muerte, gracias a las rentas de sus inversiones​.
Francisco Alfaro otorgó carta de pago en 1586 ante Diego Sánchez, escribano público de la villa de Marchena, de 2.543.409 maravedís, que se le entregó por el importe de la Custodia de San Juan. Esa cifra de maravedíes en moneda corriente se traduce aproximadamente en 468.000 euros, -80 millones de pesetas- sin contar el valor artístico por ser una pieza única.
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La Giralda como modelo del remate
Los expertos señalan que el remate del cuerpo superior de la Custodia de Marchena tiene como modelo el de la Giralda tomado porHernán Ruiz II de la linterna que Bramante hizo para el Vaticano tal como señalan Ravé y Manuel Varas Rivero.
Alfaro y Jerónimo Hernández tuvieron relación profesional en el trabajo de retablos importantes. Por eso se sabe que Alfaro aprendió de Hernández las últimas novedades del manierismo italiano y las influencias de Miguel Angel.

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Actualidad

Vicente Bazo, el bordador del oro que dejó en Marchena una obra mayor del barroco sevillano

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La investigación de Manuel Antonio Ramos Suárez publicada en Archivo Hispalense permite situar a Marchena dentro del mapa del gran bordado sevillano del siglo XVIII. El estudio documenta con precisión la presencia en la villa del bordador Vicente Antonio Bazo, nacido en El Puerto de Santa María en 1726, antiguo miembro del Regimiento de Caballería de Borbón y establecido después en Sevilla, donde trabajó para la Catedral y para distintas instituciones religiosas del arzobispado hispalense.

El artículo no se limita a atribuir una obra. Reconstruye, con apoyo documental, el proceso de creación del sitial de la octava del Corpus de la Parroquia de San Juan Bautista, una pieza de terciopelo carmesí bordada en oro fino que debe ser leída como una de las grandes manifestaciones del aparato litúrgico barroco conservado en Marchena.

La primera huella documental de Bazo en la localidad aparece en 1768, cuando realiza “tres bolsas bordadas en oro” destinadas a las tres parroquias de la villa para llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos. La fuente citada es el Archivo Parroquial de San Juan de Marchena, sección Fábrica, libro 33, año 1768. Aquellas piezas no se conservan.

A continuación, el investigador identifica otra obra clave: el estandarte de Nuestra Señora de los Remedios, vinculado a la Parroquia de San Miguel. El propio contrato posterior del sitial de San Juan toma este estandarte como modelo, lo que confirma su importancia dentro del catálogo de Bazo. La escritura notarial ordenaba que el dosel de San Juan se hiciera “a imitación del simpecado que bordé para la iglesia de Señor San Miguel de la propia villa”.

El encargo principal llegó tras la visita apostólica de 1769 a la Parroquia de San Juan. Allí se propuso hacer “un citial para el altar maior” empleando el terciopelo sobrante de las nuevas colgaduras del templo. El documento precisa que debía llevar “una bordadura de oro por alrededor primorosa” y que debía servir “para las funciones de primera clase”. La pieza nacía, por tanto, no como adorno menor, sino como arquitectura textil para las grandes solemnidades eucarísticas.

La escritura de obligación se firmó en Sevilla el 2 de marzo de 1771 ante escribano público. En ella compareció Vicente Bazo como maestro bordador, junto a sus fiadores José Romero, maestro botonero, y Juan Barberi, dueño de una sedería en la calle Conteros. La fábrica parroquial estuvo representada por Manuel Díaz de Yabarrena, apoderado del mayordomo Ramón García de Santa María.

El contrato describe con detalle el proyecto: un dosel para el altar mayor de San Juan Bautista, “bordado de oro fino de todo realce sobre terciopelo carmesí”. Debía medir cuatro varas de alto por dos varas y media de ancho, aproximadamente 344 por 215 centímetros, y contar con un cielo o techo cuadrado. La obra debía seguir el “modelo y diseño número dos” aprobado por el mayordomo, vicario, vicebeneficiados y curas el 25 de diciembre de 1770.

El precio inicial se fijó en “setecientos cincuenta pesos escudos de a quince reales”, pagaderos en tres plazos: el primero para comprar materiales, el segundo cuando estuviera mediada la obra y el tercero tras su conclusión y aprobación por peritos. Sin embargo, el proceso se complicó. Una vez terminado, los responsables parroquiales consideraron que faltaba decoración, por lo que Bazo amplió el conjunto: añadió un gran sol central, cubrió el campo del dosel y decoró por completo el cielo.

La ampliación fue tasada en abril de 1772 por los bordadores Juan Caro y Fulgencio Abril. Los peritos calcularon que el trabajo debía ascender a 27.000 reales. La fábrica abonó primero 20.000 reales, pero el bordador reclamó los 7.000 restantes ante la autoridad eclesiástica. Finalmente, con autorización del cardenal Solís, se le pagó esa cantidad en 1773.

El coste total del conjunto, incluyendo bordado, tejidos, borlas, flecos, carpintería, dorado, herrajes y gastos notariales, ascendió a 30.378 reales y 17 maravedís. Esta cifra sitúa el sitial entre las grandes inversiones artísticas realizadas por la parroquia marchenera en el siglo XVIII.

El estudio también subraya la relación simbólica entre San Juan de Marchena y la Catedral de Sevilla. El sitial marchenero imitaba, en clave local, los grandes aparatos eucarísticos catedralicios, especialmente el altar de plata y el dosel de terciopelo carmesí bordado en oro realizado para la Catedral en 1732. Marchena, como parroquia matriz de relevancia dentro del arzobispado, reproducía así modelos solemnes propios de los grandes templos hispalenses.

Desde el punto de vista artístico, el dosel presenta una decoración vegetal simétrica, con rocallas, ces, cuernos de la abundancia, espigas eucarísticas, flores campaniformes, hojas de acanto y las características “antenas” que el autor considera una marca de identidad del bordador. En el centro aparece un gran sol bordado, con un círculo de seda blanca destinado a coincidir con el lugar de exposición de la Sagrada Forma.

La trayectoria de Bazo en Marchena no terminó ahí. En 1772 recibió otro encargo: una manga de terciopelo negro bordada en oro para la iglesia matriz de San Juan. Según la investigación, parte de aquellos bordados se conservan hoy reutilizados en un terno de San Benito Abad en Castilblanco de los Arroyos, conocido por tradición oral como “el terno de Marchena”.

El sitial sufrió transformaciones posteriores. A finales del siglo XIX o principios del XX, el cielo o techo del dosel fue reducido a la mitad y la parte sobrante pasó a usarse como frontal de altar. El estudio advierte expresamente que “no ha quedado constancia documental del momento concreto” en que se produjo esa modificación.

En la actualidad, el sitial sigue vivo en el culto. Desde 2008 se utiliza como altar del triduo del Corpus Christi y también para el monumento eucarístico del Jueves Santo en la Parroquia de San Juan Bautista, empleándose la custodia de asiento de Francisco de Alfaro como sepulcro para la reserva. La pieza ha sido sometida a restauración por una empresa especializada en tejidos antiguos, con el objetivo de conservar el soporte original, limpiar los bordados y mejorar sus sistemas de sujeción.

La importancia del estudio reside en que no solo recupera el nombre de Vicente Bazo para Marchena, sino que incorpora de forma documentada varias obras locales a su catálogo. La conclusión es clara: Marchena conserva una pieza mayor del bordado barroco sevillano y posee documentación suficiente para situarla dentro de una red artística que conecta la villa con Sevilla, la Catedral, los talleres de bordado, los protocolos notariales y la liturgia eucarística del siglo XVIII.

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Historia

Las caballerizas del Palacio Ducal: de espacio de servicio a escenario de la Grandeza de los Ponce de León

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Las nuevas investigaciones sobre la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena permiten ampliar y precisar una línea de trabajo que Marchena Secreta ya venía desarrollando en torno al antiguo complejo palatino de los Ponce de León: las caballerizas no fueron un simple espacio funcional destinado a guardar animales y carruajes, sino una pieza esencial de la escenografía del poder ducal.

Las caballerizas primitivas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León en el siglo XVI en la zona del hardín alto; añadiéndoles una cochera a comienzos del XVII; y a finales del XVII o comienzos del XVIII, adquieren un aspecto más monumental y se ubican en la actual explanada de Santa Maria.

El artículo de Juan Francisco Torres Cubero, publicado en 2024 en la revista Hipogrifo, estudia el inventario y la tasación de bienes redactados en 1673, año de la muerte de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos. La investigación documenta 534 bienes vinculados a la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena, entre ellos esclavos, caballos, mulas, sillas, coches, literas, sillas de mano, jaeces y guarniciones.

 En el artículo “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”, se indicaba que la escritura de traslado del Convento de Santa María al interior del Palacio Ducal, fechada en octubre de 1631, dejaba claro que el lugar señalado por el duque para las monjas lindaba con las caballerizas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos.

Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción

Las primeras caballerizas importantes del palacio fueron levantadas en la década de 1540 por Luis Cristóbal Ponce de León, junto a aposentos para cerca de una veintena de pajes y en relación con la acemilería. A comienzos del siglo XVII, el III duque construyó la cochera.

En 1631 las caballerizas primitivas seguían siendo referencia dentro del palacio cuando se reorganizó el espacio conventual de Santa María junto a las caballerizas y se instaló definitivamente el convento dentro del palacio en 1625. 

La investigación de Torres Cubero muestra además qué había dentro de aquellas caballerizas en 1673. El V duque de Arcos poseía 152 caballos, de los cuales 106 eran yeguas y 41 potros. El inventario detalla colores, edades, nombres y lugares de cría de algunos animales. Aparecen ejemplares llamados Halcón, Doradillo, Perla, Dichoso o Donaire, lo que revela una cultura ecuestre cuidadosamente organizada.

La fama de los caballos criados en las caballerizas ducales de Marchena aparece recogida en el manuscrito “Adiciones a la Doctrina del Cavallo y Arte de Enfrenar”, de 1731, escrito por Alonso García, trabajador de las Caballerizas Reales de Córdoba. Este libro menciona el dato de que el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León, regaló  seis caballos españoles de su palacio al rey inglés.

LAS CABALLERIZAS EN EL MANDATO DE MANUEL PONCE DE LEÓN

De 1685 se conserva un registro por la contaduría del duque Manuel Ponce de León «de los caballos que hay en las caballerizas del duque señor de esta villa y lo que cada uno come cada día», desde el 19 de julio de ese año ocupando Juan Miguel Sota el cargo de caballerizo del duque de Arcos, es decir, responsable de las caballerizas ducales. 

Siendo consciente del lujo que suponía tener un caballo andaluz, el embajador Guillermo Rodolfin sugiere al rey de Inglaterra, Carlos II Estuardo (1630-1685) que debía tener en sus cuadras caballos españoles.

Finalmente, el rey inglés consiguió seis caballos españoles procedentes de Marchena a través del regalo que le hizo el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León (1673-1693), y de este Rey inglés se conserva una carta de agradecimiento donde el monarca británico habla de la belleza de dicho caballo marchenero.

En el siglo XVIII se construyeron caballerizas monumentales en la explanada de Santa María, en pie hasta principios del siglo XX. Torres Cubero precisa que a finales del siglo XVII el VI duque reformó las caballerizas para asemejarlas lo más posible a las del rey en Córdoba y Madrid.

Los datos del inventario de 1673 explican por qué fue necesaria esa evolución arquitectónica. El duque no solo tenía caballos: poseía tres tiros de mulas, dos de seis y uno de cinco, además de animales de paso llamados Halcona y la Valenciana. Las mulas eran esenciales para tirar de coches y literas, vehículos que en la corte de los Austrias se habían convertido en signos visibles de rango.

La caballeriza guardaba además 51 sillas de montar, muchas diferenciadas según el tipo de monta: brida, jineta, coche o mula. Algunas estaban decoradas con galón de oro, flecos de plata, bordados de plata, terciopelo verde o tafiletes de Berbería.

El apartado de jaeces resulta especialmente revelador del lujo ducal. Se documentan 32 piezas ricas para adornar monturas, entre ellas cuatro jaeces sobre terciopelo azul bordados en relieve de plata, tasados en 10.000 reales. También había estribos de plata, cabezadas con campanillas y petrales con cascabeles de plata.

Pero el punto más espectacular lo aportan los vehículos: siete coches, cuatro literas y tres sillas de mano. Entre ellos figuraban dos carrozas grandes procedentes de Nápoles, probablemente de tiempos en que Rodrigo el IV Duque, fue virrey napolitano. Una de damasco y terciopelo negro con vidrios y cortinas, y otra guarnecida de terciopelo bordado. La procedencia napolitana conecta con el prestigio adquirido por la Casa de Arcos tras el virreinato del IV duque.

El palacio no era solo residencia local, sino una corte nobiliaria conectada con Sevilla, Nápoles, Madrid y los circuitos aristocráticos europeos. Las caballerizas eran la parte móvil de esa grandeza: el poder no solo se veía dentro del palacio, también circulaba por las calles en forma de carroza, litera, caballo enjaezado y séquito.

 

 Las caballerizas ducales de Marchena fueron un sistema completo de poder: arquitectura, animales, criados, esclavos, coches, jaeces, tiros de mulas, sillas bordadas y memoria ecuestre. Servían para desplazarse, pero también para representar la Grandeza de España de los Ponce de León ante la villa y ante quienes visitaban el palacio.

Fuentes principales:

Juan Francisco Torres Cubero, “Representar la Grandeza. Lujo y ostentación en la caballeriza de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos (1673)”, Hipogrifo, 2024;

Marchena Secreta, “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”;

Marchena Secreta, “Un manuscrito presentado en la Maestranza de Sevilla recoge la fama de los equinos y caballerizas ducales de Marchena”

Marchena Secreta, “Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas”.

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Historia

La armería perdida de los duques de Arcos: el tesoro militar y simbólico oculto en el Palacio Ducal de Marchena

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Durante los siglos XVI y XVII, el Palacio Ducal de Marchena custodió una de las colecciones armamentísticas nobiliarias más sorprendentes y desconocidas de Andalucía. Espadas toledanas, armaduras italianas, pistolas francesas, armas japonesas, banderas de guerra, sillas de montar bordadas en oro y hasta el alfanje del último rey morisco de las Alpujarras formaban parte de una armería que no solo servía para la guerra: era una gigantesca escenografía del poder.

La investigación ha sido reconstruida por el historiador cordobés Juan Francisco Torres Cubero en el artículo “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, publicado en 2024 en la revista científica Historia. Instituciones. Documentos de la Universidad de Sevilla.

El estudio parte de una idea fundamental: los Ponce de León construyeron su identidad nobiliaria sobre la memoria de la guerra y las hazañas militares. La destreza caballeresca no era solo una virtud personal, sino un elemento central de la imagen pública del linaje. La propia Casa de Arcos, una de las más poderosas de Andalucía en la Edad Moderna, necesitaba exhibir visualmente ese prestigio mediante símbolos de riqueza, autoridad y gloria militar.

Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas

Torres Cubero explica que, en la Europa renacentista y barroca, las armas dejaron de ser únicamente herramientas bélicas para convertirse en auténticos objetos de representación aristocrática. Las armaduras, espadas y escudos eran exhibidos en palacios y fortalezas como símbolos de rango social y legitimidad política.

En ese contexto surgieron las grandes armerías palatinas de la nobleza española, inspiradas en modelos como la Real Armería de Madrid creada por Felipe II en 1562 frente al Alcázar Real. Los duques del Infantado, Béjar, Medinaceli o Benavente desarrollaron importantes colecciones armamentísticas, y la Casa de Arcos hizo lo propio en Marchena.

El corazón de aquella colección se encontraba en el Palacio Ducal de Marchena, construido sobre la antigua alcazaba islámica desde el siglo XIV. El edificio sufrió sucesivas ampliaciones y reformas, especialmente bajo el II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León (1528-1573), quien transformó el antiguo castillo medieval en un auténtico palacio renacentista.

Fue precisamente este duque quien convirtió Marchena en una corte nobiliaria humanista. Mandó construir jardines, caballerizas y nuevas salas representativas, reunió tapices, pinturas y relieves clásicos, y comenzó probablemente la organización de la armería palatina.

Las primeras noticias documentales sobre armas en el palacio aparecen en la década de 1540. En 1543 ya se registraba el traslado de arneses y coseletes a Marchena. Poco después, el duque encargó una espectacular silla de montar de terciopelo bordado en oro y plata con escenas de los Trabajos de Hércules, considerada una de las piezas más valiosas de la Casa de Arcos.

En 1552 aparece citado el armero sevillano Gonzalo Martínez, contratado para limpiar y reparar armaduras y armas conservadas en la “cámara” del duque. Aquella referencia es importante porque demuestra que las armas ya no estaban dispersas, sino agrupadas en un espacio específico del palacio.

El gran salto documental se produce entre 1579 y 1581, durante el gobierno de Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos (1545-1630). Las cuentas palaciegas revelan una impresionante actividad armamentística vinculada a la Guerra de Sucesión portuguesa y a la movilización militar impulsada por Felipe II.

En septiembre de 1579 el palacio almacenaba al menos 330 coseletes, 178 barbotes, 20 celadas y 18 morriones. Muchas de estas piezas fueron limpiadas y restauradas por armeros sevillanos. Además, se adquirieron alabardas doradas, partesanas ceremoniales, lanzas jinetas y banderas con leones pintados, símbolos heráldicos de los Ponce de León.

La documentación revela también un extraordinario nivel de lujo. Algunas corazas estaban cubiertas de terciopelo carmesí y adornadas con clavazón dorada. Los morriones lucían pasamanería roja y dorada. Varias bandas militares estaban confeccionadas en tela de oro.

Las armas personales del duque alcanzaban niveles aún más sofisticados. Se encargaron espadas y dagas con puños de marfil, oro y seda, además de sillas de montar bordadas, frenos dorados y guarniciones de cuero rojo y plateado para los caballos.

La investigación demuestra que la armería marchenera no era simplemente un almacén militar. Era una puesta en escena aristocrática destinada a impresionar y reforzar el prestigio del linaje. Por ello, la “cámara de armas” se situaba junto a bibliotecas, salones y dependencias nobles del palacio.

Uno de los objetos más fascinantes documentados en el inventario de 1630 era el alfanje de Abén Aboo, sucesor de Abén Humeya y líder de la rebelión morisca de las Alpujarras. Tras la muerte del caudillo morisco en 1571, el arma fue entregada al II duque de Arcos como trofeo de guerra.

La espada se convirtió desde entonces en un símbolo político y familiar. Representaba la victoria de los Ponce de León sobre la última gran rebelión morisca del reino de Granada y reforzaba la imagen caballeresca del linaje.

Aquel inventario de 1630 ofrece además una fotografía extraordinaria de la colección. Se documentan montantes ceremoniales, espadas toledanas, armas damasquinadas, rodelas venecianas, pistolas de rueda y armaduras procedentes de Milán y Augsburgo, dos de los grandes centros europeos de fabricación armamentística.

Entre las piezas más sorprendentes figuran dos catanas japonesas damasquinadas, una de ellas guardada en una caja de terciopelo verde y decorada con figuras y pájaros. La presencia de armas japonesas en Marchena demuestra hasta qué punto Sevilla y Andalucía estaban conectadas con las rutas comerciales internacionales entre Asia, América y Europa.

Las catanas eran objetos extremadamente exóticos y valiosos en la Europa barroca. Su presencia en la armería de los duques de Arcos refleja el refinamiento cultural de la nobleza andaluza y su interés por coleccionar piezas raras y prestigiosas.

La colección siguió creciendo durante el siglo XVII. Un inventario de 1656 menciona arcabuces catalanes, pistolas francesas con incrustaciones de marfil, carabinas, dagas, cuchillos de monte y trompetas militares con estandartes bordados en oro.

Sin embargo, la decadencia económica de la Casa de Arcos y el progresivo abandono del Palacio Ducal terminaron provocando la dispersión y desaparición de gran parte de aquella armería. El propio palacio acabó prácticamente destruido entre los siglos XVIII y XIX.

Hoy apenas sobreviven fragmentos físicos de aquel universo. La monumental portada del palacio fue trasladada a los Reales Alcázares de Sevilla, donde aún se conserva como la llamada “Puerta de Marchena”. Parte de la decoración de la escalera principal terminó en el Palacio de la Condesa de Lebrija.

El resto permanece oculto en archivos, inventarios y documentos históricos que investigadores como Juan Francisco Torres Cubero están devolviendo lentamente a la memoria colectiva de Marchena.

Fuentes:
Juan Francisco Torres Cubero, “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, Historia. Instituciones. Documentos, nº 51, Universidad de Sevilla, 2024.

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