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Historia

Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España

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JOSE ANTONIO SUAREZ LOPEZ. DIRECTOR REVISTA SABER MAS ANDALUCIA
Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, conocido por su papel de estratega militar de los Reyes Católicos en la guerra de Granada tuvo una destacada relación con la comunidad judía revelando un capítulo fascinante, de los judíos sefarditas, aportando más luz sobre el papel de la nobleza en el contexto de la España del siglo XV.
El Marqués de Cádiz, figura clave en la Guerra de Granada, vivió en una época donde cristianos, musulmanes y judíos coexistían en una frágil armonía. Su vida y decisiones se entrelazaron con las de la comunidad judía, reflejando la complejidad de las relaciones interreligiosas de su tiempo.
LA EXPULSIÓN
«Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel. En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto» escribió Isaac Abravanel uno de los lideres judíos de España al conocer el edicto de expulsión. 
Edicto de expulsión de los judios de España. 
«Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, (…) En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones?». 
Isabel La Catolica.
El vínculo entre el Marqués de Cádiz e Isaac Abravanel, un destacado pensador y financiero judío, es particularmente revelador. Abravanel, enfrentando la desoladora perspectiva del Edicto de Expulsión, buscó la intervención de Señor de Marchena entre otros para abogar por la causa judía. Esta relación, aunque brevemente documentada, sugiere un grado de respeto y colaboración que desafía las narrativas convencionales de la época. El poderoso judío apeló a sus amigos: Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, yel duque de Medinaceli.
Publicado en Granada el 30 de marzo de 1492 el Edicto de Expulsión general de los judíos, firmado por los Reyes Católicos los más poderosos judíos de la corte, como Isaac Abravanel dejaron oír sus ruegos ante los Monarcas y su entorno poderoso entre los que estuvo el Marqués de Cádiz.
Además de ser un erudito, Abravanel tuvo una carrera exitosa en el ámbito financiero y político. Sirvió en altos cargos en las cortes de Portugal, España y, más tarde, Nápoles. Fue conocido por su habilidad en asuntos financieros y diplomáticos, sirviendo como asesor y financiero de reyes.
ABRAVANEL PIDIÓ AYUDA AL MARQUÉS DE CÁDIZ
Entre las puertas que llamó Abravanel pidiendo  ayuda estaban Seneor, el Cardenal Mendoza, el marqués de Cádiz, el duque de Medinaceli tal y como el mismo dejó por escrito en su obra «Comentario a Reyes».
“Pedí a mis buenos amigos entre los que ven al Rey que intercedieran ante él a favor de mi pueblo, y algunos grandes se reunieron y decidieron dirigirse al rey con firmeza y determinación, urgiéndole a retirar los hostiles decretos y abandonar su plan de destruir a los judíos”—, pero todo fue inútil.  «El rey “cerró sus oídos semejante a una cobra muda, y no quiso cambiar de actitud por ninguna razón y la reina está a su lado para fortalecer su perverso pensamiento, persuadiéndole a llevar a cabo su obra de principio a fin”,
Abravanel no quiso bautizarse por lo que fue expulsado, y perdió gran parte de su fortuna aunque se le permitió sacar 2.000 ducados de oro y otras pertenencias, pese a que el decreto de expulsión impedía la salida de  oro, plata y moneda amonedada, embarcando en el puerto de Valencia el último día del mes de julio. Se trasladó primero a Nápoles y luego a Corfú y finalmente a Venecia, donde pasó sus últimos años. 
Otros líderes judíos de la época como Abraham Seneor, de 80 años, el Rab y el Juez Mayor de las aljamas de Castilla, el arrendador real, el poderoso judío de la confianza de la reina Isabel se bautizó en el monasterio de Guadalupe el 15 de junio de aquel año, ante los Reyes Católicos, tomando desde entonces el nombre de Fernán Pérez Coronel. Abraham Seneor /  Ferrán Pérez Coronel muere en 1493, al poco tiempo de su conversión. 
EL ESCANDALO DE DIEGO DE MARCHENA: LA RAIZ DE LA EXPULSION
Este hecho es significativo ya que los expertos creen que en la decisión de los Reyes Católicos para expulsar a los judíos influyó el caso del marchenero  Fray Diego de Marchena quemado en Guadalupe en 1485 por judaizar abiertamente dentro de la iglesia católica​. 
Durante años Juana, hermana de Rodrigo Ponce de León, y esposa del señor de Teba medió sin conseguirlo ante Juan de Guzmán, el famoso corregidor de Fuenteobejuna,  que se negaba a liberar a la familia de Diego de Marchena, apresados en Teba cuando huían de la Marchena que era corte y Palacio de los Ponce a la Málaga musulmane para seguir viviendo como judíos tras las violentas revueltas antijudias de Córdiba de 1473. 
Castillo de Teba.
JUANA PONCE DE  LEON, MEDIA ANTE LA FAMILIA DE DIEGO DE MARCHENA
En 1461 Juana Ponce de León trató de que la familia de Diego de Marchena, sus padres Luis González de Molina y su madre Marina González ambos judeo-conversos nacidos en Marchena, sus hermanas y sus cuñados, se confesasen o tomase los sacramentos, pero no lo consiguió; rechanzado convertirse al cristianismo y quedando cautivos por diez años, muriendo en prisión su padre y hermana. 
Fray Diego manda cartas en 1481 pidiendo ayuda a los notables del reino y a su propia familia, veinte parientes de Carmona, también judíos. La carta llegó a manos de los inquisidores de Sevilla, Fr. Juan de San Martín y Fr. Miguel de Morillo, que van Carmona a investigar, y la familia de Diego tiene que huir a Portugal para salvar la vida. Estos dos primeros Inquisidores de Sevilla pdiieron el mismo año a Rodrigo Ponce de León que dejara de acoger judios y conversos en sus tierras. 
DIEZ AÑOS DE CAUTIVERIO
Ese mismo año los conversos de Sevilla estaban huyendo de la ciudad ante la llegada de los primeros Inquisidores. Fray Diego de Marchena era un fraile de  San Jerónimo de Sevilla. 
 Tras diez años de cautiverio rescató a la parte de su familia, que aún no había muerto y los llevó al monasterio de Guadalupe, enterrando a su padre en el cementeriode los frailes, lo que causó tal escándalo en el monasterio que dio origen a la primera gran causa contra los conversos en Guadalupe.
Los herejes de Guadalupe pagaron multas que ascendieron a 50.000 pesetas -2,7 millones de maravedíes- con las que se construyó la hospedería para la visita de los Reyes Católicos. La obra fue comenzada en 1487 por el maestro Juan Guas, quien también trabajó para los Ponce de León en Marchena añadiendo los salvajes a la Puerta de Marchena y terminada en 1492.

El escándalo de Diego de Marchena que aceleró la salida de los judíos de España

EL PROBLEMA DEL CLERO CONVERSO
Tras la expulsión, y la incesante actividad inquisitorial el problema del clero converso, se acentuaría en el siglo XVI y XVII con nuevas oleadas de conversos que procedentes de Portugal se vuelven a instalar en Castilla.
EL CASO DEL CURA DE SAN MIGUEL DE MARCHENA
La guerra a muerte entre el sacerdote Francisco García en 1525 y los demás miembros del clero local entre acusaciones mutuas de judaísmo ante la llegada de los dominicos, en relación a la iglesia, entonces ermita de San Miguel donde vivía muestra a las claras cual era elambiente que la cuestión judía provocaba en el seno de la iglesia. garcia acusava a sus colegas de judaismo y se presentaba a si mismo como martillo de herejes. 
¡Ojalá viniesen pronto a Marchena los frailes predicadores!, observó irónicamente García al comentar ese ofrecimiento al duque, pues con su llegada se establecería el tribunal del Santo Oficio, empezarían a arder los huesos de los conversos enterrados en el cementerio (cristiano, por supuesto) y colgarían en la iglesia los sambenitos de los penitenciados.
Con gran dolor me quexo a Dios d’estos que tan mal me quieren sin tener razón para ello. Querría que paresçiéssemos delante V. S. y dixessen la quexa que tienen de mí y por qué me quieren tan mal, pues que yo les quiero bien. ¡Pluguiera a Dios que los frayres açeptaran su Ruego! Que pudiera ser que algún tiempo vieran en esta yglesia colgados los pellejos de las zorras sus parientes, que demoliuntur vineas[4], porque, yendo allí la Orden de los predicadores, a quien la Sancta Inquisiçión fue dada, lo primero que hizieran fuera desenterrar los huessos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar vn sastre en este pago de tierra virgen sobre las sepulturas de sus antepassados.

EL CASO DE FRAY LUIS DE LEÓN 
El 14 de julio de 1573 declara contra el poeta agustino Fray Luis Ponce de León Valera, ante la Inquisición el padre Agustín de León de 32 años natural de Marchena, Sevilla, abad de San Saturnino de Medina del Campo, profesor del monasterio de la Retuerta, maestro de arte y Teología.
El escritor converso Fray Luis de Leon se llamaba Fray Luis Ponce de León Valera, era de Belmonte,  hijo de Inés Varela y Lope Ponce de León, letrado de Corte, ambas ramas de conversos y la mayor parte de su vida vivieron entre Granada y Sevilla, sobrino de Francisco Ponce de Leon catedrático en Salamanca. La pedanía granadina de Puerto Lope que fue propiedad de la familia Ponce de León fue comprada por Lope de León, padre del poeta para fundar su propio mayorazgo, en 1559.
La familia del poeta sirvió en Belmonte a Juan Pacheco Marqués de Villena, y su hermano el Conde de Ureña Juan Tellez Girón, que funda la casa de los futuros Duques de Osuna.
Miguel hermano de fray Luis, fue concejal en Granada y procurador de la ciudad en las Cortes de Castilla de 1563 y en las de Córdoba en 1570. Su hermano Cristóbal, fue procurador de Granada en las mismas Cortes De Córdoba.
Agustin de León, fraile de Marchena relató ante la Inquisición que tres años antes siendo estudiante de Salamanca esperó a Fray Luis de León a la salida de su aula y una vez estuvieron solos le preguntó al poeta si era verdad que la Vulgata contiene muchos pasajes mal traducidos. Luis respondió que sí y que no es una opinión totalmente contraria a la doctrina del Concilio de Trento.
Fray Luis de León contravino las normas de la iglesia atreviéndose a traducir la biblia directamente del hebreo, siguiendo la enseñanza de la escuela humanista de Salamanca y Alcalá de Henares por lo que pasó cinco años en la cárcel antes de ser declarado inocente.
Los Inquisidores de Granada escribieron «La prisión de Fray Luis de León, que se hizo en Salamanca por el Santo Officio de Valladolid, ouiese sido por apartarse de la interpretación de la edición Vulgata aprouada por el Concilio de Trento y por seguir interpretaciones de Rabinos que judayzan. 

El fraile de Marchena que delató a Fray Luis de León ante la Inquisición

LA CONJURA DE SEVILLA 

Los cargos póblicos y la riqueza de los Ponce de León, segunda mayor fortuna de Sevilla, tras los Guzmán, les hizo ser protagonistas de los más importantes hechos de su tiempo, y si Pedro Ponce de León Señor de Marchena, que funda Paradas, repuebla Chipiona y compra Los Palacios era Alguacil Mayor de la ciudad durante el pogrom de 1390, en un contexto de epidemias de peste y luchas nobiliarias sevillanas en la que los conversos serían protegidos de forma preferente por los Guzmán. Ferrán Martínez, Arcediano de Ecija que lanzó a las masas a destruir juderías de media España, ocupó el cargo de albacea testamenterio del Señor de Marchena en su lecho de muerte. 

Los conversos volvieron a pedir protección a las dos mayores casas nobiliarias de la ciudad Ponces y Guzmanes tras la llegada de la Inquisición a Sevilla en 1480, que acusa a una serie de miembros conversos del Cabildo municipal de conjurarse contra la Inquisición. 

La relación entre los miembros de la conjura de Sevilla en 1480 y los Ponce de León, Duques de Arcos, se menciona en el documento «Sevilla 1480: ¿una conjura conversa contra la Inquisición?» de Isabel Montes Romero-Camacho. Pedro Fernández Benadeva, uno de los conjurados, que fue elprimero en arder tenía relaciones familiares con diversas ramas de las dos grandes familias de la alta nobleza sevillana, los Guzmanes y los Ponce de León y su familia huyó a Marchena. Otro de los conjurados el veinticuatro Pedro de Jaén, 1471. estuvo casado con doña Inés Ponce de León, hija de Pedro de Pineda, otra de las familias que controlaban Sevilla para los Ponce. 

LA INQUISICIÓN ADVIERTE A RODRIGO PONCE DE LEÓN
En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombran a los dos primeros inquisidores, españoles por Bula de Sixto IV (1 de Nov de 1478) los dominicos Miguel de Morillo, luego primer Inquisidor General y Juan de San Martín que en Noviembre se instalan en el cstillo de San Jorge, Triana.
A finales de 1480 las hogueras de la Inquisción española comienzan a arder por vez primera en España, en la ciudad de Sevilla y poco despuésm el 2 de Enero de 1481 los dominicos inquisidores Miguel de Morillo y Juan de San Martín ordenan a Rodrigo Ponce de León Señor de Marchena que no acogiera en Marchena ni ninguna de sus otras villas a los judios conversos fugitivos bajo pena de excomunión, confiscarle dignidades y oficios, privación de señoríos y vasallajes «por amparador é incubridor de herejes» ejecutando penas civiles y criminales si en el futuro se repetía dicho hecho.
Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios en sus “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”cuenta que «salieron de la cibdad muchas gentes de ellos; (judíos) especialmente, a la tierra del marqués de Cádiz. Vinieron más de ocho mil almas a Mairena e Marchena e los Palacios, e los mandó acoger e facer mucha honrra”. Es decir los judios abandonaron las tierras del Rey por tierras ducales donde el Duque ejercia la justicia independiente del Rey. Preciasamente por les advirtió la Inquisición. 
Entre los huídos de Sevilla a Marchena figuraba Isabel Suárez, la mujer del quemado Benadeva y los Susán se repartieron por diversos señoríos: Juan Gómez de Susán y Pedro de Susán se retiraron a Marchena. Pero la mayoria de conversos de Sevilla huyeron a Sanlúcar de Barrameda. 
LOS AMIGOS CONVERSOS DE RODRIGO PONCE DE LEÓN
MARCHENA
 El criado y el contador del Duque, aparecen en el listado de conversos reconciliados en Marchena por la Inquisición en 1496 además de dos alcaldes de Marchena y Carmona además de un grupo de sastres y auxiliares. Ruí García reconciliado, criado del Marqués de Cádiz ya difunto, vecino de Marchena, pagó 5000 maravedíes para ser reconciliado. Igualmente se incluyen en ellistado Pedro López Pliego escribano reconciliado vecino de Marchena.
En 1490 el bachiller Luis Sánchez y a Mateo de la Cuadra, vecinos de Sevilla, determinen el destino de los bienes de los criados del duque de Cádiz, que fueron condenados por herejes
Muerto Rodrigo Ponce en 1492, su descendiente Rodrigo  el I Duque de Arcos y su viuda, siguen teniendo pleitos con la justicia Sevillana, por el pago y cobro de rentas de herejes condenados, relacionados con la Casa de  Arcos. 
El primer Duque de Arcos y su tutora Beatriz Pachecho se niegan a entregar el heredamiento, fortaleza, dehesas y tierras que fueron de Pedro Fernández Cansino, veinticuatro de Sevilla condenado por herejía. Está por ver si protegían a la familia o se quedaban ellos con parte de los bienes o las dos cosas. 
En un documento de 1501 el I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, y la tutora Beatriz Pacheco se oponen al cobro de rentas de herejes en el estado de Arcos. El cobro conlleva la identificación de los judeo conversos y su fijación en los listados.
Poco  después los Reyes Católicos  piden a los responsables del Estado de Arcos que no obstaculice la labor de la Inquisición. 
LOS BARRERA, UNA FAMILIA CONVERSA DE MARCHENA
En 1533 Pedro de la Barrera, era secretario del duque de Arcos, procedente de una familia conversa. Sin embargo en una probanza de limpieza de sangre de 1574 se muestran matices al respecto. De la familia de Juana de la Barrera, de Paradas dice un testigo que «ay dos linajes de Barreras, los unos cristianos viejos y los otros confessos, e que el linaje de que la dicha Juana de la Barrera procede es de el bv». Otro vecino de Marchena dice que: «son tres linajes de Barrera en esta villa: el uno es de confessos, el otro de moriscos y el otro de christianos viejos», perteneciendo Juana de la Barrera al «buen linaje de los christianos viejos, linaje muy conoscido en esta villa».
Alonso de la Barrera hijo de Pedro de Sevilla, condenado por judío, aparecen en la lista de los reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495 y pagó 2.500 mrs a cambio de seguir viviendo.
Castillo construido por los Ponce de Leon en Cádiz.
TOLEDO
En 1486 Rodrigo Ponce de León ordena desde Marchena que de todos los grupos de esclavos judíos que capturaban con sus barcos en el estrecho «vno dellos, que sea bueno e mançebo, por el mejor preçio que pudiéredes. E lo déys a mi pariente, espeçial amigo, señor mosén Diego de Valera». 
Diego de Valera, (1412-1488)  era diplomático del Rey Juan II en varios puntos de Europa y en 1429 doncel del príncipe don Enrique se estableció en El Puerto de Santa María y desde 1477 pertenecía al Consejo de los Reyes Católicos. Escribió una Crónica a los Reyes Católicos. 

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Diego de Valera y Juan Pacheco, suegro de Rodrigo, se conocían desde una edad muy temprana. Ambos coinciden en la corte de Juan II siendo adolescentes, donde prestan asistencia a la corona.
Diego de Valera - Wikipedia, la enciclopedia libre
Obra de Diego de Valera. 
El conocimiento y la disciplina médica que se transmitía de padres a hijos continuó siendo herencia cultural de los judíos, pero al convertirse al cristianismo  Alfonso Chirino, padre de Diego de Valera y  judeo converso toledano, pudo entrar en la Universidad, y llegó a ser médico de Juan II (1406-1454)  profesor de medicina, físico de la corte, alcalde y examinador mayor de los físicos y cirujanos de los reinos de Castilla y señoríos y autor de varias obras de medicina– Espejo de medicina– su Testamento y «Menor daño de la medicina» basado esencialmente en plantas medicinales impreso por primera vez en Toledo en 1505 y reimpreso trece veces en el siglo XVI siendo la última en Sevilla en 1551.
CÁDIZ
Entre los judíos que prestaban servicios a Rodrigo Ponce de León en Cádiz, destacaba la familia Chirino. Durante el mandato del Señor de Marchena comerciantes judíos y genoveses ganan peso específico en el gobierno de la ciudad y  aparecen como prestamistas de los Ponce en Marchena.
Los corsarios y piratas al servicio de Rodrigo Ponce de León fueron muy activos a finales del XV mientras las ciudad de Cádiz fue parte del Estado de Arcos, 1467 – 1493. por ser  la ciudad un importante mercados de esclavos.  Entre ellos estaban Alfonso Chirino, que se dedicaba a comprar esclavos judíos hechos preso en los dominios del Duque de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar. Los Chirino de origen judío tenía presencia en Cádiz antes de 1467, ocupando cargos importantes en la ciudad. 
En 1485 el arrendamiento de las rentas mayores de Cádiz estaba controlado por cinco genoveses (Jácomo Sopranis, Mateo Viña, Tomás Sauli, Juan Vivaldo y Francisco Adorno) por orden directa de Don Rodrigo y un judío Mosé Abén Semerro, prestamista del Duque.
En viernes,  2 de Diciembre de 1485 «vino Alfonso Cheryno» ayudado por Antón Bernal, judeo-converso, «con sus carabelas , que andavan de armada en el Estrecho, y traxo 30 moros dellos feridos y dos moras con dos niños e vna niña, e ocho cabeças de judíos e judías, grandes e pequeños, que son todos 153 cabeças; e çinquenta e çinco madexas de seda». «Y la de Antón Bernal ovo 36 cabeças de moros e moras e judíos e 158 madexas de seda» se lee en las cuentas de Cádiz.
Algunos miembros notables de la familia incluyen a Alfonso Cherino, quien fue criado de Rodrigo Ponce de León y se dedicó a negocios en Andalucía y Toledo. Diego Cherino fue nombrado arcediano de Ronda por Diego Ponce de León. Fernando Cherino tuvo un papel como oficial real encargado del abastecimiento del ejército de los Reyes Católicos en Cádiz, y Cristóbal Cherino fue enviado a la corte para tratar asuntos comerciales con Berbería​.
De toda esta venta el Señor de Marchena se quedaba con una parte y entregaba otra parte a sus capitanes.
PEDRO FERNÁNDEZ CABRÓN TRANSPORTÓ JUDIOS AL NORTE DE AFRICA TRAS LA EXPULSIÓN
Cuando los judios expulsados en 1492 llegaban a Cadiz buscando cruzar el estrecho Pedro Cabrón se hizo famoso por su crueldad ya que les prometió que llevaría en su flota hasta Orán con todas sus riquezas pero los dejó abandonados a su suerte en Málaga y Cartagena, y les robo  las riquezas.
Pedro Hernández Cabrón comerciante, regidor de la ciudad, pirata y guerrero gaditano prestaba servicios a Rodrigo Ponce, comocrear una armada en Abril de 1486 «para ir a Salé (Marruecos), para mercar productos prohibidos por el Rey como pólvora y cáñamo».
En 1473 Cabrón, con Juan Sánchez de Cádiz, Alcalde del Castillo de Rota y Juan Suazo, Alcaide de la Isla de León, atacó la flota de los Guzmanes, castigado y perdonado cinco años después participa en la conquista de Canarias, junto a Pedro de Vera, mano derecha de Rodrigo Ponce. A partir de ahí empiezan a llegar esclavos guanches a Marchena y resto de Andaluccía.
UTRERA
La ausencia de descendencia legítima, obligó a la Casa de Arcos a casarse con la aristocracia judeoconversa como Beatriz Ponce de León que casa con el converso Pedro de Pineda, familia de confianza de los Ponce que controlaban para ellos la ciudad de Sevilla y sus nietos D. Juan y D. Rodrigo casan con hijas de otro converso Antonio González de Almonte y uno de sus biznietos, D. Juan Ponce de León, casa con los Portocarrero también conversos.

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Historia

De Ceuta a Marchena: 30.000 reales, un médico militar y una historia olvidada

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En 1818 un oficial de la guarnición de Ceuta llegó hasta Marchena para reclamar ayuda económica destinada a sostener una plaza militar exhausta. Apenas dos años después, un cirujano formado en Ceuta era elegido médico titular de la villa. Los documentos municipales permiten reconstruir un pequeño puente histórico entre el Estrecho y la campiña sevillana.

En 1818 no había tren entre Sevilla y Marchena, ni carretera como hoy la entendemos, ni mucho menos una línea directa que uniera la campiña con Ceuta. Sin embargo, un día apareció ante las autoridades marcheneras un hombre que venía de aquella ciudad al otro lado del Estrecho. Se llamaba Josef Denis y no traía buenas noticias.

Era oficial relacionado con la administración de las tropas de Ceuta y llevaba consigo una orden de la Intendencia General de la Provincia. La misión que lo había conducido hasta Marchena se resumía en una cifra difícil de digerir para cualquier ayuntamiento de comienzos del siglo XIX: 30.000 reales.

La historia aparece recogida por José Alcaide Villalobos en Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo, obra editada por el Ayuntamiento de Marchena y construida a partir de la documentación histórica municipal. El capítulo dedicado a 1818 contiene incluso un apartado inequívoco: «La guarnición de Ceuta solicita ayuda económica».

Aquella petición convierte a Ceuta y Marchena en protagonistas de una misma escena histórica. Una plaza fortificada situada frente a Marruecos necesitaba dinero. Una villa agrícola de la campiña sevillana debía proporcionárselo. Y entre ambas viajaba un funcionario con una carta en la cartera.

«Grandes apuros» en Ceuta

El documento, tal como lo reproduce Alcaide, explica que las fuerzas militares y los empleados de Ceuta se encontraban en «tan grandes apuros y triste situación» que sus mandos habían enviado a los oficiales Josef Denis y Francisco Noguerol hasta la Intendencia de Sevilla para solicitar auxilio.

El problema era que la propia Tesorería del Ejército de Sevilla tampoco disponía de fondos suficientes.

La solución administrativa consistió en trasladar parte de aquella necesidad a los municipios. A Marchena le correspondieron esos 30.000 reales como contribución extraordinaria de guerra. El dinero debía ser entregado al comisionado Josef Denis para ayudar al sostenimiento de Ceuta.

La respuesta marchenera fue mucho menos épica y bastante más comprensible: el Ayuntamiento declaró que no podía pagar aquella cantidad.

No cuesta imaginar la escena. Denis atravesando caminos andaluces con una orden que hablaba de soldados, empleados, tesorerías vacías y urgencias militares; y, al final del viaje, los regidores de Marchena explicándole que por allí tampoco sobraban precisamente los reales.

No era una excusa improvisada.

Las investigaciones de Alcaide muestran una Marchena sometida durante aquellos años a continuas demandas fiscales, atrasos, suministros militares y contribuciones. En 1817, por ejemplo, al municipio todavía se le reclamaban 63.600 reales relacionados con el acopio de sal que se arrastraban desde 1810.

La Guerra de la Independencia había terminado en 1814, pero sus facturas seguían llegando.

¿Por qué era tan importante Ceuta?

La frase utilizada en la comunicación enviada a Marchena resulta reveladora: había que conseguir recursos para mantener «una plaza tan interesante al Rey nuestro Señor».

Durante siglos, Ceuta había sido fundamental para el control del Estrecho y para la política defensiva española en el norte de África. Los estudios históricos sobre sus fortificaciones destacan precisamente el enorme valor político y militar de aquella plaza, todavía más acusado después de que Gibraltar pasara a manos británicas a comienzos del siglo XVIII. El sostenimiento de Ceuta exigía tropas, fortificaciones, hospitales, suministros y una compleja administración militar.

La historiografía sobre la ciudad describe además el siglo XIX como el periodo durante el cual Ceuta fue transformándose lentamente de presidio y plaza fuerte cerrada en una ciudad cada vez más abierta, portuaria y mercantil. En 1818, sin embargo, aquella evolución apenas comenzaba: su condición militar seguía dominando la vida urbana.

Precisamente por eso resulta significativa la orden llegada a Marchena. Mantener Ceuta no era considerado un asunto exclusivamente ceutí. El coste de aquella frontera podía terminar repercutiendo sobre pueblos situados a cientos de kilómetros del Estrecho.

Y uno de ellos fue Marchena.

Ese mismo año Marchena también miraba hacia África

Hay otro detalle que da a 1818 un extraño aire de actualidad. Justo antes de relatar la petición económica de Ceuta, la documentación estudiada por Alcaide recoge la alarma provocada por una epidemia de peste en Tánger.

Llegaron comunicaciones a Marchena avisando de la expansión de la enfermedad por el norte de África. Se hablaba de Tánger y Fez y del peligro de contagio para Tarifa. La Junta de Sanidad Marchenera llegó a plantear medidas preventivas y patrullas de vigilancia.

Durante unos meses, por tanto, África dejó de ser algo lejano para los habitantes de una villa situada en plena campiña sevillana. Primero llegó una amenaza invisible desde Tánger: la enfermedad. Después apareció un funcionario procedente de Ceuta: la crisis económica de la guarnición. El Estrecho estaba bastante más cerca de Marchena de lo que sugieren los kilómetros del mapa.

Y después llegó Ramón Díaz

Pero existe una segunda conexión Ceuta-Marchena todavía más humana.

Dos años después de aquella petición de dinero, el Ayuntamiento marchenero necesitaba cubrir la plaza de médico-cirujano titular.

Había tres aspirantes. Uno de ellos se llamaba Ramón Díaz. Su solicitud tenía una particularidad: procedía de Ceuta. Según la documentación recopilada por Alcaide, Díaz ejercía como médico militar vinculado al Regimiento de Infantería de Irlanda, de guarnición en Ceuta, y trabajaba también en el hospital militar de la plaza y en el hospital de mujeres.

El 14 de junio de 1820, después de examinar los méritos de los candidatos, el cabildo de Marchena decidió nombrarlo cirujano titular de la villa. La conexión ya no consistía en una carta, una contribución o una necesidad militar. Ahora era una persona.

Un ceutí que echó raíces en Marchena

La biografía de Ramón Díaz puede reconstruirse con bastante mayor precisión gracias al estudio de Ramón Ramos Alfonso sobre la escritora Antonia Díaz, publicado dentro de las Jornadas sobre Historia de Marchena.

Ramón Díaz y Giráldez había nacido en Ceuta el 11 de abril de 1792. Se formó en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de Cádiz y fue revalidado como cirujano en diciembre de 1815. Ese mismo estudio señala que fue nombrado cirujano del Segundo Batallón Fijo de Ceuta y que trabajó también en el Real Hospital de la ciudad.

Aquí encontramos una pequeña cuestión todavía abierta para la investigación: Alcaide lo vincula en 1820 al Regimiento de Irlanda, mientras Ramos documenta su anterior nombramiento en el Segundo Batallón Fijo de Ceuta. Las dos fuentes coinciden en lo esencial —su actividad médica y militar en Ceuta—, pero con los datos disponibles no conviene asegurar si se trató de destinos sucesivos sin consultar su expediente militar.

El dato resulta especialmente interesante porque el Archivo Histórico Nacional conserva documentación sobre los regimientos irlandeses al servicio de la Monarquía española. PARES recuerda que existieron tres grandes unidades de tradición irlandesa —Irlanda, Hibernia y Ultonia— y que el Regimiento de Irlanda estuvo activo hasta 1818, circunstancia que aconseja estudiar con detalle las fechas concretas del expediente de Díaz.

Ahí queda una pequeña puerta entreabierta para otro día de archivo.

De médico de Ceuta a médico de los marcheneros

Lo cierto es que Ramón Díaz terminó integrándose en la vida de Marchena. En 1821 se casó en la parroquia de San Sebastián con María de los Dolores Fernández Vázquez, natural de la localidad.

Y pocos años después nació una niña en la calle San Pedro que terminaría ocupando su propio espacio en la historia cultural andaluza. Era Antonia Díaz Fernández, nacida en Marchena el 31 de octubre de 1827, futura poeta y escritora del siglo XIX. La Real Academia de la Historia la incluye hoy en su repertorio biográfico y confirma que era hija de Ramón Díaz y Giráldez y María de los Dolores Fernández.

Así que uno de los vínculos más curiosos entre Ceuta y Marchena terminó escribiéndose, literalmente, en versos. Un cirujano ceutí llegó desde el mundo militar del Estrecho a la campiña sevillana, formó allí una familia y fue padre de una de las escritoras marcheneras más destacadas del XIX.

También dejó su huella en la salud pública

Ramón Díaz no fue únicamente un nombre en la nómina municipal.

Durante sus años en Marchena aparece interviniendo en problemas sanitarios de la localidad. En una crisis epidémica posterior fue encargado de coordinar el trabajo de los facultativos en el interior de la población.

Incluso encontramos su nombre relacionado con un asunto que puede parecer menor pero habla de la medicina del momento: las aguas medicinales de Marchena.

Una investigación académica de la Universidad de Sevilla recuerda que Pascual Madoz atribuyó a Ramón Díaz un análisis realizado en 1831 de las aguas de los antiguos baños marcheneros, consideradas entonces útiles para determinadas dolencias.

El médico llegado desde Ceuta terminó, por tanto, examinando hasta las aguas que brotaban del subsuelo de Marchena.

Saber más

La principal fuente marchenera es Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo, de José Alcaide Villalobos, editado por el Ayuntamiento de Marchena. La obra recoge la petición de 30.000 reales realizada en 1818 para la guarnición de Ceuta y el nombramiento posterior de Ramón Díaz. El autor documenta entre sus fuentes los Libros de Actas Capitulares del Archivo Municipal de Marchena, con la signatura 22 para 1815-1818 y la 23 para 1819-1825, además de registros de órdenes y correspondencia municipal.

Marchena siglo XIX: Absolutismo versus Constitucionalismo — Biblioteca Pública Municipal de Marchena

Para la biografía del médico ceutí resulta fundamental el trabajo de Ramón Ramos Alfonso, “Mujer y creatividad en la segunda mitad del siglo XIX. La poetisa Antonia Díaz”, publicado en las Jornadas sobre Historia de Marchena y conservado por la Biblioteca Pública Municipal.

Estudio de Ramón Ramos Alfonso sobre Antonia Díaz y la familia Díaz Giráldez

Para contextualizar el papel histórico de Ceuta como plaza fuerte puede consultarse el trabajo de Juan Aranda Doncel, publicado en Aldaba, revista académica del Centro Asociado de la UNED, sobre el sostenimiento de la plaza ceutí y su valor estratégico.

Finalmente, PARES, Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura, conserva información y documentación sobre los regimientos irlandeses que sirvieron en el Ejército español, una línea especialmente interesante para comprobar el expediente militar de Ramón Díaz.

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Actualidad

La gran alberca que dio vida al Palacio Ducal de Marchena sobrevive entre maleza, agua estancada y escombros

La gran alberca de El Parque, vinculada al sistema hidráulico del antiguo alcázar islámico y después a las huertas del Palacio Ducal, sobrevive hoy entre agua estancada, maleza y escombros.

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La investigación arqueológica relaciona este depósito con la infraestructura hidráulica del antiguo alcázar islámico. Tras abastecer durante siglos al recinto palaciego y sus huertas, perdió su función y quedó relegado a un rincón casi olvidado de El Parque.

A los pies de la antigua alcazaba de Marchena permanece una enorme alberca que todavía retiene el agua, aunque ya no alimenta jardines ni conduce su caudal hacia las dependencias de un palacio. En su superficie oscura se reflejan ahora árboles secos, muros descarnados y una vegetación que avanza sin orden. Entre las ramas caídas aparecen restos de obra y desperdicios. Es la imagen actual de una infraestructura histórica que, durante siglos, formó parte del sistema que hizo habitable uno de los conjuntos palaciegos más importantes de la Andalucía señorial.

 

Su historia debe entenderse dentro del recinto fortificado de la Mota, donde se levantó el alcázar de la Marchena andalusí y, después de la conquista cristiana, el castillo y Palacio Ducal de los Ponce de León.

La intervención arqueológica desarrollada en el Palacio Ducal en 2003 por los arqueólogos Rocío López Serena y Manuel Vera Reina localizó una ocupación continuada del lugar desde época almohade hasta la Edad Contemporánea. El estudio describe el alcázar musulmán como un espacio dotado de una importante infraestructura hidráulica, con dos grandes aljibes, posibles baños o depósitos, conducciones subterráneas y la gran alberca de El Parque, capaz de mantener una considerable reserva de agua.

Este dato permite relacionar la alberca con la organización hidráulica del alcázar islámico. No obstante, conviene mantener la precisión: la investigación publicada estudia el conjunto y su evolución, pero no ofrece una datación individual y definitiva de todos los revestimientos y recrecidos que hoy contemplamos. Una construcción utilizada durante tantos siglos tuvo necesariamente reparaciones, transformaciones y añadidos.

El agua que ascendía hasta la Mota

La ubicación del palacio, sobre la parte más elevada y mejor defendida de Marchena, convertía el abastecimiento de agua en una necesidad esencial. Aljibes, depósitos, canales y albercas no eran elementos decorativos: garantizaban el consumo cotidiano, el mantenimiento de los animales, el riego de los árboles y la supervivencia de las huertas.

Juan de Morales y Sastre dejó escrito en su Descripción topográfica de Marchena, redactada hacia 1826, que existía un pozo denominado de la Mina, elevado precisamente para poder dar salida a sus aguas hacia distintos puntos. La obra moderna que reproduce su información señala que esas aguas abastecían al antiguo colegio de la Compañía de Jesús, El Parque y el Palacio, y que desde 1775 también se llevaron al convento de Capuchinos. La referencia bibliográfica remite al manuscrito de Morales y Sastre conservado en la Biblioteca del Instituto de Historia del CSIC.

La antigua infraestructura hidráulica no perdió entonces su utilidad. El agua siguió siendo el corazón silencioso del recinto. La alberca almacenaba una reserva desde la que podía atenderse el espacio productivo situado en El Parque: una zona de huertas, árboles frutales y terrenos vinculados al abastecimiento del palacio.

Donde hoy vemos tierra seca, vegetación descontrolada y restos quemados debió existir un paisaje trabajado diariamente. El agua pasaba de un depósito a otro, recorría canales y regaba las parcelas. Hortelanos, criados y trabajadores cuidaban una tierra que era al mismo tiempo despensa, jardín y espacio de representación del poder ducal.

Una medición de El Parque realizada en 1777 por Ignacio de Rueda describe una finca de unas 26 fanegas y hace referencia a terrenos reservados para producir forraje destinado a “las mulas de la Mina”, desde donde se conducía el agua al Palacio Ducal por las rampas de la muralla de la barbacana. El documento también menciona arroyos en la parte alta del Parque. Además, se conservan restos de una muralla que rodeaba el recinto del parque y que protegía la fuente de agua. 

En El Parque se conserva además noticia de un pozo de noria, junto a la zona de Los Barreros. Testimonios contemporáneos señalan que mantiene agua incluso durante periodos secos, aunque esto último procede de observación y tradición oral y no de un estudio hidrogeológico publicado.

Del esplendor al desmantelamiento

La desaparición del Palacio Ducal no se produjo de una sola vez. Fue un proceso lento, especialmente intenso durante el siglo XIX y los primeros años del XX. La ausencia de la casa ducal, la pérdida de uso del edificio, las dificultades económicas y la venta o reutilización de sus materiales fueron descomponiendo el conjunto.

El depósito no desapareció físicamente, pero sí perdió su función. Sin huerta que regar y sin palacio que abastecer, quedó convertido en una enorme cavidad sin uso. La naturaleza empezó a ocupar sus bordes, los revestimientos se degradaron y el espacio fue alejándose de la vida cotidiana de Marchena.

Cuando los arqueólogos publicaron los resultados de la intervención de 2003 todavía destacaron que la gran alberca de El Parque había permanecido en pie. Más de dos décadas después, las fotografías tomadas el 27 de agosto de 2026 muestran que sigue existiendo, pero también revelan su preocupante estado: agua estancada, ramas, escombros, basura, pérdida de revestimientos, vegetación adherida a los paramentos y un entorno castigado por la falta de mantenimiento.

Un patrimonio que todavía puede recuperarse

La alberca es uno de los pocos elementos que permiten explicar de manera visible cómo funcionaba el territorio situado alrededor del desaparecido Palacio Ducal. Su interés no reside únicamente en su antigüedad, sino en la historia que conecta: la ingeniería hidráulica andalusí, el alcázar medieval, la transformación cristiana del recinto, las huertas ducales y la posterior desaparición del palacio.

Antes de plantear cualquier intervención sería necesario realizar un estudio arqueológico y constructivo específico que diferenciara sus distintas fases, documentara los revestimientos, investigara las entradas y salidas de agua y determinara qué partes pueden proceder del periodo andalusí y cuáles corresponden a reformas posteriores.

Limpiar no significa borrar sus huellas. Recuperar la alberca debería implicar documentarla, consolidar sus muros, retirar los residuos bajo control técnico, garantizar la seguridad y hacer comprensible su historia mediante un proyecto de interpretación patrimonial.

Marchena no conserva intacto su antiguo palacio, pero aún mantiene fragmentos capaces de devolverle una parte de su memoria. La gran alberca de El Parque es uno de ellos. Durante siglos guardó el agua que sostenía la vida al pie de la Mota. Hoy guarda otra cosa: el reflejo de un patrimonio que continúa esperando ser reconocido, estudiado y protegido.

Fuentes consultadas

Nota de rigor histórico: la adscripción de la alberca al sistema hidráulico del alcázar islámico se apoya en el estudio arqueológico publicado por la Junta de Andalucía. La datación exacta de todos los muros, revestimientos y reformas actualmente visibles requeriría una investigación arqueológica específica.

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Actualidad

Gilena revive la Odisea con 140 recreadores de once países: programa completo de Castra Legionis

Programa completo de Castra Legionis 2026 en Gilena: todas las actividades del 4 al 6 de septiembre con horas, lugares, entradas y propuestas infantiles.

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Castra Legionis 2026 en Gilena, Festival Internacional de Historia Viva dedicado a la Odisea

Gilena se convertirá del viernes 4 al domingo 6 de septiembre en un gran escenario de la Antigüedad. La novena edición de Castra Legionis reunirá alrededor de 140 recreadores de once países en la Colección Museográfica y el Arqueódromo Campo de Marte. Esta guía ordena el programa oficial completo para saber qué ver, a qué hora y en qué espacio.

“Odisea. Un relato mediterráneo” es el título de una edición que llevará al público desde la guerra de Troya hasta el regreso a Ítaca. Penélope, Aquiles, Héctor, Circe, las sirenas, Polifemo y el Caballo de Troya aparecerán en recreaciones históricas y mitológicas, conciertos, conferencias y propuestas infantiles.

El viernes 4 será de acceso gratuito. Para entrar en el complejo durante el sábado 5 y el domingo 6 será necesario adquirir entrada. La mayor parte de las actividades se reparte entre el Arqueódromo Campo de Marte, el Teatro Griego, el Aula Didáctica y otros espacios interiores de la Colección Museográfica de Gilena.

Viernes 4 de septiembre: inauguración, Troya y la llegada del Caballo

19:00 · Acto inaugural — 15 minutos. Intervienen el Ayuntamiento de Gilena, la Colección Museográfica, Legio I Vernácula-Arganthoniou Tauroi y la Asociación Amigos del Museo Yilyana. Aula Didáctica.

19:30 · La guerra de Troya: entre el mito y la historia — 45 minutos. Conferencia inaugural de José Antonio Antón Valero, catedrático de Historia. Aula Didáctica.

20:30 · Penélope, acto I — 15 minutos. Poema homérico interpretado por Athena Promakhos. Arqueódromo Campo de Marte.

21:00 · Nadie o el lamento del cíclope — 30 minutos. Monólogo histórico con Protectores Domini Nostri, Arganthoniou Tauroi y Magister Fabularum. Teatro Griego.

21:45 · El arco de Odiseo: entre la mitología heroica y la historicidad — 30 minutos. Charla recreada de Protectores Domini Nostri, Ruva Leu y Ves Gentes. Arqueódromo Campo de Marte.

22:30 · La antigua lira griega de Apolo: de la Antigüedad a la modernidad — 45 minutos. Concierto y explicación de Lina Palera. Teatro Griego.

23:30 · Nausícaa y los feacios — 45 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

00:30 · “Temo a los griegos incluso cuando ofrecen regalos…” — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Arganthoniou Tauroi, con el Caballo de Troya como gran protagonista. Arqueódromo Campo de Marte.

Sábado 5 de septiembre: Aquiles, Patroclo, oráculos, hoplitas y sirenas

9:30 · Agón homérico y agón panhelénico — 45 minutos. Charla contextualizadora de Lucius Spiculus. Aula Didáctica.

10:30 · Penélope, acto II — 15 minutos. Poema homérico de Athena Promakhos. Arqueódromo Campo de Marte.

11:00 · Muerte de Patroclo — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

11:45 · Siglo XV a. C.: los guerreros tempranos de Micenas — 30 minutos. Recreación histórica de Glykys Oneiros. Arqueódromo Campo de Marte.

12:30 · Ostracismo — 30 minutos. Recreación histórica de Arganthoniou Tauroi. Arqueódromo Campo de Marte.

13:15 · Duelo de Héctor y Aquiles — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

14:00 · Aquiles y Odiseo: la ferocidad y el engaño — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica con Protectores Domini Nostri, Ruva Leu y Ves Gentes. Arqueódromo Campo de Marte.

16:00 · Siglos XIV-XIII a. C.: honderos, jabalineros, arqueros y la nueva infantería — 30 minutos. Recreación histórica de Glykys Oneiros. Arqueódromo Campo de Marte.

16:45 · Invocación a los muertos — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

17:30 · Rituales de comensalidad: una expresión de poder — 30 minutos. Recreación histórica. Teatro Griego.

18:15 · Canto VIII: competición atlética — 30 minutos. Recreación histórico-deportiva de Lucius Spiculus. Arqueódromo Campo de Marte.

19:00 · Oráculos — 30 minutos. Recreación histórica de Athena Promakhos. Arqueódromo Campo de Marte.

19:45 · El ciclo hoplita — 30 minutos. Recreación histórica de The Greek Phalanx. Arqueódromo Campo de Marte.

20:30 · El combate ritual — 45 minutos. Charla contextualizadora de Lucius Spiculus. Aula Didáctica.

20:30 · Del monte Olimpo a Gilena: el eco de la antigua lira griega — 45 minutos. Concierto y explicación de Lina Palera. Teatro Griego.

21:30 · Caballo de Troya — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri, Ruva Leu, Ves Gentes y Arganthoniou Tauroi. Arqueódromo Campo de Marte.

22:15 · Simposio — 30 minutos. Recreación histórica de Athena Promakhos. Teatro Griego.

23:00 · Un funeral homérico en la Creta de la Edad del Hierro — 30 minutos. Recreación histórica de The Plataeans, Enyalios y The Greek Phalanx. Arqueódromo Campo de Marte.

23:45 · Épicas del cine histórico — 30 minutos. Concierto de la Agrupación Musical de Gilena. Teatro Griego.

00:30 · Las sirenas — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri, Ruva Leu, Ves Gentes y Arganthoniou Tauroi. Arqueódromo Campo de Marte.

Domingo 6 de septiembre: Circe, regreso a Ítaca y clausura

8:30 · De cuando Asclepio hacía guardias y Quirón era solo un centauro — 45 minutos. Conferencia de Andrés María López Pardo, psiquiatra de la Unidad de Gestión Clínica de Osuna, y Nadie, técnico de Faisem. Aula Didáctica.

9:30 · Las armas de los héroes — 30 minutos. Charla recreada de Protectores Domini Nostri, Ruva Leu y Ves Gentes. Aula Didáctica.

10:15 · La hechicera Circe — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

11:00 · Piratería en el Egeo, siglo XI a. C. — 30 minutos. Recreación histórica de Glykys Oneiros. Arqueódromo Campo de Marte.

11:45 · Rituales litúrgicos orientales: la mujer y el sacerdocio — 30 minutos. Recreación histórica de Tanit. Teatro Griego.

12:30 · Regreso a Ítaca y juicio del arco — 30 minutos. Recreación histórico-mitológica de Protectores Domini Nostri y Ruva Leu. Arqueódromo Campo de Marte.

13:15 · Penélope, acto III — 15 minutos. Poema homérico de Athena Promakhos. Arqueódromo Campo de Marte.

13:45 · Batalla y trofeo — 30 minutos. Recreación histórica con todos los grupos participantes. Arqueódromo Campo de Marte.

14:30 · El canto maldito — 30 minutos. Teatralización histórica y acto de clausura, a cargo de Arganthoniou Tauroi y Magister Fabularum. Arqueódromo Campo de Marte.

Programa infantil

Un caballo en Troya, cuento teatralizado y diorama con Playmobil de Magister Fabularum. Sábado 5 a las 11:00 y domingo 6 a las 11:00, con una duración de 20 minutos. Biblioteca especializada de la Colección Museográfica.

Bajo el vuelo de las sirenas, cuento teatralizado y diorama con Playmobil. Sábado 5 a las 13:30 y domingo 6 a las 13:00, con una duración de 20 minutos. Biblioteca especializada.

La terrible mirada de Medusa, cuento teatralizado de Magister Fabularum. Sábado 5 a las 17:00 y a las 20:00, con una duración de 20 minutos. Sala de Exposiciones Temporales.

Exposiciones y espacios abiertos durante el festival

Del 4 al 6 de septiembre podrá visitarse “Echoes. La imagen de antiguos guerreros”, exposición fotográfica de Rachele Lori en la Sala de Exposiciones Temporales.

El Peristilo acogerá “En marcha al pasado”, muestra colectiva con obras de La Casa del Recreador, Ana María Visús Jarné, Christian M. Kempin, Cristóbal Rus, Diego Casillas Torres, Francisco Javier Tamargo Santisteban, Inés Navarro, Juan Manuel Amante Vega, Manuel Iglesias, Patricia Jiménez Sánchez y Valentín Gómez “Valischka”.

Durante el sábado y el domingo funcionarán también puestos especializados de La Casa del Recreador, Sexto Mario, Tematika, Vidrio Fenicio-Púnico, Arqueogastronomía, Librería Acuario, Wissot3Design Artes Gráficas y Rudis Artis. Estarán situados en el Peristilo durante los horarios de las recreaciones.

Entradas: viernes gratuito y tarifas del fin de semana

Viernes 4: acceso gratuito.

No residentes en Gilena: adultos desde 15 años, 15 euros el bono de sábado y domingo y 8 euros la entrada de un día. Niños de 6 a 14 años, 11 euros el bono y 6 euros un día. Menores de seis años, entrada gratuita.

Residentes en Gilena: adultos, 9 euros el bono y 5 euros un día. Niños de 6 a 14 años, 5 euros el bono y 3 euros un día. Menores de seis años, entrada gratuita.

Las entradas se venden en la Colección Museográfica durante su horario de apertura, en la Biblioteca Municipal de Gilena y en Cafetería-Pub Mesalina. La organización recomienda comprobar la disponibilidad antes del desplazamiento.

Dónde se celebra y dónde consultar el programa oficial

Castra Legionis se desarrolla en el complejo de la Colección Museográfica de Gilena y el Arqueódromo Campo de Marte. El programa íntegro puede descargarse desde la agenda oficial de la Colección Museográfica. La Diputación de Sevilla confirma que participarán recreadores de Grecia, Italia, Suiza, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Austria, Luxemburgo, Estados Unidos, Canadá y España.

La organización corre a cargo del Ayuntamiento de Gilena, sus áreas de Cultura, Patrimonio, Turismo y Educación, la Colección Museográfica y el voluntariado local, con financiación de la Diputación de Sevilla y la colaboración de Legio I Vernácula y la Asociación Amigos del Museo Yilyana.

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Historia

Las puertas que todavía pueden contarnos la ciudad andalusí

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La arqueología permite reconstruir cómo se entraba, se salía y se defendía la Marchena almohade del siglo XIII

Imagina que llegas a Marchena hace unos ochocientos años. No hay carretera, semáforo ni una avenida que anuncie la entrada al pueblo. Delante de ti se levanta una línea de tapial, torres cuadradas y almenas. El campo termina allí. Al otro lado comienza la medina.

Pero entrar no consiste simplemente en atravesar un arco.

La puerta es una frontera de piedra y tierra apisonada: obliga a reducir el paso, cambiar de dirección y penetrar por un espacio vigilado desde arriba. Hombres, animales y mercancías pasan por un cuello de botella que puede cerrarse cuando sea necesario. En caso de guerra, ese mismo lugar cotidiano se transforma en una trampa defensiva.

Así debieron funcionar las puertas de la Marchena andalusí durante su última gran etapa islámica, la almohade.

Y hoy podemos explicarlo con bastante seguridad porque la muralla ha sido excavada y estudiada mediante arqueología de la arquitectura.

Una muralla construida por los almohades

La primera cuestión importante es cronológica. La cerca medieval de Marchena que conocemos no debe imaginarse simplemente como una construcción de origen incierto que fue creciendo durante siglos.

Las excavaciones realizadas en la calle Carrera nº 35 permitieron fechar el lienzo primitivo de la muralla en época almohade avanzada, durante la primera mitad del siglo XIII. Posteriormente, el análisis estratigráfico dirigido por Tania Bellido Márquez llegó a una conclusión todavía más precisa: el gran sistema defensivo comenzó a levantarse durante el primer cuarto del siglo XIII.

La muralla estaba construida fundamentalmente mediante cajones de tapial, una técnica característica de muchas fortificaciones andalusíes: tierra, cal y otros materiales se compactaban entre tableros hasta formar gruesos muros. El recinto principal tenía aproximadamente dos kilómetros de perímetro y estaba reforzado mediante torres cuadrangulares.

Marchena era, por tanto, una auténtica ciudad fortificada de la Campiña.

Dentro de aquel sistema había una organización jerárquica del espacio. No existía solamente una muralla alrededor de las viviendas. La investigación distingue el recinto de la medina, el de la alcazaba, situado en la zona elevada de La Mota, y un recinto secundario conocido posteriormente como el Parque. La alcazaba disponía de una fortificación propia y más potente porque era el centro político y militar del asentamiento.

En otras palabras: dentro de la ciudad protegida había otra ciudad todavía más protegida.

Las puertas eran los nudos de la ciudad

La muralla separaba físicamente dos mundos. Fuera estaban los caminos, los cultivos, los viajeros y los posibles enemigos. Dentro estaban las viviendas, las calles, los talleres y los espacios de poder.

Las puertas cosían ambos territorios.

El estudio arqueológico indica que los accesos de la medina comunicaban directamente con los caminos que conducían hacia las principales poblaciones del entorno: Sevilla, Morón, Osuna y Écija. No se trataba, por tanto, de nombres elegidos al azar. La puerta señalaba una dirección y prolongaba dentro de la ciudad una ruta territorial.

Una puerta era algo parecido a una estación y un control fronterizo medieval al mismo tiempo.

Por allí podía entrar el campesino, salir un rebaño, llegar un comerciante o aparecer un contingente armado.

Los estudios generales sobre las ciudades hispanomusulmanas recuerdan además que los espacios próximos a las puertas podían convertirse en lugares de intercambio, celebración de mercados o ferias de ganado. Fernando Chueca Goitia destacó precisamente la importancia urbanística adquirida por estos espacios de transición entre campo y medina.

Eso no significa que podamos afirmar que existiera un zoco junto a cada puerta de Marchena. Hasta ahora, los estudios arqueológicos consultados no lo demuestran. Pero el contexto comparativo ayuda a comprender que una puerta medieval tenía muchas más funciones que la estrictamente militar.

Puerta de Morón: una ratonera defensiva perfectamente calculada

Si quieres comprender cómo funcionaba realmente una puerta almohade de Marchena, el ejemplo fundamental es la Puerta de Morón, conocida como Los Cuatro Cantillos.

Aquí la arqueología permite reconstruir algo bastante sofisticado.

El viajero no atravesaba un simple hueco abierto en la muralla. Entraba por un arco de herradura apuntado, enmarcado por un alfiz de cantería. Tras cruzarlo alcanzaba un pequeño espacio cubierto por bóveda. Otro arco conducía después a un patio interior y desde allí era necesario efectuar un giro antes de entrar definitivamente en la medina. Era una puerta en recodo. El sistema elimina la línea recta entre el campo y la ciudad.

Eso era fundamental militarmente. Quien penetraba tenía que reducir la marcha y cambiar de dirección mientras permanecía controlado desde la propia torre y desde el adarve. La información patrimonial de la Junta de Andalucía explica que la entrada se situaba lateralmente en la torre y quedaba dominada desde su terraza superior y desde la muralla contigua. Si un atacante conseguía superar la primera entrada, todavía no estaba dentro. Había entrado en el problema.

Los arqueólogos Samuel Márquez Bueno y Pedro Gurriarán Daza han estudiado numerosos accesos almohades del occidente de al-Andalus y señalan precisamente el predominio de estas entradas acodadas. En ejemplos como las puertas almohades de Badajoz, se atravesaba un primer arco, se penetraba en un patio y había que girar para alcanzar un segundo acceso.

 

La semejanza con la estructura documentada en la Puerta de Morón es evidente.

No hacía falta convertir la entrada en un enorme castillo. Bastaba con romper la trayectoria de quien quisiera penetrar violentamente y mantenerlo durante unos segundos bajo la vigilancia de los defensores. En arquitectura militar, unos segundos podían valer una ciudad.

¿Cómo se cerraba?

Las puertas monumentales andalusíes utilizaban gruesas hojas de madera que giraban mediante sistemas de quiciales o gorroneras. Los estudios comparativos conservan ejemplos donde todavía pueden identificarse los alojamientos que permitían pivotar aquellas hojas. Márquez Bueno y Gurriarán han documentado estos dispositivos en diferentes fortificaciones de al-Andalus.

En el caso concreto de Marchena debemos ser prudentes: no se conservan las puertas de madera almohades ni tenemos documentado su mecanismo completo original.

Lo que sí demuestra la arquitectura de Morón es la existencia de sucesivos umbrales y espacios capaces de ser controlados independientemente. Por eso debemos imaginar la puerta no como una abertura, sino como un pequeño edificio militar.

La Puerta de Osuna: otra solución defensiva

No todas las entradas eran iguales. La investigación arqueológica distingue en Marchena al menos dos modelos.

La Puerta de Morón estaba integrada dentro de una gran torre y obligaba a realizar un giro. La desaparecida Puerta de Osuna, por el contrario, parece haber empleado otra fórmula: el acceso estaba protegido por dos torres cuadrangulares situadas a ambos lados.

La puerta fue demolida durante las transformaciones urbanas del siglo XIX, aunque fotografías y dibujos antiguos permiten conocer parcialmente su aspecto. De las dos torres sobrevivió una, construida en tapial de origen almohade. Eran dos respuestas arquitectónicas a una misma pregunta:

¿Cómo permitir que todos entren durante la paz sin facilitar que entren todos durante una guerra?

El Arco de la Rosa: la gran sorpresa arqueológica

Aquí aparece quizá el dato más interesante de toda la investigación. Quien contempla actualmente el Arco de la Rosa o Puerta de Sevilla podría pensar que está mirando directamente una puerta almohade. Arco de herradura, alfiz, torres, almenas: todo parece conducir hacia al-Andalus.

Pero la arqueología dice otra cosa. Tania Bellido Márquez considera que la puerta actual forma parte de las grandes reformas realizadas en el siglo XV por Pedro Ponce de León, después de que una bula del papa Martín V permitiera reconstruir importantes sectores de la muralla.

La propia Junta de Andalucía recoge actualmente esta interpretación: la Puerta de Sevilla conservada habría sido reconstruida hacia 1430 y el acceso almohade original se encontraría algo más hacia el interior, en dirección al barrio de San Juan. Bellido localizó además en planos antiguos unos muros y un pequeño arco, desaparecidos durante el siglo XIX, que podrían corresponder a aquella entrada primitiva.

Es decir: cuando atravesamos hoy el Arco de la Rosa seguimos entrando por el lugar histórico de acceso a la ciudad, pero no exactamente por la puerta que habría utilizado un vecino musulmán hacia 1220 o 1230. La historia medieval ha dejado allí varias capas superpuestas como hojas de un libro que nadie terminó de encuadernar.

La alcazaba: una puerta dentro de otra ciudad

El sistema defensivo era todavía más interesante en la zona alta.

La alcazaba ocupaba el cerro de La Mota y funcionaba como centro administrativo y militar. Su muralla era independiente y estaba más reforzada que la correspondiente a la medina. Desde allí podía controlarse tanto una agresión exterior como posibles alteraciones producidas dentro de la propia ciudad. Tenía al menos dos accesos fundamentales.

El Arco del Tiro de Santa María comunicaba la medina con la alcazaba mediante un acceso originalmente acodado, mientras la Puerta de Carmona o del Picadero comunicaba directamente la ciudadela con el campo. Junto a ella se encontraba una pequeña torre poligonal conocida como Torre del Oro.

Una puerta era también una declaración de autoridad

Los especialistas en arquitectura militar andalusí recuerdan que las grandes puertas tenían una doble naturaleza: eran defensivas, pero también poseían valor simbólico.

Márquez Bueno y Gurriarán describen esta combinación entre función poliorcética —es decir, militar— y representación del poder en numerosas puertas monumentales de al-Andalus. El viajero que llegaba ante una ciudad veía antes la muralla que la mezquita. La puerta era su primera conversación con el poder.

El grosor de los muros, la altura de las torres, la geometría del arco o la dificultad del recorrido comunicaban sin palabras que aquella comunidad estaba organizada y podía defenderse.

Así sería entrar en Marchena hacia 1230

Podemos intentar reconstruir la escena. Vienes desde Morón. Tras horas de camino aparece sobre una ligera elevación la muralla de Marchena. Las torres sobresalen regularmente del lienzo de tapial. Conforme te aproximas, el camino converge hacia un único punto: la puerta. Llegas ante el arco. Si vienes con una caballería o una recua tendrás que reducir la marcha. Cruzas la primera entrada. La calle desaparece. Delante tienes un espacio interior y debes girar.

Sobre ti están la terraza de la torre y el adarve. Después atraviesas otro arco. Estás dentro de la medina. La arquitectura acaba de hacer algo extraordinario sin utilizar una sola palabra: ha convertido un camino abierto en circulación controlada.

Las puertas que todavía pueden contarnos la ciudad andalusí

La muralla de Marchena no es únicamente un decorado medieval. Es uno de los documentos arqueológicos más importantes que conserva la Campiña sevillana para conocer los últimos tiempos de al-Andalus.

Las excavaciones sitúan su construcción fundamental en el período tardoalmohade, durante las primeras décadas del siglo XIII. La Puerta de Morón permite comprender la eficacia de los accesos acodados. La antigua Puerta de Osuna muestra otra estrategia mediante torres flanqueantes. El Arco del Tiro revela que la alcazaba estaba separada y controlada respecto a la medina. Y el Arco de la Rosa recuerda algo esencial para cualquier investigación histórica: lo que hoy parece islámico no necesariamente pertenece íntegramente al período islámico.

Quizá esa sea precisamente la mayor riqueza de las murallas marcheneras. Los almohades levantaron la gran cerca. Los conquistadores cristianos la reutilizaron. Los Ponce de León reconstruyeron sus sectores dañados. Los siglos posteriores perforaron puertas, levantaron casas contra sus muros y derribaron partes que molestaban al tráfico.

Saber más

Tania Bellido Márquez — Universidad Pablo de Olavide. La muralla medieval de Marchena. Análisis arqueológico, ROMULA, nº 7, pp. 299-330. Es el estudio fundamental para comprender la cronología de la muralla, la alcazaba y las puertas. Consultar el artículo y PDF en la Universidad Pablo de Olavide

Rafael Díaz Martín y Enrique García Vargas. Excavación arqueológica de urgencia en la calle Carrera nº 35, Marchena, Sevilla. Anuario Arqueológico de Andalucía / Junta de Andalucía. La intervención permitió fechar el lienzo original en la primera mitad del siglo XIII. Consultar la ficha y el estudio arqueológico en TABULA

Samuel Márquez Bueno y Pedro Gurriarán Daza. Las puertas monumentales en las fortificaciones del occidente andalusí. Estudio comparativo especialmente útil para entender las puertas almohades, los accesos acodados y su función militar y simbólica. Consultar el estudio completo

Junta de Andalucía. Documentación patrimonial sobre la Puerta de Morón, con descripción de su paso en recodo y funcionamiento defensivo. Consultar la ficha oficial de la Puerta de Morón

Junta de Andalucía. Documentación patrimonial sobre la Puerta de Sevilla o Arco de la Rosa y su reconstrucción del siglo XV. Consultar la ficha oficial del Arco de la Rosa

Fernando Chueca Goitia. La ciudad islámica. Estudio sobre la organización urbana de las ciudades musulmanas y el papel de murallas, puertas, mercados y espacios de tránsito. Consultar el artículo en Dialnet

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Historia

El sambenito: cómo la Inquisición convirtió la vergüenza pública en una herencia que aún vive en nuestro lenguaje

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El nuevo estudio de Manuel Peña Díaz reconstruye la vida cotidiana de la Inquisición a través de uno de sus símbolos más eficaces: una prenda capaz de destruir la honra de una persona y extender la mancha sobre toda su familia

Hubo un tiempo en que colgarle a alguien un sambenito no era solamente una expresión. Podía significar condenarlo socialmente durante el resto de su vida y dejar una mancha que alcanzaba incluso a sus descendientes. Cinco siglos después, la prenda prácticamente ha desaparecido, pero seguimos hablando de “colgar un sambenito”, de “tirar de la manta” o de “poner verde” a alguien. Esa supervivencia del vocabulario de la infamia constituye el punto de partida de El sambenito. Historia cotidiana de la Inquisición, obra de Manuel Peña Díaz, publicada en marzo de 2026 por El Paseo Editorial dentro de su colección Memoria.

El libro propone mirar a la Inquisición no únicamente desde los grandes autos de fe, los procesos judiciales o las hogueras que han dominado durante siglos su representación histórica, sino desde algo posiblemente más profundo: su capacidad para penetrar en la conversación, los miedos, los enfrentamientos personales y la vida diaria de pueblos y ciudades.

Para explicarlo, Peña Díaz abre su relato con una historia ocurrida en Andalucía.

Un asesinato en Antequera y un sambenito clavado en una puerta

En la primavera de 1638, poco antes de Semana Santa, un clérigo de Antequera acudió a casa del caballero Gregorio Uribe. Cuando este bajaba por la escalera, el religioso sacó un estoque que llevaba oculto y lo hirió mortalmente.

El acusado fue detenido y condenado a muerte, aunque las protestas del clero antequerano hicieron que el asunto llegara hasta la Chancillería de Granada. Desde allí fue enviado para encargarse del caso el letrado Francisco de Fonseca, de origen portugués.

La tensión fue creciendo. Fonseca sometió al detenido a nuevos interrogatorios y ordenó su ejecución mediante garrote. Después, el cadáver fue expuesto públicamente desde una ventana de la cárcel. La ciudad reaccionó con indignación y los enfrentamientos llegaron a adquirir tal intensidad que hubo clérigos intentando entrar por la fuerza en la prisión, peleas, espadas desenvainadas y compañías de soldados rodeando el edificio.

Pero entonces ocurrió algo que revela hasta qué punto la cultura inquisitorial había impregnado la sociedad.

Comenzó a difundirse la sospecha de que aquel juez portugués podía ser converso y seguir practicando secretamente el judaísmo. Poco después de que un fraile alimentase públicamente las sospechas durante un sermón, la puerta de la casa de Fonseca apareció con un sambenito clavado: un lienzo marcado con un aspa roja y el nombre del propio juez.

No hacía falta una sentencia inquisitorial.

El símbolo era suficiente.

Para buena parte del vecindario, aquella señal podía convertirse por sí misma en la aparente confirmación de que el magistrado era un “marrano portugués”, término utilizado entonces despectivamente contra los conversos sospechosos de judaizar. Fonseca pidió protección a la Chancillería mientras el conflicto alcanzaba dimensiones cada vez mayores.

La historia sirve a Peña Díaz para introducir una de las ideas fundamentales del libro: el sambenito había escapado de los tribunales para convertirse también en un arma social.

La Inquisición fuera de la Inquisición

El sambenito era originalmente una prenda o escapulario impuesto a determinados penitentes de la Inquisición. También podía ser el letrero colocado posteriormente en las iglesias con el nombre del condenado, su pena y los signos correspondientes a su castigo. De ahí procede el sentido moderno de la palabra como descrédito, estigma o difamación.

Pero su eficacia residía precisamente en que todo el mundo comprendía lo que significaba.

Peña Díaz muestra cómo clérigos y particulares llegaron a utilizarlo para señalar a enemigos, alimentar rumores o resolver venganzas privadas. En Cañete la Real, por ejemplo, una disputa entre vecinos terminó con otro sambenito clavado en una puerta. Durante tres años el episodio dividió al pueblo hasta que un antiguo fraile, ya gravemente enfermo, confesó haber realizado la acción para vengarse de uno de los implicados y provocar que las sospechas recayeran sobre él.
La escena resulta especialmente reveladora porque demuestra que no era necesario conocer personalmente a un inquisidor para sentir la presencia de la Inquisición.

En numerosos pueblos, explica el autor, los vecinos probablemente nunca habían contemplado un auto de fe ni tratado directamente con un miembro del tribunal. Sin embargo, existía la conciencia de que cualquier comentario considerado sospechoso podía terminar llegando a oídos del Santo Oficio.

El miedo circulaba de boca en boca.

Cuando el vecino podía resultar más peligroso que el tribunal

Aquí aparece otra de las claves del estudio. Peña Díaz plantea que la Inquisición no puede comprenderse simplemente como una institución todopoderosa que imponía su voluntad sobre una población completamente pasiva.

Su poder necesitaba colaboradores, redes sociales, denunciantes y personas dispuestas a asumir sus códigos.

La primera preocupación del denunciado podía no ser siquiera el propio tribunal, sino la capacidad de delación de sus vecinos. Las enemistades, rivalidades y desconfianzas de la vida cotidiana proporcionaban así un terreno extraordinariamente fértil para la actuación inquisitorial.

Y el castigo tampoco terminaba necesariamente en la persona condenada.

Francisco de Enzinas ya señalaba en el siglo XVI el efecto que provocaba obligar a alguien a vestir públicamente aquellas prendas, porque la deshonra podía permanecer sobre su parentela. Peña Díaz recoge también cómo Juan de Mariana entendió aquella exhibición pública como un mecanismo destinado a escarmentar mediante el castigo y la afrenta.

Era, por tanto, una pedagogía del miedo.

Mucho más que hogueras y autos de fe

La imagen popular de la Inquisición ha quedado asociada tradicionalmente al gran espectáculo público del auto de fe. El estudio de Peña Díaz propone ampliar esa mirada.

Para medir verdaderamente su impacto, sostiene, no basta con contar procesados o condenados. Hay que estudiar igualmente su presencia cotidiana, la construcción simbólica del poder y la capacidad de determinados signos para permanecer instalados en la mentalidad colectiva.

Y ninguno tuvo probablemente tanta eficacia como el sambenito.

La obra sigue su evolución desde sus primeros usos hasta las prendas y corozas de los condenados, los llamados “sambenitillos”, su exhibición, las resistencias frente a ellos y su aparición en comedias, poemas, bromas y representaciones artísticas. También dedica capítulos a las mantas, las injurias, los chantajes, la mirada de los viajeros extranjeros y al proceso final de desaparición de estas prácticas.
La cuestión deja entonces de pertenecer exclusivamente al pasado.

La mayor victoria de la Inquisición quizá esté en nuestras palabras

El sambenito comenzó a convertirse en uno de los grandes iconos del sistema inquisitorial poco después de la creación de la Inquisición moderna a finales del siglo XV. Su significado quedó asociado durante generaciones a la honra, la limpieza de sangre y las tensiones existentes entre cristianos viejos y cristianos nuevos.

Pero hay una paradoja fascinante.

El Santo Oficio desapareció hace aproximadamente dos siglos y prácticamente nadie ha visto ya un sambenito inquisitorial fuera de un museo, una pintura o un libro de historia. Sin embargo, la palabra sobrevivió perfectamente.

Seguimos “colgando sambenitos” a quienes quedan marcados por una acusación. Seguimos “tirando de la manta” cuando alguien amenaza con revelar secretos. Seguimos “poniendo verde” a otra persona cuando hablamos mal de ella.

Manuel Peña Díaz concluye precisamente su introducción preguntándose si esa supervivencia no constituye uno de los mayores éxitos históricos de la institución: siglos después de desaparecer, continuamos utilizando algunas de las expresiones asociadas a su universo de amenazas y estigmas.

Quizá ahí resida la dimensión más inquietante del sambenito.

La tela desapareció.

La posibilidad de marcar públicamente a una persona mediante una palabra, un rumor o una acusación permaneció entre nosotros.

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Historia

Las fiestas patronales de mitad de agosto ya se celebraban durante el periodo romano

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El 15 de agosto, día de la Asunción hay fiestas patronales en la mayoría de pueblos de Sevilla y España. El mismo mes lleva el nombre del emperador Augusto, y la palabra Feria en Latín, quiere decir fiesta. 

La fiesta de la Asunción se celebra mucho antes de su proclamación como dogma en 1950. Nació en la Iglesia oriental entre los siglos V y VI como la Dormición de María, conmemorada en Jerusalén el 15 de agosto. En el siglo VII el papa Sergio I la introdujo en Roma, y en el siglo IX se extendió como fiesta de precepto en toda la Iglesia, manteniéndose como una de las solemnidades más antiguas y populares.

En Occidente, con el paso de los siglos, se puso más el acento en el momento de la Asunción (su elevación al cielo), y no tanto en el acto de la muerte o dormición, por eso hablamos directamente de “Asunción” sin precisar si murió o no. De hecho, cuando Pío XII proclamó el dogma en 1950, evitó definir si María murió antes o fue asunta sin pasar por la muerte, dejando el misterio abierto a ambas interpretaciones.

En la provincia de Sevilla, el 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen María, se convierte en cita imprescindible para numerosos pueblos que honran a sus patronas con procesiones y actos populares. En Cantillana, la Virgen de la Asunción Gloriosa recorre las calles entre pétalos y fuegos artificiales. En Huévar del Aljarafe, la Virgen de la Asunción es el centro de una celebración profundamente arraigada. Dos Hermanas acompaña a su Virgen de la Asunción, titular de la Vera Cruz, mientras en Estepa sale la Virgen de la Asunción, una talla del siglo XVI. Utrera venera a la Virgen de la Mesa, y Alcalá de Guadaíra baja desde el Castillo a la Virgen del Águila.

Constantina rinde culto a la Virgen del Robledo y en La Puebla de Cazalla desfila la Virgen de las Virtudes. En Peñaflor la protagonista es la Virgen de Villadiego, y en Lebrija, la Virgen de la Aurora. Salteras celebra a la Virgen de la Oliva, y en El Real de la Jara la devoción se dirige a la Virgen de los Remedios. Almadén de la Plata festeja a la Virgen de Gracia, y Castilblanco de los Arroyos a la Virgen de Escardiel. Gelves honra a la Virgen de Gracia Coronada, mientras en Cazalla de la Sierra se adelanta la celebración para la Virgen del Monte. Alcalá del Río dedica su función solemne a la Virgen de la Asunción, y Sevilla capital venera a la Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis, que procesiona cada 15 de agosto.

En España el 15 de Agosto es llamado el día de la Virgen de Agosto, pero para buscar sus orígenes hay que irse a Italia. Allí se llama al 15 de agosto “Ferragosto” y se celebra el final del verano con fiestas populares que tienen su origen en el imperio romano.
“Ferragosto” deriva de “feriae Augusti”, es decir, descanso de Augusto, fiesta iniciada en el 18 a. C.,  por el emperador Octavio Augusto y el Senado romano. El mes de Agosto recibe el nombre del popular emperador romano, por ser el mes más grande (con más días). La palabra feria viene del latín y quiere decir fiesta.
Las fiestas de Agosto comenzaban con el mes celebrando a Salus la diosa de la salud y patrona de Roma el día cinco, siguiendo con las fiestas de la diosa Diana el Día 13,  -diosa de la luna las mujeres y los animales-  y terminaban con las fiestas por el fin de la cosecha y del trabajo agrícola con bailes,  mercados y carreras de caballos, organizados en todo el imperio romano según la “Nueva Enciclopedia popular” de  Torino Pomba (1845).

Con el paso del tiempo “feriae Augusti” fue abolido, pero la Iglesia Católica decidió unir los rituales cristianos y tradiciones paganas celebrando 15 de agosto, la Asunción de María. El dogma católico de la Asunción fue proclamado por el Papa Pío XII en 1950.
Entonces el gobierno de Musolini popularizó las vacaciones de agosto del 13 al 15 organizando viajes baratos “trenes populares de agosto”.  Se podía elegir visitar ciudades, playas  y montaña a precios muy reducidosEn Italia siguiendo antiguas fiestas roamanas el fin del verano se celebra el 15 de agosto,  encendiendo hogueras para ahuyentar a las fuerzas del mal  o sumergirse en las aguas a medianoche. A partir de esa fecha comienzan de nuevo las clases.
El origen de las fiestas patronales
En la antigua Roma cuando un vecino del pueblo salía de viaje se encomendaba al patrón o imagen de su devoción colocada en las puertas de las casas y en las puertas de las murallas  de la ciudad al que se invocaba además contra plagas, desastres naturales o enfermedades.La palabra patrón viene del latín, patrōnus que quiere decir defensor y protector.
Para ahuyentar enemigos y enfermedades ermitas a los santos cristianos  comenzaron a construirse a las entradas de los pueblos andaluces a partir del 312 cuando el emperador Constantino convierte el cristianismo en religión del imperio. Muchos de los santos protectores como San Roque tienen su origen en dioses griegos y romanos, como Esculapio.
Salus Populi Romani patrona de Roma
La diosa Salus Populi Romani era la diosa de la salud, relacionada con las aguas patrona de Roma y defensora del pueblo romano. El 5 de agosto se celebraba el Augurium Salutis, con plegarias para proteger el Estado Romano.   Salus se representaba con una serpiente y una copa hoy símbolo de las farmacias.  La serpiente representa poder,  y el cáliz el remedio. En muchas ciudades andaluzas como Ecija, Alcalá o Marchena se han constantado cultos salutíferos en la antigua Bética. 
En el año 352 el 5 de agosto, amaneció nevado el monte Esquilino de Roma, y allí se hizo la primera iglesia a la Virgen de las Nieves.  Hoy la patrona de Roma sigue siendo Salus Populi Romani un icono bizantino ubicado en Santa Maria la Mayor.

 

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