Historia
Escritores, toreros y poetas en las cortes renacentistas de Sevilla y Marchena
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11 meses agoon
En la primavera de 1530, las plazas de armas como la Plaza Ducal, entonces llamada la Plaza Nuevas no eran solo campos de entrenamiento, sino escenarios donde se exhibía el valor de la nobleza en justas y torneos. Entre los más celebrados se encontraba Pedro Ponce de León, hermano del Duque de Arcos cuya destreza con la lanza al enfrentarse a toros bravos le granjeó fama y admiración.
Tal fue el impacto de sus gestas, que el mejor poeta renacentista andaluz Juan Quirós le dedicó un poema laudatorio, ejemplo temprano de la fusión entre la épica caballeresca y el humanismo culto. Este texto, conservado gracias a la labor recopiladora del erudito Benito Arias Montano, constituye una de las piezas más singulares de la literatura encomiástica andaluza del siglo XVI.
En la cultura del Renacimiento, un poema de estas características no era un acto trivial. Se trataba de una forma clásica y reconocida de buscar o agradecer el patronazgo, una manera de insertarse en la red clientelar de una casa nobiliaria demostrando el propio talento.

Quirós fue el maestro de poesía de Arias Montano, una de las figuras cumbre del humanismo español, futuro capellán de Felipe II y director de la monumental Biblia Políglota de Amberes. Fue Quirós quien «le aficionó a la poesía divina inspirada en la Biblia, especialmente en los Salmos» y quien le enseñó los fundamentos de la versificación latina.
La orientación poética e ideológica de Juan de Quirós se inscribe plenamente en las corrientes más avanzadas del humanismo cristiano de su tiempo. Su obra y su magisterio se alinean con la devotio moderna, un movimiento de renovación espiritual que abogaba por una religiosidad más interior y afectiva, y que gozaba de favor en los círculos cercanos al emperador Carlos V.
Pedro Ponce de León, el primero y más famoso alanceando toros a caballo en 1530
La trayectoria de Juan de Quirós comienza en el corazón de los dominios de la Casa de Arcos. Nacido hacia 1487 en la villa de Rota (Cádiz), Quirós era, por origen, un vasallo de los Ponce de León. Rota no era una posesión menor; junto con otras villas costeras, formaba parte del núcleo estratégico y económico del estado ducal, y su imponente Castillo de Luna servía como una de las residencias de la familia.
En este contexto, el mecenazgo cultural trascendía el mero gusto estético para convertirse en una calculada estrategia de poder. La Casa de Arcos se encontraba en una constante competencia por la preeminencia con otras grandes casas nobiliarias andaluzas, muy especialmente con la Casa de Medina Sidonia. Cada encargo artístico, cada fundación religiosa y cada humanista contratado era una inversión en prestigio dinástico y una afirmación de su estatus.
El duque Luis Cristóbal, un profundo admirador de la corte de Felipe II, buscaba explícitamente replicar el esplendor artístico de Madrid y Sevilla en sus propios dominios de Marchena. Por lo tanto, su corte no era solo un centro de poder político, sino un «estado en miniatura» con una política cultural propia, diseñada para proyectar una imagen de sofisticación y poder que consolidara su posición en la jerarquía nobiliaria del reino.
EL TORERO MAS FAMOSO DEL SIGLO XVI: Pedro Ponce de Leon
Pedro Ponce de León, hermano del primer duque de Arcos Luis Cristóbal Ponce de León, fue una de las figuras más notables del siglo XVI sevillano tanto por su linaje como por su extraordinaria destreza como matador de toros. Nacido en Sevilla, donde moriría hacia 1559, su habilidad en la lidia trascendía el mero espectáculo: encarnaba un ideal humanista de templanza, dominio de las pasiones y elegancia serena, opuesto al modelo medieval de fuerza bruta.
El interés por la poesía de Don Pedro explica la educación humanista y las relación de los poemas castellanos y latinos con sus hijos. Luis, fue amigo del divino Herrera, y Gonzalo, lo fue del cardenal César Baronio, de Pedro Vélez de Guevara y del impresor Plantino. Los padres del torero eran Luis Ponce de León, señor de Villagracia, tio del Marquez de Cádiz y: Doña Inés Ponce de León de la misma casa.
Su hijo Luis se casó con Leonor Alvarez de Toledo, y tuvieron un hijo llamado Pedro Ponce, que se casó con Leonor de Portocarrero y su hijo Gonzalo fue arcediano de la Talavera de la Reina, Toledo.

Testamento de Pedro Ponce de León que puede leerse aqui.
Ponce de León no solo fue admirado por su arte, sino también por su actitud: toreaba con una mezcla de modestia, precisión y galantería. Según Luis Zapata de Chaves, era considerado el mejor matador de toros de su siglo, y su fama eclipsó incluso su origen noble, siendo más conocido como “el toreador”. Toreó ante la emperatriz en Ávila en 1531, frente al príncipe Felipe en Medina del Campo, y en presencia del emperador Carlos V entre 1535 y 1539. Ya de vuelta en Sevilla, toreaba en la plaza situada ante su casa familiar en la actual plaza de la Encarnación, que formaba parte del antiguo barrio de los Ponce de León, extendido hasta la plaza de Santa Catalina, que hoy lleva su nombre.
Gracias a documentos preservados en el Archivo Histórico Nacional, en la sección de Nobleza (signatura Osuna, leg. 1700, D.2), conocemos detalles inéditos sobre su legado. En 1551, Pedro Ponce de León y su esposa Catalina de Rivera fundaron un mayorazgo —una institución jurídica que aseguraba la transmisión indivisible de bienes a su hijo Luis. Documnto firmado Sevilla, donde tenían casas principales en la collación de San Pedro, y donde, según el acta notarial, controlaban pasos de agua y propiedades estratégicas.
El mayorazgo se componía de doce casas grandes y pequeñas, además de dos molinos de pan moler, tierras, donadíos (grandes fincas rústicas), derechos sobre tabonerías en Triana, y fincas en las villas de Mairena, Marchena y Carmona. En Marchena lega a us hijo Luis la huerta de Atoche, Gamarra y Torrijos.
En las cláusulas del testamento, Pedro Ponce de León establecía cuidadosamente la sucesión: en primer lugar, su hijo primogénito Luis; luego su hermano Gonzalo Martel, hasta llegar a María Ponce de León, casada con Antonio Vigil de Quiñones, Conde de Luna y de Mayorga, de la Casa de Benavente.

Así toreaba Pedro Ponce de León
Según la crónica ed sus contemporáneos: Pedro Ponce salía solo a la plaza, montado a caballo, con unas gafas especiales y un criado negro que le portaba la lanza. Vestido con desenfado y la capa suelta, fingía desinterés, como si no viniera a torear, mientras todos los ojos lo seguían. Pasaba delante de las ventanas donde se asomaban su esposa, doña Catalina de Ribera, y otras damas nobles. Entonces se dirigía con calma hacia el toro, alzaba la capa, recibía la lanza de manos del criado y, si el toro no embestía, la devolvía de inmediato sin perder la compostura. Si el toro atacaba, él esperaba sin moverse, le colocaba la lanza en el cuello con tal precisión que le atravesaba el cuerpo y lo dejaba muerto en el acto. Luego retomaba su paseo por la arena, como si no hubiera hecho nada extraordinario. Solo fallaba cuando su padre, el Duque, lo observaba desde el tendido.
Este estilo, marcado por la mesura, la elegancia y el control absoluto, influenció profundamente la evolución de la tauromaquia en Sevilla, que apostó más por la compostura estoica del torero frente al ímpetu del animal, en contraste con otras regiones donde se valoraban más los gestos de bravura o los juegos con el toro.
Su actividad se enmarca en una tradición que tuvo como antecedentes a reyes como Fernando el Católico, y que continuó con figuras como Don Juan de Austria o Felipe IV, todos ellos aficionados a alancear toros en celebraciones cortesanas. El toreo caballeresco, que combinaba entrenamiento ecuestre con exhibición pública, sería desplazado en el siglo XVIII por el toreo a pie, más popular y profesionalizado.
Cómo la plaza Ponce de León se convirtió en las setas de la Encarnación
Pedro Ponce también introdujo técnicas que siguen vivas en el rejoneo moderno, como el quiebro de frente y el uso de un paño para impedir al caballo ver la embestida. Su legado artístico y técnico en la tauromaquia lo convirtió en figura referencial de una lidia más racional, simbólica y estética, valorada incluso por los humanistas de su tiempo. Montano, aunque clérigo, consideró sus hazañas dignas de un poema heroico, entendiendo la lidia como una alegoría del dominio moral sobre la violencia y la pasión.
Arias Montano, el sabio de Fregenal, y su maestro de poesía en Sevilla
El humanista extremeño Benito Arias Montano (1527–1598), figura clave del Siglo de Oro español, reconoció siempre a Juan de Quirós como el gran maestro que marcó su formación poética y moral en Sevilla. En su tratado Rhetorica, escrito hacia 1560, Montano describe a Quirós como “el poeta más ilustre de toda la Bética”, destacando su refinamiento literario, su castidad sacerdotal y su profunda integridad.
Juan de Quirós, natural de Rota y miembro del cabildo del Sagrario de la Catedral de Sevilla, formó parte de un círculo humanista vinculado al Duque de Arcos y ejerció como guía espiritual e intelectual del joven Arias Montano. Según el propio Montano, Quirós no solo le enseñó los fundamentos de la poesía latina, sino que también ocupó en su vida el lugar de un padre.
Entre los textos conservados gracias a Arias Montano se encuentran varios poemas heroicos de Quirós, como el dedicado al regreso triunfal de Pedro de la Gasca tras sofocar la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú, y otro en honor a Pedro Ponce de León, el torero.
La relación entre Montano y Quirós simboliza el traspaso de saberes entre dos generaciones de humanistas andaluces. Mientras Montano se convertiría en editor de la Biblia Políglota de Amberes por encargo de Felipe II, Quirós dejó una huella indeleble en la cultura sevillana de su tiempo, no solo por sus versos, sino por su ejemplo de vida austera y entregada al saber.
«El Mirador de la Duquesa» recuerda el esplendor humanista de Luis Cristóbal Ponce de León
LUIS CRISTOBAL PONCE DE LEON MECENAS RENACENTISTA
Durante el siglo XVI, la Casa de Arcos se consolidó como uno de los señoríos más potentes de la Monarquía Hispánica, ejerciendo un poder político, jurisdiccional y económico de primer orden en el Reino de Sevilla.
La relación de los Duques de Arcos con la monarquía de los Habsburgo fue una simbiosis de servicio y prestigio. Figuras como Luis Cristóbal Ponce de León (II Duque de Arcos) no solo desempeñaron roles militares cruciales, como la dirección de las tropas que sofocaron la sublevación de los moriscos en la Serranía de Ronda, sino que también ejercieron como diplomáticos en Flandes y Francia. Su estatus en la corte era de máxima confianza, como lo atestigua un grabado de la época en el que aparece sujetando las vestiduras del rey Felipe II, en el entierro ed su padre, Carlos V en Bruselas, una posición de honor reservada a los más íntimos.
La corte de Marchena no solo atrajo a los mejores talentos de la península, sino que también demostró una marcada vocación internacional. Esta apertura se manifestó en la importación de tecnología y arte foráneos. Un ejemplo notable es la instalación de un molino de viento holandés en 1550, traído en barco desde Holanda por un flamenco llamado Pedro Jausel, lo que convirtió a Marchena en una de las pocas localidades de la época con tal innovación.
Ya su antecesor, Rodrigo Ponce de León (I Duque de Arcos), había sido el encargado de recibir a la emperatriz Isabel de Portugal en Sevilla con motivo de su boda con Carlos V en 1526. Esta proximidad a la Corona les confería un inmenso poder, pero también les imponía la obligación de mantener una imagen de magnificencia y esplendor.
La Biblia protestante que tradujeron dos frailes católicos huídos de Sevilla
El ámbito musical es quizás el ejemplo más elocuente del prestigio de la corte marchenera. Entre 1548 y 1553, el duque de Arcos tuvo a su servicio a Cristóbal de Morales, uno de los compositores más importantes de la polifonía renacentista española. El hecho de que Morales, tras haber alcanzado la gloria en las capillas musicales de Roma y Toledo, decidiera servir en Marchena, sitúa a la capilla ducal en el circuito de la élite musical europea.
Miguel Nardino en la Corte de Marchena: Un poeta Dálmata en Andalucía
Lejos de ser un erudito aislado, Nardino participaba activamente en el intercambio de ideas y textos que definía la vida intelectual de la región, y Juan de Quirós era su principal enlace con el círculo humanista de Sevilla
La llegada de Miguel Nardino de Sebenica, ciudad incluída en el ámbito del poder veneciano, a Andalucía en la década de 1520 marca un momento singular en la historia cultural de la región. Identificado como un «humanista dálmata formado en Italia», Nardino entró al servicio directo del I Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, estableciéndose en la corte de Marchena. Su presencia allí no puede entenderse como un hecho aislado o meramente decorativo. En el competitivo mundo de las cortes renacentistas, donde el prestigio se medía tanto por el poder militar como por la sofisticación cultural, la contratación de un humanista de renombre internacional era una declaración de intenciones.
El modelo del cortesano ideal, popularizado por la obra de Baltasar de Castiglione, exigía a la nobleza un dominio de las armas y de las letras. Al acoger a Nardino, el Duque de Arcos no solo se aseguraba los servicios de un preceptor y un poeta cortesano capaz de celebrar las glorias de su linaje en un pulido latín, sino que importaba directamente a su corte el capital simbólico del humanismo italiano.
La corte renacentista de los Ponce de León: un foco de humanismo en Marchena, Arcos y Rota
Su contratación fue un acto de mecenazgo competitivo, una demostración de que la Casa de Arcos podía atraer talento directamente de la órbita veneciana, uno de los epicentros culturales más importantes de Europa.
La actividad de Miguel Nardino no quedó confinada a los muros del palacio ducal de Marchena. La evidencia documental demuestra que su reputación trascendió los límites del señorío y se integró en la vibrante red de humanistas de la Baja Andalucía. La prueba más contundente de esta conexión es un epigrama que le dedicó el sevillano Pedro Núñez Delgado (c. 1478-1535), una figura destacada del humanismo local que fue poeta, editor y catedrático.
Luis Cristóbal Ponce de León, Marchena y su papel como embajador en Francia y protector de Flandes
La influencia del círculo humanista de la Casa de Arcos no se limitó a los cenáculos andaluces ni se extinguió con la muerte de sus protagonistas. Fue transportada al corazón de la Europa erudita por su discípulo más aventajado, Benito Arias Montano. Cuando Felipe II le encomendó la dirección de la Biblia Políglota de Amberes, Arias Montano llevó consigo no solo su vasta erudición, sino también los principios poéticos y filológicos que había aprendido en Sevilla de su maestro, Juan de Quirós. Su trabajo en Amberes, en el taller del impresor Cristóbal Plantino, y su extensa red de correspondencia con los principales humanistas del continente, sirvieron para diseminar y amplificar las ideas que habían germinado décadas antes en el entorno de la corte de Marchena.
Los Hermanos Geraldini: Poetas y Cortesanos en Marchena
La corte de Marchena también fue lugar de paso para otros humanistas de renombre internacional: los hermanos Alessandro y Antonio Geraldini. Naturales de Amelia (Italia), estos poetas, diplomáticos y eclesiásticos estuvieron al servicio de los Reyes Católicos y mantuvieron una estrecha relación con las grandes casas nobiliarias andaluzas, incluida la de Arcos. Su dominio de la poesía latina y su experiencia en las cortes europeas aportaron un lustre adicional al círculo cultural de los duques, reforzando la conexión andaluza con el humanismo italiano.
Investigación: Antonio Geraldini. La muerte de un poeta renacentista en la Marchena de 1499
El mecenazgo de los Duques de Arcos fue el catalizador que permitió la creación de un microcosmos humanista de gran calado en la Andalucía del siglo XVI. La confluencia del poder señorial, la llegada de eruditos extranjeros como Miguel Nardino y los hermanos Geraldini, y el talento de figuras locales como Juan de Quirós, generó una sinergia única. Esta red intelectual, que conectaba los señoríos de Rota y Marchena con el vibrante ambiente de Sevilla, no solo fue crucial para la asimilación de las corrientes renacentistas europeas, sino que también sembró la semilla de la que brotarían algunas de las figuras más importantes del humanismo español.
Para SABER MAS
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Rodríguez Moñino, Miscelánea: silva de casos curiosos, 1930.
-
Montano, Rhetorica (libros 3 y 4).
-
Luis Zapata de Chaves, Silva de varia lección.
-
Argote de Molina, Discurso sobre la montería.
-
L. de Bañuelos, Libro de la jineta, 1605.
-
Archivo Histórico de Sevilla, documentos sobre el barrio Ponce de León.
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Arte
La custodia de Marchena, una joya de 2,5 millones de maravedíes (de 1586)
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14 horas agoon
2 junio, 2026
La Custodia de Marchena es la obra maestra del platero cordobés Francisco de Alfaro (1548-1610) hecha entre 1575 y 1580 , una de las principales obras de la platería española.
A lo largo de su carrera, Francisco de Alfaro trabajó principalmente en Sevilla, donde estableció su taller y desarrolló su arte influenciado por las innovaciones intelectuales y estéticas de su tiempo. Además de sus obras maestras, también se destacó por su habilidad en la platería religiosa, creando piezas de gran valor artístico y litúrgico.
Francisco de Alfaro aprendió el oficio de platero principalmente de su tío, Cristóbal de Rojas y Sandoval. Esta relación familiar fue crucial para su desarrollo profesional y su establecimiento en el mundo de la platería. Cristóbal de Rojas y Sandoval, al principio de la carrera de Francisco, le brindó el apoyo y las conexiones necesarias, lo cual también facilitó su posterior vinculación con la familia noble de los Sandoval y Rojas (Universidad de Almería) (Wikipedia, la enciclopedia libre).
Además, Francisco de Alfaro continuó su aprendizaje y perfeccionamiento en Sevilla, una ciudad con una rica tradición en platería y donde se encontraba uno de los centros más importantes de este arte en la época.
Los franceses fueron verdaderos expoliadores de arte y llegaron a Marchena en 1812 con datos extraídos de la más famosa guia artística de la época obra de Juan Agustín Ceán Bermúdez, que cita como principales joyas artísticas de nuestra localidad la Custodia de Alfaro y la colección de pinturas de Francisco de Solís que estaban en el claustro de Santo Domingo, y que desde entonces desaparecieron, según explica Manuel Antonio Ramos en su obra sobre la ocupación francesa de Marchena.
La Custodia se libró de ser expoliada porque se ocultó. Sus piezas fueron desensambladas y repartidas en los domicilios particulares de vecinos del barrio con un documento por escrito.
Desde entonces cada vez que hay inestabilidad o peligro social, la custodia es retirada del culto o escondida y durante muchos años ha estado conservada tras la puerta blindada del museo de la parroquia.
Abre un modelo que el mismo autor usa para las custodias de Carmona y
Ecija, copias de la de Marchena. Recoge todo el saber humanista y renacentista de la época con influencias de los principales maestros italianos.
Mercedes Valverde informa que Francisco Alfaro comenzó a ayudar a su padre desde muy joven. Firmó como testigo en una escritura de 1571 para comprar una tienda en la calle de la Platería de Córdoba. Concluyó y cobró las obras de su padre tras su muerte en 1573 y fue nombrado tutor
de sus tres hermanos.
Desde 1572 Francisco de Alfaro trabajaba para la parroquial de San Juan Bautista de Marchena, donde realizó obras durante veinticinco arios, informa Pilar Nieva Soto en su publicación sobre las obras de Alfaro en Jerez. El 8 de noviembre de 1583, Francisco de Alfaro fue nombrado platero de la Catedral donde hizo el sagrario de la capilla mayor y era el orfebre más famoso de aquella época en Sevilla y España.
En 1599, Francisco de Alfaro dejó la platería para asumir el cargo de Tesorero episcopal de la diócesis de Toledo, un puesto que obtuvo gracias a sus conexiones con la familia noble de los Sandoval y Rojas. En 1606, se retiró de este cargo y se trasladó a Valladolid, donde vivió cómodamente hasta su muerte, gracias a las rentas de sus inversiones.
Francisco Alfaro otorgó carta de pago en 1586 ante Diego Sánchez, escribano público de la villa de Marchena, de 2.543.409 maravedís, que se le entregó por el importe de la Custodia de San Juan. Esa cifra de maravedíes en moneda corriente se traduce aproximadamente en 468.000 euros, -80 millones de pesetas- sin contar el valor artístico por ser una pieza única.
La Giralda como modelo del remate
Los expertos señalan que el remate del cuerpo superior de la Custodia de Marchena tiene como modelo el de la Giralda tomado porHernán Ruiz II de la linterna que Bramante hizo para el Vaticano tal como señalan Ravé y Manuel Varas Rivero.
Alfaro y Jerónimo Hernández tuvieron relación profesional en el trabajo de retablos importantes. Por eso se sabe que Alfaro aprendió de Hernández las últimas novedades del manierismo italiano y las influencias de Miguel Angel.
Actualidad
Vicente Bazo, el bordador del oro que dejó en Marchena una obra mayor del barroco sevillano
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4 días agoon
29 mayo, 2026
La investigación de Manuel Antonio Ramos Suárez publicada en Archivo Hispalense permite situar a Marchena dentro del mapa del gran bordado sevillano del siglo XVIII. El estudio documenta con precisión la presencia en la villa del bordador Vicente Antonio Bazo, nacido en El Puerto de Santa María en 1726, antiguo miembro del Regimiento de Caballería de Borbón y establecido después en Sevilla, donde trabajó para la Catedral y para distintas instituciones religiosas del arzobispado hispalense.
El artículo no se limita a atribuir una obra. Reconstruye, con apoyo documental, el proceso de creación del sitial de la octava del Corpus de la Parroquia de San Juan Bautista, una pieza de terciopelo carmesí bordada en oro fino que debe ser leída como una de las grandes manifestaciones del aparato litúrgico barroco conservado en Marchena.

La primera huella documental de Bazo en la localidad aparece en 1768, cuando realiza “tres bolsas bordadas en oro” destinadas a las tres parroquias de la villa para llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos. La fuente citada es el Archivo Parroquial de San Juan de Marchena, sección Fábrica, libro 33, año 1768. Aquellas piezas no se conservan.
A continuación, el investigador identifica otra obra clave: el estandarte de Nuestra Señora de los Remedios, vinculado a la Parroquia de San Miguel. El propio contrato posterior del sitial de San Juan toma este estandarte como modelo, lo que confirma su importancia dentro del catálogo de Bazo. La escritura notarial ordenaba que el dosel de San Juan se hiciera “a imitación del simpecado que bordé para la iglesia de Señor San Miguel de la propia villa”.

El encargo principal llegó tras la visita apostólica de 1769 a la Parroquia de San Juan. Allí se propuso hacer “un citial para el altar maior” empleando el terciopelo sobrante de las nuevas colgaduras del templo. El documento precisa que debía llevar “una bordadura de oro por alrededor primorosa” y que debía servir “para las funciones de primera clase”. La pieza nacía, por tanto, no como adorno menor, sino como arquitectura textil para las grandes solemnidades eucarísticas.
La escritura de obligación se firmó en Sevilla el 2 de marzo de 1771 ante escribano público. En ella compareció Vicente Bazo como maestro bordador, junto a sus fiadores José Romero, maestro botonero, y Juan Barberi, dueño de una sedería en la calle Conteros. La fábrica parroquial estuvo representada por Manuel Díaz de Yabarrena, apoderado del mayordomo Ramón García de Santa María.
El contrato describe con detalle el proyecto: un dosel para el altar mayor de San Juan Bautista, “bordado de oro fino de todo realce sobre terciopelo carmesí”. Debía medir cuatro varas de alto por dos varas y media de ancho, aproximadamente 344 por 215 centímetros, y contar con un cielo o techo cuadrado. La obra debía seguir el “modelo y diseño número dos” aprobado por el mayordomo, vicario, vicebeneficiados y curas el 25 de diciembre de 1770.
El precio inicial se fijó en “setecientos cincuenta pesos escudos de a quince reales”, pagaderos en tres plazos: el primero para comprar materiales, el segundo cuando estuviera mediada la obra y el tercero tras su conclusión y aprobación por peritos. Sin embargo, el proceso se complicó. Una vez terminado, los responsables parroquiales consideraron que faltaba decoración, por lo que Bazo amplió el conjunto: añadió un gran sol central, cubrió el campo del dosel y decoró por completo el cielo.
La ampliación fue tasada en abril de 1772 por los bordadores Juan Caro y Fulgencio Abril. Los peritos calcularon que el trabajo debía ascender a 27.000 reales. La fábrica abonó primero 20.000 reales, pero el bordador reclamó los 7.000 restantes ante la autoridad eclesiástica. Finalmente, con autorización del cardenal Solís, se le pagó esa cantidad en 1773.
El coste total del conjunto, incluyendo bordado, tejidos, borlas, flecos, carpintería, dorado, herrajes y gastos notariales, ascendió a 30.378 reales y 17 maravedís. Esta cifra sitúa el sitial entre las grandes inversiones artísticas realizadas por la parroquia marchenera en el siglo XVIII.
El estudio también subraya la relación simbólica entre San Juan de Marchena y la Catedral de Sevilla. El sitial marchenero imitaba, en clave local, los grandes aparatos eucarísticos catedralicios, especialmente el altar de plata y el dosel de terciopelo carmesí bordado en oro realizado para la Catedral en 1732. Marchena, como parroquia matriz de relevancia dentro del arzobispado, reproducía así modelos solemnes propios de los grandes templos hispalenses.
Desde el punto de vista artístico, el dosel presenta una decoración vegetal simétrica, con rocallas, ces, cuernos de la abundancia, espigas eucarísticas, flores campaniformes, hojas de acanto y las características “antenas” que el autor considera una marca de identidad del bordador. En el centro aparece un gran sol bordado, con un círculo de seda blanca destinado a coincidir con el lugar de exposición de la Sagrada Forma.
La trayectoria de Bazo en Marchena no terminó ahí. En 1772 recibió otro encargo: una manga de terciopelo negro bordada en oro para la iglesia matriz de San Juan. Según la investigación, parte de aquellos bordados se conservan hoy reutilizados en un terno de San Benito Abad en Castilblanco de los Arroyos, conocido por tradición oral como “el terno de Marchena”.
El sitial sufrió transformaciones posteriores. A finales del siglo XIX o principios del XX, el cielo o techo del dosel fue reducido a la mitad y la parte sobrante pasó a usarse como frontal de altar. El estudio advierte expresamente que “no ha quedado constancia documental del momento concreto” en que se produjo esa modificación.
En la actualidad, el sitial sigue vivo en el culto. Desde 2008 se utiliza como altar del triduo del Corpus Christi y también para el monumento eucarístico del Jueves Santo en la Parroquia de San Juan Bautista, empleándose la custodia de asiento de Francisco de Alfaro como sepulcro para la reserva. La pieza ha sido sometida a restauración por una empresa especializada en tejidos antiguos, con el objetivo de conservar el soporte original, limpiar los bordados y mejorar sus sistemas de sujeción.
La importancia del estudio reside en que no solo recupera el nombre de Vicente Bazo para Marchena, sino que incorpora de forma documentada varias obras locales a su catálogo. La conclusión es clara: Marchena conserva una pieza mayor del bordado barroco sevillano y posee documentación suficiente para situarla dentro de una red artística que conecta la villa con Sevilla, la Catedral, los talleres de bordado, los protocolos notariales y la liturgia eucarística del siglo XVIII.
Historia
Las caballerizas del Palacio Ducal: de espacio de servicio a escenario de la Grandeza de los Ponce de León
Published
5 días agoon
28 mayo, 2026
Las nuevas investigaciones sobre la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena permiten ampliar y precisar una línea de trabajo que Marchena Secreta ya venía desarrollando en torno al antiguo complejo palatino de los Ponce de León: las caballerizas no fueron un simple espacio funcional destinado a guardar animales y carruajes, sino una pieza esencial de la escenografía del poder ducal.
Las caballerizas primitivas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León en el siglo XVI en la zona del hardín alto; añadiéndoles una cochera a comienzos del XVII; y a finales del XVII o comienzos del XVIII, adquieren un aspecto más monumental y se ubican en la actual explanada de Santa Maria.

El artículo de Juan Francisco Torres Cubero, publicado en 2024 en la revista Hipogrifo, estudia el inventario y la tasación de bienes redactados en 1673, año de la muerte de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos. La investigación documenta 534 bienes vinculados a la caballeriza del Palacio Ducal de Marchena, entre ellos esclavos, caballos, mulas, sillas, coches, literas, sillas de mano, jaeces y guarniciones.
En el artículo “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”, se indicaba que la escritura de traslado del Convento de Santa María al interior del Palacio Ducal, fechada en octubre de 1631, dejaba claro que el lugar señalado por el duque para las monjas lindaba con las caballerizas levantadas por Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos.
Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción
Las primeras caballerizas importantes del palacio fueron levantadas en la década de 1540 por Luis Cristóbal Ponce de León, junto a aposentos para cerca de una veintena de pajes y en relación con la acemilería. A comienzos del siglo XVII, el III duque construyó la cochera.
En 1631 las caballerizas primitivas seguían siendo referencia dentro del palacio cuando se reorganizó el espacio conventual de Santa María junto a las caballerizas y se instaló definitivamente el convento dentro del palacio en 1625.

La investigación de Torres Cubero muestra además qué había dentro de aquellas caballerizas en 1673. El V duque de Arcos poseía 152 caballos, de los cuales 106 eran yeguas y 41 potros. El inventario detalla colores, edades, nombres y lugares de cría de algunos animales. Aparecen ejemplares llamados Halcón, Doradillo, Perla, Dichoso o Donaire, lo que revela una cultura ecuestre cuidadosamente organizada.

La fama de los caballos criados en las caballerizas ducales de Marchena aparece recogida en el manuscrito “Adiciones a la Doctrina del Cavallo y Arte de Enfrenar”, de 1731, escrito por Alonso García, trabajador de las Caballerizas Reales de Córdoba. Este libro menciona el dato de que el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León, regaló seis caballos españoles de su palacio al rey inglés.
LAS CABALLERIZAS EN EL MANDATO DE MANUEL PONCE DE LEÓN
De 1685 se conserva un registro por la contaduría del duque Manuel Ponce de León «de los caballos que hay en las caballerizas del duque señor de esta villa y lo que cada uno come cada día», desde el 19 de julio de ese año ocupando Juan Miguel Sota el cargo de caballerizo del duque de Arcos, es decir, responsable de las caballerizas ducales.

Siendo consciente del lujo que suponía tener un caballo andaluz, el embajador Guillermo Rodolfin sugiere al rey de Inglaterra, Carlos II Estuardo (1630-1685) que debía tener en sus cuadras caballos españoles.
Finalmente, el rey inglés consiguió seis caballos españoles procedentes de Marchena a través del regalo que le hizo el VI duque de Arcos, Manuel Ponce de León (1673-1693), y de este Rey inglés se conserva una carta de agradecimiento donde el monarca británico habla de la belleza de dicho caballo marchenero.

En el siglo XVIII se construyeron caballerizas monumentales en la explanada de Santa María, en pie hasta principios del siglo XX. Torres Cubero precisa que a finales del siglo XVII el VI duque reformó las caballerizas para asemejarlas lo más posible a las del rey en Córdoba y Madrid.
Los datos del inventario de 1673 explican por qué fue necesaria esa evolución arquitectónica. El duque no solo tenía caballos: poseía tres tiros de mulas, dos de seis y uno de cinco, además de animales de paso llamados Halcona y la Valenciana. Las mulas eran esenciales para tirar de coches y literas, vehículos que en la corte de los Austrias se habían convertido en signos visibles de rango.
La caballeriza guardaba además 51 sillas de montar, muchas diferenciadas según el tipo de monta: brida, jineta, coche o mula. Algunas estaban decoradas con galón de oro, flecos de plata, bordados de plata, terciopelo verde o tafiletes de Berbería.

El apartado de jaeces resulta especialmente revelador del lujo ducal. Se documentan 32 piezas ricas para adornar monturas, entre ellas cuatro jaeces sobre terciopelo azul bordados en relieve de plata, tasados en 10.000 reales. También había estribos de plata, cabezadas con campanillas y petrales con cascabeles de plata.
Pero el punto más espectacular lo aportan los vehículos: siete coches, cuatro literas y tres sillas de mano. Entre ellos figuraban dos carrozas grandes procedentes de Nápoles, probablemente de tiempos en que Rodrigo el IV Duque, fue virrey napolitano. Una de damasco y terciopelo negro con vidrios y cortinas, y otra guarnecida de terciopelo bordado. La procedencia napolitana conecta con el prestigio adquirido por la Casa de Arcos tras el virreinato del IV duque.
El palacio no era solo residencia local, sino una corte nobiliaria conectada con Sevilla, Nápoles, Madrid y los circuitos aristocráticos europeos. Las caballerizas eran la parte móvil de esa grandeza: el poder no solo se veía dentro del palacio, también circulaba por las calles en forma de carroza, litera, caballo enjaezado y séquito.
Las caballerizas ducales de Marchena fueron un sistema completo de poder: arquitectura, animales, criados, esclavos, coches, jaeces, tiros de mulas, sillas bordadas y memoria ecuestre. Servían para desplazarse, pero también para representar la Grandeza de España de los Ponce de León ante la villa y ante quienes visitaban el palacio.
Fuentes principales:
Juan Francisco Torres Cubero, “Representar la Grandeza. Lujo y ostentación en la caballeriza de don Francisco Rodrigo Ponce de León, V duque de Arcos (1673)”, Hipogrifo, 2024;
Marchena Secreta, “Las primitivas caballerizas del Palacio Ducal lindaban con el convento de la Concepción”;
Marchena Secreta, “Un manuscrito presentado en la Maestranza de Sevilla recoge la fama de los equinos y caballerizas ducales de Marchena”
Marchena Secreta, “Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas”.
Historia
La armería perdida de los duques de Arcos: el tesoro militar y simbólico oculto en el Palacio Ducal de Marchena
Published
5 días agoon
28 mayo, 2026
Durante los siglos XVI y XVII, el Palacio Ducal de Marchena custodió una de las colecciones armamentísticas nobiliarias más sorprendentes y desconocidas de Andalucía. Espadas toledanas, armaduras italianas, pistolas francesas, armas japonesas, banderas de guerra, sillas de montar bordadas en oro y hasta el alfanje del último rey morisco de las Alpujarras formaban parte de una armería que no solo servía para la guerra: era una gigantesca escenografía del poder.
La investigación ha sido reconstruida por el historiador cordobés Juan Francisco Torres Cubero en el artículo “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, publicado en 2024 en la revista científica Historia. Instituciones. Documentos de la Universidad de Sevilla.
El estudio parte de una idea fundamental: los Ponce de León construyeron su identidad nobiliaria sobre la memoria de la guerra y las hazañas militares. La destreza caballeresca no era solo una virtud personal, sino un elemento central de la imagen pública del linaje. La propia Casa de Arcos, una de las más poderosas de Andalucía en la Edad Moderna, necesitaba exhibir visualmente ese prestigio mediante símbolos de riqueza, autoridad y gloria militar.
Lo que queda del Palacio Ducal de Marchena según excavaciones arqueológicas
Torres Cubero explica que, en la Europa renacentista y barroca, las armas dejaron de ser únicamente herramientas bélicas para convertirse en auténticos objetos de representación aristocrática. Las armaduras, espadas y escudos eran exhibidos en palacios y fortalezas como símbolos de rango social y legitimidad política.
En ese contexto surgieron las grandes armerías palatinas de la nobleza española, inspiradas en modelos como la Real Armería de Madrid creada por Felipe II en 1562 frente al Alcázar Real. Los duques del Infantado, Béjar, Medinaceli o Benavente desarrollaron importantes colecciones armamentísticas, y la Casa de Arcos hizo lo propio en Marchena.
El corazón de aquella colección se encontraba en el Palacio Ducal de Marchena, construido sobre la antigua alcazaba islámica desde el siglo XIV. El edificio sufrió sucesivas ampliaciones y reformas, especialmente bajo el II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León (1528-1573), quien transformó el antiguo castillo medieval en un auténtico palacio renacentista.

Fue precisamente este duque quien convirtió Marchena en una corte nobiliaria humanista. Mandó construir jardines, caballerizas y nuevas salas representativas, reunió tapices, pinturas y relieves clásicos, y comenzó probablemente la organización de la armería palatina.
Las primeras noticias documentales sobre armas en el palacio aparecen en la década de 1540. En 1543 ya se registraba el traslado de arneses y coseletes a Marchena. Poco después, el duque encargó una espectacular silla de montar de terciopelo bordado en oro y plata con escenas de los Trabajos de Hércules, considerada una de las piezas más valiosas de la Casa de Arcos.
En 1552 aparece citado el armero sevillano Gonzalo Martínez, contratado para limpiar y reparar armaduras y armas conservadas en la “cámara” del duque. Aquella referencia es importante porque demuestra que las armas ya no estaban dispersas, sino agrupadas en un espacio específico del palacio.
El gran salto documental se produce entre 1579 y 1581, durante el gobierno de Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos (1545-1630). Las cuentas palaciegas revelan una impresionante actividad armamentística vinculada a la Guerra de Sucesión portuguesa y a la movilización militar impulsada por Felipe II.

En septiembre de 1579 el palacio almacenaba al menos 330 coseletes, 178 barbotes, 20 celadas y 18 morriones. Muchas de estas piezas fueron limpiadas y restauradas por armeros sevillanos. Además, se adquirieron alabardas doradas, partesanas ceremoniales, lanzas jinetas y banderas con leones pintados, símbolos heráldicos de los Ponce de León.
La documentación revela también un extraordinario nivel de lujo. Algunas corazas estaban cubiertas de terciopelo carmesí y adornadas con clavazón dorada. Los morriones lucían pasamanería roja y dorada. Varias bandas militares estaban confeccionadas en tela de oro.
Las armas personales del duque alcanzaban niveles aún más sofisticados. Se encargaron espadas y dagas con puños de marfil, oro y seda, además de sillas de montar bordadas, frenos dorados y guarniciones de cuero rojo y plateado para los caballos.
La investigación demuestra que la armería marchenera no era simplemente un almacén militar. Era una puesta en escena aristocrática destinada a impresionar y reforzar el prestigio del linaje. Por ello, la “cámara de armas” se situaba junto a bibliotecas, salones y dependencias nobles del palacio.
Uno de los objetos más fascinantes documentados en el inventario de 1630 era el alfanje de Abén Aboo, sucesor de Abén Humeya y líder de la rebelión morisca de las Alpujarras. Tras la muerte del caudillo morisco en 1571, el arma fue entregada al II duque de Arcos como trofeo de guerra.

La espada se convirtió desde entonces en un símbolo político y familiar. Representaba la victoria de los Ponce de León sobre la última gran rebelión morisca del reino de Granada y reforzaba la imagen caballeresca del linaje.
Aquel inventario de 1630 ofrece además una fotografía extraordinaria de la colección. Se documentan montantes ceremoniales, espadas toledanas, armas damasquinadas, rodelas venecianas, pistolas de rueda y armaduras procedentes de Milán y Augsburgo, dos de los grandes centros europeos de fabricación armamentística.
Entre las piezas más sorprendentes figuran dos catanas japonesas damasquinadas, una de ellas guardada en una caja de terciopelo verde y decorada con figuras y pájaros. La presencia de armas japonesas en Marchena demuestra hasta qué punto Sevilla y Andalucía estaban conectadas con las rutas comerciales internacionales entre Asia, América y Europa.
Las catanas eran objetos extremadamente exóticos y valiosos en la Europa barroca. Su presencia en la armería de los duques de Arcos refleja el refinamiento cultural de la nobleza andaluza y su interés por coleccionar piezas raras y prestigiosas.

La colección siguió creciendo durante el siglo XVII. Un inventario de 1656 menciona arcabuces catalanes, pistolas francesas con incrustaciones de marfil, carabinas, dagas, cuchillos de monte y trompetas militares con estandartes bordados en oro.
Sin embargo, la decadencia económica de la Casa de Arcos y el progresivo abandono del Palacio Ducal terminaron provocando la dispersión y desaparición de gran parte de aquella armería. El propio palacio acabó prácticamente destruido entre los siglos XVIII y XIX.
Hoy apenas sobreviven fragmentos físicos de aquel universo. La monumental portada del palacio fue trasladada a los Reales Alcázares de Sevilla, donde aún se conserva como la llamada “Puerta de Marchena”. Parte de la decoración de la escalera principal terminó en el Palacio de la Condesa de Lebrija.
El resto permanece oculto en archivos, inventarios y documentos históricos que investigadores como Juan Francisco Torres Cubero están devolviendo lentamente a la memoria colectiva de Marchena.
Fuentes:
Juan Francisco Torres Cubero, “Vestigio de una vocación secular: la armería de los duques de Arcos (siglos XVI-XVII)”, Historia. Instituciones. Documentos, nº 51, Universidad de Sevilla, 2024.
Actualidad
La V Gran Caracolá será en la Plaza de San Sebastián los días 29 y 30 de mayo
Published
7 días agoon
27 mayo, 2026
La Plaza de San Sebastián volverá a llenarse de olor a hierbabuena, caracoles recién cocidos y música en directo con la celebración de la V Gran Caracolá de Marchena, que tendrá lugar los días 29 y 30 de mayo de 2026. La cita, organizada por la Pontificia, Real Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, María Santísima de la Piedad y San Juan Evangelista, contará con actuaciones musicales, ambigú a precios populares y diversas actividades festivas en pleno centro histórico de la localidad.
El cartel anunciador confirma que la fiesta arrancará el viernes 29 a partir de las 21:30 horas con la actuación de la Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús, mientras que el sábado 30, desde las 13:00 horas, continuará la convivencia gastronómica y festiva que culminará por la noche con la actuación del grupo flamenco-fusión Maraké. Los caracoles volverán a estar elaborados por “José El Tontorrón”, conocido establecimiento de Paradas especializado en esta receta tradicional andaluza.
La Caracolá se ha consolidado en pocos años como una de las actividades gastronómicas y de convivencia más concurridas de la primavera marchenera.
La edición anterior, celebrada en 2024, supuso la consolidación definitiva de esta iniciativa impulsada por la hermandad, que comenzó años atrás como una convivencia gastronómica de menor formato y terminó transformándose en una cita habitual dentro del calendario festivo de mayo en Marchena.

Cultura
De como las modas de Paris en la feria del siglo XIX desembocaron en los trajes de faralaes
Published
7 días agoon
27 mayo, 2026
Las ferias de finales del siglo XIX eran muy distintas a las de hoy. Al amanecer las ganaderías tomaban el real, los turistas buscaban a las Cigarreras y a las gitanas como algo exótico y las modas francesas desplazaban a los trajes andaluces.
La moda de Francia había invadido la moda y hasta el habla andaluza: «Oiga usted, señorita, ¿me hace usted el favor de cantar una petenera?. «Avec beaucoup de plaisir», dice la niña que habla muy mal francés y canta peor flamenco. «Donne moi un cigarrete».
Suena a veces la guitarra pero va dominando el piano y aunque no están vedadas las malagueñas ni las sevillanas, suelen oírse cuplets franceses en la feria de Sevilla según el relato de Más y Pratt.
Al alba del primer día de feria de Sevilla, el Prado de San Sebastián es tomado por los ganaderos de Marchena, Écija, Lora, Carmona, Mairena, Morón, Estepa.
Los feriantes andaluces suelen llevar a remolque sus familias, principalmente el tratante gitano. Las filas de carretas entran en El Prado produciendo un sonido original que procede de los crujidos de las llantas.
Los que llevan ganado boyar suelen ir al paso de sus carretas preparadas para la excursión con todos los aditamentos necesarios con toldos o tejidos de palma y bajo el tablón el cántaro de agua fresca.
Las caballerias llegan al Prado levantando nubes de polvo, la sangre del corcel andaluz se enciende con la fatiga y sus elásticas piernas se fortifican.
Se levantan tiendas provisionales, se amontona el ato de que forma parte la manta y la alforja, que han de servir de colchón y de almohada y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino.
Los gitanos comienzam la tarea de los tratos, que para ellos es siempre fructuoso, corriendo como chispas eléctricas por todas partes con la faja mal compuesta, la chaquetilla arremangada, el pantalón a media pierna y el sombrero bailando sobre la coronilla.
Oiga usted excelencia, dicen a un señorito del pueblo con chaqueta de terciopelo. Tengo un tronco alazano que es el mismo que llevó al cielo el coche de San Elías. El feriante le responde, que más bien parece propio de coche fúnebre de tercera clase, y se despide con un «que usted se alivie».
Después de que se ha valido de todos los subterfugios imaginables para engañar al feriante, metiendo a los caballos agujas en la oreja para que se avispe, saca de su petaca un cigarro y le dice con exquisita finura: por estas cruces de Dios se lleva usted el bicho mejor de la feria.
Los ingleses y franceses que vienen a Sevilla por feria quieren ver la Fábrica de Tabacos y la calle San Fernando cuando salen a bandadas como las golondrinas las cigarreras que dejan la faena muy temprano y se dirigen al Real luciendo sus mantones de manila y sus peines altos y enroscados sobre la coronilla. La Cigarrera no es gitana ni flamenca sino un compuesto de ambas.
Las tiendas aristocráticas aparecen cercadas de macetas de porcelana con musgos y begonias, con colgaduras de Damasco, cubiertas de alfombras, llenas de jardineras y espejos, y a la puerta de su sencilla balaustrada, butacas escaños y elegantes mecedoras donde dormitan los señores de clase media.
La alta sociedad sevillana estos días se permite usar la falda corta de raso y la calada peineta de concha, la mantilla de encaje y el corpiño ajustado de la flamenca, comen jamón dulce y pavo trufado, emparedados y pastas de vainilla y beben Jerez y manzanilla.
Mas alla hay tascas de feria con carteles de vino y caracoles, menudo, taberna, buñuelos y aguardiente. Alli se ven las hermosas gitanas de pura sangre. La flamenca, suele aparecer allí cantando por todo lo alto y ostentando todas las gracias de sus especies.
La gitana no se pone el pañuelo terciado con los flecos en la tierra sino que se envuelven el mantón y golpea las tablas haciéndoles crujir bajo sus plantas.
En las buñolerías, estos gitanos apuran todo el caudal de su ingenio para formar adornos y pabellones, puede decirse que en el recinto se pone las bordadas enaguas de las gitanas y sus sábanas de novia al entrar.
Texto: Mas y Pratt en La Ilustración española y americana. 22/4/1888. Fotos: Salvador Azpiazu. 1890.
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