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Historia

Escritores, toreros y poetas en las cortes renacentistas de Sevilla y Marchena

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En la primavera de 1530, las plazas de armas como la Plaza Ducal, entonces llamada la Plaza Nuevas no eran solo campos de entrenamiento, sino escenarios donde se exhibía el valor de la nobleza en justas y torneos. Entre los más celebrados se encontraba Pedro Ponce de León, hermano del Duque de Arcos cuya destreza con la lanza al enfrentarse a toros bravos le granjeó fama y admiración.

Tal fue el impacto de sus gestas, que el mejor poeta renacentista andaluz Juan Quirós le dedicó un poema laudatorio, ejemplo temprano de la fusión entre la épica caballeresca y el humanismo culto. Este texto, conservado gracias a la labor recopiladora del erudito Benito Arias Montano, constituye una de las piezas más singulares de la literatura encomiástica andaluza del siglo XVI.

La Plaza Ducal de Marchena: una historia muy taurina

En la cultura del Renacimiento, un poema de estas características no era un acto trivial. Se trataba de una forma clásica y reconocida de buscar o agradecer el patronazgo, una manera de insertarse en la red clientelar de una casa nobiliaria demostrando el propio talento.

Quirós fue el maestro de poesía de Arias Montano, una de las figuras cumbre del humanismo español, futuro capellán de Felipe II y director de la monumental Biblia Políglota de Amberes. Fue Quirós quien «le aficionó a la poesía divina inspirada en la Biblia, especialmente en los Salmos» y quien le enseñó los fundamentos de la versificación latina.

La orientación poética e ideológica de Juan de Quirós se inscribe plenamente en las corrientes más avanzadas del humanismo cristiano de su tiempo. Su obra y su magisterio se alinean con la devotio moderna, un movimiento de renovación espiritual que abogaba por una religiosidad más interior y afectiva, y que gozaba de favor en los círculos cercanos al emperador Carlos V.

Pedro Ponce de León, el primero y más famoso alanceando toros a caballo en 1530

La trayectoria de Juan de Quirós comienza en el corazón de los dominios de la Casa de Arcos. Nacido hacia 1487 en la villa de Rota (Cádiz), Quirós era, por origen, un vasallo de los Ponce de León. Rota no era una posesión menor; junto con otras villas costeras, formaba parte del núcleo estratégico y económico del estado ducal, y su imponente Castillo de Luna servía como una de las residencias de la familia.

En este contexto, el mecenazgo cultural trascendía el mero gusto estético para convertirse en una calculada estrategia de poder. La Casa de Arcos se encontraba en una constante competencia por la preeminencia con otras grandes casas nobiliarias andaluzas, muy especialmente con la Casa de Medina Sidonia. Cada encargo artístico, cada fundación religiosa y cada humanista contratado era una inversión en prestigio dinástico y una afirmación de su estatus.

El duque Luis Cristóbal, un profundo admirador de la corte de Felipe II, buscaba explícitamente replicar el esplendor artístico de Madrid y Sevilla en sus propios dominios de Marchena. Por lo tanto, su corte no era solo un centro de poder político, sino un «estado en miniatura» con una política cultural propia, diseñada para proyectar una imagen de sofisticación y poder que consolidara su posición en la jerarquía nobiliaria del reino.  

EL TORERO MAS FAMOSO DEL SIGLO XVI: Pedro Ponce de Leon

Pedro Ponce de León, hermano del primer duque de Arcos Luis Cristóbal Ponce de León, fue una de las figuras más notables del siglo XVI sevillano tanto por su linaje como por su extraordinaria destreza como matador de toros. Nacido en Sevilla, donde moriría hacia 1559, su habilidad en la lidia trascendía el mero espectáculo: encarnaba un ideal humanista de templanza, dominio de las pasiones y elegancia serena, opuesto al modelo medieval de fuerza bruta.

El interés por la poesía de Don Pedro explica la educación humanista y las relación de los poemas castellanos y latinos con sus hijos. Luis, fue amigo del divino Herrera, y Gonzalo, lo fue del cardenal César Baronio, de Pedro Vélez de Guevara y del impresor Plantino. Los padres del torero eran Luis Ponce de León, señor de Villagracia, tio del Marquez de Cádiz y: Doña Inés Ponce de León de la misma casa. 

Su hijo Luis se casó con Leonor Alvarez de Toledo, y tuvieron un hijo llamado Pedro Ponce, que se casó con Leonor de Portocarrero y su hijo Gonzalo fue arcediano de la Talavera de la Reina, Toledo. 

Testamento de Pedro Ponce de León que puede leerse aqui. 

Ponce de León no solo fue admirado por su arte, sino también por su actitud: toreaba con una mezcla de modestia, precisión y galantería. Según Luis Zapata de Chaves, era considerado el mejor matador de toros de su siglo, y su fama eclipsó incluso su origen noble, siendo más conocido como “el toreador”. Toreó ante la emperatriz en Ávila en 1531, frente al príncipe Felipe en Medina del Campo, y en presencia del emperador Carlos V entre 1535 y 1539. Ya de vuelta en Sevilla, toreaba en la plaza situada ante su casa familiar en la actual plaza de la Encarnación, que formaba parte del antiguo barrio de los Ponce de León, extendido hasta la plaza de Santa Catalina, que hoy lleva su nombre.

Gracias a documentos preservados en el Archivo Histórico Nacional, en la sección de Nobleza (signatura Osuna, leg. 1700, D.2), conocemos detalles inéditos sobre su legado. En 1551, Pedro Ponce de León y su esposa Catalina de Rivera fundaron un mayorazgo —una institución jurídica que aseguraba la transmisión indivisible de bienes a su hijo Luis. Documnto firmado Sevilla,  donde tenían casas principales en la collación de San Pedro, y donde, según el acta notarial, controlaban pasos de agua y propiedades estratégicas.

El mayorazgo se componía de doce casas grandes y pequeñas, además de dos molinos de pan moler, tierras, donadíos (grandes fincas rústicas), derechos sobre tabonerías en Triana, y fincas en las villas de Mairena, Marchena y Carmona. En Marchena lega a us hijo Luis la huerta de Atoche, Gamarra y Torrijos. 

En las cláusulas del testamento, Pedro Ponce de León establecía cuidadosamente la sucesión: en primer lugar, su hijo primogénito Luis; luego su hermano Gonzalo Martel,  hasta llegar a María Ponce de León, casada con Antonio Vigil de Quiñones, Conde de Luna y de Mayorga, de la Casa de Benavente.

Así toreaba Pedro Ponce de León

Según la crónica ed sus contemporáneos:  Pedro Ponce salía solo a la plaza, montado a caballo, con unas gafas especiales y un criado negro que le portaba la lanza. Vestido con desenfado y la capa suelta, fingía desinterés, como si no viniera a torear, mientras todos los ojos lo seguían. Pasaba delante de las ventanas donde se asomaban su esposa, doña Catalina de Ribera, y otras damas nobles. Entonces se dirigía con calma hacia el toro, alzaba la capa, recibía la lanza de manos del criado y, si el toro no embestía, la devolvía de inmediato sin perder la compostura. Si el toro atacaba, él esperaba sin moverse, le colocaba la lanza en el cuello con tal precisión que le atravesaba el cuerpo y lo dejaba muerto en el acto. Luego retomaba su paseo por la arena, como si no hubiera hecho nada extraordinario. Solo fallaba cuando su padre, el Duque, lo observaba desde el tendido.

Este estilo, marcado por la mesura, la elegancia y el control absoluto, influenció profundamente la evolución de la tauromaquia en Sevilla, que apostó más por la compostura estoica del torero frente al ímpetu del animal, en contraste con otras regiones donde se valoraban más los gestos de bravura o los juegos con el toro.

Su actividad se enmarca en una tradición que tuvo como antecedentes a reyes como Fernando el Católico, y que continuó con figuras como Don Juan de Austria o Felipe IV, todos ellos aficionados a alancear toros en celebraciones cortesanas. El toreo caballeresco, que combinaba entrenamiento ecuestre con exhibición pública, sería desplazado en el siglo XVIII por el toreo a pie, más popular y profesionalizado.

Cómo la plaza Ponce de León se convirtió en las setas de la Encarnación

Pedro Ponce también introdujo técnicas que siguen vivas en el rejoneo moderno, como el quiebro de frente y el uso de un paño para impedir al caballo ver la embestida. Su legado artístico y técnico en la tauromaquia lo convirtió en figura referencial de una lidia más racional, simbólica y estética, valorada incluso por los humanistas de su tiempo. Montano, aunque clérigo, consideró sus hazañas dignas de un poema heroico, entendiendo la lidia como una alegoría del dominio moral sobre la violencia y la pasión.

Arias Montano, el sabio de Fregenal, y su maestro de poesía en Sevilla

El humanista extremeño Benito Arias Montano (1527–1598), figura clave del Siglo de Oro español, reconoció siempre a Juan de Quirós como el gran maestro que marcó su formación poética y moral en Sevilla. En su tratado Rhetorica, escrito hacia 1560, Montano describe a Quirós como “el poeta más ilustre de toda la Bética”, destacando su refinamiento literario, su castidad sacerdotal y su profunda integridad.

Juan de Quirós, natural de Rota y miembro del cabildo del Sagrario de la Catedral de Sevilla, formó parte de un círculo humanista vinculado al Duque de Arcos y ejerció como guía espiritual e intelectual del joven Arias Montano. Según el propio Montano, Quirós no solo le enseñó los fundamentos de la poesía latina, sino que también ocupó en su vida el lugar de un padre.

Entre los textos conservados gracias a Arias Montano se encuentran varios poemas heroicos de Quirós, como el dedicado al regreso triunfal de Pedro de la Gasca tras sofocar la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú, y otro en honor a Pedro Ponce de León, el torero.

La relación entre Montano y Quirós simboliza el traspaso de saberes entre dos generaciones de humanistas andaluces. Mientras Montano se convertiría en editor de la Biblia Políglota de Amberes por encargo de Felipe II, Quirós dejó una huella indeleble en la cultura sevillana de su tiempo, no solo por sus versos, sino por su ejemplo de vida austera y entregada al saber.

«El Mirador de la Duquesa» recuerda el esplendor humanista de Luis Cristóbal Ponce de León

LUIS CRISTOBAL PONCE DE LEON MECENAS RENACENTISTA 

Durante el siglo XVI, la Casa de Arcos se consolidó como uno de los señoríos más potentes de la Monarquía Hispánica, ejerciendo un poder político, jurisdiccional y económico de primer orden en el Reino de Sevilla.

La relación de los Duques de Arcos con la monarquía de los Habsburgo fue una simbiosis de servicio y prestigio. Figuras como Luis Cristóbal Ponce de León (II Duque de Arcos) no solo desempeñaron roles militares cruciales, como la dirección de las tropas que sofocaron la sublevación de los moriscos en la Serranía de Ronda, sino que también ejercieron como diplomáticos en Flandes y Francia. Su estatus en la corte era de máxima confianza, como lo atestigua un grabado de la época en el que aparece sujetando las vestiduras del rey Felipe II, en el entierro ed su padre, Carlos V en Bruselas, una posición de honor reservada a los más íntimos.

La corte de Marchena no solo atrajo a los mejores talentos de la península, sino que también demostró una marcada vocación internacional. Esta apertura se manifestó en la importación de tecnología y arte foráneos. Un ejemplo notable es la instalación de un molino de viento holandés en 1550, traído en barco desde Holanda por un flamenco llamado Pedro Jausel, lo que convirtió a Marchena en una de las pocas localidades de la época con tal innovación.

Ya su antecesor, Rodrigo Ponce de León (I Duque de Arcos), había sido el encargado de recibir a la emperatriz Isabel de Portugal en Sevilla con motivo de su boda con Carlos V en 1526. Esta proximidad a la Corona les confería un inmenso poder, pero también les imponía la obligación de mantener una imagen de magnificencia y esplendor.

La Biblia protestante que tradujeron dos frailes católicos huídos de Sevilla

El ámbito musical es quizás el ejemplo más elocuente del prestigio de la corte marchenera. Entre 1548 y 1553, el duque de Arcos tuvo a su servicio a Cristóbal de Morales, uno de los compositores más importantes de la polifonía renacentista española. El hecho de que Morales, tras haber alcanzado la gloria en las capillas musicales de Roma y Toledo, decidiera servir en Marchena, sitúa a la capilla ducal en el circuito de la élite musical europea.

Miguel Nardino en la Corte de Marchena: Un poeta Dálmata en Andalucía

Lejos de ser un erudito aislado, Nardino participaba activamente en el intercambio de ideas y textos que definía la vida intelectual de la región, y Juan de Quirós era su principal enlace con el círculo humanista de Sevilla

La llegada de Miguel Nardino de Sebenica, ciudad incluída en el ámbito del poder veneciano, a Andalucía en la década de 1520 marca un momento singular en la historia cultural de la región. Identificado como un «humanista dálmata formado en Italia», Nardino entró al servicio directo del I Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, estableciéndose en la corte de Marchena. Su presencia allí no puede entenderse como un hecho aislado o meramente decorativo. En el competitivo mundo de las cortes renacentistas, donde el prestigio se medía tanto por el poder militar como por la sofisticación cultural, la contratación de un humanista de renombre internacional era una declaración de intenciones.

El modelo del cortesano ideal, popularizado por la obra de Baltasar de Castiglione, exigía a la nobleza un dominio de las armas y de las letras. Al acoger a Nardino, el Duque de Arcos no solo se aseguraba los servicios de un preceptor y un poeta cortesano capaz de celebrar las glorias de su linaje en un pulido latín, sino que importaba directamente a su corte el capital simbólico del humanismo italiano.

La corte renacentista de los Ponce de León: un foco de humanismo en Marchena, Arcos y Rota

Su contratación fue un acto de mecenazgo competitivo, una demostración de que la Casa de Arcos podía atraer talento directamente de la órbita veneciana, uno de los epicentros culturales más importantes de Europa. 

La actividad de Miguel Nardino no quedó confinada a los muros del palacio ducal de Marchena. La evidencia documental demuestra que su reputación trascendió los límites del señorío y se integró en la vibrante red de humanistas de la Baja Andalucía. La prueba más contundente de esta conexión es un epigrama que le dedicó el sevillano Pedro Núñez Delgado (c. 1478-1535), una figura destacada del humanismo local que fue poeta, editor y catedrático.

Luis Cristóbal Ponce de León, Marchena y su papel como embajador en Francia y protector de Flandes

La influencia del círculo humanista de la Casa de Arcos no se limitó a los cenáculos andaluces ni se extinguió con la muerte de sus protagonistas. Fue transportada al corazón de la Europa erudita por su discípulo más aventajado, Benito Arias Montano. Cuando Felipe II le encomendó la dirección de la Biblia Políglota de Amberes, Arias Montano llevó consigo no solo su vasta erudición, sino también los principios poéticos y filológicos que había aprendido en Sevilla de su maestro, Juan de Quirós. Su trabajo en Amberes, en el taller del impresor Cristóbal Plantino, y su extensa red de correspondencia con los principales humanistas del continente, sirvieron para diseminar y amplificar las ideas que habían germinado décadas antes en el entorno de la corte de Marchena.

Los Hermanos Geraldini: Poetas y Cortesanos en Marchena

La corte de Marchena también fue lugar de paso para otros humanistas de renombre internacional: los hermanos Alessandro y Antonio Geraldini. Naturales de Amelia (Italia), estos poetas, diplomáticos y eclesiásticos estuvieron al servicio de los Reyes Católicos y mantuvieron una estrecha relación con las grandes casas nobiliarias andaluzas, incluida la de Arcos. Su dominio de la poesía latina y su experiencia en las cortes europeas aportaron un lustre adicional al círculo cultural de los duques, reforzando la conexión andaluza con el humanismo italiano.

Investigación: Antonio Geraldini. La muerte de un poeta renacentista en la Marchena de 1499

El mecenazgo de los Duques de Arcos fue el catalizador que permitió la creación de un microcosmos humanista de gran calado en la Andalucía del siglo XVI. La confluencia del poder señorial, la llegada de eruditos extranjeros como Miguel Nardino y los hermanos Geraldini, y el talento de figuras locales como Juan de Quirós, generó una sinergia única. Esta red intelectual, que conectaba los señoríos de Rota y Marchena con el vibrante ambiente de Sevilla, no solo fue crucial para la asimilación de las corrientes renacentistas europeas, sino que también sembró la semilla de la que brotarían algunas de las figuras más importantes del humanismo español.

Para SABER MAS 

  • Rodríguez Moñino, Miscelánea: silva de casos curiosos, 1930.

  • Montano, Rhetorica (libros 3 y 4).

  • Luis Zapata de Chaves, Silva de varia lección.

  • Argote de Molina, Discurso sobre la montería.

  • L. de Bañuelos, Libro de la jineta, 1605.

  • Archivo Histórico de Sevilla, documentos sobre el barrio Ponce de León.

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Actualidad

Cuando el progreso se midió en pisos: las casas y el patrimonio que perdió Marchena

La antigua Caridad, Santa Clara y San Pedro permiten recorrer las transformaciones del centro y releer la advertencia cultural de Luis Camacho sobre la pérdida de las casas.

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¿Cuándo empezó una casa a valer más por lo que podía construirse encima que por la vida que guardaba dentro? En Marchena, esa pregunta se puede recorrer a pie. La plaza de San Sebastián, Santa Clara, San Pedro y la Plaza Ducal permiten reconocer distintas formas de transformar la ciudad: sustituir un edificio por viviendas, conservar una iglesia mientras desaparece el convento, dividir una antigua manzana religiosa o incorporar nuevas construcciones al paisaje histórico.

Este recorrido propone una lectura crítica del desarrollismo: medir el progreso únicamente por la superficie edificada, la rapidez de la obra o su rendimiento económico deja fuera otros valores. El patio, la sombra, la continuidad de una calle y la memoria de un barrio también forman parte de la riqueza de una población.

Edificios residenciales de la Plaza Ducal de Marchena, en una fotografía de archivo
Edificación residencial y paisaje histórico en la Plaza Ducal. Fotografía de archivo utilizada por Marchena Secreta en sus reportajes sobre este entorno.

La antigua Caridad: de sede educativa a banco y pisos

En San Sebastián hay un ejemplo concreto que no depende de una impresión estética. La historia del IES Isidro de Arcenegui y Carmona, redactada por el profesor José María Díaz Luque y publicada por el propio centro, explica que el Instituto Laboral comenzó en 1955 en un edificio cedido por la Hermandad de la Caridad. Lo ocupó hasta 1962, cuando fue declarado en ruina. El mismo relato identifica su sustitución por una entidad bancaria y un bloque de pisos.

La fuente añade otro cambio cercano: los talleres funcionaron hasta 1965 en un salón cedido por las Hermanas Lobo en Huerta Gavira, donde después se levantó también un bloque. Son dos sustituciones documentadas de espacios vinculados a la historia educativa local. La declaración de ruina forma parte de esa historia y debe contarse junto a la pérdida del edificio.

Antigua sede del Instituto Laboral en el edificio de la Hermandad de la Caridad de Marchena
El edificio de la Caridad que acogió al Instituto Laboral entre 1955 y 1962. Imagen publicada por el IES Isidro de Arcenegui y Carmona en su historia institucional.

Santa Clara, 1975: una capilla no era todo un convento

El caso de Santa Clara permite precisar qué significa conservar solo una parte. La Agenda Cultural de la Junta de Andalucía sitúa la desaparición del convento en 1975, después de la salida de las clarisas en 1974, y señala la permanencia de la capilla. La Diputación de Sevilla recoge también esa cronología.

La ficha del Museo de Bellas Artes de Álava, que conserva un dibujo de Salvador Azpiazu fechado el 3 de mayo de 1915, documenta la destrucción de las dependencias y la pérdida de los coros. El dibujo conserva una mirada anterior a aquella transformación.

La iglesia que vemos hoy es una supervivencia valiosa, pero no permite experimentar por sí sola el conjunto desaparecido: sus recorridos, espacios de vida y relaciones con la calle. La pérdida patrimonial también consiste en esa ruptura de la unidad del edificio.

Portada de la iglesia de Santa Clara de Marchena, conservada tras la desaparición de las dependencias conventuales
La iglesia de Santa Clara conservada. Imagen de archivo de Marchena Secreta: la permanencia de la portada no debe confundirse con la conservación de todo el convento.

San Pedro: una transformación que empezó antes del desarrollismo

San Pedro Mártir, conocido como Santo Domingo, exige otra cronología. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez estudia su evolución en El edificio conventual de San Pedro Mártir de Marchena, incluido en las actas del simposio sobre la desamortización de 2007. Su investigación, apoyada en actas municipales y escrituras, documenta la utilización de parte del recinto para el mercado desde el siglo XIX, su fragmentación y las ventas de casas procedentes de la antigua propiedad conventual.

En 1862 se anunciaba la subasta de seis casas de la calle San Pedro construidas en 1847 dentro del exconvento. La iglesia sobrevivió. Este proceso no puede atribuirse en bloque a los años sesenta del siglo XX: muestra cómo la conversión del patrimonio en fincas separadas tenía antecedentes anteriores.

Lo que Luis Camacho veía en una casa

Luis Camacho Carrasco dejó una mirada especialmente sensible hacia ese mundo doméstico. Su obra Nostalgia y poesía, editada por el Ayuntamiento en 1988, reúne textos anteriores a la publicación del volumen. En el archivo periodístico que hemos dedicado al autor aparece una respuesta que condensa esa resistencia a reducir la vivienda a una mercancía: «¿Por qué no se compra usted un piso? Y usted, ¿por qué no se compra una nostalgia?».

La evocación fue recogida en El alma de las casas y reaparece en nuestra memoria de los barrios y la Alameda. Su fuerza está en lo que obliga a considerar: una casa puede guardar relaciones, recuerdos y formas de habitar que desaparecen cuando solo se calcula su precio. Es una advertencia cultural; no un informe técnico sobre cada demolición.

La ideología del progreso medido en metros cuadrados

La conexión con Mario Kaplún sirve aquí como herramienta de interpretación. En su crítica al modelo educativo centrado en los efectos, el desarrollismo presenta prácticas culturales propias como obstáculos que deben ser sustituidos por otras funcionales al modelo importado. Aplicada al debate urbano, esa pregunta resulta fértil: ¿se moderniza una población con sus habitantes y sus conocimientos, o se les pide que abandonen cuanto no encaja en un patrón previamente decidido?

Esta comparación no demuestra que cada promoción marchenera obedeciera a una misma doctrina. Para explicar responsabilidades concretas hacen falta licencias, proyectos, acuerdos y expedientes de cada inmueble. Sí permite cuestionar una escala de valores: considerar el suelo disponible más importante que la arquitectura existente, o confundir el incremento de edificación con una mejora automática de la vida.

La crítica de Horkheimer y Adorno a la razón instrumental ofrece otra perspectiva: qué ocurre cuando la eficacia de los medios desplaza la discusión sobre los fines. En urbanismo, la pregunta sería para quién se construye, qué se conserva y quién participa en decidirlo.

La propia documentación patrimonial introduce un matiz necesario. El decreto de delimitación del Conjunto Histórico de 2010 reconoce valor en la diversidad del caserío, las casas con patio y también en aportaciones regionalistas, modernas y de vivienda social del siglo XX. La arquitectura reciente puede enriquecer una ciudad. El problema aparece cuando su implantación destruye valores que podían incorporarse al proyecto.

Recuperar esta historia exige reunir fotografías anteriores y posteriores, planos y testimonios, y contrastarlos con los expedientes municipales. Si conservas imágenes de la antigua Caridad, de Santa Clara o de casas transformadas en las calles San Pedro, Santa Clara o el entorno de la Plaza Ducal, puedes enviarlas a marchenasecreta@gmail.com, indicando su procedencia y fecha aproximada. La memoria de Marchena también se reconstruye desde las casas.

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Historia

Un robo de ropa en 1889 abre una ventana a la memoria del antiguo lavadero de Marchena

Un edicto de 1889 y un plano del lavadero del Campo-Santo de 1864 permiten reconstruir esta memoria. Buscamos tus recuerdos y fotografías.

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Plano histórico de 1864 de la reforma de la fuente y lavadero del Campo-Santo de Marchena. Archivo Municipal, legajo 1002.
Plano de reforma de la fuente y lavadero del Campo-Santo en Marchena, 1864
Plano de reforma de la fuente y lavadero del Campo-Santo, 1864. Archivo Municipal de Marchena, legajo 1002. Reproducción catalogada por la Cartoteca del IECA, referencia IECA1988040436.

Quince camisas, cinco sábanas y hasta ropa de niña. Una relación de prendas robadas permite asomarse a la vida cotidiana de la Marchena de finales del siglo XIX y volver sobre un lugar que muchos vecinos todavía recuerdan: el antiguo lavadero situado junto al cementerio. Marchena Secreta abre esta investigación a quienes puedan aportar fotografías, nombres y recuerdos de aquel espacio.

El robo ocurrió durante la noche del 19 al 20 de diciembre de 1889. El juez instructor Valentín Escribano Roca reclamó la búsqueda de sus autores mediante un edicto firmado en Marchena el 30 de diciembre y publicado en la Gaceta de Madrid del 14 de enero de 1890, página 142. El anuncio identifica el escenario como el lavadero público de la villa, sin precisar su emplazamiento.

La lista incluye quince camisas, nueve calzoncillos, cinco sábanas, dos toallas, diecinueve pañuelos, dos camisas de niña, tres pares de calcetines, cuatro pares de medias y dos pañales, además de otras piezas. La justicia pedía localizar tanto a los responsables como las prendas. No constan en este anuncio los nombres de los perjudicados ni el desenlace del caso.

Detrás de esa enumeración hay una pregunta cercana: ¿cómo se organizaba el lavado de la ropa en Marchena? El edicto demuestra que había prendas en el lavadero aquella noche, pero no explica si estaban tendidas, guardadas o en remojo. Tampoco permite atribuirlas a una sola familia ni a lavanderas profesionales.

Para reconstruir el lavadero junto al cementerio existe otra pieza documental especialmente valiosa. La Cartoteca del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía cataloga un plano de 1864 titulado «Reforma de la Fuente y Lavadero del Campo-Santo en Marchena», atribuido a Balbino Marrón y Ranero. El original se conserva en el Archivo Municipal, legajo 1002.

El plano incluye planta, alzado y secciones y pertenece a un expediente de reformas de fuentes y lavaderos de San Ginés, Campo-Santo y Cuesta de Sevilla. Documenta el proyecto del conjunto asociado al cementerio veinticinco años antes del robo. Su estudio completo puede ayudar a precisar la disposición de las instalaciones y sus transformaciones.

Los trabajos históricos sobre el abastecimiento de agua de Manuel Olías Álvarez y Ramón Ramos Alfonso, citados también en una investigación conservada en la Universidad de Sevilla, sitúan la fuente cerca de la ermita de San Roque y recogen su reforma en 1864, con un lavadero público y un pilar para el ganado que aprovechaban el agua sobrante.

Ese antecedente se remonta a 1832, cuando se documenta el descubrimiento del nacimiento de la fuente próxima a San Roque, según la referencia al estudio de Olías Álvarez y Ramos Alfonso recogida en el repositorio de la Universidad de Sevilla. La secuencia enlaza el manantial, la reforma de 1864 y el uso de un lavadero público que testimonia el edicto de 1889, manteniendo pendiente la identificación exacta del escenario del robo.

Marchena Secreta ya había abordado el redescubrimiento del manantial en 1832. El edicto añade ahora un episodio de uso cotidiano. La coincidencia con el lavadero del Campo-Santo es una posibilidad que merece investigarse; el anuncio judicial, por sí solo, no demuestra que el robo sucediera junto al cementerio.

También la documentación patrimonial reciente conserva esa memoria. En sus sugerencias al planeamiento municipal de julio de 2026, Acupamar menciona el antiguo lavadero público dentro del entorno de El Lavadero, junto con el Camino del Oro, parte del parque Chateaudun y la trasera del cementerio, como recogió este periódico.

¿Recuerdas el lavadero? Ayúdanos a reconstruir su historia

Quizá fuiste con tu madre o tu abuela, recuerdes sus pilas o conserves una fotografía en casa. Tu recuerdo puede ayudar a poner nombre, fecha y lugar a lo que los documentos no explican.

Cuéntanos dónde estaba la entrada, cómo se llevaba la ropa, quién acudía, si había alguien encargado o cuándo dejó de utilizarse. Si envías una fotografía, indica quién aparece, de qué fecha podría ser y de quién procede. Si no estás seguro de un dato, señálalo: también nos ayuda a investigar.

Revisaremos las aportaciones, las contrastaremos con los documentos y utilizaremos las autorizadas para ampliar este reportaje con su correspondiente crédito. Puedes señalar errores o discrepar de un recuerdo: queremos reconstruir esta historia escuchando y comprobando lo que aporta cada persona.

Envía tu recuerdo y adjunta tus fotografías por correo: Enviar mi recuerdo y fotografía. Indica la firma con la que quieres aparecer y si autorizas la publicación de tu testimonio e imagen. Comparte únicamente fotografías propias o para las que tengas permiso. Tu dirección de correo no se publicará.

También puedes escribir a marchenasecreta@gmail.com.

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Arte

Gaspar del Arco, un dramaturgo y poeta de Marchena en el Siglo de Oro

Descubre el corral de comedias de Marchena, el patrocinio de los Ponce de León y los vínculos de Gaspar del Arco con el teatro del Siglo de Oro.

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En 1625, un joven natural de Marchena llamado Gaspar del Arco se matriculó en la Facultad de Leyes de la Universidad de Salamanca. Cuatro siglos después, aquel estudiante sigue siendo un personaje prácticamente desconocido en su localidad natal. Sin embargo, una investigación académica plantea una posibilidad extraordinaria: que fuera el verdadero autor de una comedia del Siglo de Oro que terminó circulando bajo el nombre del mismísimo Lope de Vega.

Un investigador de la Universidad de Valladolid sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia del Siglo de Oro publicada bajo distintos nombres y luego atribuida erróneamente a Lope de Vega. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.

Gaspar del Arco nació en Marchena, Sevilla, en los primeros años del siglo XVII. Su procedencia está acreditada por un documento universitario de 1625 cuando se matriculó en la Universidad de Salamanca para estudiar Leyes.

El 15 de noviembre de ese año se matriculó en el primer curso de Leyes de la Universidad de Salamanca. Su nombre figura, precedido del tratamiento de «don», en el registro de estudiantes de la Facultad de Leyes correspondiente al curso 1625-1626. La inscripción señala expresamente que era natural de Marchena, diócesis de Sevilla.Fue localizado por el profesor Germán Vega García-Luengos.

La siguiente noticia documentada corresponde a 1630. Ese año, Gaspar del Arco participó como poeta en una publicación colectiva dedicada a celebrar el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. Se trata de Fiestas de la Universidad de Salamanca al nacimiento del príncipe D. Baltasar Carlos, recopilada por Cristóbal de Lazarraga e impresa en Salamanca por Jacinto Tabernier.

Su nombre figura en el tomo V (p. 581) de la Bibliografía de la Literatura Hispánica de J. Simón Díaz con dos poemas -una glosa y un soneto- insertos en el volumen titulado Fiestas de la
Universidad de Salamanca; al nacimiento del Príncipe D. Baltasar Carlos, publicado por Cristóbal de Lazarraga en 1630-36 .• Los datos encajan. «Su presencia en la ciudad del Tormes durante sus años de formación como jurista le habría permitido participar en las fiestas literarias por el natalicio principesco», detalla Germán Vega.

El volumen contiene dos composiciones atribuidas a Gaspar del Arco: una glosa en la página 244 y un soneto en la 272. El ejemplar citado por Germán Vega se conserva en la Biblioteca Nacional de España, con la signatura R/4973.

La presencia de estos poemas demuestra que el joven marchenero no se limitaba a la formación jurídica. Participaba también en la cultura literaria universitaria, en la que los certámenes poéticos y las celebraciones de la monarquía constituían ocasiones de reconocimiento público.

En 1632  Juan Pérez de Montalbán, escritor y dramaturgo del ambiente literario madrileño, incluyó a Gaspar del Arco en el Índice de los ingenios de Madrid, incorporado a su obra Para todos.

Montalbán lo presentó como jurista y poeta y elogió una comedia suya por la invención dramática, la construcción de los personajes y la calidad de sus versos. Es un testimonio especialmente valioso porque procede de un contemporáneo y acredita que Gaspar del Arco había alcanzado cierto reconocimiento literario. La inclusión en el índice madrileño sugiere vínculos con los círculos culturales de la corte.

Gaspar del Arco, el escritor de Marchena cuya comedia pudo terminar atribuida a Lope de Vega

El filólogo Germán Vega García-Luengos, profesor de la Universidad de Valladolid y especialista en teatro del Siglo de Oro, sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia publicada bajo distintos nombres. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.

La obra formaba parte del volumen Comedias de Lope de Vega Carpio… (y otros autores). Parte veintiséis, que habría visto la luz en Zaragoza, en 1645. La obra procede del fondo de impresos teatrales de la casa del Duque de Osuna que adquirió la Biblioteca Nacional en 1886,  donde aparece atribuida a un tal Gaspar de Alarcón con la referencia escénica del encabezamiento: «Representóla Tomás Fernández».

Tomás Fernández de Cabredo, uno de los grandes empresarios teatrales del Siglo de Oro

Tomás Fernández de Cabredo fue un destacado actor y director de compañías teatrales del siglo XVII, cuya trayectoria estuvo vinculada a importantes escenarios de Andalucía. En octubre de 1632 comenzó a trabajar en el Corral de la Montería de Sevilla y en 1633 regresó para representar los autos del Corpus. Su compañía llevó a escena obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Juan Pérez de Montalbán, precisamente el escritor que elogió al poeta marchenero Gaspar del Arco en 1632. Esta coincidencia permite situar a ambos en el mismo ambiente teatral, aunque no se ha documentado una relación directa entre ellos ni la representación de Dos agravios sin ofensa por la compañía de Fernández.

La atribución a Lope de Vega pudo responder a una práctica conocida en el mercado teatral del Siglo de Oro: utilizar el prestigio de un autor famoso para facilitar la venta de una obra.

«Que se sepa, es la única pieza dramática que puede atribuírsele a este poeta jurista. Y, a la luz de los testimonios reunidos aquí, creo que se le debe atribuir. Lo cual vendría a subrayar, una vez más, el esplendor teatral de aquella España capaz de concitar los esfuerzos creadores de hombres de muy variada condición, con productos de un nivel meritorio. Es de justicia – poética, al menos- que a nuestro incógnito sevillano se le devuelva la comedia que le robaron en Sevilla. A fin y
a cuentas, a Lope le sobran y a Gaspar del Arco le hace falta» explica Vega.

Morley y Bruerton en La cronología de las comedias de Lope de Vega indican que por su análisis métrico pone en evidencia que «tal como se conserva la comedia no es de Lope». Su cronología no encaja con que en los versos finales se diga que el poeta es «primerizo» y «mocito»; -en ese tiempo el poeta de Marchena sí era joven- cuando hacia 1630-35, Lope llevaba a las espaldas centenares y centenares de comedias y decenas y decenas de años, hasta setenta.

Gaspar de Alarcón, encontró dificultades para identificar a un dramaturgo con ese nombre. En cambio, descubrió la referencia de Pérez de Montalbán a Gaspar del Arco, un jurista y poeta que había escrito una comedia por aquellas mismas fechas.

La semejanza entre los apellidos y la coincidencia cronológica le llevaron a proponer que «Gaspar de Alarcón» podía ser una deformación de «Gaspar del Arco», producida durante la transmisión o impresión del texto.

El profesor Germán Vega García-Luengos propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia de capa y espada ambientada en Madrid que circuló en impresos antiguos atribuida a Gaspar de Alarcón y Lope de Vega.

 

El investigador fundamentó su propuesta en el estudio bibliográfico de las ediciones conservadas, la posible deformación del apellido del autor y el testimonio de Pérez de Montalbán. La obra, escrita íntegramente en verso y distribuida en tres jornadas, muestra un elaborado dominio del enredo dramático y de los recursos métricos del teatro barroco.

La atribución es defendida expresamente por Vega, pero no se encuentra demostrada de manera concluyente. 

Después de 1632, la biografía de Gaspar del Arco queda prácticamente en silencio. No disponemos de datos verificados sobre su matrimonio, descendencia, cargos, lugar de fallecimiento o sepultura. Su vida sigue siendo, por tanto, una biografía abierta a la investigación.

De los corrales de Sevilla al palacio de Marchena: en el gran circuito teatral del Siglo de Oro

Los documentos demuestran que Marchena acogía compañías profesionales de teatro en el siglo XVII, bajo el patrocinio de los duques de Arcos.

Entre los protagonistas de aquella época figuran Pedro de Ortegón, Tomás Fernández de Cabredo y el escritor marchenero Gaspar del Arco, cuya posible autoría de una comedia atribuida a Lope de Vega sigue siendo objeto de estudio.

Durante las décadas de 1620 y 1630, el teatro español vivió una extraordinaria expansión. Los corrales de Madrid y Sevilla reunían a públicos de distintas clases sociales, mientras las compañías profesionales recorrían Andalucía representando comedias, entremeses y autos sacramentales. Marchena, capital de los estados de los Ponce de León, formaba parte de aquel circuito cultural.

En 1635, el el 30 de agosto de aquel año se fecha un libramiento ordenado por el duque de Arcos para pagar al empresario teatral Pedro de Ortegón por representaciones celebradas en Marchena. Se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza con la signatura OSUNA,CT.616,D.80. Es una prueba directa de la financiación ducal de espectáculos teatrales en la villa.

Ortegón era un empresario experimentado. En febrero de 1631 había participado en representaciones privadas organizadas en Sevilla durante la estancia del embajador inglés Francis Cottington, por las que recibió 700 reales.

Su compañía contaba con profesionales como Micaela López, Andrés de Guevara, Jerónimo de Morales, Ana María «la Bezona», Juan de Huerta y Antonio Ramos, entre otros. Los contratos estudiados por Mercedes de los Reyes Peña y Piedad Bolaños muestran una organización compleja, con actores especializados, salarios, ensayos y desplazamientos. 

Marchena disponía también de un corral de comedias. Los padrones municipales de 1644 mencionan expresamente la «Calle Comedias» y el «Corral de Comedias». La investigación local recoge asimismo noticias de Cristóbal de Avendaño y María Candado, así como de una estancia teatral de catorce días durante la que se representaron siete comedias. La ubicación exacta del corral continúa sin determinarse.

En Sevilla destacaba por entonces Tomás Fernández de Cabredo. Su trayectoria lo relaciona con el repertorio de Lope de Vega y Juan Pérez de Montalbán, demostrando la circulación de obras y compañías entre los principales escenarios peninsulares.

Precisamente Montalbán dejó en 1632 un testimonio excepcional sobre Gaspar del Arco, escritor natural de Marchena y estudiante de Leyes en Salamanca desde noviembre de 1625. En su Índice de los ingenios de Madrid lo elogió como jurista y poeta y aseguró que había escrito una comedia. Del Arco había publicado además una glosa y un soneto en las fiestas universitarias por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, en 1630.

El filólogo Germán Vega García-Luengos, de la Universidad de Valladolid, propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, obra transmitida bajo los nombres de Gaspar de Alarcón y Lope de Vega. Su hipótesis se apoya en la documentación biográfica, el testimonio de Montalbán y el análisis de las ediciones antiguas, aunque la autoría no está demostrada definitivamente.

La coincidencia de estos testimonios permite reconstruir una Marchena conectada con el teatro profesional de Sevilla y con la cultura literaria de Madrid. Los Ponce de León financiaban representaciones, las compañías viajaban entre ciudades y un escritor nacido en la villa participaba en el mundo literario del Siglo de Oro. Lo que todavía no puede afirmarse es que Gaspar del Arco escribiera para el corral marchenero o que Dos agravios sin ofensa llegara a representarse allí.

Fuentes documentales y bibliográficas

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Actualidad

Una bula de Lepanto vuelve a conectar a Marchena con los Ponce de León, los condes de Castellar y la Virgen del Rosario

La bula recuperada en El Viso del Alcor, los documentos de PARES sobre los Saavedra y los Ponce de León y la memoria rosariana de Santo Domingo permiten reconstruir una conexión histórica de Marchena con el mundo de Lepanto.

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Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Marchena, imagen de archivo

Una bula pontificia original de Pío V, recuperada y autentificada en El Viso del Alcor, vuelve a poner el foco sobre una red nobiliaria y militar que también toca de lleno la historia de Marchena: la de los Arias de Saavedra, condes de Castellar, y los Ponce de León, duques de Arcos y señores de Marchena. La documentación conservada permite enlazar esa relación con la batalla de Lepanto de 1571 y con la memoria rosariana que durante siglos permaneció viva en Santo Domingo de Marchena.

La Junta de Andalucía ha informado este 7 de octubre de 2026 de la recuperación de una bula de Pío V, fechada el 5 de marzo de 1572, relacionada con Fernando Arias de Saavedra, VII señor de El Viso y IV conde de Castellar, y con la participación de este noble y de un grupo de hombres de El Viso en la batalla de Lepanto. El Archivo Histórico Provincial de Sevilla ha sometido el documento a estudios archivísticos, paleográficos, diplomáticos y de conservación y considera muy elevado el grado de certeza sobre su autenticidad.

La información oficial de la Junta señala además que la actuación de Fernando Arias de Saavedra en Lepanto estuvo en el origen de la concesión pontificia a la parroquia de Santa María del Alcor.

La casa de Castellar y el gobierno de Marchena

La relación entre los condes de Castellar y los Ponce de León de Marchena no fue una simple vecindad entre linajes. Está documentada en el Archivo Histórico de la Nobleza. El 11 de abril de 1534, Juan de Saavedra tomó posesión de los oficios, el castillo y la fortaleza de Marchena en calidad de tutor y gobernador de Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. Dos días antes había tomado posesión del castillo y fortaleza de la villa con la misma condición.

Los documentos se conservan en PARES bajo las signaturas OSUNA,C.170,D.70-71 y OSUNA,C.170,D.66-67. Es decir, la casa de Castellar llegó a ejercer funciones directas de gobierno sobre la persona y los bienes del duque de Arcos y sobre la propia fortaleza de Marchena.

PARES conserva el testimonio de 1534 en el que Juan de Saavedra aparece expresamente como tutor y gobernador del II duque de Arcos.

Un conde de Castellar en Lepanto

Décadas después, otro miembro de la misma casa, Fernando Arias de Saavedra, combatiría en Lepanto. Un estudio sobre el archivo de los condes de Castellar identifica al IV conde como capitán de arcabuceros, veterano de Flandes y de la guerra contra los moriscos de Granada, y señala que combatió en Lepanto a bordo de la capitana de Luis de Requesens.

La recuperación de la bula conocida hoy añade ahora una prueba documental excepcional a esa trayectoria y confirma además la participación de hombres de El Viso junto a su señor en la campaña.

Los Ponce de León también aparecen en la armada de 1571

La documentación militar de la época sitúa asimismo a Manuel Ponce de León al frente de una compañía del Tercio de Lope de Figueroa. Una relación remitida desde Mesina al rey el 16 de septiembre de 1571 enumera las compañías embarcadas en las galeras españolas y coloca entre ellas la compañía de don Manuel, identificada por la historiografía como la de Manuel Ponce de León.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes reproduce esta relación y su identificación documental.

La conexión con Marchena está en el propio entramado de la Casa de Arcos. Luis Cristóbal Ponce de León era entonces II duque de Arcos y señor de Marchena, mientras los Saavedra de Castellar habían estado ligados décadas antes al gobierno de su casa.

El Rosario: la memoria religiosa de Lepanto en Marchena

La fecha añade otra capa a esta historia. La batalla de Lepanto se libró el 7 de octubre de 1571, día que terminó quedando unido en la tradición católica a la advocación del Rosario. Pío V impulsó esa asociación después de la victoria de la Santa Liga y la fiesta de Nuestra Señora del Rosario quedó fijada precisamente el 7 de octubre.

En Marchena, esa memoria adquirió una forma propia. Tal y como ya había publicado Marchena Secreta, la Cofradía del Santo Rosario se documenta en el convento dominico desde 1556 y en Santo Domingo existieron posteriormente distintas corporaciones rosarianas. Entre ellas aparece la denominada Congregación de la Batalla Naval, vinculada al recuerdo de Lepanto.

Marchena Secreta ya recogió la relación histórica entre la Virgen del Rosario y Lepanto, así como la presencia en Santo Domingo de las hermandades del Cirio, la Aurora y la Congregación de la Batalla Naval.

La devoción continúa formando parte central de la identidad local. Este mismo mes, Marchena ha recuperado la antigua Procesión de Tercia en torno a Nuestra Señora del Santísimo Rosario, enlazando de nuevo presente y memoria histórica.

Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Marchena, imagen de archivo
Foto de archivo: Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Marchena.

Cuatro siglos y medio después de Lepanto, la documentación permite contemplar una misma trama histórica desde varios puntos: la casa de Castellar, los Ponce de León de la Casa de Arcos, el gobierno señorial de Marchena, los militares presentes en la gran campaña mediterránea de 1571 y una devoción, la del Rosario, que terminó dejando una huella duradera en la vida religiosa marchenera.

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Historia

Osuna, 1660: la red de judaizantes portugueses que acabó ante la Inquisición de Sevilla

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En abril de 1660, Sevilla asistió a uno de los grandes autos de fe del siglo XVII. Pero una parte importante de aquella historia había comenzado lejos de la capital, en plena Campiña. Las fuentes sitúan en Osuna un núcleo de portugueses acusados de judaizar cuyos nombres terminaron formando parte de las relaciones del Santo Oficio.

No parece que estemos ante unos cuantos individuos aislados. Los apellidos se repiten, aparecen hombres y mujeres vinculados al mismo espacio y todo apunta a relaciones familiares y sociales.

Entre los vecinos de Osuna identificados en las relaciones vinculadas al auto de fe figuran nombres como Tomás Dionís, Francisco López Vega, Manuel de Miranda, Martín García de Castilla, Rafael Rodríguez, Manuel Carrasco, Manuel de Orellana, Francisco Carrasco, Diego Rodríguez Núñez, Miguel Esteban, Manuel de la Peña, Pedro López de Vega, Francisco Gutiérrez de Miranda, Diego Rodríguez Márquez y Luis Gómez.

También aparecen mujeres como Beatriz Núñez, Clara Rodríguez, Gracia Rodríguez, Isabel Rodríguez, Guiomar Rodríguez, María Gómez de Salazar y Felipa Gómez.

 El término “reconciliado” tenía un sentido preciso dentro del lenguaje inquisitorial. No significaba una simple reconciliación personal o religiosa, sino la readmisión de un acusado en la comunidad cristiana después de reconocer los delitos que le atribuía el tribunal y cumplir las penas correspondientes. Detrás de aquella expresión administrativa había vidas enteras sometidas a investigación.

La presencia judeoconversa en la Campiña sevillana no desapareció con la expulsión de 1492. Más de un siglo después, otro movimiento humano volvió a conectar estas tierras con la memoria de Sefarad. Eran los cristianos nuevos portugueses, descendientes en muchos casos de aquellos judíos obligados a convertirse en Portugal a finales del siglo XV. Durante la unión de las coronas ibéricas y a través de las redes comerciales del Atlántico, numerosas familias portuguesas se instalaron en Sevilla y extendieron sus vínculos hacia las villas de la Campiña. Osuna, Écija, Marchena o Morón aparecen así integradas en una geografía mucho más amplia de parentescos, negocios y desplazamientos.

Documentos de la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional

Aquellas familias no formaban necesariamente comunidades religiosas organizadas. Algunas pudieron conservar prácticas judías en secreto; otras eran ya cristianas desde generaciones atrás. Para el Santo Oficio, sin embargo, el origen portugués y determinados parentescos bastaban con frecuencia para despertar sospechas. Tras la independencia de Portugal en 1640 y la caída del conde-duque de Olivares en 1643, la tolerancia política hacia los grandes comerciantes portugueses se redujo y comenzó una de las últimas grandes campañas contra los acusados de judaizar. Durante la segunda mitad del siglo XVII los procesos se multiplicaron también en Andalucía y alcanzaron con fuerza las poblaciones de la Campiña.

Tomás Dionís, una muerte después del auto de fe

Uno de los casos más dramáticos es el de Tomás Dionís. La relación histórica que recoge los acontecimientos de 1660 lo incluye entre los portugueses judaizantes de Osuna y añade un episodio excepcional: permanecía recluido en la cárcel de penitencia y, apenas dos días después del auto de fe, habría muerto tras arrojarse a un pozo.

Aparece de pronto una persona sometida a una presión difícil de imaginar: interrogatorios, prisión, exposición pública, condena y el peso social que acompañaba a una sentencia inquisitorial.

Diego Lopez Duro, la red conversa continuó una generación después

Diego López Duro, mercader vecino de Osuna y de origen portugués, fue condenado por la Inquisición de Sevilla por judaísmo y ejecutado el 28 de octubre de 1703. Su caso ha quedado ligado a uno de los grandes frescos de Lucas Valdés conservados en la iglesia de Santa María Magdalena de Sevilla, donde tradicionalmente se ha identificado al reo conducido al suplicio con este procesado ursaonense.

La importancia del caso está en su continuidad con la represión contra los judaizantes portugueses documentada en Osuna durante la segunda mitad del siglo XVII. Más de cuarenta años después del gran auto de fe de 1660, en el que aparecen numerosos vecinos de la villa acusados de mantener prácticas judías, la Inquisición seguía actuando contra personas del mismo entorno social y geográfico.

La propia parroquia de la Magdalena recoge la identificación de López Duro con el condenado representado en el fresco y señala su condición de mercader de Osuna y su ejecución en 1703. La escena se encuentra en un templo especialmente vinculado a la historia del Santo Oficio, ya que el antiguo convento dominico de San Pablo fue una de las primeras sedes de la Inquisición sevillana.

El caso de López Duro permite comprobar que la presencia de cristianos nuevos portugueses en Osuna no fue un episodio puntual limitado a 1660. La documentación muestra una continuidad de varias décadas que convierte a la villa en uno de los focos más interesantes para estudiar las redes de judaizantes de la Campiña sevillana durante los siglos XVII y comienzos del XVIII.

El misterio de la Osuna medieval 

La Osuna medieval, que incluyó una comunidad judía sobre la que apenas tenemos noticias, fue una ciudad mucho más concentrada que la actual: su núcleo se extendía fundamentalmente por la zona alta, en torno a la antigua alcazaba y dentro de un recinto amurallado cuyo trazado todavía puede seguirse parcialmente por calles como Luis de Molina y por elementos conservados como la Torre del Agua.

Tras la conquista cristiana de 1239 se reorganizó ese espacio urbano y, sobre la zona fortificada, se levantó la principal parroquia medieval, conocida como Santa María o Iglesia del Castillo, antecedente directo de la actual Colegiata, construida en el siglo XVI sobre su solar.

Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción de Osuna

La arqueología está empezando a devolvernos esa ciudad casi desaparecida: las excavaciones de Caldenegros han documentado la muralla, estructuras urbanas, barrios periféricos de época taifa, fases almorávides y almohades y la transformación posterior a la conquista castellana; otras intervenciones han localizado incluso un arrabal islámico extramuros.

Respecto a una posible sinagoga medieval transformada después en iglesia, las fuentes institucionales y arqueológicas disponibles no muestran por ahora ninguna iglesia de Osuna cuya identificación como antigua sinagoga esté demostrada documental o arqueológicamente.

La Iglesia del Castillo es el templo medieval mejor documentado, pero las fuentes consultadas la presentan como una fundación cristiana posterior a la conquista.

 Esto no excluye que existiera una sinagoga vinculada a la población judía de la Osuna bajomedieval; simplemente significa que su emplazamiento todavía no puede afirmarse con seguridad. Precisamente ahí hay una línea de investigación muy interesante: cruzar excavaciones del casco medieval, protocolos y documentación señorial de los Téllez Girón y fondos del Archivo Histórico Nacional para intentar localizar la judería y su posible espacio de culto.

Los Téllez Girón y los judíos

Los Téllez Girón gobernaron territorios donde existían comunidades judías consolidadas, y el caso mejor documentado es Peñafiel, incorporada al señorío de Pedro Girón en el siglo XV. Allí los judíos aparecen como propietarios, comerciantes, prestamistas y arrendadores, y la documentación muestra que los señores no desarrollaron, al menos de forma general, una política de expulsión propia antes de 1492. Tras el decreto de los Reyes Católicos, sin embargo, Juan Téllez Girón, II conde de Ureña, adquirió bienes que habían pertenecido a judíos de Peñafiel; PARES conserva, por ejemplo, la venta realizada en junio de 1492 por el rabino David Jayate y otros miembros de su familia al conde de cuatro ruedas de molino y una heredad.

Con la implantación de la Inquisición surgieron además procesos contra judeoconversos: Alfonso Sánchez de Soto, vecino de Roa y propietario de tierras entre Roa y Peñafiel, fue condenado a la hoguera por judaizante; sus bienes fueron confiscados y parte de la heredad de Valdeparral terminó en manos de Juan Téllez Girón, II conde de Ureña. PARES conserva además documentación de 1492 relativa a bienes confiscados por la Inquisición a los hermanos Gonzalo, Diego y Juan de Soto, directamente relacionada con el conde de Ureña.

También encontramos un caso muy significativo en Arahal, localidad integrada en los dominios de los condes de Ureña y posteriormente de los duques de Osuna. Allí nació el médico Juan Muñoz y Peralta, personaje de enorme relieve científico a finales del XVII y comienzos del XVIII. El propio Archivo Municipal de Arahal conserva copias de su documentación inquisitorial y señala que, debido a su ascendencia judeoconversa, fue acusado de judaizante, procesado y encarcelado por la Inquisición. Es especialmente interesante porque demuestra que la cuestión conversa continuaba viva en una antigua villa del señorío Girón más de dos siglos después de la expulsión de 1492

En Archidona, otro territorio fundamental de los Téllez Girón, también existe documentación inquisitorial. Una investigación reciente sobre las visitas del Tribunal de Granada recoge en 1606 a Isabel de la Serna, vecina de Archidona, investigada por “actos heréticos”.  Antequera–Archidona–Loja constituyó uno de los espacios donde se detectaron comunidades y redes de conversos judaizantes: en el auto de fe granadino de 1528 fueron condenadas 86 personas por prácticas relacionadas con el judaísmo. Dialnet Ya en el siglo XVIII aparece además José de Silvetra, nacido en Archidona, procesado en 1722 por la Inquisición de Jaén como “judaizante protervo”.

Osuna no estaba aislada

La aparición de estos portugueses en Osuna tampoco puede entenderse como un fenómeno exclusivamente local. Durante los siglos XVI y XVII hubo importantes desplazamientos de cristianos nuevos portugueses hacia Castilla. Parte de ellos se dedicaron al comercio y establecieron relaciones familiares y económicas entre distintas ciudades. Sevilla era un lugar especialmente atractivo por su actividad mercantil y por el comercio americano, pero las redes no se detenían en la capital.

Osuna, Morón, Utrera y otras poblaciones de la Campiña estaban perfectamente integradas en aquellos circuitos económicos.

El secreto de la Sevilla lusa y de San Antonio de los Portugueses

Lo que Juan Gil nos enseñó sobre los conversos de la Campiña

La monumental obra de Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, permite reconstruir el mundo de los cristianos nuevos desde finales del siglo XV. Su método es especialmente valioso porque no se limita a estudiar grandes procesos inquisitoriales. Gil reconstruye nombres, familias, profesiones, matrimonios, movimientos geográficos y relaciones económicas.

Los datos estudiados por Juan Gil para Marchena pertenecen principalmente al periodo inicial de la Inquisición sevillana, especialmente finales del siglo XV y comienzos del XVI. El grupo portugués de Osuna pertenece, en cambio, a 1660, casi dos siglos después. La Campiña sevillana fue durante siglos un territorio atravesado por familias conversas, comerciantes, funcionarios, arrendadores, artesanos y posteriormente cristianos nuevos portugueses.

Los apellidos como pistas, no como pruebas

La lista de Osuna contiene apellidos como Núñez, Rodríguez, Gómez, Carrasco, Miranda o Vega. Algunos de esos apellidos aparecen también en documentación conversa de otras localidades.

Precisamente uno de los principales méritos del trabajo de Juan Gil es evitar esa simplificación: las familias se reconstruyen mediante matrimonios, filiaciones, testamentos, profesiones y documentos notariales.

Documentos de la Sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional

Una red que ahora podemos intentar reconstruir

A partir de los nombres de 1660 se abre una investigación extraordinaria. Los Carrasco, los Miranda, los Rodríguez, los López Vega, los Núñez o los Gómez pueden dejar huellas en protocolos notariales, expedientes inquisitoriales, escrituras de compraventa, testamentos, registros parroquiales y documentación del ducado de Osuna.

Los procesos inquisitoriales contienen muchas veces declaraciones sobre asuntos aparentemente insignificantes: qué se comía en una casa, cuándo se cambiaba la ropa, cómo se preparaba una comida, qué palabras se pronunciaban, quién visitaba a quién o qué se hacía un viernes por la tarde.

De los conversos de 1495 a los portugueses de 1660

Entre los conversos documentados por Juan Gil en la Marchena de finales del siglo XV y los portugueses perseguidos en Osuna en 1660 hay casi ciento setenta años. Son contextos diferentes. Pero ambas historias forman parte de un mismo proceso de larga duración: la vigilancia ejercida durante generaciones sobre los descendientes de judíos convertidos al cristianismo y sobre aquellos cristianos nuevos sospechosos de conservar prácticas judías. Marchena permite observar el comienzo de ese mundo. Osuna nos muestra que el fenómeno continuaba vivo en pleno siglo XVII.

El fenómeno de los conversos y criptojudíos no terminó con el siglo. Todavía durante las primeras décadas del XVIII se documentan procesos y delaciones contra descendientes de aquellas familias. La represión iniciada en torno a 1718 constituye uno de los últimos ecos de esta historia. Hacia 1720-1730 el grupo había dejado ya de constituir una realidad social visible: unas familias habían emigrado, otras habían sido desarticuladas por los procesos y confiscaciones, y muchas otras se habían integrado definitivamente en la sociedad cristiana. Lo que quedaba ya no era una comunidad reconocible, sino apellidos, parentescos y memorias familiares que sólo vuelven a emerger cuando se cruzan los expedientes de la Inquisición con protocolos notariales, padrones y archivos señoriales.

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Historia

Diego Núñez de Prado: el caballero, alcalde y alcaide que fundó San Francisco de Marchena

Documentos de PARES y la Chancillería permiten reconstruir la vida de Diego Núñez de Prado: caballero armado por Fernando el Católico, alcaide del castillo, alcalde de Marchena y fundador con Juana Blázquez del convento de San Francisco en 1530.

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Portada de la capilla de la Vera Cruz de Marchena, resto del antiguo convento de San Francisco fundado por Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez

Diego Núñez de Prado fue mucho más que el hombre que cedió sus casas para levantar el convento de San Francisco de Marchena. La documentación conservada en PARES, la Real Chancillería de Granada y los estudios sobre el franciscanismo marchenero permiten reconstruir el perfil de un personaje situado en el centro del poder local durante las primeras décadas del siglo XVI: militar, alcaide de la fortaleza, alcalde de Marchena, caballero armado por Fernando el Católico y, junto a su esposa Juana Blázquez, fundador hacia 1530 del convento del que hoy sobrevive la capilla de la Vera Cruz.

Un hombre del poder ducal y del gobierno de Marchena

Uno de los documentos más claros se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza y puede consultarse a través de PARES. El 1 de agosto de 1530, Diego Núñez de Prado aparece expresamente como alcaide de la fortaleza de Marchena prestando pleito homenaje a Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. El documento forma parte del proceso de sucesión señorial tras la muerte de Rodrigo Ponce de León Cabrera, I duque de Arcos.

La ficha de PARES describe el original como «testimonio de la toma de posesión y pleito homenaje que hizo Diego Núñez de Prado, alcaide de la fortaleza de Marchena, a favor del II duque de Arcos». La signatura es OSUNA,C.170,D.55-57. Consulta del documento en PARES.

Otro documento del mismo fondo muestra a Diego entregando el castillo y fortaleza de Marchena a Juan de Saavedra, señor de Castellar y El Viso, que actuaba como tutor y gobernador de la persona y bienes del joven duque. La signatura es OSUNA,C.170,D.66-67. Consulta en PARES.

Esto sitúa a Núñez de Prado en una posición excepcional: era el hombre responsable de la principal fortaleza de la capital del Estado de Arcos y participaba directamente en los rituales jurídicos mediante los cuales se transmitía el poder señorial.

Las Ordenanzas de Marchena y su cargo municipal

Diego Núñez de Prado aparece asimismo rubricando las Ordenanzas municipales de Marchena, cuerpo normativo que regulaba desde los montes, dehesas y ganados hasta actividades artesanales y comerciales. En artículos anteriores de Marchena Secreta se había manejado la fecha de 1525, mientras que la edición académica de Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández las publica como Ordenanzas de la villa de Marchena (1528).

La firma de Núñez de Prado demuestra su participación en el gobierno de la villa. Lo que puede afirmarse documentalmente con seguridad es que pocos años después, en 1535, aparece ya identificado como alcalde de Marchena. Por prudencia, hasta comprobar la fórmula exacta del manuscrito de las ordenanzas, no debe darse por seguro que ejerciera ya ese mismo cargo concreto cuando las rubricó, aunque su intervención evidencia que pertenecía al núcleo dirigente del concejo.

La edición moderna de las ordenanzas fue realizada por Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández y publicada por la Diputación de Sevilla. Ficha de la edición.

1535: los vecinos llevan al alcalde ante la Chancillería

La imagen de benefactor religioso convive con otra mucho más áspera: la del hombre que ejercía el poder cotidiano. El 29 de octubre de 1535, numerosos vecinos de Marchena pleitearon contra Diego Núñez de Prado y contra Juan Romero ante la Real Chancillería de Granada. La documentación manejada por Marchena Secreta identifica a Núñez de Prado como alcalde de Marchena y capitán o alcaide del castillo, mientras que Juan Romero aparece como alcalde de la Justicia.

Entre las quejas figura la utilización o requisa de caballos de vecinos para servicios relacionados con las necesidades del poder señorial y militar. La paradoja es significativa: quien había intervenido en la normativa municipal era acusado pocos años después por sus propios vecinos de excederse en el ejercicio de su autoridad.

Marchena Secreta: el pleito de 1535 y los caballos de Marchena.

Fernando el Católico lo armó caballero en Lanjarón

Una referencia procedente de un pleito de hidalguía de la Real Chancillería de Granada permite retroceder hasta su etapa militar. En un proceso de 1573 se recordaba que el rey Fernando el Católico había armado caballeros en Lanjarón a varios vecinos de Marchena, entre ellos «el alcayde Diego Núñez de Prado» y Martín de Alcalá.

La referencia archivística es Archivo de la Real Chancillería de Granada, Hidalguía, caja 4959, pieza 16, citada en un estudio publicado en el Anuario de Historia del Derecho Español. Consultar el estudio y la referencia documental.

Este testimonio es especialmente importante porque enlaza a Diego Núñez de Prado con las campañas granadinas y confirma que su condición militar no fue una reconstrucción tardía: fue reconocido como caballero armado por el propio monarca.

De las campañas de Granada al mando de la fortaleza

La tradición historiográfica local lo presenta además como caudillo y capitán de la gente de Marchena y del Estado de Arcos, vinculado a las campañas de Rodrigo Ponce de León durante la guerra de Granada y posteriormente a las operaciones de 1500 frente a las sublevaciones mudéjares. Esa tradición resulta coherente con el testimonio de Lanjarón y con su posterior cargo de alcaide, aunque cada episodio concreto debe seguir contrastándose con documentación primaria.

Marchena Secreta ya había recogido ese perfil militar al tratar la historia de los Ponce de León. Artículo de archivo.

1530: Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez fundan San Francisco

Hacia 1530, Diego Núñez de Prado y su esposa Juana Blázquez dispusieron conjuntamente la fundación del convento de San Francisco. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez explica que el matrimonio estableció mediante un acuerdo testamentario de mancomún que el superviviente de ambos debía hacer un convento para los religiosos franciscanos.

Para la fundación, Núñez de Prado destinó sus propias casas. Sobre aquel espacio se levantaron después la capilla mayor, la capilla del Sagrario, la sacristía y el claustro pequeño. La donación comportaba también para el fundador y sus familiares el derecho a una bóveda de enterramiento en la capilla mayor.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico confirma que la actual capilla de la Vera Cruz perteneció al extinguido convento de San Francisco y fecha su fundación en 1530 por Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez. Ficha del IAPH.

La Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría recoge igualmente la fundación «en torno a 1530» por Diego Núñez de Prado y su esposa. Estudio sobre las fundaciones religiosas de la villa ducal.

Un matrimonio vinculado a la espiritualidad franciscana

Las fuentes locales y cofrades identifican a Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez como terciarios franciscanos. La fundación, por tanto, no debe verse únicamente como una demostración de riqueza o prestigio. El matrimonio estaba vinculado a la espiritualidad de San Francisco y convirtió una parte esencial de su propio patrimonio doméstico en espacio conventual.

Por eso resulta más exacto hablar de los fundadores Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez, y no únicamente de Diego.

1533: la Vera Cruz nace junto al nuevo convento

La nueva casa franciscana se convirtió muy pronto en un foco de religiosidad penitencial. La Hermandad de la Vera Cruz sitúa sus reglas primitivas en el 7 de febrero de 1533. Francisco Rodríguez Santos figura como fundador de la cofradía, establecida en una capilla propia junto a la iglesia conventual. La tradición marchenera señala que la creación de la hermandad se produjo a instancia de Diego Núñez de Prado.

Historia de la Vera Cruz de Marchena.

Aquel convento ocupó buena parte de la manzana donde hoy se encuentran dependencias públicas. Tras las transformaciones y desaparición de las dependencias conventuales, la capilla de la Vera Cruz quedó como el principal testimonio arquitectónico del conjunto fundado en el siglo XVI.

Un personaje entre la espada, el concejo y el convento

Los documentos permiten así recuperar a un Diego Núñez de Prado mucho más complejo que el simple nombre asociado a una fundación.

Lo encontramos como militar de las campañas granadinas y caballero armado por Fernando el Católico; como alcaide de la fortaleza de Marchena, encargado de una pieza esencial del poder de los Ponce de León; como participante en el gobierno municipal y rubricante de las ordenanzas de la villa; como alcalde de Marchena documentado en 1535; como autoridad cuestionada por vecinos que acudieron contra él a la Chancillería; y, finalmente, como hombre profundamente ligado al franciscanismo que junto a Juana Blázquez transformó sus casas en un convento.

Su biografía resume buena parte de la Marchena de comienzos del siglo XVI: una villa señorial gobernada bajo la autoridad de los Ponce de León, todavía marcada por la guerra de Granada, dotándose de nuevas normas municipales y viviendo al mismo tiempo una intensa expansión conventual y cofrade.

Queda todavía una línea de investigación abierta: localizar y leer íntegramente todos los documentos del fondo Osuna que mencionan a Diego Núñez de Prado, así como el pleito completo de 1535 y el manuscrito original de las ordenanzas, para precisar la cronología exacta de sus cargos municipales y militares.

Fuentes consultadas

Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.55-57. Toma de posesión de los oficios de Marchena y pleito homenaje de Diego Núñez de Prado como alcaide de la fortaleza, 27 de julio-1 de agosto de 1530.

Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.66-67. Toma de posesión del castillo y fortaleza de Marchena por Juan de Saavedra, entregados por Diego Núñez de Prado.

Archivo de la Real Chancillería de Granada. Hidalguía, caja 4959, pieza 16. Referencia a la caballería otorgada por Fernando el Católico a Diego Núñez de Prado en Lanjarón, citada en el Anuario de Historia del Derecho Español.

Borrero Fernández, Mercedes; García Fernández, Manuel. Las Ordenanzas de la villa de Marchena (1528), Diputación de Sevilla.

Ramos Suárez, Manuel Antonio. Estudios sobre la dispersión del patrimonio mueble y la fundación del convento de San Francisco de Marchena.

Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Ficha patrimonial de la Capilla de la Vera Cruz de Marchena.

Marchena Secreta. Archivo propio sobre Diego Núñez de Prado, las ordenanzas, el pleito de 1535, los Ponce de León y el franciscanismo en Marchena.

Imagen de portada: capilla de la Vera Cruz de Marchena, antiguo convento de San Francisco. Archivo gráfico del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).

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