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Historia

Porqué 10.000 maravedíes salían cada año del Estado de Arcos para el convento Dominico de Jerez

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INVESTIGACIÓN
Los vínculos entre la familia de los Ponce de León, Señores de Marchena y duques de Arcos, y la orden Dominica fueron más allá de la fundación del convento de Santo Domingo de Marchena, también patrocinaron con importantes fondos, al convento de Santo Domingo de Jerez, el primero y más importante que esta orden tenía en Andalucía según la documentación investigada y el convento de Rota de esta misma orden.  
El pago de esta renta anual llegó hasta el siglo XVIII tal y como se recoge en esta carta entre el prior José Vázquez y la casa de Arcos. 

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

Santo Domingo de Marchena
Cada año, los frailes del convento de Santo Domingo de Jerez recibían 10.000 maravedíes de las rentas del Estado de Arcos, por voluntad de Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz. Se trataba de un dinero que el Marqués había donado a su hombre de confianza Pedro de Vera, Alcaide de Arcos y conquistador de Canarias, que inmediatamente fue entregado por Vera a los Dominicos de Jerez. 
LAS TUMBAS DUCALES DE SANTO DOMINGO DE MARCHENA
El fundador de Santo Domingo de Marchena, que también pagaba fondos a los Dominicos de jerez, Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos firma en 1520  un acuerdo con el provincial de la Orden Dominica Fray Domingo de Melgarejo, por el que se obliga a la fábrica y fundación del convento de Marchena y a dotarlo para mantener 20 frailes, sobre los bienes y posesiones heredadas del clérigo Bartolomé Sánchez Bonilla. Dotó al convento con 808 maravedíes ante Juan Ruiz escribano de Marchena en el año de 1520.
El superior de los dominicos andaluces, y vicario Domingo de Baltanás aconsejó al I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, quien tenía necesidad de un heredero que no llegaba, hacer un voto a San Pedro Mártir.
Si llegaba el hijo que esperaba prometió reconstruir el convento de Santo Dopmingo de Marchena, que estaba a las afueras del pueblo, en la Plaza Vieja, en un sitio céntrico y mantener 20 religiosos. Construyó entonces el convento de Santo Domingo en el centro de Marchena y allí mandó que se enterraran su familia y descendientes incluido el propio Rodrigo y su hijo Luis Cristóbal y sus esposas e hijos que eran varios miembros de la familia Téllez Girón. El templo también fue sede de la Inquisición. Además este convento fue padre del convento dominico de Rota.
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Como Rodrigo murió sin ver terminado el convento dejó escrito que «Luis Cristobal mi hijo y a sus tutores tengan por bien y en todo descarguen mi anima porque así lo hagan con él, sus hijos cuando de esta vida hubiesen de partir» explica el fundador en su testamento.   «Y que de ella se edifique dicho monasterio por el referido Testamento y codilicio hecho en Rota» por el fundador, fallecido en 1530 mandando sepultarse en dicho convento él y sus tres mujeres y «todos sus inéditos sucesores y descendientes».
Muerto el Duque fundador, la persona encarga de levantar el convento fue Juan Arias de Saavedra, conde de Castellar, y tutor de Luis Cristóbal mientras fue menor de edad.
«Preocupado -a lo que se deja colegir- de otros negocios se olvidó de la fábrica del convento y del juro de los 230 maravedíes de renta de su dotación clamaba y reclamaba la parte del convento en la persona del Reverendo Padre Fray Domingo de Baltanás, confesor que había sido de Duque de Arcos don Rodrigo».
En 1535  aún no se habían iniciado las obras por lo que los frailes de la orden Dominica en Marchena decidieron presentar un recurso ante la Reina Isabel de Portugal, emperatriz y esposa de Carlos V que estaba financiando la construcción de los claustros de Santo Domingo de Jerez.
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«Informada su majestad de la justicia de esta parte y de las grandísimas causas que movieron al señor Duque a la fundación del convento de San Pedro Mártir; la reina despachó una cédula real por la cual removiendo todo impedimento, manda que el referido Don Juan Arias de Saavedra gobernador del estado de Arcos prosiga y finalice la construcción del convento de San Pedro Mártir y pague a sus religiosos el juro de 288 maravedíes de renta anual que debía para su subsistencia y manutención de sus religiosos» tal y como expone Fray Manuel de Carrasquilla en su carta de 1743.
Mientras se consolidaba y construía el convento de Marchena, los herederos del Marqués de Cádiz, su nieto Rodrigo Ponce, y el hijo de éste Luis Cristóbal Ponce de León, ambos patrocinadores y enterrados en el convento de Santo Domingo de Marchena.     
El convento de Santo Domingo de Jerez
En 1264 las tropas de Alfonso X conquistan Jerez y entregan a los dominicos un ribat islámico frente a la puerta de Sevilla, para que fundasen allí su convento, del que se conserva portada original, con arco de herradura, siendo el convento de la orden más antiguos de Andalucía. Un año después se funda San Pablo de Córdoba. Conforme la comarca jerezana se iba pacificando e iban cayendo los pueblos de la Sierra de Cádiz, los conventos de la ciudad se iban enriqueciendo gracias a sus tierras. 
La iglesia es de estilo gótico mudéjar, y los claustros, góticos. Llegó a tener más de trescientos frailes conviviendo a la vez entre sus muros. Su dormitorio Bajo fue realizado a partir de 1529 y con el patrocinio de la emperatriz Isabel de Portugal esposa de Carlos V.
Como las rentas que Pedro de Vera ganó por el asalto a Cardela acabaron en Jerez
Pedro de Vera Mendoza, nacido en Jerez en 1430, lideró la conquista de Gran Canaria entre 1478 y 1483. Mano derecha del Marqués de Cádiz, Señor de Marchena, murió en 1505 y fue enterrado en Santo Domingo de Jerez. Fue gobernador de Gran Canaria, alcaide de Jimena, Cádiz y Arcos, y regidor, es decir, concejal de Jerez.  Su hijo Francisco de Vera, es el padre de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, explorador de La Florida y más tarde adelantado del Río de la Plata. 
 En 1470 fue nombrado alcaide de Arcos de la Frontera por Rodrigo Ponce de León; entre el año siguiente y 1474 participó en diversas campañas contra las tierras y bienes del duque de Medina Sidonia; en 1476 renunció la veinticuatría de Jerez en uno de sus hijos; finalmente, entre 1477 es elegido por los Reyes Católicos para la conquista de Gran Canarias junto con el también hombre de Rodrigo Ponce de León, capitán Pedro Fernández Cabrón.
La Villa de Cardela, un bastión musulmán crucial en la Sierra de Cádiz, fue reconquistada gracias a la astucia y el valor de Pedro de Vera. El propio Rodrigo Ponce de León atribuye el éxito de dicho operación militar a un ardid proporcionado por Pedro de Vera, quien lideró personalmente el asalto, resultando herido en el combate y derramando su sangre. Su liderazgo en la toma de la puerta de la villa permitió a las fuerzas cristianas penetrar y asegurar el enclave.
Cardela fue tomada por Rodrigo Ponce de León marqués de Cádiz y su hermano Manuel en octubre de 1472 con la ayuda del Alcalde de Arcos, Pedro de Vera intentando contrarrestar la toma de Jimena por parte del marqués de Medina Sidonia en 1470.
Cardela o Castillo de Fátima, ubicado en Ubrique pertenecía el cinturón de defensas de la Frontera militar oeste del Reino de Granada sufriendo asedios de tropas castellanas y granadinas. Durante el periodo andalusi formaba parte de la Sierra de Ronda que durante el periodo musulmán fue un reino independiente.
Rodrigo Ponce logró abrir brecha para la toma cristiana de la comarca con la toma de Zahara de la Sierra, la mejor fortificación de la zona en 1483, y Setenil al año siguiente. Poco después consigue la propiedad de las Siete Villas de la sierra gaditana que se incorporan al señorío de la Casa de Arcos en 1485. Tras la sublevación morisca de 1501 se inicia la repoblación cristiana en toda la comarca y surge el municipio de El Bosque de Benamahoma al amparo de un coto de caza de los Ponce de León.
Reconocimiento y Recompensa
Como reconocimiento a sus «buenos y señalados servicios», Rodrigo Ponce de León otorga a Pedro de Vera el 3 de octubre de 1472, un privilegio fechado en Jerez de la Frontera por el que a perpetuidad, se le pagarían a Pedro de Vera, diez mil maravdíes anuales procedentes de la renta del almoharifazgo de la Villa de Arcos, asegurando así un legado duradero para él y sus sucesores.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

«Vos Pedro de Vera, mi Alcaide de Arcos, (…) fuistes causa, porque yo tomase y ganase la villa de Cardela, que estaba en poder de los moros, enemigos de nuestra santa fe católica. Y me distes el ardid para cobrar dicha villa en el combate de la cual vos fuiste y fue derramada vuestra sangre en servicio y honor mío y tomaste en combate  la puerta de la Villa y entrastes por allí a la villa. Por lo cual vos fago merced de 10.000 maravedíes de juro de heredad para vos y vuestros herederos y sucesores, (…) situados en la renta de la Almoharifazgo de la villa de Arcos»,  escribió Rodrigo Ponce de León en el documento Confirmación de Rodrigo Ponce de León, [I] duque de Arcos, a favor del Monasterio de Santo Domingo de Jerez de la Frontera (cádiz), de la cesión que le hizo Pedro de Vera, alcaide de Arcos de la Frontera (Cádiz), de los maravedíes de juro sobre la renta de su almojarifazgo, que le donó el dicho marqués de Cádiz, por haber sido la causa de que él tomara la villa de Cardela.
Renuncia y Devoción
Pero el propio Pedro de Vera decidió ceder esta renta al Convento Dominico de Jerez, a cambio de asegurarse su enterramiento en un lugar preeminente de dicho edifico, siendo sepultado en la capilla mayor de la iglesia de dicho convento.
La cesión de sus rentas supuso la ratificación y aprobación de varias figuras notables, incluyendo al primer Duque de Arcos y Alguacil Mayor de Sevilla, Rodrigo Ponce de León y más tarde a su hijo Luis Cristóbal Ponce de León, bisnieto del Marqués de Cádiz y embajador de España en Flandes y Francia. Este último, en 1545, confirmó la continuidad de la provisión establecida, asegurando que el Convento de Santo Domingo de Jerez continuara recibiendo la renta anual de 10.000 maravedíes.
 Ante el prior del monasterio se le dominicos de la ciudad de Jerez de la Frontera se firmó una carta de renuncia firmada  pot Pedro de Vera renunciando a favor de dicho monasterio de Santo Domingo de los diez mil maravedíes.
 Rodrigo Ponce de León confirma «a vos el dicho monasterio y prior y frailes la dicha carta privilegio y la merced en ella contenida y quiero y mando que se cumpla y guarde y goceis de ella y hayáis y llevéis cada año de juro de heredad para siempre jamás de diez mil maravedíes».
 Posteriormente el II Duque de Arcos, Luis Cristobal, hijo del nieto del Marqués de Cádiz,  confirma dicha renta para el convento de Jerez  «que han sido pagados de la dicha renta hasta fin del año pasado de 1538 y que el señor Conde de Cartagena mi tutor y gobernador del Estado de Arcos, hizo que le pagasen los diez mil reales del situado de las rentas de la jabonería de Jerez que son de mi hacienda».
«Desde 1539 hasta final del año 1541 y después se los pagaron por provisión del señor don Lorenzo Figueroa mi tío y curador hasta fin del 1544 de las jabonerías. Es mi voluntad como por la presente lo apruebo y ratifico, desde principio de este año de 1.545 en adelante continuéis déys e paguéis al padre prior y frailes  de Santo Domingo de Jerez» documento fechado en Marchena el doce de Septiembre de 1545, firmada por  Hernán Ramírez de Cartagena administrador de la Casa de Arcos.

Documento de confirmacion del convento de Jerez por Luis Cristobal Ponce de Leon

CONEXIÓN CON AMÉRICA

El convento dominico de Rota, que también fue fundado por la familia de los Ponce de León, era el que autorizaba a los frailes de su orden a viajar a las Indias. En 1539 el prior del monasterio dominico de Rota era vicario provincial de la provincia de Santa Cruz de Indias.

En 1541  la Casa de la Contratación autoriza a fray Bartolomé de las Casas, y un grupo de  dominicos a volver a América «no oponiéndose el prior del monasterio de Rota». En 1540 Francisco de San Miguel, prior del monasterio de Rota y siete frailes parten para La Española, de allí pasan a México y luego a Perú. (Fuente: Los dominicos en el contexto de la primera evangelización de México, 1526-1550. Escrito por Pedro Fernández Rodríguez).

Debido a la ingente emigración a América de los frailes la fundación dominica de Rota no cuajó y en 1550 el edificio dominico de Rota pasa a ser propiedad del convento dominico de Marchena que luego venden a la orden de la Merced según deciden la Casa de Arcos y la Orden Dominica.

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Historia

De dónde venía el hielo cuando no se había inventado la electicidad

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El hielo llegaba a Marchena y Sevilla cada noche -especialmente en las épocas de más calor- desde los pozos de nieve propiedad del Duque que existían al menos desde 1629 en la  Sierra del Pinar, y San Cristóbal en Grazalema con 1654 metros, dentro del Señorío de Villaluenga máxima altura de la provincia de Cádiz y también de Andalucía occidental.
60 cargas de nieve al año valoradas en 16.000 reales anuales se enviaban al Palacio Ducal de Marchena y el resto se vendía en Morón, Arahal, Olvera, Carmona, Sevilla, Jerez y Cádiz. 
«La recogen aquí con parihuelas, que llevan dos hombres, puesta encima una estera. En San Cristóbal en los harapos de las mantas o la cargan al hombro; aquí todo son balsas, que llaman sin embargo pozos. Las hacen en cualquiera parte cerca de las ventiscas, levantando mucho en ellas el montón de nieve que cubren solo con las ramas de pinsapo y tierra encima. Así es que se les derrite mucha cantidad», informa Simón de Rojas Clemente Rubio en 1809.
Pozo de la Nieve del Real de San Vicente | San vicente, Ciudad de ...
El hielo se usaba además con fines alimentarios y medicinales, para rebajar la fiebre, como calmante en procesos de congestión cerebral, con el fin de detener hemorragias o como antiinflamatorio.
«Al Duque de Arcos, dueño de la nieve, le vale ésta 20.000 reales anuales (…) habiendo sucedido pagar en un día hasta mil y quinientos jornales» (…) No se permite a los vecinos de Grazalema que recojan nieve para su consumo, por el derecho que cree tener sobre ella el Duque» decía el mismo autor.
En 1629 Alonso de Cabrera, miembro del Consejo y Cámara y General de la Inquisición, dona por privilegio real los cuatro pozos de nieve de Grazalema a Rodrigo Ponce de León a cambio de su ayuda para reclutar soldados para las guerras de Italia y Flandes.
El Rey necesita dinero por lo que pide en 1670 a Francisco de Vargas, corregidor de Ronda, administrador de rentas reales que cobre el «quinto» real de los pozos de nieve del Duque, pero éste se niega, el Rey los embarga y Don Rodrigo comienza un largo pleito con Hacienda alegando que eran de su propiedad y que tenía escrituras donde se le libraba del pago del quinto real.
Algunos han sido restaurados, como el de la subida al Torrecilla. :: m. b./
En los sucesivo los arrendatarios, naturales de Ronda se niegan a pagar tributos al Rey alegando que ya pagaban al Duque 19.200 reales a razón de 3.200 reales anuales.
Los neveros de Benaoján tenían  pilas excavadas en la roca en las que se congelaba el agua en años de nieves escasas. 
En 1685 Hacienda ordena al Duque a pagar los impuestos desde el año 1629, fecha en que se le concede la merced de los pozos, “por ser notoria traición y fraude a la Real Hacienda”. El total del débito, transcurridos unos 51 años, sumó 163.200 reales.
La nieve, el olvidado y próspero negocio de las sierras de Málaga ...
Se transportaba en serones que se cerraban por arriba, por donde se introducía el hielo envuelto en un aislante térmico compuesto de paja menuda y polvo obtenido de la trilla del cereal, llamado tamo.
Al final del XVIII se produce un nuevo pleito entre la Casa Ducal y los municipios de la Sierra de Villaluenga que habían empezado a explotar los pozos de nieve sin consentimiento del Duque lo que éste consideraba una agresión a su propiedad sobre los mismos.
Sin títuloDurante el invierno y el inicio de la primavera, los neveros acumulaban la nieve y la compactaban con pisones hasta convertirla en hielo. La nieve se cubría con una capa de arbustos, y  por último, con una capa de tierra. 
Los pozos se cubrían con una cubierta que formaba una cámara de aire que impedía que el calor estuviera en contacto con el hielo. 
Fuente: Documentación relativa al pleito mantenido entre el [VI] duque de Arcos, Manuel Ponce de León y la corona sobre el uso de cuatro pozos de nieve ubicados en la Sierra del Pinar y de San Cristóbal, en el término de las llamadas «cuatro villas» situadas en la sierra de Villaluenga del Rosario (Cádiz). Fecha creación: 1678.
Fuente: Simón de Rojas Clemente Rubio – Viaje a Andalucía – Historia natural del Reino de Granada (1804-1809),

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Historia

Investigación: Cuando los marranos de Marchena ayudaron a fundar la comunidad judía de Londres

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Desde 1600 Marchena y Sevilla se llenaron de marranos ricos comerciantes criptojudíos portugueses atraídos por la protección nobiliaria del Conde Duque de Olivares y la gran nobleza española como los Toledo, los Córdoba o el III Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León. 
Leyenda de la Calle Sierpes de Sevilla - Asociación Español en Andalucia
Tras la expulsión de 1492, los judíos buscaron Portugal donde no hubo Inquisición hasta 1536. La unión en 1580 de España y Portugal, y la llegada de la Inquisición a Portugal movió a muchos a volver a España.  En 1602 los marranos, -de marrar, equivocarse-ofrecieron a Felipe III  1.8 millones de ducados a cambio de entrar en España buscando comerciar con América desde Sevilla.
La calle Sierpes era entonces la calle de los Portugueses, participando en la fundación de la cofradía de mareantes de la ciudad y se establecieron en México desde donde enviaban productos de Filipinas a España y comerciaban por toda América.
Resultado de imagen de Inquisicion de México
Inquisición de la ciudad de México donde fue juzgada la familia báez de Sevilla. 
APELLIDOS MARRANOS DE MARCHENA
El III Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León Toledo, cuya madre María de Toledo venía de un linaje de conversos toledano, se casó con Ana Francisca de Aragón y Córdoba, hermana del VI Duque de Segorbe del linaje de los Fernández de Córdoba dueños de todo el sur de la provincia de Córdoba, Lucena, Dos Hermanas y Alcaudete en Jaén.
El Conde Duque de Olivares. 
Uno de los condenados por judaizante en el proceso del tribunal de Cuenca en 1654 -la mayoría importantes comerciantes criptojudíos portugueses relacionados con la corte madrileña del Conde Duque de Olivares- fue Juan Fernández Martos, vecino de Marchena, que antes de que le llegara la condena huyó y fue quemada su estatua en memoria. 
Familiar del anterior, otro cripto judío de Marchena, Antonio Fernández Martos hacía negocios –le mandó a México seis cajones de canela- en 1642 con otro grupo  de los marranos de Sevilla, del poderoso Simón Báez Sevilla, entonces encarcelado por la Inquisición en México y  procesado junto a 200 miembros de su familia en el mayor proceso de la época.   
LOS RODRIGUEZ ARIAS
El vecino de Marchena Diego Rodriguez Arias, hijo de Antonio Rodríguez Arias y Blanca Enríquez fue procesado en Tenerife en 1653 que pudo ser “sacristán” de la sinagoga de Rotterdam y escapó a Londres para volverse judío donde se puso el nombre de  Abraham Rodríguez Arias y donde murió en 1676 en el Beth Holim, luego hospital judío fundado por españoles y portugueses.
 Antes en 1646 hacia negocios en México. Comerciaba con Canarias, Lisboa e Inglaterra y estableció contactos con Cromwell para permitir la vuelta de los judíos a Londres.  Era pues hijo del último rabino conocido de Sevilla, Antonio Rodriguez Arias y ambos fueron procesados también por la Inquisición en México.
Plaza Ducal de Marchena. 
MARRANOS EN MARCHENA, JUDIOS EN LONDRES
«En todo Londres se sabe que son judíos muy conocidos y que han solicitado ante Cromwell y su consejo ser parte para hacer una Sinagoga ofreciéndose para ello a dar  300.000 libras» dice de Diego Rodriguez Arias, el testigo Juan Molina,  ante la Inquisición Canaria. Añade que Diego Rodriguez Arias se llevó a su mujer «de Marchena a Londres y allí se establecieron «y la murmuración común es que todos éstos son judíos pero que lo disimulan yendo a «oír misa en casa del embajador de España y luego de que salió de Londres no le han visto más oír misa».
LOS MOCATTA:  RICOS BANQUEROS EN LONDRES
Antonio de Marchena era un cripto judío que había permanecido en España hasta 1660, y que una vez establecido en Amsterdam se vuelve judío y se cambia el nombre por el de Moshé Mocatta, y pasa a Londres en 1670 dando origen a la más antigua y rica familias sefarditas de Londres. Al año de estar en Londres funda una empresa de compra de lingotes de oro en la calle bevis Marks  donde luego se funda la primera sinagoga de la ciudad con el mismo nombre. En 1787 la empresa familiar pasó a llamarse Mocatta y Goldsmith y aún existe.
Mocatta fue fundada en 1671 por Moisés Mocatta, que fue corredor para el Banco de Inglaterra y la Compañía de las Indias Orientales en el siglo XVIII. La empresa se convirtió en Mocatta Goldsmid en 1779 y siempre estuvo dirigida por un miembro de la familia Mocatta o Goldsmid hasta 1957 y hoy es la banca global de metales preciosos Scotia Mocatta.
Mocatta y sus descendientes continuarían construyendo lo que se convirtió en uno de los negocios de comercio de metales más grandes del mundo y el miembro más antiguo del mercado de lingotes de Londres. La firma ha participado durante mucho tiempo en la subasta de oro de Londres, donde se establece el precio de referencia del oro en todo el mundo.
LOS MARCHENA DE AMSTERDAM
Cuando Abraham De Marchena, apellido de origen judío sefardí, (1608 – 1657) murió en Amsterdam, su esposa Sarah y sus tres hijos fueron a la isla holandesa de Curazao formando parte de la histórica primera gran emigración de judíos que llegó a Curazao en 1659, formando parte de la fundación de la primera sinagoga americana. El éxodo de esta familia se había iniciado en Sevilla en 1492, habían pasado por Castelo de Vide, Portugal, y de allí a Holanda y Curazao.  Desde Curacao los judíos sefarditas se expanden por América y ayudan a fundar la primer sinagoga de Nueva York. 
Casa de campo Marchena en Curazao, foto 1955. 
Esta familia era dueña de una plantación y mansión rural del tipo esclavista que fue propiedad de Isaac De Marchena, ubicada junto a uno de los cementerios judíos más antiguos del Caribe y América y data de 1659 propiedad de la sinagoga de Curazao. Hasta hoy esta zona se llama Marchena, y la bahía donde se ubica se llamó bahía de Marchena, aunque en los años 50 dejó paso a una refinería y una fábrica de azulejos. Los judíos de Curazao juegan un papel fundamental apoyando el proceso de independencia americana y apoyado económicamente a Simón Bolívar  e introduciéndose en Venezuela.  La familia Marchena funda una plantación de azúcar en Cuba en el XIX. 
LOS FERNANDEZ MARTOS
El  17 de Octubre de 1616 el abuelo tambien llamado Juan Fenández Martos «vassallo de su excelencia en ésta villa de Marchena» solicita a Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos, licencia para repartirse la renta de una hacienda embargada a Lucas Martín, vecino de Marchena, por impago. «Salió a la ejecución que en sus bienes tenía a deuda Miguel Ortiz de Lucenilla en nombre de la hacienda de su excelencia» que fueron luego embargados.
En 1655 la Inquisición tenía varios frentes abiertos en Marchena. Mientras la Inquisición de Córdoba intervino en Marchena contra varias familias de origen portugués   entre ellos los España 
En 1656 Antonio y su hijo Juan Fernández Martos marchan a Madrid con su tío Pedro, según informe de la Inquisición.

«De España» un apellido de origen judío en la Marchena del XVII

Juan Fernández Martos era esposo de beatriz Manuel, hija de regidor de Ecija Manuel Díaz Fernández -administrador de los Fernández de Córdoba casado con Leonor de Faro, de un linaje de conversos del Algarve, según el estudio sobre conversos portugueses de Marcos Cañas Pelayo  que entre 1644-8 sufren varios procesos por judaizar, en la Inquisición de Córdoba. El padre muere en la cárcel y la hija es torturada, reconciliada y obligada a llevar sambenito.
JUICIO FISCAL EN CÓRDOBA
En 1661 la Inquisición ordena poner al cobro los bienes  de Juan Fernández Martos, natural de Marchena, su nieto de  23 años u acido en Ecija, del mismo nombre solicita a la Inquisición de Córdoba levantar el embargo de los bienes de su abuelo declarándose legítimo heredero «que como hijo mayor de Antonio Fernández Martos mi difunto padre me pertenecen».
Textos de sambenitos en la exposición
Exposición la Inquisición en Córdoba.
Por este motivo fue preso en la Inquisición de Córdoba, hasta que no entregara los libros de cuentas de su abuelo. Dijo que tenia el testamento de Gonzalo Cardoso por habérselo entregado su tio Pedro Fernández Martos heredero del dicho Cardoso. Un testigo declara a la Inquisición que por entonces vivía en Marchena con su tÍo Pedro.
LOS CARDOSO
El 1 de Agosto de 1586 Diego Cardoso, el «viejo», paga a Rodrigo Ponce de León Toledo, III duque de Arcos, rentas por una tenería y una zapatería en Marchena. Cardoso apellido marrano portugués más conocido por Yshac Fernando Cardozo escribió «Excelencias de los hebreos» impreso en Amsterdam en 1679, fué médico de los Reyes hasta la caída del Conde Duque de Olivares, cuando volvió a Venecia para recuperar el judaísmo.

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Historia

El traje del rey que la Casa de Arcos reclamó durante tres siglos: el Archivo Histórico Nacional completa una historia de Marchena

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Una nueva investigación documental recupera el expediente con el que María Josefa Alonso Pimentel consiguió que Carlos III mantuviera el singular privilegio concedido a Rodrigo Ponce de León, señor de Marchena, después de una victoria militar en tierras de Utrera

La historia comenzó en los campos de Utrera, pasó por el desaparecido Palacio Ducal de Marchena y terminó, casi tres siglos después, en los despachos de Carlos III. En medio quedaron las prendas usadas por el rey, convertidas en símbolos de poder, memoria familiar y cercanía con la Corona.

En septiembre de 2023, Marchena Secreta publicó la sorprendente historia del privilegio por el que los Reyes Católicos entregaban a Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz y señor de Marchena, las principales ropas que hubieran vestido durante la festividad de la Natividad de la Virgen, celebrada cada 8 de septiembre. La merced premiaba una acción militar desarrollada en 1482 contra fuerzas granadinas que habían penetrado en las tierras de Utrera.

Ahora, el Archivo Histórico Nacional recupera la continuación de aquel episodio. Su pieza del mes de julio y agosto de 2026, titulada “Un traje para la condesa”, muestra que el privilegio seguía considerándose vigente a finales del siglo XVIII. La documentación, conservada con la signatura ESTADO, 2766, expediente 2, reconstruye la lucha emprendida por María Josefa Alonso Pimentel y Borja para que Carlos III reconociera un derecho nacido casi trescientos años antes.

De los campos de Utrera al Palacio Ducal de Marchena

Rodrigo Ponce de León fue una de las grandes figuras militares de la Andalucía del siglo XV. Señor de Marchena, conde de Arcos y marqués de Cádiz, participó en algunas de las principales campañas de la Guerra de Granada y convirtió sus dominios marcheneros en una base política, económica y militar desde la que organizar hombres, recursos y expediciones.

Según la documentación reunida siglos después por sus descendientes, el privilegio tuvo su origen en la victoria obtenida sobre las tropas granadinas que habían atacado los campos de Utrera en septiembre de 1482. El 20 de diciembre de 1483 se concedió la merced y en 1484 los Reyes Católicos expidieron una confirmación en la que quedó incorporado el documento primitivo.

La recompensa era tan extraña como reveladora de la mentalidad medieval: Rodrigo y sus sucesores recibirían cada año la principal vestidura utilizada por el monarca durante el día de Santa María de septiembre. No se trataba únicamente de un regalo valioso. La ropa había estado en contacto con el cuerpo del soberano y participaba, simbólicamente, de su autoridad. Poseerla diferenciaba a los Ponce de León incluso dentro de la propia nobleza.

Desde entonces, aquella vestidura real quedó incorporada a la memoria y las preeminencias de la Casa de Arcos, cuyo centro señorial estuvo durante siglos en Marchena.

Una mujer frente a las dudas de Carlos III

El privilegio reapareció en Madrid el 7 de septiembre de 1781. María Josefa Alonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente y heredera de la Casa de Arcos, solicitó al duque de Losada, sumiller de corps de Carlos III, que le entregase la ropa principal que el rey vistiera durante la celebración del día siguiente.

María Josefa no era una aristócrata secundaria. Fue una de las mujeres más influyentes de la Ilustración española, protectora de artistas como Francisco de Goya e impulsora de proyectos culturales, educativos y benéficos. 

Carlos III, sin embargo, planteó dos objeciones. La primera era que la condesa había heredado el título por una línea colateral o transversal. La segunda, más directa, era su condición de mujer. El rey dudaba de que una merced concedida siglos antes a un noble guerrero pudiera pasar a una heredera que no descendía directamente del último poseedor y que, además, no podía desempeñar personalmente determinados oficios reservados a los hombres.

La condesa respondió con una defensa jurídica minuciosa. Sostuvo que el privilegio pertenecía a la Casa y no exclusivamente a cada uno de sus titulares. La sucesión colateral, argumentaba, no podía borrar los derechos históricos asociados al linaje.

También rechazó que su sexo fuese un impedimento. El documento original hablaba del “sucesor”, sin excluir expresamente a las mujeres, y tampoco obligaba a quien recibiera la vestidura a utilizarla personalmente. Para reforzar su posición, recordó que otras dignidades heredadas por ella habían sido ejercidas en su nombre por su marido, Pedro de Alcántara Téllez-Girón, duque de Osuna.

Cuatro confirmaciones reales para sostener una petición

María Josefa Alonso Pimentel no se limitó a invocar la tradición familiar. Presentó un auténtico archivo de pruebas.

Entre los documentos figuraban la confirmación otorgada por los Reyes Católicos en 1484, otra real cédula expedida por Fernando el Católico en 1493, una nueva confirmación de Carlos I y Juana I fechada en 1531 y otra concedida por Felipe II en 1562. La sucesión de documentos demostraba que la merced había sido reconocida por distintas generaciones de monarcas.

La condesa también tuvo que explicar por qué su tío y antecesor, Antonio Ponce de León, no había reclamado las ropas durante los años anteriores. Según expuso, el duque había estado tan ocupado en asuntos del servicio real que probablemente desconocía muchas de las antiguas preeminencias de su Casa. La falta de ejercicio, defendía, no debía interpretarse como una renuncia.

El informe elevado al rey reconoció la solidez de sus argumentos, pero añadió una razón política todavía más significativa. Incluso si quedaba alguna duda jurídica, convenía conservar estas mercedes para mantener entre los grandes vasallos el respeto hacia la persona del soberano y los objetos relacionados con él. Todo ello contribuía a preservar, en palabras del propio expediente, “la autoridad que es la basa del trono”.

Carlos III confirmó el privilegio

La reclamación terminó prosperando. El 31 de agosto de 1782 se expidió una real orden para que el duque de Losada entregara a María Josefa Alonso Pimentel y a sus descendientes las vestiduras correspondientes.

El último documento del expediente es una carta de agradecimiento dirigida por la condesa al conde de Floridablanca. Fue escrita en Mahón el 6 de octubre de 1782 y cerraba una disputa en la que una mujer ilustrada había conseguido defender, frente a las reservas del propio monarca, un privilegio nacido en plena frontera medieval granadina.

La decisión demuestra hasta qué punto las antiguas mercedes de los Reyes Católicos continuaban teniendo importancia durante el reinado de Carlos III. La Ilustración convivía todavía con derechos señoriales, ceremonias y símbolos heredados de la Edad Media.

La memoria de Marchena escondida en los archivos del Estado

El expediente recuperado por el Archivo Histórico Nacional añade una nueva dimensión a la historia publicada por Marchena Secreta. Aquel regalo real no desapareció con Rodrigo Ponce de León ni quedó reducido a una anécdota de las guerras fronterizas. Continuó transmitiéndose durante generaciones hasta llegar a una mujer del siglo XVIII que conocía perfectamente el valor de la memoria documental.

La ropa del rey era mucho más que una tela posiblemente bordada, costosa y ceremonial. Era la prueba visible de una alianza entre la Corona y una de las principales casas nobiliarias de Andalucía. Para los Ponce de León significaba que la hazaña militar de su antepasado seguía siendo reconocida siglos después. Para la monarquía servía para mantener la fidelidad de la nobleza y recordar la distancia que separaba al soberano de sus vasallos.

Marchena aparece así en el origen silencioso del expediente. Desde el desaparecido palacio que dominaba la Mota, los Ponce de León construyeron una red de poder que alcanzó Cádiz, Arcos, Utrera, la corte de los Reyes Católicos y, finalmente, el Madrid de Carlos III.

Tres siglos después de la batalla, una mujer consiguió que el rey siguiera entregando a sus descendientes la ropa que había llevado durante una jornada de septiembre. Y más de cinco siglos después, los documentos permiten recomponer el hilo que une una incursión granadina en los campos de Utrera, el señorío de Marchena y uno de los privilegios más singulares de la antigua nobleza española.

Fuentes principales: Archivo Histórico Nacional, expediente ESTADO, 2766, Exp. 2 y pieza del mes “Un traje para la condesa”; Real Academia de la Historia, biografías de María Josefa Alonso Pimentel y Rodrigo Ponce de León; y el reportaje publicado por Marchena Secreta el 8 de septiembre de 2023.

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Historia

Investigación: La calle de las Carreras de los caballos

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La calle Carrera, también llamada popularmente Carrera de Caballos, fue históricamente el corredor por donde salían del casco urbano los carruajes y caballerías, definiéndose así como vía funcional desde el Renacimiento. En su número 19 destaca la Casa del Escudo, datada en tiempos del siglo XVII: una puerta noble de ladrillo, pilastras y escudo, sobre la que se alza un amplio balcón con barandilla de hierro, testimonio de la arquitectura señorial marchenera de la época. En el siglo XIX, esta misma casa fue morada de Don Manuel María de Roxas, remarcando su valor histórico y social. Además, su cercanía al Palacio Ducal, al cual conectaba mediante una de sus entradas principales, refuerza su papel dentro del entramado urbano antiguo de la villa.
DOCUMENTOS. LA CALLE CARRERA DE CABALLOS
Escritura de venta de unas casas en Marchena en la Plaza de Arriva en la esquina de la calle de la Carrera de los Cavallos, otorgada por D. Alonso de los Ríos Barrientos presbítero a favor de la Sta. Hazienda del Sr. Duque.
Puede ser una imagen de texto
La Guerra de Granada obligó a abrir nuevas calles a modo de lugares preferentes de paso de las tropas y los carros para dar salida a las necesidades militares en medio del urbanismo medieval e islámico de calles estrechas y sinuosas.  
El nombre original de la calle Carreras era «Carrera de los Caballos» tal y como aparece mencionado en un documento de compraventa de casas de la Plaza Ducal a favor del Duque de Arcos en 1702 Joaquín Ponce de León Lancáster. 
Encontramos calles y plazas con el nombre de Carrera, y Corredera en muchos puntos de Sevilla, como Marchena, Arahal, Osuna, Fuentes de Andalucía, Utrera, Córdoba, Sevilla y Córdoba cuyo origen nos habla de caballos.

Arco de la Carrera sobre el antiguo Ayuntamiento de Marchena en la Plaza Ducal. 

La Plaza de Corredera cordobesa era en el siglo XV una explanada extramuros sobre el antiguo circo romano dónde se reunían arrieros, chamarileros, y había corridas de toros y juegos de caña por lo que vino su nombre de Plaza de la Corredera. Albergó mercados y edificios del gobierno de la ciudad.

Toros en la Plaza Ducal de Marchena a finales del XIX. Foto Azpiazu. 

La calle sevillana Conde de Barajas, se llamó Carreras o Carrera Vieja de San Lorenzo «donde los caballos suelen correr» según el cronista Peraza en su Historia de Sevilla, y ya aparece en la documentación municipal desde S. XV con este nombre.
En Osuna y Marchena la Carrera corre bajo arcos sobre el edificio consistorial, autoridad municipal que justo estaba naciendo a finales del XV e inicios del XVI.

La familia de Pedro de la Barrera, capitán de caballos corazas, entre Osuna y Marchena

Una tablilla exvoto de la capilla Veracruz de Marchena muestra la fachada del Palacio, el convento de Capuchinos, el antiguo Ayto, el arco de la calle Amargura, el arco de Puerta Osuna y el arco de la Alameda, situado al final de la calle Compañia así como los caballos corriendo por la calle Carreras.
El Arco de la Alameda o Puerta Real era el lugar donde se pagaban los impuestos en la calle Compañia o Calle Real al final del edificio del templo de Santa Isabel, a partir de ahí empezaba la Alameda, una expansión urbana propia de la Ilustración del XVIII.
Este era el periplo que hacían los caballos por el municipio antes de salir al campo. La carrera o corredera es un espacio urbano propio del renacimiento, una apertura de nueva creación, de hecho suele llamarse también Calle Nueva, en forma de recta en medio del tortuoso urbanismo islámico.

Arco de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

Nos remite a las vías preferentes que cada municipio destina al paso de caballos y carros y que con la actividad militar de la Guerra de Granada se generaliza y se hace urgente. La palabra Carrera, del latín «carrus» (carro) es un camino ancho que admite tráfico de carruajes, y puede convertirse en vía principal o camino real, carretera o calle, que ha de recorrer una comitiva o procesión.

Calle Corredera de Utrera. 

En diferentes documentos encontramos la denominación antigua de la calle Carrera de Marchena como Carrera de Caballos. En el caso de Marchena la Carrera era el lugar por donde salían del pueblo, por la puerta de Osuna las tropas desde la zona militar de la Alcazaba, Palacio Ducal y la Plaza Ducal donde se hacían los alardes militares, o preparativos en tiempos de paz o antes de la batalla, hacia el campo. En Marchena la Puerta de Osuna era la salida hacia las provincias de Málaga y Granada pasando por Osuna hacia las zonas de conflicto del Reino de Granada en cuya guerra Marchena y Córdoba fueron los lugares desde donde más expediciones salieron para combatir a los granadinos.
La apertura de la Calle Carrera o Calle Nueva en Marchena ordenada por Rodrigo Ponce de León está relacionada con el cambio en la puerta del tiro, antes en eje acodado, como la de Morón que se convirtió en una puerta de acceso directo, y al mismo tiempo se hacen reformas en la   puerta de Osuna a final del XV.
En la documentación municipal aparecen como Calle Nueva y como Puerta Nueva a comienzos del XVI ambos trabajos se hicieron poco antes de la Guerra de Granada para adaptar el municipio a las nuevas necesidades militares.
Así lo atestiguan las cartas de Enrique IV por las que manda a las unidades de Carmona y Écija que presten su ayuda a Rodrigo Ponce de León, III conde de Arcos, y a Fadrique Manrique y Luis Portocarrero, uniéndose a ellos en la guerra granadina con sus pendones y gentes de a caballo y de a pie en 1474 .

Arcos de la Carrera sobre el Ayuntamiento de Osuna. 

El oratorio público de la Inmaculada de la puerta de Osuna existe desde 1640

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Historia

La beata Dolores, la última persona quemada por la Inquisición

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María de los Dolores López, conocida como la beata Dolores, fue condenada en Sevilla por la Inquisición el 24 de agosto de 1781.

Aunque sus padres fueron piadosos cristianos, ella no siguió su ejemplo y ya a los doce años se escapó de casa para irse a vivir con su confesor. Pero a éste comenzó pronto a remorderle la conciencia. Murió cuatro años después, aterrorizado por la condena que el Diablo le tenía reservada por tan grave pecado.

Dolores era ciega, pero bella e inteligente; aprendió a leer y escribir sin que nadie la enseñase. Quiso entrar como organista en un convento de Carmelitas,  pero no fue admitida. Entonces se trasladó a Marchena donde tomó los hábitos de beata. En aquella época había beatas en Santa Isabel.

Sin embargo, como la cabra siempre tira al monte, Dolores repitió la historia y de nuevo se lió con su confesor, en este caso un sacerdote de Lucena. Esta vez, la autoridad tomó cartas en el asunto y el hombre fue detenido y encarcelado, siendo más tarde recluido en un convento de clausura para evitarle caer en nuevas tentaciones.

Privada de su amante, Dolores regresó a Sevilla donde persistió en su mala costumbre de mantener escarceos sexuales con miembros del clero. .En esa época empezó a crearse fama de bruja. Se dice que preparaba extraños brebajes y que,  poseía dotes de adivinación y, siendo ciega, era capaz de ver lo que otros no veían.

“La beata Dolores no era bruja, sino mujer iluminada, secuaz teórica y práctica del molinosismo, bestialmente desordenada en costumbres so capa de santidad, y eso que por su belleza no podía excitar grandes pasiones,

Doce años después de volver a Sevilla, Dolores fue denunciada por uno de sus clérigos amantes, siendo ambos detenidos. Ella fue acusada de brujería.

La beata negó la acusación, afirmando mantener trato habitual con la Virgen y haber contraído matrimonio en el mismísimo cielo con Jesucristo, siendo testigos de la boda San José y San Agustín. Estos sólidos argumentos no convencieron a los inquisidores, que la condenaron a muerte. Dolores escuchó impasible la sentencia y aseguró que moriría como mártir, pero que al tercer día Dios bajaría a demostrar su inocencia.

La beata salió al auto con escapulario blanco y coroza de llamas y diablos pintados,. Acabada la lectura del proceso, subió al púlpito el P. Teodomiro Díaz de la Vega. Hubo que amordazar a la beata para que no blasfemase y el P. Vega llegó a amenazarla con el crucifijo, hizo a la beata prorrumpir súbitamente en lágrimas y, apenas llegada a la plaza de San Francisco, pedir confesión en altas voces, lo cual mitigó el rigor de la pena y dilató algunas horas el suplicio. Murió con muestras de sincero arrepentimiento, pidiendo a todos perdón por los malos ejemplos de su vida. Fue ahorcada y después entregado su cadáver a las llamas.”

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Actualidad

La familia Marchena que abrió a los Médici las puertas de Marruecos

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Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas

No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.

El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.

Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.

De Castilla y Portugal a la Toscana

La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.

La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.

Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.

Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.

Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.

Los hermanos de Marruecos

La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.

El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.

Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.

Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.

El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.

El sueño atlántico de los Médici

Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.

Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.

Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.

Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.

No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.

Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia

La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.

Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.

Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.

La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.

Una familia convertida en embajada

La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.

Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.

La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.

Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.

¿Procedían de la villa de Marchena?

El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?

Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.

La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.

Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.

Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.

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