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Historia

Castelar, la calle del arquitecto Manuel Prudencio Molviedro

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La actual Calle Castelar  en la Edad Media estaba junto a una laguna y se llamaba Laguna de la Carretería próxima al Arenal en la depresión de un antiguo brazo del río al pie de la muralla de la ciudad. 

Desde la Puerta del Arenal, y a través de la Calle Castelar, llegamos hasta la Plaza de Molviedro (antiguo Compás de la Laguna). Aquí se ubicó  la muralla de la mancebía donde los pícaros y ladrones hacían de las suyas. En esta plaza está la Capilla del Mayor Dolor, sede de la Hermandad de Jesús Despojado.

Era una zona marginal porque allí se instaló la mancebía rodeada de una muralla, destruida en el siglo XVIII. En el plano de Olavide de 1771 se llamaba calle Molviedro porque allí vivió el arquitecto colaborador de Olavide  Manuel Prudencio Molviedro, (número 21) que modernizaron la ciudad trazando calles rectilíneas como las de París.

La zona de La Laguna ofrecía un aspecto descuidado y marginal, embarrado y maloliente, por los caños y husillos que la atravesaban y que provocaban quejas continúas del vecindario.

Desecada la laguna se levantó la calle Castelar siguiendo la línea de muralla que separaba el antiguo barrio de la mancebía del Arenal y del Baratillo. Todas las casas se construyeron adosadas a la muralla. Se derribó además la puerta del Arenal.

Aquí estuvo  la Capitanía General de la Provincia de Sevilla, la Jefatura Provincial del Movimiento en el edificio que luego fue la Consejería de Cultura y hoy de la Delegación de Cultura. En una de sus casas se alojó en 1813 general inglés Lord Wellington.

Hasta 1930 existía en medio de la calle una fuente pública con agua de los Caños de Carmona ubicada frente a la antigua casa del arquitecto Molviedro y procedía de la plaza de su nombre junto a la capilla del Mayor Dolor.

En la casa número 14 tuvo lugar en la primavera de 1965 la primera reunión que dio lugar al Partido Andalucista.

Fuente: Diccionario Histórico de las calles de Sevilla. Consejería de Obras Públicas y Ayuntamiento de Sevilla. 1993. Coord: Collantes de Terán, Josefina Cruz Villalón, Rogelio Reyes Cano, Salvador Rodríguez Becerra.

Actualidad

Vía Crucis al Cristo de la Salud de Fuentes dentro de la Parroquia por el fin de la pandemia

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Este viernes 23 de octubre tendrá lugar en Fuentes de Andalucía el Vía Crucis extraordinario de rogativas dentro  del templo la iglesia parroquial Santa María la Blanca cumpliendo todas las medidas de seguridad vigentes, siguiendo una costumbre ancestral.

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Los vecinos de Fuentes llevan siglos rezando al Cristo de la Salud cuando hay epidemias.

Un Cristo que vino de Marchena traída por una monja llamada Juana de Vega, que mientras rezaba ante un cristo de marfil de su familia oyó una voz que decía «Hazme grande y seré la salud de este pueblo», según cuenta la tradición y recoge en su blog el Cronista Oficial de Fuentes, Francis Gonzalez.

Juana de Vega decidió entonces ir a Marchena y encargar a un carpintero un Cristo de tamaño real el cual llevó hasta Fuentes en un carro tirado por bestias y se colocó en la iglesia del convento de San José, de los frailes Mercedarios Descalzos.

Nacida en Marchena en 1586, desde su infancia vivió en Fuentes, y con la llegada de los mercedarios en 1607 se hizo beata del convento de San José, sin ser religiosa.

En 1610 consiguió tomar el hábito de la Merced, y destacó por sus prácticas místicas adquiriendo fama de santa, y falleció  con veintiocho años; el 25 de enero de 1616 y fue enterrada en la iglesia de los mercedarios de Fuentes.

El 2 de abril de 1699 se dispuso se hiciese novenario con sermón y procesión general en el Convento de Mercedarios Descalzos con la imagen del Santísimo Cristo de la Salud, una rogativa por sequía primera de la que se tiene noticia escrita.

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Historia

Cuando las tropas de Marchena y de los Ponce tomaron el Alcázar de Sevilla en 1520

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El 16 de septiembre de 1520 don Juan Suárez de Figueroa, hermano de Rodrigo I Duque de Arcos -enterrado en Santo Domingo de Marchena- levanta sus tropas de Marchena y Mairena del Alcor apelando al movimiento comunero y contra el Duque de Medina Sidonia y su entorno de judeo conversos y toma el Alcázar de Sevilla por 24 horas justo mientras los comuneros toman  Tordesillas e intentan atraer a la
reina.

Un episodio entre los movimientos comuneros de Castilla y las guerras nobiliarias sevillanas de finales del XV entre las casas de Niebla y Marchena. El propio duque de Medina Sidonia acusaba al duque de Arcos de estar detrás de su hermano y de apoyarlo desde sus lugares de Mairena del Alcor y Marchena.

Ese año los comuneros de Castilla cortaron el cuello a sus procuradores en las Cortes cuando descubrieron que, seducidos por sobornos imperiales, habían autorizado la subida fiscal que demandaba Carlos V un rey extranjero que no hablaba español y llenó la corte de flamencos.

Días antes, los rebeldes se habían reunido en el convento dominico de San Pablo de Sevilla, en protesta por las sacas de trigo, la subida de impuestos y la influencia de los judeo conversos en el gobierno de la ciudad, protegidos por los Guzmanes, pidiendo su expulsión según explica Antonio Collantes de Terán. «Yo soy cavallero que no tengo que perder. Yo me alçaré con la comunidad y tomaré al Alcáçar y de allí haremos lo que quisiéremos» dijo Juan Figueroa.

Los dominicos fueron acusados de favorecer el levantamiento comunero dandoles comidas aunque ellos lo negaron.

Eran hermanos del I Duque Pedro Ponce de León, Juan Suárez de Figueroa, Bernardino Ponce de León y García Ponce de León, a quienes en su testamento de 1530 deja ciertas cantidades de ducados, y con otras obligaciones. Todos eran hijos del capitán Luis Ponce de León Suárez de Figueroa Señor de Villagarcía.

Sobre la una de la tarde, don Juan de Figueroa se dirigió al Palacio de
su hermano, el duque de Arcos, en la Plaza Santa Catalina, que estaba ausente convocando a sus criados, familias y partidarios, tomó las armas y artillería allí existentes, e inició la toma del Alcázar de Sevilla siendo las tres de la tarde.

Los sublevados 300 hombres armados y varias piezas de artillería recorrieron el centro de la ciudad dando vivas al rey y a la Comunidad.

En la calle de la Alhóndiga, y plaza de Santa Catalina, varios hombres de Juan Figueroa trataron de arrebatar la vara de justicia al Asistente, invocando la comunidad, echaron mano de sus espadas, provocando una desbandada. Mientras, los Tello, los Guzmanes y las autoridades de la ciudad reunían gente para luchar contra los sublevados.  Los dos bandos se encontraron en la Plaza San Francisco dispuestos a la batalla.

Los frailes del vecino convento de S. Francisco y varios caballeros, trataron de resolver la situación por vía pacífica.  Se llegó a un acuerdo, por el que don Juan de Figueroa devolvería las varas sustraídas a distintas autoridades y se volverían a su casa, pero no sucedió así. Figueroa cañoneó la puerta del Alcázar y entró.

El Arzobispo Diego de Deza había retenido contra su voluntad al Alcalde de Justicia y Asistente en el Palacio Arzobispal y los militares al servicio de los Guzmanes tratan de convencer al Arzobispo de que los apoyase pero no lo ven claro, y temen que apoye al bando contrario. De modo que deciden retirarse esa noche y esperar al día siguiente mientras que vigilan que por las puertas de la ciudad no entrasen refuerzos para los sublevados desde Marchena o Mairena.

Al día siguiente domingo las autoridades de la ciudad los Tello leales al Rey y los Guzmanes retomaron el Alcázar no sin cierta batalla  dentro de las murallas que lanzaban lanzas y flechas.  Don Juan de Figueroa herido, se defendió, pero Juan Gutiérrez Tello consiguió desarmarlo y hacerlo prisionero y entregarlo a la justicia del Rey.

El Lunes el Duque de Arcos había reunido tropas desde Marchena y resto de sus pueblos para entrar en la ciudad. Cuando le dijeron que depusiera su actitud replicó que dado que en la ciudad no había libertad y que las puertas estaban controladas por gentes de los Guzmanes no podía actuar de otra forma. Los Guzmanes tuvieron el control de las puertas de la ciudad entre el 20 de septiembre y el 7 de octubre.

El Duque de Medina Sidonia trataba de controlar cualquier movimiento en favor de los Ponce dentro de Sevilla hasta el punto de que,  los tenientes de alcalde y alguaciles no dejaron mesón ni taberna de Sevilla por registrar, buscando gente de Marchena y de Mairena del Alcor, y amenazando con penas de azotes a los que los acogiesen.

Se dccretó prisión para Juan de Figueroa, quien pronto logró huir, Juan de Gallegos y la del doctor Neira, teniente de alcalde mayor por don Juan Portocarrero, recluido en las Atarazanas. Se actuó contra caballeros relacionados con el duque de Arcos y contra 200 personas.

Semanas mas tarde su hermano don Juan de Figueroa le recriminó no acudir en su ayuda, mientras Juan de Guzmán salía a buscar unas tropas que estaban en la Cruz del Campo. Pedro Girón, pocos días después del levantamiento, da a entender que el duque no se implicó en el mismo, aunque también alude a su hipocresía.

El duque de Arcos el lunes estaba movilizando a sus gentes pero el miércoles enviaba correos y cartas  diciendo que no sabía nada y condenando la actuación de su hermano don Juan de Figueroa.

Las cartas de don Juan al I Duque de Arcos dos meses después dicen:  “dize vuestra señoría, que partí sin hablalle, ni saber vuestra voluntad. Y a esto digo que bien se acordará cómo aquella noche que hablamos, quedó determinado que vuestra señoría avía de seguir la opinión de los gobernadores». Y me dixo que en todo lo que uviese menester de vuestro favor, lo tenía para en otras cosas, pero que en este negoçio no avía lugar».

 

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Historia

Así era viajar a América en 1600: el caso de Luis de Carvajal, de Marchena

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Las noticias fabulosas del Nuevo Mundo atraen a muchos peninsulares que, en busca de tierras de fortuna, desarrollan una intensa corriente migratoria desde Andalucía a América.

La emigración a Indias afectó la estructura demográfica sobre todo de algunas comarcas,  por la marcha a América de varones adultos en edad de procrear.

El 3 de Diciembre de 1612 se autoriza a Luis de Carvajal, natural y vecino de Marchena,de 26 años  hijo de Cristóbal de Carvajal e Isabel de la Fuente, a Tierra Firme, soltero, y viudo que iba a Perú a reunirse con la familia de su difunta esposa María Jiménez de Alcalá con quien tuvo una hija.

Carvajal como el resto de pasajeros necesitó el visto bueno del Asistente o Alcalde de Marchena y una autorización por escrito del propio Rey además de una declaración donde afirmaba que no era descendiente de conversos ni judíos ni moriscos.

Dice que es hijo de Cristóbal de Carvajal y de Isabel de la Fuente y nieto de Alonso Sánchez de Carvajal y de Mencía de Pedroza, y de Alonso Sánchez Doblado y Clara González. Y que la rama de los Carnaval viene de Carmona y que la de la Fuentes es natural de Marchena sin que tengan que ver nada «con los de Extremadura» ni de otras personas prohibidas de pasar a las Indias.

Un mes antes del viaje el 2 de noviembre tal y como estaba estipulado Carvajal se presentó ante Cristóbal de Ahumada alcalde de Marchena y solicitó licencia de Su Majestad para pasar al Perú. Dijo ser viudo de María de Alcalá, no haber cometido delito ni contraído deudas y ser de sangre limpia. Que el tío de su difunta esposa le había enviado carta pidiéndole que se fuese a Perú para dejarle parte de su hacienda por no tener descendencia.

Sus palabras fueron ratificadas ante el Alcalde por el comisario del Santo Oficio de Marchena Francisco Ponce de León y dijo conocer a toda su familia y al tío de su esposa Antonio de Alcalá natural de Marchena y residente en Perú que lo reclamaba.

De 1561 a 1622 se produjo la época de mayor esplendor de la ruta trasatlántica entre Castilla y sus Indias. Para los maestres de naos, los pasajeros en sus barcos eran un  estorbo, fuente de problemas, siempre dispuestos a quejarse ante las chanzas y robos de los marineros.

Generalmente, los pasajeros debían de hacerse con los servicios de algún barquero para llegar a Sanlúcar desde Sevilla y sufragar los gastos por su cuenta y riesgo.

El interior de los barcos era en un verdadero laberinto de cámaras y camarotes construidos de manera precaria y donde los pasajeros se apiñan con sus familias y sus alimentos.  En 1600,el precio del viaje a Nuevas España estaba entre 15 y 25 ducados. Por ejemplo Juan Bautista Jiménez, maestre de la nao San Jacinto y la Bella, fleta a 18, 20 y 28 ducados,  para Nueva España.

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Deporte

El juego de pelota que estuvo en el Palacio Ducal desde 1541

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Una de las primeras instalaciones deportivas de Marchena y Andalucía estaba en el Palacio Ducal de Marchena.
El Palacio tenía en 1541 un juego de pelota al que el Duque era muy aficionado.
Hay dos documentos sobre este frontón la orden de pago del Duque a su mayordomo Francisco Saavedra «para pago de deudas contraídas en el juego de pelota, al cual era muy aficionado el Duque» «1541-12-3).
El otro es una orden de pago a Juan de Godoy, «por lo que ganó en el juego de pelota contra el Duque» es decir apostaban.  (1545-4-7).

Había dinero de por medio, pues era habitual que los jugadores cruzaran apuestas –el dinero se colocaba debajo de la red–, al igual que los espectadores. En los lugares destinados al Juego de Pelota se jugaba también a cartas o dados, lo que hacía que el deporte tuviera muy mala fama entre los moralistas. Los dueños de las salas en las ciudades alquilaban las pistas, las pelotas y las raquetas y proporcionaban vino y comida para los banquetes que a menudo se celebraban tras el partido.

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En la edad media el juego de pelota era el más popular y se jugaba en toda Europa, especialmente en las cortes nobiliarias y en Francia donde era una moda que salia de los palacios reales. No es hasta finales del XIX cuando se empieza a jugar contra la pared en los frontones tradicionales conservadas especialmente en Valencia, Cataluña y Pais Vasco. El juego de pelota era el precedente del tenis y se practicaba en Egipto, Grecia y Roma.

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Uno de los testimonio más importantes, en cuanto a los detalles, es el de Juan Luis Vives (1493-1540). Vives escribió una comparación entre el jeu de paume (jugado con pelotas duras y raquetas con encordado de tripa) y nuestro juego de pelota (similar al de la pelota vasca o valenciana actual y jugado con «pelotas de viento» golpeadas con la palma de la mano).

Este testimonio de Juan Luis Vives en el que habla del jeu de paume comparando las cuerdas de las raquetas parisinas de aquel juego con bordones de tripa de la sexta cuerda de la guitarra,​ ya que las exigencias de una raqueta de tenis con respecto al encordado determina que las cuerdas de tripa de animal sean muy adecuadas para este uso.

El elemento básico de las pelotas de viento era la vejiga de un animal, a menudo la vejiga urinaria del cerdo. Su superficie externa se revestía con cuero y una vez recubierta la vejiga, se llenaba con aire a presión hinchándola con un fuelle.

Antonio Scaino da Salo (cura, teólogo y literato) escribió una obra muy notable sobre el juego de pelota.​ Con referencia a las pelotas de viento, describió con detalle la forma de la vejiga y del tubo de hinchado y un tipo de válvula antirretorno (o de retención) a base de estopa, que permitía hinchar la pelota con un fuelle adecuado muy parecido a los actuales.

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También mencionaba la costumbre de añadir un poco de vino en el interior de la cámara para que las pelotas mantuvieran más tiempo sus cualidades (especialmente su elasticidad)  El sistema de «válvula antirretorno» en la vejiga urinaria comparado con el de las pelotas de viento fue descrito por Juan Valverde de Amusco y fray Luis de Granada.

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Historia

Los Bécquer y Juan Ramón Jiménez en la Alquería del Pilar, el palacete de Antonia Díaz

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La Fundación José Manuel Lara de Sevilla conserva cartas enviadas por distintos personajes de 1856 a 1902 al matrimonio formado por José de Lamarque y Antonia Díaz, el primero empresario y diplomático de Sevilla y la segunda poetisa nacida en Marchena, hija de un médico.

Ruta de los escritores en Marchena el próximo sábado 

De Antonia Díaz trata la investigación «Los límites de la escritura femenina» de Marta Palenque e Isabel Román Gutiérrez ambas de la Universidad de Sevilla.

Así era el palacio de la poetisa Antonia Díaz en la alquería del Pilar de Dos Hermanas

El alma de Antonia Díaz y el paisaje de la Alquería estaban fundidas en una sola según los escritores que participaron en la corona poética encargada por su marido a la muerte de ella de 1892.

Era un jardín romántico, con canales, en cuyo centro había una casa con evocaciones historicistas, levantado por un marido rico como homenaje a su esposa por donde pasaban los mejores escritores de su tiempo como Juan Ramón Jiménez y los Hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Domiguez Bastida más conocidos en todo el mundo como los hermanos Bécquer.

José de Lamarque y Antonia Díaz estuvieron entre los que financiaron la primera edición de las obras de Gustavo Adolfo Bécquer, en 1871. 

Juan Ramón Jiménez como joven pasó por La Alquería viendo al matrimonio Díaz-Lamarque como un anacronismo que pretendía encaminarlo hacia el clasicismo historicista, y que veían el modernismo de Rubén Darío como mera cursilería.

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Juan Ramón Jiménez escribió: «En La Alquería, José de Lamarque y su esposa Antonia Díaz, revivían tiempos pasados españoles, vistiendo con trajes anacrónicos y representando escenas de serenatas trovadorescas. Don José Lamarque me daba siempre consejos y me decía que leyera a don José de Velilla y a su hermana doña Mercedes, a don Luis Montoto y Rautenstrauch, a don Francisco Rodríguez Marín y otros, que formaban la peña poética sevillana del instante parado, y que me dejase de aquellas revistas de Madrid, que no sabían nada de poesía».

Valeriano Bécquer pintó retratos del matrimonio. En el Album ilustrado de Antonia Díaz hay dibujos de un joven Gustavo Adolfo además de textos de escritores españoles y europeos de estilo clasicista como Fernán Caballero a pinturas de Valeriano Bécquer.

En 1846, una joven Antonia Díaz comienza a publicar poemas, artículos y, prosa en la prensa sevillana, a veces en revistas culturales además de las habituales secciones de Literatura, y en los años cincuenta empieza a hacerse famosa en la prensa madrileña como una de las pocas mujeres poetas.  En 1849, Chaves la incluye entre los redactores de El Regalo de Andalucía, junto a Gustavo A. Domínguez Bécquer y escritoras como Carolina Coronado.

En 1877 aparece Flores marchitas, en dos volúmenes, uno de sus libros más interesantes con canciones, baladas y leyendas breves y su primera novela se llamó El precio de una dádiva editado en 1881.

En Poesías religiosas (1889) se refleja el espíritu cristiano de Antonia Díaz quien escribía en una torre de La Alquería sobre una cueva donde había una virgen del Pilar. No tuvo hijos y padeció una enfermedad que la mantuvo en apartamiento y reposo, anemia cerebral a decir de Pineda Novo, y que le trajo una muerte prematura.

Escribió el relato «La mujer sevillana» en la obra Las mujeres Españolas de talante reivindicativo aunque sin extremismos.

José de Lamarque fue cónsul del imperio austrohúngaro, diputado por Sevilla, banquero, propietario del periódico El Eco de Andalucia, dio forma a la Romería de la Virgen de Valme, hermano mayor de la Soledad de San Lorenzo desde 1874 y secretario de la Carretería.

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Cristo de San Pedro

Cuando la Reina agilizó la construcción del convento de Santo Domingo de Marchena

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Fray Manuel de Carrasquilla prior del convento de Santo Domingo explica en una carta al Duque Manuel Ponce de León Spinola, segundo de su nombre, el 17 de diciembre de 1743 el proceso de fundación del Convento de Santo Domingo entre 1520 y 35. 

Señala Carrasquilla la cantidad que paga la casa de Arcos a fin de Diciembre de cada año al convento de Santo Domingo: «3139 reales y 26 maravedíes perpetuos,  mas 728  reales por 144 fanegas de trigo en especie mas la renta llamada de la Mota «que siempre ha percibido este convento».

El valor de los maravedíes, «en aquellos  tiempos escasísimos de moneda» (aún no disfrutaba España de los copiosos tesoros de las Indias)» explica Carrasquilla.  Un buey se compraba por 10 maravedíes y un carnero por 4.

La predilección del I Duque Rodrigo por los dominicos responde a que tenía por confesor al célebre fray Domingo de Baltanás, a quien designó como albacea. La segunda misa que se celebraba todos los días en la comunidad iba por el alma del fundador y por la de todos los miembros de la Casa de Arcos vivos y difuntos.

En este dibujo del gabinete pedagógico de Bellas Artes podemos ver como era la Marchena del S XVI, con las torres de San Juan y Santa María en construcción, y los arrabales de San Sebastián y San Miguel naciendo en torno a las puertas de la muralla y los conventos de Santo Domingo, Santa Clara y las entonces ermitas de San Sebastián y San Miguel.

EL PROBLEMA CONVERSO

Los conversos eran entonces una fuente de conflictividad. 

Diego Becerril Vicario de Marchena dirige una carta al Duque en Enero de ese año donde explica la existencia de un enterramiento de huesos «confesunos», es decir un enterramiento de judeo-conversos en el solar que fue entregado por el Duque para convento de Dominicos.

Recibida del Duque la orden de entregar la huerta a los dominicos el Vicario se queja «porque yendo allí la orden de los Predicadores a quien la Santa Inquisición fue dada lo primero que hicieran fuera desenterrar los huesos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar un sastre en este pago de terreno sobre las sepulturas de sus antepasados. Y pues por no perder el templo y cobranza del huerto y las limosnas, sacerdotes y gentiles y conversos han hecho promesa (…) sobre quitarme la cera».

Por otro lado el problema de los Moriscos era otra fuente de preocupación para el Arzobispo Diego de Deza, que escribe al I Duque de Arcos, Alguacil Mayor de Sevilla contándole el levantamiento de los moriscos de Sevilla en la calle de la Feria en 1521. Antes los vecinos de Marchena no dejaron de sofocar el levantamiento de los musulmanes granadinos en 1499 o la rebelión de las serranías de Ronda y Villaluenga poco después.

El documento que cita la existencia de un enterramiento de judeo-conversos en 1525 en Marchena

EL FUNDADOR: EL I DUQUE DE ARCOS, ALGUACIL MAYOR DE SEVILLA

El fundador era Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos que en 1520 firma un acuerdo con el provincial de la Orden Dominica Fray Domingo de Melgarejo, por el que se obliga a la fábrica y fundación del dicho convento y a dotarlo para mantener 20 frailes, sobre los bienes y posesiones heredadas del clérigo Bartolomé Sánchez Bonilla que dotó al convento con la «exorbitante» cantidad de 808 maravedíes ante Juan Ruiz escribano de Marchena en el año de 1520.

CONFLICTO SUCESORIO Y DE LEGITIMIDAD EN LA CASA DE ARCOS

Dada la ilegitimidad no sólo de su hija Francisca, sino de él mismo el Marqués de Cádiz designa a Rodrigo Ponce de León y Ponce de León su sucesor, hijo de Francisca Ponce de León (hija del marqués y de Luis Ponce de León, señor de Villagarcía y bisnieto del primer conde de Arcos, confirmado por los Reyes Católicos. De esta forma solucionaba el problema de legitimidad.  Luis Ponce de León que reclamaba el mayorazgo recibió en 1494 con el pago por parte de Beatriz Pacheco de cuatro millones de maravedís.

Además Rodrigo tuvo que hacer frente al pago de cuantiosas rentas a su primo Manuel, al que se le otorga el Conde de Bailén tras un costoso pleito de 20 años y 20.000 ducados de oro lo que pudo retrasar la construcción del convento. Beatriz Pacheco muere en 1511 y deja el gobierno en manos de Rodrigo, quien ese mismo año redacta ordenanzas de gobierno de Montepalacio y juramento de fidelidad con los regidores de Carmona.

Bartolomé Bonilla, el clérigo que se arruinó por fundar el convento de Santo Domingo

«Que Luis Cristobal mi hijo y a sus tutores tengan por bien y en todo descarguen mi anima porque así lo hagan con él, sus hijos cuando de esta vida hubiesen de partir» explica el fundador en su testamento.   «Y que de ella se edifique dicho monasterio por el referido Testamento y codilicio hecho en Rota» por el fundador, fallecido en 1530 mandando sepultarse en dicho convento él y sus tres mujeres y «todos sus inéditos sucesores y descendientes».

Rodrigo se casó cuatro veces, la primera con Isabel, hija de Diego López Pacheco, marqués de Villena en 1500. Al morir Isabel en 1521, el duque casó con Juana Girón, hija del conde de Urueña Juan Téllez Girón. También ésta murió pronto, por lo que Rodrigo desposó a su hermana, María Girón de Archidona, madre de Luis Cristóbal. Por cuarta vez se casó con Felipa Enríquez, a la que dejó viuda.

Fray Domingo de Baltanás aconsejó al I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, quien tenía necesidad de un heredero que no llegaba, hacer un voto a San Pedro Mártir. Si llegaba el hijo que esperaba prometió reconstruir el convento en un mejor sitio y mantener 20 religiosos.

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«Hizo el Señor Duque las oraciones al Santo Mártir y acudió al duque dándole un hijo: Luis Cristóbal Ponce de León segundo duque de Arcos».  El Duque firmó entonces una cédula refrendada por su secretario Hernán Ramírez de Cartagena a Primero de Mayo de 1520.

Los azulejos gemelos de Chipiona y Marchena, unidos por los Ponce de León

El I Duque de Arcos (m. 1530) era aliado de su cuñado Pedro Girón y Velasco en la lucha que este mantuvo por heredar el ducado de Medina Sidonia. Don Rodrigo fue enterrado junto con su esposa María Girón en la iglesia de San Pedro Mártir, en Marchena, en la bóveda situada bajo el altar mayor del templo. Rodrigo era Alguacil Mayor de la ciudad de Sevilla y fundador del convento de la Virgen de la O de Rota. 

El Arzobispo Fray Diego de Deza y Cristóbal Colón

DIEGO DE DEZA AMIGO DE COLON Y LA REINA CATOLICA Y SUS CARTAS AL I DUQUE DE ARCOS

Como Alguacil Mayor de Sevilla Rodrigo mantenía una relación estrecha con el Arzobispo Diego de Deza, uno de los más poderosos de su tiempo, II Inquisidor General de Castilla, tras Torquemada, teólogo dominico amigo y confesor de los Reyes Católicos cuyo escudo está en el banco del altar Mayor de la iglesia de San Juan, bajo cuyo mandato se levantó.

Amigo de Colón, que  defendió en la Universidad de Salamanca la redondez de la tierra y las tesis de Colón de que se podía llegar a América por el Oeste. Se conservan cartas entre el I Duque y Diego de Deza tratando sobre el levantamiento de los Moriscos de la calle Feria en 1521.

No hay ninguna descripciócarta n de la foto disponible.

Carta de Fray Diego Deza a Rodrigo Ponce de Leon

En una carta Diego de Deza relataba a Rodrigo Ponce de León, los sucesos del pendón verde de la calle Feria y de la villa de Bailén, que era del Estado de Arcos y el resto de problemas que había en España y Andalucia. 

La Guerra de las Comunidades provocó importantes disturbios en Sevilla. Aunque Rodrigo no participó personalmente, sí lo hizo su hermano Juan de Figueroa, quien se apoderó de los reales Alcázares.

El confesor de Rodrigo, era Domingo de Baltanás, provincial de la orden dominica que terminó sus días inesperadamente recluído en un convento, condenado por la Inquisición, tras haber sido denunciado por tocamientos impuros por más de ochenta monjas, que lo acusaban de pronunciar la frase Christus Vincit Christus Regnat mientras les tocaba el sexo.   

Los pecados de Baltanás, el provincial dominico que fundó el convento de Santo Domingo de Marchena

JUAN ARIAS DE SAAVEDRA, TUTOR DEL II DUQUE

Muerto el Duque fundador, la persona encarga de levantar el convento fue Juan Arias de Saavedra, conde de Castellar, y tutor de Luis Cristóbal mientras fue menor de edad.

«Preocupado -a lo que se deja colegir- de otros negocios se olvidó de la fábrica del convento y del juro de los 230 maravedíes de renta de su dotación clamaba y reclamaba la parte del convento en la persona del Reverendo Padre Fray Domingo de Baltanás, confesor que había sido de Duque de Arcos don Rodrigo».

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En 1535  aún no se habían iniciado las obras por lo que los frailes de la orden Dominica en Marchena decidieron presentar un recurso ante la Reina Isabel de Portugal, emperatriz y esposa de Carlos V.

«Informada su majestad de la justicia de esta parte y de las grandísimas causas que movieron al señor Duque a la fundación del convento de San Pedro Mártir; la reina despachó una cédula real por la cual removiendo todo impedimento, manda que el referido Don Juan Arias de Saavedra gobernador del estado de Arcos prosiga y finalice la construcción del convento de San Pedro Mártir y pague a sus religiosos el juro de 288 maravedíes de renta anual que debía para su subsistencia y manutención de sus religiosos» tal y como expone Fray Manuel de Carrasquilla en su carta de 1743.

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RODRIGO MUERE CON ESCASEZ ECONOMICA

Rodrigo Ponce de León percibía rentas por valor de 30.000 ducados anuales, pero los continuos pleitos con los miembros de su familia, el gasto de las campañas militares, el elevado coste de la construcción del convento de Santo Domingo y el hecho de que sus bienes estaban sujetos a vínculo de mayorazgo, hizo que tuviera que pedir préstamos y vender gran cantidad de tierras, como La Monclova, o la Isla de León.

Para contrarrestar ésto fomentó la producción de azúcar en Casares, la construcción de salinas en la Isla de León y Rota, y sus explotaciones mineras en Sevilla, Córdoba y Jaén.

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JUAN ARIAS DE SAAVEDRA, TUTOR DEL DUQUE II DE ARCOS

Fernando Arias de Saavedra, y Avellaneda Señor de El Viso y Castellar  (Sevilla, c. 1450 – 1496) se casa con Constanza Ponce de León, hermana de Rodrigo Ponce de Leon, Señor de Marchena. Mano derecha de su cuñado en la guerra de banderas tenía la fortaleza de Alcalá de 1471-1474. 

En 1534 Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, nombra tutor y gobernador de la persona y bienes de su hijo Luis Cristóbal Ponce de León a Juan Arias de Saavedra y Ponce de León (+1544)  primer conde del Castellar (1539), caballero de la orden de Santiago, Alguacil mayor de Sevilla, corregidor de Granada, caballero 24 de Sevilla y alguacil del tribunal de su Inquisición. Por tradición reciben el título de Guardianes del convento de San Francisco de Marchena.

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EN SANTO DOMINGO SE LEIAN PUBLICAMENTE EDICTOS DE FE

Como templo Dominico, Santo Domingo fue sede de la Inquisición, aunque aquí no sucedían muertes, que tenían lugar en Sevilla, tan solo se leían edictos y autos de fé a las puertas del templo.

En las dos primeras décadas de existencia de la Inquisición española (1480-1500) se usó el «edicto de gracia». La diferencia fundamental entre el edicto de gracia y el posterior edicto de fe era que en el primero, tras enumerar una lista de herejías, se hacía un llamamiento a los que creyeran haber incurrido en herejía para que se denunciaran a sí mismos dentro de un «período de gracia», que solía ser de treinta a cuarenta días. Los que así lo hacían eran «reconciliados» con la Iglesia sin sufrir fuertes castigos.

«Después de 1500 los edictos de gracia habían cumplido su propósito y fueron sustituidos normalmente por edictos de fe, que no tenían un período de gracia y que en su lugar invitaban a la denuncia de aquellos que eran culpables de los delitos que aparecían en una larga lista de ofensas».​ «La obligación de denunciar a todos los sospechosos de herejía se extendía a todos los fieles, bajo pena de excomunión».

Familiares de la Inquisición

La Inquisición disponía de la colaboración de los «familiares», que constituían una especie de policía, a menudo fanática, y que disfrutaba de los privilegios de un total anonimato, y la impunidad escapar a la jurisdicción de los demás tribunales. Hacían delaciones y sus nombres no podían ser conocidos.

HERNÁN RAMIREZ DE CARTAGENA 

En 1520 Hernán Ramírez de Cartagena, caballero venticuatro de Sevilla firma como secretario y contador mayor del Duque de Arcos la cédula de fundación del Convento de Santo Domingo, de Marchena. 

En 1523 Hernan Ramirez cobra  del ayuntamiento de Granada  cierta cantidad de dinero como tesorero del Duque de Arcos. En 1535  recibe de García de Arce, paje de Luis Cristóbal Ponce de León, las escrituras de los concejos de la Sierra de Villagarcia, desistiendo de un pleito contra el Duque.

A la muerte de Hernán, Miguel de Neve ejerce como administrador de los bienes de su hijo Fernando Ramírez de Cartagena, contra las justicias de Arcos, Marchena, Rota y Chipiona, para cobrar deudas del duque de Arcos según documento con fecha de 2 de Noviembre de 1630.

«Yo Miguel de Neve como administrador que soy de los bienes de don Fernando y Don Manuel Ramirez de Cartagena, mis cuñados, hijos y herederos de Hernán Ramírez de Cartagena y veinticuatro de esta ciudad y Luisa Fernández Colmenero, difuntos, en el pleito con los bienes del señor de Duque de Arcos» y asi lo reclama en un documento el 11 de Febrero de 1630. En 1631  el Duque de Arcos le debe  a Miguel de Neve tres censos.

El Médico del Chocolate

Bartolomé Marradón, Hermano Mayor del Cristo de San Pedro fue uno de los primeros médicos que viajó a México y Guatemala para estudiar el cacao y el chocolate y escribir libros sobre el tema siendo citado por la mayor parte de tratados europeos sobre el tema y traducido a varios idiomas.

«Diálogo del chocolate. Compuesto por Bartolomé Marradon, médico español de la villa de Marchena, impreso en Sevilla en el año 1618». Asi se llama la obra escrita por Bartolomé Marradón, hermano mayor del Cristo de San Pedro que dice que el chocolate «se estima mucho por ser muy medicinal y muy a propósito de aprender sus virtudes. Yo probé el fruto del cacao y lo he degustado pero para deciros la verdad no me place» escribió el médico marchenero en su «Diálogo del chocolate».

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SUR COMUNICACION.

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