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Historia

Cómo las murallas se privatizaron hace cien años con el visto bueno del Ayuntamiento

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A finales del siglo XIX, se estaba llevando a cabo un fenómeno curioso. Las robustas y antiguas murallas que rodeaban Marchena, testigos silenciosos de una rica historia, comenzaban a ser objeto de apropiaciones por particulares. Lo que una vez se construyó como barrera defensiva ahora ofrecía un codiciado espacio en la creciente urbanización.

Francisco y Agustín Galindo, propietarios de una vivienda en la calle San Juan, fueron de los primeros en mostrar interés por estos espacios. Solicitaron y obtuvieron la servidumbre de un torreón junto a la fuente de San Antonio, y plaza de la Fuente alegando que sus obras de repello y encalado embellecerían la zona. Las autoridades, quizás más interesadas en obtener beneficios que en la preservación histórica, dieron su beneplácito.

Pero los Galindo no fueron los únicos. Don Diego Manuel Arcenegui, propietario de una casa en la calle San Sebastián, -entonces la actual Rojas Marcos se llamaba San Sebastián- logró permisos para abrir puertas y ventanas en la muralla trasera de su vivienda. Esta apertura le permitiría disfrutar de las vistas panorámicas del torreón adjunto.

Doña Dolores Núñez del Castillo presentó una instancia peculiar. Quería sanear y utilizar un deteriorado torreón que conectaba su casa con la calle de Las Torres. La corporación, reconociendo los costos de restauración, accedió. Sin embargo, esta concesión generó un conflicto con doña Encarnación Gómez, maestra de la Escuela Elemental de niñas, quien se vio afectada por la privatización de ese torreón contiguo a su escuela. La disputa escaló a niveles superiores, pero eventualmente, y para sorpresa de muchos, doña Dolores obtuvo «exclusividad» sobre el torreón.

La tendencia continuó, con propiedades municipales y terrenos siendo otorgados a particulares. Don Antonio García Pergañeda recibió una parcela en los arquillos del Arco de la Rosa, bajo el argumento de que construir allí mejoraría el aspecto de la ciudad. Más individuos se sumaron a la lista de solicitantes, buscando construir en terrenos históricos como el Hospital Viejo y en rinconadas formadas por la muralla.

Esta ola de privatizaciones de espacios públicos de la muralla revela no solo el escaso valor económico y estético que se le daba a estos espacios, sino también la tensión entre conservar el patrimonio y adaptarse a las necesidades urbanísticas y económicas de la época.

Por un lado, estas acciones pueden verse como un intento de revitalizar y dar uso a estructuras en desuso. Por otro, representan una pérdida de patrimonio público.

El caso de la muralla es un claro ejemplo de cómo la historia, la política y los intereses privados se entrecruzan, creando capítulos fascinantes y, a veces, polémicos en la narrativa de una ciudad. Es esencial recordar y aprender de estas historias para equilibrar adecuadamente el desarrollo y la preservación en las decisiones urbanísticas futuras.

La práctica, de adosar viviendas a la muralla se registra desde el siglo XVIII. Junto al Arco de la Rosa se construyeron las antiguas carnicerías municipales, para abastecer al antiguo mercado que estaba en la Plaza Vieja y que fueron eliminadas a principios de siglo para dejar más espacio a la antigua Puerta de Sevilla. 

Los propietarios de estos edificios anexos a la muralla excavaron sótanos y habitaciones, como se documenta en este Torreón 11 junto a la joyería Villalobos y junto al torreón de La Cueva.

EL TORREON ONCE DE LA MURALLA

Sobre la fábrica del torreón 11 se excavaron habitaciones y hasta una escalera horadada en la roca de la muralla.  Igualmente en la segunda vivienda se excavó una estancia usada como cocina, y otro vaciado de la muralla para crear una habitación. Tras estas alteraciones a la estructura interna del torreón 11 de la muralla, ¿se vería afectada la estabilidad del mismo si se eliminan las viviendas adosadas?.  

Este torreón 11 como el resto de la muralla de este tramo fue reformado a finales del siglo XV, construyéndose entonces una estructura redonda de piedra y mampostería sobre el tapial almohade original de forma cuadrada del torreón original. 

Los propietarios de viviendas querían aprovechar los espacios de la muralla y el Torreón 11 llegó a desaparecer a la vista de los viandantes por completo por el avance de las fachadas de los dos edificios anexos hasta que ambos fueron compradas por el Ayuntamiento tras las intervenciones de finales de los años 20 para la construcción de nuevo alcantarillado para alinearlas con el resto de las fachadas de la calle. 

EL ARQUILLO DEL ARCO DE LA ROSA

En la bajada al Arco de la Rosa estaba la plazuela del Arco de la Rosa, un recinto cerrado por dos murallas laterales entre las dos puertas del recinto, la interior y la exterior. La muralla que cerraba este espacio por la calle Coullaut Valera tenia forma de recodo y era una muralla de defensa de la puerta, ubicada que unía el arquillo y el torreón circular.

En la bajada al Arco de la Rosa estaba la plazuela del Arco de la Rosa, un recinto cerrado por dos murallas laterales entre las dos puertas del recinto, la interior y la exterior. La muralla que cerraba este espacio por la calle Coullaut Valera tenia forma de recodo y era una muralla de defensa de la puerta, ubicada que unía el arquillo y el torreón circular.

En 1818 se conceden algunas parcelas y propiedades municipales: a don Antonio García Pergañeda «se le otorga una rinconera situada en los arquillos del Arco de la Rosa» argumentando que construir sobre aquella muralla mejorará el aspecto de la población, y el Ayuntamiento se beneficiará de ingresos y se ordena al maestro mayor alarife que mida las dimensiones de la parcela.

En 1820 el Ayuntamiento continúa el proceso de ceder parcelas adosadas al recinto amurallado para construirse «y así evitar la deformación de su aspecto, su solidez, falta de concurrencia y motivación de crímenes». De nuevo esta cesión afecta a los arquillos del Arco de la Rosa y además a las garitas próximas a la Puerta Real. Nuevamente en 1830 el Ayuntamiento cede el 16 de Enero a don José Carrero una porción del torreón del Arco de la Rosa.

El arquillo que daba acceso al Arco de la Rosa desde el interior del barrio de San Juan

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Historia

La mesa donde se gobernaba el poder: así era la gastronomía del palacio ducal de Marchena

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En el palacio de los Ponce de León, en Marchena, la comida no fue solo una necesidad cotidiana. Fue una forma de representar el poder, de medir la jerarquía, de impresionar a aliados y rivales y, en ocasiones, de escenificar la cercanía con los reyes. El estudio de Juan Luis Carriazo Rubio sobre la cocina del Palacio Ducal de Marchena deja claro que, en la baja Edad Media, la mesa aristocrática no puede entenderse solo como un espacio doméstico: era también un escenario político, un lugar donde el linaje se exhibía ante los demás a través de la abundancia, la vajilla, la etiqueta y la capacidad de convidar.

Eso explica que los Ponce de León, señores de Marchena, aparezcan en las fuentes no tanto como invitados, sino como anfitriones. Su mesa servía para subrayar su antigua nobleza y para competir simbólicamente con otros grandes linajes andaluces, especialmente con los Guzmán. En esa lógica, los banquetes no eran un adorno secundario, sino una prolongación de la política por otros medios. El convite convertía la comida en una demostración de fuerza, riqueza y prestigio.

La parte más difícil para el historiador es que los archivos no siempre conservan los menús completos. Del primer conde de Arcos, Pedro Ponce de León, apenas quedan rastros dispersos: compras importantes de trigo y cebada, vino blanco de Lepe y noticias sobre piezas de plata que probablemente formaban parte de la vajilla. Es decir, conocemos mejor la infraestructura del banquete que los platos exactos servidos en cada ocasión. Y, sin embargo, esos datos bastan para dibujar una casa señorial bien abastecida, con capacidad para comprar cereal en Marchena, Écija y el obispado de Córdoba, y para hacer llegar vino selecto a su residencia.

A mediados del siglo XV la documentación deja ver algo más. En las capitulaciones matrimoniales de 1457 para Manuel Ponce de León se consignan entregas anuales de pan, cebada, gallinas y pollos, una pista valiosa sobre la importancia de los cereales y de las aves en la alimentación nobiliaria. Poco después, otro documento judicial revela que los desposorios de María Ponce de León celebrados en las casas palacio de Marchena fueron lo bastante concurridos y suntuosos como para que un paje aprovechara la confusión del festejo para robar una pieza de plata de la vajilla condal. No sabemos qué se sirvió aquella noche, pero sí que había repostería, servicio abundante y un aparato doméstico propio de una gran casa.

La cocina del palacio ducal también habla a través de sus oficios. Los testamentos y asientos contables muestran una organización compleja, con cocineros, panaderas, despenseros, botilleres, trinchantes e incluso un “limpiador de dientes”. La documentación de comienzos del siglo XVI cita a Juan de Escalante como “cocinero del señor duque” y luego como “cocinero mayor”, con salario, ración diaria y trigo asignado. Junto a él aparecen Alonso de la Torre como despensero, Alonso de Solís como copero o botiller y Álvar Pérez Osorio como trinchante. No era, por tanto, una cocina improvisada, sino una maquinaria estable, jerarquizada y costosa.

Uno de los pasajes más reveladores es el de 1509, cuando constan entregas de trigo para amasar pan destinadas a la mesa o a la despensa ducal. Ahí aparecen nombres concretos que devuelven carne y hueso a aquella vida palaciega: “la Portoguesa”, panetera; Juana de la Barrera, también panetera; Antón de Mesa, botiller; Diego de Ribera, despensero; y maestre Juan, pastelero, que recibía harina “para hazer harina para los pasteles”. En ese mismo contexto documental se mencionan también pavos y gallinas de Indias en la huerta de Paradas, así como gallinas tomadas en Marchena para abastecer la despensa señorial en Sevilla. Todo ello sugiere una dieta donde el pan blanco, la repostería y la carne de ave ocupaban un lugar central.

Hay además un rasgo de enorme interés: la huella mudéjar en la cocina de los Ponce de León. Carriazo Rubio subraya que varios cocineros y servidores vinculados a la casa procedían de ese mundo fronterizo y musulmán integrado en el servicio señorial. El conde don Juan liberó a Juan y Catalina de Parrales y a Bartolomé, sus cocineros, y más tarde se documentan otros casos parecidos en tiempos del marqués de Cádiz, Beatriz Pacheco y el primer duque de Arcos. No es un detalle menor. Significa que la cocina del palacio ducal no solo estaba bien organizada: también era un espacio de mezcla cultural, heredero de la frontera andaluza.

 Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, supo convertir la mesa en un instrumento diplomático. En 1485, cuando los Reyes Católicos pasaron por Marchena camino de Córdoba, Alonso de Palencia escribió que el marqués los recibió “alegre y espléndidamente” y los obsequió con “banquetes y juegos”. El dato debe tomarse con cautela, porque el mismo estudio recuerda que la estancia real probablemente fue más breve de lo que sugiere el cronista, pero la exageración misma revela qué quería transmitir la fuente: liberalidad, abundancia y magnificencia.

Ese mismo lenguaje de opulencia aparece en los episodios militares. En Alhama, en plena Cuaresma de 1482, las crónicas describen mesas armadas con pan blanco, vinos escogidos, pescados servidos de varias maneras, frutas y conservas abundantes enviadas por Beatriz Pacheco. En Archidona, tras la conquista de Loja, la reina fue servida con pavos, viandas, potajes, frutas, conservas y “aguas odoríferas”, en un marco de brocados, tapicerías y vajilla de plata blanca y dorada. No era la simple comida del campamento: era la prolongación del palacio en la guerra, la cortesía convertida en espectáculo.

De todo ello se desprende una conclusión clara. La gastronomía del palacio ducal de Marchena no puede reducirse a una lista de platos. Fue un sistema de abastecimiento, una red de oficios, una expresión de refinamiento y una herramienta de poder. Había trigo de sobra para el pan, pasteleros para elaborar masas, panaderas identificadas por su nombre, aves en cantidad, vino selecto, una vajilla valiosa y un ceremonial capaz de impresionar a monarcas y cronistas. Pero también hubo límites: muchas veces no conocemos el menú exacto, y conviene no inventarlo. Lo que sí sabemos con certeza es que, en la casa de los Ponce de León, comer era algo más que alimentarse. Era gobernar, recibir, pactar y representar.

Fuente principal: Juan Luis Carriazo Rubio, “Cortesía y estrategias de poder en torno a la mesa de los señores de Marchena en el siglo XV”, en el PDF que has subido

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Historia

La arriería articuló durante siglos el comercio y la comunicación entre los pueblos de la Campiña sevillana

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La arriería fue durante siglos uno de los pilares económicos y sociales de la Baja Andalucía. Entre los siglos XVIII y XX, antes de la generalización del ferrocarril y del transporte motorizado, los arrieros constituyeron el principal sistema de transporte de mercancías entre los centros agrícolas de la Campiña y los mercados urbanos, garantizando el abastecimiento de productos básicos y la conexión entre territorios.

El término arriero procede de la voz de mando “arre”, utilizada para estimular a las bestias de carga. El oficio estaba íntimamente ligado al manejo de animales, principalmente mulas y asnos, organizados en recuas o arrias, es decir, conjuntos de animales destinados al transporte de mercancías. Cuando estos animales marchaban atados en fila recibían el nombre de reata, una disposición que facilitaba el tránsito por caminos estrechos o de difícil acceso.

La organización de la recua respondía a una estructura precisa. En cabeza marchaba la “liviana”, la mula más experimentada, que guiaba al resto del grupo. Este animal solía portar cascabeles o cencerros cuyo sonido servía como referencia para el arriero y para las demás bestias, permitiendo mantener el ritmo del viaje incluso en condiciones de escasa visibilidad.

La eficiencia del sistema dependía en gran medida del animal empleado. En Andalucía la mula se convirtió en el principal motor de transporte debido a su resistencia al calor, su capacidad para soportar terrenos abruptos y su menor necesidad de alimento en comparación con el caballo o el buey. Cada animal podía transportar entre 90 y 130 kilos, distribuidos de forma equilibrada a ambos lados de la albarda para evitar lesiones.

El equipamiento de las recuas formaba parte de una auténtica cultura técnica vinculada al mundo rural. Los albarderos, artesanos especializados, fabricaban los aparejos utilizando cuero, paja y esparto. Entre los utensilios más habituales se encontraban la albarda, que protegía el lomo del animal; los serones, grandes cestas para transportar grano, aceitunas o carbón; las aguaderas, utilizadas para llevar cántaros de agua o vino; y las angarillas, destinadas a cargas voluminosas o frágiles.

Los estudios históricos basados en fuentes como el Catastro de Ensenada de 1752 muestran la relevancia social de este oficio. En localidades de la Campiña sevillana como Arahal se registraban hasta sesenta arrieros, lo que convierte al transporte en uno de los sectores económicos más importantes tras la agricultura. Sin embargo, la mayoría de los arrieros combinaban esta actividad con otros oficios para complementar sus ingresos, como la panadería, la barbería o la gestión de molinos.

El sistema de transporte estaba estrechamente ligado a la especialización productiva de cada localidad. Écija y Carmona funcionaban como grandes centros cerealistas, mientras que Morón de la Frontera destacaba por el transporte de cal y aceitunas. Por su parte, Marchena y Arahal se consolidaron como núcleos importantes en la distribución de productos de huerta, aceite y panadería, gracias a su posición estratégica en los caminos que conectaban Sevilla con Córdoba y Granada.

Los arrieros no solo transportaban mercancías agrícolas. En sus viajes de regreso desde Sevilla llevaban también productos coloniales y de ultramarinos, como azúcar, café, especias o pescado en salazón, además de sal procedente de las salinas gaditanas, fundamental para la conservación de alimentos.

La llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX supuso un desafío para este sistema tradicional de transporte. Sin embargo, la arriería continuó activa durante décadas porque el tren no podía llegar a todos los lugares. Los arrieros resolvían el problema logístico de la llamada “última milla”, llevando las mercancías desde los cortijos o molinos hasta las estaciones o los mercados urbanos.

En este entramado comercial, Marchena desempeñó un papel destacado como punto de descanso y encuentro de los transportistas. La histórica Calle de los Mesones concentraba posadas con grandes patios donde podían alojarse las recuas y abrevar los animales. Allí se reunían arrieros procedentes de diferentes puntos de la Campiña antes de continuar su viaje.

Un arriero, que desde Morón se dirigía Marchena para vender su mercancía, pero que equivocó el camino preguntó un hombre que halló al paso: Compañero, falta mucho para llegar Marchena. Poco más de una legua. Cómo se llama este sitío. Penas tristes.
Siguió andando el arriero al poco tiempo preguntó un zagal que guardaba cerdos: Muchacho: ¡falta mucho para llegar á, Marchena. Media legua. Como le dicen este Pago. La Agonía. Entonces, el arriero hizo un mohin picaresco volviendo grupas, exclamó: Pues me vuelvo mi tierra, porque
si sigo andando acabaré por parar en el cementerio. iArre, borrico. Nueva Era. Semanario de Marchena en 1911. Aportado por Antonio Lopez Frías.
Martín Montes, informa a la Duquesa de Osuna-Benavente de cómo algunos funcionarios del Estado de Sevilla habían huido de la ciudad a Osuna y Estepa por la declaración de la epidemia de cólera asiático en septiembre de 1833 y cómo por entonces la epidemia no había llegado a Marchena.
Además se dispuso que desde Marchena se vendan granos a los arrieros de los pueblos de la comarca.

En el centro de la localidad existían establecimientos de mayor categoría, como la conocida Fonda de Zapico, donde tratantes, comerciantes y transportistas negociaban precios de cosechas, compraventa de animales y acuerdos comerciales. Estos espacios funcionaban como auténticos centros de intercambio económico y de información.

Además de transportar mercancías, los arrieros actuaban como mensajeros y transmisores de noticias entre los pueblos. En una época sin telecomunicaciones, eran portadores de recados personales, dinero o correspondencia, y su reputación se basaba en la honradez y en el valor de la palabra dada.

La vida de estos transportistas también quedó reflejada en la literatura. Durante sus recorridos por la Campiña sevillana como comisario de abastos, Miguel de Cervantes conoció de primera mano el ambiente de ventas, caminos y arrieros que más tarde inspiraría escenas y personajes de sus obras.

Con la progresiva modernización del transporte durante el siglo XX, el oficio fue desapareciendo, pero su huella permanece en la memoria colectiva, en la toponimia de muchas calles y en la historia económica de Andalucía. Durante siglos, la arriería permitió que los pueblos de la Campiña sevillana mantuvieran un flujo constante de productos y noticias, convirtiéndose en una pieza clave para el desarrollo del territorio.

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Historia

Secretos de la calle de los Sastres, hogar de judeoconversos y del Hospital de San Bartolomé

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El Hospital de San Bartolomé estaba en la calle Sastres. Así lo recoge la escritura de compraventa otorgada por Beatriz de Córdoba, viuda de Alonso Fernández Sastre, y sus hijos a favor de García Ponce de León de un censo impuesto sobre sus bienes y unas casas y tienda que poseen en la villa de Marchena (Sevilla) en la calle Sastres que «lindaban con el Hospital de San Bartolomé» que luego se fusiona con el de Misericordia.  El documento tiene fecha de 1817 pero contiene un traslado de otro documento de 1552 y tiene la signatura AHN. OSUNA,C.170,D.132.
Estos hospitales eran de poca entidad, rentas y tamaño  y servían más para  bien morir que para bien vivir. 
En 1551 se reunifican por bula papal todos los Hospitales de Marchena en la sede del  Hospital del Corpus Christi en la calle Mesones. Pasa entonces a llamarse la institución Hospital de la Misericordia. Este Hospital de la Misericordia ya existía en tiempos de Beatriz Ponce de León en torno a 1490 y era asistido por una hermandad del mismo. Los Hospitales habitualmente eran regidos por hermandades. 
HOSPITAL DE SAN MIGUEL
En 1550 existía un Hospital de San Miguel cercano a la iglesia del mismo nombre según la documentación conservada en el Archivo Parroquial de San Juan, cuya ubicación estaría entre la iglesia de San Miguel y el Molino de Viento. El Archivo Parroquial de San Juan, conserva un documento titulado «Del Hospital y Cofradía de San Miguel», 1550 en el Legajo 34, folio 3244 donde hace referencia a la ubicación del molino.
LOS SASTRES QUE ENTERRABAN A SUS DIFUNTOS CONVERSOS EN UN DESCAMPADO
Los Sastres eran una de las profesiones elegidas por los judíos en la ciudad de Sevilla y provincia. También eran plateros, médicos, boticarios, prestamistas y profesionales liberales y rara vez se ataban a trabajar la tierra.  Existen varios documentos que hablan de que en la calle Sastres frente al Palacio Ducal se concentraban las tiendas de Sastre y que muchos de ellos eran conversos. La ubicación no es casual porque así atendían a las necesidades de la corte Ducal. 
25 de Enero de 1525: Recibida del Duque la orden de entregar una huerta a los dominicos el Vicario se queja «porque yendo allí la orden de los Predicadores a quien la Santa Inquisición fue dada lo primero que hicieran fuera desenterrar los huesos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar un sastre en este pago de terreno sobre las sepulturas de sus antepasados».  Hacer un enterramiento en descampado no era la costumbre de la época para los cristianos, que se enterraban en las iglesias y alrededores. 
Los documentos nos hablan de muchos Sastres instalados en la calle de los Sastres que además tenían el apellido Sastres.  «Yo López Santos, sastre, vecino que soy de esta villa de Marchena, en la calle de los Sastres. Digo que por cuanto yo tome a tributo el quitar y redimir a Ana Andrea ahijada el bachiller Juan Francisco López Castillo» -clérigo muerto en 147- » difunto vecino que fue de esta villa unas casas con una tienda en la calle de los Sastres, que era de hacienda y herederos de Gonzalo Ponce de León». Además la familia de los Ponce de León procuraban el control de las tiendas de Sastre comprando y vendiéndolas. 
ESCRITURA
La escritura se hizo en la misma puerta de la casa. “En la villa de Marchena se hace esta carta estando en la puerta de las casas de la morada de López Santos. 4 de mayo de 1599. Siendo testigos Francisco de Benjumea, Francisco Suárez y Bartolomé de los Ríos el mozo vecinos de esta villa».
MAS TIENDAS DE SASTRES EN LA PLAZA DE LA VILLA PROPIEDAD DE UNA JUDIA
Pedro Rodríguez de Sevilla, fue un reconciliado y vecino de Marchena, casado con Mencía Rodríguez, judía reconciliada,  “huída a tierra de moros a tornarse judia,  hija de Alonso Rodriguez, de oficio trapero.  Habían pagado 4000 maravedíes.  En 1490 , Luis de Soto, criado de la Duquesa de Arcos, Beatriz Pacheco, compra a Mencía Rodríguez,  tres tiendas en la plaza de Marchena por ser «bienes de herejes»  bienes que fueron demandados por Diego de Medina, receptor de bienes confiscados por la inquisición en 1494.
LOS SASTRES Y EL DUQUE
El Duque solía comprar telas lujosas con destino a su Palacio de Marchena que luego eran entregadas a los sastres para que las confeccionaran.  Ese lujo era especial cuando había visitas ilustres como el caso de la visita de los Reyes Católicos.
En Agosto de 1485 Rodrigo Ponce de León encarga a su recaudador en la Ciudad de Cádiz, Lope Díaz de Palma que compre en los barcos de los comerciantes venecianos fondeados en Cádiz, objetos de oro, sedas y otras telas, trajes y otros objetos suntuarios.
«Yo os mando que fagáis buscar en ellas veynte varas de seda rasa negra e siete varas de raso carmesy, que sean las mejores sedas e mas finas que se pudieren aver. E compradlas de mis dineros al mejor prescio que pudiéredes”. Asymismo conprad dos pieças de chamelot negro, que sea muy bueno, e dos alfonbras moriscas grandes, las mejores e mas finas. Conpradlas enviádmelas luego aqui, a esta mi villa de Marchena, con persona que lo traiga a buena guarda e recabdo, e enviadme la relación de todo lo que cuesta» escribe el Marqués.

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Borriquita

Marchena, los agustinos y el origen de la religiosidad popular sevillana

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La rehabilitación del Convento de San Agustín de Sevilla es un proyecto clave para rescatar un BIC y devolverlo a la ciudad de Sevilla prevé que concluya en primavera de 2026. Se convertirá en un hotel de lujo que lo gestionará IHG Hotels & Resorts (InterContinental Hotels Group) bajo su marca de lujo Kimpton (Kimpton Hotels & Restaurants).

El proyecto para transformar el antiguo Convento de San Agustín, junto a la Puerta de Carmona, en un hotel de cinco estrellas es relevante por la conservación y rehabilitación de un inmueble del siglo XIII, declarado Bien de Interés Cultural y de propiedad municipal, con un plan que obliga a integrar restos arqueológicos, proteger elementos históricos y someter la obra a controles patrimoniales.

La licencia concedida en 2022 desbloquea una operación que llevaba más de una década atascada. La actuación contempla la recuperación e integración de los restos conservados del convento y, al mismo tiempo, la adaptación del conjunto a un uso contemporáneo, incorporando intervención arqueológica preventiva y trabajos específicos sobre espacios históricos como el claustro, el antiguo refectorio o la escalera monumental.

La portada histórica atribuida a Hernán Ruiz II, hoy desmontada en el propio claustro se prevé que sea recuperada y recolocada. Una vez recuperado, una parte del inmueble tendrá “uso compartido a favor del Ayuntamiento” (locales y salones).

Cupula convento de San Agustin

El legado agustino que conecta Sevilla y Marchena con los Ponce de León y las raíces de la Semana Santa

El Convento de San Agustín de Sevilla, una de las fundaciones más antiguas de la Orden Agustina en España cuyos orígenes se remontan a 1292, constituye un eslabón fundamental para comprender la historia de la Semana Santa sevillana y su profundo vínculo con la localidad de Marchena a través de la familia Ponce de León.

Quinientos años de presencia agustina en Sevilla 

En Sevilla, los agustinos estuvieron desde 1248/1249 hasta 1835, es decir, aprox. 587 años (si tomamos 1248) o 586 años (si tomamos 1249).

En Marchena, la cronología que aparece recogida en fuentes locales y documentación divulgativa es de 1566 a 1835, es decir, 269 años.

Los agustinos se establecen en Marchena en el siglo XVI, en 1558 la orden obtiene breve pontificio para fundar convento en la villa al amparo de los duques de Arcos (los Ponce de León). En Marchena. Los agustinos llegan primero a la ermita de Nuestra Señora de Gracia y en 1616 a su actual ubicación. Tal y como sucedió en Sevilla también durante la peste de 1638 el Ayuntamiento de Marchena concede a San Agustín un copatronazgo, dejando en el propio consistorio un lienzo de San Agustín nombrándolo copatrón de Marchena. El final de esa etapa llega con el siglo XIX: la exclaustración de 1835 y la desamortización cortan de raíz la vida conventual tal como había existido.

En Arcos, el origen del enclave agustino se entiende como una ocupación y transformación de una fundación previa: el edificio se fundó en 1539 como convento de San Juan de Letrán, y en 1586 pasó a ser ocupado por los Agustinos de la Observancia, que impulsaron la consolidación del conjunto y la mejora del templo (en la información turística municipal se indica incluso la bendición de la nueva iglesia en 1587).

En Chipiona la fundación es más nítida y está muy ligada al mar y a la nobleza local: en 1399 existe un acta fundacional por la que Don Pedro Ponce de León convierte una fortaleza/castillo previo en convento de agustinos, y los frailes quedan asociados desde entonces al culto de la Virgen de Regla y al conjunto monástico que hoy se identifica como santuario/monasterio.

SAN AGUSTIN DE SEVILLA

Según documenta el fraile agustino Jesús Manuel Gutiérrez Pérez en su obra «Historia completa del Convento de San Agustín de Sevilla», presentada en 2024, el convento se estableció en 1292 cuando una familia sevillana donó a los agustinos unos edificios frente a la Puerta de Carmona, extramuros, donde la comunidad permaneció durante quinientos años hasta la desamortización de 1835.

La principal fuente impresa sobre esta institución es la obra de José María Montero de Espinosa, «Antigüedad del Convento Casa Grande de San Agustín de Sevilla», publicada en 1817, que constituye el testimonio documental más completo del periodo histórico del convento.

Los Ponce de León: patronos del convento y señores de Marchena

El historiador agustino Tomás de Herrera, en su «Historia del Convento Agustino de Salamanca», explica que el patronazgo de la Capilla Mayor de San Agustín de Sevilla recayó en los Ponce de León en 1347, a través de un acuerdo con los herederos de Arias Yáñez Carranza que otorgó la condición de patrono a Pedro Ponce de León II, señor de Marchena.

Este patronazgo, que se mantuvo hasta 1835, permitió a los Ponce de León acceso a la cripta del presbiterio para la sepultura familiar y convirtió a esta estirpe en los grandes benefactores del convento, tal como los Enríquez de Rivera lo fueron de la Cartuja de las Cuevas o los Guzmanes del Monasterio de San Isidoro del Campo.

En palabras de Herrera: «En 1589 el Prior General de la Orden nombró patronos generales de la provincia de Andalucía a los duques de Arcos, sucesores de los Ponce de León, edificadores del convento de Sevilla y fundadores del Monasterio de Santa María de Regla».

Enterramientos ilustres: de Marchena a San Agustín

Numerosos señores de Marchena encontraron su última morada en San Agustín de Sevilla: Pedro Ponce de León II (1352), señor de Marchena, hijo de Fernán Pérez Ponce e Isabel de Guzmán. 

Pedro Ponce de León IV (1374), cuarto señor de Marchena, cuyo testamento fue ejecutado por el agustino fray Juan de Alcocer, dejando al convento 6.000 maravedís. Pedro Ponce de León V (1448), quinto señor de Marchena y conde de Medellín, enterrado vestido con el hábito de San Agustín en una tumba que Ortiz de Zúñiga describe como «una cama de alabastro donde se veía su figura armada».  Rodrigo Ponce de León, el célebre Marqués de Cádiz (1492), sobre cuya tumba se depositaron diez banderas ganadas a los musulmanes en la guerra de Granada

Marchena: baluarte de la devoción inmaculista

Según documenta Gómez Aceves, en 1469 Juan Ponce de León, fundador de Paradas, estableció en su testamento la celebración anual de fiestas a la Inmaculada Concepción en Marchena. Esta tradición se consolidó cuando Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, instituyó grandes celebraciones inmaculistas tras sus victorias militares, como la batalla del Madroño (1462) o la toma de Zahara (1483), que incluían actos lúdicos y religiosos, entre ellos diez misas cantadas a la Concepción.

El Cristo de San Agustín en la génesis  de la Semana Santa sevillana

La Cofradía del Santo Crucifijo y Virgen de Gracia de San Agustín, cuyas primeras reglas fueron aprobadas en 1527, se convirtió en una de las grandes devociones de Sevilla hasta la aparición del Gran Poder. El historiador del arte Román documenta en el «Boletín de las Cofradías de Sevilla» la influencia de esta imagen.

El Cristo de San Agustín llegó al convento en 1350, una escultura gótica que se hizo extremadamente popular tras la epidemia de peste. Su relevancia es tal que en 1567, el escultor Gaspar del Águila recibió el encargo de tallar el Cristo de la Sangre de Écija «de la postura del crucifijo de San Agustín», según consta en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Igualmente, en 1574, Juan Bautista Vázquez el Viejo talló el Cristo de Burgos para la parroquia de San Pedro «en la misma forma que el Cristo de San Agustín sevillano».

Origen del Vía Crucis: de la Casa de Pilatos a la Cruz del Campo

El convento de San Agustín jugó un papel crucial en el origen de la Semana Santa sevillana. Como documenta Juan Gómez de Blas en «Memoria devota y recuerdo de este Vía Crucis» (1653), el convento servía como lugar de paso del Vía Crucis que se realizaba desde la Casa de Pilatos hasta el Humilladero de la Cruz del Campo, establecido en 1482 por el asistente de Sevilla Diego de Merlo.

Las estaciones cuarta y quinta del Vía Sacro estaban colocadas en las paredes externas del convento, en la calle Carmona. En la cuarta estación se meditaba el encuentro de la Virgen María con su hijo, mientras que en la quinta, al final de la cerca del convento, se conmemoraba el episodio del Cirineo.

La Hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín realizaba estación de penitencia hasta el templete de la Cruz del Campo el Viernes Santo a las tres de la tarde, tradición que se mantuvo hasta 1604, cuando el arzobispo ordenó a todas las hermandades hacer estación a la Catedral.

El Cristo de San Agustín y el Gran Poder: una relación fraternal

Las relaciones entre ambas hermandades fueron profundas. Tal como recuerda una placa de mármol en la fachada del Círculo de Labradores, la Hermandad del Gran Poder se estableció en 1662 en la iglesia del Colegio de San Acacio, propiedad de los agustinos, situado junto al Humilladero de la Cruz del Campo. Ese mismo año, la Hermandad del Gran Poder cedió su color negro para la procesión del Viernes Santo al Cristo de San Agustín.

Además, a partir de 1580, la Cofradía del Traspaso de Nuestra Señora del Gran Poder hizo estación de penitencia al Convento de San Agustín y al templete de la Cruz del Campo.

Rogativas y devoción popular

La devoción al Cristo de San Agustín fue extraordinaria. En 1567 y 1571, la imagen fue llevada a la Cruz del Campo a pedir lluvia. En 1588 se organizó una rogativa desde el convento hasta la Catedral por el suceso de la Armada Invencible.

Tras la terrible epidemia de peste de 1649, que causó unos 60.000 muertos en Sevilla (aproximadamente la mitad de la población), las autoridades solicitaron llevar al Cristo de San Agustín a la Catedral en rogativa el 2 de julio. El Ayuntamiento de Sevilla acordó asistir todos los años a esta fecha al convento para conmemorar el milagro del cese de la peste, estableciendo un voto perpetuo a la imagen.

El escritor Miguel de Cervantes dejó constancia en «Rinconete y Cortadillo» (1613) de la gran devoción que Sevilla profesaba al Santo Cristo de San Agustín.

Patrimonio disperso tras la desamortización

Cuando el convento fue desamortizado en 1835, había 47 frailes en la comunidad. La finca de 15.000 metros cuadrados fue vendida en subasta pública por lotes a partir de 1880, según documentan los estudios arqueológicos de Fernando Amores realizados en 2018, que datan la primera construcción en el siglo XIII.

El patrimonio artístico se dispersó. Francisco José Gutiérrez Núñez y Salvador Hernández han estudiado la capilla de la Virgen de Guadalupe de México que se encontraba dentro del convento. En 1670, Juan de Valdés Leal firmó un contrato por 9.000 ducados para realizar obras de arte, pintando la Inmaculada Concepción y la Asunción de la Virgen, además del dorado del altar mayor y las pinturas murales de las bóvedas.

Hoy, el convento se encuentra en proceso de reforma para convertirse en hotel de lujo. De su antigua magnificencia quedan los dos grandes patios, el refectorio con los escudos heráldicos de los Ponce de León en las ménsulas y claves de las bóvedas, la escalera principal, la torre del reloj y la capilla del Santo Cristo de San Agustín. En la calle Luis Montoto número 9 aún puede verse una piedra con el escudo de la familia Ponce de León procedente del convento.

Patronazgo y mecenazgo

Los Duques de Arcos fueron nombrados patronos oficiales de la Orden Agustina en Andalucía en 1589 por el Padre General Gregorio Petroccini. Esta relación se manifestó en generosas donaciones para la construcción de conventos agustinos andaluces y de Sevilla, y en el sustento de religiosos y capellanes.

Dedicatorias literarias

Numerosos frailes agustinos dedicaron sus obras a los duques en agradecimiento por su generosidad. Entre los autores destacan San Alonso de Orozco con su «Vergel de oración» (1544), Pedro de Valderrama con «Teatro de religiones» (1612), y Diego de Carmona con su historia de la Virgen de Regla (1639).

La cuestión del enterramiento

Los señores de Marchena fueron enterrados en San Agustin de Sevilla hasta 1492. A partir de entonces sus descendientes fueron inicialmente sepultados en San Pedro Mártir de Marchena (sede de sus dominios señoriales), a la espera de ser trasladados al Convento de San Agustín de Sevilla como su panteón ancestral principal. El primer duque, Rodrigo Ponce de León, expresó en su testamento el deseo de que sus sucesores continuaran enterrándose en San Agustín junto a sus antepasados, aunque él mismo eligió Marchena para fortalecer vínculos con sus estados.

Los restos de la familia que estaban en San Agustín de Sevilla fueron trasladados durante la ocupación napoleónica. Estuvieron en la Catedral y en 1818, la duquesa de Arcos mandó colocar lápidas conmemorativas, y posteriormente los restos fueron trasladados a la iglesia de la Anunciación de Sevilla, donde permanecen en el panteón de sevillanos ilustres.

Frailes agustinos de la zona

Varios religiosos procedentes de Arcos de la Frontera y Marchena que destacaron en la orden, algunos como misioneros en Filipinas (como Antonio López y Francisco Fontanilla en el siglo XVIII) y otros en labores educativas y administrativas en España, como Manuel Martín Baco y José del Espinosa y Prado. Juan Lasso de la Vega, nacido en Marchena, llegó a ser obispo titular y auxiliar de Sevilla, consagrando varios templos de la región.

Fuentes consultadas:

  • Gutiérrez Pérez, Jesús Manuel (2024). «Historia completa del Convento de San Agustín de Sevilla»
  • Montero de Espinosa, José María (1817). «Antigüedad del Convento Casa Grande de San Agustín de Sevilla»
  • Herrera, Tomás de. «Historia del Convento Agustino de Salamanca»

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Historia

Así eran los primeros turistas que vinieron a Sevilla y Marchena hace cien años

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La llegada del tren a Marchena en 1860 -y la línea Sevilla-Córdoba en 1840- abrió una puerta a turistas y viajeros. Viajar se vuelve más cómodo y seguro mientras las fotos y las guías de viajes comienzan a difundir una imagen de la España artística.

Hasta entonces España se consideraba un país peligroso y atrasado. En 1851 nace la primera agencia de viajes en Londres, la Thomas Cook y España se presenta en la Exposición Universal Londres 1851 con una reproducción de la Alhambra. Nacía entonces el primer turismo masivo.

Entonces Marchena contaba con dos grandes puntos de atracción turísticos ya perdidos como el Palacio Ducal y la Casa de Baños de la Plaza Vieja, que despertaban la curiosidad del viajero.

El servicio de diligencia se inauguró en 1816. Los billetes para la galera de Marchena se vendían en la posada del príncipe en Sevilla según el Diccionario Geográfico de España de Pascual Madoz, de 1849.

El jueves, 12 de diciembre de 1894 el periodista inglés de veinticinco años, Edwin R. Louden y su amigo Herbert Field abandonaron Paris rumbo a Sevilla y Gibraltar para dar la vuelta al mundo sin dinero en sus bolsillos, ganándose la vida con sus crónicas periodísticas y de viajes y siempre viajaba con su Kodad a cuestas.

Dos viajeros alemanes dieron la vuelta al mundo a pie pasando por Marchena, Arahal, Alcalá y Sevilla en 1896 recogiendo sus impresiones y fotografías de los lugares más importantes en un libro.

Según El Correo Español el 23 de Mayo de 1896 llegaron a Sevilla Guillermo Danneil y Arturo Fhielheim periodistas alemanes que dieron la vuelta al mundo a pie para ganar una apuesta de 50.000 francos.

También hubo viajeros ilustres como María de las Nieves Braganza y Borbón princesa de Portugal viaja por Andalucía visitando Marchena en tren en 1923. Antes, entre 1889 y 94 había viajado por España de incógnito entregada a la causa carlista por lazos familiares.

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El célebre escritor americano Somerset Maugham quiso conocer algo sobre la Andalucía real, algo «que haya verdaderamente conservado su antiguo carácter» y decidió recorrer la provincia de Sevilla «donde no haya llegado aún el tren y donde los caballos y las mulas y los mulos son el único medio de transporte».

Después de mucho estudiar los mapas locales y hablar con tratantes de ganado optó por una ruta desde Sevilla a Écija y vuelta a Sevilla por Marchena y Mairena.

El fotógrafo cordobés Rafael Garzón fotografió este auge del primer turismo en Andalucía a finales del XIX. El conde de Lipa fue el primer maestro de los fotógrafos locales andaluces y pasó por Marchena en 1861. 

Hoefnagel, el primer viajero por placer de la historia

En 1561 entró por las puerta de la muralla de  Marchena Joris o George Hoefnaguel, (1542-1600) un joven de apenas 20 años, viajero incansable dibujante y pintor, hijo de un rico comerciante de diamantes de Amberes.

Venía a hacer dibujos de ciudades entre ellas Marchena para la primera guías de viajeros del siglo XVI, (Civitatis Orbis Terrarum: Las ciudades del mundo) publicado por George Braun canónigo de la catedral de Colonia con seis volúmenes.

Los dibujos eran fidedignos, es decir, que su valor era mostrar lo que el viajero veía. En Marchena vio una ciudad con torres en construcción, un molino de viento holandés y unos gitanos herreros trabajando en primer término que es una de las referencias ilustradas más antiguas que se tiene de los gitanos en España.

El molino de viento estaba en el barrio de San Miguel y fue traído por Pedro Jaus, flamenco vecino de la villa de Sanlúcar de Barrameda por encargo del Duque en 1549 que le pagó 150.000 maravedíes por traerlo en barco desde Holanda a Sanlúcar e instalarlo en Marchena en 1550 para moler trigo.

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Borriquita

Una imagen para dos devociones: De la Correa Agustina a la Palma Mercedaria

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La Virgen de la Palma, fue en origen una devoción Agustina, con el nombre de Virgen de la Correa que tuvo su propia hermandad en el templo de San Agustín tal y como aparece en el listado de las hermandades en 1770. La Virgen de la Correa era la patrona de los seglares de los conventos agustinos. 
 La Hermandad de la Virgen de la Correa de San Agustín creada por los frailes agustinos constando su aprobación por Bula pontificia. Tenía su fiesta principal en Agosto.
La Virgen de Consolación y Correa era la patrona de los seglares agustinos y su nombre responde a una leyenda medieval según la cual la Virgen se apareció a San Agustín y Santa Mónica y mostrándoles una correa, les dijo: Así deberás vestir. Esta correa será siempre una muestra de mis especiales cuidados para ti y para tus hijos. Así fue como la correa, que es la del habito Agustino, pasó a tener un significado mariano.

Rápidamente el uso de la correa se extendió entre los seglares que estaban en contacto con las casas e iglesias agustinas. En 1.962 salió  la Virgen de la Palma que antes fue la Virgen de la Correa.
LOS FRAILES AGUSTINOS DE MARCHENA
Su papel en la peste de 1649 que hizo que el Ayuntamiento de Marchena concediese el copatronazgo a San Agustín en agradecimiento a los frailes agustinos que divulgaron devociones como el Cristo de Burgos, Santo Crucifijo o Cristo de San Agustín, Virgen de la Correa, o Virgen  de Regla. Los Agustinos estuvieron en Marchena desde 1566 hasta 1835. 
Ermitaños agustinos se instalan en Marchena en 1566 al final de la calle Santa Clara, en la Ermita de Gracia (Hospital de la Misericordia), calle Milagrosa, fundada por el ermitaño Luis Pérez en un solar donado por los Duques de Arcos.
En 1558 se realiza la  escultura de la Virgen de Gracia, atribuida a Roque Balduque quien ya habría hecho el cristo de la Vearacruz.  En 1590, dicho ermitaño dona la capilla a los Agustinos de Sevilla para que fundasen un convento. En 1591, llegaron los agustinos de Sevilla a Marchena. 
Virgen de Gracia atribuida a Roque Balduque. 
En 1616 los agustinos se  mudan a las casas de las beatas de Antón Gil al final de la calle Sevilla, un año después piden limosna para la nueva iglesia. Pero en 1649 aún no se había iniciado la obra del nuevo templo de San Agustín por lo que el dinero de las fiestas de ese año por la boda del Duque con Victoria de Toledo van para la obra que empieza en 1649.
Antigua ermita de la Virgen de Gracia. 
LA ORDEN AGUSTINA
La primera comunidad agustina la funda el propio Agustín en Hipona en el 391, que luego escribió la Regla, inspirada en la primera comunidad cristiana (Jerusalén). En el siglo V había aproximadamente 35 monasterios agustinos en África de donde la orden pasa al sur de España por monjes que huían de invasiones vándalas con dos puntos clave, la búsqueda interior de Dios y el movimiento eremita mendicante. 
Frailes Agustinos. 
Olvidada en el medievo la orden se reorganiza en 1243, tras la petición papal de que los eremitas toscanos se unieran bajo la la Regla de S. Agustín contando en 1250 con 61 casas en Inglaterra, España, Francia y Alemania, siendo ya una de las más importantes órdenes mendicantes en 1327, cuando el Papa le concede una casa en Pavía, junto al sepulcro de S. Agustín.

Juan Ponce de León, condenado a muerte por defender las ideas de Lutero en 1559

LUTERO
La orden entró en una profunda crisis después de que el agustino Lutero, pusiera en duda los dogmas de la iglesia. En España la orden vive su mayor esplendor gracias a Fray Tomás de Villanueva (1486-1555) Obispo de Valencia que envía los primeros agustinos a México más de trescientos misioneros y se expandió por toda América y Asia.
Los Ponce de León entregan a los Agustinos la ermita de la Virgen de Regla de Chipiona. 
Salida del Santo Cr5ucifijo de San Agustín en rogativas. El Cristo gótico procesionaba sobre un piña y tenía un dosel. 
DEVOCIONES AGUSTINIANAS
Llevaban consigo la devoción al Santo Crucifijo o Cristo de San Agustín, La Virgen de Gracia o la Virgen del Perpetuo Socorro o la Virgen de Regla, Virgen de la Correa o Virgen de Consolación. 

Cuando el Señor de Marchena enriqueció el monasterio de Regla en Chipiona

Según la leyenda, María consoló a Santa Mónica por la muerte de su esposo y el camino errado de su hijo Agustín. La invitó a vestirse de negro y ceñirse una correa que le entregó. Después de su conversión, muerta Santa Mónica, Agustín se vistió de igual modo y legó correa y hábito negro a sus discípulos en la vida religiosa.
La Virgen de la Palma, fue en origen una devoción Agustina, con el nombre de Virgen de la Correa. 
La de Regla es devoción leonesa traída a Andalucía en torno a 1365 por Ponces y Guzmanes, caballeros leoneses. Alonso Pérez de Guzmán funda el Castillo de Chipiona con el nombre de Regla y luego repuebla la ciudad con vecinos de Marchena, Arcos y otras villas. A través de una boda los Ponce reciben de los Guzmanes Marchena, Rota y Chipiona. Pedro Ponce de León reforma el Santuario de Regla en 1399 y lo entrega a frailes Agustinos.
LA DEVOCION  AL SANTO CRUCIFIJO
En los conventos agustinos surgieron cofradías dedicadas al culto del Santo Crucifijo. La denominación de Santo Crucifijo procede del convento agustino de Burgos, con el llamado Cristo de Burgos, Santo Crucifijo de San Agustín, Cristo de la Sangre o Cristo de San Agustín y se extiende por toda España, América y Asia llevada por los Agustinos.
EL CRISTO DE BURGOS
El Santísimo Cristo de Burgos y la Cofradía de las 7 Palabras - YouTube
El Cristo de la Catedral de Burgos. 
Todas las imágenes tituladas “de Burgos” están relacionadas entre sí con el crucificado agustino hoy conservado en la catedral de Burgos, con rasgos iconográficos comunes. El de la catedral de Burgos es un cristo articulado del XIV, gótico, de cabello natural y con una gran falda, cubierta de piel de bóvido y con leyendas relacionadas con apariciones y milagros y supuestamente traída por Nicodemo. 

Hoy función votiva del Ayuntamiento de Sevilla al Santo Crucifijo de San Agustín

La Hermandad del Cristo de Burgos de Sevilla, fundada por comerciantes burgaleses, posee una pequeña imagen que reproduce a escala la que se venera en la catedral burgalesa donada en 1950 por el Ayuntamiento de la ciudad castellana cuyo alcalde ostenta el cargo de hermano mayor honorario. El día 18 de noviembre de 1573 el licenciado Juan de Castañeda encargaba a Juan Bautista Vázquez «el viejo» una imagen de un Cristo crucificado que tuviese la forma del Santo Cristo de San Agustín de Sevilla. 
Cristo de Burgos de Sevilla obra de Juan Bautista Vazquez el Viejo. 
EL CRISTO DE SAN AGUSTIN EN SEVILLA Y ANDALUCIA
En Sevilla la Casa Grande de San Agustín estaba situada junto a la puerta de Carmona y fue centro de estudios, que servía para la preparación y adaptación de los frailes destinados a América.
Los agustinos llegaron a Sevilla con el Rey San Fernando en 1249 desde Córdoba y se instalaron en unas casas de la Puerta de Carmona. Una serie de señores entre ellos los Carranza beneficiaron al convento hasta que por fin los Ponce de León se convirtieron en sus patronos principales. Superaba los quince mil metros cuadrados.
Ortiz de Zúñiga dice que la imagen del Cristo fue hallada en 1314, y tenía una hermandad desde 1380, que era la más antigua de Sevilla después de la Veracruz y hacía estación de penitencia al humilladero de la Cruz del Campo a las tres de la tarde del Viernes Santo y sus cofrades eran los principales caballeros.
En el panteón bajo el altar mayor estaban enterrados todos los Señores de Marchena hasta el Marqués de Cádiz.
Antiguo convento de San Agustín de Sevilla en la Puerta de Carmona. 
CRISTO DE LA SANGRE EN ECIJA
En las reglas de Ecija queda clara esta influencia pues se reconoce que “la cual regla fue hecha y sacada por la que tienen los cofrades y hermanos del Santísimo Crucifijo del Señor San Agustín en la ciudad de Sevilla». También hay cristos de San Agustín en Castilblanco de los Arroyos, parroquia del Divino Salvador obra de Francisco Dionisio de Ribas. En Granada hacia 1520 la comunidad de religiosos agustinos calzados encarga a Jacobo Florentino, la talla del Santísimo Cristo de San Agustín (Granada). 
LA OBRA DE SAN AGUSTIN EN MARCHENA  
La Bejazz emociona a los marroquíes tras su gira por el norte del país – Marchena Noticias. Revista Saber Mas. Manda tus noticias mncomcomunicacion@gmail.com. 744486390
San Agustin atribuido a Ribera que se conserva en el coro del templo agustino de Marchena. 
Don Manuel Ponce de León, canónigo de la catedral de Sevilla y tras ser nombrado Duque, fue elegido caballero naviero de la orden de Calatrava en 1692, decide enterrarse en este templo. 
El Convento de San Agustín de Sevilla fue el enterramiento de los Ponce de León durante siglos. 
La intervención de los agustinos en la peste de 1649 hizo que el pueblo de Marchena hicera suya aquella obra y nombrase copatrón a San Agustín.  La obra se vio perjudicada por la crisis y el conflicto político y posterior separación entre el Duque Manuel Ponce de León y su esposa la Duquesa de Aveiro, Guadalupe Láncaster. El hijo y sucesor de ambos decide enterrarse en Avila malogrando asi la idea de panteon ducal para San Agustin.  
Iglesia del convento de San Agustín de Marchena. | Download Scientific Diagram
En 1682, Alonso Moreno se establece en Marchena hasta su muerte, dirigiendo las obras de la iglesia  ocupándose personalmente de la portada y fue nombrado maestro alarife de la villa por el Cabildo municipal y diseñando la Plaza Ducal. El Duque pensó encargar a Luca Giordano un lienzo para el altar mayor pero no se hizo.  
Lienzo de Lucas Jordan conservado en el convento de Santa Maria donando por Guadalupe Lancaster. 

Una joya de Lucas Jordán en el convento de la Concepción de Marchena

Tampoco se  colocaron las esculturas importadas de Génova para las seis hornacinas de la fachada ni se hizo la portada lateral, con hornacinas y esculturas. Finalmente fue la la viuda de D. Joaquín, Doña Ana Spínola de la Cerda, quien acelere su consagración. 
El 27 de Agosto de 1765 se bendijo  la iglesia y  en Enero de 1766 el duque Don Manuel es
enterrado en San Agustín procedente de Madrid.  En 1835 se van los Agustinos por la Desamortización y en 1915 llegan los mercedarios descalzos.
Guadalupe Láncaster. 

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