Historia
Cuando las mezquitas se convirtieron en iglesias: el misterio de Santa María de Marchena
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6 años agoon
Algunas alcazabas contaban también con mezquitas. Dentro de la Alcazaba de Marchena no se ha podido comprobar aún la existencia de una mezquita a falta de estudios arqueológicos e históricos, pero los escasos datos apuntan al templo de Santa María como antigua mezquita.
Los expertos afirman de modo unánime que los cimientos del torreón macizo de Santa María son islámicos y pudieron ser parte de la antigua mezquita o del recinto amurallado de la Alcazaba tras la conquista de Marchena por Fernando III el Santo en 1241.
El acceso original a la Alcazaba islámica se hacía por un arco hoy cegado en recodo.
Las mezquitas, eran centros de vital importancia para la vida política, social y religiosa. En ellas se reunían las autoridades para discutir asuntos primordiales, se utilizaban como espacio de enseñanza, para la resolución de litigios así como, lugar de reparto de agua.
SABER MAS: De mezquita a iglesia: el proceso de cristianización de los
lugares de culto de al-Andalus. Susana Calvo Capilla.
Cristianizando las mezquitas, los castellanos respondían a la quema y destrucción de iglesias, imágenes e iconos que los musulmanes realizaban en sus incursiones por las tierras fronterizas.
En la sura 2 del Corán, Muhammad marcó la dirección del rezo y estableció la alquibla hacia La Meca, y desde entonces, la dirección de las plegarias serviría para distinguir a los musulmanes de judíos y cristianos.
Por eso lo primero que hacían los cristianos al conquistar una ciudad en manos musulmanas, tras instalar en ella, las imágenes de la Virgen, los crucifijos y las campanas. Reivindicaban sus principales dogmas: la Trinidad, la Encarnación y la Crucifixión, rechazados por el Islam. Además purificaban el templo con agua bendita y finalmente cambiaban la dirección del rezo.
El nicho del mihrab se hacía desaparecer, se tapiaba o se ocultaba detrás de algún dispositivo litúrgico o altar.
Por ejemplo en Almonaster (Huelva), mezquita consagrada como iglesia en 1267, se dejó el mihrab tras un retablo de fábrica y se colocó el altar a 90º hacia el este.
Lo más habitual era girar el culto 90º hacia el este respecto al muro de alquibla o del mihrab, incluso cuando el edificio islámico se derribaba. El nuevo altar mayor se colocaba mirando hacia el noreste, es decir hacia la salida del sol.
Lo primero era limpiar el edificio con agua bendita en el interior del exactamente igual que hacían los musulmanes cuando conseguían recuperar alguna ciudad o pueblo y reinstauraban el culto musulmán en la mezquita.
En mezquitas pequeñas se conservaba la dirección de las naves, colocando el altar mayor ante el mihrab, haciendo desaparecer el nicho y su decoración. Otra opción era abrir una puerta en el mihrab y colocar el altar en dirección opuesta en una puerta cegada, hacia el norte, como vemos en la antigua mezquita de Cuatrovitas en el Aljarafe.
El sabat de Marchena junto a la torre de Santa Maria.
Ni en el islam ni en el cristianismo se cumplía siempre con la norma, de manera que hay alquiblas magrebíes y andalusíes orientadas al sureste y altares orientados al sur, al norte o al oeste.
Uno de los dogmas cristianos esenciales, la Trinidad, principal motivo de disensión entre musulmanes y cristianos.
Como recuerdan las Partidas de Alfonso X, las mezquitas eran en al-Andalus la sede de los tribunales de justicia. Los juramentos más importantes se realizaban en pie, junto a la alquibla y mirando hacia La Meca.
Alrededor de las mezquitas estaban los mercados, pozos y fuentes para las abluciones rituales y para aprovisionamiento de agua, escuelas para niños, casas de limosnas o dependencias para los servidores. En Córdoba y seguramente en alguna otra ciudad se convirtieron ocasionalmente en hospitales tras la conquista.
En Sevilla, la corona entregó en 1248 a la Iglesia casi todas las
mezquitas urbanas. De todas ellas, unas ochenta, sólo veintiuna se transformaron en parroquias, mientras que el resto pasaron a usos no religiosos.
Para limpiar el edificio “de las suziedades de la ley de Mahomad” se esparcía agua bendita y se colocaba el altar mayor con una imagen o una cruz. Tras la purificación, se procedía a la ceremonia de consagración del altar, a la que asistían varios obispos y el propio monarca a veces.
Cuando la rendición de las ciudades amparadas por el Islam se acordó de una forma pacífica, las edificaciones en principio se conservaron; no obstante, en el caso de las mezquitas se emprendieron modificaciones. En continuidad con tales cambios, se reajustaron algunas redes viales que se conectaron con los
accesos principales a la ciudad.
El ábside del altar mayor usualmente se orientó hacia el Este para que el sol matutino, símbolo de Cristo apareciese por el levante, esto es, detrás del altar y del oficiante de la liturgia eucarística matutina.
LA CAMPANA COMO SIMBOLO CRISTIANO
Una vez conquistado el territorio, los tañidos de las campanas acallaban la voz de los almuédanos, esto era un signo de la victoria de la fe verdadera.
Decía el sevillano Ibn ‘Abdūn (s. XII) que debía “suprimirse en territorio musulmán
el toque de campanas, que sólo han de sonar en tierra de infieles (bilad al-kafr)”. Las campanas (nawāqis) se convirtieron en un símbolo del cristianismo en tierras del Islam, hasta el punto de que eran tomadas como botín, transformadas en lámparas y colgadas en las mezquitas como sucedía en Córdoba cuando trajeron las campanas de la catedral de Santiago. Estas campanas fueron devueltas por San Fernando a su lugar de origen.
EL SABAT, UN ELEMENTO ISLÁMICO QUE SE CONSERVÓ EN MARCHENA
Las plazas cercanas a la mezquita se convertían en mercados que los viernes debían ser despejados y a menudo había demasiado ruído. Para e vitarlo nace el Sabat, un elemento islámico que quedó en la cultura cristiana. Un documento mozárabe fechado en agosto de 1186 cita la existencia de un Sabat en Toledo junto a la catedral.
El sābāṭ, es un puente o pasarela que comunicaba el palacio y la mezquita y que servía de acceso directo del gobernante a la sala de oración sin pasar por la calle y que en Marchena queda integrado en el Palacio Ducal.
Así era el sabat, el pasadizo elevado de origen islámico, que unía Santa María con el Palacio
En Córdoba, el sābāṭ no sólo dejó huella documental, sino que subsistió hasta principios del siglo XVII, como puede verse en el grabado de Anton van der Wyngaerde (1567). La documentación cristiana no especifica, sin embargo, si los obispos utilizaron el paso que unía el ahora palacio episcopal y la catedral en los siglos siguientes.
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Actualidad
El Juan de Mesa menos conocido, de Fuentes de Andalucía al Cristo de Bergara
El primer encargo documentado del escultor está en Fuentes de Andalucía. La exposición del Bellas Artes permite seguir su rastro por los pueblos sevillanos y descubrir qué obras se conservan en Córdoba, Cádiz, Valladolid y Gipuzkoa.
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56 minutos agoon
7 noviembre, 2026
En Fuentes de Andalucía, un San José lleva al Niño de la mano. En Tocina, Santa Ana abre un libro ante la Virgen niña. Y en Sevilla se conserva la cabeza cortada de un Bautista que salió del convento de Santa Clara. Las tres imágenes permiten acercarse al mundo en el que trabajó Juan de Mesa: el de los conventos, los retablos y los encargos particulares. Para seguirle el rastro antes del Gran Poder, la primera parada está en la campiña sevillana.
En 1615, los mercedarios de Fuentes encargaron a Mesa el San José con el Niño. Es el primer trabajo conocido en el que figura documentalmente como maestro independiente, cinco años después de concluir su aprendizaje con Juan Martínez Montañés en Sevilla. La talla se conserva habitualmente en la iglesia conventual de San José de Fuentes, según Turismo de la Provincia. El Museo Nacional de Escultura recoge también un encargo insólito en su trayectoria: unos frascos para pólvora, el único trabajo profano que menciona su estudio. Turismo de la Provincia de Sevilla · Museo Nacional de Escultura.
La exposición Juan de Mesa (1583-1627) reunirá 47 obras de una treintena de instituciones, según la nota del 7 de noviembre, que sitúa la apertura al público el miércoles 18 de noviembre. La fecha de cierre anunciada es el 7 de marzo de 2027. En la antigua iglesia de la Merced, hoy sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla, se reunirán el Cristo de la Vera Cruz de Las Cabezas de San Juan, el de la Buena Muerte de los Estudiantes y el de la Conversión del Buen Ladrón de Montserrat. En la sala temporal, las imágenes infantiles y los santos de la Contrarreforma llevarán el recorrido hasta las Angustias de Córdoba. Información de visitas del museo.

Qué prestan los pueblos de Sevilla
Las Cabezas de San Juan aporta el Cristo de la Vera Cruz, confirmado por su hermandad. La nota anuncia también préstamos de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, la ermita y hermandad de Setefilla de Lora del Río, San Vicente Mártir de Tocina, el monasterio de Santa María la Real de Bormujos, San Miguel Arcángel de Morón de la Frontera y Santa María la Mayor de Estepa. Para estos seis prestadores, el comunicado identifica las instituciones y deja pendientes los títulos exactos de las piezas. Hermandad de la Vera Cruz de Las Cabezas.
Hay varias pistas para seguir esa ruta cuando las tallas estén en sus sedes habituales. En la ermita de Setefilla se documenta un San Antonio de Padua con el Niño de Mesa. La parroquia de Tocina guarda un Resucitado y una Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. La Diputación recoge la atribución de ambas imágenes al escultor, mientras que el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico sitúa la segunda en su posible círculo. En Bormujos, el Prado señala la estrecha relación con Mesa de un San Juan del convento de dominicas. Y en Estepa, un estudio del Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza sigue la pista del San Juan Evangelista atribuido al imaginero que llegó a Santa María desde un convento sevillano desamortizado. Real Academia de Bellas Artes de Sevilla · Turismo de la Provincia · IAPH · Museo del Prado · Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza.

De la Cartuja a los archivos
El propio museo aporta ocho obras de sus fondos. Entre ellas están la Virgen de las Cuevas, el San Juan Bautista y las cuatro virtudes cardinales talladas para la Cartuja. A ellas se suman los mártires jesuitas Pablo Miki y Juan Soan de Goto, procedentes de la Casa Profesa de Sevilla. El Cabildo Catedral presta otra pieza distinta del Bautista: la cabeza de 1625 que perteneció al convento de Santa Clara y se expone habitualmente en el Pabellón de la Catedral. Catálogo CER.es · Catedral de Sevilla.
Durante mucho tiempo, la fama de Montañés dificultó distinguir el trabajo del discípulo. Los papeles de archivo fueron devolviéndole su nombre. En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla se conserva la carta de pago de los 2.000 reales que Mesa recibió por el Gran Poder y su San Juan Evangelista. A veces el documento aparece en la propia madera: el estudio del IAPH sobre el Cristo Yacente del Santo Entierro recoge el hallazgo de un testimonio en su interior que confirma la autoría y la fecha de 1619. Archivo Histórico Provincial de Sevilla · Estudio del IAPH.
Dónde ver a Juan de Mesa fuera de Sevilla
En Córdoba, la iglesia de San Agustín guarda habitualmente la Virgen de las Angustias, que viajará a la muestra. Mesa declaró en su testamento que le quedaban menos de tres días de trabajo en la imagen. Hay un detalle que merece una mirada de cerca: la Virgen sostiene entre los dedos una espina que ha retirado de la frente de Cristo. En La Rambla, la iglesia del Espíritu Santo conserva el Jesús Nazareno, que llegó al pueblo desde Sevilla en marzo de 1622. Es una ocasión para ver cómo resolvió el escultor el mismo tema del Gran Poder para otra comunidad. Declaración de Bien de Interés Cultural de las Angustias · Diócesis de Córdoba · Turismo de La Rambla.
En El Puerto de Santa María, la iglesia de San Francisco conserva las imágenes jesuitas de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. El templo figura entre los prestadores de la exposición. Más lejos, en Bergara (Gipuzkoa), el Cristo de la Agonía se conserva en San Pedro de Ariznoa, en una capilla bajo el coro. Lo encargó en 1622 Juan Pérez de Irazábal, contador del rey, y años después lo envió a su villa natal. En Valladolid, el Museo Nacional de Escultura conserva una Inmaculada de Mesa incorporada a sus colecciones y presentada al público en 2020. Su ficha de exposición permite localizarla, aunque la disponibilidad en sala puede variar. Diario de Cádiz · Patrimonio Cultural de Euskadi · Museo Nacional de Escultura.

Historia
Toros por el Corpus, el patrón y la patrona: cinco siglos de historia taurina de Marchena
Dos carteles de 1908 y 1910 recuperan los toros por la Virgen del Rosario y San Sebastián. Un recorrido desde las noticias de 1504 y el Corpus de 1656 hasta las plazas posteriores.
Published
24 horas agoon
6 noviembre, 2026
El Corpus, San Sebastián y la Virgen del Rosario tuvieron toros en la Marchena de otros tiempos. Dos carteles anuncian novilladas para las fiestas de la patrona en 1908 y del patrón en 1910; los reportajes históricos de Marchena Secreta recogen, además, festejos del Corpus en 1656 y noticias taurinas desde 1504. Entre esos documentos aparece una historia de más de cinco siglos, con la Plaza Ducal como uno de sus grandes escenarios.
Una peseta por un palco. Setenta y cinco céntimos por una localidad de sol y sombra. Dos novillos-toros y una cita en pleno enero, cuando Marchena celebraba a San Sebastián. El cartel de 1910 devuelve una imagen poco habitual del calendario local: el patrón también podía festejarse con toros. Otro anuncio, fechado en octubre de 1908, vincula expresamente una novillada con la Virgen del Rosario, a la que identifica como patrona de la población.
Las fotografías de estas reproducciones, aportadas a Marchena Secreta, permiten leer nombres, ganaderías, precios y condiciones. Son pequeñas piezas de historia social: hablan de quienes salían al ruedo, de quienes pagaban por mirar y de una forma de celebrar en la que la función religiosa y el espectáculo público podían compartir fecha.
El recorrido exige distinguir épocas y espacios. Los carteles de 1908 y 1910 dicen «Plaza de toros de Marchena», pero no identifican en su texto visible la Plaza Ducal. Tampoco un anuncio acredita por sí solo que el festejo llegara a celebrarse en todas las condiciones previstas. Lo que sí prueba es su programación y la relación explícita con aquellas festividades.
San Sebastián de 1910: una novedad taurina para el patrón
El cartel del jueves 20 de enero de 1910 presenta la corrida como una «Gran novedad taurina» y afirma que es la primera vez que Marchena festeja de esa manera a su patrono. Esa frase importa: documenta una iniciativa concreta, sin permitir convertirla en una costumbre anual ininterrumpida.
El programa anuncia dos novillos-toros de muerte de la ganadería de Luis Gamero Cívico, antes de Torres Cortina. Los espadas son Manuel Jiménez, «Pastor», y Luis Muñoz, «Marchenero». Bajo los nombres principales aparece la cuadrilla, con picadores, banderilleros y un puntillero. Entre los banderilleros figura José Ayora, «Catano», identificado como vecino de Marchena.

Las localidades se ofrecen a una peseta el palco y a 75 céntimos sol y sombra. También se anuncian medias entradas para señoras y niños menores de diez años, a 40 céntimos en sol y sombra. La apertura de la plaza estaba prevista a la una y el comienzo a las tres.
La fórmula «si el tiempo no lo impide» recuerda la fragilidad de un espectáculo al aire libre en enero. En el mismo panel fotografiado, junto al cartel, se reproduce un texto titulado «La fiesta del Santo Patrón». La proximidad visual de ambos documentos permite acercarse a las distintas caras de la celebración, aunque la fotografía no ofrece los datos completos de la publicación que los reunió.
La Virgen del Rosario de 1908: la última novillada de la temporada
El segundo cartel anuncia una corrida de novillos para el 4 de octubre de 1908, «festividad de la Virgen del Rosario, patrona de esta población». Conviene conservar la advocación exacta del documento: se refiere al Rosario y a esa fecha de octubre.
Se presenta como la última corrida de la temporada. El ganado anunciado son tres novillos de José Escribano, vecino de Castilblanco. En el cartel aparecen Luis Muñoz, «El Marchenero»; Manuel Morales, «Cara-Ancha»; y Francisco Martínez, «Chispa de Triana».

El programa vuelve a mostrar a José Ayora, «Catano», entre los banderilleros, y anuncia una banda de música para amenizar el espectáculo. La repetición de nombres entre ambos carteles permite reconocer profesionales que regresaban a la programación local. Luis Muñoz ocupa un lugar destacado en los dos anuncios, con su identificación taurina ligada al nombre de Marchena.
El impreso de 1908 fija la apertura de puertas a las tres y el comienzo a las cuatro y media. También distribuye al público por precios: palco con entrada a 1,25 pesetas, sombra a una peseta y sol a 60 céntimos. El espacio del espectáculo se organizaba, por tanto, mediante una economía de localidades y categorías que el cartel hacía visible antes de entrar.
El Corpus también tuvo toros: la noticia de 1656
Mucho antes de esas novilladas, el Corpus había incorporado festejos taurinos. El reportaje «El Corpus barroco de Marchena, cuando la villa entera se convertía en escenario» recoge una corrida vinculada a la celebración de 1656.
La referencia debe situarse dentro de una fiesta que reunía procesión, música, danzas, representaciones y luminarias. El espectáculo taurino era una parte de un programa público más amplio. El estudio de Ramón Ramos Alfonso, La fiesta del Corpus en la Marchena barroca, forma parte de las XII Jornadas sobre Historia de Marchena y está recogido en el fondo local de la biblioteca municipal.
Para el lector actual, la combinación puede resultar extraña. En aquel contexto, la solemnidad religiosa y las diversiones colectivas compartían el calendario y el espacio urbano. No todo tenía lugar en la procesión ni todas las actividades cumplían la misma función: unas expresaban devoción, otras ofrecían entretenimiento y otras exhibían la capacidad de organización de las autoridades.
1504: una historia que supera los cinco siglos
La investigación publicada en «La Plaza Ducal de Marchena: una historia muy taurina» sitúa en 1504 un pago del duque de Arcos por un toro corrido en Marchena y por los desperfectos ocasionados. Es el antecedente más antiguo que recoge ese reportaje y permite hablar de más de quinientos años de noticias taurinas en la localidad.
El mismo trabajo reúne pagos de 1540 por carreras y garrochas para la lidia, compras de garrochas en 1549 y referencias de 1576 al traslado de cuatro toros desde Lora y al pago de un corral para encerrarlos. En 1600 recoge otro pago por dos toros corridos con garrocha por el duque.
Son indicios de la organización material de los festejos: adquirir o trasladar animales, disponer de recintos, preparar útiles y atender gastos. Hablar de una historia de cinco siglos significa enlazar testimonios de momentos diferentes; no supone afirmar que hubiera corridas todos los años ni que cada festejo conocido se celebrara en el mismo lugar.
La Plaza Ducal, un ruedo en el centro del poder
La Plaza Ducal ocupa un lugar central en esa memoria. Los trabajos de Marchena Secreta la identifican como escenario taurino y recuerdan la puerta del Toril, relacionada con la entrada del ganado. El palacio y el antiguo Ayuntamiento daban a un espacio donde el poder se mostraba también mediante ceremonias y diversiones públicas.
Los balcones y palcos convertían la arquitectura cotidiana en un lugar para mirar. El estudio de estas celebraciones permite entender la plaza como un recinto de usos cambiantes: lugar de representación política, celebración religiosa y espectáculo. La expresión «plaza de toros» no obliga a imaginar en todos los siglos un coso permanente como los actuales.
En ese ambiente se inscribe Pedro Ponce de León, cuya fama como alanceador a caballo recoge otro reportaje de esta revista a partir de la literatura taurina histórica. Su figura remite a una etapa en la que la destreza ecuestre de los nobles formaba parte del espectáculo, diferente de las novilladas profesionales anunciadas en 1908 y 1910.
1616: toros y cañas para celebrar el voto concepcionista
La conexión entre solemnidad religiosa y diversión pública aparece de manera especialmente expresiva en las fiestas de septiembre de 1616 por la defensa del voto de la Inmaculada. Marchena Secreta reconstruyó el episodio a partir de una relación impresa en Sevilla por Alonso Rodríguez Gamarra, recogida posteriormente por Genaro Alenda y Mira.
El relato describe la participación de sacerdotes y caballeros, el anuncio con instrumentos y pendón y las fiestas de toros y cañas. La organización ecuestre reunía a 24 jugadores. La celebración permitía a la nobleza local sumarse al acto religioso mediante una demostración pública de habilidad y recursos.
El testimonio amplía la mirada: los toros no pertenecían únicamente a la feria. También podían acompañar acontecimientos extraordinarios que movilizaban a las instituciones y a los vecinos.
La feria, los viajeros y las plazas posteriores
En el siglo XIX, la historia taurina se cruza con la feria de ganado y con los desplazamientos de visitantes. El reportaje sobre los forasteros en la feria marchenera recoge noticias de trenes de recreo y de la prensa taurina de 1898. Los festejos formaban parte del atractivo de una visita que también incluía encuentros sociales y recorridos por la localidad.
La geografía taurina cambió. La reconstrucción histórica publicada con la entrevista a Ricardo Reina sitúa la actividad de la plaza de Santa María hasta 1924 y recuerda la plaza de Huerta Gavira en los años cincuenta. Esos escenarios posteriores impiden reducir toda la historia a un único recinto.
Los dos carteles recuperados pertenecen ya al mundo de los espadas anunciados por su nombre, las cuadrillas, las ganaderías y las entradas impresas. En ellos, el calendario religioso seguía ofreciendo una ocasión para convocar al público, pero el espectáculo había adquirido una organización distinta de las antiguas fiestas ducales.
Lo que cuentan los papeles que han sobrevivido
Leer estos anuncios es recuperar una parte de la vida de Marchena sin dar por supuesto que el pasado fue uniforme. Hubo festejos nobiliarios, celebraciones del Corpus, funciones por la patrona, una novedad taurina para San Sebastián y temporadas organizadas en plazas sucesivas.
La historia incluye también miradas críticas. Marchena Secreta ha recordado los textos de Gutierre Vaca de Guzmán contra la crueldad del espectáculo. Esa voz forma parte del mismo patrimonio documental: conocer la tradición permite examinar tanto su arraigo como los desacuerdos que despertó.
Los papeles conservan lo que la memoria simplifica. En octubre de 1908 se anunciaban tres novillos para el Rosario. En enero de 1910, dos novillos-toros para San Sebastián. Siglos antes, el Corpus también había tenido toros. Entre esas fechas, la Plaza Ducal y otros espacios de la villa permiten seguir una historia taurina que Marchena Secreta ha ido reuniendo y que todavía puede enriquecerse con carteles, crónicas y documentos familiares.
Fuentes: lectura de los dos carteles fotografiados y aportados por el autor; reportajes de Marchena Secreta enlazados en el texto. Contexto bibliográfico: Ramón Ramos Alfonso, «La fiesta del Corpus en la Marchena barroca», en las XII Jornadas sobre Historia de Marchena. Las referencias de la Casa Ducal se citan conforme a la investigación ya publicada por esta revista; este artículo no presenta una nueva transcripción de sus originales. Los carteles acreditan el anuncio de los festejos, no su resultado ni una localización concreta dentro de Marchena.
Historia
El juez que acabó juzgado: cómo Marchena exigía cuentas a sus gobernantes hace tres siglos
Fernando Mir Rey revisó al gobierno de Marchena en 1714 y después tuvo que responder ante otro juez. Los archivos y las actas municipales reconstruyen aquel sistema de control señorial.
Published
1 día agoon
6 noviembre, 2026
Fernando Mir Rey Ramírez de Cartagena examinó en 1714 la actuación del asistente y del escribano del cabildo de Marchena. Después ocupó él mismo la asistencia y tuvo que responder ante otro juez de residencia. Cuatro conjuntos documentales del Archivo Histórico de la Nobleza permiten acercarse a aquel sistema de control, entre querellas vecinales, conflictos de abastos y recursos judiciales.
El nombre que encabeza una investigación puede aparecer, años después, al otro lado del procedimiento. Eso ocurrió en la Marchena del siglo XVIII con Fernando Mir Rey Ramírez de Cartagena: primero revisó la gestión de quienes habían ejercido el poder municipal; más tarde, su propia actuación quedó sometida a examen. La historia tiene la fuerza de un giro narrativo, pero su interés va más allá del personaje. Permite preguntarse quién vigilaba a las autoridades de una villa señorial y qué posibilidades tenían sus vecinos de reclamar.
El hilo se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, dentro de la documentación del Ducado de Arcos integrada en el Archivo de los Duques de Osuna. Las referencias localizadas enlazan dos juicios de residencia con otros asuntos judiciales de la misma época. Conviene establecer desde el principio una precisión: estar sometido a residencia no equivalía a ser declarado culpable. El desenlace de cada cargo exige conocer el fallo correspondiente.
1714: revisar al asistente y al escribano
La primera pieza es el juicio de residencia OSUNA,C.173,D.1-138, fechado entre el 19 de agosto y el 27 de octubre de 1714. Fernando Mir Rey actuó por encargo de Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, para examinar a Pedro Antonio del Cost Zabaleta, asistente de Marchena, y a Juan Álvarez Navarro, escribano del cabildo.
La descripción recogida en el dosier documental identifica autos generales, pesquisa secreta, comprobación de citas, instrumentos, decretos ducales y piezas de cargos, descargos y sentencia. Son 138 documentos: un conjunto que permite seguir las distintas fases de la revisión, aunque su volumen por sí solo no demuestra la gravedad de las posibles irregularidades.
El procedimiento colocaba bajo examen tanto el ejercicio de la autoridad como la actuación del escribano. Para comprender lo sucedido hay que atender a las acusaciones y a las respuestas de los examinados. Una imputación conservada en un expediente sigue siendo una imputación hasta que se contrasta con las pruebas y con la resolución.
Qué significaba pasar una residencia
El tesauro de PARES del Ministerio de Cultura define el juicio de residencia como un procedimiento para revisar la actuación de determinados cargos al terminar su ejercicio y establecer las responsabilidades derivadas de sus actos. Entre sus elementos figuraban el anuncio público, los interrogatorios, las declaraciones de testigos, las pruebas documentales y la sentencia. El resultado podía ser absolutorio, condenatorio o distinto para cada cargo.
El historiador Alfonso Jesús Heredia López sitúa esta institución en una tradición extensa de fiscalización del gobierno y la justicia en Castilla e Indias. Su estudio publicado en Revista de Historiografía en 2022 revisa también el debate sobre su eficacia y sobre el valor de estos expedientes para estudiar la sociedad que los produjo.
En Marchena, la intervención del duque obliga a situar el control dentro del propio sistema señorial. La comparación con una auditoría ayuda a entender la revisión de una gestión anterior, pero resulta insuficiente: aquí había un procedimiento judicial y una autoridad señorial que encargaba el examen. Su existencia acredita un mecanismo de control; para valorar su independencia y sus efectos hay que estudiar cómo funcionaba en cada caso.
Los vecinos también dejaban sus quejas por escrito
La documentación permite salir de los grandes nombres. En la unidad OSUNA,C.172,D.147-155, los documentos 151 a 155 contienen un cuaderno de querellas de vecinos en la residencia de Pedro Antonio del Cost. La ficha identifica a Juan de Savedra, José Tejada y Felipe Delgado, entre otros, y fecha esas piezas entre agosto y noviembre de 1714.
El mismo conjunto reúne documentación diferente: el pleito contra Juan de Vacas, padre e hijo, por vender carne de oveja sin las licencias necesarias, con prisión y solicitudes de libertad en 1712. Otra pieza recoge la denuncia del alguacil Isidoro Rodrigo de Ahumada por ventas de carne de ternero en una casa de la colación de San Miguel en 1713.
Esa agrupación exige cuidado. No permite afirmar que Fernando Mir Rey ordenara aquellos encarcelamientos ni que los pleitos de la carne originaran las querellas posteriores. Lo que ofrece es una ventana a asuntos concretos de la vida local: permisos, ventas, denuncias y peticiones de libertad.
Los nombres de los vecinos hacen visible una dimensión que suele perderse al contar la historia desde los palacios. También ellos aparecen como actores del procedimiento. Para saber qué reclamaban y qué respuesta obtuvieron sería necesario seguir cada querella hasta su resolución.
Una discusión que terminó en destierro
Un segundo caso acerca todavía más aquella justicia a la vida cotidiana. La unidad OSUNA,C.172,D.156-164 describe el proceso contra Antonio Tortolero de Vegas por injurias y amenazas durante una discusión con Juan de Carmona, relacionada con una deuda de su suegra, Graciana Caro de Vegas.
Aquí la ficha sí identifica expresamente el resultado de una sentencia: un año de destierro, el 30 de octubre de 1714. Antes recoge los autos iniciados por Fernando Mir Rey, solicitudes de libertad y una petición de libertad bajo fianza. Después consta una solicitud de apelación presentada el 3 de noviembre.
La secuencia muestra cuánto podía pesar un enfrentamiento personal en la vida de un vecino: prisión, peticiones para salir de ella, sentencia y recurso. La existencia de la apelación tampoco permite dar por conocido su resultado. Para reconstruir el desenlace completo habría que examinar las piezas posteriores.
El cambio de posición de Fernando Mir Rey
Una investigación de Francisco Javier Gutiérrez Núñez, Marchena y el VII Duque de Arcos (1693-1729). Aspectos sobre el control del estado señorial, aporta una comprobación externa de la trayectoria. En la página 789 sitúa a Mir Rey como corregidor de Zahara en 1714, cuando recibió el encargo de revisar al asistente marchenero, y fecha su asistencia en Marchena entre 1715 y 1719.
El mismo trabajo, apoyado en las actas capitulares, señala que el 5 de septiembre de 1721 ya se conocía el nombramiento de Antonio Gregorio del Barco como nuevo asistente y juez de residencia de Mir Rey. Su recepción como asistente se produjo el día 10.
El archivo conserva la otra mitad de la historia bajo la signatura OSUNA,C.173,D.150-221. El conjunto está fechado entre 1717 y 1722 y reúne 72 documentos de la residencia realizada por Antonio Gregorio del Barco contra su antecesor. El dosier identifica interrogatorios, declaraciones, cargos, defensa, sentencia, apelación, correspondencia con el duque y una segunda sentencia.
La fecha inicial del conjunto no debe confundirse con la del nombramiento de Del Barco en 1721. Un expediente puede incorporar documentos anteriores al procedimiento principal; identificar qué pieza explica 1717 requiere revisar el original. La cronología municipal y las fechas extremas del archivo describen cosas diferentes.
Lo que sabemos y lo que falta por leer
El ciclo está documentado: Mir Rey examinó una gestión anterior, ejerció después como asistente y quedó sometido a residencia. Quedan abiertas preguntas fundamentales: cuáles fueron exactamente los cargos formulados contra él, cuáles se probaron, qué decidió la segunda sentencia y qué papel tuvo la correspondencia con el duque.
Este reportaje se apoya en las descripciones archivísticas recogidas en el dosier, su contraste con los registros oficiales accesibles y los estudios citados. No presenta una transcripción íntegra de los expedientes. Durante la comprobación, las dos fichas principales de residencia devolvieron errores de acceso; sus referencias y fechas pudieron contrastarse en los listados indexados de PARES y la sucesión de los cargos, en la investigación histórica municipal.
Por eso la historia del juez que acabó juzgado conserva una pregunta abierta sobre su desenlace. Su valor está también en mostrar cómo se escribía el poder: mediante nombramientos, quejas, testimonios, defensas y recursos. Entre esos papeles siguen apareciendo los vecinos de Marchena y sus conflictos concretos, a menudo ausentes de la memoria monumental de la villa.
Fuentes y consulta: Ministerio de Cultura, Archivo Histórico de la Nobleza, PARES; signaturas OSUNA,C.173,D.1-138, OSUNA,C.173,D.150-221, OSUNA,C.172,D.147-155 y OSUNA,C.172,D.156-164. Contexto académico: Alfonso Jesús Heredia López, Revista de Historiografía, 37 (2022), pp. 413-435; Francisco Javier Gutiérrez Núñez, estudio enlazado, especialmente pp. 782 y 788-789. Los enlaces permiten ampliar la información y localizar las descripciones y los originales digitalizados.
Imagen de portada: reja del Palacio Ducal, fotografía de archivo ya utilizada por Marchena Secreta en su reportaje sobre los Ramírez de Cartagena. Imagen ilustrativa del contexto señorial.
Historia
La yegua de nadie: el animal que acabó en la hacienda del duque de Arcos en 1733
Un expediente de PARES reconstruye el pregón, el plazo para reclamar una yegua y su entrega a la hacienda ducal en la Marchena de 1733.
Published
3 días agoon
4 noviembre, 2026
Una yegua sin dueño aparente dejó en Marchena un rastro de testigos, pregones y reclamaciones. En 1733, su destino terminó ligado a los derechos de la Casa de Arcos sobre los bienes mostrencos, una prerrogativa que la villa y el Estado ducal tenían en litigio.
La historia se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza. Según la descripción de PARES, el asistente Manuel Arévalo de la Capellana ordenó anunciar el hallazgo y conceder quince días al propietario para reclamar el animal. Los autos incorporaban declaraciones de testigos.
El 31 de julio, José Narciso de Herdocia, contador mayor del Estado de Arcos, solicitó su entrega invocando el derecho de mostrencos. Una resolución de esa fecha dispuso que la yegua pasara a la hacienda ducal. En septiembre de 1737, otra pieza del conjunto todavía dejaba constancia del pleito entre la villa y la Casa de Arcos por aquellos privilegios.
El expediente reúne documentos de 1691 a 1754. Entre ellos figura una ejecutoria sobre esos derechos en ocho villas y una relación posterior de bienes adquiridos y, en algunos casos, vendidos por la administración ducal.
¿Cómo podía un animal extraviado llevarnos hasta las cuentas de un señorío? La pregunta obliga a mirar más allá del palacio y de sus grandes nombres. La historia del poder también se escribe en los trámites que deciden quién recibe un bien y qué autoridad puede disponer de él.

El estudio de Mercedes Gamero Rojas, El gobierno concejil de Marchena en el siglo XVIII, ayuda a entender ese escenario. La historiadora describe un municipio señorial cuyo cabildo estaba controlado por el señor, aunque atravesado por relaciones de poder entre la Corona, la casa nobiliaria, las élites locales y la población. A lo largo del Setecientos, el fortalecimiento de la Monarquía y el crecimiento de las élites locales modificaron ese equilibrio.
Desde esa perspectiva, la reclamación de un bien tenía una dimensión económica y otra de autoridad. Esta es una interpretación del contexto: no demuestra, por sí sola, que el concejo pretendiera quedarse con aquella yegua.
Francisco Núñez Roldán explica en Justicia y gracia en Marchena. Siglos XVI y XVII que el señorío jurisdiccional reunía facultades para administrar justicia, designar autoridades y percibir rentas. También advierte de una distinción fundamental: ejercer jurisdicción sobre un territorio no equivalía a ser propietario de todas sus tierras. Las leyes del reino y la posibilidad de apelar a tribunales reales formaban parte de los límites de la justicia señorial.
La yegua permite acercarse a ese mundo desde una escala cotidiana. Bajo las palabras jurídicas queda una pregunta sencilla: de quién acaba siendo aquello cuyo propietario no aparece. Su historia documental ofrece una respuesta para este caso, pero deja abiertas otras: el lugar preciso del hallazgo, el valor del animal o las circunstancias de quien lo perdió requieren una lectura completa de los autos.
Nota de investigación: se ha consultado la descripción archivística y examinado una selección de imágenes del expediente, incluidas las diligencias del pregón y la petición ducal. No se presenta una transcripción paleográfica íntegra ni se reproducen como citas literales pasajes de lectura dudosa.
Fuentes y consulta: Ministerio de Cultura, Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA,C.172,D.171-182, especialmente documentos 175, 176, 177, 179 y 181; visor del expediente en PARES. Mercedes Gamero Rojas, El gobierno concejil de Marchena en el siglo XVIII, pp. 115-117; Francisco Núñez Roldán, Justicia y gracia en Marchena. Siglos XVI y XVII, pp. 53-54. Ambos estudios pertenecen a las actas de las VI Jornadas sobre Historia de Marchena.
Actualidad
Del perdón por acuñar moneda a las cien lanzas de Marchena: el poder de Rodrigo Ponce de León
Un perdón por acuñar moneda en Jerez y una carta a Beatriz Pacheco reconstruyen el papel militar y fiscal de Marchena al servicio de los Reyes Católicos.
Published
5 días agoon
2 noviembre, 2026
Un perdón de Enrique IV, los pagos sobre las alcabalas de sus villas y una carta de Fernando el Católico a Beatriz Pacheco permiten seguir la relación entre el señor de Marchena y la Corona entre 1474 y 1491.
Cien lanzas debían salir de Marchena. La petición procedía del rey Fernando y tenía una destinataria concreta: Beatriz Pacheco, esposa de Rodrigo Ponce de León. La carta, fechada en Córdoba el 4 de agosto de 1483, reclamaba fuerzas para una entrada en territorio granadino. Detrás de esa orden aparece una Marchena que aportaba recursos y capacidad militar a la guerra.
El documento se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, con la signatura OSUNA,C.118,D.49, dentro de un conjunto de cartas regias. El historiador Juan Luis Carriazo Rubio lo recoge también en su estudio Beatriz Pacheco: cronistas y documentos en torno a la dama de Marchena. La descripción de PARES precisa que las cien lanzas debían ir con un caballero de su casa y salir el día de Santa María de agosto. La orden documenta una movilización solicitada; por sí sola no demuestra cómo se ejecutó ni identifica a todos sus participantes.
Que el rey escribiese a Beatriz merece detener la mirada. Su nombre figura como interlocutora en una decisión militar que afectaba al señorío. La carta permite reconocer su intervención en el funcionamiento de la casa y evita reducirla a una presencia secundaria al lado del marqués. Marchena aparece como punto de partida de unas fuerzas cuya organización exigía una autoridad capaz de reunirlas.
Nueve años antes, la relación del noble con la monarquía había dejado otra huella muy distinta. El 25 de noviembre de 1474, Enrique IV concedió un perdón a Rodrigo Ponce de León, sus parientes y criados. La unidad OSUNA,C.118,D.30-32 reúne esa carta y las confirmaciones de los Reyes Católicos, con fechas que el catálogo sitúa aproximadamente entre noviembre de 1474 y abril de 1476. Entre los asuntos perdonados figuraba haber labrado moneda de oro y plata en Jerez de la Frontera.
La acuñación jerezana ha sido estudiada por Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez en Ceretanum, revista de la Real Academia de San Dionisio. Su investigación de 2024 atribuye a Jerez cuartos y medios cuartos de vellón marcados con una X y sitúa esa actividad en los últimos años de Enrique IV. Los autores advierten que no conocen ejemplares de oro o plata con esa marca: lo que menciona el perdón y las piezas identificadas constituyen evidencias diferentes.
El propio texto del perdón, reproducido en el estudio, introduce otro matiz: la labra se habría realizado por mandato y servicio del monarca. Los investigadores señalan, al mismo tiempo, su contradicción con disposiciones monetarias anteriores. Hablar simplemente de un falsificador borraría esa complejidad. El episodio pertenece a un escenario de poder regio discutido y capacidad nobiliaria para intervenir en la vida de una ciudad realenga.
Con Isabel y Fernando, los papeles permiten seguir otra dimensión del vínculo: el dinero destinado al servicio militar. Los libramientos OSUNA,C.166,D.101-125, fechados entre 1476 y 1486, incluyen pagos a Rodrigo Ponce de León relacionados con lanzas y cargados sobre las alcabalas de Marchena, Mairena, Rota y Guadajoz. La guerra se sostenía también mediante recaudadores, órdenes de pago y rentas locales.
La mención reiterada de Marchena permite colocar a la villa dentro de esa maquinaria financiera. Las disposiciones muestran de dónde debían salir determinados pagos. No bastan para calcular cuánto soportó cada vecino, cuánto se recaudó efectivamente o qué retrasos se produjeron. Para responder a esas preguntas harían falta cuentas y justificantes de cada operación.
El mecanismo seguía presente en 1490. Tres provisiones del 11 de marzo, conservadas como OSUNA,C.177,D.26-28, ordenaban a los recaudadores de varias localidades librar cantidades a Rodrigo por las lanzas. El documento 28 agrupaba a Marchena, Mairena, Guadajoz y Rota. La geografía del señorío se convertía, en los mandatos de la Corona, en una red de recursos.
Había también recompensas. El 7 de enero de 1491, en Sevilla, los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos y duque de Cádiz, el quinto del botín de guerra de Cádiz y Rota durante toda su vida. La provisión, OSUNA,CP.75,D.9, incorpora la vertiente marítima a este recorrido por los ingresos y servicios de la casa.
Leídos en secuencia, estos documentos permiten interpretar una relación negociada: el perdón atendía a actuaciones del pasado, los libramientos financiaban fuerzas y las mercedes reconocían intereses y servicios. Esa lectura no convierte cada concesión en el precio demostrado de una acción concreta. Sí muestra que el poder del señor de Marchena se relacionaba con la monarquía mediante recursos, compromisos y decisiones que dejaron rastro escrito.
Queda una historia local por reconstruir alrededor de aquellas cien lanzas: quiénes fueron convocados, qué preparativos se realizaron y si salieron en la fecha prevista. La carta aporta un punto firme desde el que preguntar. Marchena tenía un lugar en las órdenes militares de Fernando el Católico, y Beatriz Pacheco recibía una de ellas. El archivo devuelve así nombres y responsabilidades a una historia que, vista solo desde los campos de batalla, deja demasiadas vidas fuera.
Fuentes y documentación: Archivo Histórico de la Nobleza, documentación de la Casa de Arcos conservada en el archivo de los duques de Osuna y descrita en PARES, Ministerio de Cultura: OSUNA,C.118,D.30-32; OSUNA,C.166,D.101-125; OSUNA,C.118,D.45-56, especialmente D.49; OSUNA,C.177,D.26-28; y OSUNA,CP.75,D.9. Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez, «La moneda castellano-leonesa de Xerez de la Frontera», Ceretanum, 5 (2024), pp. 51–90. Juan Luis Carriazo Rubio, estudio sobre Beatriz Pacheco, apéndice documental, documento 22. Esta pieza se apoya en las descripciones archivísticas y la bibliografía citada; no presenta una transcripción paleográfica integral de los originales.
Para seguir explorando: Caminos del León, el recorrido histórico de Marchena Secreta por el legado de los Ponce de León.
Actualidad
La deuda que sobrevivió al convento: Santo Domingo, los duques de Arcos y el Estado
Los documentos del Archivo de la Nobleza y del Archivo Municipal enlazan las rentas de Santo Domingo, la reclamación de 1836 y el mercado construido en su corralón.
Published
5 días agoon
2 noviembre, 2026
Una reclamación de 1836 permite recorrer la historia económica de San Pedro Mártir: las rentas para mantener a sus frailes, el crédito para comprar alimentos y la conversión de su corralón en plaza de abastos.
Los frailes habían abandonado el convento, pero sus cuentas seguían abiertas. En 1836, el Crédito Público reclamaba a la Casa de Arcos la asignación que había sostenido a la comunidad de San Pedro Mártir, el Santo Domingo de Marchena. La administración ducal defendía que la obligación había terminado con la extinción de la comunidad. En aquel cruce de papeles aparece una pregunta que permite mirar de otra forma este rincón de Marchena: ¿quién debía cobrar y quién debía pagar cuando desaparecía un convento?
El informe de Santiago Apesteguía, transcrito por Juan Luis Ravé Prieto en su estudio sobre las fundaciones marcheneras, recoge la posición del archivo ducal. Reunía una aportación de 80.000 maravedíes y otra testamentaria de 23.000. Recordaba también un crédito de la casa contra el convento: 1.400 ducados de principal y 70 de renta anual, garantizados con un molino de aceite, viñas y olivares. Son cantidades consignadas en ese informe, no el resultado de una liquidación comprobada. La documentación aquí consultada no permite establecer cómo acabó la reclamación.
El hilo retrocede hasta el 1 de mayo de 1520. La descripción de PARES de la unidad OSUNA,C.169,D.93-99, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza, identifica la escritura acordada entre Rodrigo Ponce de León, primer duque de Arcos, y fray Domingo Melgarejo, provincial dominico de Andalucía. El compromiso comprendía una dotación para sostener a veinte religiosos. La vida de la comunidad quedaba vinculada a un pacto patrimonial que seguiría invocándose siglos después.
El mismo expediente conserva una copia de la provisión de Isabel de Portugal, fechada en Madrid el 29 de diciembre de 1535, para que Luis Cristóbal Ponce de León pagase conforme al testamento del fundador. También incluye una copia de la escritura fundacional realizada en 1843. Esa fecha acredita la reproducción del documento; por sí sola no demuestra qué trámite concreto motivó la copia.
Marchena Secreta ya había recorrido esta relación entre patronazgo y construcción en «Cuando la Reina agilizó la construcción del convento de Santo Domingo de Marchena». La ficha archivística permite precisar que la soberana de la provisión de 1535 fue Isabel de Portugal. La historia anterior del establecimiento puede seguirse en nuestro reportaje sobre Bartolomé Sánchez Bonilla.
La economía cotidiana aparece con especial claridad el 13 de abril de 1685. Los priores y religiosos pidieron autorización para tomar un censo sobre sus bienes porque necesitaban trigo, carne y ganado para su labor. Así lo describe PARES en OSUNA,C.31,D.15. Tras los nombres solemnes y las escrituras había una comunidad que debía alimentarse y sostener su explotación. El crédito formaba parte de esa necesidad.
Otra unidad del mismo archivo muestra al convento en la posición contraria. En OSUNA,C.1589,D.1-57, el documento primero registra pagos de réditos a favor de San Pedro Mártir contra el Estado de Arcos entre 1740 y 1788. Conviene distinguir ambos negocios: la dotación fundacional y los censos no deben confundirse como si fueran una única deuda. El conjunto reúne 57 documentos sobre distintos acreedores; no son 57 documentos dedicados a Santo Domingo.
La transformación urbana llegó al corralón. El Archivo Histórico Municipal de Marchena explica que el Ayuntamiento encargó en febrero de 1840 el proyecto de plaza de abastos a Hipólito Jiménez y Juan Manuel Buendía. Los planos se presentaron el 4 de marzo para aquel espacio situado entre las calles San Pedro y Santo Domingo. El estudio de Juan Antonio Arenillas Torrejón reproduce la declaración de reconocimiento, conservada en las Actas Capitulares, libro 25, sin foliar.
Fue el corralón el que acogió el mercado. La iglesia conservada tiene su propia continuidad: la información municipal de Turismo de Marchena recuerda su origen dominico y su función de mausoleo de los Ponce de León, además de las dependencias conventuales que permanecen. La calle reúne así usos distintos de un mismo pasado: culto, memoria funeraria, vivienda conventual y abastecimiento.
La reclamación de 1836 añade una pieza a esa historia. Cuando cambió el destino del edificio, los antiguos contratos seguían necesitando interpretación. Las escrituras permiten acercarse a esa transición sin dar por resuelto lo que todavía no consta en los documentos consultados.
Más reportajes de nuestro archivo sobre Santo Domingo y su patrimonio
La historia del conjunto puede ampliarse con el estudio de su cancel y sus símbolos, el reportaje sobre sus pinturas murales, la cripta bajo el presbiterio y los sepulcros ducales de los Ponce de León.
Completan este recorrido la Virgen del Rosario y el legado dominico, la investigación sobre Domingo de Baltanás, el documento sobre un enterramiento de conversos de 1525 y los azulejos que enlazan Marchena y Chipiona.
Sobre la dispersión patrimonial del siglo XIX publicamos el traslado de pinturas marcheneras al Museo de Bellas Artes y las primeras advertencias sobre la destrucción del patrimonio local. La memoria devocional continúa en el reportaje sobre Cristóbal Ramos y la Virgen del Rosario y en la cobertura del tricentenario del voto de la villa.
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