Historia
Coplas sacras, bailes populares y folclore dedicado a la Inmaculada
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2 años agoon
La Jeringoza es un baile popular y juego infantil que aún recuerdan las abuelas de Marchena, con origen en el siglo XVI registrado en toda España y parte de América. De acuerdo con Sachs se trata de una danza de galanteos propia de los ritmos iniciáticos de fertilidad, cuya característica más curiosa es aquí el continuo cambio de pareja en cadena.
Jeringoza es la palabra usada en la provincia de Cádiz, Ecija y Marchena como un baile con el que se rematan las veladas mientras que en Sevilla se usa Gerigonza, y lo mismo en Granada. En Canarias y Portugal se llama El fraile cornudo nombre que pretende ridiculizar a los frailes que se aprovechaban de la caridad de la gente para aprovecharse del pueblo. También se usa en México, Argentina y Venezuela.
Según Eduardo M. Torner, la primera versión del XVI pudo haber servido para «Sacar los demonios del cuerpo» por eso se refiere a la serpiente maldita (Tornet 1969. Num 195). Esta versión antigua se conserva en una composición de Mateo Flecha llamada Jubilate. Para otras fuentes se trata de una letra alusiva al triunfo de la Inmaculada sobre el pecado y sería una composición impulsada por los franciscanos.
Y dice «Oh, grosseros!. / ¿No veis que la Virgen santa dixo xontra Lucifer: «Non fay el cavaller, non fay tal villanía que fillola me soy de Dios de Abrán, señor de la jerarchía. ¡L’anima mía!»- El maldito replicó: «¡Nunca más paporreó! Assí, assí, ¡cuerpo de nos!. Aquí veré yo como bailaréis vos a la giringonça». «¡Saltar y baylar con voces y grita!» ¡Y vos renegar, serpiente maldita! La Virgen bendita os hará baylar a la giringonça. Et ipsa conteret caput tuum, alleluia».
Hoy algunas variantes de esta versión antigua está extendida y conservada por toda España pero hoy ya se canta como un mero entretenimiento despojado del sentido primitivo sagrado. Existen en Marchena personas mayores que aún la cantan y la recuerdan así, como Esperanza Romero La Regina que la canta así.
» Con su jeringoza, por lo bien que lo baila la moza, dejarla sola, solita bailando, a mi niña le gusta el fandango, que busque compaña, que busque compaña, porque sola parece una caña, que salga usté, señor Don Miguel, que la quiero ver bailar, saltar y brincar volar por el aire».
«Hace cincuenta años era un baile social de cortejo, o de ligue donde se formaba un coro o círculo de mujeres y de hombres y en medio del coro se ponía una botella y copas de aguardiente o coñac y una persona salia bailando La Jeringoza y ésta sacaba a otra y así». Este baile se hacía dentro de las casas en reuniones familiares y también en bodas y otros festejos en cualquier época del año. «Incluso en verano sacábamos las sillas y nos poníamos en la puerta a cantar y bailar la Jeringoza» explica Esperanza Romero.
La versión sevillana recopilada por José Muñoz Sanromán tiene la particularidad la referencia religiosa y el hecho de que se cantaba por Navidad y añade «saltar y brincar y vos renegar, serpiente maldita, la virgen bendita, os hace danzar a la girigonza».
Jeringoza viene de jerigonza, lenguaje difícil de comprender, usado por algunos grupos marginales que Sebastián de Covarrubias dice en su Tesoro de la lengua castellana que viene de «gytonza lenguaje de gitanos». Dice Ramón León en su obra «Vida de Cervantes» que el escritor usa la palabra jeringoza en el Quijote como ·expresión gitana que quiere decir lo que es oscuro y difícil de entender».
Espinal en el Escudero Marcos de Obregón (i, 16): «Hacía el gitano mil jerigonzas sobre el macho, de manera que tenía ya muchos golosos que le querían comprar.»
En la revista La Lectura de Enero de 1911 el filólogo, crítico literario, historiador de la literatura española, y lexicógrafo Julio Cejador se refiere al término jeringoza como sinónimo de engaño. «En este juego antiquísimo hay dos significados de jerigonza, el físico de menearse dando vueltas y bailando, y el moral, digamos, de engañar con halagos».
En el Lazarillo del Tormes dice: «En muy pocos días me mostró jerigonza.» en referencia al lenguaje que usaba el ciego para que las gentes no le entendiesen. El lexicógrafo cordobés Rosal dejó escrito en su Diccionario la voluntad de jugar con las palabras al usar de jerigonzas «poniendo las sílabas trocadas, como si por hurta dijéramos tahúr» del mismo modo que los niños.
En los Inadaptados, de Colombine, pág. 8o, se lee, «Mientras unos atraían la atención de los carabineros haciendo jerigoncias hacia el castillo, pa que pensaran que iban á echar un alijo, otros, por el lao del cerro, se llevaban las alhajas.».
De las dos acepciones dichas, la física de dar vueltas debió de ser la primitiva, y de la moral, de engañar por rodeos y vueltas la mas conocida hoy. En el Diccionario de principios de siglo aludía a la capacidad de revolver palabras y confundir hablas para engañar, ó por no saberlas. «Dialecto o modo de hablar que usan los gitanos, ladrones y rufianes para no ser entendidos» decia el diccionario en 1910.
VIDEO: ¡Assí, assí, cuerpo de nos! (La Girigonça) – Mateo Flecha «El Viejo» – Fuenllana. (Ensalada «El Jubilate» – «Libro de música para vihuela, intitulado Orphénica Lyra» de Miguel de Fuenllana, Sevilla, 1554).
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Historia
La Ilustración en la Universidad de Osuna: los hombres que quisieron cambiar la forma de enseñar y pensar
Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White explican la renovación intelectual de Osuna entre el siglo XVIII y los comienzos del XIX.
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2 horas agoon
26 octubre, 2026
Entre reformas académicas, lecturas compartidas y debates fuera de las aulas, Osuna participó en la renovación intelectual de Andalucía. Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White permiten reconstruir una historia de conocimiento, poder y cambio social.
La Ilustración no llegó a Osuna como una luz que se encendiera de repente. Fue abriéndose paso entre las enseñanzas heredadas, las inquietudes de algunos profesores y las conversaciones que continuaban fuera de la universidad. Mientras la institución intentaba conservar su existencia, parte de su entorno intelectual buscaba renovar la cultura y discutir las ideas que circulaban por Europa.
Ese doble movimiento hace especialmente interesante su historia. La Universidad de Osuna fue una institución del Antiguo Régimen en cuyo entorno también encontraron espacio personas que cuestionaban algunos de sus fundamentos.
Una fundación renacentista ante las preguntas del siglo XVIII
El Colegio-Universidad nació en 1548 por iniciativa de Juan Téllez-Girón, IV conde de Ureña, con autorización pontificia. Su origen pertenece al humanismo renacentista, dos siglos antes del momento ilustrado. La formación jurídica, médica y religiosa respondía a las necesidades de una sociedad organizada alrededor de la Iglesia, la monarquía y los privilegios estamentales.
Durante el XVIII cobró fuerza otra manera de valorar la enseñanza: su utilidad para mejorar la sociedad, la importancia del conocimiento científico y la necesidad de revisar métodos e instituciones. Aquello planteaba una cuestión incómoda: ¿bastaba con conservar las cátedras y conceder títulos, o había que transformar lo que se enseñaba y cómo se administraba?
Miguel Benito Ortega: reformar para sobrevivir
Una figura decisiva fue Miguel Benito Ortega Cobo, antiguo rector y visitador encargado de reorganizar el centro.
Los investigadores Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo han estudiado su intervención a partir de documentación del archivo universitario. Ortega preparó nuevas constituciones para el Colegio y la Universidad, aprobadas respectivamente en 1775 y 1777, con las que intentó adaptar la institución a las exigencias del reformismo ilustrado.
La transformación afectaba a los requisitos académicos y a la administración económica. Ordenar las cuentas también formaba parte del cambio: una universidad necesitaba justificar su funcionamiento y disponer de recursos para sostenerlo.
Sin embargo, los autores concluyen que la aplicación de aquellas normas fue breve e incompleta. El caso permite observar la distancia que puede existir entre aprobar una reforma y conseguir que cambien las prácticas cotidianas.
Manuel María de Arjona: las ideas viajaban con las personas
Manuel María de Arjona y Cubas, nacido en Osuna en 1771, representa la dimensión literaria y educativa de aquella renovación. Sacerdote, poeta y promotor de academias, conectó distintos ambientes intelectuales andaluces.
Su relación con Osuna continuó en una trayectoria desarrollada también en Sevilla y Córdoba. Las academias y tertulias que impulsó o frecuentó permitían compartir lecturas, comentar textos y establecer relaciones más allá de las estructuras docentes.
El estudio de Luis Palacios Bañuelos destaca su confianza en la educación como instrumento de transformación, así como su participación en iniciativas pedagógicas y culturales. Arjona encarna, además, una realidad que desaconseja simplificar el periodo: un eclesiástico podía participar activamente en proyectos de renovación intelectual.
Antonio García y García: del aula a la vida pública
Entre los personajes menos conocidos destaca Antonio García y García (1765–1841), médico y profesor, padre del posterior hebraísta Antonio María García Blanco.
La investigación de Francisco Luis Díaz Torrejón documenta que obtuvo la cátedra de Filosofía de Osuna en 1788. Su trayectoria reunió enseñanza, ejercicio de la medicina e interés por las ideas reformistas, hasta llegar a ser elegido diputado en 1820.
El mismo estudio identifica un círculo de profesores inquietos en el que aparecen fray Manuel José de Flores, Manuel Aranza de Aguirre y José Delgado, junto a Arjona y García. También recoge reuniones y contactos con intelectuales que llegaban desde Sevilla.
La renovación no dependía únicamente de un gran nombre. Existía una red de relaciones que permitía que las lecturas y las discusiones circularan entre aulas, domicilios y espacios religiosos.
Blanco White: un vínculo universitario que exige precisión
José María Blanco White figura entre los nombres vinculados a la antigua Universidad de Osuna. Su relación académica incluye la obtención del grado de licenciado en Teología.
Conviene distinguir esa vinculación de la trayectoria de quienes enseñaron durante años en sus cátedras: obtener un título en una universidad no equivale a desarrollar allí toda la formación o la actividad intelectual.
Su presencia en esta historia ayuda a situar Osuna dentro de un espacio cultural más amplio, conectado con Sevilla y con personas cuyas trayectorias desbordaron después las fronteras españolas.
Las ideas también necesitaban espacios fuera de la universidad
La historia de estos personajes permite reconocer una cuestión de fondo: el conocimiento circulaba por instituciones oficiales y por relaciones personales.
Las tertulias y academias ofrecían oportunidades para leer y conversar con mayor flexibilidad. En ese entorno, enseñar, investigar y discutir podían convertirse en formas de intervenir en la sociedad.
Sin embargo, no conviene proyectar sobre aquellos grupos una apertura equivalente a la actual. La renovación intelectual convivía con una sociedad profundamente desigual. La existencia de personas reformistas tampoco convierte a toda la universidad en una institución ilustrada y homogénea.
Un patrimonio que conserva la memoria del debate
La antigua universidad terminó cerrando definitivamente en 1824, después de atravesar reformas y las alteraciones de la Guerra de la Independencia. Su edificio conserva una memoria que va más allá de la arquitectura: en el antiguo espacio de biblioteca y salón de actos se reúne una galería de personajes vinculados a su historia. Entre ellos figura un retrato de Arjona fechado en 1869.
Mirar hoy ese patrimonio permite plantear preguntas que siguen abiertas: quién puede estudiar, qué conocimientos se consideran útiles, cómo se financia la enseñanza y cuánto espacio existe para revisar las ideas recibidas.
La aportación de Osuna al Siglo de las Luces se reconoce en esas tensiones y en las personas que intentaron transformarlas. Sus aulas y sus círculos intelectuales fueron parte del escenario andaluz donde empezó a discutirse cómo debía ser una sociedad educada.
Fotografía: CarlosVdeHabsburgo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen de diciembre de 2024, redimensionada.
Fuentes consultadas
- Manuel Antonio Ramos Suárez: Universidad de Osuna, proyecto Identidad e Imagen de Andalucía en la Edad Moderna, Universidad de Almería.
- Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo: El papel de los agentes en la reforma contable ante el cambio institucional: el caso del Colegio Universitario de Osuna (1775–1824), Revista de Contabilidad, 2023.
- Luis Palacios Bañuelos: estudio sobre Manuel María de Arjona, Boletín de la Real Academia de Córdoba, 1992.
- Fundación Municipios Pablo de Olavide: Vida y obra de un sacerdote ilustrado ursaonés. Manuel María de Arjona y Cubas (1771–1820).
- Francisco Luis Díaz Torrejón: Antonio García y García (1765–1841): catedrático, médico y diputado en Cortes, Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, 2023, pp. 15–23.
- Alfonso Pozo Ruiz: La antigua Universidad de Osuna, Universidad de Sevilla.
- Decreto 346/2004: declaración del Colegio-Universidad como Bien de Interés Cultural, inventario de bienes y retrato de Arjona.
Actualidad
Ánimas, reliquias y memoria: el misterio de Marchena se recorre sin salir de San Juan
Las reglas de Ánimas, el padrón de 1713 y los documentos de la Mota dan forma a una ruta de dos horas por el barrio de San Juan, de cara al 1 de noviembre.
Published
1 día agoon
25 octubre, 2026
Cuando llega noviembre, el barrio de San Juan permite acercarse a una Marchena que pensaba a diario en la muerte, el destino del alma y la memoria de los ausentes. Una nueva ruta de Marchena Secreta propone recorrer durante dos horas sus calles, la plaza Ducal y el entorno de la Mota siguiendo reglas de hermandad, padrones y documentos de conventos y donaciones.
El misterio de este paseo está en las preguntas que dejaron aquellos vecinos: quién acompañaba a un difunto pobre, por qué se pagaban misas por los muertos, qué valor se atribuía a una reliquia o cómo podía un nombre quedar marcado durante generaciones. Son cuestiones que acercan la vida espiritual a la economía, la asistencia y el poder. El recorrido se hace por exteriores y permanece dentro del barrio de San Juan.

San Juan: una regla para acordarse de los muertos
La primera parada se sitúa en la plaza de San Juan. El reportaje de Marchena Secreta sobre las hermandades de Ánimas recoge la reorganización de la de esta parroquia en 1584 y la vincula a Juan Fajardo y a Sebastián de Heredia. También reproduce una cláusula de sus reglas que ordenaba celebrar una función por las almas del purgatorio en la octava de Todos los Santos, con misa, ministros y sermón sufragados por la hermandad.
Ese precepto explica por qué noviembre tenía un peso especial en la vida parroquial. La memoria de los difuntos se organizaba y se pagaba. Había responsables, obligaciones y recursos. Las creencias sobre el purgatorio pertenecen a aquel marco religioso; la regla testimonia que existía una práctica de culto, no demuestra la aparición de un alma.
La documentación divulgada permite hablar asimismo de limosnas y de patrimonio. La ayuda a los muertos convivía con la atención a los vivos y con la necesidad de sostener las celebraciones. La parroquia deja de ser únicamente un edificio monumental y aparece como centro de una comunidad que intentaba dar continuidad a sus vínculos más allá de la muerte. Consultar la regla de Ánimas reproducida y el estudio de la hermandad.
La memoria que protege y la memoria que señala
Sin abandonar el entorno de San Juan, la ruta cambia de pregunta. Recordar podía ser un acto de afecto, pero también un mecanismo de castigo. La relación de reconciliados de finales del siglo XV publicada en esta web a partir del trabajo de Juan Gil reúne nombres, parentescos y pagos exigidos a familias marcheneras.
El artículo explica el papel de los sambenitos y de su exposición parroquial en la prolongación de la deshonra sobre los descendientes. Esta parada aborda aquella cultura de la vergüenza pública sin representar un auto de fe ni atribuir una ejecución a la plaza. Tampoco convierte una acusación inquisitorial en prueba de que la persona acusada practicase realmente aquello que se le imputaba.
El documento puede leerse desde una pregunta cercana: qué le ocurre a una familia cuando la comunidad la conoce por una condena. Es una de las dimensiones más inquietantes del pasado, porque el miedo no necesitaba una aparición para resultar eficaz. Nombres y familias en la relación recogida de Juan Gil.
San Francisco: el sonido que organizaba el barrio
El paseo sigue por Padre Marchena y el entorno de San Francisco. El padrón de 1713 estudiado por Marchena Secreta sitúa en el barrio a músicos de la capilla de San Juan, a su maestro Juan Ignacio de Morales y a un campanero de la iglesia mayor, Alonso Begines. El organista Francisco Madroñal aparece en la calle Huéscar.
La fuente permite imaginar el barrio como un espacio sonoro, pero obliga a distinguir lo que sabemos de lo que reconstruimos: el padrón da nombres, oficios y calles; no conserva una grabación ni indica la melodía que acompañó cada entierro. La explicación conecta esos oficios con la importancia de las señales religiosas en la vida colectiva, sin inventar un toque local concreto.
La música y las campanas formaban parte del modo en que una comunidad se reconocía. Leer los nombres de quienes las hacían sonar añade una escala humana al paisaje que todavía vemos. Los moradores y oficios del barrio en 1713.

Plaza Ducal: cuando un cuerpo era objeto de un acuerdo
En la plaza Ducal se presenta un episodio documental relacionado con sor María de la Antigua. Un reportaje de esta web recoge las escrituras de capitulación sobre la cesión a los duques de los derechos sobre su cuerpo, entonces depositado en el convento de la Merced de Lora. La referencia publicada sitúa dos copias de aquellas escrituras en el Fondo Osuna y las fecha el 15 de junio de 1632.
El relato permite comprender hasta qué punto los restos de una religiosa podían adquirir valor devocional y protagonizar negociaciones institucionales. Lo documentado es la cesión de derechos que describe la fuente; de ella no debe deducirse que en la plaza hubiese una tumba suya ni que la operación pruebe un milagro. La parada se realiza aquí para explicar el papel de la casa ducal dentro del barrio, no para señalar el lugar de su muerte.
La referencia archivística general publicada es OSUNA, C.171, D.11-29. Como ese conjunto reúne piezas de naturaleza y cronología diferentes, interesa conservar también la descripción y la fecha del documento, en vez de citar el rango como si fuese una sola escritura. Las capitulaciones recogidas en el reportaje sobre la orden franciscana.
La Mota: reliquias, documentos y deseo de protección
La subida al entorno de Santa María conduce a otra forma de relacionarse con lo invisible. Las investigaciones sobre Guadalupe Láncaster y su hijo Joaquín Ponce de León describen la llegada al convento de reliquias, pinturas y objetos devocionales. El artículo dedicado a estas donaciones recoge una entrega de 1709 relacionada con una reliquia atribuida a san Vicente Mártir y documentación posterior sobre la recepción de bienes.
El interés histórico está en la atribución religiosa, en la circulación del objeto y en los papeles que acompañaban su custodia. Un certificado de autenticidad revela qué se aceptaba y veneraba en su tiempo; no equivale a una comprobación científica moderna del origen de una pieza. La ruta explica esa diferencia con respeto a la devoción.
También importa el lugar donde acababan los bienes. El convento era un espacio de culto y de conservación, y las condiciones de las entregas buscaban que ciertos objetos permanecieran allí. La explicación se desarrolla desde el exterior, con las imágenes de archivo como apoyo; la compra de la visita no promete la apertura de relicarios ni acceso a la clausura. Consultar las donaciones y las transcripciones publicadas.

Santa María: dónde termina el documento y empieza la creencia
El cierre propone volver sobre lo visto. Las reglas organizan oraciones; los padrones identifican vecinos; las escrituras fijan derechos y obligaciones; los inventarios describen bienes. Cada documento responde a una pregunta distinta. Leídos juntos muestran un barrio donde el mundo material y el espiritual estaban estrechamente relacionados.
En la Mota, el visitante puede distinguir la presencia de una comunidad religiosa, la memoria de sus benefactores y los relatos de fe que daban sentido a sus objetos. El patrimonio conserva esas creencias aunque quienes lo recorren hoy no las compartan. Esa distancia permite escuchar las historias sin convertirlas en sucesos sobrenaturales demostrados.
Es una ruta especialmente adecuada para acercarse al 1 de noviembre: una invitación a entender cómo Marchena recordaba a sus muertos y cómo las instituciones religiosas y señoriales administraban parte de esa memoria.
Dos horas, seis momentos y un único barrio
Salida en la plaza de San Juan Bautista, junto a la parroquia, y final en el entorno de Santa María de la Mota. La distribución prevista, con los desplazamientos incluidos, dedica 20 minutos a las Ánimas, 20 a la memoria inquisitorial en el entorno parroquial, 20 al padrón y los oficios sonoros en Padre Marchena y San Francisco, 20 a la plaza Ducal y las capitulaciones de 1632, 20 a las donaciones y reliquias en la Mota y 20 al cierre ante Santa María. No se visitan Santo Domingo, San Agustín, La Milagrosa ni otros lugares fuera del barrio.
El precio es de 15 euros por persona, con guía en español y duración aproximada de dos horas. Puede solicitarse para el 1 de noviembre u otros días, con fecha y hora sujetas a confirmación. El recorrido base es por exteriores; no incluye entradas a templos, criptas o clausuras. Hay pendientes y pavimento irregular.
Fuentes para ampliar: reglas de la Hermandad de Ánimas de San Juan transcritas en Marchena Secreta; padrón de 1713 estudiado en esta web; Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, vol. VII (2003), a través de la relación publicada; capitulaciones de 1632 y documentación del Fondo Osuna sobre el convento y las donaciones de los Láncaster. Los enlaces de cada apartado permiten ampliar la lectura en los reportajes y transcripciones ya publicados.
Actualidad
Las mujeres pioneras: una ruta por la memoria femenina de Marchena
Una ruta de dos horas por el barrio de San Juan recupera a mujeres conversas, abadesas y mecenas a través de documentos e investigaciones sobre Marchena.
Published
1 día agoon
25 octubre, 2026
Hay otra forma de subir a la Mota: hacerlo siguiendo los nombres de las mujeres que administraron bienes, sostuvieron comunidades y dejaron su memoria en los documentos. Marchena Secreta propone una nueva ruta de dos horas por el barrio de San Juan, desde su plaza parroquial hasta el entorno de Santa María, para mirar el antiguo centro de poder de la villa desde sus protagonistas femeninas.
La visita nace de las investigaciones ya publicadas en esta web y reúne escrituras, relaciones de vecinos, documentación sobre donaciones y estudios históricos. Se puede recorrer por exteriores, sin salir del barrio ni depender de que abra una iglesia. El paseo tiene seis momentos y una misma pregunta: qué cambia cuando buscamos a las mujeres dentro de una historia que suele explicarse a través de duques, clérigos y monumentos.

San Juan: los nombres que sobreviven a la persecución
El recorrido comienza en la plaza de San Juan. La parroquia ofrece el escenario para hablar de comunidad, pertenencia y memoria familiar. La relación de reconciliados de finales del siglo XV que Marchena Secreta recoge a partir de Los conversos y la Inquisición sevillana, de Juan Gil, conserva nombres de mujeres que permiten abandonar las referencias anónimas a «las esposas» o «las familias».
Leonor López aparece junto al escribano Pedro López de Pliego; Isabel de Jerez, junto a Juan de Torres; y Ana Díaz figura con dos hijos de un matrimonio anterior. El interés de estos asientos va más allá de las cantidades exigidas: permiten observar parentescos, hogares y el alcance familiar de una sanción religiosa. No son biografías completas ni autorizan a señalar una casa actual como su vivienda. En esta parada se explica la documentación de las familias marcheneras desde el centro parroquial, sin adjudicar domicilios que la fuente no identifica.
La lectura permite conocer sus nombres y sus vínculos familiares sin reducirlas al expediente que las señaló. Consultar la relación y su referencia a Juan Gil.
Padre Marchena y San Francisco: leer lo que dice un padrón
Al avanzar por el entorno de Padre Marchena y la calle San Francisco, el padrón de 1713 devuelve profundidad a las fachadas. El estudio publicado en esta web sitúa cargos eclesiásticos cerca de San Juan y servidores de la administración ducal en San Francisco, también llamada Albarracín. Músicos, artesanos y empleados compartían el barrio con quienes gestionaban el poder señorial.
Esta parte del paseo propone leer el documento con atención: un oficio masculino consignado por el escribano no describe por sí solo toda la actividad de una casa. Tampoco permite asignar automáticamente un trabajo a su esposa o a sus hijas. La pregunta por las mujeres nace precisamente de ese límite: qué personas se nombran, qué información se registra y qué vida doméstica queda fuera de la relación publicada. La historia del trabajo femenino exige cruzar padrones con otros testimonios, no completar los huecos a voluntad. El barrio de San Juan en el padrón de 1713.
La plaza Ducal: una mujer dentro de la historia del mecenazgo
La plaza Ducal permite entrar en el mundo de la casa señorial y presentar a María de Guadalupe de Láncaster. Su huella marchenera puede seguirse a través de los bienes y disposiciones que terminaron vinculados a los conventos de la villa. La nueva lectura desplaza la atención del apellido del duque hacia una mujer cuyas decisiones devocionales tuvieron consecuencias patrimoniales.
Las investigaciones publicadas en Marchena Secreta describen la transmisión de pinturas, grabados y reliquias asociadas a Guadalupe y a su hijo Joaquín Ponce de León. La plaza funciona aquí como lugar para comprender la relación entre palacio, patronazgo y conventos, sin atribuir a Guadalupe una estancia concreta en una habitación ni presentar su colección como un conjunto íntegramente visitable.

Hacia la Mota: la escritura de 1631 y la abadesa Isabel de San Pablo
Al llegar al entorno de la Concepción aparece un documento especialmente expresivo. La transcripción publicada en esta web recoge que el 25 de octubre de 1631 fray Pedro Ochoa autorizó la firma de una escritura entre la comunidad y el duque, siendo abadesa Isabel de San Pablo. El acuerdo trataba del traslado de las religiosas desde las casas donde habitaban al recinto del castillo y fortaleza.
La escritura distingue las dependencias conventuales de las caballerizas ducales y regula la relación entre ambas propiedades. El límite no era una cuestión menor: las futuras obras debían respetar la clausura y evitar vistas sobre ella. En unos pocos renglones aparecen arquitectura, propiedad y privacidad. Isabel de San Pablo deja de ser un nombre perdido para convertirse en la responsable de una comunidad presente en un acuerdo que modificaba el uso de aquel recinto.
La explicación se apoya en las reproducciones documentales del reportaje anterior, que las identifica como procedentes del Fondo Osuna. No se asigna aquí una signatura individual que aquel artículo no proporciona. Ver la escritura reproducida y su transcripción.
Santa María: la sortija que unió a una duquesa y una comunidad
El mecenazgo adquiere una escala íntima en una joya. El estudio de María Jesús Mejías Álvarez, Patrocinio artístico y devocional femenino en la campiña sevillana durante los siglos XVIII y XIX, documenta la entrega al convento de una sortija de diamantes vinculada a Guadalupe. Cita una escritura de depósito y obligación fechada en Marchena el 4 de junio de 1720, en el conjunto OSUNA, C.171, D.11-29, folio 118 vuelto.
Una pieza de joyería podía reunir valor económico, memoria familiar y devoción. La parada explica esa relación desde el exterior; la reserva no incluye la exhibición de la sortija. El dato interesa también por su precisión: una escritura fechada permite estudiar el destino de un objeto y la comunidad encargada de custodiarlo. Consultar el estudio y sus notas documentales.

El convento como memoria viva
La última parada reúne a las mujeres que promovieron, gobernaron y sostuvieron el convento. El artículo sobre los tesoros de los Láncaster recoge un documento de recepción de donaciones de mayo de 1720 en el que aparece una abadesa llamada María de la Antigua. Ese nombre no debe confundirse automáticamente con la religiosa y escritora del siglo anterior: compartir un nombre de religión no demuestra que se trate de la misma persona.
Los inventarios de pinturas y objetos permiten hablar de conservación y de transmisión del patrimonio. La clausura no equivale a ausencia de historia: también hay decisiones, bienes, relaciones con el exterior y memoria escrita. El paseo termina así donde los documentos adquieren una presencia material, ante unos muros que todavía forman parte de la vida del barrio. Las donaciones de los Láncaster a Santa María.
Una visita de dos horas dentro de San Juan
El punto de encuentro es la plaza de San Juan Bautista, junto a la parroquia, y el final se sitúa en el entorno de Santa María de la Mota. La distribución prevista, incluidos los desplazamientos entre paradas, es de 20 minutos en San Juan, 20 en el entorno de Padre Marchena y San Francisco, 20 en la plaza Ducal, 20 en el acceso al recinto de la Mota para explicar la escritura de 1631, 20 ante el convento para el mecenazgo y 20 de cierre sobre las comunidades femeninas y sus documentos. El recorrido se desarrolla por espacios públicos del barrio.
La visita cuesta 15 euros por persona, incluye explicación guiada en español y tiene una duración aproximada de dos horas. Se puede solicitar para el 1 de noviembre u otras fechas; el día y la hora deben confirmarse con la organización. Las entradas a interiores y la exhibición de piezas de clausura no están incluidas. Hay pendientes y pavimento irregular.
Fuentes para ampliar: relación de reconciliados recogida por Marchena Secreta a partir de Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, vol. VII (2003); estudio del padrón de 1713; reproducciones y transcripción del acuerdo de 1631; documentación sobre donaciones a Santa María; y el trabajo de María Jesús Mejías Álvarez, con las referencias archivísticas indicadas. Los enlaces de cada apartado permiten consultar la base de la explicación.
Actualidad
Cuando el progreso se midió en pisos: las casas y el patrimonio que perdió Marchena
La antigua Caridad, Santa Clara y San Pedro permiten recorrer las transformaciones del centro y releer la advertencia cultural de Luis Camacho sobre la pérdida de las casas.
Published
2 semanas agoon
15 octubre, 2026
¿Cuándo empezó una casa a valer más por lo que podía construirse encima que por la vida que guardaba dentro? En Marchena, esa pregunta se puede recorrer a pie. La plaza de San Sebastián, Santa Clara, San Pedro y la Plaza Ducal permiten reconocer distintas formas de transformar la ciudad: sustituir un edificio por viviendas, conservar una iglesia mientras desaparece el convento, dividir una antigua manzana religiosa o incorporar nuevas construcciones al paisaje histórico.
Este recorrido propone una lectura crítica del desarrollismo: medir el progreso únicamente por la superficie edificada, la rapidez de la obra o su rendimiento económico deja fuera otros valores. El patio, la sombra, la continuidad de una calle y la memoria de un barrio también forman parte de la riqueza de una población.

La antigua Caridad: de sede educativa a banco y pisos
En San Sebastián hay un ejemplo concreto que no depende de una impresión estética. La historia del IES Isidro de Arcenegui y Carmona, redactada por el profesor José María Díaz Luque y publicada por el propio centro, explica que el Instituto Laboral comenzó en 1955 en un edificio cedido por la Hermandad de la Caridad. Lo ocupó hasta 1962, cuando fue declarado en ruina. El mismo relato identifica su sustitución por una entidad bancaria y un bloque de pisos.
La fuente añade otro cambio cercano: los talleres funcionaron hasta 1965 en un salón cedido por las Hermanas Lobo en Huerta Gavira, donde después se levantó también un bloque. Son dos sustituciones documentadas de espacios vinculados a la historia educativa local. La declaración de ruina forma parte de esa historia y debe contarse junto a la pérdida del edificio.

Santa Clara, 1975: una capilla no era todo un convento
El caso de Santa Clara permite precisar qué significa conservar solo una parte. La Agenda Cultural de la Junta de Andalucía sitúa la desaparición del convento en 1975, después de la salida de las clarisas en 1974, y señala la permanencia de la capilla. La Diputación de Sevilla recoge también esa cronología.
La ficha del Museo de Bellas Artes de Álava, que conserva un dibujo de Salvador Azpiazu fechado el 3 de mayo de 1915, documenta la destrucción de las dependencias y la pérdida de los coros. El dibujo conserva una mirada anterior a aquella transformación.
La iglesia que vemos hoy es una supervivencia valiosa, pero no permite experimentar por sí sola el conjunto desaparecido: sus recorridos, espacios de vida y relaciones con la calle. La pérdida patrimonial también consiste en esa ruptura de la unidad del edificio.

San Pedro: una transformación que empezó antes del desarrollismo
San Pedro Mártir, conocido como Santo Domingo, exige otra cronología. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez estudia su evolución en El edificio conventual de San Pedro Mártir de Marchena, incluido en las actas del simposio sobre la desamortización de 2007. Su investigación, apoyada en actas municipales y escrituras, documenta la utilización de parte del recinto para el mercado desde el siglo XIX, su fragmentación y las ventas de casas procedentes de la antigua propiedad conventual.
En 1862 se anunciaba la subasta de seis casas de la calle San Pedro construidas en 1847 dentro del exconvento. La iglesia sobrevivió. Este proceso no puede atribuirse en bloque a los años sesenta del siglo XX: muestra cómo la conversión del patrimonio en fincas separadas tenía antecedentes anteriores.
Lo que Luis Camacho veía en una casa
Luis Camacho Carrasco dejó una mirada especialmente sensible hacia ese mundo doméstico. Su obra Nostalgia y poesía, editada por el Ayuntamiento en 1988, reúne textos anteriores a la publicación del volumen. En el archivo periodístico que hemos dedicado al autor aparece una respuesta que condensa esa resistencia a reducir la vivienda a una mercancía: «¿Por qué no se compra usted un piso? Y usted, ¿por qué no se compra una nostalgia?».
La evocación fue recogida en El alma de las casas y reaparece en nuestra memoria de los barrios y la Alameda. Su fuerza está en lo que obliga a considerar: una casa puede guardar relaciones, recuerdos y formas de habitar que desaparecen cuando solo se calcula su precio. Es una advertencia cultural; no un informe técnico sobre cada demolición.
La ideología del progreso medido en metros cuadrados
La conexión con Mario Kaplún sirve aquí como herramienta de interpretación. En su crítica al modelo educativo centrado en los efectos, el desarrollismo presenta prácticas culturales propias como obstáculos que deben ser sustituidos por otras funcionales al modelo importado. Aplicada al debate urbano, esa pregunta resulta fértil: ¿se moderniza una población con sus habitantes y sus conocimientos, o se les pide que abandonen cuanto no encaja en un patrón previamente decidido?
Esta comparación no demuestra que cada promoción marchenera obedeciera a una misma doctrina. Para explicar responsabilidades concretas hacen falta licencias, proyectos, acuerdos y expedientes de cada inmueble. Sí permite cuestionar una escala de valores: considerar el suelo disponible más importante que la arquitectura existente, o confundir el incremento de edificación con una mejora automática de la vida.
La crítica de Horkheimer y Adorno a la razón instrumental ofrece otra perspectiva: qué ocurre cuando la eficacia de los medios desplaza la discusión sobre los fines. En urbanismo, la pregunta sería para quién se construye, qué se conserva y quién participa en decidirlo.
La propia documentación patrimonial introduce un matiz necesario. El decreto de delimitación del Conjunto Histórico de 2010 reconoce valor en la diversidad del caserío, las casas con patio y también en aportaciones regionalistas, modernas y de vivienda social del siglo XX. La arquitectura reciente puede enriquecer una ciudad. El problema aparece cuando su implantación destruye valores que podían incorporarse al proyecto.
Recuperar esta historia exige reunir fotografías anteriores y posteriores, planos y testimonios, y contrastarlos con los expedientes municipales. Si conservas imágenes de la antigua Caridad, de Santa Clara o de casas transformadas en las calles San Pedro, Santa Clara o el entorno de la Plaza Ducal, puedes enviarlas a marchenasecreta@gmail.com, indicando su procedencia y fecha aproximada. La memoria de Marchena también se reconstruye desde las casas.
Historia
Un robo de ropa en 1889 abre una ventana a la memoria del antiguo lavadero de Marchena
Un edicto de 1889 y un plano del lavadero del Campo-Santo de 1864 permiten reconstruir esta memoria. Buscamos tus recuerdos y fotografías.
Published
2 semanas agoon
15 octubre, 2026

Quince camisas, cinco sábanas y hasta ropa de niña. Una relación de prendas robadas permite asomarse a la vida cotidiana de la Marchena de finales del siglo XIX y volver sobre un lugar que muchos vecinos todavía recuerdan: el antiguo lavadero situado junto al cementerio. Marchena Secreta abre esta investigación a quienes puedan aportar fotografías, nombres y recuerdos de aquel espacio.
El robo ocurrió durante la noche del 19 al 20 de diciembre de 1889. El juez instructor Valentín Escribano Roca reclamó la búsqueda de sus autores mediante un edicto firmado en Marchena el 30 de diciembre y publicado en la Gaceta de Madrid del 14 de enero de 1890, página 142. El anuncio identifica el escenario como el lavadero público de la villa, sin precisar su emplazamiento.
La lista incluye quince camisas, nueve calzoncillos, cinco sábanas, dos toallas, diecinueve pañuelos, dos camisas de niña, tres pares de calcetines, cuatro pares de medias y dos pañales, además de otras piezas. La justicia pedía localizar tanto a los responsables como las prendas. No constan en este anuncio los nombres de los perjudicados ni el desenlace del caso.
Detrás de esa enumeración hay una pregunta cercana: ¿cómo se organizaba el lavado de la ropa en Marchena? El edicto demuestra que había prendas en el lavadero aquella noche, pero no explica si estaban tendidas, guardadas o en remojo. Tampoco permite atribuirlas a una sola familia ni a lavanderas profesionales.
Para reconstruir el lavadero junto al cementerio existe otra pieza documental especialmente valiosa. La Cartoteca del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía cataloga un plano de 1864 titulado «Reforma de la Fuente y Lavadero del Campo-Santo en Marchena», atribuido a Balbino Marrón y Ranero. El original se conserva en el Archivo Municipal, legajo 1002.
El plano incluye planta, alzado y secciones y pertenece a un expediente de reformas de fuentes y lavaderos de San Ginés, Campo-Santo y Cuesta de Sevilla. Documenta el proyecto del conjunto asociado al cementerio veinticinco años antes del robo. Su estudio completo puede ayudar a precisar la disposición de las instalaciones y sus transformaciones.
Los trabajos históricos sobre el abastecimiento de agua de Manuel Olías Álvarez y Ramón Ramos Alfonso, citados también en una investigación conservada en la Universidad de Sevilla, sitúan la fuente cerca de la ermita de San Roque y recogen su reforma en 1864, con un lavadero público y un pilar para el ganado que aprovechaban el agua sobrante.
Ese antecedente se remonta a 1832, cuando se documenta el descubrimiento del nacimiento de la fuente próxima a San Roque, según la referencia al estudio de Olías Álvarez y Ramos Alfonso recogida en el repositorio de la Universidad de Sevilla. La secuencia enlaza el manantial, la reforma de 1864 y el uso de un lavadero público que testimonia el edicto de 1889, manteniendo pendiente la identificación exacta del escenario del robo.
Marchena Secreta ya había abordado el redescubrimiento del manantial en 1832. El edicto añade ahora un episodio de uso cotidiano. La coincidencia con el lavadero del Campo-Santo es una posibilidad que merece investigarse; el anuncio judicial, por sí solo, no demuestra que el robo sucediera junto al cementerio.
También la documentación patrimonial reciente conserva esa memoria. En sus sugerencias al planeamiento municipal de julio de 2026, Acupamar menciona el antiguo lavadero público dentro del entorno de El Lavadero, junto con el Camino del Oro, parte del parque Chateaudun y la trasera del cementerio, como recogió este periódico.
¿Recuerdas el lavadero? Ayúdanos a reconstruir su historia
Quizá fuiste con tu madre o tu abuela, recuerdes sus pilas o conserves una fotografía en casa. Tu recuerdo puede ayudar a poner nombre, fecha y lugar a lo que los documentos no explican.
Cuéntanos dónde estaba la entrada, cómo se llevaba la ropa, quién acudía, si había alguien encargado o cuándo dejó de utilizarse. Si envías una fotografía, indica quién aparece, de qué fecha podría ser y de quién procede. Si no estás seguro de un dato, señálalo: también nos ayuda a investigar.
Revisaremos las aportaciones, las contrastaremos con los documentos y utilizaremos las autorizadas para ampliar este reportaje con su correspondiente crédito. Puedes señalar errores o discrepar de un recuerdo: queremos reconstruir esta historia escuchando y comprobando lo que aporta cada persona.
Envía tu recuerdo y adjunta tus fotografías por correo: Enviar mi recuerdo y fotografía. Indica la firma con la que quieres aparecer y si autorizas la publicación de tu testimonio e imagen. Comparte únicamente fotografías propias o para las que tengas permiso. Tu dirección de correo no se publicará.
También puedes escribir a marchenasecreta@gmail.com.
Arte
Gaspar del Arco, un dramaturgo y poeta de Marchena en el Siglo de Oro
Descubre el corral de comedias de Marchena, el patrocinio de los Ponce de León y los vínculos de Gaspar del Arco con el teatro del Siglo de Oro.
Published
2 semanas agoon
12 octubre, 2026
En 1625, un joven natural de Marchena llamado Gaspar del Arco se matriculó en la Facultad de Leyes de la Universidad de Salamanca. Cuatro siglos después, aquel estudiante sigue siendo un personaje prácticamente desconocido en su localidad natal. Sin embargo, una investigación académica plantea una posibilidad extraordinaria: que fuera el verdadero autor de una comedia del Siglo de Oro que terminó circulando bajo el nombre del mismísimo Lope de Vega.
Un investigador de la Universidad de Valladolid sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia del Siglo de Oro publicada bajo distintos nombres y luego atribuida erróneamente a Lope de Vega. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.
Gaspar del Arco nació en Marchena, Sevilla, en los primeros años del siglo XVII. Su procedencia está acreditada por un documento universitario de 1625 cuando se matriculó en la Universidad de Salamanca para estudiar Leyes.
El 15 de noviembre de ese año se matriculó en el primer curso de Leyes de la Universidad de Salamanca. Su nombre figura, precedido del tratamiento de «don», en el registro de estudiantes de la Facultad de Leyes correspondiente al curso 1625-1626. La inscripción señala expresamente que era natural de Marchena, diócesis de Sevilla.Fue localizado por el profesor Germán Vega García-Luengos.

La siguiente noticia documentada corresponde a 1630. Ese año, Gaspar del Arco participó como poeta en una publicación colectiva dedicada a celebrar el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV. Se trata de Fiestas de la Universidad de Salamanca al nacimiento del príncipe D. Baltasar Carlos, recopilada por Cristóbal de Lazarraga e impresa en Salamanca por Jacinto Tabernier.
Su nombre figura en el tomo V (p. 581) de la Bibliografía de la Literatura Hispánica de J. Simón Díaz con dos poemas -una glosa y un soneto- insertos en el volumen titulado Fiestas de la
Universidad de Salamanca; al nacimiento del Príncipe D. Baltasar Carlos, publicado por Cristóbal de Lazarraga en 1630-36 .• Los datos encajan. «Su presencia en la ciudad del Tormes durante sus años de formación como jurista le habría permitido participar en las fiestas literarias por el natalicio principesco», detalla Germán Vega.
El volumen contiene dos composiciones atribuidas a Gaspar del Arco: una glosa en la página 244 y un soneto en la 272. El ejemplar citado por Germán Vega se conserva en la Biblioteca Nacional de España, con la signatura R/4973.
La presencia de estos poemas demuestra que el joven marchenero no se limitaba a la formación jurídica. Participaba también en la cultura literaria universitaria, en la que los certámenes poéticos y las celebraciones de la monarquía constituían ocasiones de reconocimiento público.

En 1632 Juan Pérez de Montalbán, escritor y dramaturgo del ambiente literario madrileño, incluyó a Gaspar del Arco en el Índice de los ingenios de Madrid, incorporado a su obra Para todos.
Montalbán lo presentó como jurista y poeta y elogió una comedia suya por la invención dramática, la construcción de los personajes y la calidad de sus versos. Es un testimonio especialmente valioso porque procede de un contemporáneo y acredita que Gaspar del Arco había alcanzado cierto reconocimiento literario. La inclusión en el índice madrileño sugiere vínculos con los círculos culturales de la corte.
Gaspar del Arco, el escritor de Marchena cuya comedia pudo terminar atribuida a Lope de Vega
El filólogo Germán Vega García-Luengos, profesor de la Universidad de Valladolid y especialista en teatro del Siglo de Oro, sostiene que el poeta y jurista marchenero pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia publicada bajo distintos nombres. Los documentos acreditan su existencia y su actividad literaria, pero el misterio de la autoría continúa abierto.
La obra formaba parte del volumen Comedias de Lope de Vega Carpio… (y otros autores). Parte veintiséis, que habría visto la luz en Zaragoza, en 1645. La obra procede del fondo de impresos teatrales de la casa del Duque de Osuna que adquirió la Biblioteca Nacional en 1886, donde aparece atribuida a un tal Gaspar de Alarcón con la referencia escénica del encabezamiento: «Representóla Tomás Fernández»
.
Tomás Fernández de Cabredo, uno de los grandes empresarios teatrales del Siglo de Oro
Tomás Fernández de Cabredo fue un destacado actor y director de compañías teatrales del siglo XVII, cuya trayectoria estuvo vinculada a importantes escenarios de Andalucía. En octubre de 1632 comenzó a trabajar en el Corral de la Montería de Sevilla y en 1633 regresó para representar los autos del Corpus. Su compañía llevó a escena obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Juan Pérez de Montalbán, precisamente el escritor que elogió al poeta marchenero Gaspar del Arco en 1632. Esta coincidencia permite situar a ambos en el mismo ambiente teatral, aunque no se ha documentado una relación directa entre ellos ni la representación de Dos agravios sin ofensa por la compañía de Fernández.
La atribución a Lope de Vega pudo responder a una práctica conocida en el mercado teatral del Siglo de Oro: utilizar el prestigio de un autor famoso para facilitar la venta de una obra.
«Que se sepa, es la única pieza dramática que puede atribuírsele a este poeta jurista. Y, a la luz de los testimonios reunidos aquí, creo que se le debe atribuir. Lo cual vendría a subrayar, una vez más, el esplendor teatral de aquella España capaz de concitar los esfuerzos creadores de hombres de muy variada condición, con productos de un nivel meritorio. Es de justicia – poética, al menos- que a nuestro incógnito sevillano se le devuelva la comedia que le robaron en Sevilla. A fin y
a cuentas, a Lope le sobran y a Gaspar del Arco le hace falta» explica Vega.
Morley y Bruerton en La cronología de las comedias de Lope de Vega indican que por su análisis métrico pone en evidencia que «tal como se conserva la comedia no es de Lope»
. Su cronología no encaja con que en los versos finales se diga que el poeta es «primerizo» y «mocito»; -en ese tiempo el poeta de Marchena sí era joven- cuando hacia 1630-35, Lope llevaba a las espaldas centenares y centenares de comedias y decenas y decenas de años, hasta setenta.
Gaspar de Alarcón, encontró dificultades para identificar a un dramaturgo con ese nombre. En cambio, descubrió la referencia de Pérez de Montalbán a Gaspar del Arco, un jurista y poeta que había escrito una comedia por aquellas mismas fechas.
La semejanza entre los apellidos y la coincidencia cronológica le llevaron a proponer que «Gaspar de Alarcón» podía ser una deformación de «Gaspar del Arco», producida durante la transmisión o impresión del texto.
El profesor Germán Vega García-Luengos propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, una comedia de capa y espada ambientada en Madrid que circuló en impresos antiguos atribuida a Gaspar de Alarcón y Lope de Vega.
El investigador fundamentó su propuesta en el estudio bibliográfico de las ediciones conservadas, la posible deformación del apellido del autor y el testimonio de Pérez de Montalbán. La obra, escrita íntegramente en verso y distribuida en tres jornadas, muestra un elaborado dominio del enredo dramático y de los recursos métricos del teatro barroco.
La atribución es defendida expresamente por Vega, pero no se encuentra demostrada de manera concluyente.
Después de 1632, la biografía de Gaspar del Arco queda prácticamente en silencio. No disponemos de datos verificados sobre su matrimonio, descendencia, cargos, lugar de fallecimiento o sepultura. Su vida sigue siendo, por tanto, una biografía abierta a la investigación.
De los corrales de Sevilla al palacio de Marchena: en el gran circuito teatral del Siglo de Oro
Los documentos demuestran que Marchena acogía compañías profesionales de teatro en el siglo XVII, bajo el patrocinio de los duques de Arcos.
Entre los protagonistas de aquella época figuran Pedro de Ortegón, Tomás Fernández de Cabredo y el escritor marchenero Gaspar del Arco, cuya posible autoría de una comedia atribuida a Lope de Vega sigue siendo objeto de estudio.
Durante las décadas de 1620 y 1630, el teatro español vivió una extraordinaria expansión. Los corrales de Madrid y Sevilla reunían a públicos de distintas clases sociales, mientras las compañías profesionales recorrían Andalucía representando comedias, entremeses y autos sacramentales. Marchena, capital de los estados de los Ponce de León, formaba parte de aquel circuito cultural.

En 1635, el el 30 de agosto de aquel año se fecha un libramiento ordenado por el duque de Arcos para pagar al empresario teatral Pedro de Ortegón por representaciones celebradas en Marchena. Se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza con la signatura OSUNA,CT.616,D.80. Es una prueba directa de la financiación ducal de espectáculos teatrales en la villa.
Ortegón era un empresario experimentado. En febrero de 1631 había participado en representaciones privadas organizadas en Sevilla durante la estancia del embajador inglés Francis Cottington, por las que recibió 700 reales.

Su compañía contaba con profesionales como Micaela López, Andrés de Guevara, Jerónimo de Morales, Ana María «la Bezona», Juan de Huerta y Antonio Ramos, entre otros. Los contratos estudiados por Mercedes de los Reyes Peña y Piedad Bolaños muestran una organización compleja, con actores especializados, salarios, ensayos y desplazamientos.
Marchena disponía también de un corral de comedias. Los padrones municipales de 1644 mencionan expresamente la «Calle Comedias» y el «Corral de Comedias». La investigación local recoge asimismo noticias de Cristóbal de Avendaño y María Candado, así como de una estancia teatral de catorce días durante la que se representaron siete comedias. La ubicación exacta del corral continúa sin determinarse.
En Sevilla destacaba por entonces Tomás Fernández de Cabredo. Su trayectoria lo relaciona con el repertorio de Lope de Vega y Juan Pérez de Montalbán, demostrando la circulación de obras y compañías entre los principales escenarios peninsulares.

Precisamente Montalbán dejó en 1632 un testimonio excepcional sobre Gaspar del Arco, escritor natural de Marchena y estudiante de Leyes en Salamanca desde noviembre de 1625. En su Índice de los ingenios de Madrid lo elogió como jurista y poeta y aseguró que había escrito una comedia. Del Arco había publicado además una glosa y un soneto en las fiestas universitarias por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, en 1630.
El filólogo Germán Vega García-Luengos, de la Universidad de Valladolid, propuso en 1998 que Gaspar del Arco pudo ser el verdadero autor de Dos agravios sin ofensa, obra transmitida bajo los nombres de Gaspar de Alarcón y Lope de Vega. Su hipótesis se apoya en la documentación biográfica, el testimonio de Montalbán y el análisis de las ediciones antiguas, aunque la autoría no está demostrada definitivamente.
La coincidencia de estos testimonios permite reconstruir una Marchena conectada con el teatro profesional de Sevilla y con la cultura literaria de Madrid. Los Ponce de León financiaban representaciones, las compañías viajaban entre ciudades y un escritor nacido en la villa participaba en el mundo literario del Siglo de Oro. Lo que todavía no puede afirmarse es que Gaspar del Arco escribiera para el corral marchenero o que Dos agravios sin ofensa llegara a representarse allí.
Fuentes documentales y bibliográficas
- Archivo Histórico de la Nobleza, Ducado de Arcos, OSUNA,CT.616,D.80, 30 de agosto de 1635. Documento original en PARES.
- Marchena Secreta, «Cuando el Siglo de Oro subió a escena en Marchena: una compañía profesional en 1635», 24 de septiembre de 2026.
- Marchena Secreta, «Cuando Marchena tenía corral de comedias: actores, duques y Gaspar del Arco», 12 de octubre de 2026.
- Clara Piedad Ramírez, investigación sobre el corral de comedias de Marchena difundida por RTV Marchena en 2021.
- Mercedes de los Reyes Peña y Piedad Bolaños, investigaciones sobre compañías profesionales y representaciones teatrales en Sevilla y Écija durante el siglo XVII.
- Juan Pérez de Montalbán, Para todos, 1632, Índice de los ingenios de Madrid.
- Germán Vega García-Luengos, «Enredar con Lope: indagaciones a partir de la comedia de Dos agravios sin ofensa», 1998.
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