Historia
Inestabilidad política y crisis económica en la feria de 1934
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5 años agoon
Testo: Alvaro Cabeza Andrés. Licenciado en Historia y Docente. Fotos: Fototeca de la Bilioteca Municipal de Marchena. SABER MAS HISTORIA
La Corporación municipal encabezada por Vicente Andrés y Torre y compuesta por miembros del Partido Republicano Radical, Acción Popular y Partido Agrario tomó posesión a finales de junio de 1934, es decir, apenas contaba con dos meses para organizar la feria de ese año, la primera que se iba a celebrar en Marchena bajo el gobierno de la derecha republicana. Dada la importancia social y política que siempre tiene el éxito de una feria, el alcalde desde el principio quiso darle el mayor lustre posible y, por esa razón y porque había que dar jornales a los obreros, ya en julio dictó un bando pidiendo a los vecinos que encalaran las fachadas de cara al mes de septiembre.
La situación económica municipal no era nada favorable hasta el punto de que el concejal Rómulo Zúñiga Moreno comunicó que el Ayuntamiento no podía afrontar las 1.000 pts. de la caseta municipal y, de manera ventajista, solicitó ese espacio vacante para la caseta del PRR. Esto provocó la queja del concejal de AP Manuel Espina Romero que había tenido que escoger otro espacio pensando que el Ayuntamiento instalaría su caseta. Tanto Zúñiga como el alcalde, con la excusa de la escasez de tiempo, evitaron que Espina recabara la opinión de los demás miembros de la Comisión de Festejos y el alcalde apeló a su condición de “presidente nato” de todas las Comisiones para cortar de raíz el debate.
En medio de las dificultades económicas llegaron solicitudes tanto de particulares para montar casetas como de industriales que querían instalar atracciones. Entre ellas, hubo una petición de un terreno de 14 metros de circunferencia y otra de 16 metros cuadrados para el “Rápido Irún”, tren en miniatura que era la atracción de moda para los niños. Por su parte, varios empresarios encabezados por el Sr. Valero solicitaron una subvención para montar algunos espectáculos en el campo de fútbol y el concejal Sánchez-Jurado Morillas pidió que los bares pudieran abrir toda la noche en vísperas de feria.
Zúñiga, como miembro de la comisión de Festejos, propuso unos bocetos de José Romero Escassi, “un hijo de la localidad”, para los programas anunciadores y la cartelería. Aunque el alcalde y Espina coincidieron en pedir presupuesto a Sevilla, el alcalde unilateralmente encargó mil copias por importe de 200 ptas a una imprenta sevillana.
Pero si algo suscitó debate en la Corporación fue el asunto taurino por la gran inquietud existente en Marchena ante la posibilidad de que no hubiera festejos. El primer teniente de alcalde, Juan Fernández Croharé, se entrevistó con un empresario sevillano que se comprometía a tres festejos a cambio de la explotación de la plaza. Por su parte, el concejal Francisco Calvo Domínguez, reconocido aficionado a los toros, se ofreció “por el bien del Ayuntamiento” a matar dos novillos. Frente al ardor taurino de Calvo, el alcalde puso un punto de realismo al manifestar que sólo se estaba en condiciones de afrontar el pago de la mano de obra para el montaje del coso por importe de 3.000 pts. y que, de no conseguirse las otras 5.000 ptas. necesarias, no se podrían ofrecer espectáculos taurinos salvo aportación de los comerciantes.
Aunque Espina apoyó esto último, el concejal radical Barbero Dueñas afirmó que el comercio “está muy castigado” y se descartó esa opción. A propuesta de Manuel Suárez Ternero, concejal de AP, se conformó una comisión especial con la presencia del alcalde, Fernández Croharé, Calvo Domínguez y el mismo Suárez Ternero. Finalmente, no hubo espectáculos taurinos dentro del programa oficial pero sí una capea en el campo de fútbol previo pago de una entrada de 10 ptas. Los asistentes, en un número máximo de 150, tenían derecho a comer y a beber y, si alguno se atrevía, podría matar a estoque a la becerra. El organizador, cómo no, fue el radical Francisco Calvo. Los beneficios, 200 ptas., se repartieron entre varios conventos para obras de beneficencia y la Casa Caridad.
El alcalde informó del programa oficial de actos poco antes de comenzar la feria. Insistió en que las dificultades económicas obligaban a aplazar el proyecto de una “feria grande como corresponde al historial y renombre de Marchena” y deseaba que ”el elemento pudiente” no estuviera tan retraído como en los años anteriores. El presupuesto municipal para la feria era de 8.000 ptas. y habría 4.000 bombillas.
Cartel de Pepe Romero Escassi de la Feria de 1936.
El programa incluía, además de las casetas, del paseo de coches y de la calle del infierno habituales, cucañas, carreras de burros, tiradas a pichones, carreras de cintas y espectáculos privados apoyados por el Ayuntamiento si “por la moralidad lo merecían”. Por esa razón, quedaron prohibidos los juegos de cartas, las rifas, los billares americanos y “otras menudencias que no dejaban riqueza pero sí vaciaban los bolsillos”. La feria concluiría con un espectáculo de fuegos artificiales -“fuera de la vulgaridad de años anteriores”, según el alcalde- a cargo de Martínez de Pinillos por importe de 475 ptas.
La rivalidad política también estuvo presente en el exorno de las casetas. La caseta del Círculo Republicano Radical imitaba un patio sevillano y sorteaba regalos diarios entre “señoras y señoritas” al son de la orquesta de Rodríguez Chavarría. Competía con la de Acción Popular cuya decoración con los colores andalucistas se hizo bajo la dirección de Romero Escassi, Jesús Arcenegui Carmona y Francisco Jiménez González y la música corrió a cargo de la orquesta del Casino Militar de Sevilla.
Al finalizar la feria un sector de la población criticaba que el alcalde podría haber buscado atracciones que dieran más realce económico, porque el paseo de coches no reportaba nada y había que atraer visitantes que “trajeran pesetas”, como tiempo atrás ocurría con espectáculos taurinos de las primeras figuras. La causa del deslucimiento estaría, según esos comentarios, en que los egoísmos políticos habrían prevalecido sobre los intereses del pueblo y, como consecuencia, no había sido una feria sino una velada. El alcalde se defendió argumentando que la moderación se debía a la priorización de gastos: “prefiero atender al trabajador antes que hacer gastos en diversiones”.
Feria en los años 80.
No obstante, la prensa hizo un balance muy positivo en todos los aspectos destacando, entre otros elogios, el dedicado a la policía municipal por haber mantenido el orden público. Con clarísima intencionalidad política no desaprovechaba la ocasión para ensalzar la edición de 1934 “después de tres años en que el odio, la lucha de clases y los egoísmos luchaban enconadamente con un fin común: desprestigiar el buen nombre de Marchena”.
(Para más información o rectificación alvarocabezaandres@gmail.com)
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Hermandades
Toros, danzas, fuegos artificiales y carros alegóricos: así era el Corpus del siglo de oro
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3 días agoon
19 mayo, 2026
El Corpus era la principal celebración religiosa del año, y a ella se sumaban la iglesia, el Duque y el Ayuntamiento, que no reparaban en gastos y medios para realzar la fiesta.
Era tradicional contratar encierro de vacas, toros de cuerda, toros de fuego y toros enmaromados que terminaban con capeas improvisadas y el sacrificio de los animales y reparto y venta de carne.
En las vísperas salía la Tarasca acompañada de diablillos y mojarrilas, también hubo carros alegóricos, arcos efímeros que se instalaban en las calles, que se empedraban, por donde pasaba la procesión, fiestas de toros, fuegos artificiales y luminarias, meriendas y reparto de pan, grupos de danzas de gitanos, música de ministriles, etc. Todo esto hacía del Corpus la principal fiesta de Marchena.
Los grupos de danzas, la tarasca, los diablillos y mojarrilas y los toros quedaron prohibidos por el Rey en toda España en 1765 al considerarse que restaba devoción y era poco serio para esta fiesta.
Esto nos cuenta la investigación realizada por Ramón Ramos sobre datos del Ayuntamiento que pagaba dichos gastos, que se sumaba a lo que gastara la iglesia y el propio Duque.
La Tarasca, que era una especie de dragón que simbolizaba el pecado, salía la víspera del Corpus. Era una talla también efímera porque se pagaba cada cierto tiempo por hacer una nueva.
Cristóbal Díaz hizo una Tarasca en 1603 y en 1667 el carpintero Francisco Martín cobró 600 reales por hacer otra. Salía acompañada de diablillos y mojarrillas, vestidos con trajes grotescos de colores. Los diablillos iban haciendo ruido con unas vejigas llenas de piedras. En 1656 el sastre Hernando Padilla hizo sus trajes.
Para la víspera las luminarias se colocaban en las plazas públicas y en las calles arcos y en altares y se gasta mucho dinero en el cera.
Las luminarias alumbraban las calles y plazas en la tarde noche de las Vísperas, consistían en barriles y lebrillos con pez y virutas, hachas.
También era tradicional contratar encierro de vacas, toros de cuerda, toros de fuego y toros enmaromados que terminaban con capeas improvisadas y el sacrificio de los animales y reparto y venta de carne.
En 1656 en Marchena ya hubo corrida de toros en el Corpus . También en Marchena hubo procesiones de carros alegóricos una especie de teatro en carros en los que venían comediantes con un rico y complejo aparato escénico. Los pasos representaban escenas de las Sagradas Escrituras.
Historia
La aduana olvidada de Marchena: los fielatos donde se pagaba por entrar con vino, aceite, carne o trigo
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4 días agoon
18 mayo, 2026
Los antiguos fielatos de Marchena funcionaban como pequeñas aduanas locales situadas en las entradas del pueblo. La Puerta Real, al final de la calle Real o Carrera —hoy entorno de Compañía— fue uno de los puntos clave de control fiscal.
En Marchena hubo un tiempo en que entrar en el pueblo con un carro cargado no era simplemente cruzar una puerta. Era detenerse, declarar la mercancía, pesarla, medirla y pagar. Aceite, vino, vinagre, carne, trigo, jabón, ganado o cualquier producto destinado a la venta podía encontrarse con la mirada del fiel, la romana sobre la mesa y la cuenta abierta.
Aquellas pequeñas aduanas interiores se llamaban fielatos. No eran monumentos, ni conventos, ni palacios. Pero cuentan una parte fundamental de la historia cotidiana: la del impuesto que esperaba al vecino antes incluso de llegar al mercado.

La Puerta Real, el punto clave de la antigua fiscalidad
La documentación de 1826 sitúa uno de los espacios principales de control en la Puerta Real, también llamada Puerta de Osuna, ubicada “al final de la calle Real o Carrera”. Ese año, las autoridades marcheneras pusieron en marcha la recaudación de los llamados Derechos de Puertas, que habían sustituido a las antiguas Rentas Provinciales. Para evitar que nadie esquivara el pago, se acordó el cerramiento total de la villa y la vigilancia de sus entradas.
La razón era clara: todo producto introducido en la villa para venderse debía abonar una tasa. Para recaudarla se establecieron fielatos en las puertas de entrada, donde los dependientes cobraban según la cantidad y calidad de la mercancía.

De puerta militar a punto de pago
La tradición documental recogida en La Marchena Secreta añade un dato de gran valor urbano: la Puerta Real de la Calle Real —Compañía— fue tapiada por los franceses en 1810 para evitar ataques de las tropas españolas. Después, en ese entorno se instalaron fielatos para el pago de impuestos.
Es decir, el espacio de Compañía no solo fue paso de vecinos, tropas, arrieros y mercancías. También fue una frontera económica. Allí donde hoy se cruza casi sin mirar, antes podía levantarse una barrera más eficaz que una muralla: la del papel sellado, la báscula y el cobrador.

Los fielatos del siglo XIX: San Sebastián, Compañía, Santa Clara, Barranco y la estación
A finales del siglo XIX el sistema aparece mucho más organizado. En 1889 se acordó instalar el fielato central en la calle San Sebastián número 67, en una casa alquilada por 3 pesetas diarias. Además, se dispusieron casetas o puntos de intervención en las entradas de San Sebastián, Compañía, Santa Clara, Barranco y la Estación del ferrocarril.
La llegada del tren obligó a extender el control hasta la estación. Donde entraban mercancías, entraba también la Hacienda. Y donde había Hacienda, aparecían básculas, libros, impresos, rondas de vigilancia y empleados.

Plano de Marchena en 1826 que ubica los fielatos que había en Marchena
El gasto fue considerable: básculas para los fielatos por 627,50 pesetas, un escritorio para el fielato general por 3.000 reales, cinco escopetas, una carabina, pólvora, balas y hasta 30 pitos para la ronda de vigilantes. Aquello no era una simple mesa con un sello: era una maquinaria fiscal completa.
El fiel medidor: el hombre que daba fe del peso y la medida
En este mundo de impuestos, el personaje clave era el fiel medidor, junto al fiel de la romana o fiel romanero. Su función consistía en garantizar que los pesos y medidas fueran correctos en las compraventas. En una economía agraria, donde el trigo, el aceite, el vino o la carne se vendían por medidas concretas, una pesa trucada podía ser una ruina.

“Aquí se pesaba, se medía y se cobraba”.
Veleta del antiguo fielato de Marchena. Las balanzas recuerdan el trabajo del fiel medidor y del fiel de la romana, encargados de pesar, medir y controlar las mercancías sujetas al impuesto de consumos.
Tiene además un doble juego simbólico precioso. La palabra fiel se relaciona con el funcionario que da fe de la medida justa, pero también con el fiel de la balanza, la pieza que marca el equilibrio. Es decir, la veleta está diciendo, con hierro y viento, que aquel lugar era territorio de la medida oficial.
La cruz superior seguramente responde al lenguaje visual tradicional de la época: muchos edificios públicos o semipúblicos incorporaban símbolos religiosos, pero el mensaje específico del fielato lo dan las balanzas. No hablan de justicia abstracta, sino de algo mucho más cotidiano: el pan, el vino, el aceite, la carne y el impuesto que pesaba sobre todo ello.

En 1832, la Intendencia General de Andalucía pidió al Ayuntamiento de Marchena un informe sobre si debían mantenerse los oficios de Fiel medidor y Fiel Romanero. Los síndicos Juan Guerrero Estrella y Ramón de Torres y Atienza respondieron que entre 1812 y 1818 esos oficios habían quedado en libertad, pero que luego volvieron a manos de la duquesa de Arcos. Según el informe, durante los años sin control se produjo un “notable desorden en el arte de medir y pesar”, con perjuicio para labradores, tenedores de grano y compradores al por menor.
El sistema cobraba una pequeña retribución de cuatro maravedíes, que pagaba comprador o vendedor. A cambio, se pretendía evitar engaños en el comercio. El informe prefería la medición directa en el momento de la venta antes que el simple aforo de almacenes, porque este último permitía ocultar género.

Saber más
- José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo. Marchena 1800-1833. Tomo II. Datos sobre Derechos de Puertas, Puerta Real, fielatos y fiel medidor.
- José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Restauración plena y crisis finisecular. Datos sobre fielato central de San Sebastián, casetas de Compañía, Santa Clara, Barranco y estación.
- La Marchena Secreta. Libro. Referencia a la Puerta Real / Calle Real / Compañía, tapiada en 1810, y posterior instalación de fielatos.
- José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Tomo I. Contexto sobre fiscalidad, portazgo, consumos y derechos señoriales.
Historia
Los molinos históricos de Marchena: aceite, trigo y un viejo molino de viento flamenco
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5 días agoon
17 mayo, 2026
Marchena no tuvo “un” molino: tuvo un pequeño mundo de molinos. En sus documentos aparecen molinos aceiteros, molinos harineros movidos por el agua del Corbones, tahonas, fábricas de harina y hasta un molino de viento traído desde Flandes en el siglo XVI. La cifra, por tanto, cambia según lo que contemos.
La fotografía más clara del primer tercio del siglo XIX dice que Marchena tenía 31 molinos de aceite y tres molinos harineros sobre el río Corbones. Es decir, 34 molinos documentados en ese momento, sin contar el antiguo molino de viento ni otros molinos que aparecen en épocas posteriores. José Alcaide Villalobos recoge para la villa 14 hornos de pan, tres molinos harineros en el Corbones y 31 molinos de aceite; además, señala que esos 31 molinos aceiteros producían 11.874 arrobas de aceite al año.

Pero la historia no se queda quieta. Los mapas y estudios locales elevan el máximo conocido de molinos aceiteros a 35 en 1861. Después llegó el declive: 19 en 1875, 23 en 1901, 13 en 1930 y apenas restos o supervivencias en el siglo XX. El estudio de María del Carmen Parias Sáinz de Rozas sobre las haciendas de olivar de Marchena, publicado en las Actas de las IV Jornadas sobre Historia de Marchena, es una referencia académica clave para entender ese paisaje olivarero.
Dónde estaban
Los molinos de aceite se repartían entre el casco urbano, el ruedo agrícola y las propiedades conventuales. No siempre conocemos la ubicación exacta de cada uno, porque muchos documentos citan al propietario y no la calle. Aun así, las fuentes permiten situar varios puntos:
En la calle Santa Clara estaba el molino vinculado al convento de Santa Clara, que rentaba 1.100 reales, y en la memoria oral del siglo XX aparece también el molino de Cortés en esa misma calle.
En Fontinas se ubicaba el molino aceitero del convento de San Agustín, que tras la Guerra de la Independencia sufrió robos en puertas, ventanas, cerrojos y fábrica interior.

En el Vallisco estaba el molino de Miguel Moreno; junto a los depósitos de agua de la carretera, el de José Aguilar Barea; en la calle Duarte, el de Cesáreo García Rubio, al lado del molino de Mariano Sanz; y en la calle Pernía, el de Antonio “El Granaíno”. También se citan el molino de Pepe Romero frente a la Industria Aceitunera Marciense, otro frente a la iglesia de Santa Isabel y otro en la finca La Cobatilla, propiedad de Mercedes de Sal y Sanz.
Un mapa de 1826 recoge además los molinos de San Andrés, Terneros, Guardaplata y Montiel, nombres que suenan casi como mojones de una Marchena agrícola ya desaparecida.
El molino de Mariano Sanz es citado como el molino antiguo mejor conservado de Marchena: mantuvo almazara, prensas hidráulicas, tinajas, correas, bombas de transmisión, cuadras, pajares, pozo y espacio para el alpechín. El de Los Pérez, situado frente a Mercadona según la fuente local, aparece como el último molino antiguo en funcionamiento durante buena parte del siglo XX.

Los molinos harineros del Corbones
Marchena también molía trigo. La documentación de 1815 habla de tres molinos harineros dentro del término, movidos por el agua del Corbones. En los expedientes se citan el molino de La Caridad, el molino de don Joaquín Clasevout y el molino de San Pedro.
La Diputación de Sevilla, en su información turística sobre el río Corbones, amplía la memoria hidráulica y afirma que sus aguas llegaron a mover hasta siete molinos harineros en Marchena. Esto no contradice necesariamente la cifra de tres: una fuente habla de los molinos documentados en un momento administrativo concreto; la otra resume una serie histórica más amplia del río.
El molino de viento de San Miguel
La pieza más singular es el molino de viento del barrio de San Miguel. La documentación citada en La Marchena Secreta habla de Maese Pedro Jaus, “el flamenco”, vecino de Sanlúcar de Barrameda, a quien en 1549 se le dieron 400 ducados para ir a Flandes y traer un molino de viento de madera para moler trigo.
La toponimia conserva una pista preciosa: cerca de La Ventilla se menciona el cerro del molinete de viento, asociado al abastecimiento de agua y a la antigua fuente de San Antonio.
Saber más
Fuentes principales consultadas: José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX, tomos I y II; La Marchena Secreta; Ruta del León; María del Carmen Parias Sáinz de Rozas, Las haciendas de olivar de Marchena; informe del IAPH sobre la comarca Morón-Marchena, que destaca la importancia de molinos harineros hidráulicos y almazaras en el patrimonio industrial de la zona.
Historia
Marchena rompió con la Constitución de Cádiz el 14 de mayo de 1814
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7 días agoon
15 mayo, 2026
Marchena vivió el 14 de mayo de 1814 uno de los episodios políticos más simbólicos de su historia contemporánea: la ruptura pública con la Constitución de 1812 y la adhesión al absolutismo de Fernando VII.
Aquel día se reunió una junta extraordinaria formada por los alcaldes Vicente Rodríguez y Juan Fernández, varios regidores, síndicos, el vicario eclesiástico, representantes religiosos y vecinos principales de la villa. El acuerdo fue claro: colocar en la puerta principal del Ayuntamiento una nueva lápida con la inscripción: “La única soberanía reside en la cabeza del monarca don Fernando Séptimo”.
El gesto tenía una enorme carga política. La Constitución de Cádiz había proclamado la soberanía nacional; Marchena, siguiendo el clima contrarrevolucionario iniciado en Sevilla días antes, devolvía simbólicamente esa soberanía al rey. Según el acta recogida por José Alcaide Villalobos, la lápida constitucional fue hecha pedazos en las puertas del Ayuntamiento y después se quemó en la Plaza Mayor un ejemplar de la Constitución.
El contexto explica la escena. Fernando VII había regresado a España tras la Guerra de la Independencia y, lejos de aceptar el régimen constitucional nacido en Cádiz, impulsó la vuelta al absolutismo. En Marchena, ese giro se tradujo en una rápida adaptación de las élites locales al nuevo poder. La plaza de la Constitución pasó a llamarse plaza de Fernando Séptimo.
La adhesión al monarca tuvo además una intención local: el Ayuntamiento pidió que Marchena fuese reconocida como villa de realengo, es decir, dependiente directamente del rey y no del señorío ducal. La villa quería ser fiel a Fernando VII, pero también liberarse del peso histórico de la Casa de Arcos.
Seis años después, en 1820, Marchena volvería a celebrar la Constitución tras el triunfo liberal. Las campanas repicaron de nuevo, esta vez en sentido contrario. La piedra rota de 1814 resume así una época de cambios bruscos, lealtades mudables y política escrita a golpe de lápida.
Los meses anteriores fueron de transición: fin de la guerra, esperanza, celebraciones religiosas y patrióticas, pero con una élite local ya dividida. Los meses posteriores fueron de restauración pura y dura: censura, persecución de liberales, borrado de actas constitucionales, regreso de instituciones antiguas y devolución de derechos a los poderes señoriales. Marchena no fue una excepción: fue un espejo pequeño, de piedra y papel quemado, de lo que estaba pasando en toda España.
El año empezó todavía dentro del marco constitucional. El Ayuntamiento electo siguió funcionando, con Vicente Rodríguez como alcalde primero y Juan Fernández Vázquez como alcalde segundo. El 30 de marzo incluso se presentó un presupuesto municipal, señal de que el cabildo seguía trabajando con cierta normalidad administrativa. Pero debajo de esa normalidad crujía la política: a comienzos de año un grupo de notables intentó impedir el nombramiento del juez Lorenzo Casans, al que acusaban de parcialidad, conspiración y cercanía a quienes habían jurado fidelidad al gobierno intruso francés. El propio autor señala que ya se veía que la corporación constitucional estaba muy cuestionada por sectores influyentes contrarios a la Constitución.
La guerra parecía acabarse. Fernando VII entró en España el 22 de marzo de 1814, y en Marchena llegaron noticias de victorias aliadas y del regreso del “Deseado”. El 3 de abril se recibió la noticia de que el rey había quedado libre de su cautiverio; se acordaron misa solemne, sermón, Te Deum, repiques, iluminación de calles y colgaduras. Aquello coincidió con Semana Santa, así que la política y la religión salieron juntas a la calle.
2 de mayo: todavía se habla de libertad.
Pocos días antes de romper con la Constitución, el Ayuntamiento acordó conmemorar a los caídos del Dos de Mayo como “primeros mártires por la libertad española”. Hubo misa, sermón, Te Deum y hasta corridas de novillos para celebrar la caída de Napoleón, el regreso del rey y el fin de las desgracias de la guerra. Es decir: Marchena aún celebraba al rey dentro de un lenguaje patriótico que sonaba constitucional.
El 4 de mayo, desde Valencia, Fernando VII decretó el cese de las Cortes y se negó a jurar la Constitución de 1812. El 6 de mayo, Sevilla derribó la lápida constitucional y la sustituyó por otra dedicada a Fernando VII. Y el 14 de mayo, Marchena siguió el camino de la capital: junta extraordinaria, autoridades civiles y religiosas, vecinos principales, lápida nueva proclamando que la soberanía residía solo en Fernando VII, lápida constitucional rota y ejemplar de la Constitución quemado en la Plaza Mayor.
El 19 de mayo, el cabildo elevó una representación al rey declarando su fidelidad absoluta y pidiendo incluso que Marchena fuese nombrada villa de realengo, “no de señorío”, porque no quería otro señor que Fernando VII. La plaza de la Constitución pasó a llamarse plaza de Fernando Séptimo. El 15 de junio llegó la respuesta de Pedro Macanaz comunicando el agradecimiento del rey, y el Ayuntamiento decidió publicar y fijar el decreto, además de trasladarlo a una tabla para perpetuarlo en la sala capitular.
Julio-agosto: adiós al Ayuntamiento constitucional.
La fidelidad de Marchena no salvó a sus autoridades. Fernando VII ordenó disolver los ayuntamientos constitucionales, cesar a los alcaldes constitucionales y volver a la planta municipal de 1808. Además, las actas de elecciones constitucionales debían borrarse de los libros del Ayuntamiento. En los cabildos del 8 y 12 de agosto se acordó cumplir la orden, y el 13 de agosto tomó posesión la corporación restaurada.
El 25 de julio se comunicó la derogación de la Contribución Directa y el regreso de las rentas provinciales y fiscales como estaban en 1808. El 19 de agosto se restablecieron antiguos arbitrios municipales; el 14 de septiembre, la Contaduría General de Pósitos; y el 19 de octubre, los señores jurisdiccionales recuperaron rentas, frutos, prestaciones y derechos. Dicho claro: no solo cambió la placa de la plaza; cambió el sistema entero.
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Fuente principal: José Alcaide Villalobos, Marchena siglo XIX. Decadencia, guerra y revolución. Marchena 1800-1833. Tomo I.
Historia
John Downie, el quijote escocés que salvó la vida en el Palacio Ducal de Marchena
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1 semana agoon
15 mayo, 2026
Herido en un ojo, atado a un cañón y conducido por los franceses desde Sevilla hasta Marchena, el brigadier John Downie llegó al Palacio Ducal entre el 3 y el 4 de septiembre de 1812. Allí coincidió con la retirada de las tropas napoleónicas y con una de las escenas más singulares de la Guerra de la Independencia en la Campiña sevillana.
Hay episodios de la historia local que parecen escritos para una novela de aventuras. Uno de ellos ocurrió en Marchena durante los días finales de la ocupación francesa, cuando un militar escocés al servicio de la causa española, llamado John Downie, fue llevado malherido al Palacio Ducal, donde se encontraban el mariscal Soult y José I Bonaparte, ya en retirada.
Downie no era un soldado cualquiera. Nacido en Stirling, Escocia, en 1777, había hecho fortuna en América, se había arruinado en Londres y terminó combatiendo en España contra Napoleón. Su figura tenía algo de romántica y quijotesca: luchaba vestido a la antigua, al frente de tropas extremeñas, y llevaba consigo la que se decía era la espada de Francisco Pizarro, regalo de la Condesa de la Conquista.
En 1812, tras la salida francesa de Sevilla, Downie persiguió a las tropas de Soult junto al ejército británico. En el avance hacia el Puente de Triana fue herido de un disparo en un ojo y cayó prisionero. Según la prensa gaditana de la época, concretamente El Conciso, el capitán francés Villatte lo trató con gran dureza: lo llevó atado a un cañón, desangrándose, durante dos días de camino entre Sevilla y Marchena.

Retrato de John Downey.
Cuando por fin llegó al Palacio Ducal, su estado era desesperado. La herida estaba infectada y, según el propio relato recogido por la prensa, el cirujano que lo atendió más tarde encontró gusanos en la lesión. De haber permanecido un día más en manos francesas, probablemente habría muerto.
La escena que se produjo en Marchena resume la tensión de aquel momento. En el Palacio Ducal estaban Soult y José I, que abandonaban Andalucía. Al encontrarse ante el mariscal francés, Downie afirmó que prefería morir antes que seguir bajo las órdenes de Villatte. Finalmente fue canjeado por 150 soldados ingleses. Aquella misma noche, los franceses tuvieron que abandonar Marchena y dejaron al escocés en el palacio.
Al día siguiente fue atendido por un buen cirujano y comenzó su recuperación. La documentación conservada aporta un detalle extraordinario, casi doméstico, que permite imaginar la escena dentro del antiguo palacio de los Ponce de León. El administrador José Medina le proporcionó comida y bebida: una gallina, dos pollos grandes, una botella de aguardiente, otra de resoli, bizcochos, dulces de almíbar, seis hogazas de pan, media libra de chocolate superior y media arroba de vino bueno. Todo ello costó 173 reales de vellón.
La imagen resulta poderosa: fuera, el ejército francés se retira; dentro, un oficial escocés, herido y exhausto, se repone en uno de los palacios más importantes de Andalucía. Marchena, que durante siglos había sido villa ducal y centro de poder nobiliario, se convertía por una noche en escenario de la guerra europea contra Napoleón.
Downie no olvidó aquel episodio. Después escribió una carta de agradecimiento a El Conciso, en la que se declaró “con todo su corazón el más fiel español”. Sobrevivió, se recuperó en Sevilla y más tarde fue nombrado conservador de los Reales Alcázares. La herida le dejó una cicatriz junto al ojo, memoria física de aquellos días en los que estuvo a punto de morir entre Sevilla y Marchena.
El paso de la guerra dejó también cicatrices en la propia villa. El puente sobre el Corbones, por donde huyeron los franceses, tuvo que ser reedificado. El Hospital de Misericordia quedó necesitado de reparaciones urgentes. Una posada de la Plaza Vieja denunció destrozos tras ser ocupada por tropas francesas. La Puerta Real fue tapiada para evitar ataques, la Puerta del Tiro del Palacio Ducal tuvo que restaurarse, y conventos como Capuchinos o Santa Eulalia sufrieron ocupaciones y daños.
Pero entre todos esos rastros de destrucción destaca esta historia mínima y enorme a la vez: la de un escocés que luchaba por España, entró moribundo en Marchena y salió vivo gracias a un canje, un cirujano y una mesa servida en el Palacio Ducal.
Fuente base: datos recogidos en el archivo de Marchena Secreta sobre John Downie, El Conciso y documentación del Archivo Histórico de la Nobleza, AHN Nobleza, Cartas, legajo 194-17.
Foto de portada: recreación de IA de John Downey basada en su propio retrato.
Historia
Agustín Aguilar Tejera, el estepeño que se enamoró de la saeta marchenera en 1929
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1 semana agoon
15 mayo, 2026
El primer libro de recopilación y catalogación de la saetas marcheneras lo hizo a principios de siglo Agustín Aguilar y Tejera, poeta y notario de Estepa e hijo del notario de Puente Genil Aguilar y Cano. El libro se llama Saetas recogidas de la tradición oral en Marchena. En él Tejera recoge las letras de las saetas que se cantaban en Marchena. En nuestro pueblo fue amigo de la familia Coullaut Valera una de cuyas obras preside la portada de su estudio sobre saetas de Marchena.
Viviendo en Marchena cayó en sus manos un manuscrito en muy mal estado que contenía las saetas marcheneras. Él amplió el repertorio con fuentes orales y lo enriqueció con el estudio histórico.
Saetas, marchas y poemas a la Virgen de la Soledad de Marchena
«Este libro es la biblia de las saetas y este hombre no tiene ni una calle dedicada en Marchena. Aguilar Tejera estuvo en Marchena y centra la mayor parte de su obra en la saeta antigua de Marchena» explica el experto en flamenco Pablo Parrilla.

Aguilar Tejera se casó en junio de 1911 en la capilla de la Virgen de los Desamparados de la parroquia de San Sebastián, en Marchena, con Ana Mª Valero Valderas, siendo testigo Luis Montoto. Después de realizar la catalogación de las saetas marcheneras en 1929 publica Saetas populares, englobando el total de casi mil saetas de España añadiendo un estudio detallado de los orígenes de la saeta, haciendo alusión a fuentes de información, cancioneros populares, manuscritos antiguos, etc.
Un saetero republicano redimido por una saeta al Cristo de San Pedro
En la última parte se transcriben las partituras de saetas de Sevilla, saetas de Marchena (de la Soledad, Quinta, Sexta y de Jesús), Stábat Máter y Miserere de Marchena y, por último, las de las saetas tradicionales de Cabra.
Otras obras fundamentales sobre el tema han sido escritos por Rafael López Fernández y María Luisa Melero.
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El investigador marchenero Eulalio de los Reyes rastrea en Nápoles la huella virreinal del señor de Marchena
El joven historiador marchenero Eulalio de los Reyes López ha iniciado en Nápoles una estancia de investigación entre archivos, bibliotecas...
Marchena aparece en la carta de pago de Cervantes que la Junta pide declarar inexportable
La escritura notarial firmada por Miguel de Cervantes Saavedra en Sevilla el 8 de julio de 1593, que saldrá a...
Paradas celebra este fin de semana la Carrera Nocturna Paraeña y una fiesta benéfica por los tejados de San Eutropio
Paradas vivirá este fin de semana dos citas destacadas en su agenda local. La primera será la Carrera Nocturna Paraeña,...
Teatro, carnaval, ópera, caracoles y circo musical en Marchena para terminar Mayo
Marchena concentrará en los próximos días una amplia programación cultural y festiva con propuestas de teatro, carnaval, ópera, gastronomía popular...
El Corpus barroco de Marchena, cuando la villa entera se convertía en escenario
Hubo un tiempo en que el Corpus de Marchena era la gran fiesta del año. La calle se transformaba en...
Osuna acogerá el 5 de junio el espectáculo “International Legends Freestyle Motocross” en la Plaza de Toros
La Plaza de Toros de Osuna será escenario el próximo viernes 5 de junio, a las 22:00 horas, del espectáculo...
Osuna encarga la redacción del proyecto para construir 85 viviendas protegidas junto a la Barriada de las Autonomías
El Ayuntamiento de Osuna ha dado un nuevo paso para la construcción de 85 viviendas protegidas en régimen general en...
Los bomberos denuncian un nuevo cierre del parque de Marchena en plena subida de temperaturas
El colectivo Bomberos Marchena ha denunciado este jueves 21 de mayo un nuevo cierre del Parque de Bomberos de Marchena,...
Marchena y Osuna dejan atrás Coria y encaran las horas grandes del camino rociero
La Hermandad del Rocío de Marchena y la de Osuna continúan juntas su peregrinación hacia la aldea almonteña después de...
El 21 de Mayo primera reunion para crear una asociación local de salud mental para combatir el aislamiento y el estigma
Pacientes y familiares de personas con problemas de salud mental han comenzado en Marchena los primeros pasos para crear una...
El día de Mayo en que el emperador pasó por Marchena, según Andrea Navagero
El relato de Andrea Navagero sitúa a la comitiva imperial en Marchena el 22 de mayo de 1526, camino de...
Estas son las principales novedades para el Corpus de Marchena 2026 y las vísperas
El Corpus Christi de Marchena 2026 se celebrará el jueves 4 de junio y llegará con una ampliación importante del...
El mundo como escenario: La obra de Calderón recuperada en vísperas del Corpus
Cuando se acerca el Corpus, la ciudad recupera una vieja intuición barroca: la vida entera cabe en un escenario. Eso...
La Aemet no descarta máximas de 38 grados el fin de semana en Sevilla y la primera noche tropical con casi 20 grados
El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Andalucía, Juan de Dios del Pino, ha pronosticado un aumento...
Un contenedor con 20 toneladas de ayuda humanitaria parte desde Marchena rumbo a Togo y Burkina Faso
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Acupamar pide una actuación urgente en el tramo de muralla entre la Torre del Oro y el torreón del Tiro
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Marchena acogerá el 12 de junio la entrega de premios de la XVII edición de JOVEMPRENDE
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Madre de Dios volvió a ser barrio, música y verbena
La Verbena de Madre de Dios volvió a dejar en Marchena una de esas estampas que no se miden solo...
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