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Historia

Escritores, toreros y poetas en las cortes renacentistas de Sevilla y Marchena

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En la primavera de 1530, las plazas de armas como la Plaza Ducal, entonces llamada la Plaza Nuevas no eran solo campos de entrenamiento, sino escenarios donde se exhibía el valor de la nobleza en justas y torneos. Entre los más celebrados se encontraba Pedro Ponce de León, hermano del Duque de Arcos cuya destreza con la lanza al enfrentarse a toros bravos le granjeó fama y admiración.

Tal fue el impacto de sus gestas, que el mejor poeta renacentista andaluz Juan Quirós le dedicó un poema laudatorio, ejemplo temprano de la fusión entre la épica caballeresca y el humanismo culto. Este texto, conservado gracias a la labor recopiladora del erudito Benito Arias Montano, constituye una de las piezas más singulares de la literatura encomiástica andaluza del siglo XVI.

La Plaza Ducal de Marchena: una historia muy taurina

En la cultura del Renacimiento, un poema de estas características no era un acto trivial. Se trataba de una forma clásica y reconocida de buscar o agradecer el patronazgo, una manera de insertarse en la red clientelar de una casa nobiliaria demostrando el propio talento.

Quirós fue el maestro de poesía de Arias Montano, una de las figuras cumbre del humanismo español, futuro capellán de Felipe II y director de la monumental Biblia Políglota de Amberes. Fue Quirós quien «le aficionó a la poesía divina inspirada en la Biblia, especialmente en los Salmos» y quien le enseñó los fundamentos de la versificación latina.

La orientación poética e ideológica de Juan de Quirós se inscribe plenamente en las corrientes más avanzadas del humanismo cristiano de su tiempo. Su obra y su magisterio se alinean con la devotio moderna, un movimiento de renovación espiritual que abogaba por una religiosidad más interior y afectiva, y que gozaba de favor en los círculos cercanos al emperador Carlos V.

Pedro Ponce de León, el primero y más famoso alanceando toros a caballo en 1530

La trayectoria de Juan de Quirós comienza en el corazón de los dominios de la Casa de Arcos. Nacido hacia 1487 en la villa de Rota (Cádiz), Quirós era, por origen, un vasallo de los Ponce de León. Rota no era una posesión menor; junto con otras villas costeras, formaba parte del núcleo estratégico y económico del estado ducal, y su imponente Castillo de Luna servía como una de las residencias de la familia.

En este contexto, el mecenazgo cultural trascendía el mero gusto estético para convertirse en una calculada estrategia de poder. La Casa de Arcos se encontraba en una constante competencia por la preeminencia con otras grandes casas nobiliarias andaluzas, muy especialmente con la Casa de Medina Sidonia. Cada encargo artístico, cada fundación religiosa y cada humanista contratado era una inversión en prestigio dinástico y una afirmación de su estatus.

El duque Luis Cristóbal, un profundo admirador de la corte de Felipe II, buscaba explícitamente replicar el esplendor artístico de Madrid y Sevilla en sus propios dominios de Marchena. Por lo tanto, su corte no era solo un centro de poder político, sino un «estado en miniatura» con una política cultural propia, diseñada para proyectar una imagen de sofisticación y poder que consolidara su posición en la jerarquía nobiliaria del reino.  

EL TORERO MAS FAMOSO DEL SIGLO XVI: Pedro Ponce de Leon

Pedro Ponce de León, hermano del primer duque de Arcos Luis Cristóbal Ponce de León, fue una de las figuras más notables del siglo XVI sevillano tanto por su linaje como por su extraordinaria destreza como matador de toros. Nacido en Sevilla, donde moriría hacia 1559, su habilidad en la lidia trascendía el mero espectáculo: encarnaba un ideal humanista de templanza, dominio de las pasiones y elegancia serena, opuesto al modelo medieval de fuerza bruta.

El interés por la poesía de Don Pedro explica la educación humanista y las relación de los poemas castellanos y latinos con sus hijos. Luis, fue amigo del divino Herrera, y Gonzalo, lo fue del cardenal César Baronio, de Pedro Vélez de Guevara y del impresor Plantino. Los padres del torero eran Luis Ponce de León, señor de Villagracia, tio del Marquez de Cádiz y: Doña Inés Ponce de León de la misma casa. 

Su hijo Luis se casó con Leonor Alvarez de Toledo, y tuvieron un hijo llamado Pedro Ponce, que se casó con Leonor de Portocarrero y su hijo Gonzalo fue arcediano de la Talavera de la Reina, Toledo. 

Testamento de Pedro Ponce de León que puede leerse aqui. 

Ponce de León no solo fue admirado por su arte, sino también por su actitud: toreaba con una mezcla de modestia, precisión y galantería. Según Luis Zapata de Chaves, era considerado el mejor matador de toros de su siglo, y su fama eclipsó incluso su origen noble, siendo más conocido como “el toreador”. Toreó ante la emperatriz en Ávila en 1531, frente al príncipe Felipe en Medina del Campo, y en presencia del emperador Carlos V entre 1535 y 1539. Ya de vuelta en Sevilla, toreaba en la plaza situada ante su casa familiar en la actual plaza de la Encarnación, que formaba parte del antiguo barrio de los Ponce de León, extendido hasta la plaza de Santa Catalina, que hoy lleva su nombre.

Gracias a documentos preservados en el Archivo Histórico Nacional, en la sección de Nobleza (signatura Osuna, leg. 1700, D.2), conocemos detalles inéditos sobre su legado. En 1551, Pedro Ponce de León y su esposa Catalina de Rivera fundaron un mayorazgo —una institución jurídica que aseguraba la transmisión indivisible de bienes a su hijo Luis. Documnto firmado Sevilla,  donde tenían casas principales en la collación de San Pedro, y donde, según el acta notarial, controlaban pasos de agua y propiedades estratégicas.

El mayorazgo se componía de doce casas grandes y pequeñas, además de dos molinos de pan moler, tierras, donadíos (grandes fincas rústicas), derechos sobre tabonerías en Triana, y fincas en las villas de Mairena, Marchena y Carmona. En Marchena lega a us hijo Luis la huerta de Atoche, Gamarra y Torrijos. 

En las cláusulas del testamento, Pedro Ponce de León establecía cuidadosamente la sucesión: en primer lugar, su hijo primogénito Luis; luego su hermano Gonzalo Martel,  hasta llegar a María Ponce de León, casada con Antonio Vigil de Quiñones, Conde de Luna y de Mayorga, de la Casa de Benavente.

Así toreaba Pedro Ponce de León

Según la crónica ed sus contemporáneos:  Pedro Ponce salía solo a la plaza, montado a caballo, con unas gafas especiales y un criado negro que le portaba la lanza. Vestido con desenfado y la capa suelta, fingía desinterés, como si no viniera a torear, mientras todos los ojos lo seguían. Pasaba delante de las ventanas donde se asomaban su esposa, doña Catalina de Ribera, y otras damas nobles. Entonces se dirigía con calma hacia el toro, alzaba la capa, recibía la lanza de manos del criado y, si el toro no embestía, la devolvía de inmediato sin perder la compostura. Si el toro atacaba, él esperaba sin moverse, le colocaba la lanza en el cuello con tal precisión que le atravesaba el cuerpo y lo dejaba muerto en el acto. Luego retomaba su paseo por la arena, como si no hubiera hecho nada extraordinario. Solo fallaba cuando su padre, el Duque, lo observaba desde el tendido.

Este estilo, marcado por la mesura, la elegancia y el control absoluto, influenció profundamente la evolución de la tauromaquia en Sevilla, que apostó más por la compostura estoica del torero frente al ímpetu del animal, en contraste con otras regiones donde se valoraban más los gestos de bravura o los juegos con el toro.

Su actividad se enmarca en una tradición que tuvo como antecedentes a reyes como Fernando el Católico, y que continuó con figuras como Don Juan de Austria o Felipe IV, todos ellos aficionados a alancear toros en celebraciones cortesanas. El toreo caballeresco, que combinaba entrenamiento ecuestre con exhibición pública, sería desplazado en el siglo XVIII por el toreo a pie, más popular y profesionalizado.

Cómo la plaza Ponce de León se convirtió en las setas de la Encarnación

Pedro Ponce también introdujo técnicas que siguen vivas en el rejoneo moderno, como el quiebro de frente y el uso de un paño para impedir al caballo ver la embestida. Su legado artístico y técnico en la tauromaquia lo convirtió en figura referencial de una lidia más racional, simbólica y estética, valorada incluso por los humanistas de su tiempo. Montano, aunque clérigo, consideró sus hazañas dignas de un poema heroico, entendiendo la lidia como una alegoría del dominio moral sobre la violencia y la pasión.

Arias Montano, el sabio de Fregenal, y su maestro de poesía en Sevilla

El humanista extremeño Benito Arias Montano (1527–1598), figura clave del Siglo de Oro español, reconoció siempre a Juan de Quirós como el gran maestro que marcó su formación poética y moral en Sevilla. En su tratado Rhetorica, escrito hacia 1560, Montano describe a Quirós como “el poeta más ilustre de toda la Bética”, destacando su refinamiento literario, su castidad sacerdotal y su profunda integridad.

Juan de Quirós, natural de Rota y miembro del cabildo del Sagrario de la Catedral de Sevilla, formó parte de un círculo humanista vinculado al Duque de Arcos y ejerció como guía espiritual e intelectual del joven Arias Montano. Según el propio Montano, Quirós no solo le enseñó los fundamentos de la poesía latina, sino que también ocupó en su vida el lugar de un padre.

Entre los textos conservados gracias a Arias Montano se encuentran varios poemas heroicos de Quirós, como el dedicado al regreso triunfal de Pedro de la Gasca tras sofocar la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú, y otro en honor a Pedro Ponce de León, el torero.

La relación entre Montano y Quirós simboliza el traspaso de saberes entre dos generaciones de humanistas andaluces. Mientras Montano se convertiría en editor de la Biblia Políglota de Amberes por encargo de Felipe II, Quirós dejó una huella indeleble en la cultura sevillana de su tiempo, no solo por sus versos, sino por su ejemplo de vida austera y entregada al saber.

«El Mirador de la Duquesa» recuerda el esplendor humanista de Luis Cristóbal Ponce de León

LUIS CRISTOBAL PONCE DE LEON MECENAS RENACENTISTA 

Durante el siglo XVI, la Casa de Arcos se consolidó como uno de los señoríos más potentes de la Monarquía Hispánica, ejerciendo un poder político, jurisdiccional y económico de primer orden en el Reino de Sevilla.

La relación de los Duques de Arcos con la monarquía de los Habsburgo fue una simbiosis de servicio y prestigio. Figuras como Luis Cristóbal Ponce de León (II Duque de Arcos) no solo desempeñaron roles militares cruciales, como la dirección de las tropas que sofocaron la sublevación de los moriscos en la Serranía de Ronda, sino que también ejercieron como diplomáticos en Flandes y Francia. Su estatus en la corte era de máxima confianza, como lo atestigua un grabado de la época en el que aparece sujetando las vestiduras del rey Felipe II, en el entierro ed su padre, Carlos V en Bruselas, una posición de honor reservada a los más íntimos.

La corte de Marchena no solo atrajo a los mejores talentos de la península, sino que también demostró una marcada vocación internacional. Esta apertura se manifestó en la importación de tecnología y arte foráneos. Un ejemplo notable es la instalación de un molino de viento holandés en 1550, traído en barco desde Holanda por un flamenco llamado Pedro Jausel, lo que convirtió a Marchena en una de las pocas localidades de la época con tal innovación.

Ya su antecesor, Rodrigo Ponce de León (I Duque de Arcos), había sido el encargado de recibir a la emperatriz Isabel de Portugal en Sevilla con motivo de su boda con Carlos V en 1526. Esta proximidad a la Corona les confería un inmenso poder, pero también les imponía la obligación de mantener una imagen de magnificencia y esplendor.

La Biblia protestante que tradujeron dos frailes católicos huídos de Sevilla

El ámbito musical es quizás el ejemplo más elocuente del prestigio de la corte marchenera. Entre 1548 y 1553, el duque de Arcos tuvo a su servicio a Cristóbal de Morales, uno de los compositores más importantes de la polifonía renacentista española. El hecho de que Morales, tras haber alcanzado la gloria en las capillas musicales de Roma y Toledo, decidiera servir en Marchena, sitúa a la capilla ducal en el circuito de la élite musical europea.

Miguel Nardino en la Corte de Marchena: Un poeta Dálmata en Andalucía

Lejos de ser un erudito aislado, Nardino participaba activamente en el intercambio de ideas y textos que definía la vida intelectual de la región, y Juan de Quirós era su principal enlace con el círculo humanista de Sevilla

La llegada de Miguel Nardino de Sebenica, ciudad incluída en el ámbito del poder veneciano, a Andalucía en la década de 1520 marca un momento singular en la historia cultural de la región. Identificado como un «humanista dálmata formado en Italia», Nardino entró al servicio directo del I Duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, estableciéndose en la corte de Marchena. Su presencia allí no puede entenderse como un hecho aislado o meramente decorativo. En el competitivo mundo de las cortes renacentistas, donde el prestigio se medía tanto por el poder militar como por la sofisticación cultural, la contratación de un humanista de renombre internacional era una declaración de intenciones.

El modelo del cortesano ideal, popularizado por la obra de Baltasar de Castiglione, exigía a la nobleza un dominio de las armas y de las letras. Al acoger a Nardino, el Duque de Arcos no solo se aseguraba los servicios de un preceptor y un poeta cortesano capaz de celebrar las glorias de su linaje en un pulido latín, sino que importaba directamente a su corte el capital simbólico del humanismo italiano.

La corte renacentista de los Ponce de León: un foco de humanismo en Marchena, Arcos y Rota

Su contratación fue un acto de mecenazgo competitivo, una demostración de que la Casa de Arcos podía atraer talento directamente de la órbita veneciana, uno de los epicentros culturales más importantes de Europa. 

La actividad de Miguel Nardino no quedó confinada a los muros del palacio ducal de Marchena. La evidencia documental demuestra que su reputación trascendió los límites del señorío y se integró en la vibrante red de humanistas de la Baja Andalucía. La prueba más contundente de esta conexión es un epigrama que le dedicó el sevillano Pedro Núñez Delgado (c. 1478-1535), una figura destacada del humanismo local que fue poeta, editor y catedrático.

Luis Cristóbal Ponce de León, Marchena y su papel como embajador en Francia y protector de Flandes

La influencia del círculo humanista de la Casa de Arcos no se limitó a los cenáculos andaluces ni se extinguió con la muerte de sus protagonistas. Fue transportada al corazón de la Europa erudita por su discípulo más aventajado, Benito Arias Montano. Cuando Felipe II le encomendó la dirección de la Biblia Políglota de Amberes, Arias Montano llevó consigo no solo su vasta erudición, sino también los principios poéticos y filológicos que había aprendido en Sevilla de su maestro, Juan de Quirós. Su trabajo en Amberes, en el taller del impresor Cristóbal Plantino, y su extensa red de correspondencia con los principales humanistas del continente, sirvieron para diseminar y amplificar las ideas que habían germinado décadas antes en el entorno de la corte de Marchena.

Los Hermanos Geraldini: Poetas y Cortesanos en Marchena

La corte de Marchena también fue lugar de paso para otros humanistas de renombre internacional: los hermanos Alessandro y Antonio Geraldini. Naturales de Amelia (Italia), estos poetas, diplomáticos y eclesiásticos estuvieron al servicio de los Reyes Católicos y mantuvieron una estrecha relación con las grandes casas nobiliarias andaluzas, incluida la de Arcos. Su dominio de la poesía latina y su experiencia en las cortes europeas aportaron un lustre adicional al círculo cultural de los duques, reforzando la conexión andaluza con el humanismo italiano.

Investigación: Antonio Geraldini. La muerte de un poeta renacentista en la Marchena de 1499

El mecenazgo de los Duques de Arcos fue el catalizador que permitió la creación de un microcosmos humanista de gran calado en la Andalucía del siglo XVI. La confluencia del poder señorial, la llegada de eruditos extranjeros como Miguel Nardino y los hermanos Geraldini, y el talento de figuras locales como Juan de Quirós, generó una sinergia única. Esta red intelectual, que conectaba los señoríos de Rota y Marchena con el vibrante ambiente de Sevilla, no solo fue crucial para la asimilación de las corrientes renacentistas europeas, sino que también sembró la semilla de la que brotarían algunas de las figuras más importantes del humanismo español.

Para SABER MAS 

  • Rodríguez Moñino, Miscelánea: silva de casos curiosos, 1930.

  • Montano, Rhetorica (libros 3 y 4).

  • Luis Zapata de Chaves, Silva de varia lección.

  • Argote de Molina, Discurso sobre la montería.

  • L. de Bañuelos, Libro de la jineta, 1605.

  • Archivo Histórico de Sevilla, documentos sobre el barrio Ponce de León.

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Historia

Diego Núñez de Prado: el caballero, alcalde y alcaide que fundó San Francisco de Marchena

Documentos de PARES y la Chancillería permiten reconstruir la vida de Diego Núñez de Prado: caballero armado por Fernando el Católico, alcaide del castillo, alcalde de Marchena y fundador con Juana Blázquez del convento de San Francisco en 1530.

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Portada de la capilla de la Vera Cruz de Marchena, resto del antiguo convento de San Francisco fundado por Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez

Diego Núñez de Prado fue mucho más que el hombre que cedió sus casas para levantar el convento de San Francisco de Marchena. La documentación conservada en PARES, la Real Chancillería de Granada y los estudios sobre el franciscanismo marchenero permiten reconstruir el perfil de un personaje situado en el centro del poder local durante las primeras décadas del siglo XVI: militar, alcaide de la fortaleza, alcalde de Marchena, caballero armado por Fernando el Católico y, junto a su esposa Juana Blázquez, fundador hacia 1530 del convento del que hoy sobrevive la capilla de la Vera Cruz.

Un hombre del poder ducal y del gobierno de Marchena

Uno de los documentos más claros se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza y puede consultarse a través de PARES. El 1 de agosto de 1530, Diego Núñez de Prado aparece expresamente como alcaide de la fortaleza de Marchena prestando pleito homenaje a Luis Cristóbal Ponce de León, II duque de Arcos. El documento forma parte del proceso de sucesión señorial tras la muerte de Rodrigo Ponce de León Cabrera, I duque de Arcos.

La ficha de PARES describe el original como «testimonio de la toma de posesión y pleito homenaje que hizo Diego Núñez de Prado, alcaide de la fortaleza de Marchena, a favor del II duque de Arcos». La signatura es OSUNA,C.170,D.55-57. Consulta del documento en PARES.

Otro documento del mismo fondo muestra a Diego entregando el castillo y fortaleza de Marchena a Juan de Saavedra, señor de Castellar y El Viso, que actuaba como tutor y gobernador de la persona y bienes del joven duque. La signatura es OSUNA,C.170,D.66-67. Consulta en PARES.

Esto sitúa a Núñez de Prado en una posición excepcional: era el hombre responsable de la principal fortaleza de la capital del Estado de Arcos y participaba directamente en los rituales jurídicos mediante los cuales se transmitía el poder señorial.

Las Ordenanzas de Marchena y su cargo municipal

Diego Núñez de Prado aparece asimismo rubricando las Ordenanzas municipales de Marchena, cuerpo normativo que regulaba desde los montes, dehesas y ganados hasta actividades artesanales y comerciales. En artículos anteriores de Marchena Secreta se había manejado la fecha de 1525, mientras que la edición académica de Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández las publica como Ordenanzas de la villa de Marchena (1528).

La firma de Núñez de Prado demuestra su participación en el gobierno de la villa. Lo que puede afirmarse documentalmente con seguridad es que pocos años después, en 1535, aparece ya identificado como alcalde de Marchena. Por prudencia, hasta comprobar la fórmula exacta del manuscrito de las ordenanzas, no debe darse por seguro que ejerciera ya ese mismo cargo concreto cuando las rubricó, aunque su intervención evidencia que pertenecía al núcleo dirigente del concejo.

La edición moderna de las ordenanzas fue realizada por Mercedes Borrero Fernández y Manuel García Fernández y publicada por la Diputación de Sevilla. Ficha de la edición.

1535: los vecinos llevan al alcalde ante la Chancillería

La imagen de benefactor religioso convive con otra mucho más áspera: la del hombre que ejercía el poder cotidiano. El 29 de octubre de 1535, numerosos vecinos de Marchena pleitearon contra Diego Núñez de Prado y contra Juan Romero ante la Real Chancillería de Granada. La documentación manejada por Marchena Secreta identifica a Núñez de Prado como alcalde de Marchena y capitán o alcaide del castillo, mientras que Juan Romero aparece como alcalde de la Justicia.

Entre las quejas figura la utilización o requisa de caballos de vecinos para servicios relacionados con las necesidades del poder señorial y militar. La paradoja es significativa: quien había intervenido en la normativa municipal era acusado pocos años después por sus propios vecinos de excederse en el ejercicio de su autoridad.

Marchena Secreta: el pleito de 1535 y los caballos de Marchena.

Fernando el Católico lo armó caballero en Lanjarón

Una referencia procedente de un pleito de hidalguía de la Real Chancillería de Granada permite retroceder hasta su etapa militar. En un proceso de 1573 se recordaba que el rey Fernando el Católico había armado caballeros en Lanjarón a varios vecinos de Marchena, entre ellos «el alcayde Diego Núñez de Prado» y Martín de Alcalá.

La referencia archivística es Archivo de la Real Chancillería de Granada, Hidalguía, caja 4959, pieza 16, citada en un estudio publicado en el Anuario de Historia del Derecho Español. Consultar el estudio y la referencia documental.

Este testimonio es especialmente importante porque enlaza a Diego Núñez de Prado con las campañas granadinas y confirma que su condición militar no fue una reconstrucción tardía: fue reconocido como caballero armado por el propio monarca.

De las campañas de Granada al mando de la fortaleza

La tradición historiográfica local lo presenta además como caudillo y capitán de la gente de Marchena y del Estado de Arcos, vinculado a las campañas de Rodrigo Ponce de León durante la guerra de Granada y posteriormente a las operaciones de 1500 frente a las sublevaciones mudéjares. Esa tradición resulta coherente con el testimonio de Lanjarón y con su posterior cargo de alcaide, aunque cada episodio concreto debe seguir contrastándose con documentación primaria.

Marchena Secreta ya había recogido ese perfil militar al tratar la historia de los Ponce de León. Artículo de archivo.

1530: Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez fundan San Francisco

Hacia 1530, Diego Núñez de Prado y su esposa Juana Blázquez dispusieron conjuntamente la fundación del convento de San Francisco. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez explica que el matrimonio estableció mediante un acuerdo testamentario de mancomún que el superviviente de ambos debía hacer un convento para los religiosos franciscanos.

Para la fundación, Núñez de Prado destinó sus propias casas. Sobre aquel espacio se levantaron después la capilla mayor, la capilla del Sagrario, la sacristía y el claustro pequeño. La donación comportaba también para el fundador y sus familiares el derecho a una bóveda de enterramiento en la capilla mayor.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico confirma que la actual capilla de la Vera Cruz perteneció al extinguido convento de San Francisco y fecha su fundación en 1530 por Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez. Ficha del IAPH.

La Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría recoge igualmente la fundación «en torno a 1530» por Diego Núñez de Prado y su esposa. Estudio sobre las fundaciones religiosas de la villa ducal.

Un matrimonio vinculado a la espiritualidad franciscana

Las fuentes locales y cofrades identifican a Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez como terciarios franciscanos. La fundación, por tanto, no debe verse únicamente como una demostración de riqueza o prestigio. El matrimonio estaba vinculado a la espiritualidad de San Francisco y convirtió una parte esencial de su propio patrimonio doméstico en espacio conventual.

Por eso resulta más exacto hablar de los fundadores Diego Núñez de Prado y Juana Blázquez, y no únicamente de Diego.

1533: la Vera Cruz nace junto al nuevo convento

La nueva casa franciscana se convirtió muy pronto en un foco de religiosidad penitencial. La Hermandad de la Vera Cruz sitúa sus reglas primitivas en el 7 de febrero de 1533. Francisco Rodríguez Santos figura como fundador de la cofradía, establecida en una capilla propia junto a la iglesia conventual. La tradición marchenera señala que la creación de la hermandad se produjo a instancia de Diego Núñez de Prado.

Historia de la Vera Cruz de Marchena.

Aquel convento ocupó buena parte de la manzana donde hoy se encuentran dependencias públicas. Tras las transformaciones y desaparición de las dependencias conventuales, la capilla de la Vera Cruz quedó como el principal testimonio arquitectónico del conjunto fundado en el siglo XVI.

Un personaje entre la espada, el concejo y el convento

Los documentos permiten así recuperar a un Diego Núñez de Prado mucho más complejo que el simple nombre asociado a una fundación.

Lo encontramos como militar de las campañas granadinas y caballero armado por Fernando el Católico; como alcaide de la fortaleza de Marchena, encargado de una pieza esencial del poder de los Ponce de León; como participante en el gobierno municipal y rubricante de las ordenanzas de la villa; como alcalde de Marchena documentado en 1535; como autoridad cuestionada por vecinos que acudieron contra él a la Chancillería; y, finalmente, como hombre profundamente ligado al franciscanismo que junto a Juana Blázquez transformó sus casas en un convento.

Su biografía resume buena parte de la Marchena de comienzos del siglo XVI: una villa señorial gobernada bajo la autoridad de los Ponce de León, todavía marcada por la guerra de Granada, dotándose de nuevas normas municipales y viviendo al mismo tiempo una intensa expansión conventual y cofrade.

Queda todavía una línea de investigación abierta: localizar y leer íntegramente todos los documentos del fondo Osuna que mencionan a Diego Núñez de Prado, así como el pleito completo de 1535 y el manuscrito original de las ordenanzas, para precisar la cronología exacta de sus cargos municipales y militares.

Fuentes consultadas

Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.55-57. Toma de posesión de los oficios de Marchena y pleito homenaje de Diego Núñez de Prado como alcaide de la fortaleza, 27 de julio-1 de agosto de 1530.

Archivo Histórico de la Nobleza / PARES. OSUNA,C.170,D.66-67. Toma de posesión del castillo y fortaleza de Marchena por Juan de Saavedra, entregados por Diego Núñez de Prado.

Archivo de la Real Chancillería de Granada. Hidalguía, caja 4959, pieza 16. Referencia a la caballería otorgada por Fernando el Católico a Diego Núñez de Prado en Lanjarón, citada en el Anuario de Historia del Derecho Español.

Borrero Fernández, Mercedes; García Fernández, Manuel. Las Ordenanzas de la villa de Marchena (1528), Diputación de Sevilla.

Ramos Suárez, Manuel Antonio. Estudios sobre la dispersión del patrimonio mueble y la fundación del convento de San Francisco de Marchena.

Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Ficha patrimonial de la Capilla de la Vera Cruz de Marchena.

Marchena Secreta. Archivo propio sobre Diego Núñez de Prado, las ordenanzas, el pleito de 1535, los Ponce de León y el franciscanismo en Marchena.

Imagen de portada: capilla de la Vera Cruz de Marchena, antiguo convento de San Francisco. Archivo gráfico del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).

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Historia

El cancel de Santo Domingo, un libro de símbolos: Inquisición, martirio y la memoria de los dominicos en Marchena

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A simple vista es una magnífica obra de carpintería del siglo XVIII. Pero basta detenerse ante el cancel de Santo Domingo de Marchena para descubrir que la madera está contando una historia. Entre sus relieves aparecen símbolos dominicos, referencias al Santo Oficio y emblemas vinculados a San Pedro Mártir. No son adornos casuales: forman parte de un lenguaje visual que cualquier fiel del siglo XVIII habría sabido interpretar mucho mejor que nosotros.

El actual templo de Santo Domingo tiene en realidad como advocación histórica la de San Pedro Mártir de Verona. Formó parte del convento dominico fundado en Marchena en 1517 por Rodrigo Ponce de León, señor de la villa y duque de Arcos y el gran cancel de madera de la entrada principal es de 1757, más de dos siglos después de la llegada de los dominicos. 

La fundación dominica de Marchena tiene sus orígenes documentales en 1517. Posteriormente Rodrigo Ponce de León impulsó su traslado y dotación en 1520. Los estudios sobre el edificio conventual sitúan precisamente en esas décadas el nacimiento del gran convento de San Pedro Mártir, conocido popularmente como Santo Domingo.

El perro con la antorcha: los «perros del Señor»

Uno de los símbolos más reconocibles es el perro que aparece con una antorcha encendida en la boca y junto a un globo. Su significado conduce directamente a Santo Domingo de Guzmán.

La tradición dominica cuenta que su madre, Juana de Aza, habría soñado antes del nacimiento de Domingo con un perro que llevaba una antorcha y prendía fuego al mundo. La imagen terminó interpretándose como una alegoría de la predicación: la palabra extendiendo la luz de la fe.

De aquella iconografía surgió además el célebre juego de palabras latino entre Dominicani y Domini canes, los «perros del Señor». No constituye la etimología de la palabra dominico, pero sí fue aprovechado durante siglos como potente imagen de la misión de la Orden de Predicadores.

Por eso el perro de Santo Domingo no está ahí como un animal doméstico. Es un predicador convertido en símbolo: vigilante, fiel y portador de una llama destinada a recorrer el mundo.

La palma atravesada por tres coronas: la clave está en San Pedro Mártir

Otro de los elementos más interesantes es una palma sobre la que aparecen tres coronas. Aquí cambia el protagonista.

No pertenece propiamente a Santo Domingo de Guzmán, sino a San Pedro de Verona, San Pedro Mártir, el dominico al que está consagrada históricamente la iglesia marchenera. La iconografía de San Pedro Mártir es especialmente reconocible.

El religioso dominico, nacido en Verona hacia comienzos del siglo XIII, murió asesinado en 1252. El arte cristiano lo representó habitualmente con los instrumentos de su muerte —un arma clavada en la cabeza y un puñal o espada— y con la palma de los mártires.  Pero en determinadas representaciones dominicas la palma aparece acompañada por tres coronas. No son tres coronas reales. Son tres recompensas simbólicas vinculándolas a esos tres aspectos de su vida religiosa.

¿Y qué tiene que ver San Pedro Mártir con la Inquisición?

San Pedro de Verona fue dominico y ejerció funciones inquisitoriales en el siglo XIII. Su asesinato permitió que la Orden lo convirtiera en una de las grandes imágenes de la defensa de la ortodoxia. El episodio de su martirio formó parte también del programa artístico de la propia iglesia de Marchena: entre las pinturas que decoraban el presbiterio se encontraba la escena de su muerte.

El escudo de la Inquisición: cruz, espada y rama de olivo

En el cancel de Santo Domingo se conserva también un emblema relacionado con el Santo Oficio de la Inquisición, una presencia ya identificada anteriormente en estudios y fotografías del patrimonio marchenero.  El emblema inquisitorial tradicional reúne tres elementos fundamentales: la cruz, una espada y una rama de olivo. La espada representa la justicia y el castigo. La rama de olivo simboliza la misericordia. Y la cruz ocupa el centro como referencia a la defensa de la fe católica.

 Desde la Edad Media hubo numerosos miembros de la Orden vinculados a tribunales inquisitoriales, aunque conviene evitar una simplificación: la Inquisición española no era simplemente una institución de los dominicos, sino un aparato mucho más amplio dependiente de la Monarquía y organizado mediante tribunales, inquisidores, funcionarios y colaboradores de diversa procedencia.

Cuando encontramos el listado de judeoconversos de Marchena reconciliados por la Inquisición hacia 1495-1496, el convento de Santo Domingo tal como lo conocemos todavía no existía. La primera fundación dominica de San Pedro Mártir procede de 1517 y el traslado y nueva dotación impulsados por Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos, se formalizaron en torno a 1520. La documentación histórica sobre los dominicos de Marchena confirma esas fechas.

La lista permite poner nombres y oficios a aquella comunidad conversa.

Aparecen Ruí García, criado del marqués de Cádiz; Pedro López de Pliego, escribano; Gonzalo Delgadillo; Juan de Torres; Juan de Ávila, corredor; Gonzalo de Carmona, sastre y jubetero; Fernando de Sanlúcar, también sastre y jubetero; el antiguo alcalde de Carmona Álvaro de Jerez; Rodrigo de Mayorga; Rodrigo de Marchena; el alcalde Juan Escribano; o Rodrigo de Écija, sastre y trapero, entre otros.

En Marchena, según la documentación y las investigaciones recopiladas por Marchena Secreta, Santo Domingo terminó convirtiéndose en el principal escenario local de las proclamaciones relacionadas con el Santo Oficio. Allí se leían públicamente los edictos inquisitoriales desde 1530.

Por los edictos de fe y edictos de gracia y a través de de los familiares de la Inquisición, las autoridades inquisitoriales enumeraban públicamente comportamientos sospechosos y los fieles quedaban obligados a informar sobre quienes los practicaran. El procedimiento aparece descrito también por fuentes archivísticas del Ministerio de Cultura: los edictos se proclamaban públicamente durante la misa dominical y la obligación de denunciar podía quedar respaldada por amenaza de excomunión.

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Actualidad

Montemolín, la huella de Marchena en Territorio Tartessos: toros pintados, edificios y ritos junto al Corbones

La guía provincial Territorio Tartessos invita a volver a Montemolín: las excavaciones de Marchena documentaron cerámicas figurativas, edificios singulares y prácticas de sacrificio animal.

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La presentación de «Territorio Tartessos» recupera el interés por Montemolín, el yacimiento marchenero cuyas excavaciones documentaron edificios singulares, cerámicas figurativas y prácticas vinculadas al sacrificio de animales.

En la superficie del vaso todavía caminan los toros. Las grietas y las lagunas de la cerámica dejan ver el trabajo de reconstrucción de una pieza que permite acercarse a una Marchena anterior a sus murallas medievales. Procede de Montemolín y forma parte de los fondos del Museo Arqueológico de Sevilla. Su historia ayuda a entender por qué el término marchenero tiene un lugar en el recorrido provincial por el mundo tartésico.

La Diputación de Sevilla, a través de Prodetur-Turismo de la Provincia, ha presentado «Territorio Tartessos. Guía del Patrimonio del Lacus Ligustinus en la Provincia de Sevilla», una publicación que reúne veinte municipios vinculados a aquella época. La presentación se enmarca en la III Semana de la Cultura Tartésica de Camas: el programa oficial situaba el acto el miércoles 30 de septiembre, a las 18.30 horas, en el Centro de Interpretación del Yacimiento y Tesoro de El Carambolo. Las actividades de esta semana cultural continúan hasta el 3 de octubre.

Vaso de los toros procedente de Montemolín, con decoración animalística y zonas restauradas
Vaso de los toros de Montemolín. Imagen de archivo publicada por Marchena Secreta en 2024; no corresponde al acto de presentación de la guía.

Para comprender la aportación local hay que mirar hacia los cerros de Montemolín y Vico y la vega del Corbones. El informe de excavación de 1985 describe un emplazamiento situado en el triángulo de Marchena, Osuna y Carmona. Allí, Francisca Chaves Tristán y María Luisa de la Bandera Romero iniciaron los sondeos en 1980. La campaña de 1981 alcanzó el terreno natural a cuatro metros de profundidad; desde 1983, la investigación amplió la superficie excavada para conocer la disposición de los edificios.

El valor de aquella secuencia está en que permite seguir transformaciones a lo largo del tiempo. El estudio publicado en 1993 reconstruye la evolución de las construcciones y de la vajilla desde el Bronce Final hasta el período Orientalizante. Bajo esa denominación se estudian los cambios asociados a los contactos con el Mediterráneo oriental. Montemolín permite observarlos en las formas de construir y en los objetos utilizados por sus habitantes.

Entre los hallazgos destacan grandes recipientes pintados con toros y grifos, acompañados de motivos vegetales, como flores de loto. La memoria de 1985 describe un ejemplar de 75 centímetros de altura. También recoge un fragmento de peine de marfil y una estela decorada encontrada fuera de la excavación, aunque en los mismos cerros: una diferencia de procedencia que conviene conservar al contar su historia.

Los edificios aportaron otra pieza fundamental. En el trabajo «El complejo sacrificial de Montemolín», publicado en 2000, Chaves, Bandera, Eduardo Ferrer y Eloísa Bernáldez analizaron cuatro construcciones sucesivas de los siglos VII y primera mitad del VI antes de Cristo. Sus dimensiones, sus técnicas y la organización de los espacios apuntaban a funciones singulares. Aparecieron basamentos de piedra, alzados de adobe, pavimentos elaborados y zócalos pintados de rojo.

En el edificio D, los restos óseos y la distribución de la vajilla sustentaron una interpretación especialmente sugerente: allí se habrían sacrificado, despiezado y repartido animales domésticos. Los investigadores estudiaron depósitos con restos de bovinos, cerdos y ovejas o cabras, así como pautas semejantes de manipulación. Propusieron una actividad en la que se entrelazaban economía y ritual. Esa lectura debe presentarse como interpretación científica del conjunto, sin convertir cada estancia en un templo indiscutible ni asignarle una divinidad que los hallazgos no identifiquen.

El vaso de los toros permite llevar esa historia hasta el museo. El Cuaderno del Profesorado del Museo Arqueológico de Sevilla destaca el gran recipiente de Montemolín y lo relaciona con las cerámicas de la Casa del Saltillo de Carmona. La documentación museística confirma esa presencia en Sevilla; no permite extenderla, sin identificar otras piezas y sus inventarios, a los principales museos de España.

La nueva propuesta turística ofrece una ocasión para devolver estos hallazgos al relato cotidiano de Marchena. Conocer Montemolín significa comprender que la historia local también se escribió junto al Corbones, en los edificios, los recipientes y los restos que la excavación permitió interpretar. La difusión de ese patrimonio empieza por explicar qué se encontró y por qué cambió nuestra manera de mirar la campiña.

Fuentes y más información. Programa oficial de la III Semana de la Cultura Tartésica, de Turismo de la Provincia de Sevilla; ficha oficial de la guía Territorio Tartessos; Chaves Tristán y Bandera Romero, Excavación en el yacimiento arqueológico de Montemolín, 1985, Anuario Arqueológico de Andalucía; Bandera y otros, Montemolín. Evolución del asentamiento durante el Bronce Final y el período Orientalizante, 1993; Chaves, Bandera, Ferrer y Bernáldez, El complejo sacrificial de Montemolín, 2000, disponible en el IAPH; y Cuaderno del Profesorado del Museo Arqueológico de Sevilla, página 29. La ficha de Marchena en la guía no ha podido consultarse durante la elaboración de este artículo por errores de acceso al portal oficial.

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Historia

Cuando los hombres de Marchena iban a las guerras del imperio español

En abril de 1646, Marchena sorteó entre sus vecinos a setenta hombres para las milicias del Estado de Arcos. Los documentos permiten reconstruir cómo una guerra lejana terminó entrando en las calles y casas de la villa.

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Recreación histórica de milicias del siglo XVII en Marchena

En abril de 1646, Marchena tuvo que señalar a setenta de sus vecinos para incorporarlos a las milicias. Sus nombres fueron escritos junto a las calles donde vivían, introducidos en una cántara y extraídos uno a uno. Detrás de aquel sorteo había una Monarquía en guerra y decenas de familias marcheneras que podían ver marchar a uno de los suyos.

El 15 de abril de 1646 no era un día cualquiera en Marchena. La villa tenía que responder a una exigencia militar que llegaba desde la corte y se canalizaba a través del duque de Arcos. Había que seleccionar hombres para el servicio de las armas.

Primero se elaboró un padrón con 351 vecinos considerados aptos para servir. Después, reunida la villa en cabildo abierto, sus nombres, junto a las calles donde residían, fueron escritos en papeles y depositados en una cántara. De allí fueron extrayéndose hasta completar setenta hombres, aproximadamente uno de cada cinco de los considerados hábiles para el servicio militar.

Una guerra que terminaba entrando en cada casa

La movilización de 1646 no apareció de repente. Marchena llevaba años viviendo pendiente de posibles llamamientos. En 1639, la villa quedó prevenida ante el temor de una intervención francesa en el Estrecho. En 1642 recibió la orden de disponer 90 infantes para poder desplazarlos hacia Cádiz y, en 1644, tras la batalla de Montijo, tuvo que preparar cincuenta hombres dentro de una nueva movilización hacia la frontera portuguesa.

Portugal se había separado de la Monarquía Hispánica en 1640 y la frontera extremeña se había convertido en un frente de guerra. La Corona necesitaba hombres y los grandes señores, entre ellos el duque de Arcos, debían contribuir a reunirlos en sus estados.

Así se explica el sorteo celebrado en Marchena. No se estaba improvisando un ejército aquel día. Se estaba dejando preparado, de antemano, quién tendría que responder cuando llegara la siguiente orden.

Setenta nombres, setenta casas

La escena resulta especialmente poderosa porque permite devolver dimensión humana a una operación militar que, sobre el papel, podría parecer una simple cifra. Cada papeleta que salía de la cántara correspondía a un vecino concreto, a una calle, a una familia y a una economía doméstica que podía verse alterada por la movilización.

Los hombres elegidos no eran enviados necesariamente de inmediato al frente, pero quedaban incorporados al sistema de milicias y sujetos a la obligación de acudir cuando fueran requeridos. Podían ser destinados a la defensa de la costa andaluza o a los frentes de Extremadura.

Tres compañías para una villa preparada

La organización no terminaba con la elección de los setenta hombres. Las instrucciones de 1646 contemplaban también completar los mandos de las compañías locales mediante el nombramiento de tres capitanes, tres alféreces y tres sargentos.

La misma reorganización se extendió a otras localidades del Estado de Arcos, entre ellas Paradas, Pruna, Zahara, Ubrique, Grazalema y Villaluenga. El responsable de transmitir y ordenar buena parte de aquellas operaciones fue Francisco Gallegos de Andrade, sargento mayor del Estado de Arcos, dentro de la estructura militar y señorial del IV duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León.

Cuando los documentos permiten recuperar a las personas

El expediente conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza resulta especialmente valioso porque no se limita a registrar una orden general. La descripción archivística señala la existencia de listados de soldados reclutados en cada villa, además de la correspondencia e instrucciones relacionadas con la movilización.

Fuentes

Archivo Histórico de la Nobleza, Fondo Osuna. OSUNA,C.1618,D.59-95, Documentación relativa al reclutamiento de milicias en el estado de Arcos en 1646. Portal de Archivos Españoles (PARES): ficha del expediente.

Antonio José Rodríguez Hernández. Guerra, recursos y hombres. La villa de Marchena y la pervivencia de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVII, en las Actas de las XV Jornadas sobre Historia de Marchena, disponibles en la Biblioteca Pública Municipal de Marchena.

Ilustración: recreación histórica de las milicias del siglo XVII en Marchena, realizada a partir de una fotografía actual de la localidad.

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Historia

Francisca de Mesa, y otras mujeres pioneras que viajaron de Marchena a América

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Hasta hace poco se desconocían los nombres de muchas mujeres que acompañaron a los primeros viajeros españoles en América, entre ellas, las 30 españolas que acompañaron a Colón en su tercer viaje. Ahora sabemos que en el XVI, alrededor de 10.000 mujeres pasaron a América junto a 40.000 hombres.
La marchenera Francisca de Mesa, hija del también marchenero Francisco de Mesa aparece entre las primeras mujeres que pasaron a Nueva España, México. Francisco de Mesa aparece como gobernador de la ciudad de Iguala, por encargo de Hernán Cortés. 
En el catálogo de pasajeros a Indias, volumen correspondiente a 1567-1577 figuran algunos naturales de Marchena.
Entre las mujeres que viajaron solas estaban Juana de Escobar, natural  de Marchena que viajó a Cuba, Isabel de Cárdenas natural de Marchena, soltera, que viajo a Mexico en compañí a de Diego Rodríguez y su mujer. Bárvola de Saze, natural de Marchena , soltera, que fue a Tierra Firme y Bárbola de Cartagena, natural de Marchena, soltera , hija del licenciado Ramírez de Cartagena que viajó al Perú con su padre. Hernan Ramirez de Cartagena de Marchena, soltero , hijo de Luis Ramírez y María de Paz, fue al Perú , con el licenciado Ramírez de Cartagena.

La aportación de un vecino de Marchena a la conquista de México: el artillero Francisco de Mesa

La mayoria de las mujeres iba con sus maridos como Pedro Hernandez, que iba con su mujer Juana Hernández, y sus hijos Gonzalo , Inés, Juan y Juana , viajando a Santo Domingo. Bartolome Sánchez Sevillano iba con su mujer Francisca Ruiz, natural de Marchena que van a Nueva España.
 Diego Sanchez natural de Marchena que iba con su mujer Elvira Suárez y su hija Elvira, y fueron a Nueva España.  Martin de Cea natural de Marchena, fue con su mujer Leonor López, a San Juan de Puerto Rico.  Alonso de Cea, natural de Marchena  fue con su mujer Marí López y sus hijos Juan , Diego y Pedro a San Jua n de Puerto Rico.
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Entre las sevillanas mas prominentes de este periodo estaba Mencía Calderón, que al frente de 50 mujeres, atravesó 1.600 kilómetros, María Escobar que introdujo el trigo en América, Isabel Barreto, única mujer almirante de la Armada, María de Toledo primera mujer Virreina de las Indias, Inés Suárez que acompañó a Pedro de Valdivia en la conquista de Chile, María de Estrada que participó en la expedición de Hernán Cortés, Catalina de Erauso monja y soldado de infantería en Perú y Chile, o Beatriz de la Cueva gobernadora de Guatemala.

La odisea de Francisco de Mesa: entró al cráter de un volcán en erupción para coger azufre

«Francisca de Mesa, natural de la villa de Marchena hija legítima de Francisco de Mesa y de Inés de Herrera, natural de las montañas. Su padre fue uno de los descubridores y conquistadores de esta nueva España y Ciudad de México y entró en el volcán y sacó azufre para la pólvora que fue de mucha ayuda para la conquista.  Su abuelo sirvió en la guerra de Granada y Melilla y otras partes y después fue conquistador de las Islas. Es mujer de Jerónimo flores y tiene dos hijos legítimos de otro primer marido. Tuvo seis hermanos, todos mestizos. Pasó a Nueva España hace 20 años con su primer marido y dieron en la costa de Guazacualco y perdieron cuanto traían y nombra a personas que dicen que lo saben». (Españolas de Ultramar en la historia y en la literatura. Escrito por Juan Francisco Maura).
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El marchenero Francisco de Mesa recibió de Cortés la encomienda de la ciudad de Iguala, tal y como confirma otro marchenero Pedro Núñez, que aparece como testigo de sus actos, según se recoge en la obra «Los testigos hablan: la conquista de Colima y sus informantes» escrito por Margarita Nettel Ross de la Universidad de Colima. 
«Este testigo es natural de la villa de Marchena de dónde es natural el dicho Francisco de Mesa y la dicha Inés de Herrera, su mujer y que en la dicha villa de Marchena le vio hacer vida maridable y los vió tener en su casa por su hija legítima a la dicha Francisca de Mesa llamándola hija y ella a ellos padres y que por tal hija de los susodichos era a vista y tenida en la villa de Marchena».

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Historia

La tablilla de los excomulgados: una deuda convertida en vergüenza pública

Un documento de 1713 revela cómo la llamada tablilla de excomulgados convertía una disputa económica en una exposición pública capaz de afectar al honor y la vida cotidiana.

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Un documento de 1713 relacionado con la administración de los duques de Arcos permite asomarnos a una práctica hoy casi olvidada: la exposición pública de los nombres de quienes habían sido declarados excomulgados. La llamada “tablilla de excomulgados” convertía una sanción religiosa en un castigo también social, visible ante toda la comunidad.

La referencia aparece en la correspondencia de administración de bienes mantenida por Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, con su contador Domingo de Herdocia, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza y accesible a través de PARES. Lo más interesante de la documentación es que la excomunión no aparece únicamente vinculada a herejías o cuestiones doctrinales. Durante la Edad Media y la Edad Moderna podía funcionar también como una potentísima medida coercitiva para conseguir que alguien pagase una deuda, devolviese bienes, entregase documentos, abonase diezmos u obedeciese una orden eclesiástica. Los archivos estatales conservan numerosos ejemplos

Juan de Palma y una deuda discutida

Entre esas cartas aparece el caso de Juan de Palma, vecino de Zahara y Algodonales. Desde la administración ducal se le reclamaba una cantidad relacionada con un arrendamiento compartido con otros vecinos. Juan de Palma sostenía, sin embargo, que había satisfecho lo que le correspondía y que la cantidad pendiente debía reclamarse al verdadero deudor.

Su petición iba más allá de una simple cuestión contable. El documento resume expresamente que solicitaba que “se suprima su nombre de la tablilla de excomulgados”. También por deudas económicas se podía excomulgar a una persona.  Figurar públicamente como excomulgado suponía quedar señalado ante los vecinos y ante la comunidad religiosa. 

Una sanción religiosa convertida en exposición pública

La publicidad de una excomunión podía afectar al honor, a las relaciones personales y a la propia posición de quien aparecía señalado.

Matar candelas y velar cruces de negro: maldiciones y excomuniones en la iglesia

La documentación conservada muestra que estas medidas podían estar ligadas también a conflictos económicos, deudas y disputas administrativas.  Existían incluso ceremonias públicas asociadas a la excomunión. La documentación histórica recoge prácticas como el toque de campanas, la lectura pública de advertencias, las cruces cubiertas de luto o el conocido rito de “matar candelas”, o apagado de velas en el áster del bautismo, fórmulas destinadas a hacer visible ante la comunidad la gravedad de la sanción, simbolizando el fin de la luz de Jesús para el alma del excomulgado.

“Privado de mis dineros y oficios”

El caso de Juan de Palma resulta especialmente expresivo porque el propio afectado describe las consecuencias que estaba sufriendo. En la documentación se presenta como un hombre pobre que dependía de su trabajo para mantener a su familia y explica que la situación le impedía desarrollar con normalidad su vida y sus obligaciones.

Su petición al duque pretende, por tanto, dos cosas: aclarar quién era realmente responsable de la deuda y conseguir que su nombre dejara de figurar entre los excomulgados.

Ese detalle aparentemente menor abre una ventana a la vida cotidiana de comienzos del siglo XVIII. Detrás de los grandes títulos nobiliarios, las rentas y los administradores aparecen personas corrientes intentando defender su honra y sus medios de subsistencia frente a una maquinaria administrativa, señorial y religiosa que podía convertir una disputa económica en una condena pública.

La tablilla como instrumento de presión

La existencia de estas tablillas muestra cómo la excomunión podía adquirir una dimensión pública que reforzaba enormemente su eficacia. El castigo no terminaba en la esfera espiritual: la exposición del nombre ante la comunidad podía convertirse en una forma de presión para forzar pagos, devoluciones o el cumplimiento de determinadas obligaciones.

Otros documentos del siglo XVIII conservados en el mismo ámbito señorial permiten observar mecanismos semejantes. Las amenazas de excomunión aparecen relacionadas con desaparición de documentos, disputas patrimoniales o conflictos entre autoridades civiles y eclesiásticas.

La documentación conservada en PARES demuestra que, durante la Edad Media y la Edad Moderna, una persona podía ser excomulgada no solo por herejía, sacrilegio o desobediencia religiosa, sino también por motivos muy ligados a la vida económica y social: impago de diezmos, deudas y rentas, apropiación o usurpación de bienes y tierras, ocultación de documentos o joyas, incumplimiento de órdenes eclesiásticas e incluso determinados comportamientos sexuales como el amancebamiento.

Otros casos similares 

  • Morón de la Frontera, 1740 — desaparición de documentos. Una carta paulina vinculada al concurso de acreedores del Estado de Osuna se emitió después de desaparecer documentos relativos al pleito entre la duquesa de Osuna y Morón por la dehesa de la Algaida de Cote, el bosque y la breña de San Pablo. La excomunión servía aquí como instrumento para conseguir que aparecieran documentos ocultados o sustraídos. PARES
    Consultar los documentos de excomunión del Fondo Osuna en PARES
  • Osuna, 1728 — conflicto entre autoridad eclesiástica y autoridad civil. El vicario Cristóbal Ubaldo Fernández de Córdoba intentó prender al capellán Cristóbal Francisco de Ojeda, que había sido excomulgado. Cuando el corregidor Francisco Ortiz Moreno se opuso a la actuación, el propio corregidor terminó siendo excomulgado por el vicario. El asunto provocó un alboroto público.

Fuentes

Archivo Histórico de la Nobleza. Fondo Osuna. Correspondencia sobre administración de bienes mantenida entre Joaquín Ponce de León Lancáster, VII duque de Arcos, y el contador Domingo de Herdocia. Enero-marzo de 1713. Documento D.97. PARES: ficha documental.

Marchena Secreta: “Matar candelas y velar cruces de negro: maldiciones y excomuniones en la iglesia”.

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