Historia
Cuando expulsaron a los Jesuitas de Marchena como si fueran delincuentes
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5 años agoon
A las cinco de la madrugada del 3 de Abril de 1767 un escuadrón de caballería con tropa, el Asistente (hoy Alcalde) José Monseur y el Alguacil Mayor llegan por la calle Carreras al colegio de San Jerónimo de la Plaza de San Andrés.
Tras permanecer incomunicados salieron para Jerez de la Frontera y de allí al Puerto de Santa María, con otros 700 frailes, todos, expulsados de España rumbo a Italia. Todos sus bienes fueron confiscados.
El Ministro de Hacienda Campomanes, redactó un informe culpando a la Compañía de Jesús de acumular riquezas por lo que ideó que si se les expulsara y se le quitaran sus riquezas se podría sacar a la nación de la crisis económica a la que estaba sumida.
Cuando los jesuítas defendieron el patronazgo de San Sebastián
Los Jesuitas tenían en Marchena tres casas, dos solares, y un molino de aceite frente al colegio, y otro en Jarda, cuatro huertas, una junto al colegio, la huerta de Atoche, y junto a esta la de los Azofaifos, y otra la de Benjumea y 20 olivares, siete hazas de tierra en el ruedo del pueblo, y viñas en el Bajonal.
La expulsión de los jesuítas les cogió por sorpresa. El 29 de Marzo 1767 llegó a Marchena la orden del gobierno expulsando a los Jesuítas que no se abrió por deseo del Rey hasta el 2 de Abril a las once de la noche.
El Asistente dio orden de tomar la puerta principal del Colegio de la Compañía y no permitir salir ni entrar persona alguna dejando centinelas en las esquinas y las puertas del colegio de San Jerónimo con especia cuidado en la «puerta del campo» calle Compañía y la puerta que dicen «del Duque… «Y otras dos en una callejuela sin salida… y a la puerta de un molino de azeite, que está frente».
«E dando el relox las seis oras de la mañana, (…) llegó de lo ynterior de el reverendo padre Marcelino de Echevarria, Rector a quien manifestó el Asistente que necesitava entrar (…) para la ejecución de ciertas órdenes secretas de S.M. a lo que no hizo oposición alguna». Estando en el aposento bajo rectoral «el alguacil mayor se le requirió de orden de su Majestad hiciera convocar y juntar a son de campana toda la comunidad sin excepción de alguno en la sala capitular».
«Y estando todos juntos se le entregó el real decreto de su Majestad» respondiendo que estaban prontos a cumplir con lo que su majestad mandaba.
Cuando los Jesuítas de Marchena vendían vino y aceite en media Andalucía
«Se pidieron (…) las llaves de las arcas de deposito de los caudales de dicho colegio y de particulares y las de el archivo y solo entregaron estas por decir no havía en dicho colejio arca de tres llaves de caudales ni depósitos de persona alguna y que la administración de los caudales de dicho colegio corría al cuidado de dicho hermano Agustín Ximénez su procurador».
Cuando la imagen del Sagrado Corazón procesionó hasta el Ayuntamiento de Marchena
El Cabildo municipal de Marchena le dio al colegio uso educativo y la iglesia se convirtió en oratorio privado, de la Casa ducal de Arcos.
FUENTE: EL COLEGIO DE LA ENCARNACIÓN, EDITADO POR CODEXSA.
Actualidad
Del perdón por acuñar moneda a las cien lanzas de Marchena: el poder de Rodrigo Ponce de León
Un perdón por acuñar moneda en Jerez y una carta a Beatriz Pacheco reconstruyen el papel militar y fiscal de Marchena al servicio de los Reyes Católicos.
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3 horas agoon
2 noviembre, 2026
Un perdón de Enrique IV, los pagos sobre las alcabalas de sus villas y una carta de Fernando el Católico a Beatriz Pacheco permiten seguir la relación entre el señor de Marchena y la Corona entre 1474 y 1491.
Cien lanzas debían salir de Marchena. La petición procedía del rey Fernando y tenía una destinataria concreta: Beatriz Pacheco, esposa de Rodrigo Ponce de León. La carta, fechada en Córdoba el 4 de agosto de 1483, reclamaba fuerzas para una entrada en territorio granadino. Detrás de esa orden aparece una Marchena que aportaba recursos y capacidad militar a la guerra.
El documento se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza, con la signatura OSUNA,C.118,D.49, dentro de un conjunto de cartas regias. El historiador Juan Luis Carriazo Rubio lo recoge también en su estudio Beatriz Pacheco: cronistas y documentos en torno a la dama de Marchena. La descripción de PARES precisa que las cien lanzas debían ir con un caballero de su casa y salir el día de Santa María de agosto. La orden documenta una movilización solicitada; por sí sola no demuestra cómo se ejecutó ni identifica a todos sus participantes.
Que el rey escribiese a Beatriz merece detener la mirada. Su nombre figura como interlocutora en una decisión militar que afectaba al señorío. La carta permite reconocer su intervención en el funcionamiento de la casa y evita reducirla a una presencia secundaria al lado del marqués. Marchena aparece como punto de partida de unas fuerzas cuya organización exigía una autoridad capaz de reunirlas.
Nueve años antes, la relación del noble con la monarquía había dejado otra huella muy distinta. El 25 de noviembre de 1474, Enrique IV concedió un perdón a Rodrigo Ponce de León, sus parientes y criados. La unidad OSUNA,C.118,D.30-32 reúne esa carta y las confirmaciones de los Reyes Católicos, con fechas que el catálogo sitúa aproximadamente entre noviembre de 1474 y abril de 1476. Entre los asuntos perdonados figuraba haber labrado moneda de oro y plata en Jerez de la Frontera.
La acuñación jerezana ha sido estudiada por Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez en Ceretanum, revista de la Real Academia de San Dionisio. Su investigación de 2024 atribuye a Jerez cuartos y medios cuartos de vellón marcados con una X y sitúa esa actividad en los últimos años de Enrique IV. Los autores advierten que no conocen ejemplares de oro o plata con esa marca: lo que menciona el perdón y las piezas identificadas constituyen evidencias diferentes.
El propio texto del perdón, reproducido en el estudio, introduce otro matiz: la labra se habría realizado por mandato y servicio del monarca. Los investigadores señalan, al mismo tiempo, su contradicción con disposiciones monetarias anteriores. Hablar simplemente de un falsificador borraría esa complejidad. El episodio pertenece a un escenario de poder regio discutido y capacidad nobiliaria para intervenir en la vida de una ciudad realenga.
Con Isabel y Fernando, los papeles permiten seguir otra dimensión del vínculo: el dinero destinado al servicio militar. Los libramientos OSUNA,C.166,D.101-125, fechados entre 1476 y 1486, incluyen pagos a Rodrigo Ponce de León relacionados con lanzas y cargados sobre las alcabalas de Marchena, Mairena, Rota y Guadajoz. La guerra se sostenía también mediante recaudadores, órdenes de pago y rentas locales.
La mención reiterada de Marchena permite colocar a la villa dentro de esa maquinaria financiera. Las disposiciones muestran de dónde debían salir determinados pagos. No bastan para calcular cuánto soportó cada vecino, cuánto se recaudó efectivamente o qué retrasos se produjeron. Para responder a esas preguntas harían falta cuentas y justificantes de cada operación.
El mecanismo seguía presente en 1490. Tres provisiones del 11 de marzo, conservadas como OSUNA,C.177,D.26-28, ordenaban a los recaudadores de varias localidades librar cantidades a Rodrigo por las lanzas. El documento 28 agrupaba a Marchena, Mairena, Guadajoz y Rota. La geografía del señorío se convertía, en los mandatos de la Corona, en una red de recursos.
Había también recompensas. El 7 de enero de 1491, en Sevilla, los Reyes Católicos concedieron a Rodrigo Ponce de León, conde de Arcos y duque de Cádiz, el quinto del botín de guerra de Cádiz y Rota durante toda su vida. La provisión, OSUNA,CP.75,D.9, incorpora la vertiente marítima a este recorrido por los ingresos y servicios de la casa.
Leídos en secuencia, estos documentos permiten interpretar una relación negociada: el perdón atendía a actuaciones del pasado, los libramientos financiaban fuerzas y las mercedes reconocían intereses y servicios. Esa lectura no convierte cada concesión en el precio demostrado de una acción concreta. Sí muestra que el poder del señor de Marchena se relacionaba con la monarquía mediante recursos, compromisos y decisiones que dejaron rastro escrito.
Queda una historia local por reconstruir alrededor de aquellas cien lanzas: quiénes fueron convocados, qué preparativos se realizaron y si salieron en la fecha prevista. La carta aporta un punto firme desde el que preguntar. Marchena tenía un lugar en las órdenes militares de Fernando el Católico, y Beatriz Pacheco recibía una de ellas. El archivo devuelve así nombres y responsabilidades a una historia que, vista solo desde los campos de batalla, deja demasiadas vidas fuera.
Fuentes y documentación: Archivo Histórico de la Nobleza, documentación de la Casa de Arcos conservada en el archivo de los duques de Osuna y descrita en PARES, Ministerio de Cultura: OSUNA,C.118,D.30-32; OSUNA,C.166,D.101-125; OSUNA,C.118,D.45-56, especialmente D.49; OSUNA,C.177,D.26-28; y OSUNA,CP.75,D.9. Manuel Mozo Monroy y Francisco Jordi Páez, «La moneda castellano-leonesa de Xerez de la Frontera», Ceretanum, 5 (2024), pp. 51–90. Juan Luis Carriazo Rubio, estudio sobre Beatriz Pacheco, apéndice documental, documento 22. Esta pieza se apoya en las descripciones archivísticas y la bibliografía citada; no presenta una transcripción paleográfica integral de los originales.
Para seguir explorando: Caminos del León, el recorrido histórico de Marchena Secreta por el legado de los Ponce de León.
Actualidad
La deuda que sobrevivió al convento: Santo Domingo, los duques de Arcos y el Estado
Los documentos del Archivo de la Nobleza y del Archivo Municipal enlazan las rentas de Santo Domingo, la reclamación de 1836 y el mercado construido en su corralón.
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4 horas agoon
2 noviembre, 2026
Una reclamación de 1836 permite recorrer la historia económica de San Pedro Mártir: las rentas para mantener a sus frailes, el crédito para comprar alimentos y la conversión de su corralón en plaza de abastos.
Los frailes habían abandonado el convento, pero sus cuentas seguían abiertas. En 1836, el Crédito Público reclamaba a la Casa de Arcos la asignación que había sostenido a la comunidad de San Pedro Mártir, el Santo Domingo de Marchena. La administración ducal defendía que la obligación había terminado con la extinción de la comunidad. En aquel cruce de papeles aparece una pregunta que permite mirar de otra forma este rincón de Marchena: ¿quién debía cobrar y quién debía pagar cuando desaparecía un convento?
El informe de Santiago Apesteguía, transcrito por Juan Luis Ravé Prieto en su estudio sobre las fundaciones marcheneras, recoge la posición del archivo ducal. Reunía una aportación de 80.000 maravedíes y otra testamentaria de 23.000. Recordaba también un crédito de la casa contra el convento: 1.400 ducados de principal y 70 de renta anual, garantizados con un molino de aceite, viñas y olivares. Son cantidades consignadas en ese informe, no el resultado de una liquidación comprobada. La documentación aquí consultada no permite establecer cómo acabó la reclamación.
El hilo retrocede hasta el 1 de mayo de 1520. La descripción de PARES de la unidad OSUNA,C.169,D.93-99, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza, identifica la escritura acordada entre Rodrigo Ponce de León, primer duque de Arcos, y fray Domingo Melgarejo, provincial dominico de Andalucía. El compromiso comprendía una dotación para sostener a veinte religiosos. La vida de la comunidad quedaba vinculada a un pacto patrimonial que seguiría invocándose siglos después.
El mismo expediente conserva una copia de la provisión de Isabel de Portugal, fechada en Madrid el 29 de diciembre de 1535, para que Luis Cristóbal Ponce de León pagase conforme al testamento del fundador. También incluye una copia de la escritura fundacional realizada en 1843. Esa fecha acredita la reproducción del documento; por sí sola no demuestra qué trámite concreto motivó la copia.
Marchena Secreta ya había recorrido esta relación entre patronazgo y construcción en «Cuando la Reina agilizó la construcción del convento de Santo Domingo de Marchena». La ficha archivística permite precisar que la soberana de la provisión de 1535 fue Isabel de Portugal. La historia anterior del establecimiento puede seguirse en nuestro reportaje sobre Bartolomé Sánchez Bonilla.
La economía cotidiana aparece con especial claridad el 13 de abril de 1685. Los priores y religiosos pidieron autorización para tomar un censo sobre sus bienes porque necesitaban trigo, carne y ganado para su labor. Así lo describe PARES en OSUNA,C.31,D.15. Tras los nombres solemnes y las escrituras había una comunidad que debía alimentarse y sostener su explotación. El crédito formaba parte de esa necesidad.
Otra unidad del mismo archivo muestra al convento en la posición contraria. En OSUNA,C.1589,D.1-57, el documento primero registra pagos de réditos a favor de San Pedro Mártir contra el Estado de Arcos entre 1740 y 1788. Conviene distinguir ambos negocios: la dotación fundacional y los censos no deben confundirse como si fueran una única deuda. El conjunto reúne 57 documentos sobre distintos acreedores; no son 57 documentos dedicados a Santo Domingo.
La transformación urbana llegó al corralón. El Archivo Histórico Municipal de Marchena explica que el Ayuntamiento encargó en febrero de 1840 el proyecto de plaza de abastos a Hipólito Jiménez y Juan Manuel Buendía. Los planos se presentaron el 4 de marzo para aquel espacio situado entre las calles San Pedro y Santo Domingo. El estudio de Juan Antonio Arenillas Torrejón reproduce la declaración de reconocimiento, conservada en las Actas Capitulares, libro 25, sin foliar.
Fue el corralón el que acogió el mercado. La iglesia conservada tiene su propia continuidad: la información municipal de Turismo de Marchena recuerda su origen dominico y su función de mausoleo de los Ponce de León, además de las dependencias conventuales que permanecen. La calle reúne así usos distintos de un mismo pasado: culto, memoria funeraria, vivienda conventual y abastecimiento.
La reclamación de 1836 añade una pieza a esa historia. Cuando cambió el destino del edificio, los antiguos contratos seguían necesitando interpretación. Las escrituras permiten acercarse a esa transición sin dar por resuelto lo que todavía no consta en los documentos consultados.
Más reportajes de nuestro archivo sobre Santo Domingo y su patrimonio
La historia del conjunto puede ampliarse con el estudio de su cancel y sus símbolos, el reportaje sobre sus pinturas murales, la cripta bajo el presbiterio y los sepulcros ducales de los Ponce de León.
Completan este recorrido la Virgen del Rosario y el legado dominico, la investigación sobre Domingo de Baltanás, el documento sobre un enterramiento de conversos de 1525 y los azulejos que enlazan Marchena y Chipiona.
Sobre la dispersión patrimonial del siglo XIX publicamos el traslado de pinturas marcheneras al Museo de Bellas Artes y las primeras advertencias sobre la destrucción del patrimonio local. La memoria devocional continúa en el reportaje sobre Cristóbal Ramos y la Virgen del Rosario y en la cobertura del tricentenario del voto de la villa.
Historia
La Ilustración en la Universidad de Osuna: los hombres que quisieron cambiar la forma de enseñar y pensar
Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White explican la renovación intelectual de Osuna entre el siglo XVIII y los comienzos del XIX.
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7 días agoon
26 octubre, 2026
Entre reformas académicas, lecturas compartidas y debates fuera de las aulas, Osuna participó en la renovación intelectual de Andalucía. Miguel Benito Ortega, Manuel María de Arjona, Antonio García y García y Blanco White permiten reconstruir una historia de conocimiento, poder y cambio social.
La Ilustración no llegó a Osuna como una luz que se encendiera de repente. Fue abriéndose paso entre las enseñanzas heredadas, las inquietudes de algunos profesores y las conversaciones que continuaban fuera de la universidad. Mientras la institución intentaba conservar su existencia, parte de su entorno intelectual buscaba renovar la cultura y discutir las ideas que circulaban por Europa.
Ese doble movimiento hace especialmente interesante su historia. La Universidad de Osuna fue una institución del Antiguo Régimen en cuyo entorno también encontraron espacio personas que cuestionaban algunos de sus fundamentos.
Una fundación renacentista ante las preguntas del siglo XVIII
El Colegio-Universidad nació en 1548 por iniciativa de Juan Téllez-Girón, IV conde de Ureña, con autorización pontificia. Su origen pertenece al humanismo renacentista, dos siglos antes del momento ilustrado. La formación jurídica, médica y religiosa respondía a las necesidades de una sociedad organizada alrededor de la Iglesia, la monarquía y los privilegios estamentales.
Durante el XVIII cobró fuerza otra manera de valorar la enseñanza: su utilidad para mejorar la sociedad, la importancia del conocimiento científico y la necesidad de revisar métodos e instituciones. Aquello planteaba una cuestión incómoda: ¿bastaba con conservar las cátedras y conceder títulos, o había que transformar lo que se enseñaba y cómo se administraba?
Miguel Benito Ortega: reformar para sobrevivir
Una figura decisiva fue Miguel Benito Ortega Cobo, antiguo rector y visitador encargado de reorganizar el centro.
Los investigadores Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo han estudiado su intervención a partir de documentación del archivo universitario. Ortega preparó nuevas constituciones para el Colegio y la Universidad, aprobadas respectivamente en 1775 y 1777, con las que intentó adaptar la institución a las exigencias del reformismo ilustrado.
La transformación afectaba a los requisitos académicos y a la administración económica. Ordenar las cuentas también formaba parte del cambio: una universidad necesitaba justificar su funcionamiento y disponer de recursos para sostenerlo.
Sin embargo, los autores concluyen que la aplicación de aquellas normas fue breve e incompleta. El caso permite observar la distancia que puede existir entre aprobar una reforma y conseguir que cambien las prácticas cotidianas.
Manuel María de Arjona: las ideas viajaban con las personas
Manuel María de Arjona y Cubas, nacido en Osuna en 1771, representa la dimensión literaria y educativa de aquella renovación. Sacerdote, poeta y promotor de academias, conectó distintos ambientes intelectuales andaluces.
Su relación con Osuna continuó en una trayectoria desarrollada también en Sevilla y Córdoba. Las academias y tertulias que impulsó o frecuentó permitían compartir lecturas, comentar textos y establecer relaciones más allá de las estructuras docentes.
El estudio de Luis Palacios Bañuelos destaca su confianza en la educación como instrumento de transformación, así como su participación en iniciativas pedagógicas y culturales. Arjona encarna, además, una realidad que desaconseja simplificar el periodo: un eclesiástico podía participar activamente en proyectos de renovación intelectual.
Antonio García y García: del aula a la vida pública
Entre los personajes menos conocidos destaca Antonio García y García (1765–1841), médico y profesor, padre del posterior hebraísta Antonio María García Blanco.
La investigación de Francisco Luis Díaz Torrejón documenta que obtuvo la cátedra de Filosofía de Osuna en 1788. Su trayectoria reunió enseñanza, ejercicio de la medicina e interés por las ideas reformistas, hasta llegar a ser elegido diputado en 1820.
El mismo estudio identifica un círculo de profesores inquietos en el que aparecen fray Manuel José de Flores, Manuel Aranza de Aguirre y José Delgado, junto a Arjona y García. También recoge reuniones y contactos con intelectuales que llegaban desde Sevilla.
La renovación no dependía únicamente de un gran nombre. Existía una red de relaciones que permitía que las lecturas y las discusiones circularan entre aulas, domicilios y espacios religiosos.
Blanco White: un vínculo universitario que exige precisión
José María Blanco White figura entre los nombres vinculados a la antigua Universidad de Osuna. Su relación académica incluye la obtención del grado de licenciado en Teología.
Conviene distinguir esa vinculación de la trayectoria de quienes enseñaron durante años en sus cátedras: obtener un título en una universidad no equivale a desarrollar allí toda la formación o la actividad intelectual.
Su presencia en esta historia ayuda a situar Osuna dentro de un espacio cultural más amplio, conectado con Sevilla y con personas cuyas trayectorias desbordaron después las fronteras españolas.
Las ideas también necesitaban espacios fuera de la universidad
La historia de estos personajes permite reconocer una cuestión de fondo: el conocimiento circulaba por instituciones oficiales y por relaciones personales.
Las tertulias y academias ofrecían oportunidades para leer y conversar con mayor flexibilidad. En ese entorno, enseñar, investigar y discutir podían convertirse en formas de intervenir en la sociedad.
Sin embargo, no conviene proyectar sobre aquellos grupos una apertura equivalente a la actual. La renovación intelectual convivía con una sociedad profundamente desigual. La existencia de personas reformistas tampoco convierte a toda la universidad en una institución ilustrada y homogénea.
Un patrimonio que conserva la memoria del debate
La antigua universidad terminó cerrando definitivamente en 1824, después de atravesar reformas y las alteraciones de la Guerra de la Independencia. Su edificio conserva una memoria que va más allá de la arquitectura: en el antiguo espacio de biblioteca y salón de actos se reúne una galería de personajes vinculados a su historia. Entre ellos figura un retrato de Arjona fechado en 1869.
Mirar hoy ese patrimonio permite plantear preguntas que siguen abiertas: quién puede estudiar, qué conocimientos se consideran útiles, cómo se financia la enseñanza y cuánto espacio existe para revisar las ideas recibidas.
La aportación de Osuna al Siglo de las Luces se reconoce en esas tensiones y en las personas que intentaron transformarlas. Sus aulas y sus círculos intelectuales fueron parte del escenario andaluz donde empezó a discutirse cómo debía ser una sociedad educada.
Fotografía: CarlosVdeHabsburgo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen de diciembre de 2024, redimensionada.
Fuentes consultadas
- Manuel Antonio Ramos Suárez: Universidad de Osuna, proyecto Identidad e Imagen de Andalucía en la Edad Moderna, Universidad de Almería.
- Jesús D. López-Manjón y Fernando Gutiérrez-Hidalgo: El papel de los agentes en la reforma contable ante el cambio institucional: el caso del Colegio Universitario de Osuna (1775–1824), Revista de Contabilidad, 2023.
- Luis Palacios Bañuelos: estudio sobre Manuel María de Arjona, Boletín de la Real Academia de Córdoba, 1992.
- Fundación Municipios Pablo de Olavide: Vida y obra de un sacerdote ilustrado ursaonés. Manuel María de Arjona y Cubas (1771–1820).
- Francisco Luis Díaz Torrejón: Antonio García y García (1765–1841): catedrático, médico y diputado en Cortes, Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, 2023, pp. 15–23.
- Alfonso Pozo Ruiz: La antigua Universidad de Osuna, Universidad de Sevilla.
- Decreto 346/2004: declaración del Colegio-Universidad como Bien de Interés Cultural, inventario de bienes y retrato de Arjona.
Actualidad
Ánimas, reliquias y memoria: el misterio de Marchena se recorre sin salir de San Juan
Las reglas de Ánimas, el padrón de 1713 y los documentos de la Mota dan forma a una ruta de dos horas por el barrio de San Juan, de cara al 1 de noviembre.
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1 semana agoon
25 octubre, 2026
Cuando llega noviembre, el barrio de San Juan permite acercarse a una Marchena que pensaba a diario en la muerte, el destino del alma y la memoria de los ausentes. Una nueva ruta de Marchena Secreta propone recorrer durante dos horas sus calles, la plaza Ducal y el entorno de la Mota siguiendo reglas de hermandad, padrones y documentos de conventos y donaciones.
El misterio de este paseo está en las preguntas que dejaron aquellos vecinos: quién acompañaba a un difunto pobre, por qué se pagaban misas por los muertos, qué valor se atribuía a una reliquia o cómo podía un nombre quedar marcado durante generaciones. Son cuestiones que acercan la vida espiritual a la economía, la asistencia y el poder. El recorrido se hace por exteriores y permanece dentro del barrio de San Juan.

San Juan: una regla para acordarse de los muertos
La primera parada se sitúa en la plaza de San Juan. El reportaje de Marchena Secreta sobre las hermandades de Ánimas recoge la reorganización de la de esta parroquia en 1584 y la vincula a Juan Fajardo y a Sebastián de Heredia. También reproduce una cláusula de sus reglas que ordenaba celebrar una función por las almas del purgatorio en la octava de Todos los Santos, con misa, ministros y sermón sufragados por la hermandad.
Ese precepto explica por qué noviembre tenía un peso especial en la vida parroquial. La memoria de los difuntos se organizaba y se pagaba. Había responsables, obligaciones y recursos. Las creencias sobre el purgatorio pertenecen a aquel marco religioso; la regla testimonia que existía una práctica de culto, no demuestra la aparición de un alma.
La documentación divulgada permite hablar asimismo de limosnas y de patrimonio. La ayuda a los muertos convivía con la atención a los vivos y con la necesidad de sostener las celebraciones. La parroquia deja de ser únicamente un edificio monumental y aparece como centro de una comunidad que intentaba dar continuidad a sus vínculos más allá de la muerte. Consultar la regla de Ánimas reproducida y el estudio de la hermandad.
La memoria que protege y la memoria que señala
Sin abandonar el entorno de San Juan, la ruta cambia de pregunta. Recordar podía ser un acto de afecto, pero también un mecanismo de castigo. La relación de reconciliados de finales del siglo XV publicada en esta web a partir del trabajo de Juan Gil reúne nombres, parentescos y pagos exigidos a familias marcheneras.
El artículo explica el papel de los sambenitos y de su exposición parroquial en la prolongación de la deshonra sobre los descendientes. Esta parada aborda aquella cultura de la vergüenza pública sin representar un auto de fe ni atribuir una ejecución a la plaza. Tampoco convierte una acusación inquisitorial en prueba de que la persona acusada practicase realmente aquello que se le imputaba.
El documento puede leerse desde una pregunta cercana: qué le ocurre a una familia cuando la comunidad la conoce por una condena. Es una de las dimensiones más inquietantes del pasado, porque el miedo no necesitaba una aparición para resultar eficaz. Nombres y familias en la relación recogida de Juan Gil.
San Francisco: el sonido que organizaba el barrio
El paseo sigue por Padre Marchena y el entorno de San Francisco. El padrón de 1713 estudiado por Marchena Secreta sitúa en el barrio a músicos de la capilla de San Juan, a su maestro Juan Ignacio de Morales y a un campanero de la iglesia mayor, Alonso Begines. El organista Francisco Madroñal aparece en la calle Huéscar.
La fuente permite imaginar el barrio como un espacio sonoro, pero obliga a distinguir lo que sabemos de lo que reconstruimos: el padrón da nombres, oficios y calles; no conserva una grabación ni indica la melodía que acompañó cada entierro. La explicación conecta esos oficios con la importancia de las señales religiosas en la vida colectiva, sin inventar un toque local concreto.
La música y las campanas formaban parte del modo en que una comunidad se reconocía. Leer los nombres de quienes las hacían sonar añade una escala humana al paisaje que todavía vemos. Los moradores y oficios del barrio en 1713.

Plaza Ducal: cuando un cuerpo era objeto de un acuerdo
En la plaza Ducal se presenta un episodio documental relacionado con sor María de la Antigua. Un reportaje de esta web recoge las escrituras de capitulación sobre la cesión a los duques de los derechos sobre su cuerpo, entonces depositado en el convento de la Merced de Lora. La referencia publicada sitúa dos copias de aquellas escrituras en el Fondo Osuna y las fecha el 15 de junio de 1632.
El relato permite comprender hasta qué punto los restos de una religiosa podían adquirir valor devocional y protagonizar negociaciones institucionales. Lo documentado es la cesión de derechos que describe la fuente; de ella no debe deducirse que en la plaza hubiese una tumba suya ni que la operación pruebe un milagro. La parada se realiza aquí para explicar el papel de la casa ducal dentro del barrio, no para señalar el lugar de su muerte.
La referencia archivística general publicada es OSUNA, C.171, D.11-29. Como ese conjunto reúne piezas de naturaleza y cronología diferentes, interesa conservar también la descripción y la fecha del documento, en vez de citar el rango como si fuese una sola escritura. Las capitulaciones recogidas en el reportaje sobre la orden franciscana.
La Mota: reliquias, documentos y deseo de protección
La subida al entorno de Santa María conduce a otra forma de relacionarse con lo invisible. Las investigaciones sobre Guadalupe Láncaster y su hijo Joaquín Ponce de León describen la llegada al convento de reliquias, pinturas y objetos devocionales. El artículo dedicado a estas donaciones recoge una entrega de 1709 relacionada con una reliquia atribuida a san Vicente Mártir y documentación posterior sobre la recepción de bienes.
El interés histórico está en la atribución religiosa, en la circulación del objeto y en los papeles que acompañaban su custodia. Un certificado de autenticidad revela qué se aceptaba y veneraba en su tiempo; no equivale a una comprobación científica moderna del origen de una pieza. La ruta explica esa diferencia con respeto a la devoción.
También importa el lugar donde acababan los bienes. El convento era un espacio de culto y de conservación, y las condiciones de las entregas buscaban que ciertos objetos permanecieran allí. La explicación se desarrolla desde el exterior, con las imágenes de archivo como apoyo; la compra de la visita no promete la apertura de relicarios ni acceso a la clausura. Consultar las donaciones y las transcripciones publicadas.

Santa María: dónde termina el documento y empieza la creencia
El cierre propone volver sobre lo visto. Las reglas organizan oraciones; los padrones identifican vecinos; las escrituras fijan derechos y obligaciones; los inventarios describen bienes. Cada documento responde a una pregunta distinta. Leídos juntos muestran un barrio donde el mundo material y el espiritual estaban estrechamente relacionados.
En la Mota, el visitante puede distinguir la presencia de una comunidad religiosa, la memoria de sus benefactores y los relatos de fe que daban sentido a sus objetos. El patrimonio conserva esas creencias aunque quienes lo recorren hoy no las compartan. Esa distancia permite escuchar las historias sin convertirlas en sucesos sobrenaturales demostrados.
Es una ruta especialmente adecuada para acercarse al 1 de noviembre: una invitación a entender cómo Marchena recordaba a sus muertos y cómo las instituciones religiosas y señoriales administraban parte de esa memoria.
Dos horas, seis momentos y un único barrio
Salida en la plaza de San Juan Bautista, junto a la parroquia, y final en el entorno de Santa María de la Mota. La distribución prevista, con los desplazamientos incluidos, dedica 20 minutos a las Ánimas, 20 a la memoria inquisitorial en el entorno parroquial, 20 al padrón y los oficios sonoros en Padre Marchena y San Francisco, 20 a la plaza Ducal y las capitulaciones de 1632, 20 a las donaciones y reliquias en la Mota y 20 al cierre ante Santa María. No se visitan Santo Domingo, San Agustín, La Milagrosa ni otros lugares fuera del barrio.
El precio es de 15 euros por persona, con guía en español y duración aproximada de dos horas. Puede solicitarse para el 1 de noviembre u otros días, con fecha y hora sujetas a confirmación. El recorrido base es por exteriores; no incluye entradas a templos, criptas o clausuras. Hay pendientes y pavimento irregular.
Fuentes para ampliar: reglas de la Hermandad de Ánimas de San Juan transcritas en Marchena Secreta; padrón de 1713 estudiado en esta web; Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, vol. VII (2003), a través de la relación publicada; capitulaciones de 1632 y documentación del Fondo Osuna sobre el convento y las donaciones de los Láncaster. Los enlaces de cada apartado permiten ampliar la lectura en los reportajes y transcripciones ya publicados.
Actualidad
Las mujeres pioneras: una ruta por la memoria femenina de Marchena
Una ruta de dos horas por el barrio de San Juan recupera a mujeres conversas, abadesas y mecenas a través de documentos e investigaciones sobre Marchena.
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1 semana agoon
25 octubre, 2026
Hay otra forma de subir a la Mota: hacerlo siguiendo los nombres de las mujeres que administraron bienes, sostuvieron comunidades y dejaron su memoria en los documentos. Marchena Secreta propone una nueva ruta de dos horas por el barrio de San Juan, desde su plaza parroquial hasta el entorno de Santa María, para mirar el antiguo centro de poder de la villa desde sus protagonistas femeninas.
La visita nace de las investigaciones ya publicadas en esta web y reúne escrituras, relaciones de vecinos, documentación sobre donaciones y estudios históricos. Se puede recorrer por exteriores, sin salir del barrio ni depender de que abra una iglesia. El paseo tiene seis momentos y una misma pregunta: qué cambia cuando buscamos a las mujeres dentro de una historia que suele explicarse a través de duques, clérigos y monumentos.

San Juan: los nombres que sobreviven a la persecución
El recorrido comienza en la plaza de San Juan. La parroquia ofrece el escenario para hablar de comunidad, pertenencia y memoria familiar. La relación de reconciliados de finales del siglo XV que Marchena Secreta recoge a partir de Los conversos y la Inquisición sevillana, de Juan Gil, conserva nombres de mujeres que permiten abandonar las referencias anónimas a «las esposas» o «las familias».
Leonor López aparece junto al escribano Pedro López de Pliego; Isabel de Jerez, junto a Juan de Torres; y Ana Díaz figura con dos hijos de un matrimonio anterior. El interés de estos asientos va más allá de las cantidades exigidas: permiten observar parentescos, hogares y el alcance familiar de una sanción religiosa. No son biografías completas ni autorizan a señalar una casa actual como su vivienda. En esta parada se explica la documentación de las familias marcheneras desde el centro parroquial, sin adjudicar domicilios que la fuente no identifica.
La lectura permite conocer sus nombres y sus vínculos familiares sin reducirlas al expediente que las señaló. Consultar la relación y su referencia a Juan Gil.
Padre Marchena y San Francisco: leer lo que dice un padrón
Al avanzar por el entorno de Padre Marchena y la calle San Francisco, el padrón de 1713 devuelve profundidad a las fachadas. El estudio publicado en esta web sitúa cargos eclesiásticos cerca de San Juan y servidores de la administración ducal en San Francisco, también llamada Albarracín. Músicos, artesanos y empleados compartían el barrio con quienes gestionaban el poder señorial.
Esta parte del paseo propone leer el documento con atención: un oficio masculino consignado por el escribano no describe por sí solo toda la actividad de una casa. Tampoco permite asignar automáticamente un trabajo a su esposa o a sus hijas. La pregunta por las mujeres nace precisamente de ese límite: qué personas se nombran, qué información se registra y qué vida doméstica queda fuera de la relación publicada. La historia del trabajo femenino exige cruzar padrones con otros testimonios, no completar los huecos a voluntad. El barrio de San Juan en el padrón de 1713.
La plaza Ducal: una mujer dentro de la historia del mecenazgo
La plaza Ducal permite entrar en el mundo de la casa señorial y presentar a María de Guadalupe de Láncaster. Su huella marchenera puede seguirse a través de los bienes y disposiciones que terminaron vinculados a los conventos de la villa. La nueva lectura desplaza la atención del apellido del duque hacia una mujer cuyas decisiones devocionales tuvieron consecuencias patrimoniales.
Las investigaciones publicadas en Marchena Secreta describen la transmisión de pinturas, grabados y reliquias asociadas a Guadalupe y a su hijo Joaquín Ponce de León. La plaza funciona aquí como lugar para comprender la relación entre palacio, patronazgo y conventos, sin atribuir a Guadalupe una estancia concreta en una habitación ni presentar su colección como un conjunto íntegramente visitable.

Hacia la Mota: la escritura de 1631 y la abadesa Isabel de San Pablo
Al llegar al entorno de la Concepción aparece un documento especialmente expresivo. La transcripción publicada en esta web recoge que el 25 de octubre de 1631 fray Pedro Ochoa autorizó la firma de una escritura entre la comunidad y el duque, siendo abadesa Isabel de San Pablo. El acuerdo trataba del traslado de las religiosas desde las casas donde habitaban al recinto del castillo y fortaleza.
La escritura distingue las dependencias conventuales de las caballerizas ducales y regula la relación entre ambas propiedades. El límite no era una cuestión menor: las futuras obras debían respetar la clausura y evitar vistas sobre ella. En unos pocos renglones aparecen arquitectura, propiedad y privacidad. Isabel de San Pablo deja de ser un nombre perdido para convertirse en la responsable de una comunidad presente en un acuerdo que modificaba el uso de aquel recinto.
La explicación se apoya en las reproducciones documentales del reportaje anterior, que las identifica como procedentes del Fondo Osuna. No se asigna aquí una signatura individual que aquel artículo no proporciona. Ver la escritura reproducida y su transcripción.
Santa María: la sortija que unió a una duquesa y una comunidad
El mecenazgo adquiere una escala íntima en una joya. El estudio de María Jesús Mejías Álvarez, Patrocinio artístico y devocional femenino en la campiña sevillana durante los siglos XVIII y XIX, documenta la entrega al convento de una sortija de diamantes vinculada a Guadalupe. Cita una escritura de depósito y obligación fechada en Marchena el 4 de junio de 1720, en el conjunto OSUNA, C.171, D.11-29, folio 118 vuelto.
Una pieza de joyería podía reunir valor económico, memoria familiar y devoción. La parada explica esa relación desde el exterior; la reserva no incluye la exhibición de la sortija. El dato interesa también por su precisión: una escritura fechada permite estudiar el destino de un objeto y la comunidad encargada de custodiarlo. Consultar el estudio y sus notas documentales.

El convento como memoria viva
La última parada reúne a las mujeres que promovieron, gobernaron y sostuvieron el convento. El artículo sobre los tesoros de los Láncaster recoge un documento de recepción de donaciones de mayo de 1720 en el que aparece una abadesa llamada María de la Antigua. Ese nombre no debe confundirse automáticamente con la religiosa y escritora del siglo anterior: compartir un nombre de religión no demuestra que se trate de la misma persona.
Los inventarios de pinturas y objetos permiten hablar de conservación y de transmisión del patrimonio. La clausura no equivale a ausencia de historia: también hay decisiones, bienes, relaciones con el exterior y memoria escrita. El paseo termina así donde los documentos adquieren una presencia material, ante unos muros que todavía forman parte de la vida del barrio. Las donaciones de los Láncaster a Santa María.
Una visita de dos horas dentro de San Juan
El punto de encuentro es la plaza de San Juan Bautista, junto a la parroquia, y el final se sitúa en el entorno de Santa María de la Mota. La distribución prevista, incluidos los desplazamientos entre paradas, es de 20 minutos en San Juan, 20 en el entorno de Padre Marchena y San Francisco, 20 en la plaza Ducal, 20 en el acceso al recinto de la Mota para explicar la escritura de 1631, 20 ante el convento para el mecenazgo y 20 de cierre sobre las comunidades femeninas y sus documentos. El recorrido se desarrolla por espacios públicos del barrio.
La visita cuesta 15 euros por persona, incluye explicación guiada en español y tiene una duración aproximada de dos horas. Se puede solicitar para el 1 de noviembre u otras fechas; el día y la hora deben confirmarse con la organización. Las entradas a interiores y la exhibición de piezas de clausura no están incluidas. Hay pendientes y pavimento irregular.
Fuentes para ampliar: relación de reconciliados recogida por Marchena Secreta a partir de Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, vol. VII (2003); estudio del padrón de 1713; reproducciones y transcripción del acuerdo de 1631; documentación sobre donaciones a Santa María; y el trabajo de María Jesús Mejías Álvarez, con las referencias archivísticas indicadas. Los enlaces de cada apartado permiten consultar la base de la explicación.
Actualidad
Cuando el progreso se midió en pisos: las casas y el patrimonio que perdió Marchena
La antigua Caridad, Santa Clara y San Pedro permiten recorrer las transformaciones del centro y releer la advertencia cultural de Luis Camacho sobre la pérdida de las casas.
Published
3 semanas agoon
15 octubre, 2026
¿Cuándo empezó una casa a valer más por lo que podía construirse encima que por la vida que guardaba dentro? En Marchena, esa pregunta se puede recorrer a pie. La plaza de San Sebastián, Santa Clara, San Pedro y la Plaza Ducal permiten reconocer distintas formas de transformar la ciudad: sustituir un edificio por viviendas, conservar una iglesia mientras desaparece el convento, dividir una antigua manzana religiosa o incorporar nuevas construcciones al paisaje histórico.
Este recorrido propone una lectura crítica del desarrollismo: medir el progreso únicamente por la superficie edificada, la rapidez de la obra o su rendimiento económico deja fuera otros valores. El patio, la sombra, la continuidad de una calle y la memoria de un barrio también forman parte de la riqueza de una población.

La antigua Caridad: de sede educativa a banco y pisos
En San Sebastián hay un ejemplo concreto que no depende de una impresión estética. La historia del IES Isidro de Arcenegui y Carmona, redactada por el profesor José María Díaz Luque y publicada por el propio centro, explica que el Instituto Laboral comenzó en 1955 en un edificio cedido por la Hermandad de la Caridad. Lo ocupó hasta 1962, cuando fue declarado en ruina. El mismo relato identifica su sustitución por una entidad bancaria y un bloque de pisos.
La fuente añade otro cambio cercano: los talleres funcionaron hasta 1965 en un salón cedido por las Hermanas Lobo en Huerta Gavira, donde después se levantó también un bloque. Son dos sustituciones documentadas de espacios vinculados a la historia educativa local. La declaración de ruina forma parte de esa historia y debe contarse junto a la pérdida del edificio.

Santa Clara, 1975: una capilla no era todo un convento
El caso de Santa Clara permite precisar qué significa conservar solo una parte. La Agenda Cultural de la Junta de Andalucía sitúa la desaparición del convento en 1975, después de la salida de las clarisas en 1974, y señala la permanencia de la capilla. La Diputación de Sevilla recoge también esa cronología.
La ficha del Museo de Bellas Artes de Álava, que conserva un dibujo de Salvador Azpiazu fechado el 3 de mayo de 1915, documenta la destrucción de las dependencias y la pérdida de los coros. El dibujo conserva una mirada anterior a aquella transformación.
La iglesia que vemos hoy es una supervivencia valiosa, pero no permite experimentar por sí sola el conjunto desaparecido: sus recorridos, espacios de vida y relaciones con la calle. La pérdida patrimonial también consiste en esa ruptura de la unidad del edificio.

San Pedro: una transformación que empezó antes del desarrollismo
San Pedro Mártir, conocido como Santo Domingo, exige otra cronología. El historiador Manuel Antonio Ramos Suárez estudia su evolución en El edificio conventual de San Pedro Mártir de Marchena, incluido en las actas del simposio sobre la desamortización de 2007. Su investigación, apoyada en actas municipales y escrituras, documenta la utilización de parte del recinto para el mercado desde el siglo XIX, su fragmentación y las ventas de casas procedentes de la antigua propiedad conventual.
En 1862 se anunciaba la subasta de seis casas de la calle San Pedro construidas en 1847 dentro del exconvento. La iglesia sobrevivió. Este proceso no puede atribuirse en bloque a los años sesenta del siglo XX: muestra cómo la conversión del patrimonio en fincas separadas tenía antecedentes anteriores.
Lo que Luis Camacho veía en una casa
Luis Camacho Carrasco dejó una mirada especialmente sensible hacia ese mundo doméstico. Su obra Nostalgia y poesía, editada por el Ayuntamiento en 1988, reúne textos anteriores a la publicación del volumen. En el archivo periodístico que hemos dedicado al autor aparece una respuesta que condensa esa resistencia a reducir la vivienda a una mercancía: «¿Por qué no se compra usted un piso? Y usted, ¿por qué no se compra una nostalgia?».
La evocación fue recogida en El alma de las casas y reaparece en nuestra memoria de los barrios y la Alameda. Su fuerza está en lo que obliga a considerar: una casa puede guardar relaciones, recuerdos y formas de habitar que desaparecen cuando solo se calcula su precio. Es una advertencia cultural; no un informe técnico sobre cada demolición.
La ideología del progreso medido en metros cuadrados
La conexión con Mario Kaplún sirve aquí como herramienta de interpretación. En su crítica al modelo educativo centrado en los efectos, el desarrollismo presenta prácticas culturales propias como obstáculos que deben ser sustituidos por otras funcionales al modelo importado. Aplicada al debate urbano, esa pregunta resulta fértil: ¿se moderniza una población con sus habitantes y sus conocimientos, o se les pide que abandonen cuanto no encaja en un patrón previamente decidido?
Esta comparación no demuestra que cada promoción marchenera obedeciera a una misma doctrina. Para explicar responsabilidades concretas hacen falta licencias, proyectos, acuerdos y expedientes de cada inmueble. Sí permite cuestionar una escala de valores: considerar el suelo disponible más importante que la arquitectura existente, o confundir el incremento de edificación con una mejora automática de la vida.
La crítica de Horkheimer y Adorno a la razón instrumental ofrece otra perspectiva: qué ocurre cuando la eficacia de los medios desplaza la discusión sobre los fines. En urbanismo, la pregunta sería para quién se construye, qué se conserva y quién participa en decidirlo.
La propia documentación patrimonial introduce un matiz necesario. El decreto de delimitación del Conjunto Histórico de 2010 reconoce valor en la diversidad del caserío, las casas con patio y también en aportaciones regionalistas, modernas y de vivienda social del siglo XX. La arquitectura reciente puede enriquecer una ciudad. El problema aparece cuando su implantación destruye valores que podían incorporarse al proyecto.
Recuperar esta historia exige reunir fotografías anteriores y posteriores, planos y testimonios, y contrastarlos con los expedientes municipales. Si conservas imágenes de la antigua Caridad, de Santa Clara o de casas transformadas en las calles San Pedro, Santa Clara o el entorno de la Plaza Ducal, puedes enviarlas a marchenasecreta@gmail.com, indicando su procedencia y fecha aproximada. La memoria de Marchena también se reconstruye desde las casas.
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