Se corta la carne de cerdo en dados todos del mismo tamaño y salpimiéntalos al gusto. Se prepara una sartén con un chorrito de aceite y cuando esté bien caliente dora la carne por ambos lados, hasta que quede bien cocida. Retírala del fuego y resérvala para luego.
En la misma sartén, echa un poquito más de aceite de oliva y cocina los ajos. A continuación, incorpora la cebolla y el pimiento y sofríe durante 15 minutos a fuego medio. Cuando esté todo bien pochado, añade el comino y remueve con una cuchara para integrarlo bien.
Luego incorpora el vino, una hoja de laurel, y cocina durante 10 minutos más para que reduzca el líquido. Transcurrido ese tiempo, añade el tomate triturado y finalmente la carne dorada previamente.
Mezcla todos los ingredientes y cocina a fuego medio durante unos 25 minutos aproximadamente. Puedes tapar la sartén para que no se escapen los vapores y nos ayuden a cocer mejor la carne. Nos debe quedar la carne tierna y la salsa de tomate bien reducida.
Sirve la carne son tomate a la andaluza en una cazuela o platillo de barro. Acompáñala con una buena rebanada de pan para mojar.
Hay sabores que cuentan un pueblo mejor que muchas palabras. En Marchena, uno de ellos aparece cada mañana sobre la mesa: un mollete recién hecho, un café y, para quien quiere alargar el desayuno, una torta de manteca.
El mollete marchenero forma parte de la memoria cotidiana de la localidad. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico lo documentó dentro del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía como una elaboración artesanal vinculada a Marchena, hecha tradicionalmente con harina, agua, sal, levadura y ajonjolí. El estudio señala además su raíz árabe y la importancia de los hornos de leña y la elaboración manual en su transmisión.
Su aspecto sencillo engaña: es un pan blando, ligero y cercano a la cocina doméstica, pensado para abrirlo, tostarlo y acompañarlo con aceite, jamón, manteca o lo que dicte la costumbre de cada casa. El café completa ese pequeño ritual diario, ese momento en el que el pueblo empieza a moverse entre barras, hornos y conversaciones tempranas.
La torta de manteca, el contrapunto dulce
Junto al mollete aparece otro sabor profundamente reconocible para generaciones de marcheneros: la torta de manteca. Crujiente, aromática y ligada también a los obradores tradicionales, funciona como contrapunto dulce al desayuno salado y forma parte de ese repertorio de productos que conectan la gastronomía local con la memoria familiar.
Mollete, café y torta de manteca forman así una escena sencilla pero muy marchenera: productos sin artificio, ligados a los hornos, a la cercanía y a una forma de empezar el día que todavía conserva algo de patrimonio vivo.
Fuente documental: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía, ficha sobre la elaboración artesanal del mollete marchenero, Alessandra Olivi, 2010.
Hacienda La Chica abre el 2 de octubre en Marchena con frituras, carnes ibéricas y grandes parrilladas para compartir
Hacienda La Chica anuncia su apertura el 2 de octubre en Travesía San Ignacio, con una amplia carta de frituras, carnes ibéricas, platos combinados y grandes tablas para compartir.
Marchena suma desde el próximo 2 de octubre una nueva propuesta gastronómica en su casco urbano. Hacienda La Chica, conocida durante el verano por su actividad en la zona rural de El Monje, donde combinó restauración y servicio de piscina, anuncia ahora la apertura de un nuevo bar restaurante en la Travesía San Ignacio.
El cambio lleva al centro urbano una oferta que conserva buena parte del espíritu con el que el establecimiento se dio a conocer durante los meses estivales: cocina sencilla, platos pensados para compartir, frituras de pescado, carnes y grandes tablas para grupos. La carta facilitada por el establecimiento muestra una apuesta clara por precios populares y por un formato muy reconocible para comidas y cenas familiares.
Tapas frías y montaditos para empezar
La carta arranca con una sección de tapas frías en la que aparecen ensaladilla rusa, papas alioli, boquerones en vinagre, salpicón de marisco y cóctel de marisco, todas a 3 euros.
Los montaditos se mueven entre los 2,50 y los 3 euros. Entre ellos figuran gambas con alioli, filete de pollo, filete de lomo, salchichas, tortilla francesa y jamón serrano. A ello se suman platos combinados como patatas con pimientos y chorizo, patatas con pollo, huevos y beicon, papas arrieras o patatas con huevos y chistorra, con precios de entre 5 y 6 euros.
La fritura de pescado, uno de los ejes de la carta
Una de las partes más amplias del menú está dedicada a las frituras de pescado. Adobo, chanquete, calamar, rabas, bacalao, filetes de merluza, boquerones, pavías, tira andaluza y tortilla de camarones aparecen a 3 euros la tapa y 6 euros el plato.
También se ofrecen gambas a la plancha, a 4,50 euros la media y 9 euros la ración entera, y gambones a la plancha, a 6 y 12 euros respectivamente.
Para compartir, el establecimiento propone un mix de frituras con tres tamaños: 8 euros para dos personas, 12 euros para cuatro y 16 euros para seis.
Carnes ibéricas y platos contundentes
La carne ocupa otro de los grandes bloques de la carta. Secreto ibérico, pluma ibérica y lagartito ibérico se ofrecen a 6 euros la tapa y 12 euros el plato. También aparecen pechuga de pollo a la plancha o empanada, churrasco de pollo, churrasco de cerdo, hamburguesa, lomo con patatas y huevo, flamenquín, san jacobo y croquetas caseras del día.
Entre las opciones de mayor tamaño figura el costillar, a 15 euros el medio y 30 euros el entero, además del solomillo blanco especial de la casa con jamón y queso boloñesa, anunciado a 30 euros.
Las grandes tablas, pensadas para compartir
La parte más llamativa de la propuesta está en las tablas para varias personas. La tabla de carne blanca, con pollo, lomo, chuleta de cerdo, chistorra, morcilla, pimiento y patatas fritas, cuesta 15 euros para dos personas, 30 para cuatro y 45 para seis.
La tabla de carne ibérica, con pluma, secreto, lagartito, chorizo, morcilla, pimiento y patatas fritas, se ofrece por 35 euros para dos personas, 70 para cuatro y 105 para seis.
La carta incorpora además dos combinaciones de tierra y mar. La versión de carne blanca reúne pollo, lomo, chuleta de cerdo, chistorra, morcilla y pimiento junto con boquerones, adobo, pescada, inglesa, choco, patatas fritas y ensalada mixta. Su precio es de 43 euros para cuatro personas y 64 euros para seis.
La opción tierra y mar ibérica sustituye las carnes blancas por pluma, secreto y lagartito, manteniendo los embutidos, pescado, guarniciones y ensalada. Se anuncia por 63 euros para cuatro comensales y 94 euros para seis.
Del verano en El Monje a un nuevo local en Marchena
Hacienda La Chica ya había ganado visibilidad durante el verano en el entorno de El Monje, donde su propuesta combinó comidas, cenas, carnes a la brasa y piscina en un espacio rural de la campiña. Ahora el proyecto da un nuevo paso con la apertura anunciada para el 2 de octubre en Travesía San Ignacio, acercando su cocina al casco urbano de Marchena.
La propia carta mantiene ese perfil de establecimiento pensado tanto para una tapa rápida como para mesas numerosas. Las grandes parrilladas y combinaciones de carne y pescado aparecen como uno de sus principales reclamos, junto a las frituras, los platos combinados y una política de precios accesible.
Información de apertura y ubicación facilitada por el establecimiento. Precios consultados en la carta vigente de Hacienda La Chica en septiembre de 2026.
1 lata pequeña de pimiento morrón o pimientos asados
Aceitunas verdes o negras, al gusto
Un poco de sal
Lechuga picadita para la base, opcional
Un poco de yema rallada para decorar
Preparación
Cuece los huevos en agua con una pizca de sal durante unos 10 o 11 minutos desde que empiece a hervir. Después pásalos a agua fría para que se pelen mejor.
Cuando estén fríos, pélalos, pártelos por la mitad a lo largo y separa las yemas. Reserva algunas yemas para decorar al final.
En un cuenco, machaca las yemas con el atún bien escurrido. Añade el tomate frito, la mayonesa, un poquito de pimiento morrón picado y unas aceitunas muy picaditas. Mezcla hasta que quede una pasta jugosa, ni demasiado seca ni demasiado líquida.
Rellena las claras cocidas con esa mezcla, con generosidad, como se ha hecho siempre en las casas donde no se cuenta con miedo la cucharada.
Coloca los huevos sobre una fuente con lechuga picadita, si tienes. Por encima puedes poner una fina capa de mayonesa, y decorar con yema rallada, tiras de pimiento morrón y alguna aceituna.
Mételos en la nevera al menos una hora antes de cenar. Están mucho más buenos bien fríos.
Truco casero
Para que queden más ligeros, puedes poner menos mayonesa y más tomate, o mezclar la mayonesa con un poco de yogur natural. Y si quieres darle un punto más antiguo, de receta de madre, añade una pizquita de vinagre o unas gotas de limón al relleno.
Comer en Marchena esta Semana Santa de 2026 es un viaje por la historia de la Campiña, donde cada bocado de un mollete de «El Chispa», cada cucharada de un bacalao a la marinera en Casa Carrillo o cada porción de Torta de miel de Artesanos Corpas, nos narra la historia de un pueblo que celebra su fe y su vida a través de la excelencia culinaria. La recomendación definitiva para el visitante es la de dejarse guiar por los aromas de incienso y azahar, pero sobre todo, por el inconfundible aroma del guiso bien hecho que emana de los fogones de sus instituciones gastronómicas.
La Semana Santa de Marchena no solo se vive en los templos y en la calle. También se saborea. En esta Cuaresma de 2026, la localidad refuerza su atractivo como destino gastronómico de interior con una oferta hostelera en la que conviven el recetario clásico de vigilia, la repostería conventual y una red de bares y restaurantes capaz de atender tanto al visitante que busca una comida pausada como al cofrade que necesita una tapa rápida entre una hermandad y otra.
El protagonismo de esta cocina cuaresmal recae, un año más, en productos muy ligados a la tradición local y comarcal, con el bacalao, las legumbres y el aceite de oliva virgen extra como base de muchas cartas. Lejos de entender la vigilia como una limitación, buena parte de los establecimientos de Marchena han convertido estas recetas en una oportunidad para reivindicar la cocina de temporada y el valor del producto de proximidad.
Entre los nombres consolidados figura Casa Manolo, en la calle San Sebastián, uno de los restaurantes históricos de la localidad. Con una trayectoria de décadas, este establecimiento mantiene una propuesta basada en materias primas seleccionadas, elaboraciones clásicas y una puesta al día de sus menús, combinando platos de pescado y recetas tradicionales con un servicio adaptado a las nuevas exigencias del cliente. Su ubicación, además, lo sitúa en una zona estratégica durante la Semana Santa.
Restaurante Casa Manolo: El Legado de la Excelencia
Con más de medio siglo de dedicación ininterrumpida, el Restaurante Casa Manolo se erige como el baluarte de la cocina tradicional marchenera. Situado en la calle San Sebastián número 22, este establecimiento ha trascendido su función alimenticia para convertirse en un centro de reunión social donde la elegancia y el estilo rústico conviven en armonía. Su filosofía para este 2026 persiste en la idea de que el cliente debe sentirse «más a gusto que en casa», integrando un equipo que ya forma parte de la vida de la localidad.
La propuesta culinaria de Casa Manolo para la Semana Santa se caracteriza por una cuidada selección de materias primas que se transforman mediante elaboraciones lentas y presentaciones actualizadas. Para el año 2026, han estructurado su oferta en menús de temporada que permiten una experiencia gastronómica completa, adaptada además a personas con intolerancias alimentarias, un detalle de modernidad y servicio en sala muy valorado en la actualidad.
Componente del Menú 2026
Opción A (33,00 €)
Opción B (35,00 €)
Opción C (38,00 €)
Entrantes Destacados
Paté de cabracho, Choco frito, Vasito de salmorejo
Tarta de salmón y manzana, Crujientes de gambas
Mariscada de gambas, Cogollos con anchoas
Ibérico y Queso
Jamón Pata Negra, Queso viejo, Caña de lomo
Jamón Pata Negra, Queso viejo, Caña de lomo
Jamón Pata Negra, Queso viejo, Caña de lomo
Plato Principal (Elección)
Carrillera al vino tinto, Lomo de dorada, Solomillo al whisky
Solomillo relleno salsa vodka, Tronquito cola de toro
Capricho de mero con salmón, Lomito de atún con pipirrada
Postres Artesanos
Tarta de tres chocolates, Bizcocho chocolate templado
Tarta de queso, Vasito helados surtidos
Tarta de galletas y chocolate, Bizcocho con vainilla
Bebidas Incluidas
Vino tinto/blanco, Cerveza, Refresco
Vino tinto/blanco, Cerveza, Refresco
Vino tinto/blanco, Cerveza, Refresco
(Datos basados en las tarifas y menús oficiales para la temporada 2025-2026 )
También ocupa un lugar destacado Casa Carrillo, en calle Las Torres, donde la cocina de raíz andaluza sigue siendo el gran argumento. Entre sus referencias para estas fechas sobresale el bacalao a la marinera, uno de los platos más reconocibles de la Cuaresma, junto a otros guisos y tapas del recetario popular. Su formato, que permite tanto el tapeo rápido como la comida más sosegada, lo convierte en una parada habitual en estos días.
Casa Carrillo: El Sabor del Recetario Clásico
En la calle Las Torres, 39, el Restaurante Casa Carrillo ofrece una de las experiencias más auténticas de la Campiña. La crítica especializada resalta la labor de Manoli en la cocina, cuyo conocimiento profundo del recetario andaluz eleva platos sencillos a la categoría de obras maestras. En Casa Carrillo, la Semana Santa se vive a través de guisos que respetan el tiempo de cocción necesario para que el sabor se asiente.
Para este periodo de 2026, las recomendaciones son claras: el bacalao a la marinera se presenta como el plato estrella de la cuaresma, acompañado de otras opciones como las carrilleras al vino tinto y los callos de cerdo, que demuestran una mano experta con los pucheros. La dinámica del local permite el tapeo en barra, ideal para un almuerzo rápido antes de las procesiones de la tarde, o el disfrute de platos compartidos en mesa para un ambiente más pausado. Su bodega, bien surtida con referencias como el Oloroso de González Byass, es el complemento perfecto para una cocina de raíces tan marcadas.
La jornada cofrade empieza además muy temprano en lugares como la Plaza de Abastos convertida en referencia para desayunos y almuerzos de quienes se preparan para largas horas de calle. Su oferta matinal, marcada por molletes, chacinas y un servicio ágil, forma ya parte de la rutina de muchos marcheneros durante la Semana Santa, mientras que al mediodía mantiene una cocina de perfil más campero.
Junto a los establecimientos más clásicos, la oferta gastronómica marchenera se amplía con espacios que combinan tapeo, ambiente y actividad cultural. Es el caso de Cantarerías 7, que ha reforzado su presencia en la vida local con una propuesta que une gastronomía y programación vinculada a la propia Semana Santa. A ello se suman otros negocios como La Espuela o La Tranquera, que diversifican la oferta con cocina andaluza, carnes a la brasa y cenas pensadas para el final de la jornada procesional.
Cantarerías 7: Donde el Arte y la Tapa Convergen
Cantarerías 7 ha sabido posicionarse como un establecimiento que entiende la Semana Santa no solo como un evento, sino como una cultura integral. Prueba de ello es la organización de eventos culturales, como la presentación de su primer cartel anunciador de la Semana Santa de Marchena en marzo de 2026, obra de Gonzalo Lora.
Pero si hay un capítulo inseparable de la Cuaresma en Marchena es el de la repostería. Artesanos Corpas mantiene el tirón de sus tortas de miel, tortas de manteca y otras especialidades que forman parte de la memoria gustativa del municipio y de toda la Campiña. A ello se suma el atractivo de los dulces de convento, una tradición que sigue viva gracias a la elaboración artesanal de clausuras como las de San Andrés o Santa María, donde el torno continúa siendo una parte esencial de la experiencia de visitar la localidad en estas fechas.
La Pastelería Artesanos Corpas, con sedes en la calle Madre de Dios y la Avenida Maestro Santos Ruano, es la depositaria de la receta de la famosa Torta de Marchena. Sus productos, elaborados con manteca de cerdo ibérico, miel y ajonjolí, son un reclamo que atrae a visitantes de toda la provincia.
Los conventos de Marchena, como el de San Andrés y Santa María, son fundamentales para entender la dulcería local. Lazos de hoja, mazapán de almendra, pestiños enmelados y los barquitos de hojaldre son algunas de las joyas que los visitantes pueden adquirir a través del torno, una experiencia que forma parte esencial de la visita en Semana Santa.
La red hostelera se completa con bares de barrio, abacerías y pequeños negocios que sostienen buena parte del movimiento diario durante la Semana Santa. En ellos, la tapa fría, los desayunos y las raciones rápidas permiten responder a la alta afluencia de público en los días grandes, especialmente en el entorno del centro histórico y de la carrera oficial.
Todo ello configura una imagen cada vez más sólida de Marchena como destino donde la Semana Santa se entiende también desde la mesa. La combinación de tradición, cocina popular, dulcería artesanal y una mayor profesionalización del sector convierte la gastronomía de Cuaresma en uno de los grandes valores añadidos de la localidad. En 2026, comer en Marchena durante estos días no es solo una necesidad entre procesión y procesión, sino una forma más de entrar en el alma de una celebración que se expresa también a través de sus sabores.
Gastronomía de Barrio y Proximidad: Soluciones Prácticas
Durante los días de mayor afluencia, los bares de barrio ofrecen una alternativa necesaria y de calidad. El Bar La Plaza y el Café Bar Kiosko Loli, situados en entornos cercanos a los puntos de paso de las cofradías, brindan tapas típicas y raciones en ambientes familiares. Así mismo, el Restaurante – Bar «La Parrilla» destaca por sus platos caseros y repostería tradicional, siendo una opción segura para quienes se alejan ligeramente del epicentro de la carrera oficial en busca de tranquilidad.
Venta Los Cazaores
No se puede entender la Semana Santa en Marchena sin el ritual del desayuno, y en este ámbito, la Venta Los Cazaores en la A-92 es la referencia indiscutible. Ubicada estratégicamente para recibir a quienes llegan a la ciudad o para quienes han vivido las vísperas con intensidad, esta venta es famosa por su panidaje de excepción: los molletes de la panadería «El Chispa».
La Venta Los Cazaores abre sus puertas desde las siete y media de la mañana, ofreciendo tostadas y bocadillos con lomo en manteca, jamón ibérico y otras chacinas de la zona. Al mediodía, su oferta se transforma hacia el guisoteo campero, destacando platos de caza como el jabalí, el venado o el conejo, que aportan una nota de sabor rústico muy apreciada. Es un lugar de encuentro donde el ambiente familiar y la rapidez del servicio lo convierten en un punto logístico esencial para organizar la jornada.
La Cuaresma nos tare la gastronomía cuaresmal, rica y creativa, como resultado de adaptar los platos a la abstinencia de carne que prescribe la tradición católica en este periodo De esta manera, ingredientes como el bacalao (pescado en salazón), las legumbres, verduras de temporada y dulces que cobran protagonismo en las mesas.
El potaje de Vigilia (garbanzos con bacalao) combina garbanzos, bacalao desalado y espinacas o acelgas, condimentado con ajo, cebolla, pimentón y laurel, tradicional de los viernes de vigilia. En Carmona y Marchena suelen añadir espinacas frescas de la huerta.
Las espinacas con garbanzos se preparan salteando espinacas con pan frito, ajo, comino y pimentón. La textura espesa y el sabor especiado lo hacen irresistible. En la ciudad de Sevilla es tapa obligada, y en Carmona es típico en bares y tabernas durante todo el periodo cuaresmal.
El bacalao: Rey de la Cuaresma
En la campiña de Sevilla se prepara de múltiples formas: bacalao con tomate (lomos de bacalao desalado guisados en salsa de tomate casera), bacalao al pil-pil (más típico del norte, pero adoptado en algunas mesas andaluzas).
Buñuelos o tortillitas de bacalao (masa frita de harina con migas de bacalao, ajo y perejil) y los soldaditos de Pavía (tiras de bacalao rebozadas en harina de color anaranjado por el azafrán).
Alcachofas y verduras
La primavera trae magníficas verduras. Las alcachofas de la Vega, (Cantillana es un referente) se emplean en revueltos, potajes y guisos con guisantes o habas. Su carne vegetal sustituye a la perfección a la proteína animal, por lo que se las llama “la carne de la huerta”.
Guisos de habas con huevo (plato sencillo con habas frescas estofadas y huevo escalfado), tagarninas esparragadas (planta silvestre parecida al cardo, cocinada con pan, ajo, pimentón y vinagre) y espárragos trigueros en revuelto son preparaciones muy presentes en los pueblos de la campiña durante marzo y abril, aprovechando lo que el campo ofrece.
Dulces de Cuaresma
La torrija es la reina indiscutible: rebanadas de pan duro remojadas en leche (o vino) con canela, rebozadas en huevo, fritas y bañadas en miel o azúcar.
Pestiños (masas fritas en aceite de oliva, aromatizadas con ajonjolí y anís, y glaseadas con miel), roscos fritos con azúcar y canela, empanadillas de cidra (como las de Estepa mencionadas).
Las «rebanadas de parida» eran un regalo muy especial que recibían las madres que habían dado a luz, o como se denominaba en la Edad Media, parturientas o paridas propio de la musulmanes, cristianos y judíos.
El dulce ayudaba a la madre a recuperar fuerzas tras el parto y que así le subiese la leche para poder amamantar al bebé recién nacido.
Ese es su origen primitivo. Hoy se toma en España como un tentempié en las largas jornadas de Semana Santa cuando se necesitan comidas ya preparadas que ayuden a recuperar fuerzas para continuar en la calle viendo o participando en el discurrir de las procesiones.
Judíos y musulmanes medievales pudieron acceder a la receta romana publicada en «De re Coquinaria: tomando panecillos de mosto (que llaman africanos), sin corteza, y remojados en leche. Se horneaban sin llegar a secarse y después se sumergían en miel». La receta cristiana se freía en manteca de cerdo.
Los sefarditas elaboran aún las rebanadas de parida con el pan sobrante del Shabat, la celebración del Viernes noche y Sábado y otras con pan blanco remojado en leche (posiblemente de cabra), vino blanco (dulce o endulzado con miel), mosto de vino, aromatizado con licor anisado, cáscaras de naranja o limón, canela, pimienta o cardamomo. En algunos casos se rebozaban en huevo después de remojarlas y en otros el huevo se incorporaba a la leche, se endulzan con miel y se fríen en aceite de oliva. Hay una variante más contemporáneas que una vez fritas las rebozan en canela molida y azúcar.
La revista Aki Yerushalayim, único periódico escrito en Ladino del mundo, recogía así las similitudes entre la gastronomía española y la sefardita presente en diversas regiones del mundo: El dulce de piñonate «es igual ke el de Espanya. Las “revanadas de parida” ke en Toledo davan a las paridas, son “torrijas” (pan frito untado en la leche i huevo) y las kome todo el mundo».
Los “travados” untados kon miel o asukar son los “pestinyos” de Andalucia. Los “mustachudos” son tambien los “mostachones” andaluses i se elaboran kon los mizmos ingredientes. Ay pastelikos de ojaldre “kezadikas” de kezo i guevo, empanadas de pishkado, komo las de Madrid, ansi ke empanadas de arroz kon guevo i de karne pikada».
La denominación actual de Torrijas, se encuentran referenciadas en algunas coplas y villancicos del siglo XVI. Lope de Vega las menciona en algunas de sus obras: «Si haciendo torrijas andan, serán para la parida» (La niñez de San Isidro, 1622). Puede ser que derive el vocablo torrijas de torradas en referencia al pan cortado rebanadas que se freía en aceite hasta tostarlo). Así pues, podemos considerar que las torrijas del siglo XVII, que menciona Francisco Montiño en su libro «Arte de cozina» (1611), no eran exactamente igual a las «Rebanadas de Parida».