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Historia

Cómo las murallas se privatizaron hace cien años con el visto bueno del Ayuntamiento

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A finales del siglo XIX, se estaba llevando a cabo un fenómeno curioso. Las robustas y antiguas murallas que rodeaban Marchena, testigos silenciosos de una rica historia, comenzaban a ser objeto de apropiaciones por particulares. Lo que una vez se construyó como barrera defensiva ahora ofrecía un codiciado espacio en la creciente urbanización.

Francisco y Agustín Galindo, propietarios de una vivienda en la calle San Juan, fueron de los primeros en mostrar interés por estos espacios. Solicitaron y obtuvieron la servidumbre de un torreón junto a la fuente de San Antonio, y plaza de la Fuente alegando que sus obras de repello y encalado embellecerían la zona. Las autoridades, quizás más interesadas en obtener beneficios que en la preservación histórica, dieron su beneplácito.

Pero los Galindo no fueron los únicos. Don Diego Manuel Arcenegui, propietario de una casa en la calle San Sebastián, -entonces la actual Rojas Marcos se llamaba San Sebastián- logró permisos para abrir puertas y ventanas en la muralla trasera de su vivienda. Esta apertura le permitiría disfrutar de las vistas panorámicas del torreón adjunto.

Doña Dolores Núñez del Castillo presentó una instancia peculiar. Quería sanear y utilizar un deteriorado torreón que conectaba su casa con la calle de Las Torres. La corporación, reconociendo los costos de restauración, accedió. Sin embargo, esta concesión generó un conflicto con doña Encarnación Gómez, maestra de la Escuela Elemental de niñas, quien se vio afectada por la privatización de ese torreón contiguo a su escuela. La disputa escaló a niveles superiores, pero eventualmente, y para sorpresa de muchos, doña Dolores obtuvo «exclusividad» sobre el torreón.

La tendencia continuó, con propiedades municipales y terrenos siendo otorgados a particulares. Don Antonio García Pergañeda recibió una parcela en los arquillos del Arco de la Rosa, bajo el argumento de que construir allí mejoraría el aspecto de la ciudad. Más individuos se sumaron a la lista de solicitantes, buscando construir en terrenos históricos como el Hospital Viejo y en rinconadas formadas por la muralla.

Esta ola de privatizaciones de espacios públicos de la muralla revela no solo el escaso valor económico y estético que se le daba a estos espacios, sino también la tensión entre conservar el patrimonio y adaptarse a las necesidades urbanísticas y económicas de la época.

Por un lado, estas acciones pueden verse como un intento de revitalizar y dar uso a estructuras en desuso. Por otro, representan una pérdida de patrimonio público.

El caso de la muralla es un claro ejemplo de cómo la historia, la política y los intereses privados se entrecruzan, creando capítulos fascinantes y, a veces, polémicos en la narrativa de una ciudad. Es esencial recordar y aprender de estas historias para equilibrar adecuadamente el desarrollo y la preservación en las decisiones urbanísticas futuras.

La práctica, de adosar viviendas a la muralla se registra desde el siglo XVIII. Junto al Arco de la Rosa se construyeron las antiguas carnicerías municipales, para abastecer al antiguo mercado que estaba en la Plaza Vieja y que fueron eliminadas a principios de siglo para dejar más espacio a la antigua Puerta de Sevilla. 

Los propietarios de estos edificios anexos a la muralla excavaron sótanos y habitaciones, como se documenta en este Torreón 11 junto a la joyería Villalobos y junto al torreón de La Cueva.

EL TORREON ONCE DE LA MURALLA

Sobre la fábrica del torreón 11 se excavaron habitaciones y hasta una escalera horadada en la roca de la muralla.  Igualmente en la segunda vivienda se excavó una estancia usada como cocina, y otro vaciado de la muralla para crear una habitación. Tras estas alteraciones a la estructura interna del torreón 11 de la muralla, ¿se vería afectada la estabilidad del mismo si se eliminan las viviendas adosadas?.  

Este torreón 11 como el resto de la muralla de este tramo fue reformado a finales del siglo XV, construyéndose entonces una estructura redonda de piedra y mampostería sobre el tapial almohade original de forma cuadrada del torreón original. 

Los propietarios de viviendas querían aprovechar los espacios de la muralla y el Torreón 11 llegó a desaparecer a la vista de los viandantes por completo por el avance de las fachadas de los dos edificios anexos hasta que ambos fueron compradas por el Ayuntamiento tras las intervenciones de finales de los años 20 para la construcción de nuevo alcantarillado para alinearlas con el resto de las fachadas de la calle. 

EL ARQUILLO DEL ARCO DE LA ROSA

En la bajada al Arco de la Rosa estaba la plazuela del Arco de la Rosa, un recinto cerrado por dos murallas laterales entre las dos puertas del recinto, la interior y la exterior. La muralla que cerraba este espacio por la calle Coullaut Valera tenia forma de recodo y era una muralla de defensa de la puerta, ubicada que unía el arquillo y el torreón circular.

En la bajada al Arco de la Rosa estaba la plazuela del Arco de la Rosa, un recinto cerrado por dos murallas laterales entre las dos puertas del recinto, la interior y la exterior. La muralla que cerraba este espacio por la calle Coullaut Valera tenia forma de recodo y era una muralla de defensa de la puerta, ubicada que unía el arquillo y el torreón circular.

En 1818 se conceden algunas parcelas y propiedades municipales: a don Antonio García Pergañeda «se le otorga una rinconera situada en los arquillos del Arco de la Rosa» argumentando que construir sobre aquella muralla mejorará el aspecto de la población, y el Ayuntamiento se beneficiará de ingresos y se ordena al maestro mayor alarife que mida las dimensiones de la parcela.

En 1820 el Ayuntamiento continúa el proceso de ceder parcelas adosadas al recinto amurallado para construirse «y así evitar la deformación de su aspecto, su solidez, falta de concurrencia y motivación de crímenes». De nuevo esta cesión afecta a los arquillos del Arco de la Rosa y además a las garitas próximas a la Puerta Real. Nuevamente en 1830 el Ayuntamiento cede el 16 de Enero a don José Carrero una porción del torreón del Arco de la Rosa.

El arquillo que daba acceso al Arco de la Rosa desde el interior del barrio de San Juan

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La familia Marchena que abrió a los Médici las puertas de Marruecos

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Una investigación de Miguel Soto Garrido reconstruye la historia de una red sefardí que convirtió el comercio del azúcar en una poderosa herramienta diplomática entre Pisa, Venecia, Marrakech y las cortes europeas

No eran embajadores, pero entregaban las cartas de los príncipes. No pertenecían formalmente a ninguna cancillería, pero hablaban con sultanes, traducían documentos, negociaban privilegios y conocían las rutas por las que circulaban el azúcar, los tejidos, las armas y la información política. A finales del siglo XVI, mientras las grandes potencias competían por controlar el estrecho de Gibraltar y las puertas del Atlántico, una familia sefardí apellidada Marchena consiguió situarse en el centro de aquella partida.

El historiador Miguel Soto Garrido, investigador posdoctoral de la Universidad de Oxford, ha reconstruido parte de esta trayectoria durante una estancia en el Medici Archive Project de Florencia. Su investigación fue presentada en una sesión del MAP Forum dedicada a los proyectos desarrollados por varios de sus investigadores. Soto Garrido está especializado en diplomacia intercultural, minorías religiosas y relaciones entre la monarquía hispánica y los sultanatos del Magreb.

Su trabajo muestra cómo los Marchena dejaron de ser únicamente comerciantes de azúcar para convertirse en intermediarios políticos de los Médici en Marruecos. Toscana pudo así defender sus intereses comerciales y diplomáticos sin necesidad de mantener una embajada permanente ante la corte saadí.

De Castilla y Portugal a la Toscana

La familia siguió una trayectoria característica de numerosas familias sefardíes después de la expulsión de los judíos de Castilla en 1492. Sus miembros pasaron por Portugal y, desde allí, se dispersaron por Marruecos, Italia y otros territorios del Mediterráneo y del Atlántico europeo.

La primera generación estudiada por Soto Garrido estaba formada por cuatro hermanos repartidos entre dos espacios estratégicos. Dos de ellos, Rodrigo y Diego de Marchena, se instalaron en Pisa en 1574, mientras Juan de Marchena y Fernando Pérez de Montalbano actuaban en las cortes marroquíes de Marrakech y Fez.

Pisa, y no inicialmente Livorno, se convirtió en la base italiana de la familia. Rodrigo y Diego llegaron como cristianos nuevos y quedaron bajo la protección de los Médici. Ese mismo año obtuvieron un importante privilegio relacionado con la importación de azúcar marroquí. A cambio de facilitar a los toscanos sus conocimientos sobre la navegación hacia el puerto de Agadir, los hermanos pudieron desarrollar una ruta comercial regular entre Marruecos y Toscana.

Los documentos estudiados en Florencia permiten seguir la presencia de los Marchena en contratos, préstamos, sociedades mercantiles, salvoconductos y privilegios comerciales. La familia transportaba azúcar y otros productos procedentes del Magreb, mientras las embarcaciones toscanas llevaban mercancías europeas hacia los puertos marroquíes. Con el paso del tiempo, aquella ruta dejó de ser una aventura comercial ocasional y se transformó en un corredor marítimo estable.

Los Marchena poseían algo que los Médici necesitaban: conocimiento de los caminos, contactos familiares a ambos lados del mar y capacidad para moverse entre diferentes culturas, religiones y sistemas políticos.

Los hermanos de Marruecos

La rama italiana no habría podido prosperar sin los familiares establecidos en Marruecos. Juan de Marchena alcanzó una posición especialmente relevante en Marrakech, donde mantuvo una relación cercana con el sultán saadí Ahmad al-Mansur.

El comerciante sefardí tuvo acceso a la corte y participó en la exportación del azúcar producido en el sur de Marruecos. Su dominio del castellano, el árabe y el hebreo lo convirtió en una figura difícilmente sustituible. Recibía las cartas enviadas desde Toscana, las traducía y las presentaba personalmente ante el sultán.

Juan de Marchena se situó así en una frontera casi invisible entre el comerciante, el intérprete, el consejero y el agente político. Durante más de treinta años acumuló un capital de confianza que la Toscana de los Médici supo utilizar para defender sus intereses.

Las relaciones no se limitaron a las palabras. La diplomacia de la época se construía también mediante regalos. La documentación florentina recoge el envío de mármoles destinados al palacio El Badi de Marrakech y un proyecto, finalmente no realizado, para remitir a Marruecos libros impresos en árabe por la imprenta oriental de los Médici.

El objetivo era presentarse ante Ahmad al-Mansur como un aliado útil y sofisticado. Los Marchena conocían los códigos necesarios para convertir un cargamento, una carta o una pieza de mármol en un gesto político.

El sueño atlántico de los Médici

Detrás del comercio del azúcar aparecía una aspiración mucho más ambiciosa. Los Médici querían reforzar la presencia de Toscana en el Atlántico y obtener un puerto estable en la costa marroquí.

Uno de los objetivos era Larache, enclave estratégico situado en la fachada atlántica de Marruecos y ambicionado también por España, Francia, Venecia y, posteriormente, los Países Bajos. El control o utilización del puerto habría permitido a Toscana superar los límites del Mediterráneo y participar directamente en las nuevas rutas oceánicas.

Los Marchena se convirtieron en el canal utilizado para presentar propuestas, negociar acuerdos y conocer las verdaderas intenciones del sultán. Su posición resultaba especialmente valiosa porque podían hablar con diferentes potencias sin depender exclusivamente de ninguna.

Juan de Marchena llegó a colaborar también con las redes de información españolas y envió noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia, responsable de buena parte de la política hispánica relacionada con la costa marroquí. Otros estudios lo sitúan dentro del complejo mundo de los informadores que trabajaban simultáneamente para distintos poderes.

No se trataba necesariamente de una traición entendida en términos modernos. En aquella diplomacia fronteriza, comerciantes, intérpretes y agentes ofrecían servicios a varias cortes, ocultaban parte de la información y utilizaban sus contactos para proteger los intereses familiares.

Rodrigo de Marchena, de Pisa a Venecia

La capacidad de adaptación de la red quedó también demostrada por Rodrigo de Marchena. Después de su etapa en Pisa, se trasladó a Venecia en 1589 y comenzó a actuar públicamente como judío.

Desde la república veneciana intentó impulsar otra ruta comercial con Marruecos. El proyecto no alcanzó la estabilidad conseguida bajo la protección de los Médici, pero demuestra que la familia podía reproducir su modelo en diferentes ciudades.

Pisa y Venecia representaban dos formas distintas de integración. En Toscana, los hermanos habían actuado inicialmente como cristianos nuevos protegidos por el poder ducal. En Venecia, Rodrigo pudo presentarse abiertamente como judío y aprovechar las redes comerciales sefardíes de la ciudad.

La identidad de los Marchena no era, por tanto, una realidad rígida. Sus miembros podían utilizar nombres diferentes, adoptar una presentación religiosa distinta según el territorio y recurrir a varias lenguas. Esa flexibilidad fue una de las claves de su éxito.

Una familia convertida en embajada

La principal conclusión de la investigación es que los Marchena funcionaron como una verdadera embajada familiar. Su autoridad no procedía de un título concedido por un rey, sino de la confianza, el conocimiento y la circulación de información.

Los Médici encontraron en ellos una solución después de que algunos de sus intentos de diplomacia formal en el mundo islámico no consiguieran los resultados esperados. Frente a una embajada costosa y visible, la familia ofrecía una presencia discreta, continua y capaz de adaptarse a los cambios políticos.

La segunda generación amplió las ramificaciones hacia Cádiz, Lisboa, Inglaterra, Francia y Hamburgo. La red conectó progresivamente el núcleo marroquí y toscano con el Atlántico norte y los grandes mercados europeos.

Sin embargo, aquella estructura comenzó a deteriorarse a comienzos del siglo XVII. La guerra civil en Marruecos, las epidemias y la destrucción de los ingenios azucareros del sur debilitaron su base económica. La familia redujo su presencia en Marrakech y Fez y desplazó parte de sus actividades hacia Dubrovnik, los Balcanes y, finalmente, Ámsterdam, donde algunos de sus descendientes retornaron públicamente al judaísmo.

¿Procedían de la villa de Marchena?

El apellido abre una cuestión inevitable para la historia local: ¿tenía esta familia su origen en Marchena, la villa sevillana de los Ponce de León?

Por ahora, la documentación conocida no permite afirmarlo. El apellido Marchena puede tener un origen toponímico y señalar una procedencia antigua, pero falta encontrar el documento que conecte directamente a Rodrigo, Diego, Juan o Fernando con la localidad sevillana.

La investigación confirma la existencia de una poderosa familia sefardí denominada Marchena, de origen castellano y posteriormente establecida en Portugal, Italia y Marruecos. No demuestra todavía que sus integrantes hubieran nacido, vivido o tenido antepasados documentados en la Marchena sevillana.

Esa prudencia no reduce la importancia del descubrimiento. Al contrario, abre una línea de investigación que deberá buscar nuevas pruebas en los archivos inquisitoriales portugueses, en los protocolos notariales italianos, en la documentación de los Médici y en los fondos de la Casa de Medina Sidonia.

Mientras aparece ese posible vínculo, la historia reconstruida por Miguel Soto Garrido devuelve a los Marchena su auténtica dimensión: la de una familia que navegó entre religiones, lenguas y fronteras y que, durante varias décadas, llevó en sus manos buena parte de la diplomacia secreta entre la Italia de los Médici y el Marruecos de Ahmad al-Mansur.

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Actualidad

Nuevos datos de la familia Marchena, la red sefardí que tejió una diplomacia secreta entre Marruecos, Europa y Andalucía

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Comerciantes, redentores de cautivos e informadores políticos, los Marchena ocuparon entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII el espacio que dejaban vacío las embajadas oficiales. Juan de Marchena llegó a tratar personalmente con el sultán Ahmad al-Mansur y enviaba noticias desde Marrakech al duque de Medina Sidonia. La documentación confirma la importancia de esta familia sefardí, aunque todavía no permite asegurar que procediera de la villa sevillana de Marchena.

La historia de la familia Marchena publicada por Marchena Secreta reconstruye el recorrido de una familia judía sefardí que conservó el apellido De Marchena después de abandonar la península ibérica. La narración se apoya en las investigaciones genealógicas de sus descendientes, especialmente Kenneth de Marchena, y en referencias sobre comunidades sefardíes de Portugal, Ámsterdam y el Caribe.

Ruta Marchena Sefardí

La importancia de este nuevo estudio sobre la familia Marchena y los Medina Sidonia es que vincula su actividad en España; entre 1570 y 1620, y rastrea a varios hermanos Marchena en Marruecos, Portugal, Italia, Croacia, Alemania y Ámsterdam.

Así, Abraham de Marchena, el patriarca judío sefardita de la familia Marchena enterrado en la sinagoga de Ámsterdam, tenía varios hermanos.  El autor de esta investigación, Miguel Soto Garrido, investigará en Venecia, donde la familia vivió entre 1590 y 1606 y fue una de las más importantes del gueto sefardí.

El apellido De Marchena aparece documentado entre familias sefardíes establecidas en Portugal y Holanda. Los descendientes consideran que el nombre conserva la memoria del lugar del que habría partido el linaje, aunque todavía no se ha encontrado un documento que identifique expresamente al primer antepasado como natural de la Marchena sevillana.

Marrakech, 23 de junio de 1600. Un comerciante judío toma la pluma para escribir a uno de los hombres más poderosos de Andalucía. El destinatario es Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia. El remitente firma como Juan de Marchena.

No le habla únicamente de mercancías, precios o barcos. Le informa de que fray Constancio Magni, un religioso dominico, lleva ocho meses encarcelado por las autoridades marroquíes. Marchena asegura que ha intervenido personalmente: había hablado «dos veces al Rey», es decir, con el sultán saadí Ahmad al-Mansur, y había acudido en otras ocasiones ante la justicia del reino para solicitar la liberación del fraile.

La familia Marchena y los piratas judíos del Caribe

La carta sitúa a Juan de Marchena en una posición extraordinaria: un judío que podía acercarse al soberano de Marruecos, negociar con sus funcionarios y trasladar después información reservada a la Casa de Medina Sidonia. (Fuente: Archivo General de Simancas, sección Estado, legajo 185, documento 11, carta enviada desde Marrakech el 23 de junio de 1600).

Un agente entre dos orillas

Los historiadores Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra describen a Juan de Marchena como un «agente doble criptojudío» al servicio de la Casa ducal de Medina Sidonia en Marrakech. Era comerciante, intervenía en la redención de cautivos y mantenía una relación cercana con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos entre 1578 y 1603.

La familia «De Marchena» recibe en un reconocimiento en Rotterdam, Holanda

Al mismo tiempo, enviaba informes de manera continuada al VII duque de Medina Sidonia, convertido desde comienzos de la década de 1580 en uno de los principales responsables de los asuntos marroquíes y de la defensa de los intereses de la Monarquía Hispánica en el estrecho de Gibraltar.

En aquel Mediterráneo de fronteras permeables, un agente podía trabajar para varios patronos, proteger los negocios de su familia, servir al sultán en determinadas operaciones y proporcionar noticias al duque. 

Una diplomacia sin embajadores

Felipe II y, posteriormente, Felipe III evitaron mantener un embajador permanente ante el sultán de Marruecos. Reconocer formalmente a un soberano musulmán y sostener una representación estable en su corte planteaba problemas políticos, religiosos y de reputación.

La embajada de Pedro Venegas de Córdoba, establecida en Marrakech entre 1579 y 1585, terminó de manera accidentada. Según el estudio de Soto Garrido y De Bunes, Venegas tuvo que abandonar Marruecos ante el peligro que suponía para la imagen de la Monarquía mantener un representante oficial en una corte islámica.

Aquel vacío no interrumpió las relaciones. Las hizo más discretas. Los contactos se desarrollaron mediante agentes no acreditados, comerciantes, religiosos, intérpretes, gobernadores de plazas africanas y enviados de las grandes casas nobiliarias andaluzas.

En ese terreno ambiguo prosperó Juan de Marchena. Podía presentarse como mercader o redentor de cautivos, pero sus cartas tenían un contenido inequívocamente diplomático. Informaba sobre decisiones de la corte, intervenía ante las autoridades y reclamaba incluso la presencia de una persona enviada por el rey de España que protegiera a los súbditos cristianos establecidos o cautivos en Marruecos.

Marchena no llevaba credenciales de embajador, pero realizaba parte del trabajo de una embajada.

El triángulo entre Madrid, Portugal y Sanlúcar

Para comprender su importancia hay que mirar hacia la organización política creada durante el reinado de Felipe II. Miguel Soto Garrido ha estudiado la formación de una especie de «secretaría de Berbería», construida desde 1574 alrededor del secretario real Gabriel de Zayas.

Gabriel de Zayas. Écija (Sevilla), 1526 – Madrid, 13.VII.1593. Secretario de Estado de Felipe II.. Secretario del Consejo de Estado Secretario del Consejo de Italia. El linaje de los Zayas establecido en Andalucía —Écija y Córdoba— desde la época de la conquista. Su hermano Tomás de Zayas era el “veedor de la gente de guerra en Granada”. Clérigo de la diócesis de Sevilla.  

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Conectaba la corte española con los consejeros de la política portuguesa en el norte de África y la Casa de Medina Sidonia, asentada en Sanlúcar de Barrameda.

Portugal había dirigido durante décadas buena parte de las relaciones con el Magreb atlántico. Sin embargo, la guerra civil marroquí iniciada en 1574, la intervención otomana y la batalla de Alcazarquivir de 1578 cambiaron el equilibrio. La Monarquía Hispánica necesitaba conocer lo que sucedía al otro lado del Estrecho y evitar que la influencia de Argel y del Imperio otomano llegara hasta Marruecos.

Una colombiana busca sus raíces sefardíes en Marchena y conoce los secretos del conjunto monumental

Entre 1581 y 1584, el duque de Medina Sidonia comenzó a centralizar en su palacio de Sanlúcar las cartas y noticias  de Cádiz, Gibraltar y Ceuta, y Tánger. El duque examinaba la información y la remitía al ministro Gabriel de Zayas, desde donde podía llegar a otros consejeros y finalmente al rey.

Los informes de Juan de Marchena procedentes de Marrakech se sitúan dentro de ese sistema. Mientras Zayas organizaba la información en la corte y Medina Sidonia la filtraba desde Sanlúcar, Marchena aportaba aquello que ninguno de ellos podía conseguir directamente: noticias obtenidas dentro del entorno del sultán.

Una familia de cripto judíos, de Marchena a las islas Canarias

Una familia, no solamente un individuo

Miguel Soto Garrido ha realizado una investigación titulada «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

El título resulta revelador. El fenómeno no se limitaba a Juan de Marchena, sino que alcanzaba a un grupo familiar con conexiones entre Italia y el norte de África. Los Marchena habrían combinado el comercio con la obtención de información y la representación política durante un periodo de al menos veinticinco años.

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Abraham de Marchena y la etapa de Ámsterdam

La figura central de la genealogía divulgada es Abraham de Marchena, al que numerosos descendientes sitúan como antepasado común en Ámsterdam. Desde allí, la familia se incorporó a las rutas comerciales y familiares que conectaban Holanda con las colonias del Caribe a través de Abraham de Marchena enterrado en Ámsterdam con fecha de 1657.

Investigación: Cuando los marranos de Marchena ayudaron a fundar la comunidad judía de Londres

Estas familias sefardíes podían tener parientes, socios y corresponsales en distintos puertos. Su red familiar era también una red de comunicación. Las mercancías viajaban acompañadas de cartas; las operaciones de rescate permitían tratar con gobernantes; y los viajes comerciales servían para conocer alianzas, guerras, epidemias y movimientos de barcos.

Judíos en el corazón de la administración marroquí

La presencia de intermediarios judíos no era una excepción en el Marruecos saadí. El estudio de Soto Garrido y De Bunes explica que algunas familias hebreas ocuparon posiciones relevantes como consejeros, secretarios e intérpretes de los sultanes.

Rodrigo Ponce de León y los judíos: Un capítulo olvidado en la Historia de España

El conocimiento de idiomas y la pertenencia a redes comerciales internacionales convertían a estos hombres en figuras especialmente útiles. Podían traducir cartas, acompañar embajadas, negociar con potencias cristianas y facilitar intercambios entre sociedades que mantenían profundas diferencias religiosas.

La diáspora sefardita explicada en dos apellidos: Maduro y Marchena

Aquellos comerciantes conocían los códigos de varias sociedades. Podían conversar con un funcionario musulmán en Marrakech, negociar con un noble cristiano en Sanlúcar y recurrir a familiares o socios establecidos en ciudades italianas. La diáspora, que había sido consecuencia de la persecución y la expulsión, se convertía también en una red internacional de contactos.

Los «marranos» de Sevilla y Canarias, en la génesis de la comunidad sefardí de Londres

En agosto de 2018, Kenneth de Marchena, nacido en Curazao y residente en Holanda, viajó a Marchena para conocer la localidad que él y su familia relacionaban con el origen del apellido. Marchena Secreta presentó aquella visita como el primer regreso público de un descendiente sefardí De Marchena interesado en investigar y divulgar sus raíces.

Kenneth llevaba años reconstruyendo el árbol genealógico familiar junto a otros parientes repartidos entre Europa y América. También trabajaba en un libro sobre el origen y la expansión del apellido. Su visita permitió trasladar una investigación desarrollada principalmente por internet y mediante archivos familiares al espacio físico de la localidad sevillana.

Fuentes consultadas

La fuente principal es el artículo de Miguel Soto Garrido y Miguel Ángel de Bunes Ibarra, «Propaganda religiosa, celo devocional y diplomacia cristiana: las misiones de la provincia de San Diego de Andalucía a la luz de la Misión Historial de Marruecos», publicado en Archivo Ibero-Americano, volumen 83, número 297, 2023, páginas 567-609. El artículo cita directamente la carta de Juan de Marchena conservada en el Archivo General de Simancas.

El contexto político procede del trabajo de Miguel Soto Garrido «Gabriel de Zayas, “secretario de Berbería”: la formación de una nueva negociación territorial en la Monarquía de Felipe II», donde se analiza la red que conectaba a la corte, los consejeros portugueses y la Casa de Medina Sidonia.

La existencia de una investigación específica sobre la familia se confirma en el programa oficial del congreso internacional celebrado en el Collège d’Espagne de París en 2023, donde aparece la ponencia «La familia sefardí de los Marchena: comerciantes y agentes diplomáticos entre Italia y el Magreb (1580-1605)».

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El mártir francés que los Ponce de León convirtieron en patrón de Paradas

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En 1460 Don Juan otorga privilegio de Fundación de la Villa de Paradas fundando la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.
San Eutropio fue, según la tradición cristiana, el primer obispo de Saintes, en la antigua Galia —actual Francia—, donde evangelizó y murió mártir hacia el siglo III.
Su vínculo con Paradas procede de los Ponce de León. Según la historia recogida por el Ayuntamiento, Juan Ponce de León se encomendó al santo antes de una batalla en Francia y, tras vencer, promovió su culto. La familia levantó en Paradas una iglesia dedicada a San Eutropio y Rodrigo Ponce de León trasladó allí unas celebraciones que antes se realizaban en Marchena. Desde entonces quedó convertido en patrón y principal referente religioso de la localidad.
A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.
Muerto Don Juan, su hijo, Rodrigo que hereda el lugar de Paradas en 1469 decide que las fiestas de San Eutropio que se hacían en Marchena y Paradas, solo se harían solo en Paradas . En Marchena las sustituye por las fiestas de la Inmaculada, porque según sus cronistas la Inmaculada se le había aparecido.
Estropo o Eutropio Ponce de León nació en Marchena en 1460 y vivió en Jerez hacia 1470 donde fue recibido como caballero veinticuatro ocupando el escaño que en él, renunció su suegro, Pedro de Vera conquistador de Canarias.
En 1466 Juan Ponce de León, Señor de Marchena y I Conde de Arcos firma un documento para otorgar la mayoría de edad a sus hijos que tuvo con Catalina González de Oviedo, en terceras nupcias que fueron Enrique, Lope, Beltrán, Eutropio, Constanza y Sancha.

En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Comendador de la orden de Santiago en Almedralejo, Eutropio Ponce de León se casó en Jerez con Catalina de Vera hija del Comendador Pedro de Vera famoso por la crueldad con que castigó a los indios guanches de Canarias, a los que mató empalándolos.
Paradas, Spain - 'Iglesia Parroquial de San Eutropio'
En 1500, murió Catalina de Vera, casando con Marina de Trujillo, hija de Pedro Esteban de Trujillo. Viudo por segunda vez, don Eutropio volvió a casar con Beatriz Nuñez Cabeza de Vaca, hija de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
En Jerez de la Frontera se conserva un Palacio de Eutropio Ponce de León, como patrimonio arquitectónico de la ciudad.
En su testamento, hecho el 17 de nov. de 1510 esta curiosa clausula: “Y mando so pena de mi maldición a los dichos mis hijos y herederos que no pongan lutos ninguno por mí, pues se hace más para honra del mundo que no para salvación del alma”.
Juan Ponce de León concede en 1410 ventajas económicas a los que fueran a poblar Paradas dentro del término de Marchena.
Entonces Paradas era un cortijo con su torre para defendía de una huerta, que era la construcción más antigua del pueblo y duró hasta 1980 y unas casas, amén de pastos, dehesas y lagunas.
La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacill y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.

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Cuando Marchena y Arcos tuvieron puerto en Rota: una historia de trigo, duques y mayetes

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A primera vista, Marchena y Rota parecen dos mundos distintos. Una mira a la campiña sevillana, la otra se abre al Atlántico, a las mareas, a los corrales de pesca, a las huertas de arena y al viento salado.

Sin embargo, durante siglos, ambas formaron parte de un mismo mapa de poder: el de la Casa de Ponce de León, señores de Marchena, Rota y más tarde duques de Arcos.  Todo arranca con una unión nobiliaria entre Isabel de Guzmán y Fernán Pérez Ponce de León, que incorporó Rota y Chipiona al ámbito de los señores de Marchena, creando un eje interior-litoral que duró hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX e influenció la cultura andaluza.

La historia no es solo una cuestión de apellidos ilustres. Es, sobre todo, una historia de territorio. Marchena fue durante siglos una gran pieza agrícola del señorío, una tierra de cereal, olivar y rentas. Rota, en cambio, ofrecía una salida al mar. De esa combinación nació una economía señorial que enlazaba los campos del interior con el comercio atlántico y puerta de América.

Uno de los documentos clave conservados en PARES, con signatura OSUNA,C.121,D.148-153, alude a provisiones de Carlos I de España y V de Alemania relacionadas con los señoríos de Chipiona y Rota y menciona documentación otorgada por el duque de Arcos al escribano de Marchena. 

El hilo más sugerente es el del cereal. En el Archivo Histórico de la Nobleza, conserva una provisión real de Carlos I, fechada entre 1526 y 1528, por la que se ordenaba a Jerez de la Frontera permitir el paso, sin cobro de derechos, de los cereales del duque de Arcos hacia su villa de Rota.

El conflicto enfrentó a la Casa Ducal (los Ponce de León, duques de Arcos, cuya sede principal estaba en Marchena) con la ciudad de Jerez de la Frontera.

El duque producía inmensas cantidades de trigo, harina y cebada en la rica campiña (Marchena y Arcos) y necesitaba enviarlo hacia sus villas costeras (Rota y Chipiona) para su abastecimiento o embarque. Sin embargo, para llegar a la costa había que cruzar el gigantesco término municipal de Jerez de la Frontera. Las autoridades jerezanas intentaron bloquear el paso del cereal («el paso del pan») o cobrar impuestos abusivos por dejar transitar a las carretas.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

Dentro de ese mismo expediente en PARES (en el Documento 152) se conserva el poder legal otorgado por el duque de Arcos a su escribano en Marchena el 27 de octubre de 1526, enviado para defender los intereses ducales y evitar que Jerez confiscara sus carros.

Al final, la Casa de Arcos ganó el pulso: la provisión real del emperador Carlos V exigió a Jerez bajo amenaza de duras penas que permitiera el tránsito de los cereales del duque hacia Rota «sin cobro alguno».

El documento sitúa el tránsito entre Arcos y Rota, y muestra cómo los dominios de la Casa de Arcos funcionaban como una red económica en la que las villas del interior y la costa estaban conectadas por caminos, arrieros, escribanos, pleitos y mercancías. La presencia de un escribano de Marchena en el expediente confirma además el papel administrativo de la villa marchenera dentro del engranaje señorial de los Ponce de León.

También el mar roteño quedó dentro de esa lógica señorial. Los corrales de pesca, esas arquitecturas de piedra que atrapan el pescado con la bajamar, forman parte de la memoria litoral de Rota. El corral llamado La Cuba fue comprada en 1399 por Pedro Ponce de León al Monasterio de Regla, un dato que vincula el control de los recursos marítimos con el patronazgo religioso y económico de la nobleza.

Pero quizá donde la conexión se vuelve más humana es en una palabra: mayete en Marchena, mayeto en Rota. En la costa gaditana, el mayeto fue el hortelano de las arenas, el hombre de la huerta pequeña, de la calabaza, el tomate y el pimiento, de la choza y el trabajo familiar. En la campiña sevillana, el mayete designó al pequeño o mediano propietario agrícola, situado entre el jornalero sin tierra y el gran señorito. No eran exactamente lo mismo, pero los dos nombres parecen hablar de una misma cultura agraria: la del esfuerzo, la propiedad modesta, el orgullo campesino y la supervivencia.

Ese mundo mayeto no ha desaparecido del todo. En Rota, el Centro de Recuperación de la Mayetería funciona hoy como espacio de interpretación para conocer las chozas, los huertos, los animales y el modo de vida de los antiguos agricultores roteños. El Ayuntamiento de Rota lo presenta como un punto de interés turístico, cultural y ambiental que recibe visitas, especialmente en primavera y verano.

El vínculo entre Rota y Marchena también se escribió en piedra y devoción. La Casa de Arcos impulsó iglesias, conventos y espacios religiosos en sus dominios. En Rota, la importancia de la Iglesia de Nuestra Señora de la O y del convento mercedario. En Marchena, destaca el peso de San Juan Bautista, San Agustin Santa Maria, y Santo Domingo. 

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Historia

Investigación: Cuando los marranos de Marchena ayudaron a fundar la comunidad judía de Londres

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Desde 1600 Marchena y Sevilla se llenaron de marranos ricos comerciantes criptojudíos portugueses atraídos por la protección nobiliaria del Conde Duque de Olivares y la gran nobleza española como los Toledo, los Córdoba o el III Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León. 
Leyenda de la Calle Sierpes de Sevilla - Asociación Español en Andalucia
Tras la expulsión de 1492, los judíos buscaron Portugal donde no hubo Inquisición hasta 1536. La unión en 1580 de España y Portugal, y la llegada de la Inquisición a Portugal movió a muchos a volver a España.  En 1602 los marranos, -de marrar, equivocarse-ofrecieron a Felipe III  1.8 millones de ducados a cambio de entrar en España buscando comerciar con América desde Sevilla.
La calle Sierpes era entonces la calle de los Portugueses, participando en la fundación de la cofradía de mareantes de la ciudad y se establecieron en México desde donde enviaban productos de Filipinas a España y comerciaban por toda América.
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Inquisición de la ciudad de México donde fue juzgada la familia báez de Sevilla. 
APELLIDOS MARRANOS DE MARCHENA
El III Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León Toledo, cuya madre María de Toledo venía de un linaje de conversos toledano, se casó con Ana Francisca de Aragón y Córdoba, hermana del VI Duque de Segorbe del linaje de los Fernández de Córdoba dueños de todo el sur de la provincia de Córdoba, Lucena, Dos Hermanas y Alcaudete en Jaén.
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El Conde Duque de Olivares. 
Uno de los condenados por judaizante en el proceso del tribunal de Cuenca en 1654 -la mayoría importantes comerciantes criptojudíos portugueses relacionados con la corte madrileña del Conde Duque de Olivares- fue Juan Fernández Martos, vecino de Marchena, que antes de que le llegara la condena huyó y fue quemada su estatua en memoria. 
Familiar del anterior, otro cripto judío de Marchena, Antonio Fernández Martos hacía negocios –le mandó a México seis cajones de canela- en 1642 con otro grupo  de los marranos de Sevilla, del poderoso Simón Báez Sevilla, entonces encarcelado por la Inquisición en México y  procesado junto a 200 miembros de su familia en el mayor proceso de la época.   
TurismoMacabro: Antiguo Palacio de la Inquisición | Macabro : Macabro
Palacio de la Inquisición de México.
LOS RODRIGUEZ ARIAS
El vecino de Marchena Diego Rodriguez Arias, hijo de Antonio Rodríguez Arias y Blanca Enríquez fue procesado en Tenerife en 1653 que pudo ser “sacristán” de la sinagoga de Rotterdam y escapó a Londres para volverse judío donde se puso el nombre de  Abraham Rodríguez Arias y donde murió en 1676 en el Beth Holim, luego hospital judío fundado por españoles y portugueses.
 Antes en 1646 hacia negocios en México. Comerciaba con Canarias, Lisboa e Inglaterra y estableció contactos con Cromwell para permitir la vuelta de los judíos a Londres.  Era pues hijo del último rabino conocido de Sevilla, Antonio Rodriguez Arias y ambos fueron procesados también por la Inquisición en México.
Plaza Ducal de Marchena. 
MARRANOS EN MARCHENA, JUDIOS EN LONDRES
«En todo Londres se sabe que son judíos muy conocidos y que han solicitado ante Cromwell y su consejo ser parte para hacer una Sinagoga ofreciéndose para ello a dar  300.000 libras» dice de Diego Rodriguez Arias, el testigo Juan Molina,  ante la Inquisición Canaria. Añade que Diego Rodriguez Arias se llevó a su mujer «de Marchena a Londres y allí se establecieron «y la murmuración común es que todos éstos son judíos pero que lo disimulan yendo a «oír misa en casa del embajador de España y luego de que salió de Londres no le han visto más oír misa».
Puede ser una imagen de 8 personas e interior
Sinagoga bevis Marcs de Londres. 
LOS MOCATTA:  RICOS BANQUEROS EN LONDRES
Antonio de Marchena era un cripto judío que había permanecido en España hasta 1660, y que una vez establecido en Amsterdam se vuelve judío y se cambia el nombre por el de Moshé Mocatta, y pasa a Londres en 1670 dando origen a la más antigua y rica familias sefarditas de Londres. Al año de estar en Londres funda una empresa de compra de lingotes de oro en la calle bevis Marks  donde luego se funda la primera sinagoga de la ciudad con el mismo nombre. En 1787 la empresa familiar pasó a llamarse Mocatta y Goldsmith y aún existe.
Mocatta fue fundada en 1671 por Moisés Mocatta, que fue corredor para el Banco de Inglaterra y la Compañía de las Indias Orientales en el siglo XVIII. La empresa se convirtió en Mocatta Goldsmid en 1779 y siempre estuvo dirigida por un miembro de la familia Mocatta o Goldsmid hasta 1957 y hoy es la banca global de metales preciosos Scotia Mocatta.
Mocatta y sus descendientes continuarían construyendo lo que se convirtió en uno de los negocios de comercio de metales más grandes del mundo y el miembro más antiguo del mercado de lingotes de Londres. La firma ha participado durante mucho tiempo en la subasta de oro de Londres, donde se establece el precio de referencia del oro en todo el mundo.
LOS MARCHENA DE AMSTERDAM
Cuando Abraham De Marchena, apellido de origen judío sefardí, (1608 – 1657) murió en Amsterdam, su esposa Sarah y sus tres hijos fueron a la isla holandesa de Curazao formando parte de la histórica primera gran emigración de judíos que llegó a Curazao en 1659, formando parte de la fundación de la primera sinagoga americana. El éxodo de esta familia se había iniciado en Sevilla en 1492, habían pasado por Castelo de Vide, Portugal, y de allí a Holanda y Curazao.  Desde Curacao los judíos sefarditas se expanden por América y ayudan a fundar la primer sinagoga de Nueva York. 
Casa de campo Marchena en Curazao, foto 1955. 
Esta familia era dueña de una plantación y mansión rural del tipo esclavista que fue propiedad de Isaac De Marchena, ubicada junto a uno de los cementerios judíos más antiguos del Caribe y América y data de 1659 propiedad de la sinagoga de Curazao. Hasta hoy esta zona se llama Marchena, y la bahía donde se ubica se llamó bahía de Marchena, aunque en los años 50 dejó paso a una refinería y una fábrica de azulejos. Los judíos de Curazao juegan un papel fundamental apoyando el proceso de independencia americana y apoyado económicamente a Simón Bolívar  e introduciéndose en Venezuela.  La familia Marchena funda una plantación de azúcar en Cuba en el XIX. 
LOS FERNANDEZ MARTOS
Rodrigo Ponce de León | Real Academia de la Historia
Rodrigo Ponce de León III Duque de Arcos. 
El  17 de Octubre de 1616 el abuelo tambien llamado Juan Fenández Martos «vassallo de su excelencia en ésta villa de Marchena» solicita a Rodrigo Ponce de León, III duque de Arcos, licencia para repartirse la renta de una hacienda embargada a Lucas Martín, vecino de Marchena, por impago. «Salió a la ejecución que en sus bienes tenía a deuda Miguel Ortiz de Lucenilla en nombre de la hacienda de su excelencia» que fueron luego embargados.
En 1655 la Inquisición tenía varios frentes abiertos en Marchena. Mientras la Inquisición de Córdoba intervino en Marchena contra varias familias de origen portugués   entre ellos los España 
En 1656 Antonio y su hijo Juan Fernández Martos marchan a Madrid con su tío Pedro, según informe de la Inquisición.

«De España» un apellido de origen judío en la Marchena del XVII

Juan Fernández Martos era esposo de beatriz Manuel, hija de regidor de Ecija Manuel Díaz Fernández -administrador de los Fernández de Córdoba casado con Leonor de Faro, de un linaje de conversos del Algarve, según el estudio sobre conversos portugueses de Marcos Cañas Pelayo  que entre 1644-8 sufren varios procesos por judaizar, en la Inquisición de Córdoba. El padre muere en la cárcel y la hija es torturada, reconciliada y obligada a llevar sambenito.
JUICIO FISCAL EN CÓRDOBA
En 1661 la Inquisición ordena poner al cobro los bienes  de Juan Fernández Martos, natural de Marchena, su nieto de  23 años u acido en Ecija, del mismo nombre solicita a la Inquisición de Córdoba levantar el embargo de los bienes de su abuelo declarándose legítimo heredero «que como hijo mayor de Antonio Fernández Martos mi difunto padre me pertenecen».
Textos de sambenitos en la exposición
Exposición la Inquisición en Córdoba.
Por este motivo fue preso en la Inquisición de Córdoba, hasta que no entregara los libros de cuentas de su abuelo. Dijo que tenia el testamento de Gonzalo Cardoso por habérselo entregado su tio Pedro Fernández Martos heredero del dicho Cardoso. Un testigo declara a la Inquisición que por entonces vivía en Marchena con su tÍo Pedro.
LOS CARDOSO
El 1 de Agosto de 1586 Diego Cardoso, el «viejo», paga a Rodrigo Ponce de León Toledo, III duque de Arcos, rentas por una tenería y una zapatería en Marchena. Cardoso apellido marrano portugués más conocido por Yshac Fernando Cardozo escribió «Excelencias de los hebreos» impreso en Amsterdam en 1679, fué médico de los Reyes hasta la caída del Conde Duque de Olivares, cuando volvió a Venecia para recuperar el judaísmo.

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Hermandades

La virgen del Carmen de San Sebastián y los marinos de Marchena del XIX

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La Virgen del Carmen es una talla de gran valor artístico firmanda en su pecho por Manuel Gutiérrez Cano, quien también es autor de la Virgen de Las Lágrimas de Jesus Nazareno, hecha en 1860.
Juan Ternero Olmo, fundó la hermandad de la Virgen del Carmen de San Sebastián y su tumba está desde 1866 en una cripta ante el altar de la Virgen, junto a la de su mujer, hijos y otros descendientes.
lapida
Era dueño del cortijo de los Olivos, Porcún, Fuente Mora, El Donadío, Platosa, Platosilla, La Coronerla, Palmarete, La Torre, Coronela, Trujeta, Huerta de Santa Clara, Dehesa de las Yeguas. Es decir, el mayor propietario de Marchena y uno de los mayores de Andalucía.
 Levantó la casa palacio de la calle San Pedro, junto al hogar que luego heredaron sus descendientes hasta llegar a Juan Torres. La casa hogar la levantan sus primos, los Ibarra Bejumea.
Su esposa Carmen Banjumea Vecino, muerta en 1873, natural de La Puebla de Cazalla fue llevaba a hombros en su entierro desde su casa en calle Santa Clara y hasta San Sebastián por una multitud de marcheneros que la consideraron como su benefactora, ya que tenía fama de dar todo lo que tenía, que era mucho.
Virgen 1
Carmen fue el nombre de la mayoría de las mujeres de la familia propietaria de la imagen pero además es la patrona de los marineros, como Luis Pérez de Vargas Díez de la Cortina, Marqués de Castellón, casado con Maria Gracia Ternero Ibarra  (hija de Juan Ternero Benjumea y Carmen Ibarra Benjumea) y enterrado en la cripta bajo la Virgen del Carmen cuya hija y sucesora fue Cayetana Pérez de Vargas Ternero, muerta en 1937. La Virgen del Carmen de San Sebastián luce la mantilla de Cayetana Pérez de Vargas Ternero.
MARINOS DE MARCHENA
Virgen 3
Luis Pérez de Vargas, perteneciente a una larga saga de marinos, dio la vuelta al mundo como marino de guerra, estuvo en China, Cuba y Filipinas. Después de casarse en Marchena viajó a Cuba con su esposa, adonde llevó todo su séquito.  Murió en Marchena con 40 años después de contraer la epidemia de la fiebre amarilla en sus vajes por el mundo.Los tesoros que traía de los países que visitaba los guardaba en baúles en su casa Palacio, hoy Peña Bética.
Virgen 4

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